Aquí os dejo un nuevo capítulo. Espero que sigáis leyendo.

Un beso: Yedra


CAPÍTULO XXXVI

Ginny salió fuera del Gran Comedor. Se sentía fuera de lugar. Pensó en subir a ver cómo estaba Draco. Le haría un reconocimiento a ver como seguía.

¿Estaba loca¡Madame Pomfrey no le había dicho nada de hacerle ninguna prueba esos días! Entonces ¿por qué pensaba siquiera en hacerlo?

Quería sentirse útil y que la valorasen. No le haría mal que le mirara la temperatura y le auscultara…

Llegó a la sala del séptimo piso y encontró a Snape leyendo tranquilamente sentado frente a la chimenea.

— Buenas noches

— Buenas noches Ginny. ¿Qué haces aquí a estas horas? – le preguntó Snape cerrando su libro.

— Vengo a hacerle una revisión rutinaria a Draco – mintió con maestría. - ¿Está en su habitación? – preguntó dirigiéndose hacia allí.

— No, está en el balcón tomando el aire.

Ginny salió al balcón y lo vio mirando hacia los jardines. Contemplaba a los alumnos que habían decidido salir a pasear a pesar del frío.

— Draco, sabes que no debes estar aquí – le regañó imitando a su madre. – Vas a enfriarte y entonces puedes recaer.

La regañina le cayó sin esperarla y se dejó arrastrar al cálido interior.

— ¡Será posible, ni siquiera te has puesto una capa¡Con estas tonterías madame Pomfrey no te dará el alta!

Snape no podía evitar el sonreír. Que pronto aprendían las mujeres a ser mandonas.

Ginny llevó a Draco a su habitación y le hizo sentarse en la cama.

— ¡Abre la boca! – y le metió el termómetro - ¡Pero si tienes la ropa empapada de la humedad de la noche¿Cuánto tiempo has estado allí afuera?

No esperó respuesta y comenzó a quitarle la ropa mojada. Retiró el termómetro.

— Ves, has cogido frío. ¡Treinta y cinco grados!

Le quitó toda la ropa de la parte superior dejando su torso desnudo. Abrió el armario y sacó una camiseta. Al ir a ponérsela le tocó la espalda.

— ¡Estás helado! - y comenzó a frotarle la espalda con sus calientes manos.

Draco sentía las manos de Ginny sobre su espalda y sus hombros y comenzó a sentir una sensación de calidez en su estómago. Cerró los ojos y cuando más a gusto estaba Ginny dejó de acariciarlo. Le puso la camiseta. Buscó la parte superior de su pijama debajo de la almohada y se lo puso.

— ¿Podrías explicarme que hacías allí fuera?

— Miraba a los que salían al jardín… ¿Cómo es que no estás en la fiesta?

— No me divertía.

— Pero ¡habrás bailado! – Ginny negó con la cabeza. Draco se levantó y alargando su mano hacia ella preguntó - ¿quieres bailar conmigo?... Así entro en calor… – dijo con mirada suplicante.

Ginny se levantó diciendo.

— Pero, no hay música.

— Nos la imaginamos… - dijo agarrándola de la cintura con la mano derecha y estirando su brazo izquierdo, al que ella se cogió – Es un vals… - informó el rubio comenzando a moverse.

El ritmo del baile comenzó primero lento y poco a poco fue aumentando. Sus cuerpos no se tocaban pues la distancia se guardaba a lo que daban sus brazos. Draco dirigía el baile haciéndola girar y girar… y reír.

Cuando pararon de dar vueltas, sus corazones palpitaban a gran velocidad y se miraban sonrientes. Draco se acercó en un intento de besarla…

— Draco, esto no pasará… ahora mejor ponte el pijama y métete a dormir. Mañana vendré a ver cómo estás – dijo Ginny saliendo de la habitación.

— ¡Ginny! – la llamó Draco – lo he pasado muy bien bailando contigo.

Mientras Ginny cerraba la puerta murmuró:

— Yo también.

A la mañana siguiente, amanecieron más tarde de lo normal en domingo. Cuando Harry bajó a la Sala Común Hermione ya estaba allí.

— ¡Tan pronto y ya levantada! – dijo besándola.

— Es que no he podido dormir.

— ¿Y eso?

