Perdon por la tardanza, muchas gracias por todo :3

Pregunta del día: Si pudieran elegir una sola shipp (pareja) que se volviera cannon (real) absolutamente e independientemente de todos o todo, o bien que revelara por fin que existe, ¿cual seria? Yo creo que definitivamente elegiría Sterek, aunque Derek ya no este :c

En fin, aqui la segunda parte :3

You are mine

Capítulo 33: Historias II

No es pesimista. Definitivamente, Stiles no es pesimista en lo absoluto, y que en este momento no encuentre otra cosa más que pensar en que algo saldrá mal es absurdo en su totalidad, porque él no es así.

Sin embargo, encontrarse encima de un árbol, pegado al tronco de este como si fuera un pequeño mono araña asustado por un enorme jaguar que quiere comérselo. Aunque la realidad tampoco es tan descabellada.

—Oh demonios—murmura, viendo hacia abajo y tratando aun más de fundirse con la naturaleza en un intento torpe de no ser visto por los gorilas que están debajo de él.

Stiles—Isaac dice, a través del auricular, y traga grueso de manera nerviosa sin poder detenerlo cuando uno de los hombres pasa la linterna por los arbustos. Si se le ocurre subirla un poco...—. ¿Qué ocurre? ¿Estás bien?

¿Es que acaso te caíste de la rama?—la que habla ahora es Erika, socarronamente.

—Hay alguien debajo de mi—susurra, antes de darse cuenta de la presencia de otros dos hombres y—, Oh mierda, tienen perros, y no, no perros como ustedes idiotas, sino perros. Sí, dos caninos enormes, como de dos metros de altura, puro musculo macizo y horribles colmillos como tiburones. Así que apresúrense.

No, realmente no puede ser optimista si se tiene en cuenta que un desliz, un pequeño error, podría provocarle la muerte en menos de dos minutos, o lo que es peor, que descubran para quien trabaja. Ahora puede saber el suspenso que todos los espías de la tv deben de sentir cuando están a punto de ser descubiertos por el villano de turno, y es horrible, como si estuvieras comiendo galletas sin permiso y tu madre entrara a la cocina, lo único que puedes hacer es rezar para que no te vean...

Bueno, mentiría si dijera que jamás en la vida comenzó a pensar si en verdad existía un Dios, porque sí que lo hizo, muchas veces, cuando no tenia nada que hacer y estaba en su habitación aburrido cuando su padre se iba a la comisaria los sábados por la noche, cuando se suponía que tenían un momento fraternal. Pensó en ello, en Dios, en los ángeles, en todas las fuerzas divinas que rodeaban la tierra según los humanos, y no, realmente no cree en todo eso aunque las demás personas piensen que lo hacía. Creer en los hombres lobo, las hadas, las sirenas, los hombres reptil, los cocodrilos en las alcantarillas, los wendigos, duendes, elfos y gnomos, no significaba precisamente que creyera en la religión.

No obstante, ahora, con Derek a miles de metros de él, con Scott siendo controlado por su lado animal, Peter y Chris diciendo que un sujeto más malvado que la Reina Malvada de Blanca nieves está en el pueblo con la intención de borrarles del mapa, Talia haciendo con Laura no sabe que cosas, y dos perros del tamaño de caballos debajo de él—ok, que exagera con el tamaño—esperando encontrarle para despedazarle; no puede hacer otra cosa más que pensar.

Pensar que todo saldrá bien.

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No puedo creerlo—dijo Chris, ya tenía veinte años cuando llego echando humos al mismo lugar de siempre.

Peter, como había esperado, le observaba desde una gran roca en el suelo, sentado cómodamente mientras dejaba el libro en su regazo. Alzo la ceja de esa manera usual en él, de ese modo que siempre hacía antes de soltar un comentario ácido.

¿Qué sucede, Christopher?—pregunto, y Chris no pudo evitar verle con el ceño fruncido por usar su nombre en lugar que el diminutivo.

