Miré a Grace que me sonreía.

—Discúlpame. —me articuló con los labios.

Porque me sucedían estas cosas a mí.

Contrólate Ana.

Tenía que aparentar que no sucedía nada entre nosotros. Aunque me iba a ser extremadamente difícil, sobre todo cuando él me miraba de arriba abajo.

—Buenas noches Sr. Chasting. —dije cordialmente.

—Buenas noches Anastasia, que sorpresa encontrarte aquí, pensaba que estabas visitando a tu madre. —me contestó amablemente.

—En realidad, no será una cena de negocios, más bien una cena de agradecimiento por haberle salvado la vida a mi hija. —dijo mi madre interrumpiendo mientras Ryan fruncía el ceño y se quedaba de piedra.

Al parecer esa noticia lo había dejado impactado.

—Iré a ver si la cena esta lista. —dijo mi madre mientras se dirigía rumbo al comedor dejándonos solos.

—Supongo que no le has contado de nuestra relación. —me dijo cuando Grace desapareció.

—No. —aunque tenía que hacerlo en algún momento. — ¿Qué haces aquí?—me enfrenté a Ryan.

—Grace me invitó cenar. Supongo que Grace es tu madre adoptiva.

—Supones bien. ¿Te preparo algo para beber?

—No gracias.

En ese momento mi madre nos interrumpió.

—La cena esta lista. —declaró mientras daba la vuelta rumbo al comedor nuevamente.

—Vamos a cenar. —le dije mientras caminaba rumbo al comedor.

Nos sentamos uno frente al otro mientras mi madre se sentaba en la cabecera de la mesa. Ryan estaba pensativo, no habló durante toda la cena, solamente en algún momento para celebrar y agradecer la cena. Cuando terminamos de cenar nos dirigimos hacia la sala y mi madre comenzó a preparar unos tragos.

—Discúlpeme un momento Grace, pero necesito hablar con su hija en privado de un asunto muy importante.

Yo me le quedé mirando fijamente. Y mi madre también me miró entrecerrando los ojos. Imaginaba que tenía que ver con lo sucedido con mi carro.

—Bien, vamos a la biblioteca. —le dije mientras él me seguía de cerca.

Después de entrar, Ryan cerró la puerta detrás de él.

—Y bien, de que tenemos que hablar. —le dije mientras me sentaba en un sofá y lo invitaba a sentarse pero él se quedó de pie.

Miró la hora en su reloj, presionó un botón en él y después volvió a mirarme fijamente.

—No estoy autorizado a contar nada de esto, pero nunca pensé que la persona más importante de mi vida se viera involucrada. Nada de lo que escucharás a continuación puede salir de aquí. Entendido. —asentí con la cabeza.

La persona más importante de su vida. Acaso esa era yo.

—No diré nada. —prometí.

Ryan respiró profundamente.

—Hace poco más de dos años yo estaba comprometido, íbamos a casarnos y éramos felices…

—Ya eso me lo has contado...

—No me interrumpas por favor, no te lo conté todo, solo una verdad a medias.

—Continúa, no te volveré a interrumpir.

—Como te decía iba a casarme, pero alguien descubrió mi identidad. —su identidad. — Hicieron que pareciera un accidente, nunca llegó a la boda. Después de eso me impuse como regla no acostarme con la misma mujer dos veces, ni tener vínculo sentimental con ninguna, solo así me aseguraría que no le sucediera nada.

Entonces dejó de hablar y se sentó a mi lado pensativo. Ahora iba entendiendo algo. Aunque todavía había cosas que no cuadraban en su historia.

— ¿A qué te referías con tu identidad? —le pregunté mientras el levantaba la cabeza.

—Esto que te voy a contar no puede salir de esta habitación, tienes que prometer no contar nada a nadie. Entendido. —dijo mientras me miraba fijamente y sentí temor en su mirada.

Le contesté con un asentimiento.

—Trabajo en una operación encubierta para la División de Actividades Especiales de la CIA.

— ¿CIA? ¿Eso qué quiere decir?

Ryan respiró profundamente antes de contestar.

—Soy un agente secreto.

— ¿Qué? —grité.

—Puedes hacer silencio, no quiero que se entere toda la casa. —dijo tapándome la boca.

— ¿Cómo que eres un agente secreto?— le pregunté casi susurrando quitando su mano de mi boca.

—Llevo encubierto casi seis años, no creas que trabajo en TecFall por casualidad.

—Entonces cuando me dijiste que ibas disfrazado de agente secreto en realidad no era un disfraz. —inquirí recordando lo que me había dicho en el baile del Drake.

—Si.

— ¿Entonces todo este tiempo me has estado mintiendo?

—Más bien ocultándote información. Tienes que entender que no puedo hablar de esto con nadie. Nadie puede saber mi verdadera identidad.

