Claro de luna

[Levi. A]

El aire frío golpeaba mi rostro sin tanta violencia, mi nariz empezaba a cosquillear un poco, avisando que si me seguía exponiendo al frío clima de otoño terminaría por resfriarme. La nariz de Eren también se arrugaba de vez en cuando, la punta de ésta comenzaba a ponerse roja como la de Rodolfo el reno; el resto de su rostro estaba encendido de un ligero rubor rosa, podía notarlo gracias a las luces encendidas del edificio que estaba a nuestras espaldas y nos iluminaba un poco.

Eren me miraba expectante, sus pupilas dilatándose y cubriendo de a poco el verde de sus ojos, relamía sus labios nerviosamente en un gesto que bien se podría interpretar como una invitación tácita a ser besados. En mis oídos seguían retumbando sus palabras con fuerza, "y tú el hombre de la mía". Viniendo del idiota de Eren podía esperar cualquier cosa, incluso por un efímero momento llegué a pensar que lo haría enojar, jamás esperé esto y ahora no sabía como debía manejarlo, ¿quizá no había escuchado bien?

Mis pensamientos, sin embargo, dejaron de tener coherencia cuando pude sentirlo tan cerca de mí, que mi nariz captó con mayor intensidad el olor fresco de su colonia. Sus ojos clavándose en los míos, de un verde azulado tan intenso que por momentos sentí que no importaba si me ahogaba en ellos. Su aliento tibio chocó entonces con mi boca y sólo tuve un pensamiento: estaba a punto de besarme.

Pronto mi parte racional se burló de mí, diciéndome que seguramente Farlan le había puesto alguna mierda extraña a mi bebida y ahora sencillamente estaba alucinando, sin embargo, no me moví ni un poco, me quedé justo en mi lugar. Esperando a que Eren se atreviera de una buena vez y terminara con mi agonía; la punta de su nariz rozó con la mía y fugazmente pensé en que si Eren me besaba en ese momento, entonces, ¿el zorro tenía alguna posibilidad de convertirse en príncipe también?

Pero entonces, los murmullos de varias personas acercándose provocaron que ambos respingáramos por mero instinto y nos separáramos casi de inmediato. Un grupo no muy grande, ni muy pequeño de estudiantes se dirigían a nosotros, o más bien, al edificio de detrás de nosotros. Todos con sus disfraces extravagantes y totalmente ignorantes de lo que habían estropeado en ese momento, relamí mis labios y volteé a ver a Eren, él también mordía su labio inferior. Los demás estudiantes pasaron a nuestro lado sin ni siquiera notarnos en lo absoluto, demasiado sumidos en sus tonterías banales, como quién se veía gordo o mal en su disfraz de las demás facultades.

Armin entre ellos, se detuvo a unos cuantos metros de distancia de nosotros, su pequeño grupo de nuevos amigos se siguieron. Sus azules ojos brillaron como lo hacían cada vez que obtenía algún nuevo conocimiento útil, de alguna manera, yo sabía que él ya deducía lo que estuvo a punto de suceder. Una sonrisa casi presumida se dibujó en sus labios, quiso acercarse a nosotros, pero pronto detuvo sus pasos y la sonrisa se desvaneció tan pronto como apareció; nos dedicó una última mirada melancólica antes de agachar la cabeza y continuar con su camino. Eren y yo suspiramos, la reciente ruptura entre Annie y Armin nos tenía afectados a todos, según parecía.

—Oye— Me llamó Eren, él ya se había puesto de pie y se sacudía el polvo de su pantalón.— Yo sé que vienes con Farlan, y si no quieres está bien... pero sucede que creo que ya inició la hora de los relatos de terror, me preguntaba si tal vez, ¿te gustaría venir conmigo? Suelo ser un poco miedoso, creo...

—Sí.

Le contesté enseguida, en ese momento no me importó haber dejado a Farlan plantado para salir corriendo a buscar a Eren. Hace segundos atrás estuvo a punto de besarme, creía que ahora más que nunca tenía que estar con él, para siempre con él. Entonces Eren tímidamente extendió su mano hacia mí, miré su palma extendida y luego levanté la mirada para verlo a él con una ceja alzada a modo de pregunta.

—Sólo quiero ayudarte a levantarte.— Exclamó rápidamente, con cada segundo que pasaba, parecía ponerse más y más rojo.

—Su alteza real anda un poco despistado— Terminé diciendo en un suspiro.— Como podrá notar, sólo soy un zorro. Aquí no hay ninguna princesa a la que pueda cortejar.

—Lo sé— Asintió reprimiendo una carcajada, como si un pensamiento chistoso estuviera pasando en su cabeza y rápidamente dijo:— Estoy tratando de hacer esas porquerías prinsacerezcas que mencionaste antes.

—Principescas, idiota.

