Hellow!

14 de Febrero


Por los Años III: la agencia extra de los Black

Prometidos de nuevo

A media tarde, los dos salieron de allí cogidos de la mano. Nadie más les había interrumpido y habían ido a ver el espectáculo sin ningún otro problema. Incluso se habían quedado a comer en el lugar sin que nadie más les reconociera.

— ¿Puedo pedirte algo? —Asami lo miró intrigada.

— Dime —Mamoru la miró sonriendo.

— ¿Puedes llevarme a ese lugar por unos momentos? —preguntó ella.

— ¿Ese lugar? —Mamoru la miró sin entenderla.

— Sí, ya sabes —Asami levantó el pequeño tigre que tenía en su mano libre y lo movió como si el muñeco hablara—. Nuestro refugio.

— Ah, en tu casa —Mamoru se rió viendo que se comportaba tan infantil.

— Nuestra, por lo que me han dicho —rectificó Asami. Mamoru levantó el pequeño perro que lo llevaba él para que Asami no tuviera que ir incómoda e hizo lo mismo.

— Un detalle sin importancia —dijo él. Asami se rió con fuerza—. ¿Te hace gracia? —Mamoru sonrió al verla. Ella afirmó con la cabeza—. ¿Quieres que te lleve a…? ¿Cómo lo has dicho? —Mamoru siguió moviendo el perro como si estuviera hablando—. ¿Nuestro refugio? —ella afirmó con la cabeza de nuevo—. Está bien. Seguidme princesa —Mamoru puso su brazo alargado haciendo como si el perro los guiara.

— No me llames así —se quejó ella notando sus mejillas arder.

— Te llamo como quiero —respondió Mamoru mientras movía el perro hacia la chica y hacía que chocara contra la nariz de Asami—. Princesa.

Asami miró de reojo a Mamoru que se estaba riendo en silencio de su cara.

— Haz lo que quieras.

Siguieron el camino siendo guiados por Mamoru. Asami se reía mientras veía al chico seguirle el juego y siguiendo moviendo el perro y hablando como si fuera él.

— Vamos, pasa —Mamoru abrió la puerta y dejó entrar primero a la chica.

Ella pasó con lentitud aguantando en sus manos los dos muñecos. Tenía miedo de volver a desmayarse por culpa de algún recuerdo absurdo y sin sentido. Observó con atención cada detalle mientas escuchaba detrás de ella que Mamoru cerraba la puerta. Asami avanzó hacia el comedor sin ni siquiera prender ninguna luz. Mamoru dejó las llaves encima del mueble que había en la entrada y se apresuró a seguir a la chica en la oscuridad. En cuanto entró al comedor dejó que ella se moviera lentamente a su aire. Se apoyó en el umbral de la puerta con los brazos cruzados y la observó. Ella se acercó al mueble con libros y fotografías de ellos dos.

— Está todo igual a ese día, excepto por la fotografía rota —susurró el chico—. Arreglé el marco y la devolví a su sitio.

— No importa —Asami no se atrevió a hablar—. Igualmente no recuerdo nada.

Mamoru bajó la mirada lentamente mientras ella le daba la espalda.

— Incluso la habitación está igual a cuando te despertaste ese día —se notó la garganta seca, así que se la aclaró un poco. La chica se fue directa a la habitación. Por supuesto no sabía cómo, ya que ni siquiera recordaba en donde era, pero su cuerpo la llevó allí instintivamente. Mamoru la siguió. La chica cogió un jersey que había encima de la cama y lo observó sin reconocerlo—. Es mío.

— ¿Por qué…?

— A mi no me preguntes, estuve tres días fuera —Mamoru se encogió de hombros—. Creo que ya te lo había dicho.

Ella afirmó con la cabeza mientras se acercaba el jersey a su pecho. Por alguna razón se sentía triste con esa prenda. Olía al chico, aún cuando tanto tiempo había pasado sin nadie allí.

— ¿Puedo pedirte un favor, Hattori? —Asami salió de la habitación mientras él se apartaba para dejarla pasar. El chico sonrió tristemente, puesto que seguían con el juego de los apellidos, finalmente. Parecía que Asami no se atreviera a pronunciar tan solo su nombre. Miró al chico que afirmó con la cabeza, en seguida ella le dio la espalda y el chico se acercó. Parecía nerviosa—. Cada vez que he recuperado algún recuerdo, estaba en algún sitio contigo y tú habías sido impulsivo —Mamoru sabía a dónde iban esas palabras. Pero no era algo para pedirle en un momento en que necesitaba tanto de sus abrazos—. ¿Podrías volver a ser impulsivo una ve…? —la chica se giró a mirarlo, pero no pudo terminar de hablar.

