REMUS:
Como había prometido, Sirius le pidió salir a Rebecca casi tan pronto como terminó el banquete de principio de curso. Remus había ido a la sala común, así que no lo vio hacerlo, pero no le quedó duda en la mente cuando Sirius volvió, con Rebecca siguiéndolo, y se sentó elegantemente en un sillón cerca del fuego que generalmente era sólo ocupado por los Merodeadores.
Mientras Remus observaba desde el piso de una esquina con Hamish en su regazo, Rebecca se reía y movía su cabeza, para que su cabello oscuro se moviera en una forma que obviamente creía era sexy. A él le parecía que se veía como si tuviera algún tipo de espasmo crónico en el cuello.
Entonces procedió a ponerse en el regazo de Sirius y acurrucarse contra él como una gata posesiva, dándoles miradas a las otras chicas de la habitación, muchas de las cuales observaban la escena con envidia.
Sintió que Lunático se despertaba en él y su respiración paró por la sorpresa. ¿Qué le pasaba? ¿De verdad estaba tan enojado por la forma en que Sirius usaba a esa chica? ¿Y por qué no se había enojado tanto con James, que usaba a Brownyn de una forma peor?
-¡Es asqueroso!
Remus dio un salto cuando la voz distintivamente femenina anunció lo que pensaba. Levantó la vista para ver a Lily a su lado, mirando venenosamente en otra dirección, y siguió su mirada. Viéndose muy fuera de lugar con sus colores Ravenclaw, Bronwyn estaba acurrucada con James en otro sillón, susurrándole al oído. Remus se preguntó cómo la había metido ahí. No recordaba haber visto a alguien de otra casa en su sala común antes. Era asombroso hasta donde estaba dispuesto a llegar James para poner a Lily celosa.
Bronwyn se rió de algo que James dijo y se le acercó más. Él le puso un brazo alrededor de la cintura. Remus se preguntó por qué los adolescentes siempre usaban los clichés románticos cuando querían mostrar sus relaciones al mundo exterior.
-Será mejor que no sea otro de plan de ustedes que armaron sólo por diversión, -le dijo Lily enojada.- Esas son chicas reales con sentimientos reales. ¡No le pueden hacer eso a la gente! –Miró a Remus acusadoramente.
-No me mires a mí, -le contestó, más enojado de lo que había querido porque Lunático seguía mirando por sus ojos y gruñendo en su mente.- ¿Te parece que yo tengo una chica linda en mi regazo escuchando todo lo que digo? ¡No! Lo que tengo es un erizo en mi regazo y una chica molesta a mi lado, desubicadamente acusándome de hacer algo que ni siquiera quiero que pase de todas formas. ¡Somos los Merodeadores! No deberían… no deberían… ¡Argh! –No podía pensar en una forma de terminar su oración, así que decidió mirar venenosamente a Lily antes de volver a gruñirle a Sirius.
-Por Dios, Remus, -contestó Lily, sorprendida.- Sólo te preguntaba.
-¡No, tú acusabas! ¡Ahora déjame tranquilo!
Ella lo miró preocupada.- ¿Y a ti qué te pasa?
-¡Dije que me dejaras tranquilo!
Lily siguió su mirada hacia Sirius, volvió a ver a Remus. Entonces miró a Sirius una vez más. Abrió la boca, y después la cerró.
-¿Qué? –Preguntó molesto.
Su boca volvió a abrirse y se quedó así mientras miraba de un grupo de chicas, que observaban envidiosamente a Rebecca y Sirius, y de vuelta a Remus.
-Ay por Dios, -murmuró y retrocedió, cayendo con un ruido sordo a un lado de Remus.- Por Dios, Remus.
-¿Qué? –Le dio toda su atención y frunció.- Creí que te había dicho que me dejaras.
-Ay pobrecito. Pobre, pobre chico. Y después de todo lo que te pasó con tu padre y tu enfermedad, también.
-¿De qué mierda estás hablando?
-¿Lo saben? –Susurró Lily.- Tus amigos, quiero decir.
