Ya en su despacho, el almirante Henry Gloval ordenó que se hiciera la remoción de escombros de lo que fueron el hospital y la guardería y buscaran el tipo de explosivo utilizado para que Inteligencia encontrara indicios, pidió le llevaran a su despacho las grabaciones de los terroristas para estudiarlas a conciencia, junto con los reportes de la capitana Hayes, la comandante Grant, los capitanes Vinógradov y Du Camp y el mayor Focker. Después mandó llamar a Romanov para hablar con él a solas. Salió a las 2230 rumbo a su casa.

En su biblioteca de la casa del almirantazgo y acompañado de un vaso con leche tibia, Gloval estuvo hasta la 0015 releyendo una de sus obras literarias favoritas, El arte de la guerra de Sun Tzu. Desde que entrara a la Academia Naval Soviética, aquel libro, ya gastado por la cantidad de veces que había pasado por sus manos, se convirtió en su consejero tanto de vida como en lo militar. Uno de sus maestros, el comodoro Piotr Sokolóv, un experimentado marino que participó en la Segunda Guerra Mundial, lo llamó aparte de sus compañeros para regalárselo, pues había visto en el joven de 18 años una inteligencia que había que cultivar.

Hacia las 0030 salió de su domicilio para dirigirse a visitar a un viejo amigo. Nada de escoltas. Tocó a la puerta. El ordenanza abrió:

—¿Almirante Gloval? —estaba visiblemente sorprendido—. Señor, buenas noches.

—Buenos noches, Kolya. ¿Ya Está dormido el perro gruñón?

—No, está en su estudio.

—Gracias. Conozco el camino.

Tras unos minutos, observó al dueño de la casa sumamente concentrado. Tocó a la puerta entreabierta:

—Adelante —levantó la mirada de una cajita de madera que acababa de abrir—. ¡Gloval! —se sorprendió—. ¿Qué te trae a esta hora tan "cálida"? —empezaban las heladas noches de noviembre que para aquel par de rusos, eran tibias a comparación del clima de su terruño.

—Buenos noches, Maistroff. Una charla de amigos.

El coronel traía puesta su bata de terciopelo rojo con un gazne encima de su pijama.

—¿Te gustaría acompañarme? —el ordenanza entró con dos tazas humeantes de té—. Gracias, hijo.

—Por supuesto.

Los dos militares se sentaron frente a frente en una mesa. Maistroff sacó dos piezas de madera bellamente talladas.

—¿Negras o blancas?

—Negras, la última vez fueron blancas.

Maistroff detestaba el pokér por ser un juego donde intervenía el azar. En cambio, idolatraba el ajedrez. Para él, era la ciencia matemática en una de sus manifestaciones más hermosas. La otra era la música.

—Nada como una buena partida de ajedrez para relajarse.

—Amén. ¿Té?

—Spasibo! (gracias).

Y la partida dio inicio.

—Me enteré de lo de Bermellón 4. ¡Una lástima! Excelente elemento. Alfil a caballo.

—Por eso vine contigo—cubrió el caballo con su reina.

—¡Ummm, buen movimiento! Conservas el toque.

—Eres mejor que yo. Nada más no te lo creas, perro gruñón.

—(Risas) ¡Jaque! Tú no viniste a jugar ajedrez, tomar té de mi samovar y charlar. ¡Al grano!

—Una puerta de atrás —un resplandor enigmático brotó de su ojo derecho.

Maistroff sonrió malévolamente. Sacó un habano para prenderlo con el fósforo que le ofrecía Gloval con el que también prendió su pipa.

—¿Cómo en los viejos tiempos?

—Sí, como en los viejos tiempos.

—Jaque mate —el rey de Gloval no tenía escapatoria del peón de Maistroff.

Primer día después del ataque cibernético

Cada uno por su lado, Rick Hunter y Tony Arce realizaron su actividad física matutina para despejar su saturada mente de pensamientos caóticos y pesadillas. Se sentían deshechos, especialmente Rick. Tenía ese sentimiento de culpa por dejarse llevar por su estupidez. Por su parte, Roy Focker también sentía frustración. En su experiencia como militar, los altos mandos por lo general sacrificaban a los soldados por conservar su posición de poder. Era irreal la petición de los terroristas. ¿Quién o qué garantizaba la vida de aquella piloto?