Mamoru la había cogido de los hombros y estaba ocupando sus labios con la calidez de un beso, cosa que hizo a la chica detener sus palabras y soltar el jersey y los dos peluches al suelo.

Asami se había asustado, debía reconocer que en ese momento estaba terriblemente aterrada. Pero estaba aterrada porque eso era algo que deseaba desde el momento en que había ido a verlo al hospital cuando había perdido la memoria, desde que había vuelto de Estados Unidos, desde antes de irse al extranjero… le dolía demasiado la cabeza. Mamoru se apartó de ella al ver que no le devolvía ese beso. La miró tristemente y se dio cuenta de su error.

— Lo siento, te he asustado. Y-y-yo… n-n-no… —Asami le puso un dedo en los labios para que mantuviera el silencio. Observó la boca del chico mientras la acariciaba con ese dedo lentamente. Mamoru se mantuvo quieto a escasos centímetros de ella mientras la miraba. Asami, aunque no sonriera, de alguna manera estaba feliz. La chica se acercó a él volviendo a besarlo. Mamoru se sentía incómodo aunque el beso fuera el mismo que él recordaba, su cabeza le decía que Asami no era la misma que antes y que por ese mismo motivo, no debería de estar haciendo eso. Pero sentía que ese beso era tan cálido y lleno de amor como recordaba. En cuanto miró a la chica se separó de ella lentamente—. ¿Tan malo ha sido? —Mamoru suspiró aguantando sus ansias de volver a besarla o de echar a llorar. Asami estaba llorando pero estaba sonriendo.

— Cierra el pico y vuelve a besarme, Mamoru —susurró ella en un hilo de voz mientras lo rodeaba por el cuello. El corazón del chico se agitó violentamente al escuchar su nombre de sus labios. Sin diminutivo ni sufijo. Tan solo su nombre.

— Tú…

— Tengo la cabeza que me va a estallar —Asami le interrumpió mientras afirmaba con la cabeza.

Imágenes de toda su vida, pasaban por dentro de ella como pequeños golpes que la querían noquear. Pero antes de perder el sentido, al menos quería volver a ser besada por él. No hizo falta volver a pedirlo. Los labios del chico se apegaron a ella con fuerza en un beso desesperado y nervioso. Las manos del chico la rodearon con firmeza mientras ese largo beso esperado les detenía en el tiempo. Asami notaba sus piernas flaqueando y sus ojos borrosos. Pero su cabeza se iba aclarando poco a poco en ese intenso beso, mientras su agitado corazón palpitaba con tanta fuerza que parecía que escaparía de su pecho. No iba a perder el conocimiento, porque poco a poco todo volvía a la normalidad, pero aún así, los dos cayeron al suelo de golpe.

— ¿Mamoru? —Asami se había estado apoyando en él y las rodillas del chico finalmente habían cedido—. ¿Estás bien? —él se había quedado sentado y ella había caído con las rodillas encima de sus piernas. Eso tendría que haberle dolido. Se apartó en seguida quedando arrodillada en medio de las piernas del chico.

— Sí, estoy bien —suspiró él—. Lo siento… no…

— Estás temblando, Mamoru —Asami lo abrazó con fuerza—. ¿Qué te ocurre? —su cabeza le respondió en el acto—. Lo siento. Ha sido por mi culpa.

— No te preocupes es que…

— Te he hecho sufrir mucho y lo siento.

— No, es solo que…

— Estás llorando, Mamoru.

— Yo… —el chico se tocó los ojos mientras ella lo seguía abrazando—. Perdona, ¿estás bien?

— Estoy mejor que nunca —Asami se apartó y sonrió.

Él la rodeó con las manos a la cintura y la atrajo hacia sí mismo para poder volver a besarla. Mamoru sintió que su corazón iba a salir de su pecho. Hacía demasiado tiempo que quería verla sonreír de nuevo, y hacía demasiado tiempo que quería escuchar su nombre de su boca, y hacía demasiado tiempo que quería tener su aliento tan cerca, y hacía demasiado tiempo que quería volver a besar esos dulces y cálidos labios.

Asami observó atentamente los ojos del chico en cuanto se separaron. Brillaban mucho más que antes. Le secó las pocas lágrimas que el chico no había podido contener y apoyó su frente en la de él. Deseaba que ese momento pudiera ser eterno. El chico sonrió.