-¿Qué? –De repente olvidó todo lo demás al registrar su expresión de sorpresa y ligeramente perturbada piedad. Sólo había visto esa expresión un par de veces antes, cuando alguien descubría su licantropía. Sintió que se le tensaba cada músculo del cuerpo y comenzó a temblar. Hamish se movió en su regazo y le dio una mirada preocupada.- Oh no… p-p-por favor… ¿C-cómo lo s-supiste? ¡Por favor no le d-digas a nadie!
-¿Así que es cierto? –Susurró.- Creí… pero entonces… Remus, es muy mal visto en la sociedad mágica. Quiero decir, es mal visto en la sociedad muggle, pero en la mágica es peor y las cosas se podrían poner muy feas para ti si alguien se entera.
-¿N-n-no le dirás a nadie?
Lily puso una mano suavemente en su brazo.- Claro que no. No puedes evitar ser quien eres.
-¡G-gracias! –Sintió como si sus músculos se disolvieran y se recostó contra la pared con los ojos cerrados.- No sabes… ¡espera! –Se volvió a sentar y la miró.- ¿Los muggles lo saben?
-¡Por supuesto! –Parecía ligeramente molesta.- Los muggles también son humanos, sabes. Hay tantos gay entre ellos como entre los magos, creo.
Remus se congeló, con la boca media abierta. Su mente quedó completamente en blanco por uno segundos antes de poder hablar.- ¿Qué acabas de decir?
-Dije, -repitió Lily, un poco impacientemente.- Qué hay tantos g…
-¡No, basta, basta! ¡Te oí la primera vez! ¡Merlín, niña, no lo repitas!
-¡Me pediste que lo hiciera!
Remus se tapó la cara con las manos. No sabía si reírse histéricamente o llorar.- Por Dios, Lily, estás equivocada, -le dijo eventualmente.- Creí que hablabas de algo más. ¿Qué, en nombre de Merlín, te hizo pensar…? Oh. –Miró a Sirius, y volvió a Lily.- Eso no fue. No estaba enojado porque soy… porque yo… por eso. ¡No es así entre nosotros! –Le latía el corazón rápidamente mientras se esforzaba por hacerla entender.- ¡No eso!
-¿En serio? –Preguntó escépticamente.- Nunca he visto una cara de cachorro rechazado tan triste en mi vida. Si no estás enamorado de él, tienes que estar enamorado de Rebecca, y nunca te he visto prestarle atención.
-¡No estaba! –Le contestó desesperado.- ¡Estás equivocada!
-No, no lo estoy. Sólo estás en negación. Ahora todo tiene sentido, la forma en que lo miras y hablas de él. Recuerdo cómo lo sostuviste con dos brazos dislocados ese día en el pasillo para que no se cayera, sin una sola queja.
-N…no…
-¡Sí! ¿Y en el campo de Quidditch? Estabas tan enfocado en Black que ni siquiera viste cuando Potter anotó. Yo estaba detrás de ti, y Pettigrew casi me tiró de mi asiento por codearte tan fuerte.
-¡Evans, basta!
-Así que ahora soy "Evans", ¿eh? –Se veía triunfante.- Llegué a un punto débil, ¿no?
-¡B-basta! –Sintió que se le juntaban lágrimas de desesperación en los ojos. Le parecía que lo estaba abriendo y haciendo que todo lo que había sentido era tan especial se volviera sucio y malo.
Los ojos verdes de Lily se encontraron con los suyos y repentinamente se llenaron de arrepentimiento.- ¡Ay Remus! Remus, perdón. No debí haber… ¡lo siento! Por favor, en serio lo siento. No debí haber dicho todo eso. Perdón.
-Sólo d-déjame solo, -susurró.
-Lo siento, lo siento, -le dijo, tratando de rodearlo con su brazo, el cual él hizo caer.- Yo sólo… -se detuvo y la sintió tensarse.- Creíste que hablaba de algo más, -murmuró, sonando sorprendida.- Antes, cuando prometí no decir nada. Pensaste que me refería a otra cosa. –Se alejó y estudió su cara horrorizada.- ¿Cuántos secretos tienes, Remus Lupin? Al menos uno más, grande, ¿hm? Uno que podría hacer que te rechace o hasta te mate la sociedad mágica. Y también es sobre quien eres, ¿no? Algo que eres. ¿Qué es?