— Antes de apagar la luz me puse a leer el libro de arte y me encontré esto – dijo enseñándole una fotografía. – Creo que son mis padres…

— ¡Es genial! Así sabrás como son.

La fotografía había sido tomada en invierno, en un parque nevado. Lisa llevaba un abrigo marrón, una bufanda abrigándole el cuello y un gorro de lana del que se escapaban unos rizos castaños que ondeaban al viento. Thomas estaba sentado a su lado pasándole el brazo por la espalda. Llevaba la cabeza cubierta con una gorra de lana negra, un abrigo negro y una bufanda de color verde oscuro que le cubría parte de la boca.

— Yo creo que te pareces a tu madre – comentó Harry comparándola con la fotografía.

— Detrás pone la fecha del día en que la tomaron – dijo Hermione girándola – enero de 1979. Poco antes de quedarse embarazada de mí.

— Me pregunto que les habrá pasado para que no siguieran juntos, aquí se les ve tan felices y enamorados – comentó Harry pensativo. – No quiero ni pensar en el futuro… lo bien que estamos ahora… no quisiera que esto cambiara – dijo abrazando a Hermione como si quisiera evitar que alguien la alejara de su lado.

— Yo tampoco.

— Por si alguna vez pasara algo… - comenzó Harry sonrojándose – quiero que sepas que si tuviéramos un hijo o una hija… me harías el padre más orgulloso y feliz del mundo.

Hermione rodeó a Harry con sus brazos y no pudo evitar que las lágrimas se escaparan de sus ojos.

— Deberíamos buscar a tu padre en los anuarios de Hogwarts, aún no lo hemos hecho – dijo mirando a Hermione a la cara y viendo sus mejillas mojadas por las lágrimas. Con cuidado se las secó y volvió a besarla. – Estás salada.

— ¿Vamos a desayunar?

Celine miró su reloj. Era temprano y en miércoles no tenía clase hasta después del descanso. Necesitaba hablar con Snape y ese era un buen momento. Subió hasta el séptimo piso y lo encontró vigilando a Draco que trabajaba incansablemente.

— Buenos días – saludó al entrar.

— ¿Qué haces por aquí a estas horas? – preguntó Snape extrañado - ¿no tienes clase?

— Estoy libre hasta después del descanso y he venido porque quería pedirte un favor.

— ¿Un favor?

— Vamos al balcón – propuso Celine, - aquí molestamos a Draco…

Salieron fuera y Snape la miró intrigado.

— Verás, desde principio de curso me han encargado enseñarle a Harry Oclumancia…

— Y es un desastre ¿no?

— ¡No! Ha mejorado mucho pero le falta concentración. Creo que no siente la necesidad imperiosa de impedir la entrada a su mente…

— Es porqué te tiene demasiada confianza.

— Por eso necesito tu ayuda. Me gustaría que practicaras con él.

— Potter no estará de acuerdo.

— No tiene otra opción. En este tema mando yo y sé que aceptará lo que le proponga.

— Y tú ¿harías algo por mí? – preguntó Snape antes de aceptar.

— ¿Qué es lo que quieres? – preguntó Celine.

— Aquí, como comprenderás me aburro mucho y creo que por el sacrificio de aguantar a Potter ¿podrías… - dijo Snape observando su reacción - conseguirme unas revistas sobre investigación en pociones que se reciben en Hogwarts desde hace algunos años? Yo mismo hice la suscripción y no creo que Horace se haya borrado.

— No creo que tenga ningún problema, hablaré con Slughorn y en cuanto las tenga te las subiré. Entonces ¿aceptas? – preguntó tendiéndole la mano.

— Acepto – dijo apretando la mano de la profesora cerrando el trato.

— Una última cosa – continuó Celine – las prácticas de Oclumancia son un secreto, la única que lo sabe es Hermione.

— ¿No puede tener secretos con su novia?

— No es eso, ella también participa en las prácticas.

— Esa chica es valiente. Me sorprendió el otro día y hoy me vuelve a sorprender. Pensaba que los únicos que se sentían con valor de estudiar las artes oscuras eran los Slytherin.

— Severus, no hay tanta diferencia entre los alumnos de las diferentes casas.

El viernes por la tarde, como ya era habitual estaban trabajando con Draco.

Cada vez se sentía mas integrado en el grupo de Gryffindor e incluso aceptaba ser el blanco de alguna broma.

