Capitulo XXXVII
Los ojos en verdad le ardían. Tenia unas intensas ganas de moverse, pero por miedo, no lo hacia ¿podía creerlo? No se atrevía moverse por si Inuyasha cumplía con lo dicho, y como necesitaba cambiar de posición. Había cometido el error de quedarse apoyada en su pierna herida, y el que la sintiera palpitar, no era nada bueno.
Y sus pies los sentía como dos témpanos de hielo… frio, sentía demasiado frio. Aguanto la respiración y se decidió a esperar un poco mas ¿Cuánto hacia que se había acostado? Se le hacia una eternidad. Justo esa noche se le ocurrió a cronos hacer el tiempo más lento.
Maldita mitología griega. Mejor dicho, maldito su tutor por enseñarle aquellas -ahora-, estupideces.
¿Fue un movimiento lo que sintió? Se coloco completamente rígida. La sola idea de imaginar que Inuyasha estaba realizando algún acercamiento, la dejo petrificada a la espera. Ni siquiera respiraba por intento de sentir si se volvía a repetir. Sin embargo, al ver que nada se sentía, oía y mucho menos olía... ¡Rayos! Ahora comenzaría la paranoia.
Quizás debería darse un tiro, y tan solo ahí dejaría de pensar estupideces. El muy cretino se dio el gusto de dejarla con la disyuntiva y el quiebra-sesos al intentar pensar si llevaría a cabo su maldita y deseada amenaza... Y su pierna...
Necesitaba volverse; hacer lo que sea, ya sea saltar sobre su maldita pierna herida hasta que todos los puntos se rasgaran y así ella muriera desangrada. Pensamientos suicidas... Demasiados pensamiento suicidas y mucho tiempo sin siquiera pestañar.
De seguro que Inuyasha debía de estar en el quinto sueño, y ella que no podía ni iniciar uno... Tal vez lo mejor seria darse un tiro. Y ahí estaba la idea de matarse. Quizás, lo mejor seria matarlo a él y así ella, sus pensamientos, su cuerpo, su alma y en especial su cama, serian libres por fin... su pecho se oprimió y el frio se hizo mas intenso con la idea.
Suspiro con pesar.
Como deseaba que las cosa fueran distintas... Solo necesitaba una señal. Y lo que ella pedía para ser feliz, no era demasiado, pero si lo justo.
Dios. Quería llorar de desesperación.
La cabeza, para más remate, le comenzaba a doler.
¡Fantástico! Le dolía la pierna, la cabeza, los ojos y hasta el más minúsculo musculo de su cuerpo, y a todo esto, debía agregarle el frio. Lo único bueno, es que comenzaba a sentir sueño, pero el frio no pasaba y ya comenzaba a tiritar, algo que con gran trabajo le costaba controlar.
Llevo sus pensamientos hacia el extremo en donde estaba Inuyasha y recordó aquella vez en que la abrazo para hacerla entra en calor cuando estaba enferma… que tibio se sentía estar cerca de él, y ni hablar de cuando le hacia el amor…
La ultima idea le retumbo por varios segundos, idea que por momentos se veía mezclaba con la amenaza de Inuyasha.
Y cuando el frio se le hizo más insoportable….
¡Estaba decidido! Lo forzaría -disimuladamente- a que le hiciera el amor; todo por algo meramente medico. Era eso, o morir congelada ¿no?
Con cuidado, sin ser demasiado exagerada, se giro e intento con dificultad cubrirse hasta la cabeza, soltando uno que otro quejido a causa del frio y del rose en la pierna, o lo mas probable, a causa del temor ante "el que sucedería".
Al instante escucho un suspiro demasiado cercano, lo que hizo que se arrellanara más en las colchas un poco acobardada, en especial cuando le escucho hablar demasiado cerca.
— te lo advertí, min kara.
Abrió los ojos, y ahí estaba él, prácticamente rosándola. Rayos. Si se había movido hacia ella, no había sido una ilusión.
La atrajo hacia él y sin tiempo para impedirlo, se vio debajo de Inuyasha sintiendo un agradable cambio de temperatura.
— ¿Q-qué rayos haces? — Pregunto fingiendo inocencia.
— ¿Qué te parece que hago? — sintió como separo la pelvis de ella y como luego subía la camisola dejándola sin cubrir hasta el vientre sintiendo un frio metal rosando su piel ante el acenso.
— ¿Creías q-que me quedaría quieta hasta el amanecer? — lo espeto.
— estaba esperanzado de que no.
Se dejo caer sobre ella y su mano subió hasta detenerse en la cadera y ahí realizo un poco de presión chocando ambos sexos.
— Bueno, te informo... — intento decir entre aquellas agradables sensaciones — Que estaba... ¡Ay, Dios! Incomoda.
— ¿Lo estas aun?
Le beso el cuello, subió hasta su oreja, recorrió su mandíbula y volvió a bajar llegando hasta el hombro. Lo hacia con tanta lentitud, que ya la tenia apunto de un colapso emocional y físico.
Él bajó hasta el nacimiento del busto y cuando entre rodeos comenzó acariciar y besar la zona, se detuvo y subió hasta su mejilla.
— ¿Lo estas?
Al no escuchar respuesta, con la punta de la nariz roso la piel de su cuello y descendió sin quitarle la vista bajando su mano hasta el muslo incitándolo a que este se alzara hasta dejar la pierna atada a su espalda.
— Dime — susurro seductor.
Maldito, la estaba torturando, y su otra mano que se dirigía su otra pierna y acariciaba la zona interna de su muslo… no podía procesar palabra y él que la forzaba. Por lo que sin aguantarlo y con gran esfuerzo de coordinar algo, exclamo:
— ¡No!
Inuyasha levanto el rostro y la miro directo a los ojos.
— ¿Me deseas?
Su órgano erecto volvió hacer presión contra ella y estuvo a punto de gritar.
Cansada de su jueguito de respuestas obvias; con furia en los ojos, lo sujeto de los hombros y lo separo.
— ¡Por amor a Dios, Inuyasha! hazme el amor de una buena vez, ó juro que desearas estar muerto para mañana.
Al comienzo se vio sorprendido, sin embargo luego comenzó a reír divertido.
— Si me lo pides tan dulcemente ¿como negarme?
Le quito el camisón, y al instante la beso… un suspiro de alivio resonó en la habitación por parte de ambos, ya que ahí estaba lo que necesitaban. La penetro con ansias una y otra vez… y aquel glorioso final donde todos los fuegos artificiales y volcanes estallaron en conjunto a su propio éxtasis, se presento en un momento en que creyó morir, y él, la acompaño al instante. Ello, era la gloria.
Se acomodaron en la inmensa cama sudorosos y se quedaron abrazados. Ella sobre su pecho, permitiéndose así descansar e intentar mantener el calor de su cuerpo, que desconsiderado parecía dejarla con rapidez. ¡Dios! Estaba cansada… y a la vez, tan feliz…
La satisfacción en el rostro de Inuyasha, era imposible de no apreciar, producida por diversos motivos; marcando como principal, el fantástico momento que acababa de vivir junto a la mujer que amaba.
Respiro profundo y la abrazo con mayor intensidad, temeroso de que todo aquello fuera una ilusión y la perdería para siempre.
No podía perderla. En especial, cuando su todo dependía de un solo respiro de ella y de un rose de su suave piel. Pero a la vez, temía por el hecho de que ella no lo siguiera amando, y que ahora solo representaba para ella un buen disfrute de un momento, cuando para él, era absolutamente lo contrario.
Apoyo su mejilla en la frente de ella y aspiro su aroma a aceite de rosas, que tan bien lograba calmarlo como excitarlo. Ambos efectos que estaba provocando en ese instante. Le acaricio la tersa piel y un estremecimiento sintió por parte de ella ante el contacto y como la temperatura aumentaba. No era posible que lo haya olvidado…
Aquellas dos veces habían sido magnificas para ambos. Lo sabia por como la hizo estremecerse y suplicarle que le hiciera el amor, despertando en ella el deseo que tan solo él sabia hacer, ya que nadie más, conocía cada parte de su cuerpo como él… nadie más.
¡Maldita sea! Ella era suya, Oso Negro se lo había dicho, y aprovecharía esa oportunidad para hacerle ver a ella, que sin su amor, estaría tan desolada como él lo estaba. Lograría robarle un "te amo", así se le fuera la vida en ello, y durante ello, él la amaría por ambos.
La sintió arrellanarse más en él e intentar taparse entre temblores con las cobijas, e Inuyasha con ternura la ayudo y le beso el hombro, y la joven volvió a temblar por el cambio de temperatura presentada en aquella zona.
— Estas ardiendo — le dijo él y la abrazo con fuerza.
— Si esa es t-tu idea de… de-decirme que quieres repetir… t-te aseguro… que me siento co-completamente di-distinta. Al pa-parecer el hogar se ha a-apagado.
Un nuevo tiritón fue señal de un nuevo estremecimiento. Sentía muchísimo frio. Lo sintió acomodarse debajo de ella quedando casi sentado.
— ¿Por qué hablas así? — pregunto con tono preocupado
— no tengo… i-idea. Pero, ha-hace… mucho frio ¿po-podrías pedir… que en-enciendan… el hogar?