Solo dos personas en toda su vida le habían llamado así, y si bien Peter era la primera en hacerlo sin ser miembro de su familia, no significaba que su cerebro no relacionara aquello con su padre, con quien justo ahora estaba completamente molesto.

Su familia había aceptado con felicitaciones su trabajo, su empeño en el entrenamiento, y aunque no era natural en él dar golpes, cuando Peter le mostro la manera correcta de darlos, los pensamientos que necesitaba para dejar libre la fuerza que debía utilizar.

(—Debes de pensar en la persona que más te moleste en el mundo—había dicho el joven, rodeando con sus palmas las suyas y transformándolas en un puño—. Eres un Alfa, uno fuerte, esta en tu naturaleza ser fuerte y decidido. No pienses en lastimar al oponente, sino en lo que deseas proteger y está siendo amenazado. La fuerza de los Alfas no viene de otro lugar más que ese, defender al débil cueste lo que cueste)

Pronto supero a todos los demás, mostrando ese talento nato que su padre siempre presumía a los demás cazadores, esa técnica que solo los Argent como tal manejaban, la manera perfecta de disparar ballestas y armas de fuego, de darle a un blanco en movimiento, y de deshacerse de las ataduras. Pero eso, como todo lo demás, no supero a Kate, no le dio lo que buscaba de su padre, la satisfacción en su mirada.

Es mi padre, de nuevo—sí, sabia que se estaba comportando como un adolescente, pero no le importaba—. Nada es suficiente, nada. Para ser reconocido debo ser el mejor, y cuando lo soy por fin, solo me dice que era mi deber serlo, que se lo debía...

Tu no le debes nada a nadie—sintió los brazos de Peter rodearle por detrás, completamente, su espalda tocando su pecho y la barbilla recargándose en su hombro—. Sí tu te volviste tan bueno no es por él.

Lo sé—murmuro, dejándose abrazar—. Soy bueno por mí, porque me esforcé.

Peter rio, suavemente, ocultando su cara en su cuello y dejando un beso que el estremeció por completo. Así es como solía ser, recordó, reunirse ambos de noche, entrenar, o eso hasta que el adolescente había decidido que besarle era mucho mejor. Aunque no es como si Chris estuviera en desacuerdo.

De hecho, eres bueno porque yo te entrene—comento con diversión, dejando otro beso más sonoro esta vez—. ¿Qué hubiera sido de ti si yo no te entrenaba?

Probablemente hubiera muerto en la demostración—dijo sin darle importancia, o eso hasta que siente perfectamente como Peter se tensa detrás de él.

¿Demostración? Suena demasiado a una secta secreta.

Mi familia es parecida a una secta, sí—Chris se giro, quedando de cara y llevando sus manos alrededor de la cintura del otro para acercarlo a su cuerpo, teniéndolo rodeado, queriendo estar aun más cerca—. Somos cazadores, después de todo Peter. Somos unidos y tenemos leyes y códigos para hacer funcionar nuestra sociedad.

Como en las manadas—Peter dijo sin poder detenerse—. Quien lo diría. Nos casan, pero son muy parecidos a nosotros.

Chris entonces coloco el semblante serio.

Por lo que el chico le había comentado, podía decir con facilidad que eran una familia sumamente unida, una cadena fuerte cuyos eslabones dependen de los demás, quienes se protegen entre sí. Gerard le había dicho que los cazadores casaban a las criaturas malvadas, que defendían a los hombres de ellos, pero nunca en toda su vida vio a su familia socializar con aquellos que no eran cazadores, y es cierto, puede que no haya visto situaciones así pero estas existieron, pero aun así...

Son demasiado diferentes. Mucho. Los hombres lobo protegen con su vida a los miembros de la manada, defienden con capa y espada, garras y colmillos, con la única motivación de mantener sanos y salvos aquellos quienes protegen, dando todo con tal de hacerlo. N

Fue en ese momento, justo en ese, en el que Chris verdaderamente dudo de la humanidad de los lobos.

