Hola, nuevamente.

Ya estamos retomando el ritmo y eso me hace feliz. Aunque tuve que reelerme, je je.

Sin más preámbulos, les dejó la continuación.


Capitulo 36

Kunda

Abrió lentamente sus ojos. Le dolía todo el cuerpo y enseguida supo por qué. Estaba recostada sobre un suelo de piedra. Se sentó sobre sus piernas y llevó su mano a su cabeza y pudo comprobar que tenía un chichón, el cual sobó con cuidado. Se incorporó como pudo y vio con desilusión que aún estaba en aquella celda. Se acercó a los barrotes y comenzó a gritar

- ¡Por favor sáquenme de aquí! ¡Ya les dije que yo no hice nada!

No hubo más respuesta que el eco de su voz.

Recostándose sobre los fríos barrotes, comenzó a sollozar

- ¿Por qué me tienen que pasar estas cosas a mí?...

Comenzó a recordar las circunstancias que la habían llevado a aquella terrible situación.

Flash Back

La primera noche esperó con ansias ver a Vegeta aparecer en la nave, pero al parecer el saiyajin tenía otros planes en mente. Al día siguiente, preparó la mesa con la esperanza de que él la acompañara a cenar, pero se desilusionó al no verlo aparecer. Comprendió que era inútil esperarlo, desistió. Al tercer día ya solo preparó algo para ella. Después de todo estaba acostumbrada a los cambios de humor del guerrero y a las desapariciones de éste cuando algo lo incomodaba.

Pasaron los días y estaba muriendo de aburrimiento. Además, había comenzado a sentir leves temblores de tierra de vez en cuando y moría de ganas de ir a averiguar si el causante de estos era Vegeta.

A veces hablaba con sus padres, pero sus consejos no la consolaban.

Extrañaba al guerrero. Por lo que pensó que lo mejor sería ir a ver dónde estaba, y aunque le hubiera dicho que no lo interrumpiera, él no tenía por qué saber que ella iría a espiarlo, de todos modos, estaría tan concentrado en sus cosas que ni la notaria. Saldría a explorar el lugar y si se encontraba casualmente con él, tal vez podría convencerlo de que la acompañara.

-Es un insensible… Ni crea que estaré esperando como una tonta… No viajé al espacio para estar encerrada sola en una nave. Si vine, fue para estar con él y ayudarle a reconocer lo que siente por mí… Maldito terco egoísta.

Aun reclamando, se aproximó a la consola de mano. Luego de verificar que el aire era respirable para humanos, se fue al cuarto del saiyajin. Agarró la armadura que quedaba y se la llevó, junto con todos los accesorios, dirigiéndose a su propia habitación. Escudriñó en sus cosas, hasta que encontró los trajes de combate que había hecho para ella "Ni loca hubiera viajado al espacio sin un traje especial, ja, ja, ja… Menos mal que mamá me envió las capsulas que tenía en mi mesita de noche…Ay, los extraño mucho, pero no había de otra forma …"

Se colocó el traje, fabricado en color lila. Se introdujo en la armadura y acomodó sus guantes y botas. Acto seguido, cogió su cabello en una coleta y agarró una cajita con unas cápsulas.

Aspiró hondo cuando descendió la compuerta de la nave y una suave brisa meció algunos mechones de su cabello. Luego descendió, pensando que en caso de que no encontrara al saiyajin, volvería antes del anochecer. Supuso que cuando le dijo que si salía sería bajo su propio riesgo se refería a que en aquel planeta debía haber bestias salvajes.

Con cuidado colocó el rastreador en su oreja y comenzó a buscar al príncipe. Lo ubicó a varios kilómetros de distancia y se desanimó un poco pensando que sería un viaje largo hasta dar con él.

Un pitido llamó su atención e inmediatamente comenzaron a aparecer unos números en su pantalla. El ki de Vegeta se estaba incrementando de forma violenta, por lo que inmediatamente apagó la opción de lectura de poder "No vaya a ser cosa de que destruya el rastreador", pensó, recordando que antes ya le había ocurrido. Avanzó unos pasos, activó una capsula y se montó sobre su motocicleta.

Estaba fascinada con el lugar. Descubrió que era muy similar a la Tierra, excepto que los colores diferían y no poseía ninguna luna. También que los días tenían una duración de 32 horas y que seguramente estaban instalados cerca de algún polo, ya que el sol apenas se escondía un par de horas.

Aceleró a fondo, perdiéndose entre la alta hierba amarilla, dejando una línea a su paso.

Anduvo varios kilómetros hasta que algo llamó su atención. Viró, decidida a investigar de que se trataba.

Detuvo el vehículo y observó con asombro que había unas ruinas, de piedras verdes, ocultas bajo un montón de plantas, evidencia de que estaban abandonadas hace mucho. Se bajó para poder avanzar hasta la construcción. Tenía curiosidad por saber qué tipo de cultura había habitado ese lugar.

Retiró un poco de hierbas de un muro y exclamó, mientras observaba algunos grabados, en los que se veían a personas en distintas actividades cotidianas.

- ¡Vaya! Al parecer eran humanoides…

Volvió a su vehículo y regresó trayendo consigo una libreta.

Comenzó a dibujar y a tomar apuntes. La escritura de las rocas era muy extraña, por lo que la copió para entretenerse descifrándola cuando regresara a la nave.

En eso estaba cuando el rastreador se activó, dándole aviso de unas presencias. Se asustó un poco, por lo que se detuvo para observar a su alrededor.

-Hola… ¿hay alguien ahí?

No hubo respuesta. Se encogió de hombros y prosiguió en su tarea.

