Este es cortito pero intenso... Y escrito desde hace bastante... (Por eso actualizo rapido) Espero que lo aprecieis ;-) Y que no por mi, pero si por la gente que se esfuerza un monton en escribir... y en tomarse su tiempo en algo que hacen por gusto... Reconocedle el trabajo y tened paciencia.

Gracias por leer y por comentar.

Disculpad las faltas de ortografia ;-)

Dedicado a una de las mujeres de mi vida... Que es su cumple xDDD


Abrió los ojos parpadeando varias veces y mirando al techo. Bostezó.

Se irguió levemente sobre el cuerpo que dormía a su lado a la vez que se giraba y comprobó por sí mismo a través del ventanal, que el cielo estaba nublado. Se dejó caer de nuevo en su lecho pensando en lo cansado que estaba y el día que le esperaba, un día más...

Ladeado y pegado al cuerpo de su mujer, deslizó la mirada por la curva que se formaba en el cuerpo de su compañera. Sus dedos tomaron vida propia y se perdieron debajo de la camiseta, acariciando con suavidad la piel de su vientre.

No se movió. Ella estaba despierta. Él lo sabía, sin embargo una vez más, no reaccionó. Si, aquel era un día como otro cualquiera.

Rick sacó su mano de debajo de la camiseta y volvió a su sitio de la cama. Suspiró apesadumbrado y se levantó con pesadez. Distanciado, miró hacia la cama y la vio tapada, mirando en dirección a la ventana.

Volvió a acercarse hasta el borde de la cama.

Se inclinó clavando su rodilla en el colchón, haciendo que este se hundiera y besó su cuello con delicadeza para volver a separarse. No fue algo sensual fue un beso tierno, un beso cariñoso.

Rodeó la cama y se asomó en el pequeño moisés al lado de la cama en el que descansaba su bebé de cinco meses.

-Duerme como un angelito-susurró Castle.

Posó su mano sobre el pequeño cuerpecito de su hija e hizo que esta se estremeciera y se removiera provocándole una sonrisa a él. Su bebé había reaccionado a su tacto.

Descalzo, se dirigió al baño y cerrando la puerta con cuidado, abrió el grifo para darse una ducha y así prepararse para un nuevo día.

Un día normal.


Cuando Rick salió del baño su habitación estaba completamente vacía. Siguió pasando su toalla por su corto cabello para secárselo, vestido con unos vaqueros y una camiseta de cuello pico de color morado que sabía que ella adoraba.

Su sonrisa se acentuó cuando escuchó a sus mujeres hablar, seguramente en la cocina.

Regresó al baño y dejó la toalla húmeda en el cesto de la ropa sucia y se perfumó.

Tras ponerse los zapatos, se fue directo a la cocina.

-Papi-Alexis corrió al encuentro de su padre con una energía normal para una niña de diez años.

-Buenos días, princesa.

Rick besó su pelo tras alzarla en brazos como hacían cada día y juntos, se acercaron hasta la mesa donde esperaba el desayuno.

Alexis se sentó en uno de los taburetes mientras devoraba sus pancakes.

-Ten cuidado no te manches-le comentó Rick quien había regresado a su despacho para buscar su móvil y se acercaba mirando si tenía alguna llamada.

Alexis negó haciendo mover sus trenzas al unísono mientras comía, vestida con el uniforme de su escuela y hablaba dicharacheramente mientras su mamá alimentaba a su hermanita.

Un olor a café recién hecho inundó sus fosas nasales y Rick rodeó la mesa para besar en la mejilla a su mujer y acarició la cabecita de Sophia por encima de los hombros de Meredith, con sumo cuidado.

-Tienes hambre, eh bebé…-susurró aun en esa posición.

Casi como si reconociera la voz de su padre, la bebé se removió y movió sus manitas sin soltar el biberón.

Castle se separó y observó como Sophia succionaba de la tetina del biberón y Meredith se mecía de un lado a otro, absorta en la tarea aun vestida en camisón y con su larga cabellera pelirroja recogida en una coleta baja.

El mismo ritual de cada día.

El escritor se sentó al lado de su hija mayor y se puso a leer el periódico que había sobre la mesa mientras tomaba su café y comía una tostada esperando la hora de llevar a Alexis a la escuela, emocionada como siempre que empezaba un nuevo curso escolar.