Se sintió enfermo hasta los huesos. Se paró, sosteniendo a Hamish contra su pecho. Lily lo siguió y trató de detenerlo.- Soy gay. –Susurró desesperado. Era el menor de dos males. No lo iban a matar por eso.- Tenías razón. Soy g-gay, y no quería que supieras. No hay nada más. No más secretos. Me gustan los chicos.
-¡Mentiroso! –le contestó ella con otro susurro, agarrándolo del brazo.- ¿Es peor que ser gay? ¿Tienes tanto miedo de que me entere, que hasta admites eso para distraerme?
Un quejido desesperado se le escapó de los pulmones y Lily le soltó el brazo inmediatamente.- Puedes decirme. Soy tu amiga.
Giró y salió corriendo hacia los dormitorios de varones, subió por las escaleras y llegó a la habitación de los merodeadores. Todavía tenía la nariz contra la cama, por lo que no pudo oler quien venía hasta que sintió una mano apoyarse suavemente en su espalda.- ¿Lunático?
Sirius. Todo lo que Lily le había dicho volvió como una gran ola de emoción.- ¡Déjame solo! –Gritó, con la voz ahogada.- Fenómeno, -pensó.- Un fenómeno. Por favor, Merlín y todos los dioses, no me dejen ser más raro de lo que ya soy…
Sirius alejó su mano.- Remus, lo siento. ¡Perdón por hacerte enojar! ¿Qué hice?
-¡Nada! Eres maravilloso y perfecto y, MALDITA SEA, ella tenía razón, haría cualquier cosa por ti. Rarito. –En voz alta gritó.- ¡Déjame solo! –De nuevo.
Después de un largo momento, escuchó a Sirius levantarse e irse. Giró en su espalda y cerró los ojos. En ese momento, quería más que nada poder rendirse. Tirar la toalla y gritarle a quien sea que controlara el destino.- ¡Me rindo! ¡Me rindo, maldita sea! ¡Sólo déjame tranquilo y termina con esto!
Hamish se acercó y le tocó la mejilla con su naricita negra. Una lágrima le escapó del ojo cerrado y le bajó por la cara.-
-¿Remus?
Giró hacia la puerta sin abrir los ojos.- Sólo déjame tranquilo, J-James.
-Me tomo todo el esfuerzo de salir con una chica al azar para tener la atención de Evans, y tú eres el que tiene que escaparse de ella, -comentó James, obviamente tratando de mejorar el humor.
Remus se recostó en su costado para darle la espalda a la puerta. Estiró su mano para acariciar la cabeza de Hamish.
-Sirius está molesto. No sabe qué hizo para que te enojaras con él.
-No estoy enojado con él, -le dijo ásperamente.
-¿No? –James se acercó y Remus sintió que se hundía la cama bajo su peso.- Suena como si lo estuvieras.
-Lunático está molesto. Estoy enojado con todos.
-¿Por qué está molesto? Falta mucho para la luna llena.
-Vete por ahí con tu chica, James. Déjame solo.
-¿Son las chicas? ¿Lunático las ve como amenaza a nuestro grupo? Porque no es necesario. Siempre seremos los Merodeadores. Ninguna chica va a cambiar eso. Dios, Rem. Nunca te vi tan enojado con alguien. ¿Fue algo que dijo Evans?
Remus dejó salir un gruñido frustrado que definitivamente sonaba más como Lunático que como él, y miró enojado a James.- Creo que está descubriendo mi secreto. Ya está. ¿Contento?
-¿Qué? –Preguntó James débilmente.- ¿Cuál?
-¿Cuál crees? ¿Cuántos malditos secretos crees que tengo?
-Contigo, Lunático, no creo que nadie además de ti sepa. Eres un maestro manteniendo secretos.
-¡Qué maestro! –Contestó amargamente.- Cada vez que me doy vuelta hay otra persona con esa expresión en la cara. "¡Ay, pobre Remus! Tu padre te pega," "Oh, pobre Remus, tu madre fue despedazada frente a tus ojos" "Ay pobre Remus, pobre Remus, pobre maldito Remus. ¿Por qué tienes tantos secretos, Remus? ¿No quieres nuestra piedad?" "Te tenemos piedad por ser un fenómeno".
