Capitulo 37: … pero a mi aún no me ha llegado.

Le había visto acercarse a su cama. Le había visto su mirada de preocupación. Supo que iba a morir. Le tendió su mano, que el cogió y se sentó a su lado.

-Amor… -susurró ella-.

-Dos. Dos hijos. Has dado a luz a dos preciosos y sanos hijos. Un niño y una niña –le susurró él.

-¿Acabaste con…? –le susurró de nuevo. Deseando que lo hubiese hecho.

-Sí.

-Bien… -y giró la cabeza, mirando a la ventana, no quería ver el rostro de dolor de él al pronunciar la siguiente pregunta-. ¿Duele? –pregunto. Él tenía que saber la respuesta. Él lo había visto miles de veces.

-¿El qué? -¿Acaso no se daba cuenta?

-Morir –tuvo que explicarle-.

-No vas a morirte –le dijo él, mientras una lagrima caía por su mejilla. Ella sabía que él lloraba. Mas no quería mirarle a la cara y encontrarse de sopetón con aquello que quería evitar.

-No quiero morirme –le suplicó, aunque sabía, que tarde o temprano, le llegaría su hora.

-No lo harás –y la abrazó como pudo-. Iremos junto al mar. Ya lo veras. Y seremos felices-intentaba calmarla, consolarla. Pero ella sabía que eso no serviría. ¡Ella no quería morir!-Criaremos a nuestros hijos. A April y a Daniel. Ya lo veras –No, pensó, ¡No quiero Morir! ¡Tengo que cuidar de mis hijos! ¡Quiero estar con ellos y verlos crecer!

-Sí…, junto al mar… -susurró, y sus parpados se cerraron.

De repente. Todo acabó. Una inmensa oscuridad la cubrió. Como si los brazos de Morfeo la hubiesen abrazado para siempre.

De repente, se vio tendida en la cama. Con Sweeney al lado, intentando reanimarla, inútilmente.

-No… -susurro ella, pero nadie la escuchó-. ¡No! No, no puede ser… No… ¿¡Porque a mi!? ¿¡Porque ahora que tenía todo cuanto quería!?

Se acerco a Sweeney, intentando tranquilizarle. Decirle que estaba allí. Que le estaba viendo. Pero cuando quiso besarle en la mejilla, ella le atravesó. Ella NO estaba allí. Era un espíritu. Un anima.

-Tranquila, aún no has muerto –dijo una voz-.

-¿Qué?

-Si él intenta reanimarte es porque sabe que estás viva

-¿Mamá? –sus ojos se llenaron de lagrimas.

-Si, hijo. Estoy aquí.

-No te veo.

-Porque estoy muerta.

-¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué no puedo volver? ¿Por qué no estoy muerta?

-Muchas preguntas, hija. Estas aquí porque no estás muerta. Y no estas muerta, porque sigues aferrándote a la vida. Por tus hijos, mis nietos. Pero, si no quieres volver, si estas bien aquí, puedes optar por no volver.

-¡Pero quiero volver!

-¿Entonces por que no vuelves? Es porque también quieres quedarte.

-Pero…

-Decidete. Yo siempre estare aquí esperándote, esperándoos.

-Quiero volver.

-Date prisa, él ha desistido.

Entonces vio como Sweeney se levantaba y echaba a correr. Sin perder un segundo, se abalanzó a su propio cuerpo.

Lo siguiente que supo, es que necesitaba aire. Empezó tosiendo y arqueando la espalda, en busca del aire perdido.

-¡Está viva! ¡Es un milagro! ¡Está viva! –decía la enfermera-. ¡Doctor! ¡Venga! ¡Está viva! ¡Toby! ¡Vete a avisar al Sr. Todd!

Vio como el médico se acercaba y empezaba a examinarla. Había vuelto.