Hola!, saludos a todxos!, espero que estén muy bien, respondiendo un poco a sus mensajes del cap 37…

Lunita Shiratori: con respecto a cómo tomará Harry la noticia de la perdida de su hijo…, pues bueno, ya te puedes imaginar, lo tomará fatal, él quería mucho a su niño y a pesar de que no lo había planeado, deseaba que naciera, muchas gracias por comentar.

michelleenif: muchas gracias por tu comentario y por hacerme saber que te ha gustado el capítulo, me alegra mucho saberlo y creeme amiga, no eres la única que quiere que Lucius muera jajajajja.

Artemis2905: me alegra saber que te gustó el capítulo anterior, gracias por comentármelo, en cuanto a la actitud de Lucius…, bueno es cierto que él ha crecido convencido de que sus ideales son los únicos que valen, y así mismo educó a su hijo, la diferencia entre él y Draco, es que Draco a pesar de haber sido criado como un sangre pura en base al odio y al rechazo de los que son diferentes a él, ha podido darse cuenta de su equivocación y ha rectificado, Lucius también sabe que su modo de pensar está mal, pero no rectifica por su propio beneficio, si amiga, es egoísta y malvado.

Y Harry se enterará de la muerte de su hijo en el siguiente cap, besos y cuídate mucho

Ara: muchas gracias por comentar y por hacerme saber que te gusta la historia (aunque sea terriblemente trágica jajajaj) espero que no te estreses mucho con lo que vas a seguir leyendo.

Venix14: si amiga, estás en lo cierto, Lucius no le permitió a Narcissa conservar a sus propias hijas porque deseaba un heredero varón, y también fue el que ocasionó la perdida del hijo de Hermione, y comprendo que odies a Ginny por su reacción y lo que ocasionó cuando se enteró de que Harry y Hermione se habían acostado, pero creo que también hay que entenderla, aunque no te preocupes, tiempo al tiempo, en esta historia, todos recibirán lo que se merecen, te mando un beso y un abrazo

guiguita: sí amiga, va a haber un pequeño cambio para nuestra pareja, aunque no hay que cantar victoria todavía, ya que queda el último golpe para que todo se sepa y las aguas vuelvan a su cauce, pero tu tranquila que habrá un lindo final feliz, y si que se van a marchar de la mansión, eso está asegurado.

Amiga, tu opinión para mí, es tan importante como la de todas la personas que me leen (aunque no comenten), por eso te digo y te reitero que siempre, siempre, siempre estoy encantada de recibir todas sus sugerencias, quejas y comentarios generales, me encantaría poder cambiar las circunstancias de la historia en los momentos en los que a ustedes les desagrada algo, lo malo es que ya está escrita y es imposible modificarla, menos, con respecto a Astoria, Pandora y todas esas cositas que piensas que sobran ;) (es totalmente respetable que lo creas así), pero te cuento que esos sucesos son muy importantes en este fic, y ya te darás cuenta de porqué mas adelante, sólo te diré una cosa, para Draco está siendo terriblemente duro el hecho de tener una hija con Astoria, es toda una horrorosa pesadilla, el muchacho lo está pasando bien mal, y me parece que ha aprendido una importante lección.

Solo espero que no te me aburras del fic a estas alturas, prometo que te va a seguir sorprendiendo muchas gracias por tu comentario que como siempre, me encanta recibir, besos, y cuídate mucho.

ackie Sly: amiga, muchas gracias por tu comentario, respondiendo a tus preguntas, Harry todavía no sabe que Hermione perdió al bebé, Lucius aunque sea malvado, injusto y cruel, ama a su esposa, y realmente le ha dolido mucho enterarse de que ella no lo ama, jajajajaj, son todas muy, muy, pero que muuuuuyyyyyy perspicaces con el asunto de Pandora, tranquila que todo va a llegar, sí amiga, en este capítulo en general, se sabrá un poco más, como se siente Hermione con todo lo que le ha pasado, y en general, se sabrás más sobre sus sentimientos hacia él. Espero que este cap. Aclare un poquito alguna de tus dudas.

Florence: muchas gracias por tu comentario, Hermione va a tardar en darse cuenta de que Draco no ha tenido nada que ver, pero finalmente lo hará porque él le dará pruebas de ello.

TTaticarri: muchas gracias por comentar amiga, y en este capítulo se verá la decisión que tomará Draco con respecto a su nueva vida con Hermione, espero que este capítulo también te agrade. Besos y cuídate mucho

Lucius terminaba de abotonarse la camisa con aire satisfecho y relajado, Narcissa seguía tumbada en la cama, tapando su completa desnudez con las sábanas, muerta de la vergüenza y de la indignación, dolida con su marido en lo más profundo de su ser, pero con el férreo autocontrol digno de una Black.

No lloraba, no le mostraba su desprecio ni su odio, no le dejaría ver lo terriblemente humillada que se sentía, no le daría ese gusto, ya le había dado bastantes.

Permanecía muda y estática, conservando la tranquilidad y repitiéndose mentalmente a sí misma, que tarde o temprano se lo haría pagar, no sabía cómo lo haría, ni cuándo, solo estaba segura de algo, se lo haría pagar muy bien pagado, y disfrutaría como nunca de aquella pequeña venganza. Lo único que tenía que hacer, era esperar al momento adecuado.

Él se puso su chaqueta y se acercó a ella, besó su frente y su mejilla, ella quiso apartar la cara para evitar su contacto, pero cuando lo hizo, pudo dejarle ver el moratón que le había hecho en su blanquísima y perfecta piel, entonces le agarró la barbilla con delicadeza y se la giró para poder examinar su rostro,

- anda tesoro..., vístete y sal con Agatha y con Pansy al centro, ve de boutiques y cómprate algo bonito - le dijo sacando de su bolsillo, su billetera de cuero negro, y depositando en sus piernas un buen fajo de billetes - id a despilfarrar mi dinero a vuestro antojo y traedle a Astoria y la princesita de mi nieta, cosas lindas - con un rápido movimiento de su mano y un chasquido de sus dedos, Lucius hizo desaparecer, la herida que le había ocasionado a su mujer en la mejilla, y terminó de acomodarse la corbata, observándola detalladamente y analizando su expresión - olvidar..., y perdonar Sissy..., todas las parejas discuten de vez en cuando querida..., no es nada nuevo - ella respiraba profundamente intentando controlar con todas sus fuerzas, las ganas que tenía de llorar y de agarrar su varita y lanzarle un cruccio a su marido - anda cariño..., aprovecha lo que queda de día y disfruta de una de esas jornadas de belleza, que soléis tener las mujeres, si queréis..., podéis cenar fuera, yo tengo que marcharme a las oficinas, y no regresaré en todo lo que queda de día, se me olvidaba que tenía un asunto muy importante que resolver, y me llevará bastante tiempo - cogió de su mesa de noche unos documentos, y quiso despedirse de ella, besando brevemente sus labios, sin obtener respuesta alguna, por su parte.