Se acurrucó alrededor de su almohada, odio, dolor, rabia y frustración se juntaban dentro suyo.- ¿Y sabes qué es lo peor? –Preguntó, cerrando sus manos en puños y apretándolos contra la almohada en su pecho.- Que la quiero. Quiero su piedad porque es mucho mejor que su odio, o su miedo, o sus p-p-puños golpeando y golpeando, y látigos de p-p-plata, y cucharas, y fierros…
Se apretó más, ya casi ni notando la presencia sorprendida de James.- Y quiero su piedad porque es casi como si les importara, pero a veces no es suficiente. Y a veces sólo quiero que alguien me defienda y diga "Ya basta con Remus. Ya es lo suficientemente raro. Déjenlo solo. No quiere odio, o dolor, o golpes, ni siquiera piedad, porque está cansado. Ahora sólo q-q-quiere d-dormir. –Exhaló agitadamente y se quedó callado.
-Lo haría si pudiera, -susurró James.- Si pudiera pararme ahí y decir eso por ti, lo haría. Me importa. En serio. Y también a Sirius y a Peter. Y todos los demás se pueden ir a la mierda si quieren tenerte piedad. No mereces piedad. Mereces admiración, y humor, y amistad, y… y… y cariño, y soy la persona equivocada para decirte todo esto y me gustaría que Sirius deje de apoyarse en la puerta, espiando, y me ayude, pero todo es verdad, Lunático.
Remus levantó un poco la cabeza y la inclinó hacia la puerta. Y así era, Sirius estaba ahí, sentado contra la puerta con las rodillas dobladas y las manos agarrándose el pelo. La expresión de angustia en su cara era tan aguda, que el dolor que causó en el pecho de Remus fue violento y físico.
Volviendo a cerrar los ojos, trató de alejar la ola de odio que sintió por causar eso en la normalmente feliz y contenta cara de Sirius.- Tienes razón, -dijo eventualmente, esforzándose por mantenerse tranquilo.- Claro que t-tienes razón. Lo siento. No debí decir esas cosas. No fue en serio. Lily me molestó tanto que ataqué a la primera persona que me encontré. Nada de esto fue en serio. No se preocupen. –Se enorgulleció de lo calmada y placentera que sonaba su voz, pero cuando levantó la vista vio que las expresiones de James y Sirius parecían de todo menos calmadas.
-No puedes seguir haciendo eso, sabes, -comentó Sirius desde la puerta, su voz sonaba bastante ahogada.
-¿Qué? –Preguntó, genuinamente confundido.
-Guardarte todo así. Cada palabra que dijiste fue en serio. Quieres rendirte, ¿no? No sé qué te dijo Evans, pero fue demasiado. –Sirius no levantó la vista al hablar.
-No tengo idea de qué hablas. Ahora estoy bien. Y realmente agradezco tenerlos. Sé que les importo. Somos los Merodeadores.
James sin decir nada tomó una de sus manos. Remus observó con casi desligada resignación como su amigo la tomaba y con toda su fuerza le abría los dedos, que se habían cerrado en un puño. Cuando se abrió, las pequeñas marcas rojas dejadas por sus uñas eran tan profundas que literalmente salía sangre de ellas. Hubo un largo momento en que los tres se quedaron mirando las pequeñas heridas.
Entonces Sirius se paró y fue hasta el baúl de Remus. Lo abrió y sacó una poción sanadora. Ni él ni James dijeron una palabra mientras tomaba su mano de la de James y comenzaba a colocarla en su palma. Remus sintió como se aceleraba su corazón mientras la mano más grande y áspera de Sirius tomaba la suya con suavidad. Se sorprendió al pensar en lo ciego que había estado para no darse cuenta antes. El aroma de Sirius era tan cálido y tan cercano en ese momento que se sintió ligeramente borracho en él. Sabía que se tenía que alejar. Estaba aprovechándose de Sirius de la misma forma en que él se había aprovechado de Rebecca, pero en ese momento no tenía la voluntad para hacerlo.
Esto. Esto era perfecto. El momento robado que veía de forma tan diferente a la de Sirius. Mientras él levantaba su otra mano y suavemente abría cada dedo, su mente gritaba, su corazón cantaba y su alma lloraba. Su cara, por el otro lado, era tan plácida como la luna llena en una clara noche de invierno.
