Bueno, a partir de este capitulo oficialmente me quedo sin Beta. Irene te quiero agradecer por todo este tiempo juntas, por tu apoyo, por las platicas y las sugerencias. Me enseñaste un montón de cosas y te agradezco tu tiempo y paciencia para haber llegado hasta aquí, te deseo mucha suerte y ya sabes que en mi tienes una amiga. Te quiero mucho y seguimos en contacto.

Los personajes pertenecen a la maravillosa Stephenie Meyer. La historia es mía.

Bella

La electricidad corrió por mis venas y gemí su nombre mientras parte de mi mente me abandonaba. Eché la espalda hacía atrás, tomándolo todo por completo, mis paredes internas se enredaron en él, exprimiéndolo con fuerza. Él soltó una maldición y elevó las caderas unas cuantas veces más, haciendo que mis rodillas se despegarán del sofá mientras el orgasmo nos consumía a los dos.

—Te quiero Edward… —susurré contra su pecho, sintiéndome agotada, incluso los ojos se me cerraban.

—Joder Isabella, —deslizó mi cabello húmedo detrás de mis orejas —recuérdame hacerte enojar más seguido. —Intenté golpear su pecho pero más bien pareció una caricia, tomó mi mano y me dio un suave beso. —Sería un tonto si mirara hacía otro lado teniéndote aquí. Te quiero nena, no tengo que buscar nada más, a tu lado me siento completo.


**Edward POV**

Por la mañana desperté… agotado.

Durante la madrugada habíamos hecho el amor incontables veces. Algunas veces ella me despertó con suaves caricias en mi pecho, otras yo la desperté, con húmedos besos en su espalda desnuda. Cuando el sol se coló temprano por las ventanas, me negué abrir los ojos inmediatamente. El olor a frutas era intenso, por lo que finalmente los abrí, Bella estaba atravesada en mi pecho, su respiración era acompasada y tranquila. Su larga cabellera brillaba bajo la luz del sol, sus labios estaban enrojecidos, sus pómulos marcados. Suspiró deslizándose hacía un lado quedando boca arriba, un brazo a un lado de su cabeza, el otro en su regazo, uno de sus pechos redondo y bien formado, estaba descubierto fuera de la sabanas.

Lentamente acaricié su rostro, y las comisuras de sus labios se elevaron en una sonrisa, pero no se despertó. Animado por el hecho de que no lo hiciera, acaricié su largo cabello. Era tan delicada y tan frágil, como un ángel de ojos y cabello castaño. Un ángel que era solo para mí, sonreí con tantas ganas que pensé que se me iba a romper la cara. ¿Cómo podía pensar que me fijaría en cualquier otra mujer? Eso era absurdo y me descolocaba un poco, porque no podía entender de qué forma dejarle claro mis sentimientos. ¿Acaso no veía en lo que me había convertido en su ausencia?

Respiré hondo y contuve el aliento. El ligero olor a sexo, llevaba ya un tiempo establecido entre las sabanas, pero lo que olía por sobre cualquier cosa, era su fragancia a lavanda y fresas. Me embriagaba exactamente igual que el mejor vino, olía tan bien, que odiaba dejarla sola en la cama. Sin duda, la imagen de Bella desnuda, sobre mi cama, era lo más excitante en el universo… pero seguramente estaría exhausta. Lentamente salí de entre las sábanas para no despertarla, y me puse solo unos pantalones negros de deporte y una camiseta.

Caminé rumbo a la cocina y observé que, por primera vez en la historia, el frigorífico estaba lleno de comida. Como Alice y Emmett venían seguido, me vi en la obligación de tener siempre comida. Me moría de hambre, y me imaginé que cuando Bella despertara, se sentiría igual. ¿Habría bebido mucho? Quizás tendría resaca, el pensamiento me hizo sonreír.

— ¿Le preparo el desayuno señor? —Clare entró apresuradamente y por un momento, me había olvidado por completo de ese detalle, por lo que me asusté.

—No, yo… lo haré… no entres a mi recamara Clare, hoy no dormí… hem—pasé una mano por mi cabello —… solo. —Una sonrisa que trató de reprimir se dibujó en sus labios, arrugando un poco las comisuras de su boca.

Clare, mi ama de llaves era una señora mayor. Fácilmente tendría más de cincuenta años, me gustaba que trabajara conmigo, porque le daba un toque… maternal a mi fría casa. Pero por lo mismo, me daba vergüenza no haberle dicho que teníamos visita.

—Muy bien señor, llámeme si necesita cualquier cosa. —Respondió con una sonrisa, y desapareció por el pasillo.

Hice lo que solía tomarme en días así: un poco de jugo de naranja muy frío, así como unas aspirinas. Lo vacié en dos copas grandes de cristal. Luego hice huevos con tocino y un par de hot cakes. Una vez que tuve todo listo, lo puse en una bandeja. Nunca pensé que caminar con el desayuno fuera toda una travesía, incluso se derramó un poco de jugo. En realidad tampoco lo había hecho antes, finalmente entré en mi habitación. Ella seguía dormida profundamente, por lo que dudé en despertarla. Dejé la bandeja con el desayuno aún lado en la mesa de noche, y me posicioné sobre ella.

—Buenos días nena. —Susurré dando besos por su rostro y muy delicadamente por su cuello.

—Hum. —Masculló poniendo un brazo sobre su rostro.

—Despierta fresas… —descendí mordisqueando su piel, suavemente.

—No quiero. —Refunfuñó haciéndome sonreír.

—Vamos Bella… se va a enfriar. Te hice desayuno, ¿quieres probarlo? —Di besos por su mandíbula, ella sonrió y enredó sus delicados dedos en mi cabello.

—Sí… —abrió los ojos de par en par, estaba preciosa. Su cabello enmarañado, sus labios rojos y carnosos. Le di un suave beso y me levanté inmediatamente, antes de que pasara otra cosa entre nosotros y, el desayuno, se convirtiera en comida. Traje la bandeja colocándola en la cama. — ¿Todo lo hiciste tú? —Preguntó olisqueando el aire.

—Sí, espero que te guste… —musité abochornado, quizás no le gustaría.

—Por supuesto, huele delicioso, me muero de hambre.

—Lo siento nena, no te cuido bien… —Ella sólo sonrió, llevándose el jugo y las aspirinas a la boca.

Desayunamos entre risas, Bella me alimentó y yo a ella. Me burlé un poco de su resaca, ella me embarró miel en la nariz aún enojada por lo de Lauren, yo le embarré miel en la mejilla enojado por andar recordando a Black… y así comenzó una lucha. Quedamos embarrados de miel, por todo el cuerpo y eso me dio una idea, retirársela con la lengua. Eso solo me provocó otra idea, tomarla de nuevo. Primero en la cama… y luego en la ducha.

**Bella POV**

Tenía el cabello húmedo y cayendo por enfrente de mis hombros. Aún estaba recostada en la cama, jugueteando con los botones de la camisa de Edward que aún tenía puesta, sin querer comenzar a vestirme con mi propia ropa. Además cada vez que hundía el rostro en la camisa, olía a él.