Rick, los Sterling, Roy y Tony tenían un único pensamiento en la cabeza: ¿Qué hacer? Sería muy fácil lanzarse al abordaje exponiéndose a una corte marcial. Ningún ejército arriesgaría sus fuerzas, tiempo y recursos para salvar a una sola persona, a menos que representara alguien valioso. La teniente Andrade era una piloto militar más, alguien completamente reemplazable en la RDF, mas no en el corazón de sus amigos, familia y pareja.

Gloval llegó a su oficina a primera hora como era su costumbre. Claudia alcanzó a escuchar que cerró la puerta. La comandante Grant se levantó para ir a hablar con él.

El almirante contemplaba la vista desde su ventana. Le gustaba mucho ese instante anterior a la salida del sol donde la noche es todavía más oscura. Tocaron a la puerta.

—Pase.

—Permiso para ingresar, señor.

—¡Ah, Claudia! Buenos días. ¿Cómo están los pilotos?

—Devastados. Le es difícil resignarse a que perderán a una de ellos, sobre todo los capitanes Hunter y Arce. Las Conejitas piensan que la teniente Andrade podría morir como Acosta. De solo recordarlo, se me revuelve el estómago.

—Más vale que así sigan —extrajo la pipa de su saco y la prendió.

—Perdón, señor, ¿escuché bien?

—Sí, Claudia. Tal cual escuchaste. Cumple esta orden —le entregó una carpeta roja. A la oficial morena le temblaron las manos. Las carpetas rojas solamente estaban destinadas a ejecuciones por alta traición sin juicio. Romanov era el sospechoso número 1 por sus habilidades en la computación. Su oscuro pasado era una agravante.

—Como ordene, almirante —la comandante Grant, con tristeza, se dio la vuelta para cumplir su cometido. Su idea al entrar era abogar para salvar a Nicté, a novia de su prometido. Su familia. Se sentía frustrada.

—¡Ah! Se me olvidaba —giró para sacar un sobre color amarillo tamaño esquela del cajón superior de su escritorio—. También lleva esto donde el mayor Focker. Él ya sabe lo que tiene qué hacer. Una última cosa.

—¿Sí

—Jamás tuvimos esta conversación. Que tengas un buen día.

Lisa Hayes llegaba a su oficina. También estaba consternada. Lo sucedido el día anterior le demostraba lo difícil que era creer en la humanidad ante tales demostraciones de crueldad y violencia. Vio a Claudia salir del cubículo de Gloval con la carpeta roja en sus manos. Las dos cruzaron la mirada. Claudia leyó el contenido de la carpeta en silencio y se lo pasó a su amiga. Lisa volvió a su oficina a transmitir la orden terminante.

Prometheus

Seis miembros de la patrulla militar acompañaban a Claudia Grant y Lisa Hayes. Al llegar, convocaron a los pilotos de todos los escuadrones.

—En nombre de la RDF quedan arrestados Roy Focker, Rick Hunter, Max Sterling y la meltran Miriya Parina. Se les acusa de alta traición por proporcionar detalles del nuevo sistema tacnet a los terroristas.

El rumor de voces entre pilotos, personal de tierra y armeros se elevó golpe.

—¿Traición?

—Ellos no serían capaces.

—Es un error.

—¡SILENCIO!

—El almirante Gloval los sentenció a la pena capital. Serán ejecutados con el tiro de gracia en la cárcel militar dentro de una hora.

—¡Lisa! Sabes que somos inocentes. ¿El almirante se volvió loco? —Rick forcejeó con el policía que lo prendió por los brazos.

—¡Llévenselos! —dijo una fría Claudia Grant—. Si intentan escapar, yo misma tendré que matarlos —al cinto llevaba una Beretta 9mm sin el seguro.

—Claudia, morenita, te juro que son mentiras.

—Capitana Hayes, comandante Grant, somos inocentes —clamaba Max.

La guerrera meltrandi tuvo que ser reducida por tres oficiales debido a su descomunal fuerza.

Se les esposó de las muñecas y los tobillos para transportarlos al lugar donde se cumpliría la sentencia. Tenía que haber un error. Alguien los estaba inculpando de un crimen que nunca cometieron. Lamentaron que la suerte de la teniente Andrade estaba ya echada.