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Remus era buen actor. A veces hacía tantos personajes diferentes al mismo tiempo, para tantas personas, que se olvidaba quién se suponía que era. En momentos como ese se preguntaba si la persona que era estaba hecha de todos esos personajes; y si, en caso de que alguien lograra derrumbarlos a todos, todo lo que descubriría debajo sería la vacía y sofocada cáscara de la persona real que podría haber sido.
Pero la habilidad le fue útil en las semanas siguientes, mientras era forzado a ver a Sirius y Rebecca en cada oportunidad, robándose besos, dándose las manos, y acurrucándose. A veces Sirius volvía al dormitorio con la boca hinchada y rosa, y la voz llena de orgullo, mientras presumía a sus amigos su último encuentro con ella.
De alguna forma, Sirius había convencido a la profesora McGonagall de dejarlo tomar Estudios Muggle tan tarde en el año, pero en vez de mejorar la clase para Remus, se había vuelto una tortura dos veces a la semana. El lugar al lado de Remus estaba ocupado, así que Sirius se sentaba en frente, junto a Rebecca. No podía contar el número de plumas que accidentalmente había roto mientras sus ojos estaban enfocados en sus piernas tocándose bajo la mesa, o en la mano de Rebecca en el muslo de Sirius.
A veces Sirius se daba vuelta y le daba una sonrisa y un guiño.- ¿Todo bien, Lunático?
Claro, Remus siempre le daba su plácida y confiable sonrisa de comelibros y contestaba con un "Concéntrate, idiota. Vas seis meses atrasado," mientras su mente guardaba el guiño para analizarlo después y la culpa le revolvía el estómago.
Sabía que su máscara feliz era un poco demasiado contenta como para ser creíble, porque James, Sirius y Peter a menudo le daban miradas preocupadas o divertidas, y más de una vez los había encontrado juntos susurrando, deteniéndose culpablemente cuando se acercaba.
También sabía que pagaría por su tumulto de emociones cuando Lunático tuviera el control de su cuerpo. No creía nunca haberse sentido tan desorientado o que le hubiera dolido tanto el corazón. Después de la muerte de su madre había sido demasiado joven, y cuando su padre había quedado preso, emociones positivas de alivio y esperanza habían cubierto lo peor de su culpa y estrés.
No, era lo peor que recordaba haberse sentido emocionalmente, y el hecho de que no se atrevía a contárselo a nadie más sólo ayudaba a embotellar y destilar sus sentimientos de pánico, odio y extrañeza. Odiaba esconder tanto de sus amigos, pero sabía que no sobreviviría si lo dejaban cuando se enteraran de su nuevo secreto. Su nueva anormalidad.
La tarde antes de la luna llena, sentado bajo una mesa en la biblioteca tratando de completar su tarea, Remus se preguntó, con toda seriedad, si sobreviviría la transformación que vendría. Lo que le daba más miedo era que una parte profunda de él, quizás la parte perdida que era sólo él, esperaba que no. Estaba tan cansado de soportarlo todo el tiempo. Parecía una opción tan fácil.
Se tensó al sentir a Sirius acercarse. Podía oler a Rebecca mezclada con él, así que sabía que acababa de dejarla. Se acurrucó más en las sombras mientras Sirius paraba junto a su mesa. Estaba demasiado cansado y débil con la luna que se acercaba como para actuar frente a su amigo.
Él no pareció verlo porque sacó la silla que Remus había colocado frente a la mesa para esconderse y se sentó en ella sin mirar debajo. Sus largas piernas se estiraron a un lado de Remus y cruzó sus pies en los tobillos. Entonces se adelantó, bloqueando la luz a Remus, y parecía estar descansando su cabeza y brazos en la mesa que tenía en frente.
Remus se quedó quieto, metido en un costado y tratando de no mirar las piernas musculosas de Sirius. Casi se ahogó por la sorpresa cuando lo escuchó hablar.-
-¿Me estás ignorando, Lunático?
Resultó que no podía responder. Dobló sus piernas y apoyó su frente en ellas. Su cuerpo se preparaba para la transformación y sabía que tenía fiebre, mientras le latía la cabeza por el dolor y se le acalambraban los músculos.