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«Eso paso hace mucho tiempo»

Chris baja de la camioneta todo terreno con el arma en la mano, caminando con seguridad a la veterinaria de Deaton e irónicamente esperando encontrar una gran batalla dentro de ella.

El edificio esta cubierto por una capa gruesa de ceniza e cerval que rodea por completo el perímetro, y si se fija un poco puede ver las cajas de acónito apiladas al lado de la entrada trasera. No se sorprende de encontrarlas, sin embargo; por lo que se sabe de los Hale, estos tienen un amigo con... habilidades particulares.

Chris en todos sus años siendo amigo de Peter jamás había visto a Alan Deaton en persona, nunca en lo absoluto, solo su padre y unos cuantos cazadores habían hablado con el emisario, y al contrario de la creencia popular, no sentía curiosidad en lo absoluto.

Si no le habían presentado al emisario es porque no era necesario, y eso ahora, pensar que algo ocultaba su padre al prohibirle entrar a la veterinaria, no le serviría de nada para concentrarse en la pelea que se acercaba.

Muchas personas podrían decir que un conflicto no necesariamente debía convertirse en algo más allá de eso, no obstante, con Gerard en su casa, todo era posible.

Cuando gira su cabeza para recorrer el estacionamiento buscando alguna amenaza, no le sorprende para nada en lo absoluto toparse con el auto viejo de Scott, el neon de su madre. Cierto es que Chris no estaba muy feliz con su relación con su hija, en lo absoluto, pero eso se respaldaba por la idea de protegerla principalmente, él mismo aceptaba que sí, estaba celoso, porque su hija comenzaba a crecer, y crecer, para ellos, significaba mucho más que cambiar de guardarropa, escuchar música diferente, tener novio y salir de fiesta.

Comenzar a crecer era cambiar completamente tu vida, tu perspectiva, iniciar el entrenamiento, abrir los ojos al verdadero mundo lleno de criaturas fantásticas que había en realidad más allá del bosque, en la oscuridad; los monstruos que todo el tiempo amenazaban con lastimar a las personas. Él no quería eso para Allison, y no lo quiere aun, pero esa decisión no fue suya. Gerard le mostro a Allison el mundo como era sin consultarle nada en lo absoluto.

Y sí, puede que ahora eso ya no importe, que no importe en lo absoluto que su hija este al tanto de la naturaleza de su familia, de los hombres lobo, o que incluso su novio sea uno, pero eso no quiere decir que en su mente no este presente aquellos hechos cuando abre la puerta de la veterinaria, ingresando.

Lo primero que su mente registra es a Derek, siendo sostenido con fuerza por Laura del hombro, sus ojos prendidos en lo que reconoce como ira e impotencia, observando un punto fijo en la distancia; Peter y Talia charlan con un hombre que de inmediato identifica como Deaton.

—Nosotros no podemos hacernos cargo de esto solos, Alan—Talia Hale dice, hablándole como si estuviera hablando con un hermano, sus ojos castaños con suplica—. Necesitamos tu ayuda...

—Sé que esto será difícil—Deaton tiene el tipo de voz que todo mundo se imagina para los magos sabios, aquellos que hablan con acertijos, solemne como la de un padre al hablarle a su hijo, serena completamente—, y quisiera apoyarlos, pero no puedo hacerlo.

—Tu miedo no te lo permite—Peter gruñe, de manera fuerte y atronadora pero a la vez completamente humana, y Chris casi puede sentir el mismo como las cuerdas bocales del Hale retumban una y otra vez en su garganta—. ¿Qué acaso no puedes ayudarnos como te hemos ayudado a ti?

—Peter no...

