Ante la invitación de Yagane todos habían dicho que sí, eso si sintiéndose bastante extrañados de la repentina propuesta de su ahora nuevo amigo. Todos menos Thoru, el cual no conocía a Yagane y llevaba días enteros faltando a la escuela, nadie aun sin saber de el. Aunque ya nadie prefería preocuparse de un simple capricho como lo era faltar a clases para Thoru. Además que todos sabían que faltaba por Konan, y que Konan iba a la escuela porque el estaba faltando.

—¿A donde iremos?—preguntaba Kitty, curiosa. No era que la rubia no confiara ni nada en Yagane, simplemente la idea de salir con el, un tipo algo anti-social y bastante reservado, se le hacía extraña. Muy extraña.

—Supongo que a un bar, o algo así.—contestaba Sasori, sin realmente comprender mucho. El tampoco comprendía la porque de repente amigable y fiestera actitud del castaño de ojos tono sangre y extravagante belleza.

—Esto es bastante extraño.—había dicho Ciel, junto a Ymr. Yuuki miro de reojo a Yagane. Nunca había hablado mucho con el ,y cuando lo hacía había una buena onda, pero también le resultaba muy incomodo y algo difícil una conversación con el.

—¿Estas seguro?—le cuestionaba el rubio al castaño, ahora mirándolo directamente a los ojos. El castaño asintió.

—Vamos, sí. Así los conoceré más.—explico Yagane, intentando ser amigable. Desde lo último que le había sucedido con Lee solo quería volverse amigo de los amigos de Lee y ser alguien más agradable, y quizás, no tan malhumorado.

—Eso suena como la propuesta pervertida del lobo a Caperucita en "La Chica De La Capa Roja"—bromeó Konan con una traviesa sonrisa. Yagane rió a lo bajo. Había logrado entablar una estrecha y sincera amistad con Mizaki Konan, la chica que por lo menos se aproximaba más a parecerse a su personalidad, aunque también le agradaban las otras chicas.

—¿Piensas solo eso? ¿Perversiones?—le cuestiono Sakura, curiosa. Konan era algo así como pervertida, y Sakura, Ymr y Kitty eran como unas aburridas santas, por lo cual Konan tenía que resignarse a que sus amigas se molestaran, incomodaran y miraran raro cuando dijera alguna cosa pervertida o demostrara su actitud pervertida.

—No lo se. Solo sonó extraño.—respondió Konan, mirándola con indiferencia.—Estas con esa actitud otra vez.

—¿Actitud?—cuestiono la peliazul, sin comprender.—¿Que actitud?

Konan se acerco al oído de ella.

—Desde que terminaste con Sasori.—le susurro despacio.—Debes superarlo.

—Yo lo he superado.—insistió la peliazul, con un tono algo triste. Sakura, aunque mayormente se mostraba bastante alegre como antes, a veces le pasaba que se colocaba triste o le llegaba una irremediable furia o enojo. Y todos comprendían que era por culpa de Sasori, incluso el peliazul de que el era el culpable.

—Nadie te creería eso.—dijo Kitty, comportándose como líder. Sakura la fulmino con la mirada.—¿Que? Es la verdad.

—A veces debería meterte una piña a la boca y dejar que te atoraras con ella, luego colocar un una cascara de plátano para que te cayeras y cavar un hoyo para que te quedaras encerrada allí.

—¿Como planeaste ese plan tan ingenioso?—le dijo Ymr con tono sarcástico y bromista.—¡Eres toda una genio!

—Lo se, lo se.—dijo Sakura, con orgullo. Había vuelto a su actitud feliz.

—Bien, bien. Los veo a las 7.—dijo Yagane, yéndose a clase. Todos asintieron y se fueron a sus distintas clases.


Siendo ya las 7 todos los amigos estaban ya reunidos con ropa casual, hablando y conversando entre sí.

—¡Vamos a la plaza!—exclamo Kitty, enérgica. Todos aceptaron y fueron a la plaza, mientras jugaban ridículos juegos como a la ronda, las escondidas y cosas tan infantiles como la silleta musical. Por un momento todos olvidaron los problemas, los amores, desamores y todo lo implicado. Eran los amigos que siempre habían sido y que siempre iban a ser, aunque solamente en el futuro probablemente se tratara de un lindo recuerdo, todos iban a ser amigos.

—Los quiero—dijo Ymr, juntándose junto a todos para un abrazo grupal. Lee por primera vez se sintió culpable de estar tan feliz junto a Yuuki y Kaito, y planear la muerte del rubio. De recordar como habían sido siempre buenos e incondicionales amigos, y como luego uno de ellos dos iba a terminar muerto.

Lee realmente ya no deseaba eso, pero realmente no sabía como volver atrás. Todos rieron y se separaron del abrazo, y siguieron jugando y conociendo más a Yagane, llegando a ver lo bueno que era. Lee se encontraba algo desconcertado, aunque al fin y al cabo, seguía siendo parte del grupo. Pero entonces sintió como alguien tocaba insistentemente su brazo.

Miro y se encontró a una persona bastante inesperada.

—Em, ¿podemos hablar, en privado?—le pregunto el, algo tímido. Lee asintió, confuso y algo paralizado.

—Kaito, ¿por que...ahora?—le pregunto Lee, sin entender.—¿Por que me buscas ahora?

—Lee...yo...—Kaito intentaba hablar, pero sinceramente el no sabía como expresarse de forma correcta.—Lo que te tengo que decir no lo puedo hacer con palabras.

—Entonces...solo hazlo.—le indico Lee, sin esperar lo siguiente que paso. Sus labios volvieron a juntarse con los del pelinegro que siempre tanto amo.—Kaito...

—Te amo, Lee.—le declaro Kaito, deseoso del amor del pelirrojo. De tenerlo otra vez a su lado. De poder sentirlo tan cerca de el, tan cálido, tan perfecto.

—También amas a Yuuki.—le recordó Lee, con una sonrisa.

—Lo se, pero...estoy a tu lado, ahora.—declaro el pelinegro, decidido.—No puedo dejar de amar a Yuuki, pero estoy junto a ti, Lee. Eso significa algo. Yuuki ahora solo es mi mejor amigo.

—Sí, que soy endemoniadamente sexy.—bromeó Lee con una provocativa sonrisa. Kaito lo beso con pasión.—Yuuki...el siempre sera una amenaza.

—Sí.

—No me importa, si necesito sacarlo del camino...lo haré.—sentenció Lee, decidido. Tomó la mano de Kaito y juntos volvieron junto a su grupo de amigos, y pasaron la mejor noche de su vida los 12, jugando, divirtiéndose como nunca y viviendo la vida como debe ser vivida. Con felicidad.