-Sé que estás ahí. Vi que se movían las sombras cuando entré.
-Te hablo, -murmuró contra sus rodillas.
-Sólo cuando tienes que hacerlo. El resto del tiempo me evitas. Especialmente cuando estoy con Rebecca. James tenía razón, ¿no? Las chicas molestan a Lunático. Siente que son una amenaza. Por eso no eres tú mismo.
Era una razón tan buena como cualquier otra, pero no pudo obligarse a colaborar en la mentira, así que se quedó callado.
-¿Tengo razón?
Remus suspiró y se movió, deseando no sentir tanto calor y nauseas. Sirius se quedó callado por largo tiempo; esperando una respuesta. Eventualmente, exhaló y se escuchó un golpecito cuando su frente tocó la mesa.
-¿Quieres que la deje? Lo haré si me lo pides.
Se le paró la respiración. Sería tan fácil decir que sí. ¿Pero después qué? Sirius buscaría otra chica. ¿Seguiría dejándolas por su pobre amigo hombre lobo? E incluso si lo hacía, ¿podía Remus pedirle al chico, que lo era todo para él, que abandonara ese placer por un amor no correspondido que nunca le devolvería?
-No, -susurró.- No hagas eso. Ella te gusta.
Sirius dejó salir un sonido y tamborileó sus dedos contra la mesa.- Ella no es un Merodeador, -contestó.- Los Merodeadores siempre vienen primero. Hay muchas otras chicas por ahí que son igual de bonitas. Aunque supongo que eso a Lunático no le importaría.
-No, -pensó Remus.- No importaría. Mientras estuvieran contigo, no importaría quien fuera.
-Ella está bien, -mintió.- Me cae bien. Y te hace feliz. Quiero que seas feliz. Quiero que toda mi jauría sea feliz.
-Lindo discurso, Lunático, -respondió Sirius divertido.- No te creo nada.
Remus juntó su tarea y sus cosas, metiéndolas en su mochila, preguntándose, mientras lo hacía, por qué se había molestado en hacer tanta. Se quedó quieto cuando Sirius descruzó sus tobillos y lo tocó con la punta de una bota.- ¿Sigues despierto ahí abajo?
-¿Cuidarías a Hamish por mí? –Preguntó, sacando al erizo dormido de su nido de pergamino arrugado y acariciándole la cabeza cariñosamente.
-Sabes que siempre lo hacemos cuando hay luna llena, -le dijo Sirius.
Remus levantó las manos y puso a Hamish en el regazo de Sirius, se le aceleró el corazón cuando rozó su muslo.
-No, -explicó suavemente.- Quiero decir, si me pasara algo. –Miró a Hamish, cuyas espinas rojas y doradas brillaban bajo la suave luz de la biblioteca.- Sólo quiero estar seguro de que no lo regalarían ni nada de eso.
-Remus, ¿qué pasa? –La voz de Sirius se escuchaba cargada de pánico.- ¿Pasará algo esta noche?
-Sólo mi transformación. Ya lo sabes. Sólo quería asegurarme. –Casi deseó no haber dicho nada, pero sabía que tenía que hacerlo, por Hamish.
Repentinamente, las manos de Sirius aparecieron y pasaron a Hamish de su regazo a la mesa. Volvieron a aparecer, y antes de que pudiera reaccionar, lo habían agarrado y lo sacaban de abajo de la mesa por sus brazos. Remus peleó violentamente. Había una razón por la que se había escondido en la biblioteca esa tarde, y no podía dejar que Sirius le viera la cara.
Pero estaba débil, y no fue capaz de prevenir que Sirius encerrara su torso entre sus rodillas para evitar que escapara y bruscamente levantara su cara hacia la luz. Aunque la situación era desesperada, no pudo evitar que su cuerpo reaccionara por la posición. Era como si, ahora que había reconocido sus sentimientos por Sirius, se hubieran vuelto más potentes. Se preguntó si se lo veía más rojo a pesar del rubor que ya tenía en las mejillas.
-¡Por Merlín y Mordred, Rem! –Maldijo.- ¿Qué mierda pasa? Tu cara, ¿hace cuánto estás tan enfermo?