Eren se puso más rojo de lo que ya estaba, la mano que había estado extendida hacia mi persona pronto fue a dar a la frente de Eren en forma de un ligero golpe. Una carcajada escapó de sus labios y negó varias veces con la cabeza a la vez que decía:

—Soy un asco con esto, no encajo ni un poco con el disfraz.

Suspiré, algo muy cercano a la ternura inundó mi pecho. Esta vez fui yo quien extendió una mano en dirección a Eren, él la miró por apenas una fracción de segundo cuando enseguida la estrechó con la suya para ayudarme a ponerme de pie. La mano fría de Eren fuertemente unida con la mía tibia, casi de forma reticente separándose poco a poco una vez que estuve de pie.

—Entonces, ¿mi leal zorro me acompañará a una nueva aventura en rectoría, a escuchar historias de miedo?

—Éste humilde zorro promete proteger a su real alteza, si es que se asusta demasiado.

Me regaló una última sonrisa antes de guiarme hasta la entrada de rectoría, por el enorme lobby elegante adornado con pinturas y estatuas de mármol, hasta llegar al estrecho pasillo en donde se encontraba el club de lectura y donde se iban a llevar a cabo los relatos que prometían ser tan aterradores como los del año pasado, según se leía en el cartel decorado con motivos de Halloween que estaba pegado en la puerta del lugar.

Me detuve en medio de la puerta al notar a la mujer que se encontraba frente a la audiencia, una amable sonrisa se divisaba en su rostro; esa cara me parecía bastante familiar y no pude evitar mirarla por demasiado tiempo y compararla con la de Eren. Sin embargo, tan pronto como ese pensamiento apareció por mi cabeza, lo deseché inmediatamente y seguí a Eren hasta los asientos de en medio. Conforme el tiempo continuó transcurriendo, fueron llegando varios profesores, todos disfrazados de diferentes personajes más que nada del tipo tradicionales, como hombres lobo, brujas y demonios.

Pronto las luces que iluminaban la pequeña sala se apagaron y se dio comienzo a los cuentos de terror. Mentiría si dijera que no fue una de las cosas que más disfruté esa noche, la bella mujer que se parecía a Eren dijo que era la bibliotecaria, contaba toda clase de relatos de miedo y lo hacía con entusiasmo, parecía mágica parada en medio de esa oscuridad iluminada con una sencilla linterna. En su mayoría, contaba leyendas locales que ni siquiera yo conocía, e incluso una que otra de su tierra natal: Francia; Eren la miraba con fascinación, como un niño pequeño que escucha los cuentos que su madre le cuenta antes de ir a dormir.

De vez en cuando Eren se pegaba más a mí, cuando todos ahogaban jadeos ante los relatos y ese sonido lo alertaba lo suficiente para aferrarse a mi sudadera, pues la suave voz de la mujer era el único sonido que se escuchaba en todo el lugar. Había otras ocasiones en donde, su mano rozaba con la mía y sus dedos buscaban a los míos. Eren había estado actuando raro desde que lo encontré en la soledad de las escalinatas de rectoría, no lo entendía y no quería hacerlo, éste momento estaba siendo asquerosamente mágico y no quería romperlo.

La hora de los relatos de miedo terminó más rápido de lo que me hubiera gustado, las luces se encendieron y uno de los tantos profesores que había acudido a escucharlas, pasó al frente y agradeció a mademoiselle —aparentemente, así le decían de cariño a la mujer que relató la mayoría de las historias—, por haberse ofrecido a contar los relatos de terror por tercer año consecutivo desde que había surgido ésta idea.

Armin y sus amigos fueron los primeros en salir, comentando entre ellos lo que opinaban al respecto de éste tipo de dinámicas que se hacían en días como éste, Navidad o en San Valentín. Antes de salir, le di un último vistazo a la mujer que tanto llamaba mi atención por su ridículo parecido con Eren, los enormes ojos dorados de ella estaban fijos en el perfil sonriente de Eren, una diminuta sonrisa adornaba sus labios. Él pareció notar su insistente mirada sobre su persona porque volteó a verla, le regaló una amplia sonrisa y agitó después la mano a modo de despedida, éste gesto fue rápidamente correspondido por ella.

Cualquier pensamiento irracional que se estuviera formando en mi cabeza, pronto se esfumó cuando Eren sujetó mi muñeca para tirar de mí y sacarme del lugar cálido que resultó ser el club de lectura. Él hablaba distraídamente acerca de que no podría dormir esa noche por todas esas historias en donde el diablo poseía las almas para corromperlas. Sin embargo, mis oídos dejaron de escuchar y mi cerebro sólo podía concentrarse en su firme agarre y como poco a poco éste resbala más y más, buscando mi mano hasta que eventualmente, mi mano y la suya estuvieron estrechadas fuertemente. En ese instante no me pareció raro, ya antes se habían estrechado de cualquier forma, y no fue relevante, para Eren, desde luego.