Edward estaba frente al espejo, intentando peinar su cabello. Tenía el ceño fruncido y mordía su labio inferior. Pasaba los dedos una y otra vez por aquel cabello rebelde y cobrizo. Se habían puesto unos vaqueros negros, que caían peligrosamente por su talle bajo. Acentuando su cintura, la camisa blanca de manga corta, se elevaba cada vez que se pasaba la mano por el cabello, dejándome ver los músculos de su ancha espalda. Por supuesto la pulsera que yo le di, en su muñeca izquierda, sonreí. Debería de cambiarme, seguramente no me vería nada bonita, con el cabello aún húmedo y sólo su camisa de la noche anterior, pero no quería perderme el espectáculo de verlo arreglarse.

Su habitación era tal como la recordaba, salvo algunos cambios. Por ejemplo, ya no estaba la suave alfombra blanca, ahora el suelo era de madera oscuro. La puerta donde sabía que estaba su closet, ahora era de madera, con una sola bisagra gruesa de color aluminio. Su cama era tan grande, que podría dar tres vueltas antes de llegar a él. Las sabanas grises de seda, los muebles modernos y oscuros. En parte, se veía como si toda su personalidad se hubiera ido y sólo quedara un lugar frio, a donde solo llegaba a dormir, luego me acorde que solo nunca había estado, de hecho aquí vivía con Jessica. Mis pensamientos estaban tomando un giro inesperado cuando finalmente suspiró.

—Mi cabello siempre es un desastre. —Murmuró, su mirada se encontró con la mía a través del espejo.

—Te ves muy guapo. —Forcé una sonrisa porque de pronto, ya me sentía algo abrumada pensando en Jessica, aquí, en esta situación…

— ¿Tú crees? —Preguntó girándose y avanzando hacia mí.

—Sí. —Susurré sintiéndome cohibida ante su mirada acechadora, olvidándome de todo lo demás por unos instantes.

—Te ves preciosa en mi cama, vestida-sólo-con-mi-camisa. —Se coló entre mis piernas y enterró con sumo cuidado el rostro entre mi cuello y hombro.

—Eres mi adonis personal. —Confesé mientras acariciaba tiernamente su cabello. Suspiré al sentir sus grandes manos, recorriendo con languidez mis muslos desnudos.

—Y tú eres como un bocadillo. Te me antojas a todas horas.

—Hum. —Musité acunando su gran cuerpo entre mis caderas.

Todo mi cuerpo se calentó ante la expectativa, algo definitivamente no estaba bien conmigo. De nuevo quería sentirlo, de nuevo me moría por sentir sus labios succionando todo a su paso. Sabía delicioso, a menta y a Edward. Tan sólo con recordar lo que hicimos durante la noche…. de pronto irrumpieron en la habitación.

— ¡Edward! Oh… yo… lo siento tanto…

Alice Cullen, había salido tan o más roja de lo que yo seguramente estaba, ni siquiera pude ver bien su ropa, me había quedado petrificada.

— ¿Qué pasa por qué te detienes? —Preguntó Edward refunfuñado, estaba enterrado en mi cuello y se levantó para verme, con sus preciosos ojos verdes, su ceño estaba fruncido. —Quiero que me sigas acariciando. —Ordenó.

—A… Alice ella… ¡Oh Dios mío! —Intenté levantarme.

—Mi hermanita aprendió hoy, que siempre hay que tocar antes de entrar. —Se acomodó otra vez entre mis piernas y tiró de mi cuerpo hacia abajo para que me acostara de nuevo.

—Quítate Edward por favor, —gemí aterrada —tenemos que cambiarnos…

—No.

—Edward… —me removí todo lo que pude, él también se movió aprisionándome más.

—No.

—Basta ¿por qué haces esto? —Musité enfadada.

—Por qué estoy cómodo y no tenemos dieciocho años, Alice no es mi mamá, no me importa lo que piense. —Luché entre sus brazos pero era imposible. —Deja de moverte Isabella, no voy a liberarte.

Sujetó con fuerza mis muñecas arriba de mi cabeza, y deslizó lentamente la nariz por mi cuello, estaba a horcajadas sobre mis piernas y no, definitivamente no podía moverme. Suspiré enojada.

— ¿Vas a seguir así? —Preguntó elevando una ceja.

—Sí. —Respondí en claro desafío. Rodó los ojos y me soltó.

—Eres tan necia. Cámbiate en lo que voy a ver que quiere mi hermana.

**Edward POV**

—Acabas de arruinar mi mañana duendecillo.

Alice estaba sobre uno de los sofás, su cabello negro brillaba con la luz que se colaba por la ventana, su rostro intachablemente maquillado a las nueve de la mañana.

—Podías haber puesto el seguro a la puerta. —Espetó sin mirarme y cambiando de canales en la televisión.

—Es mi casa, ¿por qué demonios iba hacerlo? —Me estiré perezosamente. —Podías haber encontrado una imagen peor. —Alice levantó una mano en señal de que parará y, cerró los ojos.

—No necesito recrearme más cosas, gracias.

—Y… mmm —bostecé — ¿Jasper?

—En California, se fue ayer. Y yo… —Apagó el televisor. Movió sus pies sobre el sofá nerviosamente. —Yo he venido para ver si… tú… ¿tú crees que puedas acompañarme a visitarlo a California? —Susurró con vocecilla tierna.

—Alice por Dios, se acaba de ir. —Rodé los ojos.

—Lo sé pero… mañana es nuestro aniversario… —murmuró. —Fue a cubrir un evento sobre los Estudios Universales… era importante para él y lo entiendo, no quería darle problemas con cosas triviales, como festejar nuestro aniversario… pero de verdad quisiera que pasáramos esta fecha juntos… ¿vamos? —Clavó sus ojos azules en los míos, suspiré.

— ¿Y qué crees que voy a estar haciendo yo allá? ¿Viéndolos besarse? No Alice… —Pasé una mano por mi cabello. —Qué rápido te quieres vengar de mí. —Me solté riendo.

—Por favor, odio viajar sola. Incluso puedes traer a Bella… dile que son menos de cuatro horas en el jet, saldríamos hoy y mañana nos regresamos por la noche…

—No creo que Bella quiera ir.

—Por favor… —Canturreó llegando a mi lado. Alice era tan pequeña que me llegaba a la altura del pecho. Puse una mano en su cabeza y negué, se removió de mi agarré y junto sus manos en forma de súplica… —por favor —susurró de nuevo.

Suspiré, no creía que Isabella fuera a querer acompañarnos, y me sentiría muy raro dejándola sola, pero tampoco podía negarle esto a Alice, ella estaba haciendo un esfuerzo por unirnos y yo solo le daba desaires.

En ese momento, escuchamos el sonido de la puerta abrirse, ambos nos giramos para ver a Bella. Lucía su hermoso vestido azul, de la noche anterior pero esta vez, había hecho una trenza en su cabello, no las delicadas ondas hasta su cintura. Estaba tan sonrojada, que no pude evitar una sonrisa al verla. Su mirada me encontró y fue glacial, lo que me dio risa y caminé a su lado.

— ¿Te parece gracioso? —Susurró enojada, tenía los brazos cruzados y no había dado ningún paso.

—La verdad sí, pero también me parece sexy.