Horas después. Prisión militar

A cada uno se le confinó en una celda para que pudieran ponerse bien con el dios de su creencia antes de morir. Roy Focker pateaba la pared con todas sus fuerzas. Se apoyó contra la pared y se dejó resbalar hasta el piso. Ya no podría cumplir su sueño de casarse con Claudia, tener hijos y verlos crecer en una granja dentro un ambiente de paz. Lo iban a matar sin tener un juicio. Era de lo más injusto. De pronto, se abrió la puerta.

—Tienen cinco minutos —sentenció el guardia.

Claudia Grant ingresó a paso lento y seguro. Su rostro parecía haber sido tallado en piedra volcánica. Ninguna expresión, ni un gesto de dolor u otra emoción.

—Mi vida. Yo no tengo idea de qué pasa. Lo que más me duele…

Claudia lo abrazó con desesperación apoyando sus labios en la oreja de Roy, excitándolo con su aliento.

—Sígueme la corriente.

El piloto se sintió confundido. Se separó de Claudia observándola para encontrar un rastro de realidad. Ella le puso el sobre en sus manos. Lo besó con pasión y partió sin ver hacia atrás.

Una vez solo, el líder Skull rasgó el sobre. Su cara de desconcierto cambió a una de certidumbre.

Mayor Focker:

Disculpe el método que acabamos de usar con usted, el capitán Hunter y los tenientes Sterling. Era necesario. Si hay un espía en nuestras instalaciones que colocó el virus o fue un ataque a distancia como supone el teniente Romanov, puede ser que las cámaras de vigilancia y micrófonos registren cada una de nuestras conversaciones y movimientos. Por eso usaremos su misma estrategia: engañarlos.

Los terroristas nos exigieron matar a nuestros héroes de la batalla contra Dolza, o sea ustedes cuatro, como prueba para garantizar la vida de la teniente Andrade. Tanto usted como yo sabemos cuán remoto es que respeten su integridad física, especialmente después de lo de Acosta. Lo que buscan en sí es desmoralizar a las tropas y que la RDF sucumba desde su interior.

Es imprescindible detener a los pacifistas radicales antes que los asesinatos de militares se conviertan en atentados contra civiles para presionarnos a cumplir sus demandas. También les encomiendo rescaten a la teniente Andrade antes de que se cumpla el plazo de 72 horas a partir de la última comunicación de los terroristas.

La "ejecución" se programó a las 0800 en el sótano de la prisión militar. Tenemos preparados unos maniquíes con sus mismos uniformes. Ustedes entrarán con los ojos vendados y sus otros "yo" saldrán en camilla rumbo a la morgue donde los incinerarán. El capitán Arce se encargará de filmar su muerte. Ya está enterado de este plan y los acompañará en la misión doble. Hay que tener la prueba de que cumplimos con lo pactado por si vuelven a intervenir nuestros sistemas.

Cambiarán sus uniformes por los del servicio de recolección de basura. Fingirán recoger los desperdicios de la cárcel para llevarlos al depósito de la ciudad donde encontrarán sus VT disfrazados como chatarra. Ya están equipados con todo lo necesario. Desde ahí partirán a Nueva Detroit, su base temporal. Lisa les proporcionará toda la información referente al último vuelo del Gorrión. Algo me dice que su desaparición y los pozos están relacionados.

Destruya completamente esta información con el encendedor que trae en el bolsillo derecho de su guerrera. Ha de ser un viejo hábito de cuando fumaba.

Suerte en la misión.

Alm. H. Gloval

Roy sonrió ampliamente. Golpeó la puerta para pedir su "último cigarrillo". El guardia se lo proporcionó con gusto. Tener en la cárcel a un personaje como el legendario Roy Focker era privilegio de pocos ojos. ¿Por qué no cumplirle su capricho? El piloto disfrutó quemando el tabaco junto con aquella carta.

A la hora señalada, los guardias alistaron a los prisioneros tal cual dijera la misiva. Los cuatro protestaron sobre aquella injusticia. Exigían el respeto a defenderse de tales calumnias. Max y Miriya una y otra vez repetían que Dana quedaría huérfana por un error. Ingresaron al sótano y los pusieron de rodillas. Sintieron el frío cañón de un arma en su nuca y apretaron los ojos. Luego, un disparo.

Lugar desconocido

La humedad del suelo rocoso y el agua goteando sobre su rostro despertaron a la piloto del escuadrón Bermellón. Con el cuerpo adolorido, la boca con sabor a metal y la cabeza dándole vueltas, la teniente Nicté Andrade entreabrió los ojos. Poco a poco, su visión se acostumbró al sitio donde estaba. Era un cuarto en penumbra, la luz al parecer provenía de una claraboya.

