Capítulo XXXVIII: Carretera al Infierno


"No hay necesidad de fuego, el peor Infierno es aquel que habita en nosotros mismos"


El sol empezaba a ponerse en el horizonte mientras el Impala lo dejaba atrás dirección al búnker. Emma, que viajaba en el asiento trasero apoyada contra la ventanilla, tenía su mirada puesta en los árboles que bordeaban la carretera y que pasaban veloces ante sus ojos. En su interior se estaba librando una batalla entre lo que debía sentir y lo que sentía en realidad. Se preguntaba el por qué no se sentía culpable de haber tratado de ese modo a Sam y Dean; el por qué no se había preocupado lo más mínimo del estado de salud de Alice y el por qué no se había alegrado cuando esta había despertado finalmente de su inconsciencia.

Desde que había vuelto a hacer uso de sus poderes una parte de ella había desaparecido, todos aquellos atributos que una vez le habían caracterizado ahora parecían desvanecerse.

-¿Dean? -susurró la joven, rompiendo el silencio que había caracterizado el viaje desde su dura contestación.

El cazador apartó la mirada de la carretera para encontrarse con la de la castaña por el espejo retrovisor.

-¿Sí?

-Siento lo de antes. -se disculpó ella, obligándose a pronunciar aquellas palabras. Era curioso como una parte de ella le decía que pedir perdón era lo correcto mientras otra le decía que no debía sentirse culpable de nada, que debía darle igual si el mayor de los Winchester aceptaba o no las disculpas.

-Está bien. -respondió Dean dedicándole una fugaz sonrisa antes de volver a fijar su vista en la carretera. Pero la chica no fue capaz de sentir ni una pizca de alivio.

-No, no lo está. -negó ella con la cabeza, algo estaba cambiando en su interior y era consciente de ello. -No siento lo que se supone que debería sentir.

-¿A qué te refieres? -preguntó Sam, girándose sobre el asiento del copiloto para mirarle a los ojos.

-Ya no me importa nada. -soltó Emma clavando su mirada en la del cazador. -Quiero decir, se que debería estar arrepentida por haberos hablado tan bruscamente... Sin embargo, lo cierto es que no lo estoy.

-Pero acabas de disculparte... -murmuró Dean frunciendo el ceño.

-Sí, pero no era una disculpa sincera. No siento ningún tipo de remordimiento. -confesó la chica. - La verdad es que...

-¿Es como si no tuvieras conciencia? -dedujo el menor de los Winchester, recordando el año que vivió sin su alma. Sam pudo sentir como la mirada de su hermano se clavaba sobre él, Dean sabía a lo que se estaba refiriendo.

-Eso creo. -murmuró ella asintiendo. -Si yo fuera vosotros mantendría las distancias conmigo. -advirtió usando el pequeño resquicio de humanidad que aún albergaba en su alma. -Ya habéis visto de lo que soy capaz...

Los hermanos Winchester intercambiaron una intensa mirada al escuchar las palabras que la joven acababa de pronunciar. Castiel había estado en lo cierto al advertir a Emma sobre los peligros que podía representar el uso de sus habilidades y ahora, Sam y Dean, tenían ante sus ojos la gravedad del asunto. Aunque aún no estaba todo perdido, la oscuridad no había invadido por completo el alma de su amiga o de lo contrario esta no se hubiera tomado las molestias de avisarles de lo que pasaba por su cabeza.

-Dices que ya no te importa nada, pero no es cierto. -habló Dean. -Sigues preocupándote por nosotros. Si no, ¿por qué ibas a aconsejarnos que nos apartáramos de ti? -Emma calló asimilando las palabras del conductor, puede que él estuviera en lo cierto aunque a ella no se lo pareciera. -Todo lo que has de hacer es no volver a usas tus poderes.

-Sí. -asintió Sam de acuerdo con su hermano. -No importa lo que pase, no has de volver a hacer uso de ellos. Te prometí que no iba a permitir que esto te cambiase y no pienso romper mi promesa.

