Hola, me he portado mal con ustedes al no actualizar desde hace un mes. Pero a veces el trabajo y mi vida personal se ponen de acuerdo para hacer de las suyas. Sorry
Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 35
Leah
— ¿De qué trata esto, Leah? —la pregunta de Edward me hace rodar los ojos.
Lo escucho maldecir entre dientes con su respiración trabajosa, es obvio que camina quizá alejándose de nuestros hijos.
— ¿Qué hiciste con ellas? —cuestiona a gritos.
— Antes de que te hagas ideas que no son, deja te aclaro que no tengo nada que ver.
— No te creo. —espeta.
— No me importa si me crees o no. Te hablo porque sé dónde están y con quién.
— ¡Eres una maldita loca!, eres ruin…
Alejo el móvil de mi oreja ante sus dulces palabras por unos cinco minutos.
— ¿Terminaste? —le cuestiono al no escuchar más insultos—. Bien, si yo fuera todo eso que dices, no te hubiese hablado para decirte dónde está tu hija... y esa, ¿no crees?
— ¿Dónde las tienes? —exige saber.
Y su tono de voz me enfurece y al mismo tiempo me desiluciona, me duele saber que está mal por ellas, ¿y yo?, ¿acaso no le importo ni un poco?, me dejó en un maldito aparcadero, ¡sola! Quizá no debo decir nada de lo que sé. Pero por alguna extraña razón que ni yo entiendo, siento que es mi deber hablar con él y ponerlo al tanto de todo.
Enojada conmigo misma o tal vez con Edward, pulso la pantalla de mi móvil haciendo una captura y enviándola a él.
Lo había hecho; le envié la conversación con esa loca y la dirección del lugar. Lo demás es cosa de él.
— Si lo prefieres puedes pasar por mi. —le digo por molestar— Te estaré esperando.
Estoy por golpear mi cabeza contra el volante del auto cuando él finaliza la llamada sin decir nada.
Después de varios intentos por comunicarme de nuevo con Edward decido enfrentar sola a la estúpida y retrasada de…
Bajo del coche después de aparcar sobre la acera, el repiqueteo de mis tacones se escucha resonar en el silencio del oscuro callejón, volteo levemente hacia atrás echando un vistazo a la desolada intersección continuando con mi apresurado paso, elevo la vista delante de la vieja bodega. El chirrido de la destartalada puerta me hace estremecer, una vez adentro en medio de la penumbra me hago paso entre la basura y cajas de cartón, mi tacón se enreda con una manta apestosa y el olor está a punto de hacerme vomitar, cubro mi boca con mis manos, quedándome quieta al escuchar el llanto de un bebé.
Me desplazo con la ayuda de la linterna de mi móvil, señalo en todas direcciones, ilumino los agujeros que hay en el techo a punto de colapsar, y las paredes que están pintadas en su mayoría con grafitis de las gangas, el llanto continúa más fuerte en cada paso que doy.
— ¡Al fin llegas! —exclama Victoria, haciéndome dar un respingo. Me mira con desconfianza por unos segundos antes de tirar de mi mano, llevándome hacia adentro de una habitación—. No deja de llorar, ¿qué hacemos?
El pequeño cuarto resulta ser un baño fuera de uso con un olor nauseabundo. La poca iluminación no me permite ver más allá de una diminuta persona llorona puesta sobre el lavamanos. Sin asimilar la situación me acerco, la sostengo en brazos, tratando de calmar su llanto.
Viste un ligero mameluco pijama, puedo sentir que está completamente húmeda y molesta por la misma razón, su lloriqueo cesa cuando la pego a mi pecho. Quiero quitarla de encima. Pero ella abre la boca buscando mi piel. Tiene hambre.
En unos segundos la lucidez vuelve a mi cabeza, haciéndome recordar de quién es hija. La dejo de nuevo en el mismo lugar, regresando el llanto desconsolado a ella.
— Estás completamente loca, ¿cómo has podido robar un bebé?
— No quería hacerlo pero su mamá no me dejó otra alternativa. — responde ensimismada—. Esa maldita me quiere robar a James, y no lo permitiré.