Se quedó quieto un instante mirándola y se sentó en la cama, con su cara muy cerca de la de ella, clavó fijamente su mirada en sus ojos enrojecidos e irritados, y le dijo las últimas palabras, con un poco de sequedad, pero sin perder la calma - no ha sido para tanto Narcissa, no es necesario que hagas un drama de lo que ha pasado, que por cierto..., por lo que a mí respecta, no ha tenido nada de particular - sacó un poco más de dinero, y se lo tendió - las mujeres os desahogáis comprando y gastando dinero, te aconsejo, que te des un homenaje con las chicas, te quitará esa tensión que tienes... - y sin más, se colocó su largo chaquetón, y se marchó.

- algún día Lucius... - murmuró Narcissa, para sí misma, una vez se hubo cerrado la puerta, y dejando correr por fin, libremente sus lágrimas - algún día..., me las pagarás todas, una..., por una... -

….

Draco cogió a Hermione en brazos y la levantó del suelo, la metió en la cama y la arropó, tocó la campanilla y le pidió a una de las doncellas, que prepararan una infusión de adormidera con melisa, y una sopa de verduras con avena, muy ligera.

Mientras estaba la comida, comenzó a pensar, tenía que prepararlo todo, estaba dispuesto a marcharse de la mansión en ese mismo instante, y estaba deseando hacerlo, pero tenía que actuar con responsabilidad, y sobre todo, tenía que pensar en ella, Draco no la veía muy bien, por sus rojizas mejillas, y el rastro de sudor que empezaba a formarse en su frente, en su nuca y en sus muñecas, estaba seguro de que la fiebre la atacaría pronto, aunque esperaba que la sopa rica en hierro y vitaminas y la infusión calmante, la pudieran ayudar y devolverle las defensas.

Mientras la dejaba reposar, fue a darse una ducha para despejarse un poco, el agua cálida corría y masajeaba su atlético cuerpo, lo relajaba y a la vez lo hacía sentirse activo, pero no se quedó mucho rato, salió a los diez minutos de la lujosa bañera de cristal, rodeó su cintura con una pulcra y blanca toalla, y se dirigió al vestidor para ponerse el pijama y su bata, cuando terminó de cambiarse, se secó la cabeza frotándola enérgicamente con la toalla y se peinó un poco el desordenado cabello con los dedos. Justo en ese momento, supo lo que tenía que hacer, ya no tenía ninguna duda, se irían a primera hora de la mañana, la llevaría a un hotel y la dejaría allí mientras buscaba una buena inmobiliaria, iría con sus abogados para dejar zanjado y arreglado cualquier tipo de problema o improvisto, y para que no intentaran embaucarlo.

Compraría la casa más bonita que encontrase en el mejor distrito céntrico, y contrataría a los mejores diseñadores para que la decorasen, con un poco de suerte, estaría lista para esa misma tarde, y esa misma noche, Hermione y él dormirían en ella, en su nuevo hogar, era un sueño que hacía muchísimo tiempo anhelaba cumplir, y era lo mejor que podía hacer para protegerla de su propia familia, y para volver a recuperar el amor, que una vez le había brindado.

Sonrió al pensar en ello, solo unas horas y estarían comenzando una nueva vida juntos, en un verdadero hogar, el que ambos se encargarían de formar.

Cuando llegó el carrito con la cena, lo acercó a la cama, y despertó a Hermione suavemente - Hermione... - susurró en su oído - Hermione..., despierta... - ella abrió los ojos despacio, y adormilada - ¿tienes hambre?, ¿quieres comer un poco? - Hermione se frotó los ojos, y asintió sin decir nada, estaba muy cansada, pero también le rugía el estómago por la falta de alimentos, se incorporó al lado de Draco, y él le pasó la bandeja, con el cuenco de humeante sopa, unos panecillos de maíz, recién hechos, y la infusión - comieron los dos en silencio, ella seguía tensa por la discusión que habían tenido, y porque seguía pensando que Draco había provocado su aborto, pero se sentía dolorosamente contrariada, estaba irremediablemente enamorada de él, nunca había querido a nadie así, no podía mentirse a sí misma, estaba claro que se le había metido en lo más hondo de su corazón y se había quedado ahí, bien clavadito, sin ninguna intención de marcharse.

En otras circunstancias, ella lo hubiera mandado todo al infierno, y habría vivido su amor con él en completa libertad sin importarle lo que los demás pensaran, incluidos sus amigos más íntimos, y la familia de Draco,

no le habrían importado las críticas o los intentos por separarlos, habría luchado por él, como la valiente leona que era, y le habría demostrado, que estaba dispuesta a ser su mujer, en todo los sentidos, y pasara lo que pasara.

Pero las cosas eran muy diferentes, en algún momento del camino de aquella delirante felicidad, sus destinos se habían torcido y se habían separado, las constante infidelidades de Draco la habían vuelto dura y desconfiada, se había resentido demasiado, y lo último fue, el soportar las burlas de sus mejores amigas, en especial, las indirectas de Astoria, y claro está, su embarazo, y el nacimiento de Pandora.

No podía haber pasado cosa peor, ¿cómo podía ella, luchar contra algo así?, ¿de dónde sacaría las fuerzas?, para Hermione, un hijo era cuestión de suma responsabilidad, no podía interponerse entre la niña y su padre, ella no podría hacerlo nunca, ni tampoco quería ser la otra, su ética era demasiado fuerte, no le permitía dar esa clase de pasos, la conciencia siempre le pesaba, y ella siempre terminaba por hacerle caso para poder vivir tranquila.

La gota que colmó el vaso fue la muerte de James, ella casi había perdido la vida, y parte de ella, así lo habría preferido, hubiera deseado con todas sus fuerzas, marcharse con su hijo, Pero la realidad era, que el niño ya no estaba y ella sí.

Lo único que podía hacer, era seguir adelante, aunque por dentro, fuera la tristeza la que la estuviera matando.

Ya una vez había intentado quitarse la vida, cuando pensaba que ya no aguantaba más, cuando creía que sus fuerzas la habían abandonado, pero había hecho una promesa a sus padres, había prometido que viviría y que sería feliz.