La castaña no dijo nada, se limitó a asentir levemente mientras volvía a perder su mirada a través de la ventanilla. En el pasado las palabras de los hermanos le hubieran tranquilizado pero ahora, no estaba segura del efecto que habían tenido en ella. Así como tampoco estaba segura de querer renunciar a aquella sensación poderosa que se había abierto paso en ella tras acabar con la existencia de Mefisto.

En la mazmorra del búnker...

Crowley observaba fijamente la tintineante luz que alumbraba mínimamente aquella oscura habitación, la cual se había convertido en su casa, las cadenas que le mantenían preso ya no resultaban molestas para él, se había acostumbrado al peso y roce de estas sobre sus muñecas. La esperanza de volver a ser humano era todo lo que necesitaba para soportar aquel encierro que ya duraba varias semanas.

No era la primera vez que se encontraba en aquella situación. Hacia justamente un año había estado en el mismo lugar aportando información a los Winchester a cambio de sangre humana. Y ahí estaba otra vez. Ayudando al par de hermanos que tantos dolores de cabeza le habían dado, pero que al mismo tiempo le habían sacado de más de un apuro y mantenido con vida en contra de cualquier pronóstico. Y es que, aunque odiara admitirlo, les había cogido hasta cierto cariño.

Un sonido chirriante se oyó por toda la habitación cuando las estanterías de metal se abrieron para dar paso al semblante serio de los Winchester y la actitud impasible de Emma. El Rey del Infierno no obvió el cambio que se había dado en el alma de la chica, sin duda había vuelto a usar sus poderes.

-Hola chicos. -saludó el demonio con su comentario habitual. -La próxima vez que me dejéis solo podrías tener la delicadeza de bajarme unas revistas o algo. Tal vez, ¿alguna edición especial de Bellezas Asiáticas? -agregó sonriendo de medio lado.

-Sigue soñando. -se limitó a contestar Dean malhumorado.

-¿Problemas en el paraíso? -fastidió Crowley a los cazadores mientras los observaba divertido. -Apuesto a que tiene que ver contigo querida. -añadió posando su mirada en Emma. -Puedo ver lo cambiada que estas desde la última vez que te vi... Es como si hubieras perdido el control.

-Cállate. -ordenó Sam, temiendo la posible reacción de la chica.

-He matado a Mefisto. -dijo Emma, sin una pizca de agitación.

Crowley no pudo evitar mostrar la sorpresa en su rostro. Mefisto no era cualquier demonio, era una de los más antiguos y poderosos.

-¿Con tus poderes? -preguntó alarmado. La aludida asintió levemente con su cabeza. -Eso es... impresionante. Ahora entiendo sus caras largas. -dijo señalando a Dean y Sam. -Te llevan con ellos para alejarte de mí y de la tentación de seguir usando tus habilidades y resulta que no sólo las vuelves a usar, sino que superas cualquier tipo de expectativa. Sois unos genios. -ironizó el demonio mirándolos.

-¿No te cansas de escucharte? -le soltó Emma, haciendo que la sonrisita de suficiencia se borrará de su cara. -He venido a discutir los términos del contrato referentes a la segunda prueba, no ha escuchar uno de tus monólogos.

-Adelante, entonces. -invitó el Rey del Infierno.

-Quedamos en que yo podía elegir que alma salvar, ¿cierto? -empezó a hablar ella mientras el demonio asintió ante su pregunta. -Bien, porque he hecho mi elección. Adam Milligan.

La sangre de los hermanos Winchester se heló cuando la joven pronunció el nombre de su medio hermano, aquello no lo habían visto venir. Emma pretendía salvar el alma de Adam, el alma que ellos no habían podido evitar condenar al Infierno. Sam y Dean nunca habían hablado del tema, pero lo cierto es que ninguno de los dos se había olvidado de él. Aquel chico llevaba cinco años sufriendo en el Infierno, cinco años encerrado en la jaula junto a Miguel y Lucifer, y ellos no habían sido capaces de hacer nada.