Victoria fija sus ojos miel en mi provocando un escalofrío en mi piel. Su vestimenta tiene algunos jirones en la parte de los hombros como si hubiese sido zarandeada con fuerza, también distingo un morete en la comisura de sus labios producto de un golpe y unos cuantos rasguños en la mejilla.
— ¿Dónde está Bella, qué le hiciste?
Hago la pregunta en voz alta, ganándome una mirada inquisitiva por parte de ella. Da un paso al frente, ladea su cabeza sin dejar de observarme de esa forma tan abrumadora.
Esta vez vuelve a tomar mi muñeca con demasiada fuerza llevándome fuera del lugar, me tropiezo un par de veces mientras intento seguir su andar, la oscuridad no deja saber donde piso. Un crujido se escucha al mover una vieja puerta. Victoria ilumina la zona con el móvil que ella misma quitó de mis manos, para descubrir que el lugar es otro sanitario y por los mingitorios sé que es un baño de hombres, también fuera de uso.
Ahí en el rincón distingo el cuerpo de Isabella amordazada y maniatada tendida sobre el piso.
Victoria se ríe.
— No tienes una idea de cuanto deseo sacarle los ojos. Pero hay alguien que está interesado en que no le pase nada... porque la quiere para él.
— ¿Quién? —susurro.
— No seas curiosa.
Camino hasta ella, percatandome de su estado inconsciente.
Debería de estar feliz de verla ahí casi sin vida, sin embargo el llanto de su hija no me permite regosijarme de lo que yo quiero.
Me alejo de ella, no quiero verla, no quiero escuchar los lloridos de esa bebé, no quiero estar aquí.
— ¿Si tuvieras un arma en este momento, qué harías? —la pregunta de Victoria me paraliza—. Bella te quitó a Edward y le dió una hija, algo que tú no pudiste. Estoy segura que la odias tanto o más que yo, ¿por qué no la matas?
— Yo no soy una asesina.
Estoy por salir cuando la puerta se cierra frente a mí, me giro hacia la pelirroja quien tiene pintada su estúpida sonrisa arrogante en los labios, elevo una ceja mirándola interrogante y ella niega.
— Otra oportunidad como esta no la tendrás nunca, ¿por qué no aprovechas de una vez? —pregona.
— No me interesa pasar el resto de mi vida en una cárcel a causa de ella —le señalo.
Intento dar otro paso y su mano golpea la puerta, impidiendome salir.
— ¿A dónde crees que vas?
— Me voy de aquí... no quiero saber nada de esto.
— Te hablé porque eres la única que puede ayudarme, no sé qué hacer con un bebé. Se supone que tú sabes de esas cosas, ¿no?
Tomo una bocanada de aire sin poder articular ninguna palabra, la observo con unas ganas inmensas de estrellar mi puño en su cara. Tengo que contenerme, me repito una y otra vez.
— ¡Eres una maldita loca! —chillo—, no le haré daño a un bebé.
Ella resopla.
— No seas idiota, tan solo quiero que le pongas un pañal limpio y le des de comer. Compré todas esas cosas que requieren los bebés, pero no tengo una idea de cómo se usan. Y pensé en ti, porque algo debes recordar de tu época de buena madre, ¡oops! Tú nunca lo has sido. Debí hablarle a Edward, ¿verdad?
— ¡Vete al infierno! —exclamo siguiendo mi camino con ella tras de mí.
— Solo dale el biberón, yo intentare hacer el resto, ¿esta bien?
— No, no soy capaz de arriesgar mi preciada libertad por ti y por tus estúpidas conjeturas, ¡maldita seas Victoria!, hace falta ser muy idiota para imaginar que esa escuincla quiere a James. No cabe duda que eres una desequilibrada.
— ¡Tú no eres mejor que yo!
— Por supuesto que lo soy. Al menos nunca he pensado en matar a nadie, ni mucho menos he secuestrado a una madre y su bebé por una imaginación retorcida como la tuya.
Estoy por cruzar la puerta de la entrada y olvidar esta mierda.
— Me pregunto qué dirá Edward cuando sepa quién es Sam Ulley. —me tenso al escuchar ese nombre, pero no me vuelvo a ella—. Tal vez le interese saber porque siempre has despreciado a Ian, ¿tú qué crees?
