Disclaimer: Los Personajes aquí mencionados pertenecen a E.L. James, solo algunos son producto de mi imaginación
¡Feliz Lectura!
CAPITULO XXXVIII: CARA A CARA
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Anteriormente:
—Christian— dice Ana asustada
—Tranquila nena, puede ser una falla eléctrica ya verás como en un instante el elevador retoma su funcionamiento— un par de minutos después seguimos atascados y mi nena está muy nerviosa
—¡Ayuda!— comienzo a golpear la puerta del ascensor, de repente comienza a entrar humo por la rejilla de ventilación
—¡Auxilio! Continúo gritando y golpeando la puerta pero poco a poco voy perdiendo la consciencia.
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ANASTASIA
Bip, Bip, Bip… trato de abrir lentamente los ojos pero inmediatamente vuelvo a cerrarlos, mis ojos están sensibles a la claridad, me siento aturdida, confundida, siento un constante pitido en mis oídos, trato de mover mi brazo pero hay algo que me lo impide ¿Dónde rayos estoy? Intento nuevamente moverme sin abrir los ojos y es cuando escucho una voz conocida
—Ana, hija
—¿Grace?— mi voz suena ronca, mi garganta está reseca.
—Espera, te traeré un poco de agua— hago un nuevo esfuerzo por abrir los ojos dejando que estos se adapten a la claridad que me rodea y es cuando soy consciente que estoy en la habitación de un hospital, lo que me impide mover el brazo es la vía intravenosa y el pitido que escuchaba en mis oídos en una monitor para signos vitales, pero ¿qué hago aquí? O mejor dicho ¿cómo rayos llegué aquí? Hago un esfuerzo por recordar lo sucedido pero estoy muy aturdida.
—Ten, poco a poco, solo pequeños sorbos— dice Grace dándome el vaso con agua muy fría la cual alivia la resequedad de mi garganta
—Grace, ¿Qué hago aquí? ¿Qué sucedió? ¿Qué le pasó a mi bebé? ¿Está bien? ¿Dónde está Christian— pregunto sin evitar entrar en pánico, ella trata de calmarme y lo hago para poder oír sus respuestas
—Está bien, el bebé está bien, Ana ¿qué sucedió? ¿Qué recuerdas?— trato de hacer memoria y recuerdo que estábamos en la consulta con la Dra. Greene
—Estábamos en la consulta del ginecólogo ¿Por qué?
—¿Estaban? ¿Christian estaba contigo?
—Por supuesto, ambos vinimos y luego… el ascensor— digo casi en un susurro
—¿Dónde está Christian?— digo al borde de las lágrimas
—Ana, una enfermera te encontró desmayada en el ascensor pero no había ninguna señal de Christian
—¡Oh por Dios!— ahogo el inminente sollozo con mi mano
—Eso fue hace un par de horas, has estado inconsciente por poco más de dos horas, trata de tranquilizarte por favor y cuéntame ¿qué paso?
—Hu-hubo una ffalla en el elev-elevador, luego ccomenzó a-a entrar hu-humo ppor la rejilla dde ventilación y nno recuerdo mas— Grace me abraza y comienza a llorar conmigo, luego de unos segundos toma su móvil y hace una llamada
—Taylor, si ya Ana despertó. No, es como tú dices Christian estaba con ella. ¿y Sawyer? Está bien esperemos que reaccione. Por favor, haz todo lo posible por encontrarlo. Adiós
—¿Qué sucedió?
—A Sawyer lo encontraron con una herida en la cabeza en la parte trasera del hospital, tiene una contusión y aún está inconsciente, se encuentra los cuidados intermedios de la UCI.
—Grace por favor llévame a casa no quiero estar aquí.
—Tranquila ya me encargué de eso, apenas venga mi colega será para darte el alta de una vez.
Cuatro horas, cuatro horas han pasado desde que Christian ha desaparecido, todos asumen que se trata de un secuestro, pero los captores aún no se comunican con nosotros.
CHRISTIAN
Aturdido y confundido despierto en una habitación oscura, ¿donde rayos me encuentro? ¿Dónde está Ana? Miro a mi alrededor y no logro reconocer este lugar, en un rincón de espaldas a mi está una persona
—¿Ana?
—No, No lo soy— la voz me resulta familiar, muy familiar, trato de pensar donde la he oído antes pero mi cabeza aún da vueltas
—A tu lado tienes un poco de agua, tal vez quisieras tomarla debes estar un poco sediento— hago lo que me indican
—¿Dónde está Ana?
—Ella está bien no debes preocuparte por eso— en ese momento reconozco la voz
—¿Debbie?