— ¿Qué tiene esto de sexy? —Se señaló a sí misma. —Estoy hecha un desastre no me he cambiado desde ayer, quiero ir a casa. —Susurró con pesar. La estreché con fuerza y le di un beso en la frente.

—Alice quiere hablar contigo. —Sus hombros se tensaron al igual que su rostro, no me veía, tenía la mirada clavada en mi pecho.

—Dile que lo siento… —susurró —Crees que ella ¿me… me va a regañar?

— ¿Qué ella, qué? —la miré incrédulo y luego solté una carcajada tan sonora, que incluso Alice que estaba fingiendo demencia, volteó a vernos.

—Basta Edward… eres horrible, sigues siendo el peor para consolar a las personas. —Suspiré tratando de calmarme y tomé de su mano. Bella no quería caminar y estaba dura como una roca, pero no me importó y la jalé hacia donde estaba mi hermana.

**Bella POV**

Ok, esto era lo peor. Era como aquella vez, que Billy Black llegó a casa antes de tiempo y, nos encontró a mí y a Jake en una situación comprometedora. Me negué a volver a su casa por meses. Ahora, Alice Cullen parecía tener un radar, para encontrarme haciendo cualquier cosa con su hermano y Edward, simplemente era el peor anfitrión del mundo.

—Hola Bella. —Dijo Alice. Caminó, pero más bien parecía que venía saltando hacia mí y me abrazó.

La primera vez que la conocí, había hecho precisamente eso. Lucía una sencilla playera blanca, a la cual le había hecho un nudo en la espalda, de esa forma se podía ver un poco su tonificado abdomen e incluso, sus pechos que según yo no eran tan grandes, ahora se veían geniales. Los vaqueros deslavados, le enmarcaban cada curva y su cabello negro estaba prolijamente desordenado.

Yo por el contrario, parecía que Edward me había recogió en alguna esquina. Traté de no pensar mucho en mi aspecto, pero el que Alice me mirara detenidamente, no ayudaba en nada. No me veía de forma mala, simplemente como si no pudiera evitarlo. Esperaba en el alma que no se portara como Emmett.

—Ho… hola. —Susurré aferrándome de la mano de Edward.

— ¿Sabes? He venido a invitarlos a los Ángeles… es mi aniversario con Jass, es tan importante para mí estar con él… me gustaría muchísimo que pudieran acompañarme…

— ¿A los Ángeles, California? —Murmuré viendo a Edward, él asintió y frotó con el pulgar el dorso de mi mano.

—Sólo serían dos días, estaríamos de regreso mañana por la noche… por favor Bella. —Alice tomó mi mano libre y se la llevó a su pecho. Sus ojos azules, bailaban esperanzados. Miré de reojo a Edward, miraba hacia sus pies de forma nerviosa, suspiró audiblemente.

—Te prometo que regresaríamos lo más temprano posible… podríamos dar un paseo, serviría para distraernos un poco, estos días han sido muy pesados para ti y para mí, lo siento lo que pasa es que… —Edward hablaba tan rápido que me costaba procesar todo.

¿Estaba nervioso? ¿De verdad quería esto? Suspiré derrotada cuando terminó de hablar, sus ojos verdes bailaban preocupados, incluso nerviosos. Más presión sería imposible. Quizás si no le daba a Renée nada de dinero este mes…

—De acuerdo. —Murmuré tímidamente.

—Oh Bella… —Alice se colgó a mi cuello. Sonriendo, la retiré gentilmente de esa parte. —Gracias…

Salimos con destino a mi departamento, Alec trajo un hermoso y reluciente auto gris frente a nosotros, y luego desapareció con el resto del personal, subiéndose a otra camioneta. Edward sonrió y tomó mi mano.

— ¿Qué carro es este? —Susurré un poco asustada, por Dios ¿cuántos tenía?

—Es un mercedes clase A. —Dijo abriendo la puerta para mí y para Alice.

Suspiré y traté de no pensar en este tipo de cosas, me concentré en el camino. Llegamos a mi departamento en 15 minutos, gracias a que Edward manejaba como loco, incluso cuando no tenía prisa. Fue una discusión cuando se empeñó en ayudarme hacer la maleta.

— ¿Seguro que tu hermana quiere que vaya? —Volví a preguntar por tercera vez en el día. —Es que cuando Alice entró a la habitación, claramente no esperaba verme ahí. Quizás me invitó solo por compromiso…

—Bella por enésima vez, —resopló —ya te-dije-que-sí. ¿Tan mala impresión te dio Emmett? —Elevó una de sus pobladas cejas.

—No… bueno yo…

—Por cierto, ya hablé con él fresas, dijo que dejaría de meterse en mi vida. —Mordí nerviosa mi labio. —Así que no te preocupes por mis hermanos.

—No sé si eso fue bueno o malo. —Cuchicheé al pensar en Edward encarando a Emmett.

— ¿Qué dijiste?

—Que andado.

Edward cargo mi maleta, Alice estaba en la parte de atrás del auto esperándonos, llevaba unas gafas oscuras muy grandes, una mascada en tonos amarillos recogía su cabello, y a pesar de querer verse casual y despreocupada, se veía impresionante.

Yo me había puesto un fresco vestido rosa. Después de todo, quería lucir bonita enseguida de Edward, cepille rápidamente mi cabello, y sonreí al ver que quedó bien acomodado. Unas sandalias y estaba lista.

Durante el camino, Alice y Edward iban discutiendo por los planes que pensaban hacer, sonreí al ver la forma en la que se hablaban. Alice no le pedía las cosas, se las exigía. Lo pellizcaba y jugaban en los semáforos. Yo siempre quise un hermano… o una familia. No dejaría que la sombra de Renée empañara este día, además, había pasado unas excelentes vacaciones en Forks, me había unido más a mi papá y a Sue. Por cierto, saqué mi celular y comencé a escribirle un mensaje de texto, diciéndole de mi improvisado viaje, desde lo de James, papá se había puesto neurótico y estaba segura, de que era capaz de mudarse a Nueva York, con tal de ver por sus propios ojos que estuviera con bien.

— ¿Con quién te estas mensajeando fresas? —Preguntó Edward con los ojos clavados en la pantalla de mi celular, sonreí.

—Metiche. —Musité. Alice se soltó riendo y me ruboricé, olvidando que venía con nosotros. —Es… es con mi papá cielo, sólo le estoy avisándole de nuestro viaje…

— ¿Has ido a los Estudios Universales? —Preguntó curiosa Alice.

—Nunca. —Susurré sintiéndome cohibida por su atenta mirada.

—Por Dios Isabella, no tuviste infancia. —Dijo Edward riéndose.

No tuve dinero, más bien.

—Al parecer no la tuve. —Respondí encogiéndome de hombros, tratando restarle importancia. Miré por la ventana.

—No te has perdido de mucho. —Murmuró Edward, tomó mi mano y se la llevó a los labios, dándome un suave beso que me hizo sufrir un pequeño escalofrío.

Se veía tan apuesto, como un modelo casual. La camisa blanca, le aclaraba impresionantemente los ojos, podía ver el movimiento de sus músculos mientras conducía, y para colmo, sacó de la guantera unos lentes Ray Ban y oficialmente estaba listo para una portada.

Como era de esperarse, no viajaríamos en un avión comercial. La familia Cullen tenía su propio Jet, uno precioso blanco que decía Airbus 380.