— Si llego a saber que con un beso conseguiríamos esto, lo hubiera hecho antes —susurró él.

— Lo apuntamos para la próxima —se rió Asami.

— No, por favor, ya he tenido suficiente con una sola vez, no necesito una próxima —se quejó el chico volviendo a besarla. Ella se apartó y lo abrazó con tanta fuerza que terminaron los dos tumbados al suelo. Se rió—. ¿Qué haces? —ella se sentó encima de sus pies mientras negaba con la cabeza, intentando parar su risa contagiosa. Mamoru terminó riéndose con ella. Cuando dejaron de reír se miraron en silencio. Mamoru, que seguía tumbado al suelo le acarició los brazos mientras ella seguía sentada entre sus piernas—. ¿Sabes? —Asami se tumbó con la cabeza encima de él, bocarriba—. Pensé que me arrepentiría de intentar que me recordaras, por lo que tus padres me habían dicho —se quitó el colgante de su cuello y lo movió por encima de ella. Asami intentó cogerlo pero él lo apartó antes de que pudiera—. Pero, no pude olvidarme de intentarlo gracias a esto —Asami se giró aún estando encima de él e intentó de nuevo coger el colgante, pero él lo apartó aún más y sonrió—. ¿Quieres que te lo devuelva?

— No estaría mal —se quejó ella moviéndose un poco más hacia arriba para poder llegar. Mamoru estiró por completo su brazo al suelo para que ella no llegara—. El anillo es mío, devuélvemelo.

— No —Mamoru sonrió.

Ella rodó los ojos y lo besó. Mientras intensificaba ese beso, subió su mano acariciando el brazo de Mamoru hasta llegar a su mano: vacía. Mamoru puso su otra mano delante de ella en donde tenía el colgante y se rió. Asami se apartó de él.

— Eres malo.

— Mira quién fue a hablar, la que usa las debilidades de otros para robar una joya —respondió él.

— Mamoru.

— ¿De verdad quieres casarte conmigo Asami? —preguntó él—. Va a haber muchas cosas como estas, tal vez. Y yo te haré mucho daño si esto vuelve a suceder.

— No volverá a pasar —respondió ella sonriendo—. Estoy convencida de que no volverá a pasar. Además, siento que aún no he recuperado la memoria del todo, pero… —él la miró sorprendido—. Al menos podré volver a trabajar y a entretenerme en otras cosas.

— ¿Qué es lo que no recuerdas? —Mamoru parecía preocupado. Ella se levantó de encima de él y él se incorporó quedándose a su lado—. ¿Qué ocurre?

— Recuerdo ir al instituto de Estados Unidos de noche y entrar, pero luego desperté en el hospital —Asami lo miró y Mamoru palideció—. Recuerdo, después de nuestro primer beso, irme corriendo a la competición de agentes y estar allí con Irie y los demás, pero no recuerdo nada de minutos antes de la competición hasta que iba andando por la calle diciéndote que había terminado y eso —ella bajó la mirada—. Luego recuerdo despertar en un cementerio abrazada a ti y llorando, pero no sé. Te-te-tengo miedo de recordar eso y yo…

— No lo hagas —Mamoru la interrumpió y ella lo miró. Estaba nervioso—. No recuerdes eso. No quiero que lo hagas.

— ¿Po-po-por qué? —tartamudeó ella.

— Es decir —Mamoru desvió la mirada. No estaba bien decir aquello—. Está bien si recuerdas, pero también lo está si no lo recuerdas. Eso… —volvió a mirarla sin estar seguro de lo que iba a decir—. Eso fueron cosas malas que te pasaron y que es mejor que no recuerdes. Respóndeme a algo, por favor —ella afirmó con la cabeza—. ¿Le recuerdas a él?

— ¿Quién? —Asami frunció el ceño.

— Nadie, no importa —Mamoru sonrió tiernamente y la acarició en la mejilla.

— ¿Hay alguien más que…?

— Es la persona que te hizo daño Asami, es mejor que no la recuerdes —la interrumpió Mamoru—. Por favor —Asami lo miró confundida. Las últimas dos palabras de Mamoru habían sido una petición muy desesperada.

— ¿Le tengo miedo cierto? —Asami bajó la mirada al suelo.

— ¿Por qué preguntas eso?

— Porque de algún modo siento que tengo miedo a recordar —susurró Asami—. Antes ya lo tenía, pero ahora lo tengo más aún.