—Si, Christian soy yo
—¿Te has vuelto loca? ¿Qué hago aquí?
—Lo siento pero es la única manera…
—¿La única manera de qué? ¿Acaso tienes algún tipo de fijación conmigo? ¿Esto no puede estar pasándome de nuevo?
—¡No! ¡claro que no! Es la única manera de que puedas escuchar todo lo que tengo que decirte
—¿Secuestrándome? Definitivamente estás loca, déjame ir inmediatamente no tengo nada que hablar contigo.
—No te irás de aquí hasta que hablemos, así pasen meses
—Sabes que todo mi equipo de seguridad me está buscando y en poco tiempo me encontrarán
—Ahí es donde te equivocas querido, nadie te encontrará hasta que yo de la orden— dijo moviéndose hacia una puerta cerca del rincón donde permanecía oculta. ¿Qué demonios le sucede a esta mujer? ¿Qué es eso tan importante que quiere hablar conmigo? Tal vez si accedo a su exigencia me deje ir. No, puede ser una trampa, necesito saber de Ana, necesito saber que está bien.
—¡Ayuda!— grito con todas mis fuerzas sin importarme el dolor que esto produce en mi garganta, rápidamente me doy cuenta que es inútil pues la habitación no cuenta con ventanas solo tiene unas pequeñas rejillas de ventilación en la parte superior de la pared. No sé por cuantas horas he estado aquí encerrado pero me preocupa Ana, me preocupa cómo pueda afectar esto su embarazo y siento miedo de lo que pueda pasar. Mucho tiempo después escucho la puerta abrirse nuevamente
—Pensé que podrías tener hambre, toma es tu favorito— dice dándome una bandeja con Mac and cheese, una lata de soda y una botella de agua.
—Quiero que me escuches con detenimiento y aunque tengas mil preguntas quiero que esperes hasta que termine de hablar, si me interrumpes me iré y no volveré. Lo que significa que tú no saldrás de aquí— solamente asiento con mi cabeza. Se mueve hasta una poltrona y toma asiento, la única luz que posee la habitación es de una pequeña lámpara que está al lado de la cama donde estaba acostado.
—Nací en Rockford, Illinois. Provengo de una familia de clase media, mi madre era maestra de la escuela secundaria y mi padre administraba una cadena de ferreterías, no éramos ricos pero vivíamos holgados. Siempre fui un poco tímida, cuando entré a la secundaria comencé a abrirme y a tener amigas. Marilyn se convirtió en mi mejor amiga, estudiamos juntas desde el kindergarten, pero nunca tuvimos ninguna relación fuera de la escuela hasta ese entonces. Su padre trabajaba para la policía del condado, era un señor muy amable y correcto— hace una pausa, como si estuviese tratando de recordar cada detalle, no tengo idea a dónde quiere llegar con esto, pero seguiré escuchando, solo quiero ir a casa con mi nena y bebé Grey.
—Cierto día estaba en casa de Marilyn haciendo un trabajo escolar, se nos hizo tarde, su padre insistió en acompañarme a casa para que no fuese sola. Vivíamos en un vecindario muy seguro y la distancia era menos de una cuadra sin embargo acepté, íbamos caminando mientras yo charlaba amenamente con mi amiga, el solo nos escuchaba. Todo pasó como en un abrir y cerrar de ojos, unos hombres en una minivan le dispararon y nos metieron al vehículo, esa fue la última vez que la vi.
—Luego de eso comenzó mi tortura, fui secuestrada por una mafia de trata de blancas y vendida al mejor postor— ¡Por Dios! Eso era lo menos que esperaba oír —Durante años fui golpeada y abusada, intenté escapar en varias ocasiones pero siempre me cachaban en el acto, lo cual era peor. Cierto día me vendieron a otra mafia y me llevaron a Detroit, al menos ese hombre no me maltrataba tan seguido, llegó un momento en el que me di cuenta que nunca podría escapar, mis padres nunca se dieron a la tarea de buscarme, o al menos ese fue lo que creí en el momento. Así que comencé a colaborar con ellos, así tal vez si actuaba por voluntad propia no sería violada constantemente, mucho tiempo después un psicólogo me dijo que había desarrollado Síndrome de Estocolmo— dice sorbiendo por la nariz, tengo un nudo en la garganta y el estómago revuelto
—Debbie nun…
—Ah, Ah Christian, rompiste el trato— dijo haciendo el movimiento de levantarse
—No, por favor, continua, guardaré silencio— ella volvió a sentarse en el mueble pero permaneció callada por unos minutos. Poniéndome de pie le acerque la botella de agua y regresé a mi sitio, ella la abrió y tomó un sorbo.
