CAP XXXV
"Rescate fallido"
14 de mayo de 1988
Granada
Bobby hizo una señal al exmarine y éste noqueó al encapuchado que pasaba justo bajo su posición en ese momento. Lo arrastró hasta el contenedor del papel y lo desnudó dejándolo esposado al pedal que abría la tapadera.
Singer ya se había procurado otro de aquellos hábitos. Eran las cinco de la mañana, quedaban menos de 22 horas para que el ritual se llevase a cabo y la única pista que tenían era lo que el fantasma había logrado contar a Maya.
La muchacha había hecho de tripas corazón y fue capaz de acompañarlos. Permanecía en el Nissan Patrol de su hermana, vigilando. El tener algo que hacer la hacía recuperarse del trauma sufrido a una velocidad insospechada. Les venía bien, toda ayuda iba a ser poca.
Dentro aún quedaban otros tres miembros de la secta. No fue difícil reducirlos. Los ataron y por una puñetera vez en la vida, la suerte sonrió a un Winchester: la primera habitación que se le ocurrió abrir para encerrar a los tipos de la orden resultó ser dónde estaban Jim y los niños.
Trabajosamente, intentando hacer el mínimo ruido, los fueron sacando y metiendo en los dos coches con la ayuda de Maya. Los Aldana con el pastor en el Patrol y los demás en el Impala. Pero hasta ahí la suerte, "ya era demasiada" consideró John al ver a Davidson al frente de cinco personas armadas con rifles.
- La Gran Maestre aguarda tu presencia Winchester – el director hizo que los esposaran a todos, dejando a los dormidos en los coches – Vosotros tres vais a ser testigos de cómo la gloriosa tarea de la Orden destruye el mal que amenaza con desatar el fin de los días.
- Estás como una chota, un niño no es ninguna amenaza para el mundo – dijo Bobby
- No sabes lo equivocado que estás cazador de monstruos. Ese pequeño será el contenedor de todo el mal.
- ¡Estáis locos! – John lo hubiese matado en ese mismo instante de haberlo tenido a mano.
Metieron a ambos cazadores y a Maya en la furgoneta y se marcharon dejando a los demás esposados y encerrados dentro de los coches. Aún tardarían unas horas en despertar y aunque lo hiciesen y gritaran, nadie los oiría. El fin de semana y más después del incendio, el colegio permanecía cerrado.
- No los dejarán todo el día ahí ¿verdad? – Maya conocía tantos relatos de gente que se asfixiaba encerrados en coches, sobre todo niños pequeños – cuando salga el sol, no tienen nada que beber y hará mucho calor.
- No somos asesinos, no te preocupes – replicó Davidson.
CEF CEF CEF
El sol se reflejaba en el retrovisor yendo a darle a Temp en las gafas. Al sentir el calor que concentraban los lentes, el muchacho despertó. "Este es el coche del padre de Dean" Walter y el pecoso estaban con él.
El chico rubicundo sacudió al moreno como pudo. "Un ratito más" gruñó el chaval dándose la vuelta.
- Walt, despierta, porras.
El aludido por fin abrió los ojos protestando agriamente "¿y ahora qué pasa?, ¿nos llevan a dar un paseo? ¿o qué?" pero conocía el coche, era el del padre del "principito". Se despertó instantáneamente al sentir las esposas. El más pequeño seguía profundamente dormido.
El padre Jim abrió la puerta del coche, los Aldana iban con él.
- ¿A vosotros no os han cogido? ¿qué pasa aquí?
- Date la vuelta chico, voy a desatarte – el pastor trajinó unos segundos con sus esposas y lo soltó
Desató también a los otros dos niños. "Vaya, aquí hasta el cura sabe usar una ganzúa". El más pequeño aún no despertaba, el religioso lo tomó en brazos y lo llevó al Patrol.
- Vamos chicos, esperadme en el Nissan, voy a llamar a la policía desde el colegio y después os llevaré a mi parroquia. No os mováis de aquí mientras vuelvo.
Los cuatro chicos intentaron acomodar mejor al pequeño mientras decidían si lo despertaban o no. No hizo falta, el niño despertó sobresaltado buscando algo.
- ¿dónde está? – chilló desesperado - ¿dónde está Sammy?
- No lo sabemos Dean, hemos… - intentó explicarle Rod, pero el chaval no escuchaba
- ¡Sam! ¡Sammy! ¿dónde está?
- ¡Ya basta! – Walter cogió al niño y lo zarandeó – ya vale Dean, ¡escucha!