Por dentro, era un como una condenada suite. Al entrar, había un enorme sofá café claro. Enseguida un comedor con cuatro asientos en forma de cómodos sofás en tonos claros. Más adelante, una sección dónde había otra mesa larga y rodeada de seis asientos, color café oscuro. Toda esa sección del jet, estaba diseñada como para conferencias de negocios con una gran pantalla, situada al lado izquierdo. Seguí por un pequeño pasillo, donde había dos recamaras; una con una cama más grande que la de mi habitación. Alfombrada en blanco y con un pequeño tocador.

A pesar de lo ostentoso del asunto, suspiré un poco aliviada al no tener que gastar en mi boleto de avión, sinceramente la tarifa mensual que Renée me había establecido para dejarme en paz, me estaba dejando pero en banca rota. Justo en la semana, había ido a cenar varias veces a casa de Angie, con el pretexto de visitarla –cosa que amaba hacer- pero en realidad no tenía dinero para cenar.

—Luces pensativa. —Susurró Edward, deslizando lentamente su nariz por mi cuello. Me tensé irremediablemente. Ya habíamos despegado y ahora, estábamos en los cómodos asientos de cuero.

—Estaba pensando en ti.

—Mentirosa. —Se soltó riendo. Sus intensos ojos verdes me evaluaron atentamente antes de darme un suave beso en los labios. — ¿Qué pensabas según tú?

—En que me siento un poco abrumada por todo esto. —Gesticulé con mi mano.

—Te acostumbraras. —Se encogió de hombros.

—Lo dudo, —murmuré mirando por la ventanilla — ¿me obligaras a subirme a los juegos mecánicos? —Pregunté porque, en realidad también eso me aterraba.

— ¿Obligarte? —Preguntó con un tono tan extraño que me obligó a mirarlo.

—No me gustan, me dan miedo. —Susurré pasando las manos por su suave cabello.

—Entonces sí lo haré.

— ¡Edward! —refunfuñé y lo solté. Él sonrió y tomó con suavidad mi mentón.

—Hace tanto tiempo que no viajábamos juntos. —Su voz sonó melancólica y deslizó el pulgar por mi mejilla, no pude más que apresar mi labio.

Hacía casi un año, de nuestro debut y despedida en un jet, que nos llevó a aquella afrodisiaca playa: Bora Bora. Obvio este no era el mismo Jet, y ya no quise pensar si tenía más de uno. Recordé aquella isla maravillosa, a la que me prometí algún día volver. Lentamente me acerqué a Edward, olía tan delicioso, igual que en ese entonces a esa particular loción suya.

—Te quiero… y siento que pasara esto. —Murmuré, el desabrochó nuestros cinturones y en un rápido movimiento, me sentó en su regazo.

—Lo sé, ahora estás aquí. —Respondió. Me miró con mucha intensidad, como sí quisiera leer mis pensamientos, suspiró y luego depositó sus labios con suavidad sobre los míos.

Deslizó la mano hacia mis mejillas, acariciándome con el pulgar. Su lengua salió a mi encuentro, y tiré delicadamente de su labio inferior. Como siempre me pasaba, sus toques mandaban descargas de energía a mi cuerpo, y mi centro palpitaba con anhelo. ¿Era normal desearlo todo el tiempo? Mi ansiosa interna demandaba tirar de su cabello, jugar con sus tonificados pectorales y descender un poco más, hacía el botón de sus vaqueros. Suspiré entre sus labios, y enredé los dedos en su suave cabello. Edward se separó gentilmente de mí, riéndose con un sonido ronco.

—Te haría el amor a tres mil pies de altura gustoso, pero mi duende está cerca. —Me dio un suave beso en la frente y respiró hondo. Yo también traté de controlarme y me apretujé contra su pecho. — ¿Prometes no volver a huir? —Susurró contra mi cabello.

Mi corazón se oprimió dolorosamente en mi pecho, de alguna manera, Edward siempre iba a tener ese miedo, de que me fuera y lo abandonara. Sí tan solo él supiera, que ese era el peor de todos los miedos que yo pudiera sentir.

—Edward, te quiero y quiero estar contigo todo el tiempo que tú me quieras a tu lado. —Me enderecé y tomé su rostro entre mis manos.

—Se me hace tan extraño siempre que me respondes con eso.

— ¿Con qué? —Pregunté mirando a través de sus verdes y claros ojos.

—Remarcas el "siempre que me quieras a tu lado" —Fruncí el ceño.

—Es la verdad.

—Yo siempre te he querido a mi lado, —me estrechó ligeramente —y sin embargo te fuiste. Entonces lo que pasa más bien, es que no sabes lo que estás prometiendo.

—No entiendo.

—No es verdad que te quedarás conmigo mientras yo te quiera a mi lado, sino más bien, mientras consideres que no me haces daño, mientras sigas pensando eso… al menor atisbo de inseguridad me dejaras de nuevo. Incumplirás tu promesa. —Parpadeé y miré hacia mis manos, tenía razón.

Había vuelto a rogarle que me dejara estar a su lado, porque no puedo concebir una vida sin él, pero sí de nueva cuenta, yo fuera un obstáculo para que Edward sea completamente feliz, irme aún no estaba descartado. Lo que entonces me convertía en una egoísta y sin palabra.

—Lo único que quiero es que seas feliz. —Cuchicheé.

—Sólo puedo ser feliz, si dejas de tomar decisiones por los dos, ¿puedes hacerlo? —Tomó mi rostro entre sus grandes manos, los ojos me picaron y cuando menos pensé, ya estaba llorando. —Por favor nena, —besaba mi rostro sin importarle mis lágrimas —ahora necesito que me digas que es lo que piensas, cuando guardas silencio y te transportas muy lejos de mí, no puedo evitar estremecerme. Cuando eres sincera conmigo, me brindas seguridad, ahora eso es lo único que puede funcionar conmigo.

—Te quiero Edward. —Medio gemí, abrazándome a él con fuerzas. —Siento… mucho esto. —Y de verdad lo sentía, con toda mi alma.

—Pero no puedes asegurar que te quedarás conmigo siempre. —Suspiró contra mi cuello, su voz estaba cargada de decepción.

—Me quedaré contigo siempre que tú me quieras a tu lado. —Respondí, Edward respiró hondo, se separó un poco de mi para mirarme de forma criptica.

—Y así es como se hacen los círculos ¿ves? —Murmuró con una media sonrisa, frotando su nariz contra la mía. —Escucha bien, siempre te voy a querer a mi lado entonces siempre estarás conmigo, ¿de acuerdo? Vete acostumbrando. —Lentamente sonreí.

—De acuerdo.

Me besó lánguidamente, sin prisas y me dejé llevar, en su regazo, en sus fuertes brazos me sentía segura. Y sí de alguna manera extraña en el mundo, yo era lo que él necesitaba para ser feliz, entonces estaría con él por siempre. Me acomodé en su pecho y me quedé dormida con su suave aroma; a gel de ducha, a suavizante de ropa, a alguna loción cara, a su aroma personal: sándalo y jazmín.

**Edward POV**

Bella lucía apacible, estrechaba mi camisa como si me pudiera ir a algún lado. No podría hacerlo y no sólo porque estuviéramos mortalmente lejos de tierra, sino porque ya no podría hacerlo.