Inuyasha guardo silencio y lo sintió separarse de ella para luego ya no percibir su peso en la cama. Aquello fue peor, sentía más frio que antes, a lo que ella se acomodo en el espacio abandonado que aun mantenía la calidez de Inuyasha. Al minuto, pudo apreciar una tenue luz, la cual se acercaba hacia ella con rapidez.
— Kagome, mírame — dejo la vela sobre la mesita de noche e intento quitarle la colcha que le cubría ahora el rostro. Pudo apreciar la molestia por la luz en sus ahora brillantes ojos apagados.
— ¿Pe-pediste que la en-encendieran?
— Ha estado encendida por lo menos desde que llegué.
— ¡Oh Dios! — exclamo la joven al caer en la causa de su malestar.
Inuyasha con rapidez toco varias zonas del rostro, comprobando lo que la joven ya se había diagnosticado.
— Estas ardiendo en fiebre. La pierna ¿cierto?
— Lo mas... pro-probable... — él se reprendió mentalmente y con rabia contenida se volvió a ella.
— ¿Qué hago? Dime que hago — le exigió en estado de pánico, por lo que ella con suavidad le dijo:
— Primero, ma-mantener la ca-calma — él asintió —. Segundo, necesi-necesitamos... mis hierbas...
— ¿Las mismas que...?
Ella le leyó el pensamiento, hacia aquella vez en que le curo el brazo.
— Si — le dijo acompañándose con un asentimiento —. Están e-en ese… baúl.
Inuyasha corrió hasta lo señalado topándose con un obstáculo.
— Esta con seguro. La llave ¿Donde?
— En el cajón… del e-escritorio. En la… habitación…
Lo dicho le bastaba. Y no le costo dar con la llave, esta era grande y era la única en todo el bendito mueble.
— Listo — le dijo apenas comprobó que servía para abrir lo necesitado. Se acerco a ella y pudo ver como estaba en comienzo de quedarse dormida. La movió un poco y ella con pesar abrió los ojos — ¿Ahora? — le susurro.
— ¿ahora? — un destello dorado en el pecho de Inuyasha, la desconcentro, sin embargo, lo tomo como una de las llamas de las velas y su vista nublada la hacia ver cosas sin importancia — Eh… Agua hervida, un-unas dos fuentes… y vendas. Usa una de las sa-sabanas... Están en el cuarto d-de... Vestir.
Corrió al cuarto y si preocuparse de cómo dejaba, tomo el primer montón y lo dejo sobre la cama
— Sabanas, vendas ¿Qué me falta? ¡Agua hervida!
Iba toda prisa hacia la puerta, pero con la misma velocidad corrió hacia la joven
— Regreso de inmediato, amor — le beso la frente y luego los labios. Corrió otra vez hacia la puerta.
— I-Inuyasha — lo llamo la joven y este de inmediato se acerco donde ella —. Creo... que deberías co-colocarte pantalones.
Bajo la vista a sus partes, topándose con que estaban en completa libertad, a lo que no pudo evitar sonreír burlón.
— Tienes razón. No quiero preocuparme de un desmayo — a toda prisa se lo coloco más su camisa. Iba a emprender camino, pero regreso donde ella y la beso de nuevo, sorprendiéndola y más por lo oído —. Te amo, min kara.
Con una sonrisa infantil junto con un sonrojo, la joven se arrelleno en la cama y se dejo llevar a un estado de completa felicidad, gracias a lo oído y a la fiebre. Le había dicho que la ama y lágrimas querían escaparse por lo mismo. Quizás era por efecto de la fiebre y esta la hacia escuchar cosas que deseaba oír, sin embargo poco le importaba, para ella él se lo había dicho, y no habría nadie en el mundo que le cambiara aquello.
Hasta sentía, que todo de ahora en adelante podía ser diferente…
Kagome no tuvo idea de como le hizo, pero Inuyasha se había demorado la nada misma. Quizás había echado al fogón todo el aceite de las lámparas y ahora ella debería ir apagar el incendio que su "marido" debió haber dejado.
— Kagome, bebe esto.
— ¿Qué es?
— te hará bien, lo se.
Tirito y bebió un sorbo, y luego otro grande.
— Cor-Corteza de sauce… — reconoció al instante por su sabor amargo.
— Bébelo todo — le ordeno Inuyasha.
La joven realizo una mueca de amargura luego de tomar otro sorbo.
— Esta horrible.
— Te hará bien — espero hasta que ella bebiera hasta la última gota y dejo el tazón sobre la mesa de noche —. Ahora, dime. Tengo el agua, las futuras vendas, fuentes y tus hierbas ¿Qué hago…? ¿Kagome?
Se acerco a mirarla y esta estaba en proceso de dormirse.
— ¿Kagome, amor? Despierta — y ahí estaba aquella maravillosa palabra —. Dime que debo hacer y luego podrás dormir.
— Encuentra… encuentra el pelargonio — le dijo.
— ¿Cual es ese? — Tomo el bolso de cuero cayendo en un nuevo obstáculo — Todos están en bolsitas individuales.
Las observo con atención, sin embargo todas le parecían iguales.
— tiene tres nudos...
Observo de nuevo y se percato de aquel detalle. Estaban diferenciados por unos nudos colgantes. Algunos con uno solo, otros con dos nudos y así consecutivamente. Busco el de tres, dando al final con cinco de tres nudos, pero cada nudo o cuenta estaba teñida por un color, creando una nueva diferencia a causa de los tonos.
— Hay varios con tres nudos.
— Debe ser el… de rojo, morado y amarillo.
— Rojo, morado y amarillo... — murmuro para si entre su búsqueda — ¡Lo encontré!
— Con ese… debes limpiar la zona — le dijo con voz apagada. Tirito e intento ajustar su vista —. Echa… un medio puño y e-échale agua… hasta que este flote el doble.
— El doble. Está bien ¿Qué mas?
— Consuelda. Es la… d-de un solo nudo… sin teñir.
Volvió a bucear en el bolso, dando con ella con facilidad.
— Acá esta. ¿Qué hago con ella?
— humedécela… y coloca las hojas… so-sobre la herida, y luego… véndala con ella.
— De acuerdo.
— no temas… si la ves gelatinosa. De-debe colocarse así.
Inuyasha asintió, y al verla volver a tiritar e intentar cubrirse, recogió el camisón y como si de una niña se tratara, se lo coloco.
Hizo los preparativos señalados. Rajo las sabanas en tiras largas para vendar y dejo un trozo para limpiarle como ella le había hecho en su brazo.
Saco la pierna de ella entre las colchas, dando con la venda ensangrentada y húmeda en líquido incoloro e irreconocible alrededor de la sangre. Para cuando se decidió a cortar la venda ensangrentada, trago pesado, le hecho una mirada a la joven, y al verla profundamente dormida se dio a la labor de despejar el área.
Abría deseado un trago para ello…
Sacudió la cabeza y tomo la cuchilla limpia de ella acercándola al extremo anudado del vendaje. Al terminar de desenrollarla, una serie de nudos pegados a la piel, de un material que no le parecía a hilo, se encontraban alineados sobre los tres tajos hinchados y enrojecidos ¡Por Dios! No era tan impactante como cuando le vio la herida en el vientre… sin embargo, le provocaba lo mismo, el temor de perderla. Observo mejor, y pudo ver como dos de estos nudos, se habían rasgado ¡oh Dios! No se sentía capaz de coserle la piel…
Simplemente le limpiaría. La herida se mantenía bien sujeta, aquellos puntos solo eran soportes exteriores.
Respiro profundo, paso su antebrazo por la frente y armándose de valor se dispuso a humedecer el paño en la primera mezcla hecha.
Su rostro se contrajo cuando vio la piel de ella tensarse ante el posible dolor, pero no despertó, lo que lo alivio, así que con suavidad por temor a provocarle malestar, volvió acercar el paño.
— Con fuerza — le escucho decir a Kagome casi con normalidad en su tono de voz —, pero… con cuidado de hacer que otro nudo se rasguen.
— Estás despierta — se reprocho el no haber sido más cuidadoso.
— Imposible… no estarlo — y él se imagino verla sonriendo, ya que las colchas ahora le impedían verle el rostro.
— ¿Te duele demasiado?
— solo… lo que debe doler...
— Bastante entonces — afirmo acobardándose.
La joven lo sintió dudar en tocar la zona de nuevo, y más por el tono de sus palabras, por lo que dijo:
— Yo lo hago.
Inuyasha se acerco a ella y le impidió que se levantara.
— Lo siento — coloco la frente en el pecho de ella y la joven le tomo el rostro incitándolo a mirarle.
— no lo sientas… puedo con el dolor. Y si no… si no te sientes listo para… hacerlo, esperare. Pero, mientras más tiempo demores, mas… se prolongara todo...
Volvió apoyar la cabeza en ella y la sintió estremecerse soltó un gruñido y decidido, levanto el rostro.
— Está bien.
Se acerco y con dulzura la beso. Kagome sonrió con suavidad y asintió incentivándolo a proceder.
Suspiro pesado y volvió a tomar el paño. Quito el excedente de liquido y se dispuso a colocarlo sobre las heridas.