Mantuvimos nuestras manos enlazadas durante todo el trayecto para salir de rectoría, caminando entre los bonitos y cuidados jardines hasta que estuvimos cerca de donde se concentraba todo el bullicio de adolescentes disfrazados de cosas raras, justo en el campus de la escuela. Entonces y sólo entonces, solté su mano con algo de reticencia, miré hacia ese lugar que estaba plagado de lamparas que formaban figuras tenebrosas y la música sacada de alguna película ochentera de miedo. Farlan pasó fugazmente por mi cabeza, había tenido ese impulso por ir detrás de Eren cuanto antes que ni siquiera le dije a dónde iría o por qué salía corriendo lejos de él.

—Iré a buscar a Farlan— Solté de pronto, esta vez, dirigiendo la mirada hacia Eren.— Salí corriendo detrás de ti apenas pude, creo que le debo una explicación.

Hice el amago de irme, pero Eren volvió a sujetar mi muñeca rápidamente, a la vez que decía:

—¡Espera!— Exclamó con voz ansiosa, me dio esa impresión de que estaba bastante nervioso.— Antes de que te vayas... hay... hay algo de lo que me gustaría hablarte.

Quise decir que no, que realmente me preocupaba Farlan pero su mirada parecía rogarme con voz muda que por favor, no me fuera. Di un último vistazo a donde el dichoso baile se estaba llevando a cabo, me preocupaba la idea de que Farlan me malentendiera, después de todo, éramos amigos, no quería perder eso. Pensaba que aún después de esto, podíamos serlo, y la prueba estaba en Eren y en mí, a pesar de que constantemente me le insinuaba, Eren continuaba siendo mi amigo y aceptándome, podía hacer lo mismo con Farlan, ¿y quién sabe?, tal vez un día pudiera corresponderle de la forma que él quería.

Más pronto de lo que mi cabeza pudo razonar, terminé asintiendo dócilmente al pedido de Eren. Después de todo, me había dado cuenta que era mucho mejor si dejaba de negarme a él. Pareció satisfecho de mi afirmativa, quitó la mano de mi muñeca y de inmediato frotó amabas manos en su pantalón. Era la primera vez que lo veía haciendo semejante cosa y pensaba que era un efecto secundario colateral del evidente nerviosismo que exudaba cada poro de su piel.

—Nosotros hemos sido amigos un largo tiempo, ¿cierto?— Comenzó, crucé los brazos ante la molestia que la palabra "amigos" me causaba cuando él la decía, pero terminé por asentir.— Y... durante ese tiempo... nosotros nos hemos ido... ¿cómo se dice?, acercando...

—Sí, ajá, ¿cuál es tu punto?— Le apresuré, sintiéndome realmente impaciente ante sus balbuceos.

—Pues... que a veces, uno cree que sí conoce sus sentimientos, pero luego no y entonces, llega un momento en el que ¡sí!— Sentenció dando un par de pasos más cerca de mí, enarqué una ceja a modo de pregunta, realmente no entendía nada. Eren pareció frustrado, por eso agregó.— Es... es... ¡ay, por Dios! ¡entiéndeme!

Pronto su mano fue a dar a su sonrojado rostro para palmear su frente con poca fuerza, masculló entre dientes algo que sonó como; "maldita sea, cuando necesito que malinterpretes las cosas, no lo haces". Suspiré, la molestia se incrementó un poco más, ¿cómo esperaba que lo entendiera, si ni él mismo sabía lo que quería decir?

—Sea lo que sea que quieras decirme, no parece ser importante— Mis ojos fueron a dar nuevamente a lo lejos, donde la fiesta seguía en su auge.— Debo ir con Farlan. En serio.

Di media vuelta y apenas pude caminar un par de pasos cuando Eren ya me había alcanzado y ahora estaba frente a mí. Su ceño fruncido y sus ojos tenían esa mirada llena de determinación como cuando se propone algo, lo aterrador aquí, es que siempre lograba su objetivo de una u otra forma. En Eren aplicaba ese famoso dicho de "donde pongo el ojo, pongo la bala". Volvió a restregar sus manos contra el blanco pantalón y eso pareció armarlo de valor, algo bastante raro.

—Está bien, no más rodeos— Asintió y luego su mirada se apartó de la mía, mirando algún punto muerto en el suelo.— Debo decirlo ahora, o me dará un ataque, peor aún, un infarto fulminante y nunca... lo sabrás. Me gustas, de la forma que yo te gusto a ti.