Tenía que hacerlo por ellos.

Ahora estaba dividida en dos, su mente le pedía, le gritaba continuamente que fuera racional, que estuviera alerta, que muy posiblemente estaba durmiendo con su enemigo, que lo más seguro, era que Draco se había encargado de que perdiera al bebé, por lo que nunca más, podrían llegar a ser felices juntos.

Su corazón era más fantasioso, se encargaba de suavizar su ira y su cólera, la hacía ver constantemente, todos los esfuerzos que Draco estaba haciendo para complacerla, le mostraba cada prueba de amor que le daba, cada intento por salvar desesperadamente, lo poquito que les quedaba de relación, y se sentía profundamente triste y herida, se sentía injustamente dañada por el destino, se preguntaba por qué tenía que estar viviendo tanto dolor, ella no se lo merecía, ella nunca le había hecho daño a nadie.

Hermione era consciente de que su amor por Draco seguía intacto y tan fuerte como el primer día, si él no la hubiera engañado con Astoria, si no hubiera tenido una hija con ella, si tuviera la certeza de que él, no había sido el asesino de su hijo, no habría podido resistirlo un segundo más, y habría sucumbido a él, rindiéndose completamente débil y terriblemente enamorada, a todas sus pretensiones.

Pero la realidad era muy diferente, hasta que no se demostrara lo contrario, Draco era su principal enemigo, era el que más razones tenía para matar a su bebé, y en una circunstancia como esa, el amor era imposible, se esfumaba como un soplo de viento en las manos.

Nunca se lo podría perdonar.

- ¿te encuentras bien? - preguntó Draco, cuando vio que ella terminó de dar, la última cucharada a su sopa, ella asintió sin mirarlo - ¿te duele la cabeza?, ¿tienes calor? - ella simplemente, hizo un gesto negativo - creo que tienes fiebre -

- estoy bien - se levantó de la cama sin mirarlo, dejó la bandeja en el carrito, y entró en el baño para lavarse los dientes. Cinco minutos después, salió, presa de un denso sopor, se metió en la cama, lo más alejada posible de él, y en menos de diez minutos, cayó en un sueño acompasado y profundo. La infusión le había hecho efecto, con mucha rapidez.

Draco apagó las luces, y la contempló dormir, a la luz de las candelas, para él, era la mujer más maravillosa del mundo, la amaba y la deseaba con toda su alma, no lo podía remediar, y no quería hacerlo, lo único que quería, era ser feliz con ella, y vivir en paz.

Alargó un poco el edredón para cubrirla bien y poco después, el también se quedó dormido, pero a diferencia de ella, estaba feliz, estaba muy feliz, porque en tan solo unas horas, sus vidas cambiarían, y estaba completamente seguro de que había tomado la mejor decisión, pronto, muy pronto, sucedería algo extraordinario. Lo presentía.

Se despertó al alba y pidió que le trajeran el desayuno, comería algo rápido y se pondría manos a la obra, tenía mucho que hacer.

Después de responder energías, con Hermione todavía dormida, entró en el vestidor, buscó todas sus maletas y las de ella, y empezó a lanzar a todas sus pertenencias los hechizos de embalaje, entre los dos sumaban una infinidad de cosas, por lo que iba a necesitar buena parte de aquella mañana, aún utilizando los hechizos.

Mientras todo se guardaba meticulosamente, escribió una carta y la mandó con una de las lechuzas de urgencia, al mejor hotel que conocía, reservaría una buena suite y partirían enseguida.

Poco después llegó la confirmación de que la reserva ya estaba hecha.

Hermione despertó a causa del ruido de la habitación, Draco estaba ocupado revisándolo todo y verificando que las cosas se guardaran en orden y bien protegidas de posibles daños, se extrañó al ver como el cuarto parecía haber adquirido vida propia, los objetos volaban de sus lugares a cajas, su ropa se doblaba y se acomodaba en maletas, o salían de un sitio en el que no cabían para meterse en otro más espaciado. Salió de la cama y fue directa a hablar con él,

- ¿Qué está pasando? - le preguntó con el ceño fruncido y las manos en la cintura, Draco se giró hacia ella y le sonrió,

- Buenos días…, ¿quieres desayunar ya? -

- lo que quiero, es que me expliques qué está pasando con nuestras cosas, me da la sensación de que se van de viaje, ¿no? -

- y nosotros con ellas… -

- ¿Cómo es eso?, no te entiendo, ¿a dónde nos vamos de viaje, y por qué? -

- ¿porqué no desayunas…, te arreglas, y te lo cuento? -

- Draco… -

- está bien..., nos vamos definitivamente de la mansión - Hermione alzó las cejas y abrió la boca inconscientemente,

- ¿Qué nos vamos de la mansión definitivamente?, pero..., ¿Qué es lo que ha pasado?, ¿y tus padres?, ¿pero porqué has tomado esa decisión? -

- Hermione…, no me vendrás a decir ahora que no te quieres marchar, ¿verdad?, no me dirás qué prefieres quedarte aquí, ¿no es así? -

- por supuesto que no, es solo que me sorprende..., y quiero saber qué ha pasado para que justo hoy y ahora, decidas que nos marchamos…, ¡pero es que de todas formas, tus padres se pondrán! -

- me da igual lo que opinen mis padres, ya somos mayorcitos, ¿no?, ellos pueden decir y hacer lo que quieran, tú y yo somos mayores de edad y tenemos edad para tomar las riendas de nuestra vida, si queremos marcharnos nos marchamos, y punto, nada ni nadie nos lo puede impedir -

- ¿y por qué ahora? -

- porque no estás bien, y porque cuando nos casamos…, juré que te cuidaría y te protegería, y no lo estoy haciendo bien, me he dado cuenta demasiado tarde, de que este lugar te está marchitando -

- ¿y Astoria?, ¿y Pandora? -

- ¿Qué pasa con ellas? -

- ¿vas a dejar a tu hija aquí?, ¿y vas a alejarte de "tu prometida"? -

- ¡Astoria no es mi prometida!, ¡no la quiero Hermione!, ¿¡de qué manera te lo tengo que decir!?, ¿¡cómo tengo que explicarte, que de ella no quiero ni el saludo!?, ¿¡porqué sigues con eso!?, escucha..., Astoria y yo, jamás estaremos juntos, lo que pasó entre nosotros…, ¡no fue más que un error imperdonable de mi parte!, ojala pudiera echar el tiempo atrás…, nunca la querré Hermione, solo quiero que me deje en paz, ¡ella, su familia, y la mía! -