Le cogió la cara y lo obligó a mirarle a los ojos, cuando consiguió su atención le contó lo más claramente que supo cómo habían despertado y dónde, después le dijo dónde había ido el pastor y concluyó con un contundente "Y no nos moveremos de aquí"
- Si el coche de mi padre está aquí, mi padre está en Granada – contestó el crío ya calmado – no voy a volver a Blue Earth, iré a casa de Bri a pedir ayuda.
- No Winchester – Walter había dejado de llamarle principito desde que Zuo muriera – Vamos a obedecer al cura.
- Vosotros vais a obedecer al reverendo, os quedáis aquí – dijo el chico con una autoridad que no se correspondía con sus nueve años – decidle al Padre Jim lo que he ido a hacer.
- No te voy a dejar hacerlo
- Prueba a impedírmelo – soltó el niño bajando del coche y echando a correr
- ¡Porras! Voy tras él – el chico moreno bajó a su vez del coche – quedaos aquí
- Vamos todos Walt.
- No Temp. No voy a hacer ninguna tontería, voy a alcanzarlo y a traerlo de vuelta. No tengo tiempo de discutir – y salió de estampida a la casa de la maestra.
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- Por favor Bri, escúchame cariño – Maya intentó que su hermana la mirase siquiera – tú no eres así…
La muchacha se estremeció cuando los ojos oscuros y pétreos de Bridget Segura se posaron en ella como si no la reconocieran. La maestra salió de la cocina dejando a los dos cazadores y a la joven allí, atados a las sillas dónde había ordenado sentarlos, vigilados por varios de sus seguidores armados.
- El niño está despertando – le informó uno de los encapuchados.
En efecto, cuando entró en la habitación el pequeño, sentado en su cama se restregaba los ojos con los puños cerrados. Al verla sonrió confiado "¿nos has salvado? ¿Y Dean, y papá?"
- Han tenido que salir, no te preocupes – contestó amablemente, no tenía caso ser cruel con el niño - ¿quieres un vaso de leche?
- Vale – contestó el pequeño borrando la sonrisa - ¿y Fran?
- No lo sé
- Pero, siempre está contigo, me lo dijo.
- Ha salido también – le dijo dándole el vaso de leche que uno de los seguidores de la orden le había traído - ¿está fría?
- Está buena – dijo el chiquillo tomándosela de un trago - ¿por qué me engañas?
La maestra cogió el vaso de manos del crío mientras el chiquillo bostezaba ostentosamente, y se lo dio al que vigilaba la puerta.
- Porque no se que decirte para que no te asustes – le contestó dulcemente – esto es por tu bien. Cuando seas grande lo entenderás.
Arropó al pequeño que se había vuelto a quedar dormido a causa de la nueva dosis de somníferos que iba en la leche. Durante unos minutos contempló el sueño del chiquillo mientras en el fondo de su alma algo susurraba tenazmente que había algo muy importante que era incapaz de recordar.
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Walter alcanzó al rebelde Winchester casi en la puerta de la casa de Bridget
- Vamos a volver renacuajo, déjate de tonterías – dijo cogiéndolo del brazo sano y tirando de él para volver al Patrol
- No voy a ningún sitio, ahí dentro hay un fantasma, el que nos habló en el colegio, puede ayudarnos
- Estás loco, enano, y no voy a dejar que por volver a seguir tus locuras seas tú el que muera esta vez ¿te enteras? – el chico moreno estaba hablando muy en serio
- Vete Walt, esto es cosa mía, Sammy es mi responsabilidad y haré lo que sea para encontrarlo
- Lo veremos – y el chico mayor comenzó a arrastrar al pequeño alejándolo de la casa - ¡corre Dean! – gritó cuando vio salir gente de la casa.
No pudieron reaccionar a tiempo, dos hombres vestidos con hábitos de la orden los cogieron y los metieron en la cocina. Al verlos John Winchester trató de levantarse "¡Dean!" recibiendo un golpe con un rifle en el hombro.
- ¡Papá! – el niño se desasió y corrió hacia su padre abrazándose a él – papá, lo siento, se han llevado a Sammy
- Tranquilo, lo sé hijo, no te han hecho nada ¿verdad?
Blue Earth
El policía ante el que se había presentado la denuncia permanecía en la rectoría dónde habían llevado a los niños para que descansaran.
- Bien, agente Westford, ¿no cree que es hora de llamar a la comisaría a ver si han dado con los niños?
- No se preocupe padre, los han encontrado y están bien. Mañana los traerán por la mañana.
- ¿Cuándo se lo han comunicado? No he escuchado el teléfono
La expresión normalmente apacible se endureció al ver el arma con la que el policía le encañonaba "Lo siento padre, órdenes de la Gran Maestre".