— Que cosa mas extraña… — murmuro al tiempo que limpiaba con cuidado de pasar a llevar las costuras.
— Si te digo que es… — murmuro ella aguantando el soltar un quejido de dolor — lo mas probable… es que te de… un ataque…
— Pruébame — dijo él.
— tripas… secas de felino.
— ¡¿Qué demonios? — exclamo este entre asqueado y horrorizado.
— ¿Qué… te sorprende? Las cuerdas de los violines… son con tripas de gatos…
— no tenia idea. Gracias por el dato — soltó sarcástico.
— de nada… — él sonrió —. Te… advertí.
— lo se — gruño bajo —. Descansa. Ya estoy por terminar.
Para cuando termino de limpiar, en las hojas de consuelda se había formado la capa gelatinosa que Kagome le había dicho. El aspecto era extraño y dudoso, sin embargo… confiaba en su palabra y supondría de que iba hacerle bien…
No supo cuando se quedo dormida, ni mucho menos cuanto fue lo que durmió.
Su cuerpo ante años de costumbre, sumado a su reloj biológico la hizo abrir los ojos. El fuego del hogar permitía luz y las pocas velas encendidas su resto. Debía ser de madrugada aun, el sol aun no se alzaba.
Se sentó en la cama y se retrajo un poco de dolor al mover con brusquedad la pierna, pero al sentir el vendaje firme, se decidió a moverse con cuidado e intentar dar con Inuyasha en la cama, en donde supuso que estaría, sin embargo no fue ahí donde se lo topo, y la escena dada solo provoco ternura.
Inuyasha dormía exhausto sobre una silla a su lado con un muy despierto infante, que recostado sobre su pecho, este entre baboseo intentaba dar con su ansiado alimento, el cual, a pesar de lamer e intentar agarrar algo apenas parecido -ya sea la mas diminuta arruga de la camisa de su padre-, nada de ahí salía. Un quejido de molestia por parte del pequeño, la hizo sonreír. Por muy tranquilo que se viera, David tenia su carácter, y en esos instantes, lo estaba dejado ver.
Su padre no podía hacer nada para calmarlo y por eso, el diminuto mozuelo rechazaba las inconscientes palmaditas de tranquilización que Inuyasha le daba entre el sueño.
No era a su padre, y mucho menos su ahora baboseada camisa lo que deseaba, era a su añorada madre, o mejor dicho, el delicioso néctar que de ella brotaba apenas succionaba aquel botón conocido y amado
Intentando no meter ruido y de no pisar demasiado con la pierna derecha, Kagome se bajo de la cama. Acomodo su camisón de dormir y con el mismo sigilo tomo al pequeño, el cual se mostro bien poco tranquilo. Sin embargo, apenas el pezón materno roso sus labios, con desesperación intentaba darle encuentro, para luego pegarse a el sin interés de soltarlo, ni siquiera para respirar; por lo que Kagome se veía forzada a quitarle el pecho a la espera de que el pequeño llenara sus pulmones de aire.
Tarea que debía repetir constantemente. Pero ya al llegar al segundo pecho, David a la mitad de vaciarlo se vio mas interesado en simplemente lamerlo sin soltarlo con sus ojitos curiosos sobre los labios de ella y a las sombras que se formaban en su rostro con el titilar de las luces, manteniéndose siempre atento.
— No — le susurro Kagome —. Debes tomar — y siguiendo a medias la orden, succiono tres veces y regreso a lo mismo, llevándola a repetir la orden junto con colocarle bien el pezón en la boca para que lo tomara correctamente.
— ¿Qué se siente? — escucho una semi-somnolienta voz enfrente suyo. No levanto el rostro, y tampoco se mostro sorprendida al oírlo. Sabía que estaba despierto desde que este se acomodo en su asiento fingiendo dormir.
— No sabría explicarlo… — le dijo. Acomodo a David y lo insto a seguir tomando —. La primera vez: nervio y extrañeza. No es lo mismo que tú lo hagas a que él. La sensación es muy diferente, pero no molesta. Es casi como un hormigueo creciente que llega a un límite, que es cuando viene el golpe de leche. No es desagradable, pero si algo incomodo, en especial cuando te descubre desprevenida y te mojas entera.
— Como cuando llegaste vestida de india.
— Si. Una de pocas veces. Pero, se podría decir que la leche baja en horas exactas. Como ahora y en tres horas más…
— Casi temporizado.
— Un buen modo para llamarle.
Para Inuyasha era toda una novedad ver a un niño siendo amamantado, y su sana curiosidad se vio despertada al ver al infante tan afanado en su labor, de la cual ahora, consistía en simplemente tener el pezón en la boca sin hacer nada más que mirar a su madre o a él cuando hablaba. Casi como si con ello quisiera decirle que esa zona le pertenecía.
Y no era necesario. No se había atrevido a tocar mas allá del contorno de los pechos de Kagome, consiente que aquel sector era la fuente de alimento de su hijo. Por lo que de buen grado se decidió a cedérselo como modo de préstamo con fecha de caducación. Ya que esa zona, le había pertenecido a él antes que a nadie. Y solo agradecía que para despertar el deseo en la madre, no dependía de aquel lugar especifico...
Kagome se cubrió, coloco un paño sobre su hombro y recostó a David sobre él y se levanto paseándolo de un lado al otro, llevando a Inuyasha a preguntarse si ya era hora de dormirlo. En especial al verla darle suaves palmaditas en la espalda creyendo que era un modo de calmarlo. A pesar de no haberle funcionado a él.
David se removía incomodo, sin embargo cuando le escucho eructar, el pequeño se relajo, permitiéndole a su madre continuar con lo mismo.
Kagome sintió la mirada curiosa y atenta de Inuyasha, viendo en sus ojos el deseo de hacerlo y saber que se sentía.
— ¿quieres intentarlo? — la miro a los ojos y la miro deseoso.
— ¿puedo?
— si quieres.
Dudo, pero se armo de valor y la miro con determinación.
— esta bien ¿Qué debo hacer?
Kagome cambio de posición al pequeño y se quito el paño, entregándoselo a Inuyasha. Y este imito a la joven, colocándoselo en el hombro izquierdo. Tomo a David y con sumo y exagerado cuidado lo coloco en posición.
— no debes temer. Palmaditas suaves y en un momento él cumplirá con lo suyo.
Y así fue. Aunque un poco hipeado, el eructo salió e Inuyasha casi se sintió como si el pequeño le hubiera dicho "papá" por primera vez. Lo acomodo y lo alzo varias veces y a Kagome estuvo apunto de darle un ataque de ver al pequeño prácticamente volando ¿A dónde quedo el cuidado?
— ¡Inuyasha, despacio! Aun es demasiado pequeño.
— lo siento. Es que…
— lo sé. Solo espera unos meses para expresarle de ese modo tu cariño, en especial, antes de que este comido.
— ¿Por qué…?
La respuesta salió por si sola. David devolvió parte de la leche, en un agradable estado acido sobre su padre y Kagome, sin aguantarlo rio con libertad.
— Ya veo porqué — musito alejando un poco al pequeño de si tendiéndoselo a ella, pero al ver que el asunto no era tan grave, y el que fuera su hijo quien le devolvió alimento, sonrió.
Kagome lo tomo y lo coloco sobre la cama, y con un paño humedecido, le quito los restos de leche cortada en sus labios.
— Listo — lo alzo en brazo y lo acuno en ellos al tiempo en que se levantaba —. Ya es hora de que duermas.
Inuyasha observo al pequeño, que con la boca abierta observaba con fijeza a Kagome realizando un leve sonido sin mover sus labios.
— por amor de Dios… te esta hablando — exclamo acercándose a ambos observando por sobre el hombro de la joven, quien modulaba con exageración cada palabra que salía de sus labios bajo la atenta y maravillada mirada del infante.
— oh… claro que si. David sabe que debe seguir durmiendo, así que intenta hacer que lo olvide haciendo este tipo de cosas y la mayoría del tiempo lo logra, especialmente cuando me sonríe ¿no es cierto, amor? — el pequeño volvió a realizar otro ruidito y Kagome lo levanto un poco al tiempo que se giraba para que Inuyasha lo mirara mejor, y el pequeño continuo con su -según ellos-, platica —. Eres demasiado conversador a las horas que debes dormir. Como una avecita nocturna que le canta a las estrellas — el pequeño por primera sonrió en presencia de su padre y este literalmente sintió derretírsele el corazón de adoración.
— ¿Cómo nunca lo e visto hacerlo?
— porque este pequeño bribonzuelo, le conversa a las mujeres solamente, y me sonríe solo a mi.
— un muchacho inteligente — le dijo Inuyasha abrazándola desde la espalda —. Guarda su mejor encanto a quien lo merece. Tal como su padre.
Apretó el abrazo y le beso el cuello a Kagome dejado la cabeza apoyada en el.
— ¿así?
— por supuesto. Te has encargado de ser la única que despierte mi pasión y deseo, Min Kara. Como tan bien, el ser la única que ronda en mi cabeza el día entero; como tan bien, la única dueña de todo lo que soy. Y te aseguro, que no te libraras tan fácil de mi, Ojos de Gato.
