Capitulo 37

Cuando finalizó la cena, Jasper se había calmado gracias a la enorme cantidad de vino que había bebido y la poca comida con que lo había acompañado. Se le había ocurrido pensar que quizá los norteamericanos eran diferentes en la manera en que manejaban determinadas situaciones y esa posibilidad fue lo que, en realidad, alivió su ira. Después de todo, Alice podía perder la paciencia frecuentemente con él, incluso con sus amigos, pero no recordaba haberla visto enfurecerse delante de extraños y bien podía considerar que Maria era una extraña.

Por otra parte, las mujeres acataban ciertas reglas de conducta cuando estaban juntas. Dos mujeres podían ser enemigas acérrimas, capaces de estrangularse en privado y, sin embargo, comportarse como perfectas amigas en público.

Una vez que había comenzado, encontró otras excusas para la aparente indiferencia de Alice ante la situación. Podía sentirse intimada por la sofisticación y elegancia de Maria. La educación de Alice la hacía ser ignorante del protocolo social. Ni siquiera se había cambiado para la cena, todavía llevaba la ropa que había usado en la llegada, mientras que Maria estaba espléndida con su vestido nuevo de seda blanca y sus abundantes joyas. Indudable y maliciosamente, se destacaba.

La había visto hacer esto antes y nunca le había molestado. Hacía alarde de sus joyas frente a otras mujeres, forzando a que las miraran como si se tratara de trofeos. Estos trofeos eran tres vueltas de perlas alrededor del cuello, diamantes en las orejas y no uno sino cuatro anillos en los dedos, cada uno de los cuales valía una pequeña fortuna. Y aprovechaba cada oportunidad que se le presentaba de hacer gala de ellos frente a Alice.

Esta noche esta costumbre le fastidiaba, no tanto por la competitividad típica de Maria, sino porque su amante tenía joyas que él le había regalado, mientras que su futura esposa no tenía ni una chuchería. ¿Cuánto más molesta estaba Alice aunque ocultara su envidia cuidadosamente?

Eso era algo que, al menos, él podía rectificar y antes de marcharse de la ciudad -desde luego esa noche ya que partirían a primera hora de la mañana-. No le importaba si tenía que sacar a un joyero de la cama. No iba a permitir que su prometida llegara a Cardinia y que pareciera más insignificante que el miembro de menor rango de su corte.

No se le ocurrió pensar a Stefan mientras partía con este fin en mente junto a Serge y varias botellas de vodka que les permitieran mantenerse, que dilataba -más bien evitaba- tomar una decisión respecto a Maria y eludía quedarse solo con ella. Cuando lo pensó, naturalmente se disgustó consigo mismo. Sin embargo mientras regresaban a la casa con un pequeño estuche lleno de joyas en el asiento junto a él, se le ocurrió otra razón para posponer un enfrentamiento con Maria, la cual fue más lógica que el resto. Estaba demasiado ebrio como para tomar una decisión esa noche, para un lado o para el otro. Por otra parte, había llegado a la conclusión de que debería, verdaderamente, esperar a la mañana siguiente y antes hablar con Alice a solas. Si le hablaba pestes de Maria, entonces, decididamente, dejaría ir a su amante. Pero si no decía absolutamente nada al respecto entonces sabría que las excusas que se le habían ocurrido eran sólo eso y que, realmente, no había para ella ninguna diferencia en lo que hiciera.

Esa era su intención final, pero no había contado con una amante decidida a volver a reclamarle. Cuando entró, tambaleándose a la habitación que Sasha le había preparado, en lugar de aquella que había compartido con Maria antes de marcharse a América, se encontró con ella acurrucada en la cama esperándole.

—No era necesario que cambiaras de habitación, Jasper, sólo por las apariencias —le regañó gentilmente—. A tu pequeña princesa no le importa dónde duermes.

Eso no fue lo más sabio que le podría haber dicho en ese momento. Ella se dio cuenta cuando él apoyó el estuche con joyas que llevaba en la mano y la miró con ojos chispeantes. También notó que no estaba exactamente sobrio. Eso, al menos, podía contar a su favor. Sin embargo también dudó de esto cuando su voz sonó tan escalofriante.