- ¿y tu hija?, ¿piensas alejarte también de ella? - Draco la miró a los ojos y fue completamente sincero,

- si…, a ella tampoco la quiero -

- es solo un bebé…, no deberías decir esas cosas…, - comentó con nostalgia y un brillo triste en la mirada,

- Hermione…, siento lo de tu hijo, de verdad…, sé que piensas que yo tuve algo que ver con su pérdida…, pero te voy a demostrar que no ha sido así - Hermione respiró hondo, no se sentía preparada para afrontar ese tema con él,

- Draco…, tus palabras ya no tienen sentido para mí, no hay nada que puedas decir para convencerme -

- sé que no hay nada que pueda decir, pero tiene que haber algo que pueda hacer, tiene que haber alguna fórmula para que pueda probar mi inocencia, y cuando de con ella…, verás que no te he mentido, ahora lo que me preocupa es sacarte de aquí, necesitas estar tranquila en un ambiente menos hostil, Hermione…, por favor confía en mí -

a ella se le hizo un nudo en la garganta, Draco la miraba con aquella ternura cautivadora, con sus ojos que aparentaban calidez y amabilidad a raudales, quería que confiara en él, que lo siguiera, que se fuera con él a un lugar completamente desconocido, ella tenía miedo de hacerlo.

La idea de salir de aquel castillo la apremiaba, no sabía qué hacer, no quería confiar en él, no podía, lo que había sucedido era demasiado grave, era como caminar con una venda en los ojos, de la mano de su verdugo, así se sentía, en manos de su enemigo, y lo peor de todo, era que su corazón traicionero la atormentaba mandándole todas esas señales que le indicaban que estaba frente a su hombre, el hombre adecuado para ella, su príncipe azul, del que no había dejado de estar profundamente enamorada desde la primera vez que había rozado trémulamente sus labios el día de la boda, y ahí estaba mirándola como a una diosa, con aquella devoción, con aquel amor incondicional hacia ella, que desprendía por cada uno de sus poros, con su mirada esperanzada y ávida de comprensión y cariño, y esperaba una respuesta.

- si tú piensas que debemos irnos…, pues…, te seguiré - Draco sonrió ampliamente, y respiró aliviado, no es que pensara que ella iba a negarse, y tampoco hubiera podido hacerlo, pero lo que menos le apetecía, era comenzar una nueva discusión, quería evitar de todas las formas posibles, cualquier tipo de enfrentamiento con ella, y por primera vez en muchísimo tiempo, los dos estaban de acuerdo en algo, se iban esa misma mañana de la mansión, y no volverían a ella nunca más.

- ¿Qué te parece si desayunas y te cambias?, pronto estará todo listo - ella asintió y tocó la campanilla para ir pidiendo su desayuno, Draco regresó a la tarea de revisar cómo se iban empacando sus pertenencias, y ella se metió en la ducha para estar arreglada y no perder tiempo en salir del castillo lo antes posible.

Curiosamente, los dos tuvieron la misma sensación de liberación, se sentían como si les estuvieran quitando un gran peso de encima, Draco estaba casi pletórico de emoción, estaba ansioso por comenzar su nueva vida con ella, y algo le decía que a partir del momento en que dejaran el castillo, su relación comenzaría a mejorar.

Hermione también estaba un poco más tranquila, durante mucho tiempo, había estado esperando ese momento, no podía creerse que hubiera llegado ya, sin habérselo esperado, y se lo había imaginado de manera diferente, aunque, lo cierto era, que siempre se había imaginado su vida de manera muy distinta a como la estaba viviendo.

El sentimiento de peligro no se le pasó del todo, pero estaba claro que prefería estar en cualquier otro sitio alejada de la mansión, y de de todas las serpientes que la consideraban una intrusa en su territorio.

Al fin y al cavo, si Draco quería marcharse y ella también, ¿dónde estaba el problema?, lo del divorcio seguiría en pie, estaba segura de ello, por lo tanto, ¿qué más daba vivir con él, unos mese más en el castillo, o en otro lugar?, puede que tuviera razón y le sentara bien un cambio de aires, lo malo era, que esa circunstancia no la haría cambiar de opinión con respecto a él.

Era una lástima, suspiró en la ducha pensando en lo felices que podrían haber sido, en el hogar tan dulce que podrían haber construido, en todo aquello con lo que había fantaseado y nunca se había atrevido a contarle por miedo, y pensó que era una verdadera lástima, porque aunque hacía mucho tiempo que ya no se permitía a sí misma, dar rienda suelta a esas fantasías, era incapaz de reprimir el amor que sentía por él, era incapaz de arrancárselo del alma sin destrozarse el corazón, no podía frenar ese sentimiento tan envolvente que la hacía flotar en el aire y querer morirse al mismo tiempo, no tenía las armas suficientes, ni las fuerzas, no podía negar la verdad, lo amaba, a pesar de todo, a pesar del daño infligido, a pesar de sus engaños y de estar casi segura de que había sido él, el causante de su aborto,

a pesar de todo eso, lo seguía amando, no tenía el poder para cambiar ese hecho, pero si tenía el don de la reflexión y la cordura necesaria para ver que sus sentimientos hacia él, eran terriblemente negativos para ella.

Hermione sentía que era una completa locura ignorar su verdad y dejarse llevar por su corazón, era un suicidio, era ponerse en manos del enemigo en bandeja de plata, no haría eso, todavía le quedaba lucidez,

no importaba que no fuera capaz de reprimir y luchar contra sus sentimientos, hasta doblegarlos y hacer que desaparecieran, sabían muy bien que perdería esa guerra, solo podía hacer una cosa, fingir.

Estaba dispuesta a fingir que ya no lo amaba, solo le quedaba ese poder, y tarde o temprano, él se cansaría de estar siempre tras ella, rogando un poquito de cariño y terminaría apartándose, era cuestión de tiempo, estaba segura de que al final, la olvidaría, y aunque fuera también doloroso para ella, pensaba que era lo mejor, lo mejor para los dos.

Salieron en el carruaje una hora después, Draco le comentó que más tarde, un camión de mudanzas les llevaría todo al lugar en el que se establecieran.

Durante las tres horas que duró el viaje, ninguno de los dos dijo una sola palabra, estuvieron sumergidos cada uno, en sus pensamientos, planificando sus nuevas estrategias de acción, Hermione elaborando su plan de huída, y Draco, tratando de hallar la forma de averiguar toda la verdad, necesitaba saberla, solo así Hermione le creería, y solo así se haría justicia.