Sam Ulley... Hace tantos años que no escuchaba ese nombre.
Mi corazón golpetea con fuerza ella lo sabe, ¿cómo no saberlo? Victoria y yo nos conocimos desde adolescentes en la escuela secundaria y desde entonces estuvimos muy unidas, algo asi como mejores amigas, sin embargo cuando yo estaba con Edward empecé a ignorarla hasta que ella entendió que no me interesaba tenerla cerca de mi todo el tiempo, recuerdo un día por casualidad le presenté a James cuando cursaba la universidad y desde entonces intuí esa obsesión con él, pero nunca en mi vida pude imaginar que su locura llegase a tanto.
Doy un suspiro entrecortado mientras trato de ignorar su risita estúpida cuando queda frente a mí.
— Tu guapo instructor de spinning Sam Ulley con quien tuviste una aventura y probablemente sea el verdadero padre de Ian. Pobre chico, lo que ha tenido que soportar por tener una madre como tú, que carga en su conciencia la duda de no saber quién es su papá.
— ¡Callate! Ian es hijo de Edward, ¿acaso no ves el parecido? Son idénticos.
— No pensabas de esa forma cuando saliste embarazada y tenías la sospecha que tu entrenador podría ser el padre de tu hijo. —dice con sorna— ¿Ves cómo todos tenemos cola que nos pisen? Y tú haciéndote la víctima cuando te cambiaron por otra, ¡qué hipócrita!, acusaste a Edward de infiel, le hiciste la vida una mierda mientras tú fuiste quien lo engañó primero.
Se acerca a mi oreja.
— Te mereces todo lo que te hizo —susurra—, me alegro que te haya dejado por otra.
Siento un calor en mi pecho que cala hondo, quema. Un nudo en mi garganta amenaza con dejarme sin voz, aprieto mis párpados unos segundos para evitar que las estúpidas lágrimas se asomen. Mis manos se vuelven puño, dejando mi rabia inundar mi torrente sanguíneo. Ella da un paso atrás todavía sonriendo.
Victoria sabe que me sigue doliendo no estar con Edward y goza con hacerme recordar a ese hombre que siempre he querido borrar de mis recuerdos. Sam el típico fortachon, moreno y grande con la que todas suspiraban en la clase de spinning y que él hábilmente seducía por diversión. Reconozco que fue un desliz de solo una vez, algo que comenzó como un coqueteo inocente entre mi instructor y terminó en un maldito motel. No pasó de eso porque cambié de gym y no volví a verlo nunca. Y a pesar que en un principio tuve mis sospechas respecto a quién era el padre de Ian, cuando él nació mis dudas se disiparon por el gran parecido a Edward.
Aunque la personalidad de mi hijo siempre me hace dudar, y es cuando quiero acallar mi conciencia tratandolo mal, obligándole a cambiar esa manera juguetona que me recuerda tanto a él.
Sacudo mi cabeza tratando de ignorar mis estúpidas dudas.
— Yo puedo decir con total convicción que Edward me amó sinceramente. Algo que James no hizo nunca contigo, porque si mal no recuerdo siempre fue Tanya quien ocupó sus pensamientos a pesar de que hiciste todo porque la olvidara, y no resultó. Debe ser frustante que después de muerta te siga jodiendo la vida, ahora con su hija.
Victoria deja de sonreír y puedo percibir la desilusión en su mirada. Mis palabras siempre son un golpe bajo cuando quiero joder a alguien.
— Shh. —sisea por lo bajo mientras camina de vuelta a donde la niña continúa llorando.
Doy un último vistazo volviendo a seguir mi camino.
— ¡Eres una traidora! —grita a mi espalda— Cómo pudiste decirle a Edward, maldita.
Me giro a ella. La veo manoteando con mi móvil en su mano y con la otra sostiene a la bebé como si fuese un muñeco de trapo. Victoria esta completamente fuera de sí, empieza a caminar como un animal furioso mientras balbucea incoherencias que no comprendo. Me estremezco con el golpe de mi celular contra el piso, ella lo lanzó en un arranque de ira.