Pero el sonido se repitió. Esta vez en la pantalla aparecieron varias flechas, indicándole que era más de un ki. Se volteó y frente a ella pudo observar un grupo de unas diez personas. Eran de piel grisácea y cabellos de distintos colores. De estatura un poco más baja que la de la muchacha, pero de contextura gruesa. Sus narices eran aguileñas y sus orejas casi inexistentes. Sus enormes ojos, eran de un amarillo intenso, con dilatadas pupilas. Su vestimenta consistía en un enterito blanco, de una textura rugosa y con algunos adornos verdes en los hombros, los brazos, piernas y pecho, a modo de protección.

-Ho-hola… - intentó parecer casual y amistosa en su saludo – Mi nombre – prosiguió, llevando una mano a su pecho, mientras les sonreía – es Bulma y vengo de la Tierra.

Los individuos se miraron entre sí, extrañados. Sin embargo, uno de ellos sacó un bastón que se convirtió en una especie de lanza y apuntándola gritó

- ¡SAIYAJIN!

Bulma al oírlo entró en pánico, se retiró el rastreador y comenzó a mover sus manos frente a ella

-NO… SOY UNA TERRÍCOLA… NO SOY SAIYAJIN

Ellos no comprendían su idioma. Solo les bastó verla vestida como los destructores de su mundo. Con un poco de temor, avanzaron aún más hacia ella, todos portando sus lanzas.

La muchacha estaba muy asustada, pero recordó que llevaba con ella el aparato que había diseñado para vengarse de Vegeta. No sabía por qué lo había traído, pero creyó que le sería de utilidad en ese momento.

Lo más rápido que pudo llevó su mano a su armadura, para sacar el pequeño dispositivo. Pero los hombres fueron más rápidos y de un certero golpe a su muñeca lograron hacer que el objeto volara por los aires.

- ¡AUCH! – exclamó – ¡IDIOTAS!… ¡LES DIGO QUE SOY UNA DEBIL HUMANA!

De nada le sirvió chillar y patalear. La inmovilizaron entre cuatro y le ataron los brazos a la espalda, comenzando a arrastrarla al interior de las ruinas.

- ¿QUÉ?... ¡NOOOOOOO! … ¡VEGETA!

Descendieron por una caverna, que parecía interminable. Después, de lo que a Bulma le parecieron horas, llegaron a lo que parecía un camino sin salida. Uno de los hombres, el más viejo, se apartó del grupo y acercándose al muro que les bloqueaba el paso, colocó su mano sobre este y pronunció unas palabras ininteligibles para la joven. Al momento la roca se sacudió y abrió paso a un corredor, por el cual prosiguieron su camino. Este estaba decorado con imágenes de lo que supuso la joven, eran como dioses con formas grotescas. Hubo uno en particular que llamó su atención, pues se repetía en varias escenas. Un monstruo, con apariencia de hombre insecto que tenía una especie de ventosa en lugar de boca y unos horripilantes ojos decorados con piedras azules. Tenía cuatro brazos, dos de ellos humanos y los otros dos como tenazas.

Avanzaron varios metros más. Los hombres continuaban en silencio y de vez en cuando, uno que otro volteaba a ver a Bulma. Ésta también permanecía en silencio, comprendiendo que de nada le serviría gritar o retorcerse, solo temía lo peor.

Suspiró, intentando pensar en cómo zafar de aquella situación, pero solo podía pensar en que Vegeta jamás se daría cuenta de lo que le estaba ocurriendo. "Estúpido saiyajin, por su culpa estoy metida en este lío… si solo se comportara como una persona normal y no me hubiera abandonado en la nave… esto no habría pasado… (sintió que las lágrimas comenzaban a asomarse) ¿A quién engaño? Moriré aquí y él ni cuenta se dará… si le importara solo un poco no me hubiera dejado tanto tiempo sola… ¿acaso me trajo a propósito?... Kami-Sama, no quiero morir…"

Detuvo sus pensamientos cuando los sujetos pararon frente a una enorme puerta, hecha de madera amarillenta. Dos de los hombres se acercaron y abrieron la pesada puerta. El grupo avanzó y Bulma abrió sus ojos sorprendida. Había toda una ciudad allí. Los habitantes se aproximaban curiosos a observar, había mujeres y niños, hombres y ancianos, todos exclamaban en su extraño idioma al verla.

Por fin llegaron a una enorme construcción, ubicada en el centro de la ciudad. La levantaron, dejándola de pie frente a la entrada, de donde salieron varios ancianos calvos, vestidos con unas túnicas grises. Uno de ellos comenzó a hablarle, con propiedad como acusándola de algo. Uno de sus custodios le dio un empujón, obligándola a arrodillarse frente a los viejos, para luego ir donde los ancianos y decirles algo en voz baja. Bulma supuso que eran detalles de cómo la habían encontrado.

Otro anciano avanzó y dijo algo más, de lo que únicamente se entendió la palabra saiyajin.

La muchedumbre comenzó a gritar y a levantar sus brazos.

-SAIYAJIN, SAIYAJIN

Bulma decidió que era momento de gritar por su vida.

-POR FAVOR NO ME HAGAN DAÑO… LES DIJE QUE SOY DE LA TIERRA… NO SOY UN SAIYAJIN

-SAIYAJIN, SAIYAJIN – gritó la multitud

- ¡NOOOOO! ¡SOY DE LA TIERRA, UNA HUMANA! ¡POR FAVOR TIENEN QUE CREERME! – gritó entre lágrimas, mientras se sacudía

El segundo anciano se aproximó a ella y observándola dijo con un acento forzado

- ¡No mientas, hembra saiyajin!

Bulma abrió sus ojos sorprendida al oír que alguien hablaba en su idioma.