Terminó diciendo, en el proceso soltando un suspiro y dejando caer laxos sus rígidos hombros, como si toda la carga que estaba llevando desde meses atrás fuera quitada de sus hombros tras semejante declaración. Lo miré con seriedad, de alguna forma, mi cabeza me decía que en cualquier momento Eren comenzaría a carcajearse, entonces, Annie, Mikasa y Farlan saldrían de algún lugar para decirme que había caído en la broma cruel y de pésimo gusto. Esperé por lo que pareció una eternidad completa a que Eren mudará ese gesto de espanto y expectativa, por uno divertido y sardónico. Nunca sucedió.

Al contrario, ese gesto preocupado en la cara de Eren se acentuó más y volvió a restregar las manos contra su ropa. Fue entonces que mis ojos se abrieron muy grande y las manos comenzaron a sudarme, él realmente hablaba en serio y no sabía cómo debía actuar frente a esto. Minutos atrás, seguía pensando que él era completamente heterosexual, entonces, ¿qué había fallado?

—¿Cómo?

Alcancé a preguntar, aunque más bien sonó a un jadeo ahogado. Eren de inmediato negó con un suave movimiento de cabeza y encogió los hombros, a la vez que decía:

—No lo sé— Murmuró, pero pronto se corrigió diciendo:— Es decir, sí lo sé, aunque todavía me cuesta trabajo entenderlo. Me... me gustas y es todo lo que parece tener sentido ahora, he tenido estos sentimientos por un largo tiempo, y ni yo tenía idea. Ahora estoy aquí, metido en este ridículo disfraz, confesándote mis sentimientos y seguramente tú piensas que esto es un chiste. Pero no es un chiste, en realidad, nunca existió un Eren heterosexual por completo. Quizá sólo la mitad.

Había pasado demasiado tiempo anhelando esto y siempre me era negado, y ahora el universo por fin me lo cumplía y simplemente no podía creerlo, las manos comenzaron a temblarme, las jodidas piernas a fallarme y los labios a picarme con insistencia. No lo pensé dos veces, porque cuando menos cuenta me di, ya me había abalanzado sobre Eren, mis labios buscando con desespero a los suyos y mi cuerpo aplastándose contra el suyo, necesitaba sentirlo real, que esto no era un sueño. Que no me había desmayado en algún punto de la noche y que ahora mi cerebro era el que me hacía una broma cruel.

Pero era real, el calor emanando del cuerpo de Eren, sus fríos labios negándose momentáneamente a los míos, sus hombros poniéndose rígidos de nuevo, su respiración acelerada chocando contra mi cara por la obvia cercanía. Pronto sus labios reaccionaron y poco a poco intentaron corresponder a los míos, mis manos fueron a acunar su rostro cuando su boca por fin cedió ante la mía. Sus labios eran tal y como los recordaba, suaves, carnosos y nada torpes cuando no eran palabras las que salían de ellos.

Pronto el aire comenzó a escasear y tuvimos que separarnos reticentes a cortar el contacto de nuestras bocas, de frío contra caliente. Eren entreabrió los ojos, parecía ebrio, con las mejillas sonrojadas y los labios hinchados por tanto besuqueo. Sus manos parecían indecisas de en dónde debían tocar, se posaban brevemente en mis hombros, luego tocando mis brazos y repitiendo ese proceso varias veces. Entonces, mis manos atraparon a las suyas y las guiaron hasta mi cintura, sintiendo como encajaban perfectamente bien en ese lugar.

—Puedes ponerlas ahí, idiota.

Susurré sin un ápice de vergüenza, mis curiosas manos fueron a dar a su cuello y pude sentir a Eren estremecerse ante ese toque. Las yemas de mis dedos tocando todo cuanto podían, incansables, insaciables por aquella piel suave que sólo en sueños había tocado. Esta vez fue el turno de Eren de descender sobre mis labios para besarlos, lento, acompasado, de quien no lleva prisa alguna y se limita a disfrutar el momento.

Poco a poco su boca se fue entreabriendo y mi lengua no desaprovechó semejante oportunidad para introducirse en ella lentamente, llenándola. Probando la saliva dulce de Eren, que también sabía a glaseado azucarado de las galletas que seguramente había comido con anterioridad. Eren había sido el dueño de todos mis primeros besos, quizá por eso pensaba que ningún otro beso, de ninguna otra boca, se podría sentir así de correcto, así de pleno.

Nos volvimos a separar a causa de la falta evidente de oxigeno que abasteciera a nuestros pulmones. Escondí el rostro en el hueco entre el cuello y el hombro de Eren, respirando su perfume, me abracé fuerte a él, deseando que de verdad no fuera un puto sueño como todos los demás, no creía ser capaz de soportarlo de nuevo, no más. Mordí el interior de mi mejilla, lo suficiente como para lograr sacarme sangre, sólo entonces pude estar seguro de que no era un sueño, que era tan real que dolía y quemaba.

—¿Y ahora que sucederá?

Pregunté, mi voz saliendo atropellada porque mi rostro seguía aplastado contra el cuello de Eren. Él se estremeció cuando mi aliento tibio chocó contra su piel fría, esta vez, fue su turno de apoyar su cabeza contra la mía, suspirando largamente.

