Capítulo 36

"A las Estrellas"

La nave había ya aterrizado en el planeta Silabub, Sahira personalmente había ido a recibir a Ad-Nimra, y esta la saludo con efusividad.

-¡Sahira hola!

-Hola Nimra¿cómo te fue?

-Maravillosamente, mira aquí nos envía el Sr. Wonka estos chocolates, y por lo que a mi respecta su vida a vuelto a ser la de antes, para él, todo ha regresado a la normalidad.

-Me alegro, muchas gracias.

-¿Y tú ya decidiste cuando partirás a las Pléyades?

-Sólo debo arreglar otros breves asuntos y estaré lista.

-Perfecto, tu nave está dentro del Aurora, podrás tomarla cuando la necesites.

-Ahh, mil gracias¿sabes?, tenía planeado huir sin decírselo pero no pude hacerlo, me di cuenta de que hubiera sido un terrible golpe para él, y un terrible cargo de conciencia para mi.

-Me fijé en eso al ver que todas tus pertenencias, incluso sus regalos estaban en tu vehículo.

-je je, tú si me conoces.

Y encogiéndose a la distancia conforme se alejaban del Aurora, juntas caminaron hacia el palacio.

--------------------------------------------------------------------

Muchas horas, e incluso días habían pasado ya desde que Sahira había empezado a preparar lo de su viaje, y al parecer después de deshacerse de algunas pertenencias que regaló a algunos museos de la milicia de Dorabia, y de haber hecho una cápsula de recuerdos terrenal, en la que había entre otras cosas fotografías, y pequeñas herramientas de medición precisa de distancia y de balística militar, unas prendas y algunas cartas, Sahira ya estaba lista para su partida al planeta de las Pléyades.

Para ese tiempo Serek ya se había recuperado aunque todavía estaba débil, y FORCE 1 junto con Thery Khal, enfrentaban un duro juicio en el planeta de Dorabia

Infinita, en el fondo al menos FORCE 1 sabía que la política, las conexiones e influencias así como la conveniencia de algunos grupos subersivos le augurarían un breve período de tiempo en la cárcel, aunque definitivamente eso iba a ser una mancha en su expediente, con sus terribles actos y crímenes al menos siempre había tenido cuidado de no dejar huella pero al menos en este caso, se le salió de control y fue detenida a tiempo.

Al atardecer Sahira se encontraba ante el hermoso bajel azul, mayormente plano y con dos salientes con forma de alas en ambos costados, cuyas puntas eran de acero transparente y la cabina de un resistente vidrio oscuro, aquella astronave que representaba una nueva esperanza para ella, era del tamaño aproximado de un avión estandar terrícola. La dorabiana vestía de nuevo el traje que utilizaba el día que se estrelló en la Tierra, lo hizo como una forma de preservar aquel eterno recuerdo, su largo y semientallado vestido blanco prendido con mangas que iban de sus muñecas a la espalda del textil diseño, y su hermoso y largo cabello rosa se sacudía silencioso mecido por el viento agradablemente tibio de Silabub, Sahira cerró lo ojos y sonrió con suavidad, sentía como si el propio entorno la despidiera con calidez contempló de nuevo su vehículo sideral y suspiró con fuerza pensando "es hora de partir". Unos pasos más atrás estaba su apreciada compañera de entrenamiento militar, que la observaba en silencio y con nostalgia. Ofióne apareció caminando con marcialidad y elegancia en la escena junto con algunos miembros de La JOR.

-Hasta luego joven Sahira, espero que tenga suerte en todo lo que realice. -le dijo Ofióne.

-Muchas gracias por haberme ayudado y haber regresado al Sr. Wonka a La Tierra, su hogar.

-Ese era nuestro deber. Nos honra con sus palabras.

Sahira le dirigió una sonrisa silenciosa de gratitud, y miró a Ad-Nimra.

-Oh, pequeña¡cuídate!- los ojos de Nimra brillaban por su inminente partida.

-Créeme que lo haré, Nimra.

Y juntas se abrazaron con fuerza.

-Hasta luego entonces.

-Hasta luego.

Y Sahira despidiéndose de todos abordó la nave, despegando instantes después con rumbo al hermoso conjunto de estrellas que eran las Pléyades.

--------------------------------------------------------------------

Atravesando el espacio, la chica sentía que dejaba atrás muchísimas cosas, jamás se había sentido tan ajena y extraña a lo que lo rodeaba, su mente divagaba, y ella lucía en un estoicismo total, una mezcla de angustia y preocupación llenaban su corazón, pero el recuerdo de Willy le devolvía de nuevo la fuerza y valor que necesitaba, finalmente él era su esperanza y trataba de no pensar en el hecho de que él ya no pudiera recordarla. Pasaron así varias horas equivalentes a algunos días terrestres, y se dieron cuenta de que no faltaba demasiado, habían atravesado ya varias galaxias importantes.