En el momento en el que pusieron un pie en el suelo y Hermione vio donde estaban, se giró preocupada hacia Draco, con expresión medio asustada,

- ¿un hotel?, ¿vamos a vivir en un hotel?, Draco..., ¿¡y precisamente en este hotel!?, ¡es una fortuna...!, no hemos debido venir aquí..., creo que es mejor que regresemos a la mansión... - dijo decepcionada, Draco la miró y sonrió burlonamente,

- tranquila..., no vamos a vivir aquí, espero que sólo sea necesario que nos quedemos..., un día o dos como máximo, y no es por el tema del dinero, ya lo sabes -

- es un derroche - se quejó ella,

- no estaremos mucho tiempo, te lo prometo - le respondió él, entrando detrás de ella, cuando el portero les dio la bienvenida y les abrió la puerta - lo que sí quiero, y no admito negativas, es que descanses, ¿de acuerdo? - Hermione lo miró intrigada pero no le contestó, como ya tenían la reserva hecha, subieron directamente a la habitación, de uno de los hoteles más espléndidos del mundo mágico - ¿me harás caso en eso? - preguntó Draco, una vez que estuvieron dentro,

- si... - contestó ella, quitándose el abrigo, Draco miró su reloj y decidió no quitarse el suyo,

- buena chica..., escucha, tengo que resolver un asunto y puede que tarde un buen rato, mejor dicho..., seguramente no vendré hasta la tarde, cuando tengas hambre pídete el almuerzo, yo no llegaré a tiempo así que..., pídelo para ti sola, en este hotel hay muchos entretenimientos, si te aburres, baja y mira el itinerario, lo que leí en el folleto parece muy interesante, pero preferiría que no salieras del hotel, yo vendré lo antes posible, ah..., y si tienes cualquier problema, no dudes en enviarme una lechuza - Draco se acercó a ella, como por acto reflejo, para despedirse con un beso, pero se detuvo casi en el acto, al recordar que ella todavía desconfiaba de él, por lo que se sentiría tensa y violenta si lo hacía, así que retrocedió varios pasos, sonrió levemente y le dijo un - nos vemos más tarde... - desde la puerta.

Las primeras horas le hizo caso, y se dedicó a descansar, del temor había pasado a la inseguridad, y de la inseguridad a la incertidumbre, pero Draco le había asegurado que no pretendía que se quedaran mucho tiempo en el hotel, eso la había tranquilizado un poco.

Se sentía sorprendentemente relajada fuera de la mansión, estaba feliz de no tener que seguir soportando a todos sus enemigos, en eso empezaba a estar de acuerdo con Draco, la salida del castillo le vendría bien.

Fue después del almuerzo cuando se le metió en la cabeza que ella también tenía que salir, había quedado con Draco en que no lo haría, pero lo que tenía que hacer no podía esperar, era muy importante para ella, y estaría de vuelta pronto.

Cogió un puñado de polvos flu, de la mesita junto a la chimenea apagada, se introdujo en ella y pronunció el destino a donde debía trasladarla, poco después caminaba por los pasillos de San Mungo, en busca de la habitación de Harry, tenía que verlo, tenía que saber cómo seguía, y tenía que contarle que había perdido a James, sólo con pensarlo las piernas le temblaban y su garganta se secaba, ¿cómo podía enfrentar a Harry?, ¿qué le diría?, ¿cómo reaccionaría con ella cuando supiera que había perdido al bebé?, estaba nerviosa y algo asustada, decírselo sería realmente difícil, sobre todo cuando ella había sido testigo directa, de aquel cariño inmenso que Harry había sentido por el niño, siempre se lo había demostrado, desde el primer momento había estado ahí, para apoyarla y darle su fortaleza, siempre había estado ahí para los dos, mostrando su alegría por una paternidad que no había deseado y que le había pillado por sorpresa, pero que en ningún momento había rechazado.

Todo lo contrario, siempre había demostrado auténtica adoración por su hijo, y a ella casi la había tratado como si fuera su mujer.

Hermione caminaba despacio, preocupada por cómo se tomaría la noticia, no quería que se afectara más de la cuenta en ese momento, todavía estaba convaleciente, y no saldría de San Mungo hasta pasados dos meses más, cuando estuviera totalmente recuperado y fuera de peligro, pensaba en la forma más delicada de abordar el tema para ir preparándolo, tenía que ser suave, pero estaba claro que debía saberlo, había sido el padre del niño y tenía derecho a enterarse.

Distraída como iba, no se dio cuenta de que casi había llegado, y de que tenía a alguien frente a ella, escudriñándola intensamente con la mirada, alzó la vista y prefirió no haber ido en aquel momento,

- Ginebra... - susurró Hermione, al verla frente a ella,

- ¿qué haces aquí Hermione? - preguntó Ginny, molesta ,

- he..., he venido a ver a Harry - contestó, intentando ignorar su tono agrio,

- ¡pues no puedes! - dijo bajando la voz, para que él no las escuchara - ¡no tienes nada que venir a hacer aquí!, ¡las visitas son solo para familiares!, ¡vete! -

- Ginebra, no me voy a ir de aquí sin verle, tengo que hablar con él -

- ¿¡es que no me has escuchado!?, ¡yo soy su esposa!, ¡no tú!, ¿¡cuándo vas a dejarnos en paz!?,¿¡cuando vas a entender que él me ama a mí y no a ti!?, ¡métetelo en la cabeza!, ¡él sólo está pendiente de ti porque vais a tener un hijo!, ¡haznos un favor y desaparece de nuestras vidas!, ¡no arruines la felicidad que tiene conmigo!, ¡márchate Hermione!, ¡entiende que ha estado a punto de morir!, ¡todavía está grave y es por tu culpa!, ¡aléjate de nosotros! -

Hermione no soportó la dureza de las palabras de Ginny, y se fue corriendo antes de dejarle ver que lloraba desconsoladamente, regresó al hotel, y se pasó toda la tarde sollozando con angustia por el niño que ya no existía y que había esperado con tanta ilusión, y porque no había podido ver a Harry, para poder decírselo y para poder llorar junto a él, su ausencia.

Draco no apareció tampoco por la tarde, si no bien entrada la noche, estaba agotado y somnoliento, y la tensión se le acumulaba con fuerza, en los hombros y la espalda,

ese día le había parecido interminable, pero estaba contento, ya lo tenía todo terminado, y por fin había llegado el momento de descansar.

