Descargo de responsabilidad: Harry Potter y casi todos los personajes son propiedad intelectual de J.K. Rowling.

Traducción al castellano, autorizada por la autora, del original en francés Il fallait bien ça

Autora: labulle

Hacía falta todo eso

Capítulo 38 – Replanteo

Estaba solo, sentado sobre la cama, la carta que Hedwig acababa de traerle en las manos. Ginny había garabateado una misiva corta pero explícita: "Me quedo en la casa de mi mamá, no quiero verte nunca más"

Se puso a mirar las fotos en las paredes. Ginny y él, abrazados, felices. Sus dos mejores amigos y él, riéndose, seguramente por una broma de Ron. No era eso lo que había querido, no había querido destrozarle el corazón a Ginny. Todo lo contrario. Le había parecido que no era honesto casarse con ella después del cambio que se había producido. Pero, ¿cómo explicarles a todos la razón?

Se recostó y cerró los ojos. Las sábanas todavía olían a Ginny. Repasó otra vez sus momentos juntos. A primera vista daban la impresión de una pareja feliz, muy feliz por cierto, él mismo había llegado a convencerse de eso. Pero por encima de todos esos recuerdos, por encima de los momentos de ternura que había tenido con ella, por sobre todos esos momentos en que sonreía sereno… planeaba la sombra de otra persona. La persona que no había visto en los tres últimos años, la persona que se había esforzado en olvidar con la ayuda de pociones. Eso había terminado, podía sentirlo. ¿Y por qué entonces todos sus pensamientos seguían enfocándose en Draco? ¿Por fuerza de la costumbre? ¿La poción de cura no había sido del todo eficaz? ¿Habían germinado sentimientos reales? De todas esas alternativas, no sabía cuál preferiría. Todo era demasiado reciente, estaba todavía muy fresco en su cabeza. Tenía que esperar. Seguramente una noche de sueño ayudaría.

oOo

La noche de sueño no había servido de mucho, la realidad lo golpeó como una bofetada al día siguiente. ¿Qué había hecho! ¿Había valido realmente la pena? Pasó todo el domingo encerrado en el departamento, cuanto más quería ordenar sus pensamientos, más parecían enredarse. Su relación con Ginny había sido siempre muy ambigua. Amistad, afecto y atracción física. ¿Qué lugar, si alguno, ocupaba el amor entre todo eso?

Ya no estaba seguro de nada. Dos meses antes habría jurado que la amaba, si bien ese sentimiento quedaba siempre enturbiado por la acción del sortilegio del que era víctima. En ese momento, sin embargo, no tenía certezas. Tenía que ir a verla, abrazarla, besarla; quizá ese simple acto serviría para hacerle entender que había tomado la decisión equivocada; que siempre la había amado y que no podría vivir sin ella.

Se vistió y aparicionó a La Madriguera.

El corazón le latía desbocado mientras esperaba que le vinieran a abrir. No se había animado a entrar directamente, en ese momento, de los Weasleys sólo podía esperar rencor. Y no era para menos, debía de haberlos desilusionado profundamente.

Atendió la señora Weasley. Que pareció sorprendida de verlo, el desconcierto se transformó de inmediato en cólera helada. No fue necesario que dijera nada su mirada era por demás de elocuente… nunca le había visto tal enfado en los ojos… ¡y pensar que él era la causa!

–Buenas tardes, Molly, ¿podría ver a Ginny, por favor?

–Ginny no quiere verte. –replicó ella fríamente. La animosidad era de esperar, pensó Harry.

–Sé que los he decepcionado, a todos, pero es preciso que me explique ante Ginny. Perdón, Molly, yo…

–No es a mi a quien le tenés que pedir perdón, –dijo ella secamente– y ya te dije que mi hija se niega a verte… así que es mejor que te vayas ya… si nos hacés el favor.

–Está bien, mamá…

Harry, que ya se estaba yendo, se volvió. Ginny estaba en el umbral, detrás de su madre, los ojos hinchados y enrojecidos de llanto. Harry se sintió más abyecto que nunca, ¡cómo podía ser que les causara tanto dolor a los que más quería?

Molly no parecía nada contenta con la intervención de su hija, se hizo a un lado con reticencia y lo dejó pasar. Ginny lo miró con gran resentimiento… mezclado con mucha pena. Le hizo un signo para que la siguiera.

Cruzaron la sala, Arthur lo saludó brevemente y formal, no precisamente cordial. Los mellizos no dijeron nada, se limitaron a mirarlo pasar, muy contrariados. Claramente, La Madriguera se había transformado en territorio enemigo y él, en persona non grata.