—No lo sé— Admitió, hablando por primera vez desde que me confesó que yo también le gustaba.— Algo dramático, lo usual.

Le escuché soltar una risita discreta, sus manos se paseaban torpemente de arriba hacia abajo hasta llegar a mi espalda baja, sin ir más lejos de ese lugar. Todo se sentía tan irreal, había fantaseado con éste momento durante mucho tiempo, que ahora no sabía cómo debía actuar, qué tenía que decir, ¿debía decir algo, a propósito? Eso me llevó a hacerme una pregunta más relevante aún, ¿qué carajo éramos Eren y yo ahora? Levanté el rostro, buscando insistentemente la mirada de Eren, pronto sus orbes verdes se posaron sobre las mías y en medio de esa oscuridad, parecieron brillar.

—Entonces, ¿ahora somos amigos con derechos, quizá?

Me atreví a preguntar, queriendo más que nada, quitarme esa duda que me carcomía por dentro. Eren enarcó una ceja y una suave carcajada escapó de sus labios.

—Pues...— Movió las cejas de forma coqueta, de arriba hacia abajo.—¿Y tú crees que deberíamos ser algo más que eso?

—¡Sí, definitivamente tenemos que ser novios!

Me separé de él cuando me di cuenta de lo abrupto que había sonado eso y de lo desesperado que me hacía lucir —en realidad, sí estaba un poco ansioso—; Eren tenía aquel gesto pensativo en su rostro que comenzaba a asustarme, quizá, sí estaba apresurando un poco las cosas.

—Aunque...— Comencé, en un intento por reparar mis cinco segundos de insensatez.— Si esto es demasiado rápido para ti, puedo esperar... ya me has hecho esperar antes.

—Admito que todo esto es nuevo para mí, pero...— Sus dedos rozaban los míos casi con ternura, ojos verdes y llenos de decisión mirando a los míos.— Mentiría si dijera que no quiero darle una oportunidad a esto. A nosotros.

—¿Estás seguro de querer esto?, ¿sabes lo qué significa salir con otro chico?

—Nunca antes he salido con un chico— Arrugó un poco la frente y su nariz respingona se frunció, en una mueca de lo más graciosa.— No tengo modo de saberlo, ¿o sí?

No necesité que él lo dijera explícitamente, para mí estaban claras las cosas. Ahora estábamos juntos, eso calmó a las abejas asesinas que habían estado torturándome durante todo éste tiempo, y se volvieron mariposas, tan ligeras que cosquilleaban por todos mis intestinos de forma casi agradable. Sellamos nuestra complicidad con un nuevo beso, el baile de disfraces, Farlan, todo dejó de importar porque el zorro ahora era un príncipe.


[Eren. J]

El silbatazo del entrenador sonó con estrépito anunciando que por ese día, los entrenamientos habían cesado. Dentro de una semana sería el gran debut del equipo frente al de la facultad de experimentales, todos teníamos que entrenar como si no existiera un mañana. Escuché que el año pasado el equipo de los Leones de Berlín habían perdido vergonzosamente contra las Serpientes plateadas, fue ahí cuando Zeke se quedó al mando del equipo como el nuevo capitán exigente que piensa que perder no era una opción.

Y según sabía, desde que él había tomado el mando de capitán el equipo había mejorado notablemente hasta el punto en el que arrasaban con la mayoría de los campeonatos. El entrenador me había dicho que estaría en banca la mayoría del tiempo, que sólo me daría veinte minutos para probar mis habilidades, si lograba impresionarlo, entonces eventualmente tendría más tiempo en los partidos, pero para que sucediera eso, tenía que hacer méritos.

Me apresuré en ir a las duchas y ser el primero para poder irme antes, últimamente, Zeke se esmeraba en forzar nuestra relación, invadiendo mi espacio personal o invitándome en repetidas ocasiones a ir con él y sus amigos a diferentes lugares. Yo pensaba firmemente que nuestra relación sólo debía ser la de capitán y subordinado, de ahí no debía pasar. Además, por otro lado, no veía a Levi desde el lunes y hoy era jueves, pensaba en tener algo así como una cita con él, ahora que nosotros...

Pero justo cuando iba saliendo de las duchas tan rápido como podía para librarme de Zeke, otro dolor de cabeza apareció con cabello rubio cenizo y ojos azul claro, un pollo, pensé. Lo noté cabizbajo y sin intención alguna de bromear mientras se acercaba a mí, en sus ojos estaba impresa la palabra "ayuda".

—Farlan... te ves horrible.

Dije sin ninguna mala intención como habría sido en otra circunstancia, él sonrió sin ganas y metió las manos en los bolsillos delanteros de sus jeans gastados.