Había entrado a mi vida otra vez, y me había cambiado por completo. Si volviera a irse, jamás sería el mismo, nunca fui la misma persona desde que la conocí, y ya ni siquiera me acordaba del Edward antes de Isabella.

La estreché un poquito más contra mi pecho, y me hundí en su cabello que olía a fresas.

—De verdad la quieres. —Susurró Alice, parpadeé sorprendido y elevé la vista. Mi hermana estaba de pie aún lado de nosotros, observando la escena con una media sonrisa y ni siquiera me había percatado.

—Sí. —Susurré muy bajito porqué temía despertar a Isabella.

— ¿Y ella te quiere por igual? —Elevó una ceja.

—Sí. —Respondí con certeza. Mi hermana suspiró.

—Edward, Bella me cae bien… pero si vuelve a dañarte…

—No lo hará. —Le aseguré y volví a estrechar a Bella de forma protectora, ella se removió y enterró su rostro en mi pecho.

Edward. —Murmuró dormida. Alice sonrió.

—Es igual que tú, también habla en sueños.

—Por lo general, sólo murmura mi nombre. —Sonreí y pasé el pulgar por su mejilla.

—Sí fuera más lista se quedaría despierta, tu sueles murmurar cosas más interesantes. —Nos soltamos riendo.

—Gracias a Dios que no lo hace. —Espeté aliviado.

—Bueno, entonces… —suspiró y rodó los ojos —hablaré con Emmett, las cosas deben cambiar. Nosotros te queremos y si tu felicidad es Bella, entonces no nos queda más que aceptarlo y celebrarlo.

—Emmett me prometió no interferir…

—No interferir no es lo mismo que aprobar. Hablaré con él, te lo prometo. —Asentí y le regalé una sonrisa.

**Bella POV**

—Despierta Isabella, ya llegamos. —Susurró una voz aterciopelada acariciando mi rostro.

Las pesadillas me tenían en constante vela, haciendo que nunca tuviera un sueño placentero, por lo que siempre tenía sueño. Sin embargo, en los brazos de Edward, había logrado dormir bien al menos el día de ayer, y ahora en el jet. Nos bajamos y un auto lujoso negro, nos estaba esperando en el aeropuerto. Alice nos platicó durante el camino, que Jasper había venido a entrevistar a nada más y nada menos que a Jimmy Fallon, al parecer daba algunas guías turísticas, por la atracción en 3D que tenían en los Estudios Universales.

En cuanto llegamos, Edward sujetó mi mano bajo la mirada atenta de Alice. Ella se había dedicado a mirarme, como si no hubiera nada mejor que ver. Estaba segura de que Alice estaba examinándome meticulosamente. Como si le costara creer lo que veía. Las piernas me temblaban con su intenso escrutinio y apreté un poco más la mano de Edward.

Frente a nosotros, un globo terrestre con el emblema de Universal Studios giraba alrededor de unas fuentes danzarinas. Las personas se tomaban fotos y se perdían en las miles de tiendas alrededor.

—Ven. —Edward tiró de mi mano.

— ¿A dónde vamos? —Susurré sintiéndome abrumada por la cantidad de personas. — ¿Dónde está Alice?

Por Dios, parecía una indigente. Estaba cohibida y tenía miedo, nunca había venido a un lugar así. Mi infancia fue prácticamente nula, Renée nos abandonó cuando tenía tan solo nueve años, mi padre se deprimió por más de cinco años. Como era de esperarse, no tuve una infancia normal, la mía se limitó a visitar a la familia Black en la reserva de la Push, jugar en el mar con Jake, alguna vez asistir a fogatas con su familia. Por años, me vestí con ropa que amablemente me regalaba la mamá de Jake, gracias a ella aprendí hacer comida, a lavar, coser y planchar. Todo a los once, cuidaba de Charlie en lugar de él cuidarme a mí.

Aquello, estaba sepultado en mi memoria y con el tiempo, le eché llave. No iba a culpar a mi papá por sentirse devastado, no cuando yo había experimentado estar lejos de la persona que amaba, que tiraba de mi mano y sonreía, que trataba de involucrarme con su familia, y que estaba intentando confiar en mí: Edward.

—Alice fue a buscar a Jasper, —Edward interrumpió mis pensamientos —más tarde nos reuniremos en donde Jass hará la entrevista. Me muero por subirnos a los juegos. —Murmuró socarronamente mientras sujetaba mi cintura, para guiarme con mayor facilidad entre la multitud. Resoplé ignorándolo.

—Yo pagaré mi boleto. —Espeté con seguridad frente a la ventanilla de pago.

— ¿Qué? Por supuesto que no. —Me empujó hacia un lado en la taquilla y sacó su billetera.

—Edward por favor, ya acepte venir aquí gratuitamente, quiero pagar mi boleto. —Insistí.

—No.

—Si no me dejas pagar mi boleto me voy a ir. —Como no me hizo caso, me di la vuelta para irme.

—Isabella, —suspiró fastidiado ante la curiosa mirada de la cajera, sin duda estaba deslumbrada y pensar eso me enfureció. Sujetó mi mano impidiendo que siguiera caminando —eres mi novia. Por lo general los novios pagan las cosas a las novias. —Me sonrojé ante ese hecho. Edward era mi novio.

—Pero… es que…

— ¿Qué acaso Black te dejaba pagar las cosas? —Suspiré y negué mirando hacia nuestras manos. — ¿Ves? No se hable más, si quieres ser mi novia me aceptaras con todo lo que eso conlleva.

Bufé refunfuñada y me volteé hacia otro lado, recordé en mi mente las palabras de Angie, esto iba a pasar. Lo dejé pagar, no sin seguir molesta y alegar un poco más, mientras íbamos bajando por unas escaleras eléctricas, desde donde se podía ver todo el parque. Aún era temprano, pero el calor ya era muy sofocante. En el camino, habían unos abanicos que esparcían aguan, refrescando el recorrido, sonreí aliviada sintiendo la brisa en mi rostro.

—Además si vamos a comenzar nuestra relación con peleas, —Edward gruñó detrás de mí abrazándome por la espalda —entonces, déjame enojarme contigo por ponerte este vestido. Es muy corto, se ven mucho tus piernas. —Bufó. —Si me hubiera percatado, te habría dicho que no te lo pusieras. Es más, creo que ya lo odio. —Me solté riendo.

—Pensé que preferías los vestidos, eres tan voluble… ¿los detestas de nuevo?

—Me lo estoy pensando seriamente.

—No te enojes neandertal. —Sonreí y me puse de puntitas para darle un suave beso.

—Mira quién lo dice, buscaré un apodo para ti. —Susurró contra mis labios. De pronto a un lado de nosotros, un carro amarillo salió de la nada y cayó precipitadamente hacia el agua, salpicando a todos los que iban en él, y a los que esperaban turno.

—Yo… yo no quiero subirme a ese —balbuceé nerviosa escondiéndome en su duro pecho.

—No te estoy preguntando, te vas a subir conmigo a todos los juegos. —Aseveró deslizando sus manos de arriba hacia abajo por mi cintura.

—Tengo vértigo. —Desvié los ojos de los suyos, y me concentré en la larga fila.