Se metió en la cama inmediatamente después de bañarse, ella llevaba horas durmiendo, lo que él no sabía, era que ella se había quedado esperándolo, lo había necesitado como nunca, y si no hubiera sido por su tardanza, la debilidad habría acabado con ella, haciendo que se lanzara a sus brazos en busca de su amor y su consuelo, el incidente con Ginny, la había superado, había sido demasiado para ella.

Draco la contempló detenidamente, embelesado con cada uno de sus finos rasgos, reprimiendo sus ganas de tocarla y de besarla, de estrecharla entre sus brazos y derramar su amor desbordante en ella, la miraba con dulzura y a la vez con miedo, con miedo a perderla,

- eres lo más maravilloso que tengo en mi vida... - susurró suavemente, cerca de su oído - nunca dejaré de amarte... - se acurrucó junto a ella, y el sueño lo venció a los pocos minutos.

A la mañana siguiente se despertaron los dos, al mismo tiempo, desayunaron en silencio y Draco le comunicó que se marcharían del hotel cuando ella lo deseara, Hermione lo miró completamente intrigada,

- ¿y cuál es el problema ahora? - preguntó sin comprender nada - ¿quieres decir que nos podemos ir ahora mismo, si quiero? - Draco se encogió de hombros y le contestó,

- sí, si eso es lo que quieres -

- ¿pero..., pero a dónde?, Draco..., ¿dónde vamos a ir ahora? -

- a nuestra casa - le contestó con una sonrisa tierna, que ella se esforzó por ignorar,

- ¿a nuestra casa? - repitió ella, muy sorprendida,

- así es... - respondió él, enigmático - ¿te apetece verla?, si no te gusta..., podríamos cambiarla -

Draco pagó la cuenta y salieron del hotel, pero en vez del carruaje, les estaba esperando en el aparcamiento, un bonito vehículo de aspecto muggle, era un precioso Audi último modelo, obviamente era mágico, era un coche volador, pero funcionaba perfectamente en el mundo muggle, se trataba de un hibrido recién salido de la fábrica.

Hermione no se lo podía creer, Draco le abrió la puerta para que subiera y se sentó a su lado, al volante,

- lo compré ayer, ¿te gusta? - por supuesto que le gustaba, es más, le encantaba,

- es..., magnífico... - respondió casi sin habla, observándolo todo milímetro a milímetro, pero en el momento en el que Draco arrancó el motor, ella lo miró asustada

- vas... ¿¡ vas a conducirlo tú!? -

- jajaja..., pues claro, ¿quién si no?, no te preocupes, aprendí ayer mismo, me dieron las clases gratuitas al comprar el coche -

- se me olvidaba que en el mundo mágico, sólo se necesitan unas horas para aprender... - respondió un poco mas aliviada - pero entonces..., ¿qué pasará con el carruaje? -

- creo que ya no lo necesitamos, ¿no te parece? - Hermione sonrió y asintió, la idea de cambiar a un vehículo más moderno y sin necesidad de un chofer, le parecía estupenda,

- tendré que tomar clases yo también, si es que me lo prestas, claro... - Draco apartó un momento la vista del camino y la miró -

- este coche es tuyo también, podrás cogerlo cuando te apetezca, eso sí, recuérdame cuando vallamos al mundo muggle, que allí las normas son completamente diferentes, tengo entendido que hay gente que suele tardar..., días o semanas en aprender, ¿no? - Hermione, lo miró alucinada, no entendía qué había querido decir con eso de ir al mundo muggle, ¿acaso no significaba que Draco ya estaba haciendo con ella, planes de futuro?, eso le pareció, y por un corto instante de tiempo, una oleada de pura felicidad la sacudió, hasta que recordó que aquello no podría ser - Hermione..., ¿me has escuchado? -

- sí, perdona, estaba..., pensando en otra cosa, bueno, hay personas que tardan meses -

- ¿¡en serio!?, ¿¡tantísimo tiempo!?, es increíble..., debe de ser muy difícil allí, ¿no? - Hermione reprimió una risita burlona,

- es diferente, ten en cuenta que nosotros no utilizamos magia para nada, y solo vamos por tierra, yo personalmente lo encuentro más complicado, aunque es más seguro -

- y seguro que menos emocionante - comentó elevando el coche por el aire a gran velocidad.

Hermione pudo darse cuenta de que aterrizaban en una de las mejores zonas del centro de la ciudad, y a medida que fueron avanzando por el trayecto, el paisaje iba cambiando de urbano, y lleno de vida, a senderos cada vez más largos y verdes, llenos de viviendas, parques, arroyos, puentes de madera y piedra, caminos repletos de arboledas y algunos niños paseando con sus padres en escobas.

Era un lugar ideal.

Draco paró el coche y sacó la mano por la ventanilla, hizo un movimiento con su varita, y una pesada puerta de madera maciza se abrió de derecha a izquierda, avanzaron un poco más con el coche y Draco lo estacionó en el lugar que le correspondía.

Cuando salieron, lo primero que Hermione vio, fue el jardín principal, cubierto de un césped bien cuidado y rodeado en toda su extensión, por un espeso y alto seto florecido de olorosas madreselvas, era muy práctico, y les proporcionaría de una forma muy bonita, la intimidad que necesitaban.

Había una gran variedad de arbustos y flores plantadas, justo en la entrada que daba a la calle había un arco metálico pintado de blanco, cubierto por una frondosa enredadera de rosas,

habían gladiolos y clementinas, habían amapolas y azucenas de todo tipo, habían orquídeas y crisantemos, tulipanes y delicados jazmines, y un pequeño estanque con peces llamados bailarinas, por la graciosa ondulación que hacían al mover la larga cola.

Al levantar la mirada, vio una casa que le pareció increíblemente pequeña, diminuta, una miniatura en comparación a la mansión, pero estaba claro que Malfoy Manor era lo que era, una inmenso castillo construido para la realeza.

Aquello era otra cosa, era una pequeña casita de dos plantas, con un bonito tejado a dos aguas bastante inclinado, en la entrada de la casa, estaba el porche, con elegantes sillones de mimbre rodeando una rustica y firme mesa de madera, al lado había un balancín, y del techo colgaban algunas lámparas chinas, en forma de blancos globos de papel de arroz.

Draco puso en la mano de Hermione, una llave de plata y bronce, atada con un lazo rosa - bien venida a tu nuevo hogar - le dijo pasándole el brazo por el hombro y caminando con ella hasta la puerta, una vez ahí, guardaría un poco la distancia, para que pudiera conocer bien la casa, por sí misma.