—Cállate Talia—interrumpe cortantemente, sus ojos brillando en azul puestos en Deaton, acercándose a paso amenazante con cada silaba—. No es momento de ver tus hierbas, ni de buscar ceniza de cerval para cercar a unos simples omegas. Es momento de dejar de lado todo tu teatro de magia para luchar con nosotros, los que se suponen que son tus amigos—apunta a Derek ahora—. El Omega de mi sobrino esta en territorio de los Argent arriesgando su pellejo mientras nosotros te pedimos ayuda, ¿y como respondes? Ocultándote en tu asquerosa veterinaria como un cobarde. Dándonos la espalda.

—Peter, es suficiente—Talia coloca sus ojos en carmesí, hablando con su voz de Alfa, haciéndose oír, y de inmediato observa como el susodicho se separa, haciéndole espacio. La matriarca Hale suspira, antes de mirar a Deaton con los ojos inyectados en decepciona aun en su color sobrenatural—. Por favor Alan.

La indecisión invade por completo el rostro del veterinario, y Chris solo cruza los brazos, de manera disimulada queriendo imponerse con su presencia, y lo hace. Puede notar que tanto Derek como Peter le dirigen una mirada de reojo, y aunque él no puede decir si agradecen que este ahí o no, si que sabe al ver como Deaton le observa que es de ayuda.

—¿Christopher Argent?—Alan dice entre una pregunta y una afirmación.

—Supongo que usted es Deaton, el emisario—contesta él en cambio, no queriendo ser amable, colocando la mascara de frialdad que acostumbra a llevar en asuntos profesionales—. ¿Ayudara o perdemos el tiempo?—pregunta de manera ruda, sin contenerse, porque cualquier minuto ahora es importante.

Alan no dice nada, solo da una pequeña mirada a Talia que lo dice todo.

—Consigue todo lo que puedas para sanarnos—dice la Alfa, saliendo por la puerta de la veterinaria.

Peter pasa a su lado siguiéndola, dándole un pequeño roce intencional en su codo al hacerlo. Deaton solo observa un poco antes de girarse y volver a la suya. Laura, quien hasta entonces no había dicho nada, suelta el hombro de Derek, acercandose al emisario y dejando caer su frente en la nuca de este haciendo estremecer al Beta.

—Gracias—dice al separarse, caminando a la salida con la cara decidida—. Apresunrese.

Derek gruñe, en voz alta, pasando a su lado también, y cuando Chris esta a punto de salir por la puerta, Deaton vuelve a hablar, su tono siendo lo único que le detiene.

—Veo porque los ayudas—el emisario no se gira a verle, tomando cosas de los estantes—. Te pareces demasiado a ellos.

Argent suelta una sonrisa irónica.

—Si mi padre le escuchara, probablemente estaría muerto en este momento.

Y algo le dice a Alan que no es una broma.

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Isaac bufa de nuevo, cargando el auto con todos los sacos que Talia les había pedido. Están en la vieja estación de tren propiedad de la familia, donde él supone guardan Scott a su lado sosteniendo una gran tabla y llevándola a la camioneta, ambos acababan de terminar la tarea que Chris había dicho, retirar los censores de movimiento y desmantelar las trampas alrededor de todo su territorio.

La camiseta de McCall se sube un par de centímetros cuando deja la tabla en la parte trasera del todo terreno.

Erika dice que, como era de esperarse, tenia sus ventajas ser mujer, porque cuando uno se emociona no tienen que preocuparse, porque no hay nada que los ponga en evidencia, no como ahora al menos; Scott tiene la piel justa de sus abdominales descubierta, y sí, puede que sean imaginaciones de Isaac, pero esta haciendo calor.

Mucho calor.

Y eso solo significa que cierto amiguito esta queriendo despertar.

—Isaac—dice Scott, girándose a verle con las mejillas completamente sonrojadas, tanto que es imposible no verlas aunque este un poco oscuro ya.

El rubio solo alza una ceja sonriendo ladinamente.

—¿Pasa algo, Scott?—pregunta, de manera inocente, sin querer reconocer que ya sabe lo que el Alfa le dirá.

El mismo puede olfatear el aroma dulzón que flota en el aire proviniendo de él, aunque claro, jamás lograra sentirlo como el Alfa a su lado.