-Por fin alguien que habla mi idioma… pensé que moriría aquí sin poder hacerme entender y que…

- ¡SILENCIO! – le ordenó, interrumpiendo el discurso de la muchacha – Ustedes destruyeron nuestras ciudades y mataron a nuestra gente. Somos los últimos sobrevivientes. Nosotros solíamos vivir en paz… ¡Nos engañaron para poder asesinarnos! ¡TODOS LOS SAIYAJIN MERECEN MORIR!

-SAIYAJIN, SAIYAJIN – repitió a coro nuevamente la ciudad.

La joven lo miró a los ojos, suplicante

-Ya les dije que no soy un saiyajin, créanme… por favor, déjenme ir… yo no les he hecho nada…

El sujeto dio un paso más, quedando a un paso de ella y sujetándola por la armadura la cuestionó

-Entonces dinos ¿por qué vistes como ellos?

Bulma tragó duro y quedó de una pieza. No podía decirles la verdad.

- ¿No respondes? Eso prueba que eres culpable…

-Espera… - lo interrumpió Bulma – Te lo puedo explicar…

El sujeto la miró a los ojos con desconfianza. Luego se giró a hablar con los otros ancianos. Bulma no podía entender que decían y eso la hacía desesperarse. Estaba muy asustada, pero intentaría salir de esta situación a como diera lugar.

El viejo se giró otra vez hacia ella y le dijo

-Para que veas que somos civilizados, te daremos la oportunidad de defenderte

-Se los agradezco mucho…-dijo con alivio

- ¿Y bien? – pregunto el hombre con impaciencia

Bulma miró a su alrededor antes de responder. Debía inventar una buena historia, lo suficientemente convincente para que la dejaran ir y no terminar mal.

-Señor, mi nombre es Bulma y vengo del planeta Tierra – comenzó algo dubitativa

El sujeto la observó un momento y luego comenzó a traducir para los demás.

La chica, ante esto, se animó a continuar

-Mi planeta fue atacado por los saiyajin también… fue ahí donde vi estos trajes y se me ocurrió replicarlos para mi protección. He estado viajando por el espacio buscando donde instalarme, ya que no quedó nada de mi hogar, más que devastación… Les ruego que me crean, es la verdad… Sus hombres son testigos de que no soy poderosa, ni puedo volar y si se fijan bien no tengo cola…

El sujeto terminó de traducir y dándole una última mirada volvió con el grupo.

Bulma suspiró aliviada, pensando que ya estaba salvada.

Pasaron unos minutos discutiendo hasta que por fin voltearon a verla. El hombre que hablaba el idioma de Bulma volvió a avanzar hasta ella.

- ¡MIENTES!

- ¿Qué? No, les prometo que es la verdad

El hombre la miró con despreció y agregó

-Cuando te recogieron llamaste a un tal Vegeta… Es el mismo nombre del saiyajin que nos engañó para saber dónde estaban nuestras ciudades, contándonos una historia muy similar a la tuya. Lo acogimos entre nosotros, se hizo pasar por una buena persona… Sin embargo, a pesar de lo bien que lo tratamos, nos traicionó y luego vinieron más como él a atacarnos… ¿Dónde está? ¡CONTESTA!

Bulma abrió sus ojos como platos.

-¿? … NO, DEBE SER UN ERROR… YO NUNCA DIJE ESO…

- ¡SILENCIO! – gritó el hombre

Bulma obedeció, mientras sentía que las lágrimas nuevamente comenzaban a aparecer. Pero lo que más le dolía, fue saber que Vegeta había urdido esa clase de trampa para poder conquistar el planeta aquel. Pensó que quizás con ella también estaba haciendo lo mismo, que tal vez él era un maestro de las mentiras. Y que era capaz de cualquier cosa por conseguir sus objetivos. Intentó negar el sentimiento de traición, pero las evidencias eran arrolladoras. Dejó de prestar un momento atención a su alrededor.

-No hay más que explicar… - continuó el hombre - Eres una de ellos e irás a los calabozos hasta que el Kunda se haga cargo de ti… - comentó, dirigiéndose a los habitantes, que miraban con expectación la escena.

-KUNDA, KUNDA – exclamó la cuidad completa

-NOOOOOO…- volvió a gritar ella, con lágrimas en los ojos. Luego se detuvo de golpe y miró al sujeto – Oye… ¿Qué es Kunda?

El hombre se volteó a mirarla y le explicó

-Kunda es nuestro dios.

Bulma lo miró con curiosidad primero, pero al instante recordó las grotescas imágenes del corredor. No alcanzó a reaccionar, cuando los custodios la tomaron y comenzaron a arrastrarla nuevamente. Ingresaron al edificio y bajaron por una escalera lateral, hasta llegar a una especie de caverna con olor a humedad y a podrido. Allí se podían apreciar varias celdas vacías a lo largo de las paredes y en el centro había una especie de altar, del que no logró ver mucho por la posición en que la llevaban.

Un hombre se adelantó y abrió una de las rejas. El grupo avanzó y la lanzaron dentro con brusquedad. Bulma chillaba y pataleaba, aun maniatada. El mismo sujeto que abrió la celda se aproximó y comenzó a revisarla.

-NO ME TOQUES, MALDITO.

El sujeto la ignoró completamente, quitándole la caja de capsulas y la pequeña libreta.

-OYE, SI SALGO DE ESTA LE DIRÉ PERSONALMENTE A VEGETA QUE LOS MATE – gritó ella, ya no importándole nada.

El hombre la ignoró y se dispuso a desatarla. Pero otro sujeto le dijo algo y detuvo su labor dejándola tal cual.

- ¿QUÉ? ¿NO ME VAN A DESATAR?

Los sujetos hicieron un ruido que parecía ser una carcajada y se retiraron, cerrando la reja tras ellos.