De pronto temo por la niña.
— Dame a la bebé —le pido con mis manos extendidas hacia ella—. Te ayudaré con ella, sólo déjame cargarla.
Se acerca en tres pasos, sus ojos me miran con desconfianza antes de poner a la pequeña en mis brazos. Una vez conmigo la acuno haciéndola sentir segura. Debería irme con ella, sacarla de esta mierda, pero un metal frio en mi sien evita que me mueva, trago saliva sintiendo el miedo apoderarse de mi.
— ¿Qué haces? —susurro, apegando el tibio cuerpo de la bebé a mi.
— No confío en ti. —dice, mientras me obliga a caminar de vuelta al sanitario—. Por lo pronto será mejor que te quedes con Bella, ya que ustedes tienen mucho que conversar y ponerse de acuerdo con quién de las dos se quedara la bebé, porque Garrett no tarda en llegar por ella.
— ¿Quién es Garrett? —pregunto con temor de que sea un matón.
— Él es quien me ayudó a quitar a Tanya de mi camino. —revela como si nada empujando mi cuerpo con fuerza dentro del cuarto donde trastabilleo, sujetándome del lavabo—. Ahora es el turno de esa.
— ¿Victoria, qué caso tiene secuestrar a una bebé inocente?, deja que me vaya con ella, deja que me la lleve de aquí. —trato de hacerla razonar—. El lugar es asqueroso para ella, puede enfermar. Además seguramente Edward ya dió aviso a las autoridades. Tal vez ya están allí afuera esperando por ti.
— No.
— Piensa en James, él te va odiar por lo que has hecho.
— James nunca sabrá lo que ha pasado. Así como tampoco supo que yo tuve que ver para que Tanya desapareciera de su vida.
Unos ruidos me hacen voltear hacia la esquina donde Isabella se remueve intentando soltarse.
— Llora y grita todo lo que quieras —chilla Victoria desde afuera del baño—. James nunca vendrá a salvarte. Vas a desaparecer de su vida del mismo modo que tu hermana lo hizo, y lo mejor será que Garrett estará feliz de volver a verte.
El portazo que se escucha hace estremecer a la bebé en mis brazos, Victoria ha cerrado la puerta.
La linterna de mano permite que el pequeño espacio sea lo suficientemente iluminado para distinguir cada cosa, sobre todo la suciedad que inunda cada milímetro del lugar. La hija de Edward comienza a llorar de nuevo mientras Isabella continúa haciendo ruidos con desespero.
Me debato entre ayudarla o hacerlo primero con su hija.
Me decido por la pequeña gruñona; le cambio su pañal y trato de vestirla con ropa limpia, sin embargo el tamaño de los vestidos son para una niña más grande, eso me hace sonreír porque le cubre sus piernas por completo, dejando sus delicados hombros descubiertos, haciéndola lucir muy coqueta. Ella me pone atención con sus ojitos llorosos y enrojecidos, y luego me sonríe. Es idéntica a Edward.
Mi sonrisa desaparece.
Qué maldito mal chiste es esto; ¿por qué estoy aquí?, ayudándole a ella, vistiendo a su hija, preocupándome porque no le pase nada malo.
Ignorando esa vocecilla que me dice no hagas nada, que se jodan. La tomo en brazos llevándola con su mamá. Isabella parece sorprendida por lo que hago, pues no deja de seguir mis movimientos cuando me acuclillo frente a ella. Empiezo a tirar de la soga que tiene alrededor de sus muñecas sin ningún éxito, ella hace un ruido ahogado por el dolor causado, así que mejor decido remover la que tiene en sus tobillos, desahago con mas facilidad el nudo hasta liberar sus piernas, para después seguir con la tira adhesiva de sus labios que remuevo de un solo tirón que la hace soltar un quejido.
— Fue ella... —murmura por lo bajo—. Victoria y Garrett arruinaron la vida de mi hermana. Ellos lo planearon todo.
Isabella comienza un diálogo consigo misma cuando la libero del todo, recoge sus piernas y se abraza fuerte de ellas mientras sus lágrimas descienden una tras otra. Ha entrado en un trance del que sólo ella puede salir.
