Nota del autor:
Las tensiones en los últimos días se han maximizado a un punto demasiado álgido con la proclamación reciente del paro nacional cafetero, que afecta gran parte del país y que evidentemente es una acción desesperada de los cafeteros colombianos para llamar la atención sobre la crisis que aqueja el sector. ¿Culpa de quién?, personalmente les digo: el principal culpable es y ha sido la Federación nacional de cafeteros, que se ha encargado de hundir al sector cafetero intentando hacer adaptaciones disparatadas de esquemas de producción externos, especialmente el esquema brasileño de producción a gran escala. Las cosas se han agravado a tal punto que hay varias vías bloqueadas en el país, (inclusive la panamericana, la cual está bloqueada, incomunicando al país vía terrestre). Debido a que la federación le quedó grande el solucionar los problemas de fondo de la crisis, ahora si es necesario que el gobierno intervenga en este asunto (en el cual desde hace ya mucho tiempo decidió hacerse al margen, delegando funciones a la federación que no puede asumir).
A pesar de que he vivido ya por diez años en el valle del cauca (Suroccidente de Juan Pablo, o mejor dicho en su pierna derecha), tengo ascendencia cafetera, nací en tierra cafetera (para ser más precisos, en el departamento Caldas) y la familia de mi padre tiene una finca cafetera, amén de ser un adicto enfermo a la cafeína (gracias al ノラマニチミトチミtengo la digestión arruinada y el médico me retiró el café). Y a pesar de todo, le doy la razón a los cafeteros: producir café no es rentable en este momento, los insumos son caros, la venta de la arroba es a un precio muy bajo, inclusive ya se conoce que hay importaciones fuertes de café salvadoreño, costarricense y peruano para abastecer el mercado nacional. Agreguémosle en este instante el "hermoso trabajo" que ha realizado la federación arruinando a cientos de caficultores con asesorías técnicas de muy dudosa efectividad, y también la ineficacia del sistema actual de renovación de cafetales: ¿Y así el presidente Santos pretende decir que es un paro injusto?, ay divino niño… es como para llorar.
Con el paso de las horas, el paro sigue agravándose a unos niveles demasiado insospechados. Inclusive, se sospecha que varios frentes de la guerrilla infiltraron manifestaciones en Cauca, Nariño y Putumayo (en donde la situación es tal vez demasiado grave) causando disturbios de considerable magnitud, en los que ya se ha confirmado la muerte de dos personas.
A pesar de que este tema no tiene nada que ver con las negociaciones, es necesario tocarlo, debido a que es un tema que puede influir de forma decisiva en la mesa de diálogos, debido a que se puede prestar a manipulaciones de parte de la guerrilla. Las tensiones en la mesa de diálogos crecen con el paso de los días, y los pronunciamientos de Márquez han subido también de tono. Los diálogos en este momento tienen una credibilidad muy baja, cerca a ser nula, y de eso se ha encargado la misma guerrilla con su accionar delictivo, inclusive durante la famosa "tregua unilateral". No exagero en decir que el proceso está en la cuerda floja, aunque no herido de muerte. Solo queda esperar.
Y ya hay noticias sobre los Breuer: recientemente se ha conformado una comisión de acercamiento para facilitar la liberación de los dos retenidos por el ELN. La conforman Horacio Serpa y Antonio Navarro Wolff. Solo pedimos que al menos, el sufrimiento que carcome a la familia Breuer y a Ludwig sea aliviado con la liberación de Gunther y Üwe Breuer, así como la del ingeniero canadiense Jernoc Wobert.
No siendo más, disfruten de la lectura.
Capítulo 37: un trago de café demasiado amargo.
La Habana, el 26 de febrero por la mañana.
Las noticias en ese momento no parecían ser las mejores. El paro de los cafeteros parecía agravarse con el paso de los días, los disturbios en las principales vías del país afectaban la movilización de víveres perecederos, y lo peor estaba en la posición que había asumido el gobierno en decir que el paro era legal pero injustificado.