Al fin divisaron, las Pléyades, y era unos de los espectáculos más hermosos que jamás hubiera visto, las estrellas brillaban multicolores pero predominaba el índigo, y por momentos centellaban a su alrededor estrellas fugaces. Pronto orbitaron la estrella principal y se dieron cuenta de que los instrumentos de vuelo habían dejado ya de funcionar.

-¿Qué sucede? -pregunto Sahira con tranquilidad al capitán de la nave.

-Siempre es así, cuando uno viene a las Pléyades, al orbitarla la nave deja de funcionar y es controlada por los habitantes de este cuerpo celeste.

-Algo así, supuse. Imagino que deben ser demasiado poderosos.

La nave aterrizó suave y limpiamente sobre una plataforma que fue ingresada a las entrañas de la tierra, luego la cúpula se cerró sobre ellos, y unas luces se encendieron iluminando el recinto donde se encontraban.

La plataforma de salida de la nave se abrió y Sahira descendió suavemente, portando unas poquísimas pertenencias en una discreta bolsa blanca. Una voz tranquila pero firme, como de varón joven se escuchó con fuerza en todo el lugar.

-Sahira, de Dorabia Infinita. ¿Ese es tú nombre?

Ella miraba hacia todos lados pero no veía nada.

-Si señor, he llegado del planeta...

-SILABUB, lo sé, no tienes nada que temer. Veo que hay fuerza y valor en tu corazón. La nave en la que te has transportado ya no tiene nada que hacer aquí.

Pueden irse ya.

A Sahira la conducieron a un pasaje que se cerró después de que ella lo traspasó y pudo ver como el bajel regresaba a la superficie, y escuchó su despegue.

-¿Quién está ahí?- preguntó Sahira ante las cámaras individuales de cristal que había ante ella tras caminar el pasillo.

-No importa, tus ojos orgánico-materiales no pueden ver lo que compete al plano etéreo. Tu has venido en busca de paz¿no es así?, bueno, pues aquí encontrarás eso y conocimientos así como la sabiduría que te ayudará a potenciar tu talento.

Exactamente Sahira, no sabía a que se refería pero ya era tarde para echarse para atrás. Así que escuchó con atención.

-Dorabiana, primero deberás pasar una etapa de transmutación, y después todas tus respuestas serán aclaradas y serás bienvenida a tu nueva vida.

Al centro de aquel recinto había una especie de cápsula individual, un sofisticado diseño de metal y vidrio, que se abrió ante la joven, despacio y en completo silencio.

-SAHIRA, de Dorabia, entra en esta cápsula y acomoda tu cuerpo, lo que has traído que percibo como recuerdos importantes a tu corazón permanecerán por siempre a tú lado.

-¿Por siempre?

-Así es, esta es la cápsula de la transmutación.

-¿Voy a morir?

-Si deseas llamarlo así, es tu decisión. En las Pléyades, sólo es un nuevo inicio.

-De acuerdo. Te creo.

Sahira cerró los ojos y tomó aire, respiró profundamente para tranquilizarse, y exhaló el aire. Se sentó en la orilla de la cápsula y subió las piernas, acomodándose. Aún se encontraba sentada, cuando sacó el libro de las hadas y lo miró por última vez, era un regalo especial que Willy le había hecho junto con la rosa roja que ella tomó simbólicamente del hermoso ramo, que recibió de él en el día de San Valentín.

Besó ambos significativos objetos y los abrazó. Se inclinó y acomodó su cabeza en una pequeña almohada blanca, y cerró los ojos dedicándole sus pensamientos a Willy. La cápsula comenzó a cerrarse, hasta que quedó sellada. Una ligera luz color violeta, nada molesta comenzó a bañar el receptáculo, y Sahira pensaba:

"Willy, mi amor que el etéreo olvido al que he sido condenada en tu vida y corazón no sea mi destino, no deseo jamás olvidar tu ojos y sonrisa. Por eso he decidido abrazarte por siempre en mis pensamientos, incluso si careciera de alma...

La iluminación volácea que bañaba la cápsula comenzó a hacerse más potente.

Y deseo con todas las fuerzas terrenales y sublimes que si hubiera una forma de unirme a ti de nuevo, se me fuera concedida, porque has tocado mis sueños, y con ello te he entregado una parte de mí, que espero viva por siempre en lo más profundo de mi ser...