Bulma como pudo se sentó y observó a su alrededor. Era un lugar húmedo y frío, una caverna sin tratar. Las paredes eran del mismo color que las ruinas que había visto.

Suspiró y miró los barrotes. Estaban algo oxidados y no pudo reconocer de qué clase de metal estaban hechos. En eso estaba cuando algo llamó su atención. En uno de los bordes de dichos barrotes había una marca, como de un golpe con algún otro material. Se le ocurrió acercarse para ver si podía cortar con eso las ataduras.

Se levantó con mucha dificultad y comenzó a intentar alcanzarlo con sus brazos aun en la espalda. Tuvo que hacer un gran esfuerzo, ya que al parecer las cuerdas eran bastantes resistentes.

Luego de unas horas de trabajo logró por fin liberarse. Se sobó los brazos y comenzó a recorrer el calabozo. Revisó uno a uno los barrotes por si estaba alguno suelto, también las paredes por si había algún agujero por donde escapar. Nada. Se sintió derrotada y se sentó a pensar en una solución.

En eso estaba cuando apareció un guardia, supuso. No se molestó en disimular que estaba libre.

El hombre abrió la celda y arrojó dentro un trozo de lo que parecía ser carne cruda. Bulma se asqueó y su rostro se tiño de azul, cuando pudo descifrar que se trataba de una clase de roedor despellejado.

-HUACALA, ¿Cómo SE TE OCURRE QUE ME VOY A COMER ESO? – pudo al fin gritar

El hombre la miró de arriba abajo, se encogió de hombros y sin decir más, cogió de la cola lo que le había traído. Acto seguido, se asomó a la salida, gritó algo y apareció otro guardia, que traía en su mano una de esas extrañas armas. Intercambiaron palabras entre ellos. Luego el del arma se acercó con algo de temor a la muchacha y al ver que esta no intentaba atacarlo, le dio un certero golpe en la cabeza con el mango de su lanza.

Cayó de bruces al suelo e intentando no desmayarse vio a los hombres cerrar la celda y los pies de estos alejarse, mientras su vista se nublaba volviéndose después todo oscuro.

Fin Flash Back

Soltó los barrotes y se giró, recostándose en ellos. Tenía hambre y frío.

En una esquina de su celda le habían dejado dos vasijas, una con agua y una más pequeña vacía. Suspiró sabiendo perfectamente para qué eran cada uno, y bajó su cabeza. Empezó a lloriquear y a lamentarse de su mala fortuna. Pero lo que más le dolía fue haber descubierto la clase de individuo que era su amado. Lo sabía de antes, lo había visto con sus propios ojos en la Tierra, pero la idea del engaño de Vegeta a esas personas no salía de su mente. Recostó su cabeza en sus brazos y susurro

-No puede ser cierto… eso fue antes. Ahora es distinto, sé que me quiere… Pero no puedo evitar pensar en que todo lo hace por solo beneficiarse… Supongo que eso ya no tiene importancia. Nunca sabré la verdad pues moriré en este lejano planeta…

Suspiró y dejó que las lágrimas continuaran fluyendo de sus ojos. En el fondo le dolía demasiado saber las cosas que hizo Vegeta en el pasado y pensar en que a ella probablemente la estaba solamente utilizando, le partía el alma. Extrañamente recordó aquel sueño en que Vegeta le solicitaba que le entregara la esfera. Llegó a la conclusión de que era un sueño premonitorio, un aviso de que Vegeta solo se le acercaría para hacerla sufrir y conseguir lo que deseaba.

Suspiró con pesar.

-Que tonta soy… - concluyó con lágrimas en sus ojos - Tal vez a él ni le importa lo que ocurra conmigo…

Un sonido la hizo voltear hacia la puerta

Era uno de los guardias, que golpeaba los barrotes y que con mucho esfuerzo logró articular, con una voz rasposa

- Saiyajin, Kunda espera.

Mientras tanto en la superficie del planeta, Vegeta volaba hacia el último lugar donde había sentido el ki de la muchacha. Hecho una furia porque ella había desobedecido sus órdenes. Sin embargo, tenía aun ese extraño dolor en su pecho. Era molesto, como un peso que no lo dejaba respirar. Y lo que más lo inquietaba era que ya no podía sentir la presencia de ella.

Llegó hasta las ruinas y descendió. Sus ojos se abrieron al ver el vehículo abandonado. Cruzó un momento sus brazos con soberbia.

-Como lo supuse… debe estar atrapada en el interior… Malditas rocas que no permiten sentir el ki…

Se acercó a la estructura y notó un par de objetos en el suelo.

Se agachó a recoger el rastreador.

-Ja, ja, ja… Sabía que lo traería – comentó, mientras lo sostenía en su mano.

Avanzó unos pasos más y vio otro objeto metálico que llamó su atención. Lo tomó con cuidado y comenzó a examinarlo con extrañeza. Era como una varilla, de unos quince centímetros, con un pequeño botón en un costado.

Lo apretó para encapsularlo y cuál fue su sorpresa al sentir una descarga tal que lo lanzó al suelo por unos momentos.

- ¿Qué demonios? – exclamó cuando pudo ponerse de pie "¿Cómo mierda pudo construir un aparato como este?… Argg, supongo que lo tenía reservado para mí, como venganza… Antes de venir a las ruinas estaba yendo camino hacia donde yo estaba…"

Volvió a coger el pequeño aparto y lo destruyó en su mano. Acto seguido tomó el rastreador y lo colocó en su oreja.