Un leve hormigueo comenzó a crecer en su pecho extendiéndose hasta el vientre.
— Con esto, debo de suponer que me quieres — susurro como modo de prueba, esperanzada en escuchar lo que esperaba no haber alucinado…
— claro que no — Kagome se tenso y pudo sentir como su corazón se estrujaba de un modo doloroso. Inuyasha con la mano la incentivaba a mirarlo, sin embargo ella, no se atrevía hacerlo por temor a largarse a llorar y suplicarle que por favor la amara, algo por lo cual, no podría soportar, en especial cuando lo escucho repetir lo mismo otra vez con mayor decisión.
— claro que no te quiero, Kagome. Porque lo que siento hacia ti, se llama amor. Amo todo lo que eres. Todo tu ser me enamoro y tendría que ser demasiado imbécil para no hacerlo, cuando todos lo hacen. Eres tan mujer y sabia, como a la vez tan niña e inocente. Siento que te conozco tan bien, como a la vez me sorprendes cada día con cada cosa que descubro de ti — se acerco a su rostro y esta vez, Kagome le permitió el que se lo levantara, topándose con aquellos ojos cargados de amor y deseo, como tantas veces antes, sin que ella pudiera descifrarlo, lo había hecho.
— Te amó — le volvió a susurrar. Se acerco con suavidad y del mismo modo la besó.
La amaba, y eso era lo único que importaba ahora. El pasado, quedaría atrás… debía hacerlo, por el bien de ambos y en especial, por el de David.
Luego de una prolongada discusión, del porque debía quedarse en cama hasta que su pierna cicatrizará, o que por lo menos mostrara intenciones de hacerlo, ella acepto de buena gana. Y ¿Cómo no hacerlo? si con cada replica que ella daba, él la interrumpía con un beso, que cada vez, se volvía mas intenso.
Inuyasha la tenía a su merced, y ella no mostraba intensiones de protestar; le encantaba aquello. Él trabajaba en el campo supervisando y dando las indicaciones correspondientes a todos, y por las tardes, regresaba más temprano para estar con David y con ella antes de que se diera a la labor de terminar los últimos papeleos. Los cuales, con ambos ahí, terminaron a la semana, aunque con cierta dificultad. Ya que una mirada, una caricia, los hacia suspender labores y dejarlas para cuando terminaran la que en ese momento, ocupaba sus mentes y cuerpos…
Y como ella sospechaba, sus primas y las esposas de sus primos se mostraron encantadas con la noticia de que estaban juntos, y las bromas por parte de sus tíos menores no se dejaron esperar. Sus tías, estaban ya ideando planes de boda que ni siquiera habían pensado, y sus tíos mayores, solo los miraron con seriedad por unos momentos y luego los abrazos se repartieron para todos lados. Aunque la ultima frase de Jasón Taisho, si la dejo incomoda por unos instantes, hasta que Inuyasha le contesto, dejándola peor.
— espero, que esto del matrimonio falso, se legalice en corto tiempo.
— no tienes de que preocuparte, tío — le dijo Inuyasha alzando su copa —. No tienes de que preocuparte — le guiño un ojo a Kagome y esta simplemente sonrió sin entender aquella seña.
Aquello, ni loca lo tomaría como una propuesta. Había soñado con ella desde niña, y que por lo menos, aquella se cumpliera como esperaba, así tuviera que forzarlo a realizarlo perfecto, antes de eso, no.
Jade fue la única que no se mostro alegre ante la noticia. Y no era difícil notarlo en su expresión preocupada al mirar a su hermana a los ojos, y más en sus palabras.
— ¿Estas segura de hacer lo correcto? — Pregunto la joven musulmana en árabe — ¿Estará tu corazón seguro?
Kagome suspiro y la abrazo con fuerza, respondiendo en el mismo idioma.
— Ahora, si. Sin duda alguna. Lo amo y él a mi. Me lo ha dicho.
— Alabado sea Ala.
Correspondió el abrazo y ambas sonrieron a punto de las lágrimas por la alegría compartida.
Jade se sentía inmensamente feliz al saberla por fin estarlo. Había sido en la vida de Kagome, junto a Antonia, principales dolorosos espectadores de su sufrimiento. Sufrimiento que ya no tenia sentido, porque las cosas -a sus ojos-, estaban viento en popa. Y rogaría porque se mantenga.
Antonia le sonreía desde el brazo de su prometido, y Kagome sintió en ese instante como si hubiera despertado a todo lo de alrededor, viendo por primera vez lo que se acontecería en unas semanas.
Decidida, se acerco a ellos y con una expresión dura miro a Clinton.
— Algo tarde llega esta advertencia que te hare, pero mas vale tarde que nunca. ¿No? Antonia, es más que una hermana para Jade y para mí. Espero que lo tengas claro, porque si no... Ya te habrás dado cuenta de mis habilidades como cazadora.
— ¡Kagome! — Exclamo Antonia horrorizada.
— Es solo una advertencia — le dijo relajando su expresión —. Si te trata como mereces, todo ira perfecto, y para mi, será mi cuñado ideal.
— ¿Y yo, qué se supone que soy? — interrogo John a su lado.
— Cualquier cosa, menos un cuñado ideal — este, entorno los ojos poco a gusto, por lo que ella añadió —: No seas absurdo. Has sido mi mejor amigo, mi hermano y sobrino, y por ultimo, mi cuñado ¿quieres ser mi favorito también?
— ¿Por qué no? Creo que te e soportado bastante tiempo como para merecerlo.
Kagome se mostro fingidamente indignada y estuvo a punto de ensartarle un puñetazo en el brazo, siendo detenida por su flamante falso esposo.
— Creo que e llegado justo a tiempo para impedir un asesinato — dijo Inuyasha sonriente.
— Debiste haberme dejado — le dijo Kagome mientras asesinaba con la mirada a su sonriente ex-mejor amigo.
— Claro que no, cariño. Primero eliminemos el problema del ejército y luego te llevare a que me presentes a tu abogado. Debo saber a quien dirigirme, cuando deba sacarte de prisión.
A excepción de Kagome, todos parecían divertidos. Inuyasha con cariño, le tomo la mano y se la beso.
— Bueno — se le escucho Antonia decir mirando a la flamante pareja —, al parecer, las amenazas por este lado no las creo muy necesarias. Aunque... ya que mi hermana se dio el gusto… te informo Inuyasha, que si veo a Kagome sufrir por tu causa de nuevo... — todos expectantes se le quedaron mirando y ella con suma tranquilidad, continúo —: Le pediré a Clinton que te golpee.
— Y no me quedara otra que cumplir — dijo el susodicho con fingida seriedad.
— Por lo menos no me nombro a mi — susurro John a Inuyasha.
— Si te nombra a ti —dijo Kagome con tono sardónico —, seria cometer asesinato predeterminado. Y lo digo de Inuyasha hacia ti.
John no se mostro ofendido, si no todo lo contrario. Fue por eso que le dijo a Clinton:
— Podríamos golpearlo entre los dos.
— Querrás decir — lo interrumpió Kagome —: "lo golpeas tú y yo te animo"
— ¿tan orgullosa te sientes de tu "marido", que crees que no podre golpearlo aunque sea una maldita vez?
— No si él lo hace antes — le concedió ella tomando el brazo de Inuyasha para luego aferrar su mano.
— Bueno, espero a que Clinton lo golpee primero y luego...
— Te desmayas.
— ¡Por un demonio! Fue una vez. Y todo porque a Aidan se le desvió el puño y me llego.
— Claro. Aidan tiene unos ladrillos en sus puños sobrehumanos — cambio su expresión por una de expectación e ironizando de modo sobreactuado todo lo que decía, continúo: —. El impacto fue tan grande, que destruyo el árbol en el que te le escondías y te golpeo. Deberían enviarlo al museo de héroes griego ¡es Hércules en persona!
Kagome tenía claro que estaba siendo malvada. Lo del desmayo no había sido por el combo desviado de nadie. Estaba escondido, él debía reconocerlo. Y todo porque Aidan estaba decidido a enseñarle a pelear como hombre, y el golpe si dio contra el árbol, provocando que una enorme manzana se desprendiera y fuera a caer directo en su asustada cabeza.
En un comienzo todos lo creyeron desmayado del susto, sin embargo, mas tarde al verle el chichón y la manzana que Aidan se devoraba con gusto, comprendieron la causa. Aunque para Aidan, era más entretenido contar la otra historia en vez de la real.
— No necesito tu maldita ironía — coloco una mano en el hombro de Inuyasha con pesar —. Me compadezco de ti.
— ¿Compadecerte de mi? Debes estar loco. Discutir con ella, hace de las reconciliaciones algo… — se acerco y le susurro — muy interesante. Te lo aseguro.
La expresión de John cambio a una de asco por imágenes ficticias y fugaces que se precipitaron en su cabeza.
— No me asegures nada, que de solo pensarlo… — exagero la mueca y sacudiendo la cabeza intento quitarse la imagen de una reconciliación entre su "tía" y Inuyasha.
Inuyasha rio ampliamente y le dio unas palmaditas en la espalda.
— relájate. Y lo de las reconciliaciones resulta. Deberías intentarlo con Jade.