Juan estaba en el receso de la mañana. Trabajarían hasta las cuatro, y posteriormente se dirigirían cada quien a sus correspondientes alojamientos en las casas de protocolo. En este caso, la insistencia de la guerrilla estaba en el nombramiento de una comisión de alto nivel que hiciera una especie de "verificación" sobre las amplísimas extensiones de tierra que habían despojado a sangre y fuego.
Lo peor del asunto estaba también en que las cosas se podían agravar a un punto demasiad álgido con los últimos acontecimientos, el agravamiento paulatino del paro era evidente en todo sentido, y ya empezaba a sentir poco a poco los efectos de los bloqueos en el interior de su cuerpo: los persistentes entumecimientos y calambres aumentaban con el paso de las horas, y sentía también una opresión intensa en el pecho, como si le hubiesen golpeado el mismo con un garrote.
Todo seguía de acuerdo a su ritmo, las discusiones todavía giraban alrededor de las extensiones de tierra que se habían descubierto en recientes días como pertenecientes a la guerrilla. Era un contrapunteo demasiado evidente, pues las pruebas de las que disponían las autoridades colombianas eran tal vez una prueba muy obvia de las contradicciones de fondo entre el actuar de la guerrilla y sus ideales de fondo. Y la cereza perfecta del pastel había sido el paro de los caficultores que había iniciado el 25 de febrero pasado, y que ya empezaba a tomar un cariz de gravedad demasiado insospechado, los cuales empezaban a repercutir en su salud.
Interviene entonces Márquez, persiste en la conformación de una comisión internacional que haga verificación de las extensiones de terreno que se han descubierto, atacando de paso los procesos de restitución, poniéndolos en entredicho.
Aun así, Juan Pablo no puede atender pues siente el intenso dolor en sus piernas, y este mismo se hace cada vez más insoportable.
—señores, como ustedes saben en este momento tan coyuntural hemos traído una serie de nuevas proposiciones que pueden dar una solución viable para el reciente paro nacional de cafeteros.
—las únicas proposiciones que se han de tocar en esta mesa serán las cinco proposiciones básicas que se plantearon en Hůrdal. —Respondió el comisionado Jaramillo— los problemas que conciernan al paro cafetero solo deberán solucionarlos el gobierno a través de los delegados que designe, y los cafeteros a través de sus mismos delegados.
—el comisionado Jaramillo tiene la razón —dijo entonces Cuba— en esta mesa solo debemos ceñirnos a la agenda que se propuso desde octubre del año anterior.
Carlos no dijo nada más al respecto, ganándose una mirada algo incrédula y perpleja de Márquez y los demás negociadores guerrilleros. Juan intentaba contener el corrosivo dolor que lo carcomía, la opresión en el pecho que cada vez aumentaba con mayor rapidez, los dolores en su pierna derecha eran cada vez más insoportables.
Y José no se encontraba en ese momento. La silla que siempre usaba, estaba vacía.
—Con respecto a sus consideraciones con respecto a una verificación internacional de todas las extensiones de terreno de las que ustedes alegan no son propietarios, podríamos tomarla en cuenta yo y algunas otras naciones, aunque claro, con la aprobación de mi colega, el señor Juan Pablo Márquez Botero y su gobierno. —intervino Lukas de forma práctica.
—las… pruebas están, no es necesaria… una verificación internacional en estos instantes… —dijo Juan con dificultad— ¿los malditos… computadores de reyes y Jojoy no son prueba suficiente, carajo!?
Intentó levantarse, respiró hondo. Si el dolor empezaba a intensificarse, era por el sencillo hecho de que el paro se estaba agravando. Sabía que llegaría a un punto que el dolor sería insoportable.
—te ves mal Juan —exclamó Manuel— deberías descansar.
—NO!, NO ME DIGAS LO QUE TENGO QUE HACER MALDITA SEA!
Y dicho esto, la opresión en el pecho crece, y es insoportable. Se agarra del pecho, y se desploma. Empieza a gritar de dolor, una opresión intestina y visceral que lo martiriza espantosamente.
—DIOS!... ESTO ES INSOPORTABLE… —grita el colombiano de forma desgarradora, mientras se revuelca en el piso, preso del dolor.