-Hace mucho que no usaba uno de estos… debería destruirlo, pero puede que me sea de utilidad en estos momentos…

Se internó en las ruinas y comenzó a avanzar por el túnel

-Hmp… - hizo, cuando el aparato comenzó a pitear débilmente. Se concentró para verificar lo que el aparato le indicaba. Hizo una mueca de fastidio

– Malditos imbéciles… no eliminaron a todos los kedrats… seguramente no pudieron entrar, hmn… Pero eso significa que Bulma se encontró con ellos… Debe estar muy tranquila platicando con ellos y yo esperando que aparezca… ¡Argg, esa hembra malcriada!… - frunció con intensidad – Un momento… hay algo que no me cuadra en todo este asunto… ¿por qué dejaría su arma y el rastreador atrás?

Siguió su camino, mientras pensaba, aumentando la velocidad de sus pasos. Aún no podía percibir el ki de Bulma. Pero debía estar con vida "Tiene que estarlo…".

Se encontró con aquel muro. Frunció y avanzó hasta éste. Luego, apoyando su mano en la roca, pronunció unas palabras en kedrat. La roca se remeció, cediéndole el paso.

-Estos idiotas, por lo visto no aprendieron la lección… - dijo con arrogancia.

Emprendió el vuelo por la caverna hasta llegar a la ciudad, sorprendiéndose por la cantidad de habitantes que aún había allí. Pero no había tiempo para destruir, debía encontrar a su compañera y llevarla de regreso a la nave. Ya vería después que hacer con los nativos y que castigo le daría a ella por su desobediencia.

El conocía a la perfección esa cultura, pues convivió con ellos unos días, para poder saber el paradero de los otros asentamientos. Lo que le molestó es que ahora esos recuerdos no eran gratos, cierto pesar lo comenzó a invadir. Les echó la culpa a los estúpidos sentimientos terrícolas que se habían arraigado en su ser.

Los habitantes vieron con pavor pasar la estela de luz que se dirigía su templo.

El saiyajin ingresó a la enorme estructura y al instante unos guardias intentaron detenerlo. Vegeta se sonrió y expulsando algo de energía los hizo volar hacia los muros, dejándolos inconscientes.

Iba a continuar su camino por el pasillo. Sin embargo, oyó una voz tras él. Volteó y se encontró con un anciano, muy familiar para él.

-Volviste… ¿He de suponer que a terminar lo que dejaste pendiente, Vegeta?

Se giró completamente, para encarar al hombre y sonriendo de lado le dijo

-Vaya, vaya… así que continúas con vida Rhigs… Supuse que mis hombres te habían asesinado a ti y toda tu patética raza…

-Te equivocas. Esos tontos saiyajin no eran tan inteligentes como nosotros…

Vegeta se carcajeó de lo lindo, antes de responder

-Sigues igual de gracioso… - luego volvió a fruncir, para agregar – No tengo tiempo para tus ridiculeces ¡Dime de una maldita vez dónde está la mujer!

El hombre lo miró con atención unos segundos, antes de exclamar

- ¡Oh!… ¿es…es tu compañera?

Vegeta al mismo tiempo se sonrojó y se enfureció

-NO DIGAS ESTUPIDECES, VIEJO IMBÉCIL

El hombre se sobresaltó ante el tono usado por el guerrero. Sin embargo, se animó a decir

-Es demasiado tarde… Obtendremos nuestra venganza contra ti… En este mismo instante Kunda está siendo invocado para recibirla en sacrificio y no hay nada que puedas hacer, Vegeta.

El príncipe al oír esto se congeló. Recordó las historias que el viejo le había relatado en su visita anterior, sobre aquella bestia que vivía en las profundidades del planeta. Aunque en ese momento pensó que solo eran inventos de aquella cultura primitiva. Pero había tal seguridad en las palabras del anciano que repentinamente sintió un nudo en su estómago y su boca se secó por completo.

El anciano al ver la confusión del saiyajin agregó

-A menos que quieras intercambiar de lugar con ella…

El príncipe pestañeo un par de veces, retomando el control. Luego se sonrió, y con algo de burla, preguntó

- ¿Intentas chantajearme, desgraciado?

El hombre no alcanzó a responder y fue tomado por uno de sus brazos, siendo arrastrado hasta uno de los muros y elevado un par de centímetros del suelo.

-Argg… maldito. Me llevarás en este mismo instante con ella o de lo contrario tú y los tuyos tendrán una muerte lenta y dolorosa...

-Aunque me asesines no podrás salvarla. Solo yo podría…

Vegeta, sin soltar su agarre, barajó sus opciones.

Luego de unos segundos dejó caer al anciano y dijo, mientras cerraba sus ojos.

-De acuerdo, Rhigs… Llévame con Kunda.

Mientras tanto, en la Corporación Capsula.

Bunny acomodaba una cantidad de pastelillos enorme en un carrito, junto con dos teteras de té y algunas tazas. Su marido la miraba hacer, sentado a la mesa. Ella se detuvo un momento para comentarle a su esposo

- Hace mucho que no hablo con nuestra hija… ¿Cómo crees que estén?

Su marido la miró a los ojos y respondió

-Espero que bien… aunque ¿te digo algo? Ahora viéndolo en retrospectiva, Vegeta estaba muy extraño cuando volvió…

Su mujer lo miró con inquietud

- ¿Y eso por qué?

El señor Briefs se estiró en su lugar, antes de continuar

-Bueno, es que cuando Vegeta regresó, le comenté que la cámara de gravedad estaba lista y supuse que por el estado de Bulma, preferiría entrenar aquí… pero extrañamente me dijo que no la utilizaría por ahora, que prefería entrenar lejos del planeta… Supongo que necesitaba a toda costa practicar en secreto, es decir sin que los demás notaran sus avances…

Bunny se sonrió.

-Ay, amor. Para mí es muy simple. Vegeta quería estar a solas con nuestra hija… Supongo que le debía dar una vergüenza enorme pedirnos que les dejáramos la casa para ellos… ¡Es tan adorable!... Además, que más romántico que engendrar a nuestro nieto en el espacio, rodeados de las estrellas…

Su marido la miró con curiosidad.