Subió las escaleras siguiendo a Ginny hasta la habitación de ella. Por suerte, no había tenido que cruzarse con Ron…

Ginny fue a sentarse a la cama y lo miró con la cabeza en alto tratando de aparecer lo más digna posible y dispuesta a escucharlo. Harry se dio cuenta entonces de que había venido siguiendo un impulso repentino y que no había pensado en lo que podía decir.

–Ginny, perdón… sinceramente lo lamento… –fue a sentarse junto a ella y trató de tomarle las manos entre las suyas, Ginny se negó y se dio vuelta hacia el otro costado dándole a medias la espalda. No iba a ser fácil.

–Ginny… no sé qué decir… sólo que te quiero mucho…

–¿Ah sí? ¿Me querés tanto como para pedirme que nos casemos y para plantarme el mismo día de la boda? ¿Me querés mucho y te negás a que vivamos una vida juntos? ¿O acaso estás diciendo "te quiero mucho pero tampoco es para tanto"? –los ojos de Ginny relampagueaban de furia.

–No, yo… –¿qué podía decirle? ¿Que la quería, que siempre la había querido pero no como ella hubiera querido? En realidad no podía decir nada que lo justificase. Lo cierto era que por cobardía había elegido no comprometerse. Ella sí lo amaba y no se había dado cuenta de que él no la amaba… totalmente, y él se había aprovechado de eso. No había sido algo consciente ni premeditado, pero había sido así, y en ese momento Harry lo veía claramente y no podía negárselo, ni tampoco podía seguir engañándola.

–Seguís enamorado de ella, ¿no? Yo… creía que ya la habías olvidado… quería creerlo… –la voz se le quebraba.

–¿De qué estás hablando?

–¡No finjas no saber! Vos mismo me confiaste que estabas enamorado de una chica, cuando estábamos en Hogwarts. ¡No vengas a querer a hacerme creer que la olvidaste! Todos estos años la sentí planeando entre nosotros. No dije nada, creí que se te pasaría. Sabía que no la habías vuelto a ver desde entonces… me hubiera dado cuenta… Después de que venciste a Voldemort… ella te dejó, así lo creí, así quería creerlo… vos te acercaste a mí, estabas tan triste… constantemente… y yo estaba convencida de que lograría hacértela olvidar… ¡Pero parece que no fue el caso! –concluyó con rabia.

¡Si ella supiera cuán cerca estaba de la verdad! Tenía ganas de contarle todo, desde el principio… de hablarle de Draco y no de una misteriosa chica que le habría robado el corazón… pero no se decidió. Para que borrarle su idea equivocada para reemplazarla por una más sombría, por una más cruel y dolorosa. Tendió la mano para acariciarle los cabellos pero ella lo rechazó con un gesto violento.

–¿Estás enamorado de mí? ¿Estás decidido a vivir una vida juntos? –lo emplazó ella mirándolo directamente.

Él le tomó la cara con las manos, ella lo dejó hacer. Sus ojos llorosos lo emocionaron hondamente. Posó suavemente sus labios sobre los de ella. Todo le gritaba que tenía que responderle "¡sí!", para borrarle esas lágrimas de los ojos, para volver a formar parte de esa familia a la que adoraba… pero el corazón se negaba. Una vez más no era la imagen de Ginny la que ocupaba su mente sino la de Draco. Y no eran los labios de Ginny los que quería sentir sobre los suyos sino los de Draco. Se separó y se puso de pie.

–Lo siento, Ginny…

Ella se puso de pie furiosa, lo golpeó y lo empujó para echarlo, le gritó que le había destrozado el corazón, que lo odiaba y que nunca más quería volver a verlo. Y una vez que hubo salido cerró con un portazo.

Comenzó a bajar lentamente las escaleras y se topó con Ron que lo apuntaba con la varita.

–Yo confiaba en vos. ¡Cómo podés ser tan hijo de puta! ¡Me das asco!

–Ron, por favor, estoy hecho mierda, no te imaginás hasta que punto, entiendo como te debés sentir…

–¡Rajá de acá! –le gritó y le dio un puñetazo. Harry se le tiró encima y los dos rodaron escaleras abajo.

Toda la familia corrió para ver a qué se debía el estruendo. Quedaron unos segundos en el suelo algo mareados y luego retomaron la pelea con toda saña y violencia, los golpes llovían de los dos lados sin parar. Les resultó muy difícil al señor Weasley y a los mellizos poder separarlos finalmente.