—No recuerdo haberte invitado aquí, Maria.

Intentó obviar el comentario con una sonrisa.

—No tenías que hacerlo, cariño. He compartido tus habitaciones durante los últimos dos años. ¿Desde cuándo necesito una invitación?

Tenía razón por supuesto. También le estaba obligando a tomar su decisión sobre ella de inmediato, cuando ya no estaba tan sobrio como para hacerlo. Pero, en realidad, no había ninguna decisión que tomar ¿o sí? No era simplemente que quisiera a Alice. Había mucho más, todo lo que ella le había hecho sentir. Con Maria lo único que sentía era un deseo de no herirla, producto de dos años de familiaridad y de cierto cariño que se había alimentado con el paso del tiempo.

—Maria...

—Ven, Jasper, déjame que te ayude a acostarte —le interrumpió rápidamente antes de que pudiera decirle que se marchara—. Comprendo que has bebido demasiado esta noche y que, probablemente, no me necesites. Pero, por lo menos, permíteme que te haga sentir cómodo.

El se acercó a la cama y ella inmediatamente levantó las mantas, lo cual le permitió ver que estaba desnuda. Lo que siempre le había gustado más de Maria era su cuerpo y ella lo sabía. También sabía que, como la mayoría de los hombres, se volvía amoroso cuando estaba ebrio y tenía deseos de hacer el amor aunque su cuerpo fuera agradable o no. A ella nunca le había gustado complacerle en estas ocasiones pero esta noche era, decididamente, una excepción: su futuro estaba en juego. No era estúpida. Sabía que las cosas habían cambiado para él. El solo mirar a esa maldita princesa fue lo único que necesitó para darse cuenta de que a Jasper no le importaría en absoluto casarse con esa perra, o acostarse con ella. Pero una criatura tan bella nunca le querría. ¿El lo sabía?

Si no lo sabía, Maria tenía que asegurarse de que lo supiera. Al fin y al cabo era la amante de un rey. Había tolerado a Jasper durante dos años esperando pacientemente que Peter muriera o que abdicara en favor de su hijo. Cualquiera de las dos posibilidades le venía bien. Ahora que una de las alternativas se había producido finalmente, no estaba dispuesta a perder su posición sólo porque Jasper tuviera que casarse.

Cuando él permaneció de pie contemplándola, sin hacer ningún movimiento para sentarse a su lado, comenzó a sentir pánico. Se preguntaba si cualquier cosa que pudiera hacer o decir en ese momento serviría de algo. Si verdaderamente se había enamorado de esa mujer... Esa horrible idea le hizo arrodillarse suavemente delante de él.

—Tonto —dijo frunciendo los labios mientras extendía los brazos para quitarle la chaqueta—. No podrías haber elegido un momento más inoportuno para beber demasiado. Tal vez no me quieras esta noche pero después de una ausencia tan larga yo no puedo decir lo mismo. Supongo que puedo esperar si debo hacerlo. Y, realmente, no puedo culparte después de ver cómo esa mujer se comporta contigo. Haría que cualquiera se emborrachara.

Jasper no se molestó en corregirla sobre el estado en el que se encontraba. No estaba tan cerca de la ebriedad como para no poder tirarse encima de ella en esa cama y hacerle el amor toda la noche. Y después de su propia abstinencia, ridículamente prolongada, sin ninguna duda le llevaría toda la noche antes de que estuviera satisfecho por completo. Pero como se trataba de la cama equivocada y de la mujer equivocada, no dijo nada. Sin embargo no pudo dejar su comentario sobre Alice.

—¿A qué comportamiento te refieres?

—Bueno, a la manera en que te ignoró por completo durante la cena. Y ni siquiera le importó que vieras lo buena amiga que se había vuelto de Lazar.

La insinuación le hirió como una navaja afilada. La única razón por la que no sangró fue porque conocía bien hasta dónde llegaba la lealtad de Lazar. Pero el dolor de las "amistades" de Alice con otros hombres seguía presente y no podía agradecerle a Maria que se lo recordara.