-Supongo que tienes razón…

-Pues claro… ¿Sabes? deberíamos pedirles la nave prestada cuando vuelvan… - le dijo guiñándole un ojo - Bueno. Me estoy tardando demasiado ¿Nos acompañas?

-Claro que sí, querida… hace mucho que no veíamos a Gokú – hizo un alto para ponerse de pie - ¿Cómo lograste convencerlo de que viniera?

La señora se sonrió.

-Ja, ja, ja…. Gokú nunca rechazaría una invitación a comer… Lo difícil no fue convencerlo a él sino a su mujer para que le diera permiso…

-¿Como le hiciste?

La señora le cerró un ojo y le respondió

-Muy fácil... Le dije que enviara a Gokú a recoger unos libros que teníamos para Gohan, ya que noté cuando vino, que lo más importante para ella son los estudios de ese pequeño. Además Bulma me había comentado que los perdió todos cuando viajaron...

El anciano sonrió ante lo dicho por su mujer

-¡No cabe duda de que siempre te sales con la tuya!

Ambos rieron y salieron de la cocina con rumbo a la sala, a atender a su invitado.

El carcelero comenzó a arrastrarla por el suelo. Ella intentaba resistirse, pero lo único que consiguió fue que el guardia la jalara con más brusquedad. En un último intento se puso de pie e intentó empujarlo con todas sus fuerzas para huir, sin embargo, un certero golpe a su rostro la hizo desistir. Su labio comenzó a sangrar y prefirió obedecer. Esperaría otra oportunidad para hacer un nuevo intento de escape. Las personas que estaba reunidas allí le habían comenzado a lanzar piedras. Pensó que en cualquier momento moriría.

Llegaron frente al altar, que había visto anteriormente. Entre dos guardias, ataron sus pies y manos, obligándola a recostarse sobre una superficie hecha del mismo material que las cavernas y las ruinas.

-MALDITOS BRUTOS, ESPERO QUE SE PUDRAN EN EL INFIERNO - gritó. Pero nuevamente fue golpeada. Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, haciendo un camino desde sus ojos hasta su sien. Fue entonces que cerró sus ojos resignada, perdiendo el deseo de defenderse, suponiendo ya no tenía más opciones que esperar y morir.

De fondo escuchaba a los ancianos hablar a coro, como recitando algo. Comenzó a sentir un olor dulzón en el ambiente, como a algodón de azúcar. La caverna se remeció por completo, alertándola de que algo enorme saldría a devorarla. No pudo contener un grito de horror imaginando lo que ocurriría a continuación.

En ese instante la muchedumbre exclamó con algarabía. Al parecer algo estaba pasando, que los excitaba demasiado.

Intentó girarse para poder observar, pero sus ataduras se lo impedían. Luego oyó al anciano que hablaba su idioma decir algo. Pasaron unos segundos de aterrador silencio hasta que sin previo aviso unos hombres se aproximaron, la voltearon y comenzaron a desatarla. Ella no comprendía que ocurría, hasta que pudo sentarse.

-¡¿?!

Una emoción y una alegría enormes la invadieron. Él sí había venido por ella.

- ¡Vegeta! – logró decir.

Pero sus ánimos decayeron cuando un guardia la retiró de un jalón de la piedra, mientras otro grupo de hombres colocaba al saiyajin en el lugar que antes ocupo ella. "Imposible… No puede ser que hayan reducido a Vegeta… él es demasiado fuerte para ellos"

No comprendiendo aun, fue jalada por otro guardia, que la tomó por los brazos, mientras el anciano que hablaba su idioma, comenzaba a dar lo que parecían ser instrucciones.

-NO LO MATEN, POR FAVOOOOR – gritó Bulma, mientras intentaba soltarse del agarre.

Vegeta ni la miró, estaba con los ojos cerrados en concentración y solo se dejaba hacer. Eso descolocó por completo a Bulma, que observaba atónita la situación. Pero la verdad era que el saiyajin estaba a la vez tan conforme de verla con vida, pero a la vez tan molesto con ella, que si la miraba podía sin quererlo empeorar las cosas, así que decidió ignorarla.

La caverna volvió a remecerse y los ancianos reanudaron sus oraciones. Sin previo aviso, se detuvieron y un último sacudón fue seguido de una garra que apreció de un agujero que estaba frente al altar. A esta la siguió otra y luego salió por completo la criatura, dando enormes alaridos, muy a tono con el ser que se asomaba del mismo averno.

Era Kunda, el horripilante ente que estaba gravado en las paredes de la entrada.

La multitud comenzó a gritar extasiada, a la espera del sacrificio. La bestia tomó al guerrero entre el par superior manos. Bulma estaba aún atónita, cuando escuchó gritar a Vegeta

-¡CIERRA LOS OJOS!

Ella esta vez obedeció sin siquiera pensarlo. No estaba segura de lo que planeaba el saiyajin, pero estaba segura que lo que le decía era por su propia protección.

La caverna volvió a remecerse, pero esta vez no era por la criatura. Vegeta se había transformado en súper saiyajin y con una velocidad asombrosa, zafó de las garras de Kunda, al mismo tiempo que le enviaba una enorme bola de energía, convirtiéndolo en polvo. Volteó agitado hacia la multitud, no tenía mucho tiempo. Así que les envió la sonrisa más maligna que tenía, mientras comenzaba a formar una nueva bola de energía entre sus manos. Todos quedaron boquiabiertos por un momento, sin embargo, al siguiente ya estaban corriendo por sus vidas, incluyendo el guardia que custodiaba a la muchacha.