Sigo viva. Mientras sienta dolor físico, tengo una oportunidad.

Trató de ponerse de pie, pero fue inútil debido al dolor punzante en sus tobillos. Optó por gatear hasta la pared más cercana para apoyarse. En eso, una puerta rechinó al abrirse e ingresaron dos individuos.

—¡Vaya, vaya, vaya! Parece que la Bella Durmiente despertó.

Uno de ellos encendió un interruptor. La luz brillante la deslumbró momentáneamente.

—Disculpa mis modales—respondió con sarcasmo—. Debí preguntarte antes si te molestaba.

Nicté Andrade solamente veía las siluetas de dos personas. Una vez que su vista mejoró, se dio cuenta que ante ella estaban dos encapuchados con palestina negra. Uno, jugueteaba con un fuete. El otro estaba a pocos pasos detrás del primero en posición de descanso.

—¿Qqquiénes son?

—¿De verdad quieres saberlo? —se acercó a la piloto descubriéndose el rostro. Su sorpresa fue mayúscula al reconocerlo.

Era Lynn Kyle.

Es una lástima que no fuera Hunter quien cayera en nuestra trampa —la tomó de la barbilla con delicadeza.

—¿Por qué me tienen aquí?

Se giró dándole la espalda con las manos hacia atrás.

—He pasado mucho tiempo planeando mi venganza contra la RDF. Tenerte prisionera es mejor que lo que pensé. Mataremos dos pájaros de un tiro.

—¿Por qué haces esto?

Por única respuesta, Kyle descargó una patada contra el abdomen de Nicté sacándole el aire y tirándola al suelo tosiendo.

—¡Estúpida! Lo único que debes saber es que miles de personas murieron ayer en la base Macross. ¡Muéstrale!

El otro sujeto le mostró en una tablet el video de la explosión que dejó en ruinas al hospital militar y la guardería. Ante esa imagen, los ojos de la teniente se llenaron de lágrimas al recordar a Dana, la vivaracha hija de Max y Miriya que gustaba jugar con el pelo de su papá, la bebita que acunó en sus brazos en aquella parrillada.

—¡ERES UN ENFERMO! ¡Había niños y enfermos! ¡GENTE INDEFENSA! ¡Dana, Dana! —gritó de rabia mirándole con odio.

—También existió gente indefensa cuando los zentraedis destruyeron la Tierra sin que a ningún maldito militar le importaran. Prefirieron atacar a aceptar que la batalla era inútil. ¡PUDIERON ENTREGARLES EL SDF-1 Y NADIE HUBIERA PERECIDO!

¿Lloras por un simple insecto? Yo perdí a mis amigos de Yokohama, a mis tíos. ¡Mi vida!

—¡Maldito malagradecido! ¡De haberte quedado en Japón, te habrían desintegrado con todo lo demás! Igual que tú, yo también perdí gente cercana.

—¡Tú que sabes de sentimientos! Te volviste una de esos asesinos.

—Yo no mato por diversión como otros, sino para proteger a lo que quiero.

—¡Qué conmovedor!¿Te crees ese discurso hueco sin sentido?

Con grandes esfuerzos, Nicté Andrade se puso de pie resoplando debido al dolor.

—Sí… lo creo… porque… mis abuelos… lo practicaron. Militares de honor.

Kyle le tiró un puñetazo al rostro al tiempo que ella adquiría la posición de guardia para apenas desviarlo. Volvió a derrumbarse.

—¿Cómo sabes que los zentraedis querían el SDF-1? Eso es información clasificada.

—Tengo mis recursos para lograr que mis deseos se cumplan.

—Tu necedad te llevará a un callejón sin salida.

Kyle la tomó del cabello para arrastrarla por el piso.

—¡Basta! —el otro encapuchado levantó la voz—. No necesitamos esto.

—¿Muestras compasión cuando podrías vengarte?

—¡Suficiente! ¡Déjala en paz!

Kyle tomó su palestina y el fuete de mal modo para salir de la celda.

—Agradécele a este pusilánime. ¡Cómo disfrutaré viendo la cara de Rick Hunter! ¡Los héroes y líderes de la batalla contra Dolza muertos por su propio ejército! Los soldados quedarán desmoralizados y ganaré. Será el fin de la RDF y luego, el GTU.