Enseguida de nosotros, unas chicas rubias se estaban tragando a Edward con la mirada. Incluso una se relamió los labios y le sonrió coquetamente. Agg como las detestaba, miré a Edward enojada para ver si también las estaba viendo.

Me sonrió cálidamente, al parecer sólo me estaba viendo a mí. Su cabello cobrizo se movía suavemente con la leve brisa de los abanicos, sus ojos lucían más verdes que nunca, sus fuertes brazos destacaban por culpa de esa ajustada playera blanca. La mayoría de las mujeres le dedicaba por lo menos, cuatro minutos a contemplarlo. Eran todas como gatas, ¿por qué no se ocupaban de sus asuntos? ¡Edward era mi novio ilusas!

—No tengas miedo fresas… ¿confías en mí?

—No. —Espeté refunfuñada por todo lo que estaba sintiendo. Él se soltó riendo.

— ¿Entonces quieres seguir peleando? —Preguntó, no respondí. —Bien, a ver con quien me toca sentarme, ya que no quieres subirte conmigo. —Dijo como si leyera el rumbo de mis pensamientos, o como si ya hubiera visto a las insulsas mirándolo.

Suspiré, de solo imaginarme a cualquiera de esas, abrazándolo al "sentir miedo" me hacía sentirme furiosa.

—De acuerdo, pero si vomito será tu culpa.

—No vas a vomitar, te va a encantar, acuérdate de mí cuando quieras subirte de nuevo. —Me estrechó con una sonrisa.

—Tú te acordaras de mi cuando te vomite. —Cuchicheé nerviosa.

—Últimamente se porta muy rezongona señorita Swan. —Musitó con voz severa. Mordí mi labio y no lo miré.

—Es que señor Director, ¿por qué se empeña en obligarme hacer algo que no quiero?

—Es que ni se ha subido, ¿por qué dice que no le gusta algo que no ha probado?

Con un chirrido de frenos, el carrito del terror llegó hasta nosotros, haciendo que la discusión terminara en ese momento. En una sola hilera cabían fácilmente ocho personas, me estremecí cuando el arnés de seguridad apretó mi cuerpo. ¿Acaso también era claustrofóbica? Respiré hondo y miré a Edward, el agua jugaba reflejándose en sus cristalinos ojos, se veía realmente contento. Sonreí tímidamente hacía él y dejé de hacerlo, en cuanto los engranes del carrito sonaron, haciendo que se pusiera en marcha.

El juego comenzaba con un recorrido flotante por el agua, estábamos en Jurassic Park, todo iba bien los dinosaurios comían yerba a nuestro alrededor, eran tan reales. Uno que tenía un cuello súper largo, se giró hacia a nosotros. Era tan enorme que pensé que caminaría hacia el juego y nos aplastaría, me asusté.

—Es un Diplodocus. —Murmuró Edward.

— ¿Estás diciendo conjuros? —Pregunté. Él se soltó riendo y en eso, el dinosaurio sumergió un poco la cabeza en el pantano y nos aventó agua, grité sintiéndome ridículamente divertida, Edward me miró como si fuera un bicho raro.

—Ese jodido dinosaurio tiene más de quince años, —dijo molesto limpiándose el rostro —con todo lo que les deja este lugar deberían invertir mejor. Pensé que habrían remodelado esto al menos.

—Edward, —me quejé —déjame disfrutar del juego, creo que ya me gusta. —Rodó los ojos.

—En realidad eso fue muy divertido. —El chico que estaba a mi lado sonrió, dándome obviamente la razón. Tenía el cabello rubio y los ojos tan azules como el mismo cielo.

— ¿Verdad? —Pregunté sintiéndome apoyada, al menos en esto. Edward elevó una ceja y lo miró de forma glacial.

Todo era tan real, Dios mío, si hasta parecía que estaba viviendo en la prehistoria, incluso tenía al hombre de las cavernas a mi lado, sujetándome la mano posesivamente y fulminando a cualquiera que quisiera participar en nuestra charla.

Y así como en la película, el mundo Jurassico que al principio era esplendido y feliz, se fue. De pronto, estábamos subiendo por una sección de oficinas destruidas, las alarmas rojas eran todo lo que alumbraba nuestro camino y sonaban haciendo vibrar todo el lugar, el carrito se sacudía y podías ver a los dinosaurios destruyendo una oficina y al fondo, un rugido feroz que amenazó con desgarrarme los tímpanos, se escuchó. Grité horrorizada, cuando el maldito tiranosaurio Rex en vivo y a todo color, salió a devorarnos. Nos dirigíamos a su enorme hocico, encogí los pies, estaba a punto de cerrar los ojos, cuando nos precipitamos en caída libre por una cascada.

Fue espantoso. Las lágrimas corrieron por mis mejillas, pero al estar tan empapada se perdían en mi rostro. Jadeé en busca de mi voz, cuando terminó el juego y todos bajaron, yo simplemente no podía hacerlo.

—Ya no es tan divertido como cuando era niño. —Refunfuñó Edward. — ¿Nena? Bájate, tenemos que volver a formarnos si quieres hacerlo de nuevo.

— ¿Hacerlo de nuevo? —Susurré. Extendió la mano hacía a mí y tiró de mi cuerpo. Tropecé y choqué contra su pecho, por lo que lo abracé con fuerza, me sentía fatal.

—Caímos en vertical como veinte metros Edward, fue horrible. —Balbuceé enterrando el rostro en su duro pecho.

—Veinticinco, —aclaró — ¿no te gustó? —Preguntó deslizando el pulgar por mi espalda haciendo suaves caricias sobre mi muy empapada playera.

—Pensé que el tiranosaurio nos comería y te dije que tenía vértigo… —mordí mi labio —aún tengo el estómago en la garganta.

—Por Dios Bella, sabías que no era un juego feliz, la película no lo fue. —Rodó los ojos. — ¿Vamos a otro? —Preguntó tomando mi mano.

—No. —Gemí soltándolo.

—Vamos a la casa del terror… que ni es terrorífica. Además el recorrido es caminado, así se te pasará un poco el malestar. —Resoplé.

Los ojos de Edward llameaban divertidos, el sol le daba esos peculiares destellos dorados, se veía tan jovial, en serio que no quería arruinarle el paseo… y menos si me miraba así, sonreí y tomé de su mano. Diez minutos después, me encontraba maldiciendo.

Estúpida casa del terror.

Fue ahí donde me di cuenta, de que nunca superaría a Chucky, el muñeco diabólico. Cuando era niña, ese maldito muñeco me había arruinado la infancia, casi tanto como Renée. Una noche, Charlie estaba viendo una de las tantas películas… la dos creo, yo bajé de mi alcoba por un vaso de leche. Me llamó la atención los gritos y aprovechando que mi papá estaba roncando, me puse a verla.

Estuve traumada por años.

Papá me había prohibido rotundamente volver a ver ese tipo de películas, y aunque después me reía y la película de la novia de Chucky, sólo fue la película de terror más ridícula que he visto. Ahora, mientras corría gritando aterrada y Chucky, venía persiguiéndonos con un cuchillo, pensé que me iba a morir. Cuando salimos de esa espantosa habitación, Edward reía a carcajadas mientras mi corazón golpeaba mis costillas y me pitaban los oídos.