-Es sólo la transformación… -comenzó.-
-¡Transformación mi abuela! ¡Dime la verdad! –Le dio una pequeña sacudida como énfasis y Remus cerró los ojos al sentir una ola de nausea recorrerlo.- ¡Dios, lo siento! –Puso una de sus palmas en su frente.- Estás que ardes.
-Gracias, -le dijo, sin poder evitarlo.
A pesar de todo, la boca de Sirius formó una media sonrisa.- Idiota. Esto es en serio. (*)
-Y este es Remus, -le dijo.- Y Remus agradecería mucho que Sirius lo soltara para que pueda ir a volverse un monstruo asesino por el resto de la noche.
-No hasta que me digas qué pasa.
Remus repentinamente pensó que si se moría esa noche, Sirius siempre se culparía. Se dio cuenta con resignación de que tenía que decir algo.- Bueno, está bien. –Murmuró. ¿Qué podía decirle? En realidad no quería mentirle a su amigo.- No es culpa tuya. Es algo más. Un nuevo secreto que tengo. –Le sonrió a Sirius y esperó no verse tan amargo como se sentía.- Ya me conoces, yo y mis secretos. Nunca los cuento. Aunque me maten. Pero puedes saber que no es algo que hayas hecho. No es tu culpa en lo absoluto. Ni de James, o de Peter, ni siquiera de Lily, antes que preguntes.
-¡Mierda, Remus! –Respondió enojado Sirius.- ¡No es un maldito juego! Podrías morir esta noche si estás tan enfermo.
-Podría, -concordó suavemente.- Lo que quiere decir que no tendrás tiempo para descubrir mi secreto. –Suspiró.- Nunca los cuento, pero siempre me descubren de todas formas. A veces son demasiado grandes, se me escapan.
-¡Dime!
-Es casi la luna llena. Será mejor que me dejes ir.
-¡Nunca! ¿No recuerdas, Lunático? Me lo dijiste una vez. Te tengo. No te voy a dejar ir.
-Estábamos colgando de una pared, -le dijo, deseando que sus palabras tuvieran otro significado, el mismo significado que habían tenido para Remus inconscientemente cuando las había dicho hacía todos esos meses. Se preguntó cómo era posible que las canciones muggle mandaran en su vida tanto como lo habían hecho en la de su madre.- No estabas amenazando con hacerme pedazos y comerme. ¡Suéltame!
-¡Dime, Lunático! ¿Por favor?
Fue ese último pedido roto lo que atravesó sus defensas.- Una pista, -pensó.- Nunca lo conectará, y lo habré dicho de forma indirecta. Le habré dicho que lo quiero. Y lo hago. Ahora lo sé. Lo quiero.
-Sirius, -habló, dejando de pelear por un momento.- No sabes lo mucho que significa para mí, todo lo que has hecho por mí. Sin importar qué, siempre estás ahí. Cuando estoy triste, haces de payaso para alegrarme. Cuando tengo miedo, siempre estás para ayudarme a pelear con mis demonios. -¿Lo llegaría a entender algún día? Remus realmente no lo sabía, pero ya era demasiado tarde para retirarse.- Trataré de no morir hoy, lo prometo. Quiero decir, vamos, me he visto peor.
-No antes de la luna llena, -le dijo Sirius, apretando su agarre en los brazos de Remus.- Lunático te hará pedazos.
Remus miró a los preocupados ojos grises y sintió un repentino y desesperado deseo de presionar su boca contra la de él y borrarle el miedo de la cara. Sólo su horror por cómo podría reaccionar evitó que avanzara esos cruciales centímetros.
-Déjame ir, Sirius. Ahora en serio me tengo que ir.
De mala gana, Sirius aflojó sus rodillas para ya no tenerlo agarrado entre ellas y lo soltó.-
-¿Cuidarás a Hamish?
-Sabes que lo haré.
(*) Lo que dice Sirius es "This is serious", que significa "esto es en serio" pero suena muy parecido a "this is Sirius", que querría decir "este es Sirius". Por eso Remus le dice "y este es Remus", sólo una aclaración.
Bueno, muchas gracias por leer, seguir y favoritos y todo eso. Nos vemos!