Cuando entraron, ella miró a su izquierda, y vio un salón amplio y luminoso, con grandes ventanales desde el techo hasta casi tocar el suelo, al fondo estaba la chimenea, no era tan barroca como las de la mansión, era sencilla y pulida, y estaba construida en mármol claro, justo encima, le llamó mucho la atención ver incrustada en la pared, una pantalla de plasma, y frente a ella, miraban dos sofás laterales, un par de cómodos sillones, y tres pequeños puff, todo formaba una especie de cuadrado que rodeaba a una alargada mesa de centro.

Las paredes estaban todas cubiertas por estanterías con algunos adornos, ropa de cambio para los sofás y cojines, libros, films, y una buena cantidad de discos en formato muggle,

en el otro extremo del salón, se hallaba un comedor mediano, compuesto por una amplia mesa de madera de fresno, y ocho sillas con respaldo hasta los hombros tapizadas en tela de algodón beige.

Pegados a la pared, habían un par de aparadores con puertas de cristal, que mostraban las vajillas, y una mantelería muy fina, así como varias cuberterías y juegos de copas de cristal, y algunos juegos de té. También se fijó en que había una puerta que daba al jardín trasero.

Salió del salón y se dirigió a la cocina, se asombró de que fuera tan moderna, no tenía nada que ver con lo que había visto en la mansión, tenía una cómoda encimera que bordeaba casi toda la estancia, dejando únicamente, un hueco para la nevera, y la puerta que daba al jardín principal, tenía un lavavajillas, un horno, y encima de este, una placa que por lo que vio, supo que era una vitrocerámica.

En la parte inferior de la encimera, estaban todos los cajones y compartimentos para guardar los alimentos y utensilios de cocina, en la parte de arriba habían más estantes y espacios para el almacenamiento.

Cuando quedó satisfecha su curiosidad, salió de la cocina y abrió una puerta en la que se encontraba el baño, también amplio y cómodo, y más práctico de lo que se lo esperaba, no tenía la lujosa bañera de cristal que poseía en la mansión, pero a cambio, había un estupendo jacuzzi, no era enorme, pero tenía el tamaño adecuado a la escala de la casa.

Frente a esa puerta, una enroscada escalera de caracol, daba a la planta superior, allí pudo ver tres habitaciones, y un pequeño despacho convertido también en biblioteca,

las paredes estaban cubiertas por completo de libros de arriba abajo, habían dos sillones y un sofá, una mesa baja y alargada de madera y cristal, y muchas lamparitas de tela.

La chimenea del despacho era un poco más pequeña que la del salón, y la puerta no era de mármol si no de hierro blanco, labrado en espirales y dibujos entrelazados.

Las dos habitaciones, siguientes que vio, eran bastante más pequeñas que las del castillo, y no tenían vestidor, pero sí sus propios baños, estos eran pequeñitos, y en vez de bañeras, habían platos de ducha que ocupaban todo un lado de la pared, y se protegían con mamparas de cristal, para que no salpicara el agua.

Las dos habitaciones tenían grandes armarios empotrados, con largos espejos en cada puerta, camas de matrimonio sin dosel, con mesitas de noche a cada lado, un escritorio con su silla, y estanterías en las paredes, las chimeneas eran algo más pequeñas, idénticas a la del despacho.

Los suelos eran de madera cálida, cubiertos en su mayoría, por alfombras y tapices.

La última habitación de la casa, era la principal, un poco mayor que las demás, y especialmente completa y decorada, mucho más esmerada que las otras dos, esta si tenía vestidor, no era como otro cuarto, pero su tamaño era perfecto, y se dio cuenta de que todas sus cosas y las de Draco ya estaban allí, muy bien organizadas, era una suerte que hubiera cabido todo en un espacio más reducido.

Sin embargo, era igual de práctico, como en la mansión, ese vestidor tenía un espejo que ocupaba toda una pared, y estaba iluminado por luces propias incrustadas en la parte más alta del cristal, que se podían inclinar hacia cualquier lado, cada uno tenía su propia parte con sus pertenencias ya ordenadas, habían un par de butacas bajas, y dos puff.

El baño era más grande que los otros, y sí tenía bañera, pero no era de cristal, era de porcelana con patas de león, y la rodeaba una ovalada mampara de cristal, para que no se saliera el agua.

Poseía dos lavamanos, y dos espacios bajo estos, para guardar toallas y artículos de higiene.

Observó que en el lado derecho, estaba situado, un lindo tocador, actual, sencillo pero muy coqueto, con un silloncito pequeño y vestido con un faldón plisado, en tela de raso, verde agua. Ya se apreciaban sobre él, su cepillo y su espejo de mano, con mangos de nácar, algunos perfumes, y lociones.

A través del ovalado espejo, vislumbró en la otra punta del cuarto dos elegantes mesitas de noche, curiosamente separadas, y un chaisslonge, pero..., no había cama, ¿dónde se supone que estaba la cama?, la habitación estaba completa, no le faltaba absolutamente nada, ¡excepto la cama!, ¿acaso pensaba Draco que dormirían en el suelo?, ¿o es que pensaban traerla después?, Hermione arqueó las cejas sorprendida, y no aguantó la intriga,

- Draco..., no hay cama, ¿van a traerla después? - él se fijó en el enorme espacio entre las dos mesitas de noche y luego la miró a ella que no comprendía nada, entonces soltó unas buenas carcajadas,

- jajajajja..., se me había olvidado por completo, menos mal que me lo has recordado - metió la mano en el bolsillo de su chaqueta, y la sacó en un puño que abrió para que ella viera el contenido, provocando que a Hermione se le abriera la boca y lo mirase como si se hubiera vuelto loco.

Draco sostenía en su mano, una camita tan pequeña, que le serviría de maravilla a un liliputiense, era una monada, tenía hasta su propio dosel, y estaba muy bien trabajada, desde la diminuta estructura de madera de abedul, hasta las colchitas y los almohadoncitos.