— ¿Entonces tu nombre no es Ryan?

—No, eso es solo un anagrama de mi nombre.

— ¿Anagrama?—donde había escuchado antes esa palabra.

—Si, es cuando utilizas las letras de tu nombre para crear otro.

— ¡Ah! Ya, igual que en Harry Potter y en el Código de Da Vinci.

—Si, igual. —contestó riendo.

— ¿Entonces tu nombre no es Ryan Chasting? —pregunté nuevamente.

Ryan me miró fijamente, no sabía si me contestaría o no. Pero en ese momento lo que más deseaba era conocer su verdadero nombre. Poco a poco todo iba cobrando sentido.

—Ryan Tyler Raive Chasting es el anagrama de mi verdadero nombre.

— ¿Y ese es?—tenía que aprovechar la oportunidad.

Me lo diría o no me lo diría.

—Te diré mi nombre, pero tienes que prometer que no te enfadarás.

— ¿Porque me iba a enfadar? —pregunté frunciendo el ceño.

—Promételo.

—De acuerdo, no me enfadaré. —Ryan respiró profundamente antes de contestar.

—Mi nombre es Christian Travelyan Grey.

Se llamaba igual que mi admirador secreto que nunca conocí.

Christian.

Pero lo que más llamó mi atención fueron sus apellidos.

— ¿Te llamas igual que el hijo de Grace?—le dije mientras él me miraba fijamente muy serio.

—Soy el hijo de Grace.

— ¡Eso es imposible! —exclamé incrédula.

Entonces recordé la foto que tenía Grace de su hijo y la verdad no se parecían mucho. Ni en el color del pelo, ni en el color de los ojos.

—No te pareces mucho a la foto que ella tiene sobre la chimenea.

—Lo dices por el pelo, tengo un especialista que se ocupa de él semanalmente, y los ojos son lentes permanentes en la retina que se pueden configurar para cambiar el color.

Me había quedado impactada con todo lo que él me estaba contando.

—Aun no te creo, el murió en un accidente de autobús hace muchos años.

—Eso es lo que le hicieron creer. En verdad tenía que desaparecer, yo no podía existir. Fue cuando me reclutaron para convertirme en un agente secreto. Nadie podía saber que yo existía, porque todas las personas que lo supieran estarían en peligro. Así me convertí en Ryan Chasting. —yo lo miraba fijamente sin creer lo que me estaba diciendo.

— ¿Y porque decidiste contármelo?

—Porque temo por tu vida, y ahora mucho más cuando sé que estás relacionada con Grace.

—Cuando mis padres fallecieron la nombraron a ella como mi tutora y después me adoptó. —le conté rápidamente.

—Veo que te tiene mucho cariño. —me dijo sonriéndome.

Ahora que me fijaba bien su sonrisa se parecía mucho a la de Grace. Si ella supiera que su hijo estaba vivo se pondría muy feliz.

—Tengo que contarle a Grace que estás vivo. —dije poniéndome de pie y caminando rumbo a la puerta.

—No puedes. —dijo alcanzándome y agarrándome por el codo.

—Tiene derecho a saberlo, no sabes lo que ha sufrido todos estos años pensando que su único hijo está muerto. —le reprendí tratando de zafarme de su agarre, pero me fue imposible.

—Si lo sé, y es por eso mismo que no puedes contarle nada. —Ryan me cargó y me sentó nuevamente en el sofá. —No quiero que nadie más se vea involucrado en esto. Prefiero quererla a la distancia a que me le arrebaten en un segundo como a Giselle. —dijo con la voz cargada de tristeza.

—Pero...

—No hay pero, prometiste no contar nada. Por favor cumple con tu promesa. —dijo mientras me miraba fijamente.

—De acuerdo. —acepté resignada mirándolo a los ojos.

Ahora entendía porque me lo estaba contando, ya yo estaba involucrada. Literalmente. Y era un daño colateral. Y él no quería que Grace me perdiera.

— ¿Me lo contaras todo entonces?

—Si.

— ¿A quién estás investigando? —le pregunté cruzándome de brazos.

—Alguien en la compañía está vendiendo tecnología a terroristas.

— ¿Y sabes quién es?

—Tengo mis sospechas, pero no te puedo contar nada más. —por eso me había pedido los expedientes del personal de nanotecnología.

Bueno en realidad mucha cosas las sabía, aunque fuera a medias.

— ¿Eso es todo? Antes me has hecho prometer que no me enfadaría contigo, pero de todo lo que me has contado aun no entiendo porque me tendría que enfadar. —le pregunté mirándolo fijamente.

—No, no es todo. — cerró los ojos, respiró varias veces y después los abrió. — ¿Conoces a otro Christian aparte de mi?

A que venía su pregunta.

—Sí, pero no quiero hablar de eso.