Salió carcajeándose de manera demente y estruendosa.

El otro encapuchado ayudó a la militar a sentarse.

—Te traeré agua.

No sabía cuánto llevaba en aquel sitio. Su último recuerdo era de imágenes borrosas y luego la oscuridad. Y de alguien confundiéndola con Rick Hunter. Más tarde, siluetas en movimiento y un ardor recorriendo su cuerpo. Observó sus muñecas laceradas. Su traje de vuelo rasgado en brazos, piernas y torso. Recordó a la bebé de los Sterling y a sus amigos que debían estar destrozados por semejante pérdida. Nada había que entender, Kyle estaba lleno de venganza y arrasaría todo a su paso para cumplirla.

Se llevó la mano al cuello y no encontró su medalla. El último recuerdo de su abuelo Raúl. Trató de recordar dónde pudo perderla. Fue inútil. Cerró los ojos para sentir la calidez de sus tres viejos en ese viaje a Europa. Las risas que le arrancaron al verlos coquetear con cuanta mujer se les cruzaba. Tal vez sus abuelos tenían un chance, mas su padrino el capitán Name ni soñarlo. Doña Ana Ek lo esperaba en su casa y más le valía portarse bien, sino quería sufrir la tortura maya: oler chiles habaneros asándose.

El rechinido de la puerta la sacó de su ensoñación. El encapuchado volvió con un tarro de agua que ofreció a la piloto bebiéndolo con avidez.

—Despacio, puedes ahogarte.

Con un pañuelo, el hombre lo mojó para limpiar los restos de sangre seca de sus muchas heridas.

—Gracias. ¿Por qué me ayudas? —preguntó intrigada

El encapuchado se quitó la palestina negra para revelarle su identidad.

En el aire rumbo a Nueva Detroit

—¿A quién se le habrá ocurrido la "brillante idea" de matarnos con el tiro de gracia? —Rick resoplaba furibundo. Y no era para menos, el disparo cerca de su cabeza estuvo a punto de provocarle un accidente en sus pantalones.

—La única persona que más nos detesta. Y el sentimiento es mutuo: Salmuera Maistroff —Roy estaba exactamente igual de molesto.

—¡Ya, chicos! —afirmó Max—. Necesitamos concentrarnos para llevar a cabo la misión.

—Oye, Focker ¿para qué Lisa nos dio estos comunicadores? —preguntó Arce. Eran unos walkie talkies—. No creo que funcionen.

—Créeme, lo harán —sentenció el piloto rubio—. Son una línea segura fuera del alcance de las computadoras. Estaremos en contacto con ella, Claudia y las Conejitas.

A los cuatro pilotos les llamó la atención que Miriya permaneciera en silencio desde que abandonaran la prisión militar. Casi siempre comentaba alguna idea o proponía estrategias durante los combates.

—Mir, ¿Qué pasa?

Yatz wuir gu lautza (Se metieron con mi hija) Juht acutjeq jojetza(los abriré en canal y los colgaré con sus vísceras) ¡YAHAJUSIRZA! (¡VENGANZA!) —su tono de voz indicaba una furia indescriptible.

—Ahorra tus fuerzas, Miriya —afirmó Tony—. Serás la primera en atacarlos.

—¡Tony! —clamaron escandalizados Max, Rick y Roy—. Es una misión sabotaje y de rescate, no una venganza personal.

—Miriya tiene todo el derecho de hacerse justicia. Esos desgraciados cometieron el peor error de su vida: toparse con una madre meltran. Yo estaría temblando de saber que la tendría enfrente.

—Cambiemos de tema, entonces mayor Focker ¿qué le informó la capitana Hayes?

—La trayectoria de Bermellón 4 desde que se nos separó en Monumento, su paso por Nueva Detroit y sus coordenadas antes de desvanecerse del radar de Monumento. Como somos cinco, podremos abarcar más el área. Escuchen mi plan: llegaremos a Nueva Detroit y en formación paralela con una distancia de 100m entre cada varitech escanearemos el terreno. Bajaremos en modo Guardián donde la señal desapareció y así hasta que nos quede lo suficiente para volver a la base.

Cachorro, cambia a frecuencia 3.5 —así lo hicieron—. Rick, ¿cómo te sientes? Es necesario. No puedo dejarte combatir si estás en shock emocional.

—Perfectamente.