—Estas...—balbucea torpemente, y se rasca la mejilla de manera nerviosa, mirándole con sus ojos brillando en una suplica muda, pidiéndole silenciosamente que no le hiciera decirlo. Isaac solo deja de sonreír un poco, abriendo sus ojos más en una actitud curiosa que extrañamente Scott se traga—. Estas... hueles muy bien, Isaac, deja de hacerlo.

—Pero no puedo evitarlo—murmura sonriendo traviesamente—. Es un impulso involuntario.

Scott entrecierra los ojos.

—¿Oh en serio?—pregunta, y Isaac puede reconocer el mismo tono de voz divertido que a veces Stiles utiliza—. ¿Por qué no me lo parece?

—Puede que te estés dando ideas tu solo—se encoge de hombros, antes de pasar a su lado y tomar el ultimo saco—. Andando, que tía Talia no espera.

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Erika no encuentra otra forma más que bufar con fuerza cuando los gemelos y las chicas vuelven a discutir sobre donde poner los sacos, o bueno, más bien Malia discute con Ethan, y Aiden solo se pregunta quien de ambos ganara y se saldrá con la suya.

Ella tiene una gran inteligencia, todo el mundo se lo dice al conocerla, y por lo mismo, no es sorpresa que Talia Hale precisamente hace mucho tiempo le haya confiado que podría ser una gran Alfa, en un caso hipotético, claro esta. Erika jamás en su vida seria Alfa por ella misma, y nunca se le ocurriría desafiar a Laura o a Talia para obtener el estatus, mucho menos a Derek. No obstante, eso no quiere decir que no aproveche al máximo sus cualidades.

—¿Podrían dejar de pelear o es demasiado?—comenta de manera ácida, entrecerrando los ojos. Malia le mira con el ceño fruncido—. Estamos en un apuro, por si no sabían.

Malia abre la boca para decir algo, pero ni siquiera puede decir una silaba cuando algo le alerta por completo. Se tensa, su espalda recta y sus nervios disparados hacia el cielo. Su mirada se dirige a los árboles que rodean la casa Hale, agudizando el oído por completo y sus ojos brillando en dorado cuando detecta algo a la lejanía. De inmediato los demás se colocan alrededor de la construcción, defendiendo por completo.

Mentiría si dijera que no se sorprende cuando dos autos todo terreno entran en el perímetro de la mansión, y sin medir ni siquiera las otras opciones que tiene se gira.

—¡Corran!—exclama, comenzando ella a hacerlo y siendo seguida con rapidez por los demás.

El aire choca directamente en su rostro, y se encuentran surcando todos los arboles que se interponen, el motor del todo terreno escuchándose en la lejanía; sabe, sin siquiera preguntarle a Malia, que hicieron lo correcto.

Mientras tanto, Gerard baja del vehículo, sonriendo levemente cuando ve la calcinada mansión Hale, comenzando a ser remodelada apenas, frente a él. La noche ya ha caído, y puede estar seguro que definitivamente les hará pagar a los Hale haberle arrebatado a u hija.

Él siempre fue un hombre visionario, queriendo la paz para él y su familia, queriendo desaparecer aquellas amenazas en las que se habían convertido los hombres lobo. Antes hubiera seguido el código, pero ahora nada de eso importa, no cuando Kate está muerta y su hijo le ha dado la espalda.

—Abuelo—la voz de Allison detrás de él le devuelve al mundo real, y cuando se gira, y no ve a una pequeña niña, sino a una mujer poderosa que definitivamente podrá salvar a la humanidad de las pestes asesinas—, ya implantamos los emisores.

Sonríe de nuevo.

—Todo está saliendo como lo planeamos, Allison.

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Si le hubieran dicho cuando conoció a ese irónico joven de sonrisa fácil y mirada traviesa que dependería tanto de él, no lo hubiera creído, los alfas son independientes, completamente, eran los omegas quienes buscaban unirse y formar lazos; no obstante, ahí estaban ambos, rodeándose en abrazos.