—Gracias, primor, tú te ves sexy hoy como siempre.

—¿Qué sucedió?— Volví a insistir, ignorando olímpicamente su anterior comentario.

—Eren, tienes que ayudarme— De inmediato sujetó mis hombros con algo de fuerza, realmente lucia desorientado y eso me asustó.— Levi me dijo que esta saliendo con alguien, y yo... yo creí que le gustaba, tienes que decirme con quién esta saliendo.

Pestañeé sintiéndome repentinamente perdido, ¿en qué momento Levi le había dicho que estaba saliendo con alguien?, ¿por qué? Sin embargo, eso pasó a segundo termino cuando vi la mirada vacía y triste de Farlan rogándome por una respuesta. Me comencé a sentir culpable, justo cuando él podía tener una pequeña posibilidad con Levi, yo se le había arrancado de tajo. Es que era él o yo, no podía ser de ambos, aún lo pensaba.

—Conmigo.

Solté sin más, respondiendo a su anterior demanda, Farlan me miró por varios segundos y al siguiente, ya estaba riendo como si acabara de contarle el mejor chiste de su vida. Negó varias veces con la cabeza y luego se llevó las manos al estómago, entre risas se lograba entender algo que sonaba como "¿Levi y tú?, claro, eres heterosexual", "todo mundo sabe que te follas a Historia Reiss". En un primer momento me sentí incomodo, pero al siguiente me sentí sumamente furioso y ofendido, sobre todo, pensaba que esto insultaba más que nada a Historia.

—Primor, de verdad, no estoy para chistes— Exclamó cuando logró calmar sus risas histéricas, para este punto, ya tenía las asesinas ganas de golpearlo.— Hablo en serio.

—Yo tamb...

Pero mi protesta quedó a medias cuando la familiar voz de Zeke se dejó escuchar por los solitarios pasillos. Y aquí, dolor de cabeza número dos apareciendo. Maldije internamente, Farlan me había distraído demasiado y ahora mi objetivo de escapar de Zeke se veía dolorosamente frustrado.

—¡Hey, mini Jaeger! ¡Church!

Se acercó saludándonos de forma casual, Farlan y yo pusimos un gesto de total irritación, aunque claro, ambos por motivos completamente distintos.

—Pensé que ya te habías ido— Comentó el otro Jaeger, dirigiéndose totalmente a mí.— Me alegra que no.

—No, Farlan y yo estábamos hablando de algo importante, como podrás darte cuenta.

Dije de pronto, obviamente tampoco tenía interés alguno de seguir discutiendo con el idiota de Farlan, pero primero tendría que deshacerme de Zeke. Uno a la vez, pensé. Sin embargo, Zeke se hizo el sordo y de inmediato tapó a Farlan con su cuerpo, sólo para quedar frente a mí, tan cerca que por un momento pensé que era un alivio que Levi no anduviera por aquí, estaba seguro de que le arrancaría la cabeza con los dientes a mi capitán de equipo si lo veía con esas confiancitas conmigo. Algo importante que debí saber de Levi Ackerman, es que era un ser supremamente posesivo y celoso.

—Escucha— Zeke aprisionó mis brazos, no sabía qué extraña maña tenía la gente por apretujarme de los brazos, hombros y cuello, sí, también incluía a Levi.— Mis padres no estarán hoy en mi casa, así que pensé que tal vez te gustaría venir a jugar el nuevo juego de Resident Evil. Sé lo mucho que te gustan los video juegos.

Entonces soltó mis brazos para sacar de su mochila el estuche original con el juego, lo movió de un lado a otro haciendo sonar al disco que venía dentro de aquella caja de plástico. Supe que era nuevo porque incluso tenía la etiqueta del precio en una esquina. Entonces caí en cuenta de que Zeke se había tomado muchas molestias para poder pasar un rato conmigo.

Sabía de ante mano que a él no le gustaban los juegos que tuvieran que ver con matar zombies o monstruos, él era más bien de jugar Fifa o juegos de carreras de autos. Sin embargo, yo le había comentado que adoraba jugar Resident Evil, que esperaba con ansias a que saliera la nueva versión y era justamente la que él tenía en sus manos. Pensar en decirle que no me hizo sentir culpable, terminé por asentir suspirando.

—De acuerdo, sí.

Pensé en ese momento que si aceptaba ahora, probablemente me dejaría en paz, al menos por un buen rato. Sonrió amplio, pareciendo más que satisfecho de que por fin aceptara una de sus tantas invitaciones.

—Entonces andando— Zeke me abrazó por los hombros de manera un tanto ruda, típica de él y rápidamente dijo:— Pasaremos por una hamburguesas antes, ¿te parece?

—Sí, suena genial eso— De forma amable me fui liberando de su abrazo, luego miré a Farlan.— Nos vemos, pollo.