— ni que lo digas. Resulto tan Higurashi, como Kagome en persona.
— ¿arrepentido, Habibi?
John palideció y con lentitud se volvió hacia la dulce mirada de su esposa.
— claro que no amor — se apresuro en decir —. Todo lo tuyo, me llena de dicha. Arrepentido tendría que estar, si no me hubiera casado contigo.
Jade le sonrió con amor y John al tiempo que la abrazaba desde la espalda, soltó un suspiro de alivio.
— No sabrá pelear — le comenzó a susurrar Kagome a Inuyasha —, pero si que sabe como tener a Jade feliz.
— como espero hacerlo yo contigo.
El brindis continúo y las felicitaciones y los deseos de felicidad continuaron por lo menos una hora, y su felicidad interna, parecía aumentar con cada deseo de buenas y con cada día que transcurría.
Todo era perfecto, incluso omitiendo el rostro amargado de Trevor apenas se entero, opacado por el alegre de su hermano, quien la abrazo con tanta fuerza, que creyó que se le iban a quebrar todos los huesos del torso. No sabia porque, pero se sentía como una niña pequeña… como la hermana pequeña de ese grandulón irlandés.
A la hora de informar al servicio, requirió de todo su temple para no caer en un error ante la mentira, que estaba forzada a realizar a sus fieles trabajadores.
Y no fue necesario mentir. La farsa de Reggie había llegado a oídos de todo el personal, y varios ya se preguntaban si seria cierto; a lo que ella no negó nada y tampoco asintió, todo se lo dejo a Inuyasha. Por lo que eso, no se le podía llamar mentir, ó ¿si?
A un demonio si era mentira o no. Era por el bienestar de todos, no solo de ella.
A los días, tío Eddie mostro interés en ir a Georgia junto con su esposa, todo por interés financiero. Siempre pensando en negocios. Era entendible, aquello era su vida y el estar sin hacer nada en la casa, lo debía estar teniendo apunto de un ataque.
Warren y su esposa Gabrielle, luego de una intermitente visita, habían partido otra vez a mitad de semana, prometiendo regreso para el matrimonio de su hermano Clinton, el cual también se había ido en búsqueda de sus hijas.
Boid se quedo junto a Katey, enviando su barco a los rumbos destinados de transporte de mercancía, ya que según él, no estaba dispuesto a realizar otro viaje de regreso si podían esperar. Claro que su esposa, no se mostraba muy de acuerdo, ya que se aburría estando demasiado tiempo en el mismo lugar, por lo que se desaparecían la gran mayoría del tiempo, a donde solo ellos y Dios sabían. Y a Tony, no era bueno preguntarle si sabia en donde encontrar a su hija y yerno, ya que para él, poco le importaba el donde, lo desagradable, era el "qué" estaban haciendo, ya que lo tenia bastante claro; por lo que las bromas por parte de James no se dejaban esperar.
— están a la labor de traer un Anderson a la familia, viejo. Prepárate para ser abuelito — le decía este. Y Tony, solo le gruñía, a pesar de que la idea de ser ya abuelo, le agradaba cada día más al estar en contacto de ese modo con el pequeño David, quien tenía toda la atención de todos.
La tarea de la fiesta, tenía a las mujeres restantes en estado de disfrute. Era lo que sabían y en lo que se manejaban, y ya llevaban demasiado tiempo sin asistir a una fiesta, llevándolas a extrañar los grandes salones londinenses y todo su glamour.
Se habían encargado de convencer a Kagome, de invitar a los altos miembros del estado, lo que les llevo a preparar y enviar seiscientas invitaciones, mas la que Inuyasha había destinado al fuerte de Deep Creeck para los altos mandos, ya que estos, en una misiva dieron aviso de su presencia y de la espera de la invitación oficial, como a la vez, el amplio interés de conocer al afortunado esposo de la dueña de Tso'i Sogwili, o Tres Caballos como preferían llamarlo para evitar usar el lenguaje indio.
La presencia de oficiales del ejército, tenían a la nueva señora Taisho con severos dolores de cabeza, en especial al ver que sus familiares habían ideado darles unas de las tantas mejores habitaciones, para que cuando se marcharan solo hablaran de cosas buenas. A Kagome solo le quedo suspirar y ver como todo a su alrededor se volvía de locos, y lo peor de todo, es que las semanas transcurrieron con excesiva rapidez, y ahora solo faltaban tres días para tan desagradable -en parte-, día.
Y era por eso que ese mismo día, se dispuso a disfrutar de la casa sin tantos invitados que llegaría alojar, los cuales invadirían la privacidad familiar. Poco importaba el tener mas de cien habitaciones, aun así, se sentiría allanada, y lo peor de todo, observada.
Siempre seguida por la niñera, salió a la terraza intentando dar con alguno de sus familiares. Ya iba a ser la hora de almuerzo, y le sorprendió el ver que nadie de sus parientes, aparte de los criados que aseaban todas partes, se encontraba en el interior de la casa. Y al salir, solo dio con sus tías Rosslynn y George, las cuales sentadas sobres los confortables asientos de la terraza, discutían con sus maridos sobre las nubes que estaba transitando con mayor velocidad de la que les haya parecido ver antes.
— Lloverá — dijo seguro Tony —. Lo puedo dar firmado.
James bufo y se sirvió un refresco.
— que yo sepa, ni en Londres sabias distinguir un día de lluvia. Ahora, crees que el saber pronosticarlo es de familia.
Llevo el vaso a los labios con una sonrisa burlona al ver el rostro serio de su hermano.
— puede que en Londres mas de una vez me haya tocado quedar mojado por falta de observación. Pero te digo, muchacho, lloverá.
— y no se equivoca, tío. Esta corriendo viento norte — le dijo Kagome señalando la dirección de las nubes y Anthony miro triunfador a su hermano —. Pero no será hoy, y menos mañana… lo mas probable, es que el día de la fiesta.
— ¡no, por Dios! — exclamo George con rostro de desilusión —. Aquello arruinaría todo.
— claro que no, querida — le dijo Ross —. Solamente, habrá que realizarla solo en el interior.
— tienes razón. Aunque, me habría encantado bailar bajo las estrellas — comento George con ensueño.
— entonces, habrá que pedir que el viento sople mas fuerte para que se las lleve — le dijo Kagome con una sonrisa. Se sentó y autorizo a la niñera que se marchara si deseaba, ya que ella se haría cargo del pequeño y la joven mujer, gustosa se desapareció.
Kagome llevo la vista a los alrededores y con curiosidad, pregunto:
— ¿Dónde están todos?
— repartidos por todas partes, gatita — le dijo Tony desde su confortable asiento sacando un par de bocadillos —. Las muchachas arrastraron a sus maridos al pueblo y llevaron a los menores. Jasón, con el jardinero (para variar). Molly y Antonia, en la cocina con la mujer sueca terminando de planear el menú... ¿Quien me falta...? Ah. Eddie y Charlotte, todavía por Georgia.
— Prometieron llegar hoy y es temprano aun — aclaro George tomando al pequeño en brazos de Kagome.
— Llegan hoy — dijo Tony como continuidad de su relato —. Marshall y Travis, andan con uno de tus irlandeses en... No tengo idea, pero me lo imagino.
Kagome tenia claro a donde los llevo, y también quien era. Trevor, como la costumbre últimamente, los llevaría a la taberna y luego a prestigioso burdel de Portsmouth desapareciéndose hasta el día siguiente, por lo que tendría que enviar un par de hombres para salvaguardarlos por el lamentable estado en que regresarían.
— Si es que es de ellos por "quienes" preguntabas, ó por "quien" — dijo James con malicia en la mirada.
— Se muy bien en donde esta Inuyasha, tío, no hay necesidad de aviso. Solo me sorprendió tanto silencio.
— un agradable silencio — acoto James.
— Suena amargura, viejo — le dijo su hermano.
— Suena a que aprecio el silencio y la calma. Hasta el pequeño es más callado que la mitad de nuestros sobrinos — se acerco al pequeño, para luego quitárselo a su esposa —. Ven conmigo, pequeño James.
— Si no recuerdo — le dijo Tony a su hermano —, su nombre es David. Tú nombre, solo ocupa el segundo lugar.
Con un gesto pensativo, James observo al pequeño que se veía interesado en un brillante botón de su chaqueta.
— tiene mas cara de James. Y me gusta como suena en él — volvió la vista al pequeño y le llamo: —. James.
— podrá tener cara de John, Charles, Peter o de George; del nombre que quieras, sin embargo, su nombre seguirá siendo David. Aunque — se acerco al asiento de Kagome y le dijo —, sigo pensando, gatita: debiste haberle colocado un nombre más varonil y atractivo. Por ejemplo…: Anthony ¿no te suena melodioso? Y a las mujeres les fascinaba; y escucharlos de sus labios, causaba furor.
— ¿con que les fascinaba? Y… ¿furor? — le dijo con seriedad e ironía Rosslynn. A lo que él le sonrió seductor.
Se acerco a su esposa y le abrazo por la espalda, agregando:
— y todo se vuelve maravilloso, cuando es la mujer que amas quien lo pronuncia. Y aunque lo nieguen, es un nombre apuesto.