-Me temo que eso no será posible, querida. -informó Crowley.

-¿Por qué no? -inquirió la aludida, cruzándose de brazos y acercándose lentamente al demonio.

-Porqué... -empezó a balbucear algo nervioso el Rey del Infierno viendo como ella se aproximaba. -...llamaríamos demasiado la atención y...

-No me importa. -cortó Emma.

-Debería. -respondió el demonio intentando hacerle entrar en razón. -Las cosas se pondrán feas si descubren lo que estamos tramando... Mira, hay cientos de almas inocentes a las que puedes salvar. Elige cualquier otra. Resultará más sencillo y rápido.

Emma suspiró profundamente antes de inclinarse ante el demonio, atado a la silla, de modo que sus rostros quedaron a la misma altura.

-Creo que he sido lo suficientemente clara. -dijo entrecerrando los ojos amenazante. -Vas a sacar el alma de Adam de la jaula para que yo pueda liberarla y completar así la segunda prueba. No hay excusas que valgan Crowley. No olvides de lo que soy capaz ahora. -sentenció seria.

El demonio se limitó a tragar saliva ante aquellas palabras. No era estúpido, no insistiría más en hacerle cambiar de opinión. Prefería ser descubierto con las manos en la masa en el Infierno, a que la chica usará sus poderosas habilidades en él.

-Como desees. -accedió finalmente Crowley.

-Eso suena mejor. -sonrío con suficiencia ella mientras lo liberaba de sus cadenas. -Bueno, ¿qué tal si me llevas a dar un paseo por el Infierno? -agregó con suma tranquilidad.

-Crowley. -llamó Dean al demonio. -Nosotros también vamos.

Los hermanos Winchester se negaban a que Emma experimentara aquel viaje sin ellos. Debían vigilarla, cuidar de ella, y no confiaban en que el Rey del Infierno llevará a cabo ninguna de esas tareas. Además, estaban hablando del alma de su hermano, si la chica iba a salvarle ellos ayudarían en lo que pudieran.

-¿En serio? -bufó Crowley rodando los ojos. -Vais a conseguir os maten...

-¿Ahora te preocupas por nosotros? -preguntó Sam, alzando las cejas incrédulo.

-Por favor, Alce. No me hagas reír. -respondió el demonio. -Es solo que vuestra presencia no es algo que pase desapercibido allí abajo y podría comprometernos a todos...

-Sí, lo que tu digas. -cortó el mayor de los Winchester. -Pero no puedes negar que si las cosas se ponen feas resultamos bastante útiles.

-Tiene razón. -dijo entonces Emma, mirando a Crowley junto a ella. -Serán de ayuda, así que vienen con nosotros.

-Bien. -se dio finalmente por vencido el demonio y con un chasquido de sus dedos, los cuatro desparecieron del búnker destino al mismísimo Infierno.

El calor y la humedad les azotó. El ambiente era pesado, y en el aire podía distinguirse claramente el olor a azufre mezclado con el de sangre y piel quemada. Los gritos de las almas torturadas retumbaban a través del largo pasillo que se abría ante ellos, donde, a ambos lados de este, numerosas celdas servían de prisión para cientos de condenados al sufrimiento eterno.

Crowley lideraba el camino con paso apremiante a través de la infinidad de galerías infernales mientras Emma caminaba a su lado notando la ansiedad del Rey del Infierno. Ella, por el contrario, no podía estar más tranquila y es que no le importaba lo más mínimo encontrarse en el sitio más peligroso del universo. En su mente sólo tenía una misión, finalizar con la segunda prueba costase lo que costase.

Sam y Dean, que seguían los pasos de la chica y el demonio, no podían salir de su asombro al comprobar que su amiga no mostraba el menor signo de agitación. Cosa que no podía aplicarse a ellos, los cuales estaban horrorizados ante los recuerdos que aquel lugar traía a sus mentes y sólo esperaban poder acabar con aquello lo más rápido posible.