—Gracias— dio un gran suspiro y luego continuó con el relato
—A pesar de no oponer resistencia el hombre que estaba a cargo de mí comenzó a obligarme a tomar drogas, primero comenzó con cigarrillos de marihuana, luego fue cambiándolas gradualmente hasta que comenzó a suministrarme drogas más fuertes. Todo eso se fue acumulando en mí, me sentía sucia, vil, despreciada, sin ningún valor, estaba a punto de atentar contra mi vida y acabar con mi sufrimiento, esa vez tenía el valor necesario, lo había considerado antes pero nunca había reunido el valor. Pero descubrí que estaba embarazada. Fue cuando me cambiaron de lugar, llevaron a un departamento en una de las peores zonas de Detroit, y durante mi embarazo estuve obligada a atender y acicalar a las nuevas chicas que traían. Me sentía como una proxeneta, pero lo hacía no por mí, sino por proteger a mi bebé, ese ser que crecía dentro de mí y aunque no fue concebido de la mejor manera, ya lo amaba.
Debbie guardó silencio y yo trataba de asimilar cada una de sus palabras, pero sigo sin entender ¿por qué demonios me cuenta todo esto? No soy un psicólogo ni mucho menos
—El día que nació mi bebé, había planeado escapar con él del hospital y tratar de comenzar en algún lugar, no sé cómo lo haría pues no tenía ni un centavo pero se me ocurriría. No me cansaba de mirar su perfecto rostro angelical, sus diez dedos de las manos y pies, su perfecto cabello marrón con destellos cobre y sus perfectos ojos grises, el 28 de junio de 1981 fue el día más feliz de mi vida, porque fue el día en que naciste, Christian.
—¿Qué?— digo casi en un susurro
—Si— dice levantándose del mueble —2.800kg y 51cm — nunca pensé una personita tan pequeña pudiera traer tanta felicidad— dice acercándose a la luz y es cuando la veo
—No, No puede ser, ¡tu estas muerta!— digo moviéndome hacia el centro de la cama y alejándome de ella, es tal como la recuerdo en mis pesadillas, cabello castaño oscuro largo y ojos café, solo que con más años.
—No lo estoy Christian, soy Ella.
—¡Alejate de mi! ¡Tú estás muerta!— digo con evidente pánico
—No lo estoy, mírame— dice cayendo de rodillas y escondiendo su rostro entre sus manos, llorando desconsoladamente, necesito salir de aquí, tengo que salir de aquí. Rápidamente me bajo de la cama y corro hacia donde está la puerta, pero se encuentra cerrada.
—¡Ayuda! ¡Sáquenme de aquí!— grito golpeando la puerta con fuerza
—Durante años hice lo posible por protegerte, tuve que volver a prostituirme y consumir drogas, todo por ti, por protegerte
—¡Eso es mentira! Nunca me quisiste, nunca me protegiste, el maldito chulo siempre me pegaba y me usaba como su cenicero personal, por tu maldita negligencia desarrollé hafefobia, eres una maldita mentirosa— le grito con rabia mientras limpio con más fuerza de la necesaria las lágrimas que brotan de mis ojos
—¡Claro que lo hice! ¿Tú crees que yo elegí esa vida? Fui secuestrada y obligada a prostituirme desde los trece años, tenía diecisiete años cuando te tuve, por Dios Christian aún era una niña.
—No me digas ni una maldita mentira más, tú deberías estar muerta, estuve al lado de tu cuerpo por cuatro días hasta que la policía vino a rescatarme.
—¡No estaba muerta! El cóctel de drogas que me habían suministrado fue tan fuerte que me dejó inconsciente por varios días, meses, si, estuve a punto de morir, cuando estuve en el hospital el médico forense se dio cuenta que aún estaba viva, me trasladaron a cuidados intensivos y estuve en coma por seis meses.
—¿Por qué nunca me buscaste?
—Lo hice Christian, pero nos habían llevado a hospitales diferentes nadie supo darme información de ti
—Eres una mentirosa, no quiero seguir escuchándote— digo moviéndome de la puerta hacia el otro lado de la habitación.
—Como quieras— dice levantándose del piso —De todas formas no saldrás de aquí hasta que haya terminado de hablar contigo
Dicho esto salió de la habitación, me dejo caer en la cama y comienzo a llorar, lloro como nunca en mi vida lo he hecho, lloro por Ella, por lo que le sucedió, lloro por mí, por ese niño de cuatro años al que constantemente maltrataban y quemaban con cigarrillos, por su abandono, por su desinterés, lloro por estar encerrado aquí sin saber de Ana y sin saber siquiera si podré volver a verla.