—Sé que es complicado ver a la mujer que amas siendo golpeada por un grupo de brutos. Necesito de tu mente fría en combate. De otra manera, Nicté puede resultar muerta.

—Descuida, Roy. Tengo la mente hecha un témpano desde que me pusieron la pistola en la nuca.

—Cuando tú, Ben, Max y Lisa fueron capturados por Breetai, los buscamos por todas partes sin éxito. Pensamos que habían muerto. Es difícil aceptar cuando los amigos se van. En este caso, hay una esperanza. Estamos en la Tierra peleando contra humanos. En nuestro propio territorio con nuestras reglas.

Nicté sabe que los pilotos nunca nos abandonamos. Ella hará lo que pueda para mantenerse con vida, mientras nosotros estaremos ocupados en sabotear sus operaciones. ¿Cuento contigo?

—Haré mi parte. Deseo volver a verla y enmendar el daño que le hice.

Celda de Nicté Andrade

Era Acosta. Vivo. Completamente intacto.

—¡Lisa, Claudia y las Conejitas te vieron morir quemado!

—Fue alguien llamado Jeff Perkins, maestro de la Academia de Monumento. Fue visitar a alguien en el barrio militar de Nueva Macross. Ahí lo capturaron disparándole un dardo tranquilizador. Yo salí a las 2100 del área deportiva y me fui manejando a Monumento. Al amanecer, activé el virus que los volvió locos —afirmó con cinismo—. Trabajo directamente con Kyle.

—¿Qué haces tú con estos criminales?

—Él me apoyó a salir adelante después que tú y yo terminamos. Necesitaba de alguien con conocimientos en informática para auxiliarlo en la seguridad de Minmei. Después del baile del GTU, me pidió que le echara la mano con este plan para hacernos justicia por cuenta propia por la destrucción del planeta.

Teníamos que ingresar a Macross, por eso mataron a Salvatti para que yo ocupara su puesto. Al presentarme a entrevista, conocí a Evgeni. Me cayó bien. Poco imaginamos que trabajaríamos juntos y nos volveríamos amigos. Fue idea del ruso lo del programa de mejora de la tacnet y aproveché la oportunidad para crear el virus que lo desestabilizara usando el programa del simulador de vuelo. Cuando estábamos en la fase de desarrollo del proyecto, estudiamos los varitech con el Dr. Lang y la tecnología zentraedi.

Cuando Evgeni salía a caminar para aliviar su "dolor fantasma", copié toda la información de la computadora central: expedientes de personal, planos de las instalaciones, bitácoras de trabajo. Todo.

—¡Estás mintiendo! ¡Tú no eres como ellos!

—Cree un programa de vigilancia llamado Ulises para conectarme a las cámaras de vigilancia de Macross y de la ciudad. De esa manera, guie al comando que colocó el C4 en el hospital y la guardería. El video que viste es real.

—¡TRAIDOR! ¡MALDITO TRAIDOR! ¡Dana está muerta por tu culpa!

—Sí, un traidor igual que tú, que enviaste a dos tipos a madrearme. Jamás pensé que fueras así de ardida por abandonarte.

—¡Estás loco! No sé de qué hablas.

—¿Ves esta cicatriz en la ceja y estos dedos chuecos? Fueron tus "queridos" hermanos de sangre: Flavio y Tony.

—¡Te equivocas! Ellos no serían capaces de atacar a traición.

—¡MÍRAME BIEN! —la jaló de los hombros para situarla muy cerca de su rostro—. Me dejaron tumbado en un puto callejón de Coyoacán. ¿Sigues pensando que miento? —y le narró paso a paso lo que ocurrió hasta tomar el vuelo a Monumento.

—El día que me huiste de mí, quise cachetearte. Varias veces me culpé por dejarte ir intacto. Tardé mucho en aceptar que no valías la pena ni para eso. ¿Para qué enviar emisarios a golpear a un cobarde?

—¿Cobarde? —escuchar esa palabra en su voz le dolió como si le echaran limón y sal en una herida abierta. Su orgullo lacerado habló en su nombre—. Siempre supe que Hunter era un pinche pendejo con esas demostraciones cursis de cariño que te prodigó en la cafetería, pero que fuera tan ingenuo, es de risa. Se creyó completamente los anónimos y te mandó al carajo. ¡Vaya noviecito que te conseguiste! Un niño inseguro que juega a ser as del aire

—¿De qué anónimos estás hablando? Nunca me dijo nada.