Gabrielle no tardó en marcharse y poco después lo hizo Ron.

— ¿Hay algo entre ellos? – preguntó Draco curioseando.

— Sí, - aceptó Madison – pero no quieren aceptarlo y lo único que hacen es molestarse el uno a la otra.

— Y a vosotras ¿no os espera nadie? – preguntó Draco intentando obtener alguna información sobre Ginny.

Desde el día de San Valentín no había podido estar con ella a solas. Se estaba planteando seriamente el pasar la noche a la intemperie para al menos resfriarse y conseguir que volviese a preocuparse por él.

— No, - contestó Madison – tenemos otras metas en perspectiva.

Una sonrisa afloró a sus labios, por lo menos no tenía competencia.

Cuando empezaban a recoger:

— Mañana continuaremos con lo que nos falta…

— Si venimos será un poco tarde – se excusó Ginny – mañana tenemos…

— Una pequeña celebración – terminó Hermione ante la duda de Ginny.

— Y ¿tenéis que asistir todos? – preguntó preocupado por pasar todo el sábado acompañado de Snape.

— Me temo que sí – respondió Harry dándole unas palmaditas a la espalda.

La reunión del ED era un deber inexcusable, para todos, y ver los buenos resultados que estaban obteniendo les ayudaba a seguir.

Ya no tenían problemas con los hechizos no verbales y sus reflejos habían mejorado considerablemente e incluso les había hecho mejorar en Encantamientos, Defensa y Transformaciones.

Las reuniones del ED habían conseguido formar un grupo cohesionado entre sus componentes, aunque Ron se sintiese algo molesto por ver a Gabrielle practicar siempre con Terry. Quizás Harry tuviese razón y debiese olvidarla de una vez por todas.

La mejor parte de la reunión había llegado, el duelo.

Harry sorteó a las parejas que participarían y les tocó enfrentarse a:

— Michael Corner y Anthony Goldstein contra – pronunció Hermione sacando la primera pareja.

— Madison McKinley y Ginny Weasley – leyó Ron.

Un murmullo resonó entre los miembros que iban a presenciar el duelo.

— ¿Qué es lo que pasa? – preguntó Hermione a Gabrielle.

— El día de San Valentín se enfadaron. Ginny no quiso ir con Anthony al baile y Madison le pegó una bofetada a Michael cuando él intentó besarla.

Debería estar atenta al duelo. Cuando había alguna rencilla entre los que se enfrentaban nunca se sabía lo que podía ocurrir.

Ron fue el encargado de dar el duelo por comenzado. Los oponentes se saludaron cortésmente.

El duelo empezó suave y poco a poco se fue haciendo más fuerte. Ningún equipo se daba por vencido. Los Ravenclaw decidieron atacar los dos a Madison que era la que se estaba encargando del ataque y entonces Ginny utilizó un ataque ofensivo.

— ¡Mocomurciélago!

Les dio de lleno a los dos que empezaron a quejarse

— Eso es trampa – dijo Anthony quitándose los gargajos de la cara – ella estaba haciendo hechizos defensivos.

— En un enfrentamiento contra mortífagos no creas que podrás quejarte – contestó Ron intentando no reírse. Ese hechizo era la especialidad de su hermana y ver a otro sufrir las consecuencias le hacía mucha gracia. – Si es necesario cambiar los papeles para salvarle la vida a tu compañero y la tuya propia, se cambian.

El duelo terminó con un nuevo saludo entre los contrincantes. Anthony y Michael aceptaron de buen grado la explicación de Ron y las felicitaron como hacían los demás.

Ginny se escabulló y se acercó a Hermione.

— ¿Vais a ir a ver a Draco?

— Creo que no – contestó la castaña excusándose – tenemos que dejar esto recogido y comentar la reunión.

— Entonces iré yo a verlo. Quiero comprobar que no está recayendo…

— Muy bien – contestó Hermione – así descansará un poco de la compañía de Snape. Aprovecha para salir la primera. Ginny, serás una estupenda medimaga.

Ginny recogió su mochila y salió corriendo. En menos de dos minutos entraba en la Sala donde encontró a Snape escribiendo en unos rollos de pergamino lo que preparaba para las clases con Draco y a Draco dormido en el sofá.

