38

Palabras complicadas

----o0o----


Ron caminó dificultosamente por el Gran Camedor, todavía frotando sus ojos, tratando de librarlos del cansancio. Se sentó con un gran suspiro frente a su mejor amiga -Hermione-, que, como siempre, estaba profundamente metida en algún libro ridículamente grueso.

—Mmmueeeenaaaaaaaas.
—Buenos días a ti también, Ronald.
—Hermione, ¿por qué estás leyendo tan temprano?
—¿Temprano?, son casi las ocho.
—Y es sábado...
—Yo no te obligué a despertarte.
—¡Si encantaste ese maldito reloj en mi mesita de noche!
—¡Pero no entré a tu cuarto ni te arrastré de la cama sin dejarte siquiera vestir!
—Y te gustaría eso, ¿verdad? —Él arqueó las cejas sugestivamente, haciendo que la cara de Hermione se frunciera del horror. O al menos, una muy buena imitación de horror.
—¡No seas desagradable, Ronald! —Ella lo golpeó con una fuerza mucho más potente de la que debería estar legalmente permitida.
—¡AY! ¿Cómo demonios es que golpeas así de fuerte? ¿No se supone que eres una chica?
Soy una chica. Creí que ya habíamos establecido eso después del completo fracaso del Baile de Navidad.
—¡Y yo creí que habíamos llegado al acuerdo de no volver a mencionar ese baile nunca más!
—Entonces, si no quieres hablar de ello, ¡deja de cuestionar mi femineidad!
—¿Tu qué?
—¿Qué?, ¿la palabra es demasiado larga para ti?
—Sí, lo es.
—Ay, Ronald, me haces doler la cabeza.
—Sólo hago mi trabajo.
—No pienso pagarte, espero que lo sepas.
—Me di cuenta de ello hace bastante tiempo. Obviamente soy más listo de lo que tú crees.
—Al contrario, Ronald. Hay muchas veces en las que he terminado creyendo que tiendo a sobrestimar tu suficiencia, intelecto e idoneidad.
—¿Cómo? Repite que no entendí.

Ella le dedicó un gesto de comprobación, como si estuviera utilizando el propio desentendimiento de Ron como evidencia en una sala de tribunal.

—Prueba A, su Señoría.
—Hermione... ¿cuánta cerveza de mantequilla has tomado hoy?
—No estoy borracha, Ron.
—¿Estás segura?
—Por supuesto. No seas idiota. Sé que ya está programado en tu sistema, pero si te dedicaras a intentar vencer tu propia estupidez te lo agradecería superlativamente. Hasta incluso, quizá, me sienta inclinada a recompensártelo.
—¡Ahora sólo estás usando palabras complicadas para confundirme!
—¿En serio, Ronald? ¿Y qué rayos te haría pensar eso?
—¿Sabes qué? Sería relamente gracioso que estuvieras borracha.
—¿Y cómo es que esto se relaciona al tema precedente?
—No lo hace. Pero es gracioso.
—No, no lo es. Quedarse como un completo incompetente a causa de consumir bebidas alcohólicas no es siquiera un poquito gracioso.
—Claro que lo es. Ya puedo imaginarte dándote tumbos contra todo, tratando de usar tus grandes y extrañas palabras con todos nosotros. Te la pasarías gritando por cualquier cosa, y te trabarías en cada palabra… Sería grandioso, te lo digo en serio.
—Ron, ¿por qué mi uso por las palabras largas te garantizaría burlarte de mi?
—¿Y quién dijo que me burlo de ti?
—No soy estúpida.
—Hermione, sólo me río porque eres mi amiga. Eso lo sabes, ¿verdad? Del mismo modo en que tú te ríes de mi idiotez porque soy tu amigo.
—Sí, lo sé, pero me refiero a...
—¿Qué?
—¿Te molesta que sea lista?
—¿Por qué me molestaría? Es bastante agradable, en realidad. Consigo que me ayudes muchísimo con mi tarea, y tengo compañera competente en Pociones.
—Pero... ¿te molesta que sea una sabelotodo?
—No eres una sabelotodo.
—Sí que lo soy, Ronald. No trates de fingir que no es verdad. Hasta lo has dicho tú mismo.
—Bueno, talvez sí eres una sabelotodo. Pero eso es lo que te hace ser Hermione.
—¿Pero ser Hermione es algo bueno?
—¿Estás bromeando? ¡Es algo genial!
—No vuelvas a exagerar sólo para hacerme sentir mejor sobre mí misma.
—Es en serio, Hermione. Eres endemoniadamente brillante, en primer lugar. Y a pesar de que eres bastante mandona, eres una enorme ayuda con todo nuestro trabajo escolar. Tú no eres como las otras chicas, tú eres Hermione.
—Sí, no soy exactamente tan atractiva como las demás, ¿cierto, Ron?
—¡No! ¡No me refería a eso! Bueno, en realidad eso es parte de lo que quise decir. Pero tú eres atractiva... espera, es decir, podrías ser atractiva. No, no, espera, ¡tampoco quise decir eso! Me refiero a que tú eres bonita, Hermione. De verdad lo eres y ni siquiera te esfuerzas. Tú no usas toda esa basura en el rostro como ellas, ni pasas horas mejorando tu cabello, y aún así sigues siendo bonita. Eres mucho más que… agradable… como amiga… pero eso no quiere decir que nunca vayas a ser más que… es decir… Bueno, no importa.

Hacia el final de su discurso, ls orejas y mejillas de Ron se habían tornado de una impecable sombra rojiza. Por suerte, Hermione había entendido la idea principal.

—Creo que ya capté el concepto de lo que tratas de decir. Así que gracias.
—Sí le dices una palabra de esto a Harry, te maldeciré.
—Me gustaría verte intentarlo.
Dicho esto, Hermione cerró su libro con una graciosa pequeña sonrisa que causó que Ron generara una propia sonrisa torcida. Después, ella se inclinó sobre la mesa y le dio un pequeño beso sobre la mejilla.

—Te veo luego.
—¿Adónde vas?
—Ah, a la biblioteca. Tengo que leer algunas cosas. ¡Nos vemos!

Ron rió en silencio ligeramente.

—De algún modo, debería haberme dado cuenta de ello.

Su risa no se deshizo en toda la mañana.