Éste último simplemente asintió sin decir nada más, aunque yo sabía que eventualmente, Farlan volvería a insistir con que le hablara del novio de Levi. Nos dirigimos a la casa de Zeke en mi automóvil, Zeke le había prestado el suyo a Pieck y ella se lo devolvería en la noche; como el otro Jaeger había propuesto, antes de llegar a su casa pasamos por un par de hamburguesas con papas y una soda. Sabía que las hamburguesas no eran muy del agrado de Zeke, sentía todo esto como si él estuviera persuadiéndome para algo de alguna forma.

Llegamos a la enorme y ostentosa casa de Zeke después de diez minutos de silencios incómodos que eran llenados por el sonido del radio. Tenía un muy bonito jardín delantero lleno de flores de todo tipo, margaritas, rosas de castilla, jazmines y violetas; Erwin definitivamente se sentiría celoso. Su cochera era amplia y en ella habían un par de carros más y una camioneta, la chapa de la puerta incluso parecía ser de oro y por adentro de la bonita casa blanca, era aún mejor.

El piso de reluciente madera, las escaleras conducían hacia el ala este y oeste, muchas pinturas colgadas por todas partes, al igual que las flores en sus respectivos floreros y las costosas lamparas en cada esquina de la casa, y las figuras de mármol al pie de cada extremo de la escalera. Realmente sentía que había pasado de príncipe a plebeyo, no se podía comparar en nada con la sencilla casa en la que vivía con Erwin y Mike. Rápidamente nos dirigimos hacia la sala, lo más destacado de todo era la enorme pantalla plana de sólo Dios sabía cuántas pulgadas, al menos podía decir que semejante televisión jamás podría entrar en la modesta sala de mi casa.

Sin embargo, lo que más llamó mi atención, fue el enorme cuadro enmarcado que protegía la foto de lo que parecía ser una familia promedio. La madre era realmente linda, sus ojos eran de un azul eléctrico que me recordó a los de Zeke, su cabello era tan rubio que fácilmente se podría confundir con canas blancas; supe entonces que Zeke había heredado todos sus encantos de ella. Después le seguía Zeke, con aquella pose de seriedad que lo caracterizaba, se veía más joven y más malhumorado, en un elegante traje azul marino y la corbata en tonos grises que resaltaban sus ojos. Luego estaba el padre, moreno, de cabello castaño atado en una simple pero elegante cola de caballo, al igual que Zeke, usaba gafas redondeadas que ocultaban unos solemnes y fríos ojos color verde. Algo en ese hombre llamó mi atención, quizá, el verde profundo de sus ojos.

Pronto sentí que Zeke se paraba a mi lado, su mirada estaba fija en mí y eso sin duda, me incomodaba demasiado.

—Te pareces a tu mamá.— Fue todo lo que pude decir, realmente su cercanía me ponía un tanto ansioso.

—Lo sé, es un alivio no parecerme a padre— Su mirada ahora estaba puesta en la fotografía de su familia, sentí cierto desprecio hacia la figura de su padre por parte de él, entonces sus ojos nuevamente fueron a dar conmigo, una sonrisa apareció en su rostro.— También es un alivio que tú te parezcas más a tu madre.

—¿Perdón?

Ahogué un jadeo ante lo repentino que había sido eso, repentino y sin sentido, Zeke no tenía forma de saber a quien me parecía yo, después de todo, era algo que ni yo mismo sabía. A veces, realmente deseaba con todas mis fuerzas ser el hijo de sangre de Erwin, no quería tener nada que ver con mis padres biológicos, de ninguna forma. Zeke carraspeó con algo de incomodidad y enseguida se corrigió a sí mismo diciendo:

—Es obvio— Asintió con vehemencia.— Dicen por ahí que los varones generalmente se parecen más a sus madres y por el contrario, las mujeres suelen tener más parecido con sus padres.

—Ah, sí claro, tiene sentido.— Concordé con Zeke, sintiéndome extrañamente aliviado. Si lo pensaba bien, Levi también era muy parecido a su mamá.

Pronto ese incomodo momento quedó en el olvido cuando Zeke prendió la televisión y conectó las consolas, él era muy malo jugando éste tipo de juegos. Solía estresarse cuando un screamer salía de la nada, o cuando se veía acorralado entre demasiados monstruos. Pero debía admitir que fuera de la escuela, de su rol como capitán y su compartimiento bastante raro, era una persona agradable, muy amena e incluso bastante gracioso. Odiaba perder, pero lo ocultaba tras una mascara de bromas y buen humor. Comenzaba a agradarme un poco más.

En algún punto de la tarde nos terminamos las hamburguesas y varias de las papas quedaron regadas sobre el cómodo y mullido sillón color perla, por lo que me había dicho Zeke. Nuestras partidas jugando Resident Evil se convirtieron pronto en risas y bromas juguetonas, por ese efímero momento, pensé en que a mí me hubiera gustado tener un hermano para poder jugar video juegos con él, tal y como lo hacía con Zeke. O al fútbol, o tener a quien culpar cuando rompía las macetas de Erwin por jugar con el balón adentro de la casa.