— Es un poco tarde ¿no crees? – le dijo Snape.

— Como mañana es domingo, pensé en venir a leer. En la Sala Común de Gryffindor hay bastante jaleo y aquí se está más tranquila.

— Adelante. Como si estuvieses en tu casa.

Ginny se sentó en el sillón que estaba junto al sofá que ocupaba Draco. Sacó un libro de la mochila y comenzó a leer. Estaba terminando el primer acto y se sintió observada. Levantó la vista y vio que Draco la miraba.

— Hola, dormilón.

— ¿Hace mucho que has venido?

Ginny le enseñó la parte que había leído como respuesta.

— Podrías haberme despertado – le dijo incorporándose y colocándose bien el pelo. – ¿Que lees?

— Una obra de teatro de William Shakespeare.

— ¿Quién es ese?

— Un muggle – para que explicarle más si los despreciaba.

— Y ¿es interesante?

— A mí me gusta como escribe y sus historias, aunque son bastante trágicas sabes.

— Explícame algo de él.

— Mira dijo una frase que a mi me gusta especialmente: "Yo juro que vale más ser de baja condición y codearse alegremente con gente humilde, que no encontrarse muy encumbrado, con una resplandeciente pesadumbre y llevar una dorada tristeza".

— ¡Touché! – dijo Draco poniendo sus manos sobre el corazón y dejándose caer en el sofá con los ojos cerrados. – ¡Me has matado¿La segunda parte va por mí? – preguntó abriendo los ojos e incorporándose para mirar su reacción.

— Creo que te describe bastante bien.

— ¿No ves que he cambiado?

— Aquí encerrado no te queda otro remedio, la verdad.

— Me gustaría poder demostrarte que en verdad lo he hecho. No voy a intentar convencerte de que no lo fuera antes, porque tienes razón, pero… me educaron así. Las compañías también hacen mucho… Todo lo que me ha pasado en los últimos meses… me ha abierto los ojos a una realidad muy diferente de la que me enseñaron – explicó el rubio sinceramente – y puedo decir que la valoro mejor que lo podéis hacer vosotros porque no habéis visto lo que yo he visto, ni vivido lo que yo he vivido.

Ginny lo observaba sin perderse ni uno de sus gestos intentando comprobar la veracidad de todo lo que decía.

— Tenéis mucha suerte, incluso Potter…

— Harry no ha tenido ninguna vida maravillosa ¿sabes? – saltó Ginny a defenderlo. – Ha vivido sin el amor de sus padres, en una familia que no lo aprecia y lo poco que ha querido lo ha ido perdiendo…

— Sé que sus padres fueron asesinados por el Señor Oscuro, pero al menos no los vio sufrir su agonía.

— No te puedes ni imaginar que a pesar de ser tan pequeño en sus pesadillas recuerda aquel momento… y calla para que nadie lo sepa ni sienta lástima por él – terminó susurrando mientras le salían algunas lágrimas.

— Ves como me mentiste el otro día… le sigues amando.

— No es verdad. Él es un hermano más para mí y me alegra que Hermione esté con él. Forman un equipo increíble, - explicaba Ginny con un brillo de orgullo en sus ojos - cuando luchan codo con codo están tan compenetrados que sé que cuando tenga que enfrentarse a Voldemort, entre los dos, conseguirán derrotarlo.

— Ojalá tengas razón, - deseó Draco cogiéndola de la mano – ojalá.

Ginny miró la hora y se levantó presurosa.

— Me marcho.

— ¿Tan pronto?

— No es pronto – dijo colgándose la mochila al hombro. - Espero que Filch no me pille o tendré que cumplir su castigo.

— Me gustaría acompañarte…

— Sabes que no puedes… - Ginny se agachó y le dio un beso en la mejilla – Cuando te muestras como eres en realidad y no te vistes de arrogancia y desprecio eres un chico bastante agradable ¿sabes?

Draco se quedó tocándose la mejilla dónde le habían tocado sus labios… Al lado del sillón se había dejado su libro. Así tendría una excusa para volver a hablar con ella. Lo abrió y leyó el título. "Romeo y Julieta". Esa noche se lo leería…


Habéis tenido escenitas entre Ginny y Draco y ya ves Nae que empieza a aparecer más información de los padres de Hermione. Más adelante habrá más.