-Hoy tengo reunión en la editorial, espero terminar pronto…-comentó Rick. Recogió el periodico de la mesa y lo abrió por la página que tenía marcada, a la vieja usanza- ¿Te parece si luego hablamos de esto?-Alzó la hoja donde había el anuncio del alquiler de un loft.-¿mmm?

Mer asintió sin darle importancia.

-¿Irás a buscar a Alexis?

-Espero poder hacerlo…-Rick miró a su mujer. Había algo en su mirada… Algo diferente, pero no supo descifrarlo.

Sophia soltó la tetina del biberón cuando éste estaba completamente vacío. Se quejó durante unos segundos y se calmó cuando su padre la calmó agarrándola en sus brazos mientras Meredith dejaba el biberón en la fregadera.

-¿Si no llego a tiempo, tú podrás?

-Si-confirmó Meredith quien posteriormente suspiró de espaldas a ellos y se giró para observar como Rick se movía haciendo carantoñas a su bebé - Podríamos ir este fin de semana a los Hamptons.

-¡Siii!-Exclamó Alexis.- ¡Playa, playa!

-¿Qué te parece?-preguntó la pelirroja mirando a su marido- Podrías terminar la novela allí…

Rick sonrió. Hacía tiempo que Meredith no tenía la iniciativa para proponer un plan en familia como aquel.

-Y también tendríamos tiempo para nosotros-confirmó Castle- Y así esta pequeña-alzó a su bebé haciendo que soltara un eructo en ese momento y todos, incluido Rick riera y volvió a colocarla bien para no provocar el vomito- Podría darse su primer

baño.-A principios de septiembre aun hacía buen tiempo en la costa este.

-Lo prepararé todo-dijo la actriz.

Rick asintió y con cuidado de no molestar a Sophia, miró su reloj.

-Venga Lex, es hora de ir al cole… -Rick fue a buscar su chaqueta al mismo tiempo que dejaba a Sophia en el moisés, completamente tranquila después de ser alimentada- Despídete de mamá.

Alexis dejó el plato y la taza vacías en el fregadero y tras coger su mochila se acercó hasta su mamá quien le dio un beso y un abrazo y prometió verla más tarde.


Se le había pasado el día volando. Tras despedirse de su publicista y su agente, estrechó la mano al editor y apurado salió de la sala de reuniones de Black Pawn. El edificio de la editorial se encontraba en el Lower Manhattan por lo que no le daba tiempo de llegar a recoger a Alexis a la escuela.

Miró el reloj y suspiró.

Sacó su móvil mientras subía en el ascensor y al mismo tiempo que pulsaba el botón para ir hasta la planta baja marcaba el número de Meredith.

Al otro lado no había línea.

Lo separó de su oreja y miró unos segundos comprobando que si que tenía señal. Volvió a colocárselo y cuando las puertas del ascensor se abrieron dejándole salir, al otro lado el buzón de voz de Meredith saltaba.

Rick frunció el ceño.

Miró la pantalla y comprobó que estaba off de batería. Suspiró e hizo una rápida llamada antes de quedarse sin batería.

-Madre… Si, oye ¿Puedes ir a buscar a Alexis a la escuela?-preguntó mientras caminaba por la calle en busca de un taxi, algo desesperado- ¿Qué?-se paró en seco- ¿Qué estas con Sophia?-Rick no comprendía nada. Un pitido se hizo eco en su oído y bufó-¿Madre? ¿Madre?

Miró la pantalla. Off. Todo negro. Su móvil se había apagado debido a la falta de batería.

Tenía que regresar a casa para cargarlo... Por que una vez más se había dejado el cargador allí.


Bajó la ventanilla haciendo que el aire fresco despeinara su pelo pelirrojo, haciendo cosquillas sobre su rostro. Se lo apartó y recolocó detrás de la oreja y una sonrisa se instaló en su rostro. Meredith alargó su mano hacia el panel del estero sin apartar la mirada de la carretera y pulsó varios botones en busca de una canción que la agradara.

La encontró: Dancing in the Dark de Bruce Springsteen.