—Realmente, Eren— Comenzó Zeke, cogió la última papa de la bolsita de papel de donde venían empacadas y se la llevó a la boca pronto.— Me fascinaría tener un hermanito menor como tú.

Fue como si estuviera leyendo mis pensamientos, me sentí un poco asustado ante aquella conexión inexplicable que compartíamos, tan parecidos pero al mismo tiempo, demasiado distintos. No pude evitar sentirme un tanto incomodo ante el tono con el que lo había dicho. Me removí un poco sobre el sillón, de pronto, tomando una distancia prudente con él.

—Bueno, me siento halagado— Arrugué la nariz y luego rasqué mi nuca.— No creo que pienses lo mismo si te contara todos los dolores de cabeza que le provoqué a Erwin y Mike con mis travesuras.

Zeke soltó una carcajada y luego palmeó mi hombro en un gesto amigable y de compañerismo.

—Hubiéramos sido un gran dúo de travesuras, en ese caso.

Me sonrió con algo que pareció nostalgia, el sentimiento de incomodidad aumento, fue por eso que opté por mirar mi celular, eran las nueve de la noche y tenía varias llamadas perdidas de Erwin, un par de Mike e incluso una de Levi. Me levanté de un salto del sillón sabiendo que tendría problemas al llegar a casa, pero de los tres, Levi era quien más miedo me daba. Zeke me vio con curiosidad mientras me ponía la sudadera de la facultad y tomaba mis cosas con rapidez.

—Es tarde, debo irme— Expliqué al de cabellos rubios platinados, quien pronto asintió suspirando pesadamente.— Gracias por invitarme, me la pasé bien.

—Puedes regresar cuando quieras.

Decía mientras me guiaba hasta la puerta de su casa, pero antes de que pudiéramos salir, dos figuras entraron, aparentemente estaban discutiendo por algo. Pronto me di cuenta de que se trataba de los padres de Zeke, nuevamente me sentí incomodo mientras ellos discutían frente a nosotros, pero Zeke parecía acostumbrado a éste tipo de discusiones porque sólo miraba a sus padres con cierto fastidio. Entonces la señora Jaeger reparó en nuestra presencia y la pelea pronto cesó, me miró con calidez y una sonrisa amable se formó en su boca.

—Buenas noches chicos— Dijo, no supe si fingiendo o no amabilidad.—No sabíamos que tendrías visitas, Zeke.

Regañó a un muy fastidiado Zeke, fue por eso mismo que agregué tan rápido como pude:

—Buenas noches, yo ya me iba, señora Jaeger.

—Tranquilo, cielo, puedes quedarte cuanto quieras y por favor, háblame de tú. Señora me hace sentir muy vieja.

Me guiñó un ojo en un gesto coqueto, luego le dedicó a su esposo una mirada llena de molestia antes de dirigirse a las escaleras y subirlas con la elegancia digna de una princesa. Entonces el padre de Zeke por fin fijó su mirada en mí, de un momento a otro pareció ligeramente sorprendido, fue por eso que ahora su mirada fue a dar con su hijo y se apresuró en preguntar:

—¿No vas a presentarme a tu amigo, Zeke?— Su voz saliendo firme y dura, parecía ser más como un regaño ante los "pésimos" modales de su hijo.

Zeke sonrió con algo bastante cercano a la sorna, me abrazó por los hombros acercándome un poco más a él y finalmente dijo, con algo que sonaba a maldad pura:

—Padre, por favor, ten el gusto de conocer a Eren Jaeger.

El señor Jaeger abrió los ojos tan grande que casi pensé que se saldrían de sus cuencas. Pronto el ambiente se volvió tenso entre los tres y ni siquiera sabía por qué. Zeke seguía sonriendo con diversión, ampliando aún más su sonrisa cuando vio el gesto de sorpresa y horror de su padre. En ese momento quise que la tierra me tragara.


¡Hola a todas/os!, espero que estén teniendo un excelente fin de semana y desde luego, que este capitulo haya sido de su agrado. Por fin Eren y Levi están juntos después de tantas dudas por parte de Eren. Si alguien esperaba Farlan x Levi en éste fanfic, creo que andan un poco perdidos en este fanfic Ereri, porque eso no va a suceder, me temo. En fin, muchas gracias a las personitas que se toman el tiempo de leer mi historia y dejar reviews, como siempre es un placer leerlas y sobre todo, me mantiene motivada a seguir publicando por acá. Me parece que por ahora es todo, así que sin más que agregar nos estamos leyendo para la próxima, ¡saluditos!

All the love, Dragón. 🐉🌹