—El expediente psicológico de Rick Hunter señala que es un líder confiable en batalla, pero que como persona es tremendamente inseguro, especialmente con las mujeres porque siempre lo han abandonado. Está su madre, Minmei y todas sus relaciones antes de Hayes y de ti. Piensa que no puede retenerlas por valer poca cosa.

—¡HABLA! ¿Qué anónimos son esos?

—¡Kyle juró vengarse de Rick Hunter por quitarle a Minmei y de Lisa Hayes por lastimar a su prima. Originalmente, todo sería en contra de Hayes usando una supuesta infidelidad de Hunter con su antigua amante, ya que se mantuvieron en contacto. Los mandó seguir para fotografiarlos. Su plan consistió en que Hayes lo abandonaría luego de ver las fotos y Hunter echaría su vida por la borda debido a la depresión. Ya tenía todo listo, pero apareciste tú, una variable inesperada en la ecuación.

Con el pretexto de mejorar la seguridad para su prima, me pidió que vigilara ciertas áreas hackeando las cámaras de vigilancia de la ciudad: la prueba para mi prototipo de virus-espía. Posteriormente, nos centramos en ti. Desgraciadamente, jamás te encontré haciéndolo cabrón. O estabas sola, con las Conejitas, o la meltran esposa de Sterling, la comandante Grant, Arce o el mismo Hunter.

Kyle decidió usar a tu novio para hacerlo pasar por tu amante. Cuatros fotos, unas notas y nuestro encuentro en Los galeones. ¿O qué te crees que fue casualidad que a ti y a Sammy las envolviera la nube de hielo seco? Él estuvo ahí en la barra. Mi amigo es muy poderoso, si sabes a lo que me refiero —frotó sus dedos en señal de poseer mucho dinero—. Compró a uno de los meseros para que accionara la máquina.

Tenías que estar en la terraza conmigo para robarte un beso y nos tomaran unas fotos para enviárselas como las otras. Y por una pinche pelusita en tu ojo, Kyle consiguió, y con creces, que tú y él tuvieran una pelea. Al día siguiente, Hunter debía encontrar el anónimo donde conociera la verdad en cuanto volviera su casa —se rio descaradamente—. No hubo necesidad, sin embargo —su voz adquirió un tono sombrío—, intentó hacerte suya a la fuerza. Escapaste del hangar y no supe más de ti hasta hoy.

Cuando Kyle me habló del prisionero especial, creí que era Hunter que, al saber la verdad de que jamás le fuiste infiel, se arriesgó solo a Nueva Detroit para verificar el ataque a la planta de electricidad. Él debería haber visto el holograma del humo para ser blanco fácil de una granada de fragmentación para dañar su VT. Nadie podría localizarlo gracias al bloqueador de señal zentraedi. Y lo cazaríamos como un animal herido. Cuando lo tuviéramos a nuestro alcance, le dispararíamos el dardo.

¡ERA ÉL Y NO TÚ A QUIEN SE LE DEBÍA TORTURAR LENTAMENTE PARA DOBLEGAR A LA RDF! ¡DEBÍA SER YO QUIEN LO MATARA POR LASTIMARTE! ¡TÚ NO DEBES ESTAR AQUÍ COMO PRISIONERA! ¡TÚ NO!

—¡LÁRGATE! —en sus ojos miel se destilaba el fuego del dolor. Rick la hirió por un engaño.

—Esa vez…—le dio la espalda— que te tiró el niño en la patineta con el perro jalándolo, pude sentir que tu cuerpo me recuerda. Respondió a mi tacto. Por eso decidí ayudar a Kyle en su venganza. Quiero recuperarte.

—¡CÁLLATE, CÁLLATE! —se tapó los oídos con su palmas agitado la cabeza.

—Te amo, princesa maya. Ven, deserta de la RDF y únetenos. Kyle perdonará tu vida si nos ayudas.

—De ti no quiero nada. ¿Qué piensa hacer Kyle conmigo?

—Le dio a Gloval un plazo de 72 horas desde que te atrapamos para que fusile a Focker, Hunter y los Sterling a cambio de que no te usen como puta. Por favor, piénsalo.

Acosta se levantó tapándose el rostro y llevándose el tarro. Nicté Andrade se quedó sola en la oscuridad de su húmeda celda. Necesito escapar, ¿qué hago? El cansancio la agotó y se tendió sobre su derecho en espera de su incierto destino.