Está cayó al suelo, pero no abrió sus ojos para nada. Como Vegeta no decía nada más, pensó por un momento que la bestia lo había devorado y que se había salido del control de los ancianos, destruyendo todo a su paso. No había escapatoria y por lo mismo tenía un miedo atroz de ver lo que ocurría.

Vegeta aún mantenía en su mano la esfera, esperando que los habitantes huyeran. Luego la lanzó al orificio de donde había salido aquel ser, cerrándolo. Pero algo salió mal y el lugar completo comenzó a remecerse nuevamente, cayendo rocas desde el techo. Sin esperar más, deshizo su transformación y volando hacía la muchacha la cogió por las axilas, comenzando su escape de aquel lugar que amenazaba con derrumbarse.

-AAAAHHHHH – gritó ella, al tiempo que abría sus ojos y volteaba a ver con alivio que era Vegeta el que la había levantado por los aires.

Alcanzaron a llegar a tiempo al templo cuando un enorme ruido les avisó que ya no existían los calabozos, ni mucho menos una entrada a ese infernal altar. El saiyajin se sentía ansioso por bajar a la humana y destruir la ciudad, pero de hacerlo sabía que ella no se lo perdonaría. Se maldijo internamente por lo blando que se había vuelto, pero se consoló pensando en el castigo que recibiría la humana al llegar a la nave.

Cuando alcanzaron el muro, Vegeta la soltó e iba a hacer volar la roca que les cerraba el paso. Sin embargo, prefirió vanagloriarse de sus conocimientos y apoyando su mano en la piedra habló en el idioma kedrat. Mientras la roca se remecía y les cedía el paso, la mandíbula de Bulma descendió un poco. Pero se recompuso enseguida, recordando lo que el anciano le había comentado con respecto a la visita del saiyajin. Por una parte, estaba agradecida de que él la rescatara, pero algo dentro de ella le impedía volver a ver a Vegeta como antes.

"…Lo acogimos entre nosotros, se hizo pasar por una buena persona…"

No podía sacar al viejo de su mente "¿será lo mismo conmigo?" Supuso que ella era muy valiosa para él, pero quizás no por los motivos que ella creía. Las palabras del anciano habían sembrado en ella la duda.

-Salgamos de este lugar de una maldita vez – ordenó el príncipe comenzando a avanzar.

Sin embargo, la joven no se movió de su sitio. Estaba meditando.

- ¿A qué mierda esperas? – gruñó el saiyajin.

Bulma le dio una mirada vacía, aún ida en sus pensamientos. Se acercó a él, levantando sus brazos para que la volviera a cargar. Le dolía el cuerpo y no deseaba correr en ese instante. Necesitaba pensar.

Vegeta solo giró sus ojos y tomándola por la cintura volvió a elevarse. La notó extraña, por lo que hizo un intento por hacerla reaccionar.

- ¿Por qué diablos vistes como saiyajin?

Bulma no respondió. Aun no sabía cómo encarar al guerrero.

Al fin alcanzaron la salida de las ruinas. Una vez fuera, Vegeta la soltó suavemente sobre la grava.

- ¿Y bien? – volvió a preguntar, mientras levantaba una ceja y se cruzaba de brazos.

Bulma pestañeó un par de veces, recobrando su actitud de siempre.

- ¿Acaso te molesta?... Necesitaba estar protegida… - respondió mientras avanzaba unos pasos, sobrepasando al guerrero - … por eso los hice… No es justo que solo tú tengas una ventaja en el espacio. Además, me dejaste sola ¿Creíste que te esperaría como una tonta dentro de la nave? Estaba aburrida, yo quería conocer el planeta donde estaba y …

Mientras oía los descargos de Bulma, una vena comenzó a aparecer en la sien de Vegeta. Estaba realmente molesto y la actitud de ella no ayudaba. Pensó que era tiempo de ponerla en su lugar

- ¡ERES UNA ESTÚPIDA! … ¡Vestirte así, a sabiendas de que nos odian en todo el Universo!

- ¿Cómo iba a saber que había gente en este planeta? – replicó ella, volteando un poco su cabeza para verlo a los ojos

-Argg… ¡DEBIAN ESTAR TODOS MUERTOS! – gritó Vegeta, mientras apretaba uno de sus puños frente a su rostro y apartaba un momento su rostro de la vista de ella.

Bulma no soportó más. Esas palabras fueron como un balde de agua fría.

Se volteó a verlo completamente y las palabras salieron de su adolorida boca casi sin pensarlas

-ERES UN MONSTRUO… TU ANIQUILASTE A TODA LA POBLACION DE ESTE PLANETA Y ELLOS NO TE HABÍAN HECHO NINGUN DAÑO… LOS ENGAÑASTE PARA PODER LOGRAR TU ESTUPIDA MISION DE CONQUISTA…

Vegeta sintió como que algo se rompió dentro de él. Acudió a su orgullo de guerrero, como su infalible aliado y respondió, volviendo a verla, con una sonrisa ladina en los labios

- ¿Y eso qué? ¿Crees que acaso me importa?

-CLARO QUE DEBERÍA IMPORTARTE – gritó medio histérica – SON VIDAS VEGETA, VIDAS COMO LA TUYA O LA MIA… ¿QUÉ ACASO NO TE REMUERDE LA CONSCIENCIA? ¿SIQUIERA TIENES UNA? POR QUE EN ESTE MOMENTO LO DUDO MUCHO

La vena finalmente creció, cubriendo gran parte de la sien del saiyajin

- ¡TSK! – siseó - ¡Entiéndelo de una maldita vez! Las cosas no son tan simples fuera de tu cajita de terciopelo, humana escandalosa… No puedes ir y venir sin que alguien no intente aplastarte… - hizo una pausa y bajó su tono de voz para agregar – Ya deberías tenerlo más que asimilado… En el Universo domina la ley del más fuerte y si no puedes vivir con eso, entonces jódete Bulma, porque tu ingenuidad no tiene cabida en este sitio.