-¿Queda mucho? -preguntó con cierta inquietud Dean. Hacía un buen rato que deambulaban por aquel terrorífico lugar y aún no habían llegado a su destino.

-Estamos a mitad de camino. -respondió Crowley serio sin detener su paso.

-¿Qué pasa? ¿Tu sentido de la orientación te falla? -ironizó el cazador de pelo corto. -Podrías habernos hecho aparecer más cerca... -agregó resoplando.

-¿Crees que no lo hubiera hecho si fuera posible, Ardilla? -contestó indignado el Rey del Infierno, deteniendo su paso para enfrentar al cazador. -Nadie puede aparecerse en las inmediaciones de Pandemonium, que es el centro del Infierno y donde está situada la jaula. Así que, para llegar hasta ella, no nos queda otra que caminar. Lo siento, princesa. -añadió con su burla característica.

Dean calló ante la explicación y los cuatro reanudaron la marcha justo para ver como una demonio se acercaba a su posición. Crowley maldijo por lo bajo y les aconsejó que le siguieran con su farol.

-¿Señor? -cuestionó la demonio pelirroja de pelo corto, reparando su atención en los Winchester y Emma.

-Hola, Nina. -sonrió forzosamente el Rey del Infierno.

-Creímos que nos había abandonado. -habló Nina visiblemente sorprendida. -Y ahora está aquí, con los Winchester y la Sanadora...

-No, querida. -contestó Crowley fingiendo tranquilidad. -Sólo estuve de caza y no quería volver con las manos vacías. -dijo señalando al trío de cazadores tras él.

-Ya veo... -dijo la pelirroja, antes de fijarse en que ninguno de los supuestos presos llevaba grilletes alguno.

La mirada recelosa de Nina se cruzó con la fría mirada de Emma, y antes de que la demonio pudiera alertar de sus sospechas a cualquiera de sus compañeros, la castaña elevó su mano liberando su poder y acabando con la vida de la pelirroja en cuestión de segundos.

-¡No! -exclamó Sam. -Habíamos quedado en que...

-Sé en lo que habíamos quedado. -cortó secamente la aludida. -Pero iba a dar la voz de alarma, se había dado cuenta del farol así que tuve que actuar rápido.

-No deberías haber hecho eso... -murmuró Crowley, alternando su mirada a ambos lados del pasillo esperando a que algo apareciera por ellos. -Has llamado la atención y vienen hacía aquí.

-¿Quién viene? -preguntó Dean poniéndose en guardia.

-Demonios. -se limitó a contestar el Rey del Infierno. -Debemos separarnos. Juntos no llegaremos muy lejos.

-Está bien. Tú y yo seguimos adelante, Sam y Dean los despistaran. -accedió rápidamente Emma, mostrando una vez más lo mucho que había cambiado. La chica, en el pasado, nunca hubiera abandonado a su suerte a ninguno de los hermanos. Y ahora, prácticamente, los estaba usando de cebo.

Segundos más tarde los primeros demonios aparecieron y los hermanos Winchester empezaron a pelear contra ellos mientras Emma y Crowley se perdían de su vista dirección a la jaula de Lucifer. El camino hasta su objetivo resultó tranquilo, no volvieron a cruzarse con ningún indeseable demonio, y una vez en Pandemonium observaron como ante ellos se elevaba un palacio de piedra rodeado de ríos de infinita lava. Ambos se acercaron a sus límites y el Rey del Infierno pronunció unas ininteligibles palabra que provocaron que el alma humana de Adam traspasará los muros de piedra y quedará suspendida en el aire ante ellos.

-Aquí la tienes. -habló Crowley.

Entonces, Emma se remangó la manga de su camiseta y cortó levemente su antebrazo.

-Conjucti sumus unum sumu. -pronunció la chica provocando que la preciada alma fuera absorbida. -Bien, larguémonos de aquí. Tengo un alma que liberar al Cielo.