Suspiro.
Despues de unos minutos la pequeña gruñona se remueve en mis brazos, reclamando atención.
— Oye, cálmate, ¿quieres? —le digo cuando la pongo frente a mí, con mis brazos en alto—. No tengo una idea cómo se prepara un biberón, mis hijos tuvieron una nana. Yo no tuve necesidad de saber esas cosas de biberones y onzas de leche.
Ella arruga la cara volviéndose colorada por el coraje.
— Además... —no me agradas, le digo en mi mente. No debo sentir nada por ti, porque tú eres hija de ella, aunque tampoco tienes la culpa—. Eres muy bonita... una gruñona bonita.
Y ella vuelve a sonreír ampliamente, esta vez mostrando sus encías.
— Dame a mi bebé —reclama Isabella, quitando a su hija de mis brazos—. No quiero que te acerques a ella.
Camina lejos de mi, yéndose a sentar encima de los lavabos dejando sus pies mecerse de adelante y atrás mientras abraza a su bebé contra ella susurrando alguna canción. Veo que descubre su seno al bajar su camisola de su hombro izquierdo para amamantar a la pequeña.
Pestañeo ante esa escena.
Estoy por abrir mi boca para darle un buen consejo respecto a dar pecho; sus senos se estropearan por hacerlo. Sin embargo prefiero no decir nada, a mi no me interesa lo que pase con ella.
Solo me alejo lo suficiente; recargo mi espalda en la pared deslizándome hasta quedar sentada en el asqueroso piso, contemplo mis costosos zapatos de tacón de aguja antes de quedarme ensimismada en cómo voy a salir de aquí.
Después de un rato comienzo a inquietarme por estar encerrada. Intento asimilar los hechos; Victoria es una demente con aires de secuestradora una muy tarada pero al fin y al cabo secuestradora. Solo a ella se le pudo ocurrir raptar a una bebé junto a su madre en ropa de dormir. No conforme a eso me hace participe creyendo que yo la ayudaré, por Dios, hace falta ser idiota para caer en su juego. Vamos, a quien engaño, si estoy aquí junto a ella es porque quise ser yo la heroína y así poder tener a Edward agradeciéndome el resto de su vida.
— ¿Cómo fue qué aceptaste salir con Victoria? —rompo el silencio con mi pregunta—. Ella no es muy lista para hacer algo como esto y no creo que te haya sacado de tu casa con una pistola en la sien. ¿Qué fue exactamente lo que pasó?
Isabella parpadea un par de veces sin dejar de arrullar a Erin que duerme en sus brazos.
— Me dijo que Jasmine había tenido un accidente y que James había mandado por mi. Fui tan estúpida. —susurra eso último y quise decirle que si lo era.
— ¿Y tú qué haces aquí? —pregunta con demasiado interés.
Elevo mi vista, centrándome en lo sencilla y sin gracia que resulta ser; enfundada en un simple capri de chándal en color violeta y una camisola gris de tirantes debe estar prohibido por los diseñadores parisinos. El calzado es más que terrible, zapatillas deportivas, ¿en serio?, y mucho peor es su cabello, ese moño en alto solo estropea el pelo cuando le das demasiadas vueltas se vuelve quebradizo... ¡qué me importa su vida!
— Victoria me llamó.
Mi respuesta la hace removerse en su lugar, la veo que acuna a su hija más cerca de ella, protegiéndola. ¿Por qué lo hace?, no soy una asesina.
— Tú... y... ella... —susurra.
— No. —niego, sin dejarla terminar de hablar.
Ella se relaja y sus hombros se encogen.
— Victoria cree que estas interesada en James.
— ¿Yo? —pregunta incrédula.
— Explícame el porqué no debe creerlo, a ti te gusta meterte con casados y James lo es.
— No te debo explicaciones. —responde enfurruñada.
— ¡Me quitaste a mi marido! —alego, poniéndome de pie, me acerco a ella señalando con mi dedo índice—. Eres una zorra que no se tentó el corazón para destruir a una familia.
Tengo cada palabra anudada en mi garganta desde hace meses y hoy quiero decir cada una.