—Despierta Christian, debes comer algo— la voz de Debbie o Ella me hacer entrar en consciencia —Ten— dice dándome una bolsa de comida de la reconocida cadena Subway. Saco el contenido de la bolsa y es cuando me doy cuenta que estoy realmente hambriento.
—¿Cómo es que estás viva?— le pregunto tratando de sonar tranquilo pero por dentro aún me siento como un volcán a punto de hacer erupción
—Como te dije, estuve seis meses en coma, cuando por fin desperté no recordaba nada, no sabía quién era, era como si me hubiesen reseteado el cerebro. El doctor que me atendió durante todo ese tiempo fue muy amable y atento conmigo, su esposa me fue a visitar durante el mes siguiente en el que estuve hospitalizada luego de salir del coma. Cuando me dieron de alta entré en pánico pues no tenía a donde ir y no quería que el proxeneta me volviera a encontrar, así que tuve que contarles mi historia. Ellos se conmovieron y decidieron brindarme su apoyo, nunca pudieron tener hijos así que me trataron como tal, lo primero que hicieron fue cambiar mi apariencia, me cortaron el cabello y me lo tiñeron de rubio, me cambiaron el nombre de Ella Marshall a Deborah Abraham-Sheppard, luego Thomas pidió traslado a New Hampshire, allí terminé la escuela secundaria y fui a la universidad. Abby murió cuando estaba en el segundo año de la universidad debido a cáncer de mama, fue un duro golpe para mí, ella fue mi ayuda y soporte durante todo mi proceso de rehabilitación— guarda silencio por un instante y me mira, yo solo le hago señas para que continue
—Thomas puso a la orden todos sus recursos económicos para buscarte pero no podía encontrarte, después de graduarme decidí irme a New York, Thomas ya estaba retirado y se fue a vivir conmigo, hice estaba terminando mi especialización cuando él murió y volví a quedarme sola en este mundo, solo con la esperanza de encontrarte algún día y hace un año tu empresa hizo un gran donativo a la unidad de cuidados intensivos del Presbyterian Morgan Stanley Children's Hospital en New York y allí fue cuando te vi. Sentí algo inexplicable al verte, como una especie de conexión. Nunca actúo por impulso pero decidí indagar sobre ti y fue como vine a parar en Seattle, estando aquí comencé a trabajar en el Seattle Grace y conocí a tu madre, nos hicimos muy buenas amigas, en ese instante no sabía que era tu madre, hasta que en un comentario dijo que sus hijos eran adoptados y mencionó tu nombre. Ahí fue cuando moví mis contactos para obtener tus antecedentes y papeles de tu adopción a como diera lugar. Ahí fue cuando corroboré que tú eras mi Christian, mi hijo.
—No me llames así, no tienes derecho— digo entre dientes —¿Así que tú fuiste la responsable de la ruptura a mi privacidad?
—Así es, al igual que tu poseo personal altamente calificado para velar por mi seguridad, en eso somos parecidos, Britanny es la mejor hacker del país, seguida por Barney tu chico.
—¿Cómo sabes eso?
—Christian, ¿Cómo crees que se todo de ti? ¿Quién crees que te ha estado protegiendo todo este tiempo? ¿Quién crees que sacó del camino a todas esas escorias que te amenazaban? ¡Fui yo! Yo di la orden y desaparecieron porque no iba a permitir que algo te sucediera, tal vez no pude protegerte hace veinticuatro años, pero ahora ciertamente tengo los recursos para hacerlo.
—¡Eres una asesina!— le digo con desprecio
—Solo hice lo que creí conveniente, no iba a permitir que te hicieran daño.
—¿Y los paquetes misteriosos? ¿También son obra tuya?
—Si, tenia que ir dándote pistas, pero nunca lograste captar el mensaje, así que esta era mi última opción
—¿Cuál retenerme en contra de mi voluntad? ¿Secuestrarme y obligarme a escuchar tu fantástica historia? ¿Amenazarme con mantenerme aquí quien sabe por cuánto tiempo lejos de mi esposa y mi hijo? Eres una demente Debbie o Ella o como quiera que te llames.
