Capítulo 37
Mis ojos se llenan con lágrimas en cuanto descubro el regalo de Edward, el frio paquete reposa sobre la palma de mis manos, mi corazón se contrae de ternura y sin poder controlar el llanto me lanzo a sus brazos.
— ¿Me he equivocado? —pregunta sobresaltado.
Niego con la cabeza sin confiar en mi voz, me separo de la protección de su pecho y fijo mi vista en los pasajes de avión en primera clase con destino a Washington. Lo primero que analiza mi mente es el dineral que debió haberse gastado Edward para conseguirlos.
—Escuché la conversación que tuviste esta mañana y también te vi llorar, además murmuras cosas mientras duermes —explica Edward en voz baja, examina todos mis movimientos y expresiones—. Los compré antes de la visita de tu amigo así que tal vez ya no valgan tanto para ti.
—Es el regalo perfecto —lo interrumpo inmediatamente. Él sonríe.
—Son dos porque esperaba acompañarte y conocer a tu padre —comenta tanteando el terreno, me pongo tensa al instante y Edward lo nota.
—Claro —respondo con voz temblorosa.
—Al final decidí que no era el momento adecuado para hacerlo, así que tienes un pasaje para ir y otro para regresar —Edward me guiña un ojo con complicidad.
Suelto una risa y me lanzo de nueva cuenta a sus brazos, él busca mis labios y me pierdo en el beso. Edward es tan perfecto, simplemente creo que no pude haber encontrado a alguien mejor que él.
Una extraña sensación me invade y cuando abro los ojos espero encontrar los verdes de Edward pero me encuentro con una mirada oscura como boca de lobo, me asusto y me incorporo de golpe. ¿Dónde está Edward? Mi mente no tarda en aclararse y cuando veo bien a la persona a mi lado sé que es Jacob y recuerdo todo lo sucedido.
— ¡Jake! Olvide que estabas aquí —dije avergonzada.
— ¡Vaya! ¿Debería decir gracias? —pregunta fingiendo estar ofendido.
—Sabes que no estoy acostumbrada a que estés aquí, apenas llegaste ayer.
—No te preocupes, volverás a tu rutina mañana mismo. Me iré hoy —dijo guiñándome un ojo.
— ¿Te vas tan pronto? —la desilusión se nota en mi voz y Jacob sonríe.
—Sí, pero puedes visitarnos para Navidad, a Charlie le haría bien verte. Creo que ya se ha vuelto loco de vivir con Rosalie, ella parlotea mucho y tú eres demasiado silenciosa, como una mascota.
— ¿Rose vive con Charlie? —pregunté estupefacta.
—Creí que ya lo sabías.
—No me ha dicho nada. Yo fui quien le recomendó eso pero no creí que me hiciera caso.
—Pues como buena amiga siguió tus instrucciones y se mudó a tu habitación, pero de ninguna manera esperes que haga una fiesta de pijamas con ella.
Solté una carcajada al imaginarme aquello; Rose y Jake en mi habitación, peinándose, hablando de chicos, eligiendo el color del esmalte. Simplemente cómico, o mejor aún, quería ver la cara de Charlie al desayunar todos los días con Rose y que ella no parará de hablar sobre cualquier cosa que se le viniera a la mente; y Rose no es de esas personas que se guardan los comentarios, ella dice las cosas sin pensar.
—Deberías quedarte solo este día más —propuse.
—No creo que a tu novio le agrade eso.
—Edward comprenderá. Además su prima también está aquí, puede que ustedes se conozcan mejor y así podremos salir en citas dobles —la idea viene demasiado rápido a mi mente pero no me desagrada.
—No creo estar interesado en la prima de Edward.
—Eso es porque no la has visto; te lo juro, Jake, ella es verdaderamente hermosa y es muy buena chica.
—Bella, yo ya estoy interesado en otra chica, ¿de acuerdo? —dice separando cada palabra.
— ¡¿Qué?! —Grito—. ¿Jake, desde cuándo?
—Desde hace ya un tiempo —respondió evasivo.
— ¡Tienes que contarme quién es! —exigí.
—No creo que sepas quién es.
—Es por eso que te pido que me lo digas. ¿Se lo has dicho ya?
—No.