—Se me ocurrió pensar —dijo en tono riguroso— que su comportamiento esta noche podía atribuirse al hecho de haber presenciado la insensata muestra de afecto hacia mí cuando llegamos. Ella es mi prometida, Maria. Podrías haber actuado de otra manera y no ser tan obvia respecto a quién eras tú.

La furia le estaba devolviendo la sobriedad pero fue la palabra "eras" lo que aumentó el pánico de la muchacha.

—Pero si no me había dado cuenta de que estaba contigo —insistió con la esperanza de aplacarle y disculparse al mismo tiempo—. Además estaba tan feliz de verte que no pude controlarme, sé que me comporté de forma descuidada y no volverá a suceder pero a ella no le importaba, Jasper. Sé que no le importó.

—¿Cómo lo sabes?

Maria bajó la mirada simulando una negación a seguir hablando. Incluso logró quitarle la camisa mientras él esperaba su respuesta. Su concentración era tan grande que ni siquiera era consciente de lo que ella estaba haciendo.

Finalmente repitió la pregunta ya no en un tono moderado.

—¿Cómo lo sabes?

Siguió sin mirarle mientras le abría suavemente la parte delantera de los pantalones.

—Lo siento, Jasper, pero hablé con ella largo rato esta tarde.

No dijo nada más obligándole a extraer una confesión de su parte.

—¿Y?

—Dijo que se sentía aliviada de saber que tenía una amante que no te haría fastidiarla a ella en ese sentido.

Jasper se alejó de ella. Su ira era diez veces más intensa.

—¡Maldita sea! ¿De veras te dijo eso?

—Y más —dijo Maria mientras se sentaba en los talones. Pensó que era una lástima no haberle quitado los pantalones antes de que comenzara a caminar. Tal vez no amara a Jasper pero era un amante magnífico y le había echado de menos en su ausencia aunque sólo fuera por eso.

Se dio la vuelta rápidamente para mirarla.

—¿Qué más?

—Jasper, no vas a querer oír esto —cuando vio que había fruncido el entrecejo, Maria se dio cuenta de que había evitado lo suficiente una respuesta—. Bueno, admitió que no soporta tus... es decir, no le gustan...

No prosiguió, pero clavó la mirada en la mejilla izquierda de Jasper. Las cicatrices se crisparon, luego desaparecieron. Su rostro se había oscurecido por el arrebato de cólera. Maria le miró con asombro. Dios, era un hombre apuesto cuando no se le veían las cicatrices. Era una lástima que ella misma les tuviera tanta aversión. Por supuesto, sin ellas sabía que nunca habría podido conquistar a este hombre, de manera que era una aversión que guardaba estrictamente para sí. Ahora que el daño había desaparecido, Maria se sintió segura en sus críticas a la princesa.

—Es sólo una muchacha presumida, Jasper, ¿qué puedes esperar entonces? Ella sabe lo bella que es y sabe que podría tener a cualquier hombre que quisiera...

—¡Suficiente!

Jasper no podía creer cuánto podían doler esas palabras. Era exactamente lo que había temido, que Alice no pudiera ignorar su rostro desfigurado. Debería haber sabido que mentía cuando dijo que apenas había percibido sus cicatrices debido a sus ojos. Su constante rechazo hacia él era prueba de ello. Y el hecho de que se entregara ocasionalmente a sus besos era exactamente lo que había supuesto desde un principio: era una prostituta de corazón y también en la realidad. ¿Pero presumida? No, eso era simplemente una suposición de Maria. Nunca había conocido a nadie menos presumida o vanidosa que Alice. Pero eso era lo único que podía ver a su favor por el momento. No se había dado cuenta de que Maria se había acercado, pero sintió sus pechos frescos sobre su torso desnudo antes de que le envolviera con los brazos.

—Déjame ayudarte a olvidarla por un instante, Jasper —ronroneó la muchacha—. Sabes que puedo hacerlo.

Sí lo sabía. También necesitaba una mujer tanto que tenía un dolor intenso. Y esta mujer sabía cómo hacerle sentir placer con las habilidades de una ramera.


hola hola ke tal el cap? jeje espero no odien tanto a Jazz jeje graxias x t2 los reviews ehh jejeje

y espero + + + + + + + + + + + + + ++ + + + + reviews

cuidenc