Chapter 38:
Sentía los nervios a flor de piel, el sudor frío recorriendo las palmas de su mano, haciendo resbalar su varita de madera. Tragó en seco, y observó, estático, a sus amigos seguir caminando, dejándole atrás sin saberlo siquiera. Inspiró profundamente, antes de ir hacia ellos.
Y ocurrió lo que no debía ocurrir. Las tablas de madera crujieron levemente bajo su peso, y Harry perdió el color de su piel, antes de apresurarse a avanzar, saliendo de aquel trozo de pasillo maldito, bajo la escrutadora mirada de Theo y la angustiosa de Draco. Rezó todas las oraciones que sabía para que el ruido no hubiese sido oído, y se reunió con sus compañeros, frente a la puerta entornada de la biblioteca, donde parecía estar el auror. Russell Crowe.
Harry miró por la rendija de la puerta oscura y gruesa, tras la cual se encontraba el maldito auror. Desde su perspectiva, detrás de Draco y al lado de Theo, la biblioteca le pareció un lugar acogedor. Las paredes estaban forradas de libros, seguramente de magia de todo tipo, y quizás, incluso, de magia negra.
Frente al fuego había dos grandes butacas orejeras, que se alzaban gigantescas. Sus sombras parecían monstruosas, titilando al ritmo que la llama marcaba. En la sombra de uno de ellos se podía apreciar una sombra humana, la sombra de Crowe. Harry lo señaló, y sus dos acompañantes en seguida comprendieron lo que quería expresar sin palabras.
Theodore abrió un poco más la puerta, procurando no hacer ruido, y, uno tras otro, los mortífagos se introdujeron en la habitación como tenues sombras. Nott, que llevaba el liderazgo en ese momento, optó por esconderse tras un librero alto y pesado, semejante a los de la biblioteca de Hogwarts.
Desde allí podían tener una vista exquisita del jefe de los Ángeles de la Justicia, de perfil. Entornando los ojos, Harry miró cómo Draco se calaba aún más hondo la capucha, cómo Theodore se relamía los labios con lentitud, dejando un rastro casi inexistente de saliva. Y contando hasta tres con los dedos de forma visible, Harry se tiró al combate.
Salió de su escondite con rapidez, y con la misma velocidad, se vio expulsado hacia atrás. Crowe se había levantado y ya estaba en posición defensiva, todo en un tiempo récord. Desde el suelo, unos metros más allá de dónde se desarrollaba la pelea, Harry observó la increíble destreza del auror en combate, los esfuerzos inútiles de Draco y Theodore para romper la línea defensiva que había creado, y poder hacerle retroceder.
Se levantó con la agilidad propia de un chico de dieciséis años, y corrió a unirse a la batalla. Quizás dos no podrían, pero siempre había más posibilidades si se trataba de tres. Lanzó su primer hechizo, que salió rebotado con rapidez, y vio al adulto sonreír con arrogancia, antes de cuestionar:
- Decidme, ¿A qué debo el honor de vuestra visita? ¿Alguna venganza? ¿Quizás es por la nueva ley?- preguntó finalmente, dando en el quid de la cuestión. La nueva ley, que obligaba a todos los presuntos mortífagos a personarse en el departamento de defensa mágica. Con un rápido movimiento de muñeca, que tomó a Theo desprevenido, le arrojó al suelo, centrándose en los otros dos combatientes.
¿Quiénes sois, mocosos?- preguntó finalmente, tras unos intensos minutos de lucha encarnizada. Theo se había recobrado del ataque de Crowe y había vuelto a la carga, sustituyendo a Draco, que había caído momentáneamente al suelo.
Malfoy se levantó con esfuerzo; acabar con el auror era cien veces más difícil de lo que habían predicho. Harry miró a sus compañeros; sus hombros ligeramente hundidos, su barbilla caída, y en sus ojos, la determinación de verse vencedor. No caería. No volvería a fracasar. Había estado preparándose para ello durante un largo mes.
Con los dientes apretados por el esfuerzo que hacía al sacar tanta magia de donde ya casi no había, Harry se lanzó a la carga una vez más, con una ráfaga de pequeños pero veloces hechizos, sin un objetivo claro; no sabía si le aturdiría, si le confundiría, si les daría una oportunidad a sus amigos de conseguir la victoria…
Todos sus hechizos fueron repelidos uno por uno, y pronto, Harry se vio sin apenas fuerza para sostener su varita. Un certero y poderoso hechizo de Crowe acertó de lleno en el pecho de un exhausto Draco Malfoy, que chocó pesadamente contra el libero, cayendo al suelo. Encima suyo, los libros se tambalearon indecisos en el estante, antes de comenzar a caer sobre su cuerpo yacente.
Otro hechizo por parte de Crowe, y Harry salió disparado contra la pared de su derecha, chocando estrepitosamente contra ella, y cayendo también al suelo. Se arregló las lentes, mientras comenzaba a levantarse despacio, y observó cómo, después de una mirada cómplice, Draco tomaba el galeón y lo activaba, despareciendo del sitio.
Y, finalmente, Theo cayó, frente al fuego. Harry se puso a cuatro patas, boqueando por el inmenso esfuerzo que estaba haciendo para mantenerse mínimamente erguido sobre sus extremidades, que parecían gelatina. Nott intentó alcanzar el galeón, y Crowe, ya prevenido por el ejemplo de Malfoy, golpeó su mano, lanzando el pedazo de metal al fuego con una sonrisa arrogante y ligeramente sádica.
Harry vio cómo Nott, de cualquier forma, intentaba arrastrarse hacia atrás, distanciándose del hombre, y Harry vio su oportunidad para conseguir la confianza de Theodore. Con rapidez, sin sentir siquiera las piernas, Harry se puso de pie, lanzó el hechizo de la muerte hacia el auror, sabiendo que éste debería esquivarlo, sin poder protegerse, y corrió a ciegas hacia Nott.
Su mano izquierda alcanzó con dificultad la diestra de Theo, y, con sorpresa en los ojos, sintió el tacto frío del metal, antes de sumirse en una marea de colores que amenazaba con hacerle vomitar.