— Crees que porque vivir con él y darle una hija, ya lo tienes dominado. Por supuesto que no, Edward tarde o temprano va a volver conmigo. Y para que lo sepas, esta noche estuvimos juntos, fuimos a tomar una copa y estuvimos hablando de nuestros hijos. Estuvo muy cariñoso conmigo, sino me crees pregúntale cuando lo veas, si es que lo haces, pregúntale sobre una reserva que él mismo hizo en la mejor suite The Langham, nuestro hotel favorito. Dónde tantas veces la pasamos enredados bajo las sábanas de seda. Los dos. Desnudos. Haciendo el amor.
Ella se inmuta.
Quiero que le duelan mis palabras.
— Ya basta, Leah, es un hecho que me aborreces y quieres hacerme sentir mal, porque para ti siempre seré lo peor. Mas no estoy dispuesta a soportar tus insultos y frivolidades. Estoy consiente que Edward y tú tienen que tener un acercamiento por el bien de sus hijos, sin embargo no estoy dispuesta a lidiar contigo por cada detalle. Dedícate a recuperar la relación tan deteriorada que tienes con tus hijos, trata de estar más cerca de ellos, de involucrarte en sus vidas, porque créeme, te estás perdiendo de mucho. Y a mi déjame en paz, porque si algo tengo que pagar en esta vida, te juro que ya lo estoy haciendo, inclusive desde mis cortos años.
Isabella se incorpora del lavabo, pasando por un lado de mi, y comienza a caminar con la niña en sus brazos.
¿A ella qué le importan mis hijos?
Me vuelvo a sentar; esta vez arriba de los lavamanos, cruzo mis piernas manteniendo mi espalda derecha, mirándola por no sé cuánto tiempo.
Unos ruidos me hacen poner alerta, al igual que Isabella.
— Garrett. —murmura, caminando hacia atrás hasta topar con una de las puertas del inodoro.
— ¿Por qué le temes, quién es él?
— Fue mi cuñado. Aunque nunca fui de su agrado desde que se hizo amigo de Tanya. Él me odia, supongo que haberle quitado a mi sobrina, debe ser otra gran razón para incrementar su repudio hacia mí. Pero no entiendo, no logro comprender cómo se conocen él y Victoria.
Echo un vistazo a todo el sanitario sin ninguna ventana.
En estos momentos considero a Victoria capaz de cualquier idiotez, como disparar un arma. Me pongo de pie, tratando de relajar mis nervios. Empiezo a traspirar, estoy tan asustada por lo que pueda ocurrir conmigo. Miro a Isabella y no está mejor que yo.
Se escuchan pasos del otro lado de la puerta que me hacen cerrar los ojos mientras inhalo y exhalo quedamente.
La puerta se abre de un golpe seco que me hace estremecer y me impide abrir mis ojos presa del pánico.
— ¡Edward! —escucho chillar a Isabella.
Me armo de valor dejando a mis ojos ser testigos de como Edward la abraza con fuerza, protegiéndola en sus brazos al tiempo que besa sus cabellos y los de su hija.
— Ya pasó todo, mi amor —susurra él—, ellos no volverán a hacerte daño.
— Oh, Edward, esa mujer es un monstruo. —dice Isabella— Garrett y Victoria lo planearon todo, ellos...
— Tranquila. No pienses en eso, no más. —Edward la consuela con tanta ternura que siento como si clavaran una daga en mi pecho.
— ¡Mamá! —Derek llega y me abraza, segundos después Ian hace lo mismo al entrar—. ¿Estás bien, no te hicieron daño?
Asiento todavía con nerviosismo.
Un mar de gentes empiezan a inundar el lugar volviéndolo más asfixiante de lo que ya es. Salgo de ahí sintiéndome protegida por mis dos hijos, quienes no dejan de sobar mi espalda. En el camino miro a James, quien me avisa que un agente desea hablar conmigo, le pregunto por la pelirroja y éste solo encoge sus hombros diciendo que la policía se ha hecho cargo de ella y del hombre. También Jared se acerca conmigo, queriendo saber si necesito algo y revelando para mi sorpresa que él me había seguido desde que salí del bar, poniendo a Edward al tanto de lo que ocurría.