-Querida... -murmuró Crowley sorprendido. -¿No crees que antes deberíamos volver a por ese par de idiotas? Ya sabes, tu novio y su hermano. -agregó el demonio remarcando las últimas palabras.

Emma lo miró extrañada, estaba tan centrada en la misión que, ni siquiera se había acordado de Sam y Dean.

-Sí, deberíamos ir a por ellos. -dijo no muy convencida. Crowley se limitó a rodar los ojos y reprender el camino de vuelta.

Cuando llegaron al punto donde se habían separado, los hermanos Winchester ya no estaban allí. En su lugar, siete demonios muertos se apilaban a ambos lados del pasillo. Parecía que Dean y Sam habían sido capaces de librarse de ellos, sin embargo no había señal de los cazadores.

-Esto no me gusta. -negó con la cabeza el Rey del Infierno mirando a la chica.

-Haces bien. -se oyó una voz masculina tras ellos.

Astaroth había aparecido y sonreía de medio lado. A sus pies, arrodillados y con múltiples magulladuras, Dean y Sam eran sostenidos por cada una de las manos del Gran Duque del Infierno.

-Bueno, bueno... ¿Qué tenemos aquí? -dijo Astaroth observando a Emma. -Veo que finalmente has sucumbido a tus poderes. Lástima que estés en el lado perdedor.

-¿Tú crees? -le retó la castaña con arrogancia. -Por lo que yo sé, cuando acabe con las pruebas y cierre el Infierno, voy a condenarte a un encierro eterno. Veamos... -dijo haciendo un gesto de balanza con sus brazos. -Sí, lo que creía, eso te pone a ti en el lado perdedor.

-No serás capaz de completar esas pruebas. -respondió furioso el Gran Duque del Infierno. -Verás, si no abandonas ahora mismo tu plan... Los torturaré hasta la muerte. -amenazó, agitando a Dean y Sam por el pescuezo. -Y créeme hay una larga cola de demonios que se mueren por tener un trocito de los Winchester.

Emma estalló en una sonora carcajada. No le podía importar menos la amenaza de Astaroth. Para aquel entonces, sólo podía pensar en una cosa, cerrar las Puertas del Infierno. Esa era su única obsesión.

-No me importa. -respondió claramente Emma, para sorpresa de todos los allí presentes. Ni siquiera dirigió una mirada a los hermanos, sólo miraba con diversión el rostro de desesperación que iba poniendo Astaroth ante su actitud.

-Mientes. -dijo entre dientes el rubio de ojos azules. -Ellos son lo único que tienes en este mundo, ellos son la razón por la que te negaste a unirte a mi... ¿Qué te haría cambiar ahora de opinión? ¿Qué te haría estar dispuesta a sacrificar sus vidas? -agregó preguntando sorprendido.

-Sus vidas no valen nada comparadas con la satisfacción de librar a todo el mundo de cada hijo de puta de ojos negros que hay sobre la faz de la Tierra. -contestó sin ningún tipo de agitación. -Oh, y el ahorrarle al mundo un nuevo Apocalipsis... Dime, ¿te parecen pocas razones? -preguntó ella sin esperar respuesta.

Aquellas palabras no sólo causaron un gran impacto en Astaroth, sino que hicieron lo propio en los hermanos, especialmente en el menor de ellos.

Sam pudo ver claramente como la Emma que amaba ya sólo estaba presente en sus recuerdos. Aquella joven altiva, fría y calculadora que ahora se encontraba frente a él no era más que una sombra desdibujada de la Em dulce, cálida y risueña que le había devuelto la ilusión. Todo lo que veía ahora era una extraña, y eso le dolía más que los golpes que se acababa de llevar porque había fallado a su promesa, había dejado que la chica sucumbiera a la oscuridad.

-Crowley. -pronunció ella. -¿Qué te parece si nos vamos de aquí?

Antes de que Astaroth pudiese reaccionar, el Rey del Infierno chasqueó sus dedos con suma rapidez desapareciendo junto a Emma y dejando atrás a los hermanos Winchester.