Peter—dijo, suavemente, enterrando la cara en el cuello del más joven y respirando una y otra vez aunque no encontrara ningún olor dulce, solo la fragancia leve de un Alfa joven—. Esto está mal.

¿Por qué?—pregunto, y no hacía falta verle para saber que tenía una sonrisa levemente burlona, que no podía ser más falsa. Chris conocía tan bien a Peter como la palma de su mano, o incluso más, porque no podía mentirle ahí, estando ambos en el bosque, donde podían ser ellos mismos sin la necesidad de presiones familiares o algo parecido—. ¿Por qué eres un cazador, mayor o un Alfa?

Justo por eso—rozo con su nariz una vez más antes de separarse—. Somos Alfas. Nunca podremos formar una familia si seguimos así, y ambos lo necesitamos.

Peter frunce el ceño.

Yo no lo necesito. Solo te necesito a ti, y justo ahora no podría pedir otra cosa.

¿Qué pasara cuando quieras dejar descendencia? ¿Cuándo tu familia te pregunte por tus escapadas?

¿Por qué me estas diciendo esto?

Debió haber sabido que Peter le conocía de la misma manera.

Yo...—no había tartamudeado jamás, pero se estaba poniendo nervioso. Bueno, la única manera era decirle, decirle porque había tardado tanto en llegar las ultimas semanas, el porque de sus inquietudes y sobre todo el porque no habían compartido un beso desde su regreso de Japón (a donde fue por razones de trabajo)—. Mi padre quiere unirme con una familia de cazadores en Francia—admitió, sin verle a los ojos, porque sabia que no podrá decir la verdad de otra forma—. Estoy cortejando a una Beta, y ya hemos puesto fecha para la boda.

Entonces sí que subió la mirada, topándose con los dos zafiros que tanto le gustan mirarle con dolor, de manera herida, como si estuviera traicionándolo. Y de cierta forma, así es.

Peter se levanto de las hojas secas, sin dirigirle una ultima mirada, desapareciendo en el bosque.

Esa fue la ultima vez que ambos se vieron hasta que Allison nació, donde se encontraron ambos en la comisaria debido al incendio de los Hale.

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—¡Ya les dije que me bajen!—se queja de nuevo, pataleando, queriendo zafarse del agarre que los Alfas ejercen sobre él.

Maldición Stiles.

Resulto que si, el maldito perro si que le había detectado, y ahora estaba en el territorio enemigo, siendo llevado hasta la casa Argent, la mansión del villano de su película metafórica, donde jamás nadie le volvería a ver porque le matarían y sacarían las viseras. Y no exagera en lo absoluto.

Sí, definitivamente está jodido, o lo va estar si no logra a escapar rápido.

Puede ver que el limite del terreno esta a tan solo cuatro metros. Cuatro metros que podría avanzar corriendo, donde Cora esta oculta de las miradas, y justo detrás de la esquina esta estacionado su Jeep. Ahora tiene un plan de escape verdadero que solo podrá funcionar si logra evadir a los dos gorilas que le detienen.

—¡Yo solo estaba buscando mi cometa! ¡ Se los juro! Si voltean al árbol podrán ver que ahí está. ¡Esto es un malentendido!—sigue gritando, tratando de distraerles los suficiente—. ¡Bájenme, mandriles!

—¿Podrías callarte?—pregunta el de piel más oscura, girándose a verlo, y Stiles aprovecha esa oportunidad como si fuera la ultima.

Porque verdaderamente, puede serlo.

Alza la cabeza con todas sus fuerzas, dirigiéndola directamente a la mandíbula del sujeto, y siente un chasquido, seguido de la explosión de un dolor latente en su coronilla. Pero no le importa, ni eso ni que este un poco mareado, porque siente el agarre aflojarse, y no pierde tiempo, lanzándose contra el limite de la ceniza de cerval, corriendo todo lo que sus pies pueden cuando se logra zafar del otro guardia.