Eso último me entristece porque significa que Edward no creyó en mis palabras, ni en la estúpida captura que le había enviado.
Derrotada sigo los pasos de mis hijos hasta salir del lugar. Ian me abraza por el cuello, apegándome con fuerza a la vez que despeina mi cabello, ¡detesto que haga eso!
— Leah —Edward me llama—. Gracias por cuidar de Erin —me agradece, llegando hasta nosotros junto a su nueva familia. La bebé ahora está despierta y él la sostiene en sus brazos—. También te agradezco que te hayas quedado con ellas, a pesar de arriesgar tu propia integridad.
Mis dos hijos se alejan de mi, por ir tras la pequeña, ambos pelean por sostenerla primero, siendo Ian el ganador. Derek la abraza a ella. Produciendo una incomodidad que empieza a calar en mi pecho.
Acostumbrate, dice una voz en mi cabeza.
Es cierto, lo mejor es aceptar que Isabella y Erin son parte de sus vidas, pero antes de aceptarlo voy a disfrutar de atormentar a Edward cuando le manifieste una noticia que el ignora.
Quizá no deba seguir ocultando que yo también un día estuve en brazos de otro, tal vez a llegado el momento de que Edward sepa que lo traicioné.
Muchísimas gracias por cada comentario que me dejan, cada favorite y alerta. Siempre es gratificante saber que ustedes están ahí esperando pacientes cada capítulo a pesar de que se me desarregla la vida.
Lidia, hola, esta vez Jared no tenía ninguna culpa sobre lo sucedido con Bella y Erin. Saludos. Jessi, hola, se muy bien que no te esperabas esta reacción de Leah, ¿qué dices?, aunque estoy segura que tu opinión sobre ella seguirá siendo la misma, un beso. Adriana Molina, hola, no les pasó nada, y debo decir gracias a Leah, te mando besos. Paosierra, hola, creo este capítulo resolvió tu hipótesis, ¿qué te pareció?, un beso. Vane, hola, disculpa la demora, un besito por todo el tiempo que te hice esperar. Lili Cullen-Swan, hola, bienvenida y muchas gracias por leer, pues espero que este capítulo te siga gustando de igual manera. Disculpa por la tardanza, creo que es la primera vez que tardo mucho en actualizar, te mando un beso. sonia sandria, ahh, no pude actualizar como tú querías, pero espero que el capítulo haya sido de tu agrado, un beso. LittlePieceOfMyMind, hola, estoy en deuda contigo, pues no he podido leer el capítulo final de polos opuestos pero ahora mismo lo hago. ¿Que te pareció Leah, no lo esperabas verdad? Un gran beso. Vanina Iliana, hola, ¿qué piensas ahora de Leah? Ya sé que nadie la soporta pero creo que ya era hora que hiciese una buena obra, un beso. Veronica, hola, desde ya me disculpo contigo por haberte hecho esperar porque tú eres de las chicas que están apoyando en cada actualización. Te aseguro que te echaré de menos cuando la historia llegue a su fin. Te digo que acá esta todo bien, volviendo a la normalidad día con día. Te mando un beso . jane2, hola, en verdad si le batallé bastante al escribir el lemon por eso tuve que releer los lemon de mis otras historias para intentar rescatar algo y nada, no se me dió. Respecto al capítulo de Leah quiero saber que piensas ahora, ¿no te esperabas esto verdad? Y sí ya el susto (drama) acabo en éste, ya los demás capítulos les toca ser feliz, te mando un beso enorme por la espera que te hice pasar, también te echaré de menos. Andrea, hola, este fue el último capítulo narrado por Leah, no habrá más desde su perspectiva, saludos. Quiin94, hola, no fue mi intención hacerlas esperar, incluso ya tenía mis planes para darle conclusión a la historia y nada me ha salido bien. Me cuentas que te pareció el capítulo, me interesa saber que piensas de Leah, un beso. Mar91, hola, no te preocupes no hizo nada malo al contrario hoy le tocó hacer su buena obra del día, besos. kaja0507, hola, espero que ahora sí te lleguen las