Se puso a cantar con tranquilidad mientras conducía por la Interestatal 95 que conectaba Jersey con Nueva york. Regresaba a casa después de horas dando vueltas…

El ticket de pago de la autopista -de ida y vuelta-salió volando por la ventana haciéndola reír.

No miró el reloj que marcaba la hora…. Ni siquiera miró por el retrovisor a la sillita que viajaba en el asiento trasero, o los peluches de sus hijas que iban tirados en el asiento de copiloto.

Miró al frente y sintió la brisa chocando contra su rostro. Se sintió en paz. Se sintió libre en el mismo instante que aceleraba a fondo, que apretaba sus manos en el cuero del volante.

Se introdujo en el puente de George Washington con la misma ansiedad de siempre al acercarse allí.

En su mente había una voz que se lo repetía constantemente. Alargó su mano y buscó el móvil, marcando el número de él mientras seguía con la mirada fija en la carretera.

Aceleró y dio un volantazo haciendo que el lateral de su coche familiar, rozara contra el lateral del muro y varios coches hicieron alarde de su claxon.

No le importó. Dio un trago a su refresco para llevar que había pedido una hora atrás en un 7 eleven y lo dejó en el reposa vasos, mientras los demás vehículos le increpaban su temeridad, conduciendo pegada al muro hasta que tras unos metros choco el morro con fuerza, estrellando su coche casi haciéndolo saltar por la borda.

Había fallado.

Su cuerpo rebotó haciendo que el cinturón se tensara y la protegiera al mismo tiempo que el airbag del asiento del copiloto –donde había sido más duro el golpe- saltara.

Apartó el Airbag molesta y abrió la puerta sin importarle los automóviles que pasaban por su lado a toda velocidad y rodeó el coche.

Sonrió mientras una lágrima se deslizaba por su mejilla pecosa y el aire seguía despeinándola, dejando libres hebras de cabello rojizo. La música de 'The boss' seguía sonando a todo volumen a través de los altavoces del coche.

Había pasado tantas veces por allí… Cada vez que se acercaba sentía que su dolor y su ansiedad se intensificaba y en los peores días había llegado a desviarse 32 kilómetros para evitar ese puente y la terrible tentación que iba a realizar en ese momento: Saltar.

Se olvidó por completo de todo. Hizo oídos sordos a la gente que le gritaba que se bajara.

Y se dejó llevar, apaciguando su dolor a medida que caía.


-¿Y bien?-preguntó Martha cuando hubo acostado a su nieta mayor en la cama de su padre –tras muchas preguntas- y comprobó que la bebé también dormí negó.-Estaré en mi casa… ¿Cualquier cosa, me avisas?

Rick asintió algo ausente y no fue consciente de que su madre se había marchado hasta escuchar el eco de la puerta al cerrarse.

Tras horas en casa dando vueltas, buscándole sentido a ese día, completamente nervioso encendió el móvil tras cargarlo y justo en ese momento, recibió una llamada.

Contestó antes de que Alexis o Sophia en el moisés, se despertaran.

-Sí, soy yo…-respondió frunciendo el ceño.

Se paralizó.

Se quedó helado.

Estático.

Inmóvil.

No sabía qué hacer, a donde ir, no sabía cómo reaccionar ante la noticia que acababa de recibir a través de una llamada telefónica. Su móvil se había deslizado de su oreja, resbalando de su mano y cayendo al suelo haciendo un ruido sordo, seco, doloroso...

Había sido el mismo ruido que su corazón paralizándose y rompiéndose, sus músculos tensándose, entumecidos, con cada uno de sus ligamentos rasgándose, como algo que muy adentro en su pecho se rompía en pedazos.

Aquello no podía ser verdad, en cualquier momento despertaría y todo habría sido una pequeña pesadilla de su increíble y desarrollada imaginación. A veces era horrible.

Intentó tragar el nudo que se había formado en su garganta sintiendo un zumbido en sus oídos mientras apretaba sus dientes y trataba que su mano no temblara casi imperceptiblemente. Todo a su alrededor había dejado de existir enfocándose en una sola cosa: En ella.

En su muerte.