— te has salvado, Taisho — le dijo su esposa dándole una palmada en la mano y separándose de él, y este le giño el ojo.
— Para que nadie discuta — dijo Kagome con tono conciliador —, le agregare Anthony ¿Qué te parece, tío?
— ¿estar de tercero? — Tony realizo una mueca de dolor —. Prefiero esperar al segundo varón y que le coloques Anthony directo. Y ¿Quién sabe? Tal vez salga idéntico a su tío favorito.
— ¿ni siquiera a nacido y ya eres su tío abuelo favorito? — Soltó James — Quizás nazca rubio de ojos verdes.
— Como su padre a su abuelo — soltó con sarcasmo Tony, y ambos hombres comenzaron a reír asustando al pequeño con las risotadas, por lo que callaron de inmediato —. Quizás ahí, George deje de reprocharte el haberte hecho cargo de "mi hijo".
— Algo de años han transcurrido, como para que no haya aceptado que el muchacho nació así porque Dios lo quiso — dijo James —. Es tu esposa la que se quitaría la duda.
— se llama "resignación", James — dijo la susodicha acomodando la ropa del pequeño -en esos momentos-, James —. No me quedo de otra al ver que, a pesar de las replicas, Anthony seguía reafirmando su posición
— Ustedes discuten, y por lo que tengo entendido — dijo Kagome —, Inuyasha parece poco importarle esto, incluso, le es divertido.
— A ese sinvergüenza, le parece divertido todo — dijo James con orgullo.
Eso era imposible de negarlo. La unión entre la familia y el cariño que los mayores tenían a los hijos de sus hermanos, era innegable, por tal, poco importaba ya llevar a discusión la verdadera e imposible paternidad de Tony con Inuyasha, ya que para todos, él era un Taisho y sus rasgos eran innegables, y todos sus tíos lo trataban como si fuera hijo propio. Situación que se repetía con todos los hijos de sus hermanos, y ahora, primo.
Sin embargo, a pesar de ello, Tony siempre le explicaba con vehemencia a su esposa, que él jamás había conocido a la madre de Inuyasha, y que James la recordaba perfectamente, lo que suponía debía dejar más que claro el asunto. Y si Rosslynn le creía o no, nadie lo sabia, ni el mismo Tony.
La conversación cambio de rumbo y giro alrededor de David James, ó James David. Hablaron sobre lo bello y apuesto que seria cuando grande, y sobre los planes educacionales que todos esperaban para él a ser el primer nieto del incorregible de James Taisho, y como Conde a su tempana edad y futuro Márquez para cuando su abuelo se lo seda a su muerte.
Kagome rio y vio como un par de trabajadores la llamaban a lo lejos con señas.
— El pequeño James, nos acaba de dar un obsequio — dijo el abuelo. Y Ross, al ver que a la joven la necesitaban, se lo quito a James antes que la joven lo hiciera.
— yo me encargo, querida. Ve — le dijo e ingreso con el pequeño a la casa.
Los peones discutían sobre venenos y cacería con perros ratoneros, cuando los alcanzo a la vuelta del ala oeste de la casa. Dándose a la idea de manera preocupante en que podía consistir el asunto al ver en que área estaban.
— ¿Qué sucede? — pregunto mirando el cielo con motas de nubes, intentando verse desinteresada.
— ratones, Higurashi. Ó eso creemos — contesto el hombre de mayor edad al tiempo que señalaba a espaldas de ella.
La enorme pared de bloques de piedra no tenia ninguna ventana hasta tres metros y medio de alto, y una serie de hiedras de hojas gruesas y con toques amarillentos cubría una parte de la pared en conjunto con una Parra Virgen, típica de la zona; de hojas divididas en grupos de cinco que en otoño, antes de caerse, mostraba todo su esplendor al tornarse de un rojo intenso.
Con disimulo observo el sector mas cubierto de la pared y pudo ver como las enredaderas se movían incesantemente, como si algo intentara salir entre ellas. Pero por la fuerza del movimiento, un ratón, no podría ser. A menos, de que estuvieran siendo invadidos por todos los de la región, algo que dudaba, debido a la preocupación de colocar trampas, en especial en esa zona. Todo aquello, tenía una explicación coherente que debía investigar de inmediato.
Recogió una piedra y con fuerza, la lanzo dejando un eco seco ante el choque, deteniendo todos los movimientos.
— Coloquen un repelente… — estaba ordenando.
— Lo mejor, seria eliminar todo aquello — le dijo el otro trabajador señalando los largo tallos trepadores cubiertos de hojas.
— No — dijo secante y los hombres la miraron con rareza, a lo que agrego —: Me gusta como se ve. Coloquen más repelente. El veneno, evítenlo. Hay demasiados niños en la casa, lo que lo hace demasiado peligroso.
— podríamos usar los perros del viejo Harris — dijo el otro peón —. Pillan hasta lo que no se ve.
— podría ser. Usemos el repelente, y si no resulta, ordenare que usen los perros.
— como digas, Higurashi — dijeron ambos al unisonó.
Con la excusa de ir a ver a David, los despacho y ella corrió en dirección a la casa, emprendiendo rumbo al tercer piso a las habitaciones centrales.
Ingreso a un cuarto que hacia tiempo no visitaba, el cual mostraba reciente limpieza a causa de la llegada pronta de ocupantes. Estaban dejando ver su majestuosidad de antaño, sin embargo, aquello no era lo que le interesaba, y mucho menos la ondeante muselina que caía por las ventanas.
Se acerco a los pies de la cama y se sentó ahí con la vista fija en el enorme mueble frente a ella que se mantenía firme apegado a la pared. Mueble, que para lo sospechado por la joven, lentamente comenzó a moverse dejando ver al "ratón movedor de enredaderas", o mejor dicho: ratona. Agradeció que haya sido Jack, en vez de alguien del servicio en dar con aquel lugar.
Apoyo su antebrazo izquierdo sobre su pierna y observo a la intrusa que se dejaba ver.
— Por lo visto — dijo con seriedad —, los ratones cada vez están mas grandes.
— ¡Kagome! — exclamo sorprendida —. Yo… esto… ¿Qué haces aquí?
Kagome, con los ojos entornados la observaba divertida, en especial al ver a la joven Jack intentar mostrarse como si no hubiese hecho nada malo, si no todo lo contrario.
— no lo se — le contesto con calma —. Los trabajadores me dieron aviso de la presencia de ratones, ya que nada mas podía ser el causante de que las enredaderas del sector oeste se movieran cuando solo existe un muro ¿sabes algo de eso?
— ¿llega hasta allá? — susurro para sí la pequeña, y al verse en su reciente error, miro con inocencia a su adorada prima-cuñada.
— ¿Cuántos llevas encontrado? — pregunto Kagome al ver que ya no era necesario seguir con los rodeos.
Jack traviesa se encogió de hombros y sonrió.
— entre tres o cuatro… ¡cuatro! Sí, cuatro.
— ¿uno que da hacia fuera ó, los cuatro que has encontrado?
— ¿hay cuatro que dan hacia fuera de la casa? — exclamo entusiasmada.
— No — contesto secante.
— ¿son más?
— Jack… — le dijo en tono de advertencia. Suspiro y más calma la miro —. Mira — Le tomo la mano y la acerco a ella —. No me molesta que busques pasadizos secretos, pero no los que dan hacia el exterior ¿me entiendes? En especial de día.
— ¿Por qué no?
— Siéntate aquí — Kagome se movió un poco y Jack ocupo el espacio entregado —. Por un motivo específico, son secretos. Representan una enorme utilidad en caso de peligro, y no es bueno que todos, en especial los trabajadores se enteren de que existen pasadizos que den al interior de la casa. Confío en la gente que vive aquí, pero nunca se sabe.
— ¿ni siquiera mis papás ó los tíos?
— no. Debes entender: no es que no confíe en ellos, en lo absoluto. Es por discreción. Ellos no necesitan saberlo, solo las personas justas en caso de que sea necesario ¿entiendes?
— Si… — susurro apenada — ¿estas molesta conmigo?
— claro que no, cariño. A tu edad, era igual de curiosa; y si quieres, te puedo decir, incluso, te puedo mostrar donde están los otros, pero tendrá que ser en la noche. Y los interiores, si quieres, los descubres por ti misma, pero siempre con discreción.
— esta bien, lo prometo — sonrió radiante y comenzó aplaudir de alegría al ver la nueva aventura que tendría —. Esto es fascinante; un secreto nuestro, como antes.
— no le puedes contar a Judy. Lo entiendes ¿cierto?
— ¿no? — Kagome negó.
— no. Se que ustedes no se ocultan nada, pero me debes entender. Estoy colocando toda mi confianza en ti, Jack.
— lo se…. Aunque ella no se merece saber algo como esto. Ella me dejo ¿lo sabes? Salió con Katie, Reggie, Kelsey, Jade y Amy al pueblo, y me dejo ¿lo puedes creer? ¡Me dejo! Llevaron a todo el resto, incluso a Gilbert y a Adam, pero menos a mí — resoplo molesta y se cruzo de brazos —. Y es tan aburrido estar aquí sola… — suspiro con pesar.