- ¿me estás tomando el pelo? -

- en absoluto -

- ¿entonces qué es lo que me estás mostrando? -

- nuestra cama - Hermione comenzaba a mirarlo irritada, y él casi no se aguantaba la risa - jajajaj..., espera y verás,

Draco caminó hasta el espacio existente entre el chaisslonge y las dos mesitas, y depositó justo en el centro, la camita en miniatura, le dio un par de toquecitos con su varita, pronuncio el hechizo "creszendia" y se apartó,

en cuestión de segundos comenzó a crecer y crecer hasta recuperar su tamaño original, robándole a Hermione en el acto, una inmensa sonrisa,

- ¡es nuestra cama! - afirmó con sorpresa y diversión - la cama que dejamos en la mansión..., no me puedo creer que la hayas traído hasta aquí..., ¿de verdad es nuestra cama, Draco? -

- ¿no la reconoces? - respondió sonriente,

- ¿y la has llevado todo este tiempo en tu bolsillo? - Draco asintió,

- pero..., ¿porqué?, ¿porqué te has molestado en traerla hasta aquí, pudiendo elegir otra? - Draco miró la cama , luego la miró a ella y su sonrisa se ensanchó sutil y enigmática, se le acercó de una manera tan incitante, que ella tuvo que retroceder un par de pasos por los nervios,

- en esta cama me entregaste tu virginidad - respondió casi en un susurro - en ella hemos jugado..., hemos hecho el amor..., nos hemos colmado de cariño y de ternura..., hemos dormido en ella desde el primer día en que nos casamos hasta ahora, no podía dejarla allí, son demasiados recuerdos íntimos, demasiado especiales, ¿cómo no iba a traerla?, es nuestra cama..., tiene que estar donde estemos nosotros -

Aquellas palabras lograron derribar de un solo golpe, uno de los férreos muros que Hermione se empeñaba en alzar entre ellos, la estaba desarmando por completo, llevaba haciéndolo todo el día con cada una de sus acciones, y si persistía, estaba segura de que volvería a caer rendida en sus brazos, irremediablemente.

Él lo sabía, era un amante excepcional y la conocía, sabía cómo debía tratarla en todo momento, y pensaba aprovechar hasta la más mínima oportunidad para recuperarla y volver a tenerla, exactamente igual que un celoso cazador, acechando a una preciada presa sin igual.

Ella tuvo que apartar la mirada y alejarse un poco de él, para que no se le fuera de las manos la situación.

Todas las habitaciones de la planta superior tenían terraza, y cuando Hermione se asomó por la de aquel cuarto, contempló con admiración el hermoso jardín que daba a la parte trasera, su tamaño triplicaba al de la entrada, y estaba lleno de arbustos y árboles frutales, al igual que el otro, abundaban toda clase de flores y trepadoras que se agarraban de los árboles, y de las paredes de la casa.

Había una piscina de considerable tamaño y otro balancín, cerca de una carpa mediana cubierta por vides.

En su interior habían una mesa y algunos asientos, especiales para tomar cualquier comida al aire libre, del otro lado de la carpa, había una barbacoa hecha de piedra, y un pequeño pozo.

Era una casa perfecta, la casa de sus sueños, Hermione siempre había querido vivir en un lugar así, tan idílico, tan parecido a los lugares fantásticos salidos de los cuentos de hadas, no había duda de que Draco se había esforzado al máximo para conseguir todo aquello en tan sólo unas horas, le parecía una labor inimaginable, imposible de llevar a cabo en tan poco tiempo, y él había desafiado al tiempo y lo había conseguido a contra reloj, le había puesto en las manos, la llave de la casa de sus sueños.

No sabía qué decir, no tenía palabras, estaba embargada de mil sentimientos y emociones, su corazón bullía acelerado y queriéndosele salir del pecho para brincar de alegría, Draco le estaba proporcionando el lugar más bello y confortable que podía imaginar, para que pudiera vivir en paz, y ella se había quedado sin palabras, era una casa magnífica, no podría haberla deseado mejor,

¿pero qué más podía desear?, viviría en un lugar de en sueño en el mejor distrito de la ciudad, ahora tenía un precioso coche último modelo, envidia de gran parte de la población y estaba casada con un hombre, terriblemente atractivo y caballeroso, que era capaz de derretirla con una simple mirada, ¿qué más podía pedir?,

¿qué mujer no querría ser ella?.

Él era mucho más resolutivo en ese aspecto, llevaba ya tres años aprendiéndolo todo sobre ella, memorizando y comprendiendo hasta la última expresión de su cara, asegurándose de aprender de ella hasta el más recóndito secreto de su vida, y lo había hecho muy bien.

Había aprovechado toda esa información, para materializar el hogar perfecto en el que ella estuviera a gusto, por la mañana había salido temprano junto a sus abogados a la inmobiliaria y había comprado la casa que más se ajustaba a los gustos de ella, luego la había puesto en manos de los decoradores más elitistas y eficientes, y mientras terminaban de arreglarla, había decidido comprar un vehículo propio, los carruajes estaban muy anticuados, y les restaba intimidad, en unas horas había aprendido a manejarlo, sabía que a ella le encantaría, y sabía que muy pronto volvería a ser suya, sin utilizar la fuerza, ella misma se le volvería a entregar.

Hermione entró, y se sentó en la cama junto a Draco, él le sonreía con dulzura, y con una mirada limpia y tierna,

- bueno..., ¿qué te parece tu nuevo hogar? - preguntó, restándole importancia, ella agarró su mano, fuertemente sin perder el contacto visual con él, y le devolvió la misma sonrisa llena de afecto y felicidad,

- es..., la casa más bonita que he visto nunca... - susurró al borde de las lágrimas - gracias... - pudo decir con un hilo de voz, para que no se le quebrara,

Draco acarició su mejilla y su pelo, despacio y con suavidad, con una lentitud extrema, su mano paseó lánguidamente por su nuca, hasta llegar a su espalda, la recorrió con las yemas de sus dedos, despertando en ella, mil terminaciones nerviosas, y todo el placer olvidado e ignorado,

ella cerró sus párpados como a cámara lenta, y dejó escapar un suspiro involuntario, él no lo aguantó más, y la estrechó en un abrazo reconfortante y masculino, besó su frente y la punta de su nariz, pero para su gran asombro, ella no se apartó ni lo frenó, alzó cuidadosamente su cara, hasta que sus carnosos labios, que cada vez le ardían mas, febriles y anhelantes de contacto, rozaron delicadamente los suyos.

El roce lo encendió arrebatándole el alma, pero se obligó a dominarse y la dejó actuar, la dejó tomar sus labios hasta profundizar y posesionarse de ellos, lo besó desesperada, inquieta, enardecida, y sólo cuando ella, despegó sus labios de su boca por la falta de aire, Draco se abalanzó sobre ella, aprisionándola entre la cama y su cuerpo, y la besó tan apasionadamente y de una forma tan intensa, que ambos estuvieron a punto de llegar al clímax.