—Te odio. —Jadeé sin dejar de correr.

—Nena no sueltes mi mano ¿sí? —Me estrechó con fuerza mientras entrabamos a otra habitación.

Aquí, estábamos rodeados por unos cuerpos forrados con cinta adhesiva, eran tantos, no había otra cosa que eso, el suelo estaba iluminado en blanco casi cegándome. Me aferré al brazo de Edward sin importarme destrozárselo. Él acarició con delicadeza mi mano, mientras movía los cuerpos como si fueran ramas. Grité horrorizada cuando al mover otro cuerpo, nos salió un carnicero, agitando su afilado machete para destrozarnos. Las lágrimas acudieron a mis ojos. Mi corazón bombeaba con fuerza mientras corríamos sin que pudiera recuperar el aliento. En las siguientes habitaciones, entre fantasmas y hombres lobo, estaba segura de que se me iba acabar la garganta. Claro, para poner la cereza al pastel, un estúpido sujeto apareció colgando del techo, justo en la salida con una sierra eléctrica. Tenías que pasar a su lado para poder salir, Edward se soltó riendo y en un impulso, corrió hacia la sierra dejándome sola y saliendo ileso.

—Nena ven, ¡vamos no pasa nada! —Gritó contento desde el otro lado.

¿Qué no pasaba nada? Un estúpido amenazaba con cortarme la cabeza, y yo de ninguna manera iba a cruzar por ahí. Pasaron varios minutos, varias personas me brincaron, yo estaba aterrada, el personal no dejaba pasar a Edward para que pudiera regresar por mí, así que tenía que hacerlo sola. Dios mío, me estaba portando como una niña, pero ya estaba hiperventilando, cerré los ojos sintiendo mi cuerpo más liviano.

Unas manos cálidas sujetaron mi cintura, haciendo que abriera los ojos.

—Súbete en mi espalda, —murmuró Edward riéndose —vamos nena, hazlo para que salgamos ya de aquí. —Dudando, me subí a su espalda y se echó a correr. Grité aterrada, cuando nos acercamos a la sierra y enterré el rostro en su ancha espalda. Al final salimos ilesos, sin embargo no podía bajarme de su espalda. —Ya puedes soltarme. —Murmuró socarronamente.

—Creo… creo que necesito ayuda. —Balbuceé. Delicadamente soltó mis manos y piernas. Torpemente, me dejé caer sobre una banca y enterré el rostro en las rodillas.

—No sabía que esto fuera tan horrible para ti fresas… —Susurró dulcemente, acariciando mi cabeza. Yo jadeaba en busca de aire, las estúpidas lágrimas finalmente habían cedido.

—No quiero hacer más cosas. —Sollocé abatida.

—Por supuesto que no nena, no pienso hacerte pasar por algo que no te gusta. —Cerré los ojos sintiéndome, realmente una niña.

Estaba arruinando nuestra cita, una que, seguramente no volvería a pasar. No quería ser negativa pero por alguna razón, valía más aprovechar los buenos momentos. Cuando abrí los ojos, Edward estaba en cuclillas, a escasos centímetros de mí, sus ojos ahora eran como azules.

— ¿Puedo? —Preguntó apuntando a mi pecho y puso la palma de su mano sobre mi corazón. —Late tan de prisa, lo lamento tanto Bella. —Suspiré. —Te quiero, gracias por aceptar venir. —Susurró, tomó mi rostro y juntó nuestros labios. Su aliento dulce y mentolado entró por todo mi sistema, besarlo siempre sería como una cura medicinal. Me lancé a su cuello, con algo más que entusiasmo, haciendo que nos cayéramos torpemente hacia atrás.

— ¿Ya te sientes mejor? —Murmuró entre risas y sin dejar de besarme.

—Un solo juego más Edward. —Mascullé entre sus labios.

— ¿El tercero es el vencido? —Preguntó divertido y dio un suave beso en mi frente.

¿El tercero? Dios mío, solo habíamos ido a dos atracciones y ya quería morirme. Me dediqué a asentir y no agregué nada más. Los Estudios Universales, no eran para frágiles corazones como el mío. Edward, dijo que quizás había hecho una mala elección de juegos, y me llevó a otro donde, se podía leer Mummy Ride. Por lo menos este juego no estaba tan mal, era como la adrenalina de ir a toda velocidad en mi motocicleta, no había caídas precipitadas, ni cosas horribles.

**Edward POV**

Realmente Bella no había tenido infancia, y a este paso, juraría que tampoco juventud.

Me sabía de memoria este lugar, mis papás siempre nos había traído, al menos una vez por año y obvio… con el tiempo, ya no era lo mismo. Como iban las cosas, no pensé disfrutar de nuevo de este lugar, pero al tener a Bella gritando, ya sea asustada o divertida, sin duda me iba hacer amarlo.

Comimos tranquilamente, riéndonos de las fotos que te sacan al final del juego. Las compré todas pesé a sus protestas, e incluso, le tomé foto a una para ponerla de fondo en la pantalla de mi celular. Ella también nos sacó muchas fotos. No pude evitar reírme de la historia de Chucky. Por Dios, ese puto muñeco nunca había provocado miedo. Bueno, al menos a mí de niño me asustaba el payaso Eso, y sólo por unos días.

—Lo peor en esa casa del terror, fue el hombre lobo. —Me reí. —Estaba tan mal hecho, que me carcajeé en su cara, creo que el tipo se molestó.

—Si te vi riéndote, no me pareció que gritaras: ¿¡Jacob que haces aquí!? —refunfuñó.

—Acéptalo, se parecían.

—No se parecían... en realidad me tenía aterrada. Promete que nunca volverás a llevarme a una casa del terror.

—No lo sé… si vuelves a portarte mal… —Sonreí dándole un suave beso en los labios, se separó y me sacó la lengua.

—Que milagro que no te quejaste de la comida. —Me miró socarronamente mientras mordía una patata. —Y eso que esta hamburguesa no es ninguna comida gastronómica.

—Ya supéralo. —Murmuré tirando de ella hacia mi regazo y haciéndole cosquillas.

La verdad que sí era medio especial, con lo referente a la comida. A mí no me gustaba andar comiendo en cualquier lugar, más que nada porque no podía dejar de fijarme en las manos de los demás, gracias a los cielos aquí usaban guantes. Después de comer, la llevé a conocer el resto de las atracciones, algunas solo para que las viera, otras podíamos entrar sin que se asustara. Pensé que quizás, Disney era más lugar para ella. Gritaba emocionada con algunas cosas, incluso tiró de mi mano para tomarnos una foto con Homero Simpson, duró horas tomándonos fotos en Curious Georges, goes to town y síp. Disney era para ella.

Isabella se veía radiante, el cabello le llegaba a la cintura en ondas indefinidas, lucía todo revuelto producto de la zambullida en Jurassic Park. Su ligero vestido, transparentaba su sostén de encaje rosa, y agradecí en el alma, que no se le notara nada más. Sutilmente me acerque a una tienda, donde le compré una chaqueta negra, con un estampado de letras que decían: California.

—No tengo frío. —Murmuró refunfuñada. —Además yo me la podía comprar, no quiero que gastes.