alertas. Que te digo sobre Leah, pues que ya sé que ustedes pensaron que ella era la gran culpable pero no, desde un principio siempre pensé que no sería tan, tan villana. Un beso grande para ti. debynoe, hola, esa Leah solo creando mala fama,¿verdad? ¿Ahora qué piensas de ella? Un beso y gracias por siempre comentar. lupitacalvo, hola, pues al principio esa era su intención pero no creo que lo haga, ya no. Haha el capítulo pasado fue la recompensa por haber superado los 1k reviews, gracias a ti por leer y comentar, un beso. chimultrufia69, hola, no Jacob es abogado él no es malo aquí en la historia, quizá te confundiste en el nombre por el de Jared que tampoco es malo. Te mando un abrazo grande poreja hacerte esperar, besos. Diannita Robles, hola, ¿ya no estas enojada?, tenía que crear ese suspenso, por eso tuve que desaparecer a la baby pero ves que no pasó del susto, besos. MsMonik, hola, estoy con mis manos cubriendo mis ojos y una enorme sonrisa por tus reclamos, pobre Jared hasta bruto salió, que mala eres con él. No hagas corajes, relájate y dime si te gustó el capítulo de hoy, te mando un beso. flor Mcarty, hola, no le pasó nada malo, saludos. Nancygov, hola, pues Jared no tuvo nada que ver en todo esto, creo que tampoco se imaginaron quien estaba detrás de todo, una disculpa por hacerte esperar tanto tiempo. Te mando un beso. Techu, hola, no sé si aun la quieran matar, bueno, en sí, ella nunca fue buena, pero al menos sirvió de algo. Besos. aea7, hola, solo fue un poquito de drama muy poquito y ya pasó, gracias por comentar, besos. Rocío, hola, solo quise crear un poco de suspense pero ya todo se resolvió, besos. Cary, hola, con este capítulo Leah seguirá cayendo igual de mal, se que tienen mucho que decir de ella, un beso. mrs puff, hola, si pensé igual a ti pero no puedo ser TAN cruel con Erin, besos. Jade HSos, no fue ella quien quería dañarla, pero de algún modo Leah hizo acopio de su nobleza (esa que pensamos que no tenía) y todo salió bien, besos. freckles03, hola, espero que leas esto y me digas ¿que te pareció el capítulo?, te mando besos. Daniela, hola, se que el capítulo que pedías llegó demasiado tarde, bueno, y ahora dime que crees de Leah, ¿te sigue cayendo mal? Besos. Jane Bells, hola, se que te dije un poco de suspenso pero yo no entiendo razones cuando empiezo a escribir. Me interesa un montón saber lo que piensan de Leah, en serio, tengo mucha curiosidad por leer tu opinión, te mando un beso enorme. (guest), hola, no me dejaste tu nombre pero haré eso que dices, que le buscare otro chico a Irina para que vea lo que se está perdiendo, veremos si eso funciona para que James despierte de sus laureles, besos. Elizabeth Marie Cullen, hola, ¿me perdonas por la espera?, no ha sido mi intención retrasar tanto la actualización, pero mi vida real es ajetreada y creo que es la primera vez que me tardo un montón de tiempo en subir capítulo. Las echaré de menos a todas pues estamos en recta final de la historia. Ahora me interesa saber que te ha parecido Leah, recuerdo bien, que nunca ha sido de tu agrado, tampoco creo que lo sea ahora. Gracias a ti por siempre comentar cada capítulo me quedo con todas tus palabras de aliento para la historia, te mando un beso grande. Yoliki, hola, ahh, se que todas la odian y se lo merece pero ahora ella no tuvo nada que ver con el secuestro, besos y gracias por siempre comentar. Adriu, hola, la llamada que hizo Leah si fue para decirle lo de la niña, pero en realidad ella fue quien le pasó todo el dato del lugar donde estaban. Solo que nunca le mencionó con quién realmente estaban. Un beso hasta Ecuador.
La historia está rumbo a la etapa final solo nos quedan 4 capítulos incluido en ello final y epílogo. Les voy a extrañar mucho.
GRACIAS TOTALES POR LEER.