Eso fue el detonante para la joven. Sus ojos se hicieron agua y comenzó a correr hacia su motocicleta.

Vegeta bufó. Siguió con su vista a Bulma, no entendiendo muy bien lo que había pasado. Apretó sus puños a ambos lados de su cuerpo. Se suponía que él la castigaría y resultaba ser que él era el que se sentía regañado. Además, odiaba lo que estaba sintiendo: remordimiento.

Supuso que había llegado demasiado lejos con sus declaraciones, tomado en cuenta por lo que había pasado ella. Intentó no hacer nada, pero pensó que de dejar las cosas así, no podría concretar su asunto con la mujer y eso definitivamente no le gustó.

Sin esperar un segundo más, voló hasta alcanzar a la muchacha y la agarró por la cintura. Bulma aun con sus ojos llenos de lágrimas, quedó de una pieza, paralizada a solo un par de pasos de su vehículo.

-Vegeta… No más, por favor… Déjame ir… - logró decir

Esa frase fue aun peor que las anteriores palabras. Ahora fue su pecho el que fue atravesado por una especie de energía invisible y poderosa que lo hizo estremecerse de dolor. El tiempo pareció detenerse por unos momentos. La brisa sopló suavemente, remeciendo la amarilla hierba. Los corazones de ambos latían con fuerza, debido a la lucha interna que sostenían.

Ella, necesitaba perdonarlo. Él, no sabía qué hacer, tenía miedo y no se podía explicar por qué. Optó por cambiar de estrategia. Las cosas debían volver a la normalidad.

-Bulma… ¿Por qué saliste sin mi permiso? … - dijo de manera suave, casi imperceptible

Ella iba a abrir la boca para reclamarle, pero no salió ni un sonido. Respiró hondo, intentando ordenar sus ideas. Lo amaba, pero enterarse de parte de su pasado de boca de una de las víctimas no le había gustado para nada, ya que le recordaba la clase de ser con quién estaba tratando.

Prefirió callar, pues no tenía nada más que decirle por ahora.

Vegeta, al no obtener respuesta por parte de ella pensó que lo rechazaría para siempre, perdiendo todo lo que tenía con ella. Sabía que ella estaba enojada por que creía que había asesinado a esos seres, pero su orgullo le impedía de momento decirle la verdad. Para ser franco él no había matado a ningún kedrat en esa incursión, ni en la anterior. En esos días ya estaba planeando la forma de derrotar a Freezer y encontró que era un ejercicio inútil matar a esos seres tan débiles que no le ofrecían ningún reto. Por lo que les había ordenado a los otros saiyajins que hicieran el trabajo sucio, mientras él se quedaba en el campamento, meditando sobre su dilema.

Ella no tenía por qué saberlo, sabía la vida que había llevado y si ahora era su compañera, era por que se suponía que lo había aceptado tal como era.

Su boca se apretó en una mueca de frustración. Una parte de su ser decía "No la necesitas, es solo una débil hembra que solo te causa problemas", mientras otra le reclamaba "No podrás estar sin ella sin pudrirte por dentro…"

Por primera vez en su vida decidió hacerle caso a la segunda voz. Rodeó con sus brazos la cintura de ella, apretándola suavemente contra su pecho y susurró, mientras recostaba su cabeza en el hombro de ella

- Bulma… no me juzgues…

La muchacha abrió sus ojos sorprendida, mientras una especie de descarga la recorría por dentro. Vegeta estaba suplicando. Eso demostraba lo cambiado que estaba "¿pero si es una trampa?" Su cabeza era un completo torbellino de ideas. No sabía si había matado gente allí dentro, por lo que decidió concederle el beneficio de la duda. De todos modos, ella misma había amenazado con pedirle a Vegeta que los matara por lo que le habían hecho. Pero por otra parte lo que le habían hecho había sido finalmente por la culpa de Vegeta. Estaba realmente confundida.

-Yo…yo debo pensarlo… - dijo finalmente, con un dejo de frialdad en sus palabras.

Vegeta sintió un nudo en su estómago. Eso no era lo que quería. Él quería que lo besara y volvieran a ser como en ese tiempo en que todo estaba bien. Cuando él no se recriminaba por demostrarle afecto abiertamente. Extrañaba ese tiempo de paz junto a ella. Se odio por abandonarla tanto tiempo en la nave. Se odio por no traerla a su primera incursión. Pero como siempre su instinto saiyajin y su orgullo de príncipe afloraron nuevamente, gritándole que no hubiera alcanzado su transformación al tenerla consigo en ese momento. Además, ya había actuado demasiado patético al intentar retenerla. La soltó, mientras le decía

-Haz como quieras, mujer…

Ella no respondió. Al verse libre del abrazo, secó sus lágrimas con su manga y subió a su motocicleta. La encendió y aceleró a fondo, dando un brusco giro que dejó a Vegeta llenó de polvo y algunas hierbas.

-Hmp… - hizo él, mientras la veía alejarse.

...

Continuará


Gracias por la bienvenida a todos. En serio que me alegran sus comentarios.

Espero poder comenzar a actualizar más seguido y no decepcionarlos con la historia. Realmente no quería que fuera taaaan larga, pero se me van ocurriendo cosas en el camino y no puedo evitar escribirlas.

Saludos a karoSwan, Lismary90, lula04gonzalez, meisuke2016, BrieffsUchiha, Paulina Blaco, Lul-locanime, ella123456, Menta, invitado desconocido, Eygluna (Cerré mi face, pues utilizo más twitter, sorry) y AnnigonzalezB.

Un besote y nos leemos en el próximo capítulo.