— Sí —respondió Mamoru—. No es miedo, cuando estabas con alguien más, porque sabías que ese chico podía hacer daño a cualquiera e intentabas proteger a los demás de él. Pero cuando estabas a solas con él, entonces sí le tenías pánico. Te asustaste cuando supiste que me había peleado con él y cuando Miyano fue en su busca.

— Me duele la cabeza —susurró ella cubriéndose con una mano su frente.

Mamoru la abrazó.

— Olvídate de eso por hoy —Asami se estremeció entre sus brazos—. Solo por hoy no recuerdes más, creo que llegarás a tú límite como sigas forzándote.

— Perdóname —Asami suspiró mientras se cogía a su jersey.

— Coge esto, anda —Mamoru se apartó. Cogió el anillo entre sus dedos y lo alargó a ella.

— ¿Puedes volver a hacerlo? —ella lo miró tímidamente.

— Si tienes que volver a darme la misma respuesta larga que la última vez, paso —se quejó él. Ella negó con la cabeza y él se aclaró la garganta poniéndose recto—. Mi señorita Kudo Asami —el chico la miró—. ¿Quiere usted desposarse conmigo?

— ¿Qué? —Asami abrió los ojos desmesuradamente—. ¿A qué viene ese acento antiguo?

— Responded mi señorita, toda la gente nos está observando —Mamoru miró alrededor.

— Ah… sí —ella se puso recta después de ver al perro cabeza abajo y al tigre tumbado de lado a su lado—. Por supuesto mi amado caballero —estiró la mano hacia él y él le puso el anillo en el dedo.

— Decidme —Mamoru sonrió—. ¿Puedo ya besar a mi querida futura esposa?

— Oh, estoy convencida de que nuestro amado público desearía eso —Asami se rió.

Mamoru fulminó con la mirada a los peluches haciendo que Asami lo mirara confundida. Finalmente giró los peluches de espalda.

— No me gusta tener público —se quejó él. Asami se rió de nuevo.

Finalmente se fundieron en un largo beso. Mientras Asami jugueteaba con el pelo de él entre sus dedos, Mamoru le acariciaba la espalda con suavidad hasta encontrar el límite de su jersey. Lentamente subió las manos por dentro haciendo que Asami se apartara y que él la soltara rápidamente.

— Perdona.

— Estás helado —se quejó ella.

— Ah. ¿Ese es el problema? —Mamoru se rió y apartó las manos de Asami de él. Luego la empujó suavemente por los hombros hasta que ella estuvo completamente tumbada al suelo. Se quedó encima de ella y la cogió por las muñecas mientras volvía a besarla en los labios, en las mejillas, en la barbilla… Asami cerró los ojos notando al chico descendiendo lentamente por su cuello. Deseaba aquello con ansias y aún más cuando había recuperado todos sus recuerdos perdidos de él. De algún modo se sentía tan bien. Mamoru la miró con una sonrisa mientras besaba su cuello con ternura. Ya no importaba lo que había ocurrido, ahora podía tenerla de nuevo. Ahora sería de nuevo su prometida y eso nadie podría quitárselo ya. Sopló en su cuello muy flojito y la vio estremecerse y abrir los ojos. Él sonrió y volvió a besarla en la mejilla—. ¿Estás segura?

Ella se soltó de su agarre y lo rodeó por el cuello besándolo en los labios de nuevo. Los había echado tanto de menos.

— Sí, lo estoy —susurró ella casi sin voz—. No quiero que te vayas de mi lado, por favor.

— Aún así… —se rió él.

— Te quiero mucho, Mamoru —susurró ella—. Perdóname por lo que te he hecho.

— Todo estará bien ahora —él sonrió besándola en la mejilla de nuevo. Esas mejillas que se habían sonrojado tanto durante el día, ahora él las podía besar sin miedo a que ella se asustara—. Te quiero, Asami —ella lo besó mientras lo rodeaba por la cintura—. Quiero que estemos siempre juntos.

— Lo estaremos —susurró ella sonriendo—. Siempre —lo besó en los labios fundiéndose en un largo beso.

Mamoru se incorporó sentado en su regazo y abrazándola, haciendo que ella también se incorporara, mientras ese largo beso seguía intensificándose. Sin darse cuenta, sus manos se apresuraron a hacer caso a sus corazones y dejar de lado la razón. En poco tiempo el suelo de la habitación estaba lleno de sus ropas. Con una situación que ninguno de los dos había previsto, se dejaron llevar por sus sentimientos, demostrando que nada de lo que había ocurrido les importaba ya.


Hasta aquí el capítulo ;)

Próximo capítulo: 'Descubiertos'.