—Lo hice por ti
—No, lo hiciste por ti, porque eres una egoísta, te consideré parte de mi familia, mi madre te brindó su amistad, te abrió las puertas de su casa y tú abusaste. No eres mejor que Elena o Linc o cualquiera de esos a los que asesinaste y te desprecio. Nunca te perdonaré por lo que me hiciste— ella solo lleva las manos a su boca para acallar un sollozo
—Abran la puerta— grita, en ese instante la puerta se abre y un hombre se asoma —denle las llaves de la camioneta y déjenlo ir
—Jefe pero si va a la policía…
—¡No me importa! Solo hagan lo que digo y luego márchense todos de aquí déjenme sola —Vete Christian
Inmediatamente salgo de la habitación, estoy en una especie de cabaña, salimos y me entrega las llaves de una GMC Denali color negro.
—Aquí tiene señor
Le arrebato las llaves de las manos y me monto en el vehículo, lo enciendo y arranco a toda velocidad, no se a donde voy, no sé donde estoy, conduzco sin rumbo fijo porque el maldito vehículo no tiene GPS. Los rayos de sol se asoman por el horizonte, aún continuo dando vueltas sin saber a dónde voy, miro en el tablero y puedo constatar que me queda un cuarto del tanque de combustible. No tengo identificación, ni mi billetera ni dinero encima, justo cuando voy entrando a una especie de poblado veo una patrulla de la policía ¡esa podría ser mi salvación! Estaciono el vehículo y me acerco al oficial
—Buen día oficial, necesito su ayuda, mi nombre es Christian Grey, estuve secuestrado por mi madre biológica pero pensé que era una amiga de mi madre, pero me dejaron en libertad, tengo horas conduciendo sin rumbo, no sé donde estoy.
—Ven hijo, acompáñame a la estación— al llegar a la estación fui llevado a un cuarto de interrogatorio ¡Genial! Ahora me tratan como un delincuente, luego llegó otro oficial a tomar mis datos y huellas dactilares, pero en ningún momento tomaron mi declaración.
—Disculpe, ¿podría decirme donde me encuentro?
—Oregón— respondió saliendo del lugar, me hicieron una prueba de sangre y una de alcoholemia para ver si había consumido algún tipo de sustancia ya que ninguno creía que soy Christian Grey. Una vez que verificaron mis huellas dactilares y vieron la alerta sobre mi desaparición hace más de 48 horas, pidieron disculpas y me permitieron realizar una llamada.
—Taylor
—Señor Grey ¿Cómo está? ¿Dónde está?
—En algún lugar de Oregón en una estación de policía, por favor envía a Charlie Tango y avisa a mi familia, el oficial te indicará exactamente donde estoy —Tres horas más tarde me encuentro de camino a la casa de mis padres, tengo un cúmulo de sensaciones en el pecho, me siento a punto de estallar. Al llegar me bajo de la SUV rompiendo todo tipo de protocolo, abro la puerta y corro hasta la sala donde se que mi amada esposa me espera. Al verla el tiempo se detiene, lo hinchado de su rostro denota que ha estado llorando
—Christian ¡Oh Christian! Estaba muy preocupada por ti— dice sollozando y enseguida me quiebro, no puedo contener ni un minuto más las lagrimas, comienzo a llorar abrazado a ella.
—Fue Debbie, ella lo hizo todo, pero no es Debbie, es Ella, no está muerta está viva.
—¿Qué dices?— preguntan soltándome de su agarre y mirándome, veo a mi alrededor y allí está el resto de mi familia me acerco a mi madre y la envuelvo en un gran abrazo
—Te amo madre— le digo una y otra vez al oído, ella solo llora y me abraza muy fuerte.
—Gretchen por favor trae un poco de te
—Fue Debbie, Debbie es Ella mi madre biológica, ella me secuestró— todos entran en estado de shock, mi madre nos indica que tomemos asiento para que pueda proseguir con el relato.
—¿Cómo que fue ella que te secuestró?
—Lo hizo para que de esa manera me viera obligado a hablar con ella, me contó la historia de su vida, por qué terminó prostituyéndose, los paramédicos la creyeron muerta pero no lo estaba, estuvo mucho tiempo en coma, nunca fue reportado por eso entré en el sistema de adopción. Ella los manó a asesinar a todos, está demente, dice que lo hizo por protegerme— digo aun entre sollozos
—¿A quiénes?— pregunta mi padre
—Elena, Linc y Hyde. Ella sabe todo de mi y tenía a alguien infiltrado en mi equipo de seguridad— todos colocan los ojos como platos
—La desprecio, la odio por todo lo que sufrí a su lado— En ese instante Taylor se acerca y me entrega un teléfono móvil, al tomarlo puedo observar la imagen de una cabaña en llamas y debajo la leyenda, "No puedo seguir siendo un estorbo para la vida de Christian Grey, Adiós hijo".