— lo se. A tu edad no tenia amigas, por lo que debía divertirme sola. Luego llego Jade y todo cambio, pero para ello ya tenía quince.
— y ¿Qué hacías para divertirte?
— bueno… de noche salía a bañarme en el rio en los días de luna.
— ¿en serio? ¡Que excitante! — dijo la pequeña con una mirada soñadora que alarmo a Kagome.
— no lo hagas, Jack. Te lo prohíbo.
— pero, ¿Cómo tú?
— esta bien, tienes razón. Pero debes prometerme que no lo harás sola, me dirás y te acompañare — la pequeña hizo un mohín de no muy a gusto con la idea y Kagome en serió sus expresiones —. Debes prometérmelo, Jack.
— está bien. Lo prometo — suspiro —. Bueno. Eso es en la noche, y ¿en el día? ¿Qué hacías para divertirte?
— bueno. Ahora que recuerdo… me disfrazaba de dama de la corte francesa y me colocaba a dar ordenes a todo el mundo, hablando entre una mezcla de francés e ingles.
— ¿enserio?
— muy enserio. Quede alucinada cuando fuimos una vez a Francia. Y pude ver cuadros de María Antonieta, ya sabes, la que… — pasando su dedo índice por el cuello, simulo un corte en la zona y Jack comprendió al instante —. Y recordé que habían trajes de mi abuela y le pedí a Antonia que me hiciera uno idéntico, pero a mi tamaño. Era muy gracioso, tenía la peluca y todo. Hasta el famoso lunar que estaba de moda.
Los ojos de la pequeña se agrandaron y entusiasmada se levanto y le tomo las manos.
— ¿puedo verlo? ¡Por favor! Te lo suplico.
— de todos modos te lo iba a mostrar. Como están reacomodando las habitaciones, Erika me comento ver mi baúl de niña. Y antes de ayer lo fui a buscar…. Déjame ir alimentar a David y hacerlo dormir, y luego vamos a verlo ¿trato?
— ¡trato!
Jack no mostro intenciones de despegarse de Kagome. Cerraron la puerta del pasadizo y juntas fueron a buscar al pequeño. David ya se mostraba cansado con tanto movimiento, por lo que apenas termino de comer, sus ojitos solitos se cerraron hasta quedar profundamente dormido.
La niñera estaba en el cuarto del bebé leyendo, por lo que pedirle que le velara el sueño, no fue necesario, ya que esta con un simple movimiento de cabeza le indico a Kagome que todo estaría bien.
A Kagome dar con el famoso baúl que contenía el disfraz, fue desastroso. Desastroso, en el ámbito muscular. Debió recorrer cuartos y cuartos a causa de la nueva reorganización para dejar las habitaciones desocupadas. Y los baúles con los que se encontraba, en su gran mayoría, contenían cosas demasiado antiguas. Los cuales, dejo de lado para otro momento de disfrute y descubrimiento.
Fue a dar con el deseado en el cuarto piso. Entre las pocas habitaciones que habían dejado para almacenamiento, ya que con la de la segunda y tercera planta, serian suficiente para alojar invitados, en el tercer cuarto revisado, dio con el baúl que Kagome había utilizado de niña para guardar sus tesoros.
Lo observo cerrado con nostalgia. Los sobre relieves y las gruesas hebillas de fierro que servían para cerrarlo se mantenían intactas, como lo mismo que su nombre en la tapa… lo remarco con los dedos y quito el poco de polvo que tenia ante el reciente cambio de locación.
Suspiro y con cuidado levanto la pesada tapa.
Viejos recuerdos se precipitaron en su mente como una lluvia inesperada y potente.
Sus primeros guantes de monta que le regalo su padre. La muñeca que había pertenecido a su madre cuando pequeña. Sus viejos libros de aventuras, que le encantaba leer por las tardes junto a su hermana… una que otra joya para niñas. Una corona seca de flores y el dichoso vestido. Mas la peluca, no se encontraba en un estado aceptable, por lo que simplemente lo dejo ahí como recuerdo, sacando el traje para ventilarlo y enseñárselo a Jack.
Las criadas no lo habían movido de donde lo había dejado en su habitación. Y cuando se lo enseño a la pequeña sus ojos se iluminaron al instante al ver lo bello que aun se conservaba.
El vestido platinado en lavanda con ribetes en verde pálido era de en sueño, en especial para una niña que solo se le permitía utilizar trajes de acuerdo a su edad.
Se acerco temerosa y del mismo modo toco la suave tela.
— ¿puedo? — pregunto la pequeña sin quitar las manos y los ojos del vestido.
— claro que si.
Jack con rapidez y con la ayuda de Kagome se quito su vestido de niña color rosa pálido y crema. Le entrego un corsé falso, que consistía en un armazón que solo servía para dar la forma al vestido en el pecho, no para modelar el cuerpo, y Jack sonriente permitió que Kagome se lo colocara.
Solo pensar que ya iban a cumplir un año en América y a los pequeños nunca se les escucho una queja. Solo a Judy que hacia comentario constante de sus paseos por Hyden park y de sus compañeras de escuela.
Entendía el sacrificio que su nueva familia estaba haciendo por ella, temiendo aun por su seguridad ante la desaparición de Henry. Suspiro pesado y observo a la pequeña que alegre canturreaba una canción y jugueteaba con sus manos.
Demasiados sacrificios y los más pequeños eran los que mas sufrían…
— ¿Extrañas Londres? — pregunto la joven Higurashi.
— ¿La verdad? — hablo Jack —. No demasiado. Pero si el hablar contigo.
— Lo siento, cariño — Kagome se detuvo y suspiro con pesar —. He estado algo...
— ¿triste? —completo Jack y Kagome inconscientemente asintió.
— Puede que algunos problemas me tengan así...
— Y mi hermano a sido uno grande — la pequeña sonrió al ver a Kagome entre sorprendida e incomoda—. ¿Lo quieres?
— Eh... Bueno, es el padre de David y...
— No. Yo me refiero como hombre. Ya sabes. Las mariposas que suben y bajan y luego revolotean en todas partes con solo mirarte.
— Veo que tus mayores te han dejado demasiado tiempo durante conversaciones.
Jack sonrió con picardía.
— Es porque se olvidan de que estamos presentes, o simplemente, de que los podemos oír. A ti antes no te molestaba.
— creo que me esta afectando el pasar tanto tiempo encerrada con ellos.
Ambas rieron.
— ¿me contestaras?
— ¿Qué si lo quiero? — le ajusto unas cinchas y Jack asintió —. Puede que esté dolida... — se detuvo y corrigió continuando con su labor —. Muy dolida por haber desaparecido, pero me a sido imposible dejar de quererlo.
— Ósea, todavía lo amas.
— Si. Es el sinvergüenza más adorable jamás visto — sonrió ante ello, ya que realmente lo creía.
— Pero — musito con pesar —, has sufrido tanto por tanto tiempo…
— Si... Sin embargo, durante ello llego David.
Se produjo un silencio, donde Jack se mantuvo en sus pensamientos, siempre con el seño fruncido.
— El amor duele demasiado, por lo visto — soltó finalmente y Kagome la miro con dulzura al tiempo que se hincaba frente de ella.
— No le temas, sentirlo te hace humano. Es verdad que hay amores que se sufre. Por ejemplo: los no correspondidos o cuando existe la infidelidad, o cuando uno ama y el otro ya no. Pero mientras se esta con alguien que lo comparte, vale la pena.
La pequeña se mostro mas aliviada y Kagome regreso a lo que hacia.
— Si me enamorara, me gustaría que fuera como mi papá y mamá, o como mis tíos.
Primero ubicaron el armazón de alambre sujeto a la cintura y Kagome se lo abrocho por detrás.
— Y ¿Cómo Inuyasha y Kikio? — le pregunto mientras terminaba de acomodar la cinta con inocente curiosidad, ya que siempre se había preguntado como había sido la relación entre ellos.
— No. Como ellos no — contesto la pequeña —. Ella era demasiado celosa, y cuando perdió al primer bebé, se coloco peor. Inuyasha la quería, pero se veía agotado, por eso no dejaba de encargar hijos. Creía que así ella dejaría de dudar de su amor.
Kagome se irguió y la miro a los ojos.
— ¿Cómo sabes todo eso?
— Amy le conto a mamá. Y ya sabes, ellos siempre han sido buenos amigos.
— Si… toma, póntelo — la pequeña tomo el vestido y con cuidado se lo coloco por arriba ayudada por Kagome.
Las cintas delanteras para ajustarlo, mas los botones de la orilla, facilitaban el ajuste en vez de cocerlo puesto, labor que a Kagome se le habría hecho un desastre.
— Déjame verte — le pidió Kagome y la pequeña retrocedió para exhibirse con gran entusiasmo —. Te quedo perfecto, aunque un poco corto. Pero no se nota.
La hizo darle la espalda y acomodo los dobleces que quedaron y ato las cintas faltantes. Terminado ello, la sentó en el taburete del tocador, dándole la espalda al espejo, y se lanzo a la labor de levantar el cabello en un peinado. Saco todas las horquillas que tenia en el mueble y reacomodo largos mechones dándole forma.
— ¿Eres celosa? — pregunto Jack de improvisto.