Si vista esta nublada pero no le importa, y sigue corriendo, fuerte y pesado, torpe y sin coordinación, pero ya casi llega. Esta a tan solo unos pasos cuando siente el agarre en su brazo detenerle. Stiles se gira, viendo al guardia de piel oscura mirarle con furia, su labio roto debido al golpe, y justo detrás de él viene el otro con un radio, al parecer llamando a los refuerzos.

En un acto de valentía escupe, la saliva llegando directamente al ojo, y da una fuerte patada ciega hacia en frente, esta llegando directamente al muslo interno, a centímetros de lo que seguramente es el escroto del sujeto.

—Vayanse a la mierda—exclama entre jadeos, y corre de nuevo, esta vez sobrepasando el limite.

Los guardias le siguen, pero Cora ya ha salido de su escondite, propinándoles dos golpes que los dejan por completo noqueados.

Stiles lleva sus manos a sus rodillas, respirando con dificultad, pero la Hale solo le sonríe.

—Tienes carácter, omega—acepta, pero él ya no puede más.

—Si bueno...—jadea buscando aire—, no cualquiera... se metería con esos sujetos, ¿o si? ¡Ah!—suspira, reincorporándose, sintiendo sus mejillas calientes y la adrenalina como un liquido caliente recorrerle el cuerpo—. ¿Dónde están los demás?

—En sus posiciones—dice Cora, comenzando a caminar en la dirección del jeep—. Y nosotros también debemos estarlo ahora. Erika dice que los Argent han ido a la mansión, y eso no puede ser nada bueno.

—¿En serio? ¿Esa familia nunca se cansa?—él la sigue, buscando las llaves del Jeep en el bolsillo trasero de su pantalón—, parecen cucarachas, siempre causando problemas, si no es uno es otro, y si no es el mayor. Como abejas.

—¿Los Argent son abejas?—no necesita ver a Cora para saber que tiene una ceja alzada y una mueca de incredulidad tan parecida a Derek que demuestra, de nuevo, que el humor viene de los genes. Obviamente Laura fue la excepción.

—Sí, ya sabes, ellas trabajan en conjunto. Si molestas a una sueltan feromonas que alertan a las demás, y de inmediato ¡boom!, tienes un ejercito de abejas detrás de ti— no tiene que ver a Cora para saber que obviamente tiene una ceja alzada y una mueca de incredulidad tan parecida a Derek—. Aunque más bien serian como avispas, esas te pican y nunca mueren, o no de manera fácil, y si que duelen sus agijones clavados en su piel. Yo conocía a una persona que se encargaba de aniquilar avispas, y su cara se deformo de las picadas que recibía a diario; nunca supe porque no uso protección jamás.

—¿De que coño estás hablando?

—No lo sé—acepta—. Parece ser que la adrenalina me dejo calcinado el cerebro.

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La jaula sigue ahí, se fija cuando por fin baja las escaleras. En la esquina oscura del sótano, una llave rota goteando, el agua cayendo justo sobre la figura oscura que resguarda esa protección.

Gerard sonríe, sí que lo hace, viendo en dirección a la criatura que se ha convertido en su más grande aliada, primero mostrándole a Allison quienes eran, y ahora sirviendo como la perfecta carnada para eliminar por una buena vez toda la manada Hale.

—Solo espero que me sirvas de una buena vez—murmura, aunque sabe que ella lo está escuchando—. No te he guardado todos estos años solo como trofeo.

No se despide de ella una vez que sube las escaleras, solo cierra la puerta, la bestia dentro de la jaula removiéndose una vez que no encuentra amenazas cerca y volviendo a su forma normal.

No dice nada, ni una sola maldición, porque ha olvidado como suenan las vocales y silabas dentro de su boca, pero sí que gruñe, sintiendo odio. Un odio visceral nacido de lo más profundo de su instinto capaz de llenarle la boca del sabor acido de la bilis.

Algún día matará a ese hombre.