—Deja de quejarte por todo y póntela, quiero ver como se te ve. —Suspiró y se la puso. Disimuladamente, la cerré hasta la mitad sintiéndome aliviado al ver su piel cubierta —Te ves perfecta y sexy, te voy a tomar una foto. —Se sonrojó furiosamente, protestó pero terminó recargándose incomoda, en una barandilla para que pudiera tomarla. Luego nos tomamos más fotografías juntos.

El vestido rosa pálido, demasiado corto para mi gusto, le enmarcaban ese respingón trasero y sus torneadas piernas. Las zapatillas también con detalles rosas, la hacían verse increíblemente femenina, estaba preciosa. En todo el lugar, Bella era la atracción más interesante y hermosa que pudiera ver. Y era mía.

Más tarde, nos reunimos con Alice y Jasper donde habíamos quedado, Jasper iría a entrevistar a Jimmy Fallon, me pidió que lo ayudara con unas cámaras y tuve que acompañarlo, al no tener otro remedio. Miré hacía Alice y le lancé una mirada de advertencia, ella me sonrió de forma enigmática y me guiñó el ojo. Esperaba que mi hermana, cumpliera su promesa de llevar las cosas en paz con Bella.

**Bella POV**

—Y… ¿te ha gustado el lugar? —Preguntó Alice mirando sus uñas de color azul marino.

—Eh sí… solo que nunca había vivido algo así y… bueno por hoy fue suficiente. —Murmuré nerviosa, ella soltó una risita.

Pasó una mano por su cabello y miró hacía el atardecer frente a nosotras. Su cabello negro era tan brillante, que opacaba la mascada amarilla que llevaba. Sus ojos azules intensos y profundos. El perfil era el mismo de Edward; labios delgados, nariz perfecta…

—Bella, creo que me debes una explicación… lo sabes ¿verdad?


Hola nenas ¿qué tal su semana? Pues bueno, aquí es donde aparece Alice y decide que bando tomar en toda esta complicada historia. Les adelanto que, trae noticias para Edward y que piensa quedarse en Nueva York indefinidamente. En este capi decidí que no tendríamos noticias de ninguna de las locas, que ronda a Edward, espero les haya gustado.

Gracias a: Lucerito11, ale1234, JEKA CULLEN, Carlie Stoessel, thisbrowneyes, everox1, solmary, yorelina Por agregarme a favoritos, alertas y demás ¿les ha gustado?

A mis nenas: Abi, sé que Lauren te dejó mal sabor de boca el capi pasado y que sí, yo tampoco quiero ver como se pone ahora que oficialmente trabajen juntos. Por lo pronto Edward estará de vacaciones el fin de semana, ya el lunes eso será otra historia. Janalez hola linda, estos dos avanzando en su relación y Alice, bueno ella ayudará a Edward. Para empezar ya se ofreció hablar con Emmett, quien aún no pasa bien a Bella, todo producto de Jessica que le lava el cerebro con mentiras. MaruChan, hola linda, un capi ligerito espero te haya gustado. Kim, pues aquí de nuevo trayendo a Alice con la intención de que le aclaré a Edward ciertas cosas, y de pasada que le diga si ya descubrió si Jessica le habla a la prensa o no. Melania como dices, falta que Edward aclaré frente a todo el mundo que son novios, a ver como lo toman todas las chicas que andan sobre él, pero en especial Lauren y Jessica. Por lo pronto, Bella tiene que rendir explicaciones a Alice, ojala que lo haga de forma sabia, le conviene tener a Alice de su lado. Tiuchis, hola hola linda, capi sin personas queriendo arruinar la diversión de mis chicos, creo que les hace falta unas vacaciones de tantos problemas, espero que te haya gustado. Edu linda, Alice Cullen finalmente ha llegado, pero antes de confiar en Bella quiere saber porque actuó de forma tan impulsiva, ¿Crees que sea dura como Emmett? Yo no lo creo, pero no deja de ser Cullen, espero que estes super bien allá en el pueblo ese que dices, ajaja saludos! BarbyBlue hola hola linda, me morí de risa con lo que me pusiste de Lauren sucia jajaja te pasas, a mi tambien me preocupa que salga una fotografía, pero a Edward no. Por eso anda paseándose por todos lados con Bella, él no sabe que eso le puede ocasionar problemas a Bella con Renée pero ella tiene que decirle, mientras siga haciéndose loca con ese tema las cosas se le pueden descontrolar. Un placer leerte como siempre linda : ) Emily espero ahora no despertar tus instintos asesinos y qué te haya gustado el capi, jaja tranquilito y bien dominguero para estos dos, bueno la hermanita de Edward aparece y llega para quedarse, pero no puede evitar la pregunta del millón, ¿por qué Bella dejó a su hermano? Ojalá que Bella sea convincente, porque en el avión mientras charlaban volvió a mostrarse insegura con Edward y eso es lo último que necesita, Edward comprándole abrigos a Bella, y si no se hubiera visto obvio, le habría comprado unos jeans, estoy segura! espero que estés muy bien nena. Cindy hola hola, capitulo light como sé que te gustan jajaja, no tienes pretexto ahora no he hecho nada para que quieras matarme, los chicos están de vacaciones al igual que yo, y lo están disfrutando. Cero mujerzuelas que acosen a Edward, bueno que se le puede hacer con él publico en general, jajaja gracias por tus coments y acosos linda, mi celular esta a reventar de imágenes y soy feliz. Joselinamadera, sip, como dices mientras él no le ponga un alto a toda la bola de mujeres que trae detrás no lo van a dejar en paz, por lo pronto hoy se escapó con Bella. Aún a sabiendas de que Jessica esta delicada y estoy segura de que no tarda en llamarle al celular para arruinar el día, gracias por comentar y espero este capi tmb te haya gustado. Marah linda, ¿cómo estás? Espero que bien, Bella y Edward creciendo en su relación, debería de hacer que se mudaran para dejar tanto problema atrás, no crees? Jajaja todo sería tan fácil. Espero que te haya gustado el capi. Any0239 como dices, Edward cometiendo el mismo error, pero esta vez dejo a Jess en casa, que no sé como le caiga a la susodicha saber que se fue, que la dejo sola por irse con Bella, estoy segura de que va armarle un escandalo, por lo pronto capitulo relax para ellos, gracias por comentar y espero me digas que te parecio este. Jupy hola linda, pues estos dos ya van mejorando y Edward intentando involucrar a Bella con su familia, ahora es cuestión de ella ganárselos. Espero que te haya gustado el capi.

Les mando muchos saludos a mis chicas desaparecidas, Felicytas, Imary, Dani0501, Vale potter! Liht Jamari, y a mis lectoras fantasmas y nuevas díganme, ¿Qué piensan, les va gustando?

Bueno chicas, desde hoy les adelanto que la semana que entra no se bien que día actualicé, saldré de vacaciones y para colmo me he quedado sin mi Beta, estoy ahora sí que sola y por mi cuenta. Espero no se haya notado mucho en contexto y ortografía, les prometo que haré lo mejor que pueda, Irene me enseñó mucho a lo largo de todo el fic. Ya saben, gracias por su apoyo y espero me perdonen si ven por ahí errores.

Nos leemos prontito :)