De la Calle se acerca hacia Colombia, preocupado, a pesar de todo no sabe qué hacer en ese momento. Lukas también intenta hacer lo que puede, y pide ayuda a todos para ver cómo pueden ayudarlo.
En ese momento es imposible.
Todos optan por llamar una ambulancia. Manuel y Carlos lo acompañan, evadiendo el barullo que se había formado alrededor del transporte médico, y a la repentina gleba de periodistas que se había formado alrededor de la salida lateral del palacio de convenciones, en espera de alguna noticia.
Y la prensa se sorprendió al ver a la representación de la república de Colombia salir en camilla, gritando por el desgarrador dolor que lo carcomía en esos momento.
Las fotos y preguntas de parte de los periodistas no se hacen esperar, mientras las tres naciones intentaban abrirse paso en medio del caos.
Caracas, en ese mismo instante…
La situación era demasiado incierta en esos instantes alrededor del hospital militar. Nadie entraba, nadie salía. José iba dos veces por semana en búsqueda de noticias sobre la situación de salud de su presidente. Y ambas veces, no le permitían el paso, ni le informaban sobre la situación de Hugo Chávez.
Pero mientras caminaba por las calles de su capital, el venezolano de cabellera rojiza veía la polarización evidente y obvia entre su misma gente: los chavistas defendiendo a rajatabla el accionar del gobierno, los opositores denunciando de forma abierta los desmanes del oficialismo chavista, exigiendo el respeto a la constitucionalidad venezolana.
No era una situación para nada agradable.
Regresa a su apartamento, enciende el televisor para conocer las últimas noticias. Nada del otro mundo, salvo la crítica situación del paro cafetero que se ha desatado en casa de su hermano. La televisión estatal resalta de forma demasiado grandilocuente "la lucha revolucionaria de los pequeños agricultores contra la oligarquía", omitiendo el enorme daño que cometen en contra de su propio hermano.
Ya tiene bastantes problemas en el interior de su propio hogar para considerar intervenir en los problemas de su propio hermano. Aun así, siente un punzón extraño, un presentimiento que le preocupa por sobremanera.
Se acerca al teléfono. No sabe si llamar o no a la habana para saber cómo está, como se encuentra. Teme por lo peor, ha visto los amotinamientos, los disturbios magnificados por la verborreica propaganda populista de TELESUR.
Aun así, pasan un boletín de ultima hora: son unas imágenes exclusivas de la agencia prensa latina, en las cuales se ve como Juan es sacado del palacio de convenciones en una ambulancia, mientras en su cara se transfigura un rostro de dolor y angustia, desbordando unas lágrimas intestinas y viscerales de sufrimiento.
Sin mediar ningún tipo de palabra, toma las llaves de su casa, sale de la misma y rápidamente llama a una aerolínea, solicitando un boleto de avión sin escalas hacia Cuba.
Hospital Militar Gregorio Marañón, unas cuantas horas más tarde.
Los gritos de dolor resonaban por los pasillos del hospital. El dolor era desgarrador e insoportable, y Juan sentía en ese instante que no podía tolerarlo. Los médicos le habían inyectado morfina y calmantes para el dolor, pero el colombiano aun los sentía en carne propia.
Ya en la sala de espera, Carlos, Lukas y Manuel esperaban alguna noticia, mientras transmitían por la televisión estatal un pronunciamiento de Márquez, en el cual respaldaban el paro de los caficultores. El noruego simplemente miró de una forma evidentemente fría la comunicación del negociador en jefe de la guerrilla, considerándola tal vez demasiado inoportuna.
—señores —dice uno de los médicos— realmente no hemos podido controlar el dolor, pero hemos detectado varios trombos en la pierna que están afectando seriamente la circulación del señor Colombia.
—¿hay posibilidades de que se mejore?
—lo dudo —siguió el galeno— hasta este momento hemos intentado con varios vasodilatadores, pero en este momento es imposible.
Lukas ya sabía qué hacer en ese momento. Quizás no podría ayudar para poder arreglar el problema del paro, pero al menos intentaría aliviar en enorme sufrimiento que padecía el colombiano en esos instantes.