— ¿Y ella lo sabe? ¿Siente lo mismo por ti?
—No lo sabe en absoluto, y tampoco creo que sienta lo mismo —dijo él un poco desanimado.
—Deberías decirle, puede que a ella si le gustes, eres encantador quién no podría quererte, y no olvides que también eres apuesto —le di una sonrisa de lado.
— ¿De verdad crees eso?
—Por supuesto. Cualquier chica sería afortunada de tenerte a su lado —Jacob se quedó pensativo y aproveché el momento para preguntarle una vez más—. Entonces… ¿Quién es?
Jacob abrió la boca para responder pero la puerta de mi habitación se abrió y Edward entró con un semblante nada amigable. Creí que las cosas se habían resuelto la noche pasada pero al parecer el humor de Edward volvió a cambiar.
—Llegarás tarde al colegio, Isabella —dijo mi novio con voz fría.
¿Isabella? ¿De verdad iba a llamarme por mi nombre completo? ¿Qué es lo que estaba pasando y quién demonios se creía que era para llamarme por mi nombre completo?
—Puedo faltar este día. Quiero decir, mi mejor amigo está aquí y ha venido a verme, sería de mala educación dejarlo solo —respondí.
—No te preocupes por eso, Bella. ¿Recuerdas mi empleo con Sam el verano pasado? Bueno, pues conseguí un buen pago y creo que puedo costearme un auto. Ahora podré visitarte más seguido —informó con una sonrisa.
— ¡Eso es increíble, Jake! —exclamé con alegría y me acerqué para abrazarlo.
— ¡Isabella, no creo que sea buena idea que faltes al colegio! —me regañó Edward.
Me separé de Jacob y le lancé una mirada furiosa a mi novio, estaba comenzando a irritarme su comportamiento.
—Creo que Edward tiene razón, Bella. A Charlie no le agradaría que por falta de créditos no pudieras graduarte —agrego mi amigo—. Te daré un poco de privacidad para que puedas arreglarte, te espero afuera.
Jacob se puso de pie y salió de la habitación, Edward permaneció en su lugar a un lado de la puerta y le di una mirada retadora.
—Necesito mi espacio, Edward —le dije.
Él no dijo nada más pero salió y me dejó sola en mi cuarto lo que me pareció bien. Tomo mis cosas y me dispongo a salir pero un leve sonido me detiene, es mi celular; persigo el sonido hasta mi cama y me apuro a contestar la llamada.
— ¿Bella? —es Rosalie.
— ¡Rose!
— ¿Jacob ya está allá?
—Sí, fue una agradable sorpresa.
— ¿Y cómo te has tomado todo? —pregunta dubitativa.
— ¿Sobre qué?
— ¿Has hablado con él? ¿Te contó todo? —parecía preocupada.
—No sé a qué te refieres. ¿Esto es sobre la chica de la que está enamorado?
—No sabía que Jacob estaba enamorado.
— ¿Entonces qué es lo que debería saber?
—No me corresponde decírtelo. Hasta luego, Bella.
La llamada se corta y me quedó estupefacta ante esa escena tan extraña que acababa de vivir, Rose nunca se había comportado tan seria y por lo general no me hablaba de nada con referencia a Jacob.
Jacob insiste en acompañarme él al colegio con la excusa de querer conocer mejor la ciudad y saber dónde encontrarme la próxima vez que me visite de sorpresa; eso solo sirve para aumentar el enfado de Edward quien se queda enfurruñado en el departamento. A Tanya le pareció graciosa su reacción y lo convenció para que la llevara de compras, a mí me pareció buena idea pues Edward y yo nunca salíamos, siempre permanecíamos en casa haciendo cosas indebidas; él aceptó a regañadientes.
—Bella, tengo algo que decirte —suelta Jake una vez que llegamos a la Universidad.
—De acuerdo —le digo enfrentándome a él.
—Antes de que vinieras aquí comencé a sentirme cansado —comenzó mirando a algo lejano detrás de mí—. Decidí ignorar todo pero sabía que algo estaba mal. Hace como tres semanas fui al médico, una serie de estudios dieron con mi diagnostico final.
Tragué saliva, su tono suave me decía que la respuesta no sería que todo estaba bien y antes de darme cuenta ya estaba llorando.