Ambos estaban sin aliento pero sus miradas destilaban furia. Algo se había roto definitivamente entre ellos.

Harry observó alrededor, a los demás Weasleys y a Hermione, todos lo miraban como si no lo reconocieran, como si hubieran vivido equivocados durante todos esos años. Fue muy doloroso para Harry, se deshizo de las manos de Arthur que lo sujetaban y salió sin decir palabra.

Atravesó el jardín pateando con rabia a los gnomos que tuvieron la mala suerte de interponérsele, con el dorso de la mano se secó la sangre que le brotaba de un labio. Cuando ya se decidía a desaparicionar oyó la voz de Hermione que lo llamaba, reticente esperó a que se le acercara. No tenía ya ganas de disculparse ni de explicarse.

–Harry, siento mucho lo que acaba de pasar. Todo está muy en carne viva todavía, tendrías que haber esperado un poco más para venir… –a pesar de su tono contemporizador era evidente que ella estaba también muy fastidiada.

–¿Esperar qué, Hermione? –replicó perdiendo lo poco de calma que le quedaba– ellos ya tomaron una decisión y de nada vale que trate de explicar, porque ni yo mismo me entiendo.

–Tenés que comprendernos, fue una sorpresa muy desagradable para todos nosotros, sinceramente creíamos que estabas enamorado de ella.

–Y yo también lo creía así, Hermione, pero ahora… ¡oh, es demasiado complicado!

–¿Pero qué es lo que puede haber pasado entre los preparativos y la ceremonia? ¿Por qué tengo la impresión de que está de regreso el Harry torturado de hace unos años? Contame qué te pasa…

Harry la miró, pero guardó un silencio obstinado. Hermione se dio por vencida.

–Será mejor que no vuelvas… por un tiempo… largo…

–No valdría la pena… nada será igual que antes de ahora en más. –dijo con una mueca.

Hermione bajó los ojos, era cierto y su lugar estaba junto a Ron… y dado que la situación exigía que eligiera… por más que le desgarrara el corazón…

Harry la abrazó y luego bajó los ojos al vientre abultado. Le acarició suavemente la panza y suspiró.

–Supongo que no le pondrán mi nombre a ninguno de los dos. ¿Sabés?, me hubiera gustado mucho conocerlos. Por tu bien espero que salgan más sosegados que los tíos. –dijo con una sonrisa triste.

Los ojos de Hermione se llenaron de lágrimas.

Él también tenía ganas de llorar. Había perdido a sus amigos y a su familia. Volvía a estar solo. Le dio un último abrazo y desaparicionó.

oOo

Llegó a su departamento con una sensación de pesada opresión. Sentía que se ahogaba. Esas paredes, esos muebles que había compartido con su pareja, decenas de fotos que le recordaban lo que había sido su vida. Gimió de rabia. La cabeza le daba vueltas y sentía náuseas. Hay personas a las que en circunstancias como ésa les da por romper todo. Harry descubrió que era una de esas personas. Procedió a destruir todo… toda su vida anterior… quería que dejara de existir… no quedó nada sano…

Se tiró finalmente sobre un colchón destripado, una pluma vino a posársele sobre la cara, se echó a reír como un enajenado… y enseguida se puso a llorar.

oOo

Se despertó al día siguiente. Había soñado con Draco. No era la primera vez que tenía ese tipo de sueños eróticos, pero antes se esforzaba para hacerlos a un lado, para olvidarlos, puesto que los atribuía a los efectos del sortilegio. Ahora era distinto… ahora podía repasarlos, degustarlos… En su sueño habían intercambiado muchos besos y él se había acurrucado en los brazos de Draco… y la sensación había sido una de las más agradables que recordara.

Draco seguía ocupando sus pensamientos incluso ahora; y sólo podía ser así si sus sentimientos por él eran reales. Y si se ponía a reflexionar… esos sentimientos, aunque no de manera explícita, habían nacido muchos años antes, mucho antes del sortilegio. Durante años se habían buscado uno al otro constantemente, siempre girando uno alrededor del otro… para pelearse o para insultarse, si… pero igual… Todas esas ocasiones en la que se había preguntado dónde estaría… o que pensaría de tal o cual cosa… Siempre había querido hacerlo enojar… o hacerlo morir de envidia… ¿formas algo retorcidas de establecer un contacto?

No estaba seguro, ya no estaba bajo los efectos del condenado sortilegio, y sus sentimientos le estaban jugando malas pasadas… ¿hubiera sido mejor que todo fuera como antes? Por entonces sabía a qué era que tenía que tratar de resistirse…

oOo