— ¿celosa? Mmm… quédate quieta. Creo que pude haber tenido una que otra crisis a causa de que las cosas entre tu hermano y yo no estaban claras y temía porque me dejara.
— Pero, ¿ahora?
— Inuyasha no a hecho nada como para hacerme sentir así, a decir verdad.
— ¡Eso quiere decir que no lo eres!
— Quédate quieta — corrió unos mechones y retomo el tema —. Bueno, hay que reconocer que tú hermano ha tenido una vida muy...
— ¿Alegre? — no pudo menos que sonreír ante ello.
— Si. Se le podría llamar así. Y es de esperarse que Danny sintiera celos. El temor de que pueda caer en sus gustos variados de antaño, vuelve a una persona insegura en celosa. Y hay que reconocer, las mujeres buscaban a tu hermano como abejas a la miel, y él lo disfrutaba.
— Pero él ahora no es así. Tú no deberías estar celosa.
— lo se, cariño. Pero no se lo digas — Jack sonrió en complicidad y Kagome golpeo sus palmas contra sus muslos —. Listo.
De un brinco, Jack se levanto y se volvió hacia el espejo para verse, asombrándose de su nuevo aspecto.
— creo que no soy tan buena peluquera como la nana de Reggie o tía Charlotte, sin embargo, no me quedo tan mal ¿no crees?
— ¡para nada! ¡Está fantástico! — radiante se volvió hacia la joven que recogía los lazos sobrantes y se lanzo sobre ella propinándole un fuerte abrazo —. Ahora tú.
— ¿ahora yo? — La giro y coloco un laso en el cuello de la muchacha — ¿De qué hablas?
Jack se dirigió al cuarto de vestir y husmeo un buen rato entre la ropa de la joven.
— Colócate algo lindo — le dijo desde la habitación.
— ¿no te gustan mis trajes de ahora?
— si. Pero mas los que usabas antes. Y recuerdo que Reggie siempre dice: que hay que embellecerse, para recordarle a nuestro hombre a quien pertenecen.
— ¿ella dice eso? — pregunto divertida.
— ¡siempre! ¡AH! — Le escucho gritar y a los segundos reapareció —. Esté esta lindo.
Volvió a entrar y Kagome la siguió.
Sus primas se habían encargado de enviar hacerle trajes como para cambiárselo a diario antes de todo lo ocurrido con Henry. Y el que llamaba la atención de Jack, ella también en su momento lo considero bonito.
De un verde suave platinado como base y de bordados en un verde dos tonos mas oscuro, creando un efecto de sombra, también en los encajes en el escote y en toda la parte delantera del torso, en la cintura y en el ruedo de la falda del mismo tono.
La falda era acampanada y de estrecha cintura, y el escote era rebajado y recto, dejando los hombros al descubierto levemente. La espalda lucia más piel hasta unos centímetros sobre la mitad de esta y un bello lazo de muselina verde pálido caía hasta la base del vestido.
Suspiro y toco con nostalgia de su vida en Londres hacia meses atrás.
— Te verías muy bonita con él — le dijo Jack interrumpiendo sus pensamientos —. Colócatelo ¿si?
— Dios… — musito apesadumbrada —. Eso requerirá que me coloque corsé, y te aseguro, que no me tienta.
— bueno… estas mas delgada que antes de que nos viniéramos. Yo creo que no te afectara tanto.
Y era verdad que lo estaba. Se sentía más liviana y los huesos de las costillas y los hombros comenzaban a notarse. Inuyasha ya se lo había hecho notar días atrás, y era por eso que llegaba puntual a cada comida y supervisaba su alimentación, ya que no obedecía a nadie mas. A pesar de que su obediencia se debiera a chantaje, para él resultaba. Y ella debía reconocerlo, sus mejillas ya mostraban color.
Con los problemas, se había despreocupado demasiado de si misma, y un vestido bonito no haría mal, y era mejor acostumbrarse ahora que el mismo día de la fiesta.
Con un simple asentimiento, dio su aprobación, y personalmente busco todas las prendas requeridas. Las amplias enaguas y la camisa delgada que iba debajo del corsé, las delicadas medias, el culote, zapatos a juego y el desagradable corsé.
A causa de que el cambio seria una sorpresa, no solicitarían un ama de vestir, por lo que la misma Jack se lo ceñiría con su ayuda.
Se desvistió y se coloco la fina camisita y se puso las medias seguida por el culote. Hasta ahí, todo iba excelente, hasta que llego a la hora de ajustar el corsé.
Se lo coloco, y con ambas manos en su cintura al tiempo que entraba un poco el vientre, realizaba presión hacia atrás para que a Jack le resultara más fácil ceñir las cintas. Y para su sorpresa, no fue tan complicado. Su delgadez se lo facilito y su cintura se veía mucho mas estrecha que antes. Aunque debía reconocer que, sus pechos y caderas, se habían agrandado un poco con el embarazo y ahora con el amamantamiento haciéndola ver mas… desarrollada.
¡Dios! El vestido en el pecho le quedaba levemente ajustado, realzándolos de manera bastante agradable, y si lo pensaba, aquello seria una sorpresa doble para Inuyasha. Dudaba que el muy truhan se fuera a quejar…
Para cuando bajaron, los que se encontraban en la ciudad, ya habían llegado y la sorpresa en sus rostros era graciosa. Admiraron el traje de Jack con detenimiento, llenando de elogios a Antonia por lo logrado, y Judy mostro un poco de envidia por no haberse quedado y así haber obtenido uno parecido. Pero cuando pasaron a mirar el aspecto de Kagome, solo se oyeron alabanzas. Y es que se veía hermosa.
En su cabello solo había agregado unas cuantas horquillas a los lados y lo había atado en una trenza, la cuan larga, reposaba en su hombro derecho.
— indudablemente bella, gatita — le dijo Tony y le beso la mejilla.
James pasó su brazo por el hombro y le sonrió orgulloso.
— el embarazo sirvió para acentuar tu belleza. Aunque… un chal en el escote te vendría bien. Ahora habrá que vigilarte el doble. Yo que me creía descansado en esa área.
— te equivocas, tío. Eso le corresponde a tú hijo, y no creo que a él le moleste mi apariencia y mucho menos, verme sin un chal.
— eso es lo que tu crees, cariño. Pero no diré nada, ya que tienes en parte la razón — le beso la frente y se dirigió a su esposa.
Todo había resultado mejor de lo que esperaba y ella y Jack sonreían cómplices y satisfechas a la vez.
Al tiempo, que daban aviso de que la cena estaba servida, uno de los criados se le acerco cuando pasaban por la puerta de entrada.
— Kagome, tenemos visitas — le susurro el muchacho.
— ¿visitas? — se volvió y mientras subía la mirada hasta dar con el rostro del visitante, su ceja enarcada y lo seria de su expresión, iba demostrando lo bien que había reconocido al "invitado". Su traje azul con detalles en dorado de oficial lo hacia ver apuesto, sumándole su buen rostro -debía reconocerlo-, pero esa mirada de suficiencia era lo que siempre le había molestado, por lo que con displicencia le hablo al visitante —. Teniente Greenwood ¿a qué debo el honor de su visita?
— Es, Capitán Greenwood ahora… señora.
Kagome simplemente asintió.
Un enorme animal paso frente a él y meneando la cola se acerco a Kagome esperando una caricia por parte de ella, a lo que le vio solamente colocar su palma sobre la cabeza del can al tiempo en que este se sentaba a su lado relajado y mirándolo atento.
La joven lo siguió observando y el oficial no emitía palabra alguna, dedicándose a mirarla de un modo bastante extraño y penetrante, por lo que ella hablo para quebrar el silencio y para que él viera que lo que estaba haciendo, era impropio.
— no creo que este aquí para traer otro sirviente que yo haya contratado.
— A decir verdad, puede ser — sonrió por primera vez en todo el tiempo en que lo haya visto —. Aunque con usted, difícil saberlo — contesto divertido. Alzo un sobre y se lo tendió, permitiéndole reconocer la letra y diseño exclusivo que Reggie había solicitado para la fiesta.
Claro, él había llegado para la fiesta. Y por el trato con Inuyasha, el ahora Capitán Greenwood con sus acompañantes, se quedarían en la casa. Aunque nunca se imagino que sería… él, el representante.
Por lo visto, para su desagrado, la actuación debía comenzar.
Continuara…
N/A: NUEVO CAPI…..!
Me demore menos, e incluso, me iba a tomar mas tiempo, ya que el capitulo era mas largo, pero decidí dividirlo, arreglar lo que le faltaba al otro y subirlo durante la semana que viene ¿Les tinca?
Me parece de lolos
Jejejeje
Mis amigas, que les puedo decir.
Inu por fin le dijo la palabra deseada SI! Saltaron las serpentinas y los cañonazos junto con los fuegos artificiales. Jajajajaja
Se acerca el fin. Y tengo mucha pena, los finales no me agradan mucho.
Y quizás, haga una segunda parte de esta historia. ¿Les tincaría o no? Tengo hasta ideas. Jejejejeje
Buenos amigas mías, cuídense y mucha suerte a todas!
Besos
NOS LEEMOS…