—chicos, necesito que me traigan una serie de ingredientes que les voy a pedir en este momento, un mortero, varias redomas de cristal…
Y dicho esto, Carlos y Manuel se dispusieron a atenderlo, para al menos ver en que pueden colaborar en ese momento.
Prontamente, el noruego se encerró en un consultorio empezando a mezclar, machacar, moler, revolver y agitar. Al final sale, entre sus manos porta una matraz de Buchner , con un líquido de tonalidad purpura.
—creo que este calmante podrá servir.
—¿Qué lleva?
—acónito, Luparia, leche de higo, ortiga, algo de mi propia sangre y un toquecito de valeriana. —respondió el noruego.
Total, ingresaron a la habitación del colombiano, en donde estaba recostado en la cama, retorciéndose de dolor, mientras se ve una terrible hinchazón en la pierna derecha del colombiano, y este por su parte no puede resistir el sufrimiento que lo corroe. La temperatura le ha subido de forma exponencial, y es notorio el sudor. Y a pesar de todo, no cesa de maldecir y quejarse en medio de procaces blasfemias, pues el dolor en ese momento se acerca a ser demasiado insoportable y visceral.
Tal vez en ese momento la escena no era lamentable, sino tal vez demasiado preocupante. Lukas quedó frío de espanto al verlo, era como verse a sí mismo hacía ya cerca de casi dos años atrás, en un estado de espantosa postración después de los sucesos de Utøya. Recordaba los días en los que el dolor era insoportable, en los que aquellas heridas sangraban de forma profusa. Había sido su experiencia más terrible y espantosa durante sus años de existencia inmortal como nación.
—Juan, tienes que beber esto —dijo el nórdico— te calmará el dolor.
—n-no quiero… no… —gimoteó el latino.
Le intentó dar a beber la infusión calmante, pero era difícil.
Intentan de nuevo, pero Juan rechaza la infusión. Sería difícil. Si José estuviera, las cosas serían más sencillas.
Desisten. Todos están preocupados, las noticias sobre el paro no son alentadoras, Carlos se ha enterado del agravamiento de la situación a través del jefe negociador del gobierno, el señor De la Calle, el cual había llegado al hospital después de haber terminado la ronda.
—por lo que me han contado, los disturbios han tomado un cariz muy grave en los departamentos del Cauca, Huila, Tolima y Risaralda —informó el jefe negociador del gobierno— y hasta el momento la situación no parece mejorar en lo más mínimo.
—si, y parece que todo esto está repercutiendo en Juan… —complementó Manuel— además como que al idiota de Márquez le gusta echarle leña al fuego, con ese pronunciamiento que ha hecho, lo único que hace es empeorar las cosas.
—sí, es verdad, eso se discutió en la ronda de este día. —prosiguió el jefe negociador del gobierno— Pero Márquez es insistente en incluir el tema del paro cafetero en las negociaciones, cuando en realidad ese asunto solo le compete a los delegados de las correspondientes partes.
José llega repentinamente. Está preocupado, se nota la desesperación en su cara.
—díganme que pasa… —exclamó entonces el venezolano.
Nadie sabía de qué forma decirle a Venezuela la preocupante situación.
—es el paro… —le informó el chileno— le dio un ataque repentino, y lo tuvimos que llevar acá a ver cómo podían ayudarlo. Luke preparó un calmante que el muy terco se ha negado a beber
—quiero verlo.
Sin mediar palabra, ingresó a la habitación. Y su corazón se derrumbó al verlo en la cama, postrado por el dolor.
—Viniste… —dijo el colombiano en medio de su espantoso sufrimiento.
Venezuela le arrebata de las manos la infusión purpura, y se la obliga a tomar a la representación de Colombia. Después de que la matraz se hubiese vaciado, Juan queda profundamente dormido. José por su parte, se retira de la habitación, intentando contener el llanto impotente que empezaba a surgir.
—José —le inquirió el cubano—¿sucede algo?
—La maldita vida no puede ser más injusta con él y conmigo…
Y dicho esto, rompe a llorar.