El llanto de su bebé de cinco meses le sobresaltó haciéndole salir del agujero negro en el que estaba cayendo. Sin paracaídas. Intentó encontrar en vano un motivo para todo lo que acababa de suceder y de repente todo se aceleró...

Se vio a si mismo conteniendo el llanto con su hija mayor al darle la noticia…

Se vio organizando un funeral en su memoria mientras se preguntaba un ¿Por qué?

Un porqué que jamás encontraría…

Rick desanudó su corbata negra y se quitó la chaqueta del mismo color, quedando con una camisa blanca. Estaba pálido y ojeroso, apenas había dormido esos días.

Se preparó un vaso de whisky y se deslizó en el sillón de su despacho. Tras terminarse el líquido ambarino, apretó sus dedos alrededor del vaso y lo lanzó contra la pared, destruyéndolo en pedazos.

Por suerte su madre se había llevado a sus hijas y estaba sumido en una completa soledad y oscuridad.

Miró las fotos que había bajo la ventana, en aquella pequeña estantería y bufó casi irónico.

-Nos has destrozado la vida, Meredith-dijo con la voz temblando y lleno de dolor.

Dolido con ella, pero casi más dolido con él mismo…

Estiró sus piernas y notó como su móvil, con la pantalla rota, se deslizaba hasta caer en el sofá.

Se quedó mirándolo y se mordió el labio. Lo encendió y marcó el número de su buzón de mensajería de voz y esperó pacientemente hasta escuchar su voz:

-Richard…-el sonido de la música de la radio se escuchaba de fondo- Soy… Soy yo, Meredith…-el mensaje contenía demasiadas pausas y la voz de su mujer parecía diferente- Estoy…conduciendo…Yo…. Rick, lo siento...

Y eso había sido todo. Esa había su nota de despedida.

Rick sintió como una lágrima solitaria se escurría por entre su barba de tres días y la secó con su pulgar. Se sentía tan culpable… Pero ya no podía llorar más. Tenía que levantarse tras aquel duro golpe y empezar a vivir, no por él… Por sus hijas.


El ruido de los aplausos aunque bajos, era bastante notable e hizo que levantara la vista del punto del suelo donde la había fijado, mirando a su alrededor.

Unos dedos se entrelazaron en los suyos que descansaban sobre su pierna y se permitió ladear su cuello levemente para mirar a la dueña de esa mano.

Apretó su mano acariciando el dorso con su pulgar mientras sentía como su corazón martilleaba con fuerza.

Asintió agradeciéndole. Bastó con tan sólo mirarla para agradecerle y que ella le respondiera de la misma forma. Era un código secreto entre ambos. Era su forma de decirse que estaban ahí… Que se tenían.

Rick soltó todo el aire que contenía sus pulmones, quitándose un gran peso de encima al haber explicado toda su historia y sobre todo con la presencia de ella y curvó sus labios en una leve sonrisa casi invisible debido a la situación y al momento y se levantó con pesadez.

Varios miembros de la reunión de apoyo hacia personas víctimas del dolor provocado por el suicidio de alguien cercano se acercaron hasta él y le palmearon la espalda.

Rick agradeció sus palabras de apoyo y su empatía y finalmente salió de la sala tras despedirse. Hacía años que no acudía a una de esas reuniones pero necesitaba hacerlo, lo necesitaba tanto como esos ultimos días, ese aniversario de la muerte de ella le habían impulsado a desaparecer e ir a las reuniones.

Caminó por el pasillo sin soltar de la mano a Kate, en completo silencio hasta llegar a la entrada y se paró mirándola.

Ninguno de los dos dijo nada. Kate se puso de puntillas mientras acariciaba el rostro de Rick y besó tiernamente sus labios, agradecida por que él le había confiado un secreto del cual no tenía la más mínima idea… Ahora comprendía muchas cosas de él. Ahora entendía que le costara tanto hablar de la muerte de ella...

-Gracias por… confiar en mí y compartir…esto…

-Gracias por estar aquí-musitó él como respuesta, miró sus ojos con ternura sintiéndose en paz. Sin sentir culpa por amarla, por seguir con su vida... Por ser feliz. Por no haber podido ayudar a Meredith.

-Siempre.

-Siempre.


No dudeis de pedir ayuda jamás.