¿Como él sabía lo de Christian?

— ¿Aun tienes su número?

— ¿A qué viene tanta pregunta? ¿Cómo conoces ese nombre?

—Llámalo y tendrás la respuesta. —me dijo mientras yo lo miraba fijamente.

A que venía todo este rollo. Saqué el teléfono y busqué en los contactos. Cuando encontré su número miré a Ryan y después le di llamar. Me coloqué el teléfono en el oído y en cuanto dio el primer tono pude sentir otro teléfono sonando muy cerca. Ryan se sacó el teléfono del bolsillo y me lo mostró. En mi oído sonaba el teléfono y el de él en su mano también. En la pantalla se leía Ana. No podía ser cierto. El no podía haber jugado conmigo de esa forma.

— ¿Dime que no es cierto? —le dije mientras el colgaba la llamada.

—Quisiera decirte lo contrario pero no puedo hacerlo.

— ¿Dime que no es verdad? —le dije golpeándolo en el pecho aguantando las lagrimas en mis ojos. —Dime que no has estado jugando con mis sentimientos.

—Discúlpame Ana, pero entiéndeme...

—Que es lo que tengo que entender, que incluso antes de que nos acostáramos ya estabas jugando con mis sentimientos, que me mentiste, me engañaste haciéndote pasar por alguien que en realidad no eres. —le dije con las lagrimas a punto de salir.

—Te equívocas Ana, nunca te engañé. Si, te oculte quien era en realidad pero lo hice para protegerte, pero todo lo que te dije por correo como Christian es cierto, nada de eso es mentira.

—Decías que querías conocerme, que estabas interesado en mí. Acaso eso es cierto o es otra mentira.

—Quería conocerte y tuve la estúpida idea de hacerlo mediante mi nombre real. —solo quería conocerme, no estaba interesado en mí, yo solo era otra aventura más en su vida.

—Y no se te ocurrió preguntarme y ya. ¿Acaso creías que no te iba a contestar o te iba a dar de lado porque eras mi jefe?

El no contestó solamente agachó la mirada.

—Sabes para ser un agente secreto creo que no has pensado mucho en las consecuencias de tu actos.

—La verdad no estaba pensando mucho en ese tiempo. —se hizo un silencio entre nosotros.

No sabía si golpearlo o mandarlo a la mierda. Había jugado con mis sentimientos. Y quien decía que no estaba jugando en estos momentos también, o que otra mentira me diría. Le había contado muchas cosas a Christian. Y ahora todo iba encajando en su lugar.

Desde el principio lo planeó todo. Sabía que estaría en el Drake esa noche, sabía que era yo desde que me había sentado en la barra y comenzó con su plan de seducción.

Y en New York…me había llevado a ver un atardecer.

Solamente le había contado a Christian sabía que me gustaba ver el atardecer.

Dicen que del odio al amor solo los separa una línea muy fina…pues creo que yo la acabo de cruzar. En estos momentos lo odiaba con todo mi corazón. Me había engañado y yo estuve tan ciega que no me había percatado de nada.

Levanté mi mano y en un rápido movimiento le di una fuerte bofetada que lo hizo girar el rostro.

— ¡Eres un imbécil! —le grité con la respiración agitada.

—Bien, me lo merecía. —dijo mientras se quedaba mirándome fijamente.

Y entonces le di otra bofetada.

— ¿Y ahora esa porque?

—Esa es por jugar con mis sentimientos. —lo miré fijamente retándolo con la mirada.

— ¿Ya terminaste de abofetearme? —dijo pasándose la mano por la mejilla.

—Estoy pensando si te mereces otra. —le dije furiosa.

—Prometiste que no te enfadarías. —me dijo mirándome fijamente.

—Te lo prometí sí, pero después de toda la mierda que me has contado no esperes que no me enfade. Mucho menos que te perdone todas las mentiras que me has contado, porque eso no puedo hacerlo, al menos no ahora. Es mucho lo que tengo que asimilar. — dije alejándome de él.

Ryan se levantó y camino rumbo a la puerta.

—Espero que te pongas en mi lugar y que puedas perdonarme. —fue lo último que dijo antes de salir por la puerta dejándome sola en la biblioteca.

Me quedé sentada allí asimilando todo lo que Ryan, o Christian me acababa de contar.

El hijo de Grace.

Como podía contarme eso y pretender que se lo ocultara a ella. Diez años sufriendo y llorando. Si supiera que estaba vivo...

¿Qué sucedería si ella se enterara?

Imaginaba que nada bueno. A mí solamente por acostarme con él mira lo que me había sucedido ya.

Tenía que cumplir con mi promesa y no contarle nada a Grace. Aunque me doliera ocultárselo, era por su seguridad. Pero estaba equivocado si pensaba que iba a perdonarle el haberme engañado y jugar conmigo.