Aquel cárdeno fulgor, se intensificó hasta alcanzar un brillo intenso con ruido parecido al de un quedo zumbar.

Te amo Willy, por siempre lo haré e igualmente te protegeré.

Una fuerte luz la segó.

Sahira se sentía extraña, abrió un ojo y el último panorama que veía ya no era igual, abrió ambos ocelos entonces, y de hecho se dio cuenta de que podía ver la cápsula en la que había ingresado a escasa distancia de ella. Y pensó:

-¿Me salí del receptáculo o qué sucedió?

-¡Ah!-, se asustó por un instante pues ya no traía en sus manos ni el libro ni la rosa, y comenzó a desplazarse hacia la cápsula, sorprendida y algo asustada se observó a sí misma dormida, llevó sus manos a la boca para ahogar su grito, pues dentro del pequeño sarcófago se veía a sí misma dormida, tenía una expresión de paz y abrazaba sus dos adorados presentes.

Miró al suelo, y advirtió que una breve distancia la separaba del piso. Estaba ¿flotando?, se sentía ligera, tanto que no había notado que volaba de nuevo, y definitivamente no era lo mismo. Volteó hacia atrás y tuvo una sensación extraña...

-¿Qué es esto?, parecen mis...- dijo en voz alta.

-Son tus alas astrales Sahira -le contestó una voz que junto con una luz emergió de la oscuridad.

-Pero yo perdí las mías, murieron con la enfermedad que me aquejó.

-Perdiste tus alas orgánicas, pero jamás perderás las alas etéreas, están pegadas a tu cuerpo astral o alma y esas son inseparables e inmortales.

-Un momento¿cuerpo astral¿quieres decir¿qué ahora soy una alma libre?.

-Un alma descarnada sí, todo ser vivo posee una, aunque en tu caso hayas nacido como un clon.

-Ahhh, Willy tenía razón.- Sahira se sentía feliz, como no se había sentido en mucho tiempo. Todos sus temores se habían evaporado como rocío sobre las flores con el amanecer.

Ahora podía ver a "la voz" que le hablaba y se dio cuenta como su cuerpo astral se iba tornando transparente, violeta y con un fulgor alrededor de sí mismo.

Era un hermoso espíritu color índigo, reflejaba aunque joven, madurez y poseía finos rasgos y mucha paz, tenía el cabello corto, peinado hacia atrás y un poco hacia un lado, parecía utilizar una túnica con símbolos pleyadianos, una gruesa cinta oscura atada a su cintura y algunos hermosos tatuajes en sus brazos.

-Bienvenida Sahira Agash de Dorabia Infinita, ahora perteneces al universo entero, pues ya has comulgado con él. Veo que eres un espíritu color violeta, llevas ya algo de entrenamiento a pesar de que acabas de dejar de ser una "terrenal".

-Vamos acompáñame- juntos atravesaron lo que parecía un árido muro de cantera gris, y cuando terminaron de traspasarlo, Sahira no lo podía creer, y vaya que había tenido experiencias fuertes por ese día, pero habían cruzado a la dimensión etérea, sus ojos al fin "abiertos" pudieron contemplar la belleza de las Pléyades en su máxima expresión.

Hermosos y bastos jardines, llenos de plantas que ni siquiera en Silabub había conocido enmarcaban el lugar, había hontanares de roca de cuarzo de agua dorada, y ríos de agua celeste y turquesa transparente, hermosas aves, rojas y plateadas, y seres en su estado astral de absolutamente todos los confines del universo, había árboles y montañas que formaban casas y construcciones y un sin fin de maravillas por doquier. Habitaban ahí hermosos animales pacíficos de brillantes colores y formas, coloridas mariposas de diseños extraordinarios, tecnologías diversas predominando la alquimia funcional, y rasgos de magia que lo hacían lucir como un paraíso total, todo en perfecta razón y equilibrio.

-La magia es la forma natural con la que potencialmente nacen todas las criaturas del universo para poner a su favor las fuerzas inmersas en su entorno y llevar a cabo sus objetivos, mi talentosa aprendiz. Mi nombre es, Otreb Po.

Sahira lo observó dedicándole una sonrisa respetuosa, sabía que él a partir de ese momento sería su nuevo maestro y juntos comenzaron a caminar por el interminable jardin.

-¿Ah sí?, no lo sabía.

-¡Ahhhhh, Sahira tienes mucho que aprender!

Dieron unos cuantos pasos más y a la distancia enmarcados por ese recinto de ensueño sublime y de sabiduría, se desvanecieron suavemente, hasta desaparecer.