Capítulo 35
Es tiempo de saber la verdad
Él monstruo intentó incorporarse pero cuando apenas se colocó de pie un poderoso ataque de agua lo tiró al suelo. Todos se quedaron impactados por la potencia que tenían cada ataque que Chiaki realizaba, sus shikigamis solo estaban petrificados evitando moverse. Por primera vez, veían a su señora usando sus verdaderos poderes de hechicera. Ella seguía caminando hacia él si aminorar el paso, lista para lanzar su próximo conjuro pero el vampiro ya enojado, contraatacó con miles de murciélagos que explotaban alrededor de ella, pero no le hicieron daño gracias al escudo formado por el brazalete.
-Solo eres una maldita bestia del mal…y yo acabaré contigo- con su poder, le lanzó una ráfaga de ataques eléctricos que lo paralizaron por completo. Este usó su recurso de esconderse en las sombras para atacarla por detrás pero una ventisca lo lanzó lejos de ella.
-esto es imposible, yo bebí de tu sangre mezclada con la de él- exclamó señalando al guerrero rojo. -¡Yo debo tener el poder de tu ancestro!- de pronto abrió su boca liberando a una humareda de gases tóxicos. Chiaki usó el poder del cielo para volar y esquivar el ataque. .-No escaparas de mi- él abrió sus alas y despego en dirección a ella. La sacerdotisa al verlo tan cerca invocó a sus guardianes a través del brazalete.
Todos aparecieron alrededor del enemigo impidiéndole atacar a su ama. –Es tu turno Zenki…- el guerrero no esperó más e inicio el contraataque con su potente hacha de Deva. Todos le siguieron luchando en contra del vampiro que esquivaba los ataques con dificultad. De un lado o del otro siempre aparecían ágilmente para atacarlo pero gracias a sus gases tóxicos lograba escaparse de ellos.
-¡Sago, aleja los gases con tu ataque de remolino!- el guerrero verde obedeció automáticamente invocando sus torbellinos de aire que absorbían los vapores venenosos del grupo. – ¡Saeki, atácalo con tus burbujas explosivas!- igual que su hermano, la demon lanzó su poderoso ataque aturdiéndolo en sus movimientos de escape. -¡Goki, golpéalo con tu Dragón de Fudo!- el guardián azul aprovechó la confusión de su enemigo al golpearlo con fuerza en la espalda expulsándolo por los cielos.
-¡Zenki atraviésalo con el poder del hacha!- su shikigami colocó todo su poder en su arma lanzándola hacia su adversario picándolo en dos mitades. – ¡Vasara haz lo tuyo!- de las manos del líder de los demons, salió una bola de energía negra que impactó en las partes de su enemigo eliminándolo por completo de la faz de la tierra.
Los que se hallaban en tierra, observaban atentos las ordenes que la sacerdotisa les daba a sus shikigamis y estos las obedecían sin chistar, estaban más que impresionados por la forma en que unía sus poderes para acabar con el enemigo, algo que se les hizo difícil sin la guía de su hechicera. Todos descendieron hacia el grupo celebrando la victoria.
-¡Viste eso hermanita, de esa cosa no quedó ni el polvo! Tu amor platónico sí que sabe borrar el rastro de los enemigos- él cruzó los brazos en su pecho y miraba con picardía a su pariente.
-¡Él no es nada mío Sago! ¡Deja de decir tonterías!- Saeki se sonrojó y gritó enojada con los brazos tensos a los lados a su hermano bocón, volteó para ver a su maestro y al mirar sus ojos serios fijados en ella, giró enojada caminando hacia el grupo. Goki no pudo evitar reír ante la situación cómica de sus compañeros pero al ver a su ama, la sonrisa desapareció de su rostro.
-Chiaki…- Zenki estaba parado frente a la sacerdotisa que tenía sujeto uno de sus brazos, ella caminó lentamente cabizbaja hacia donde estaban todos mirándola compasivamente. De pronto, algo la elevó del suelo y observó cómo su guerrero guardián la llevaba cargada en sus brazos. –Yo la llevaré al templo dentro de un rato, ustedes adelántense- y con esto, se alejó del lugar internándose en el bosque. Corrió un largo trecho hasta dejarla en la raíz gruesa de un enorme árbol.
-pensé que íbamos a casa- él se arrodilló frente a ella tomando su mentón, elevándolo para poder ver su rostro. Sus ojos violeta-grisáceos estaban oscuros llenos de tristeza y dolor. La victoria no significó nada para ambos porque al fin y al cabo no recuperaron a su hijo.
-Dentro de un rato. Quiero verificar si estás bien en verdad-
-sabes que no lo estoy. Solo deseo irme e intentar continuar con mi vida- ella desvió la mirada hacia el enorme árbol que los cubría con sus extensas ramas, sin duda era un espécimen majestuoso e imponente en el bosque. – ¿Por qué me trajiste hasta aquí?-
-A pesar del todo el tiempo que pasó, este lugar aún conserva su belleza de hace siglos. Yo venía a este terreno cuando necesitaba pensar y alejarme por unos instantes del viejo hechicero. Era cómodo dormir entre sus raíces y debajo de sus ramas porque te cubrían por completo del sol o del frio de la noche.- él también observó a su alrededor recordando las veces que dormía en ese sitio, las ocasiones que pensaba sentado en la parte superior del mástil. –Quiero hacer un trato contigo.-
La miko enseguida fijo sus ojos en su guardián. -¿Un trato?-
-Sí. Si en estos 5 meses te recuperas de esto, te prometo darte una sorpresa que te agradara en este lugar- él volvió hacia ella sentándose a su lado.
-¿Y si no me recupero?-
-Pues voy hacer todo lo posible e imposible para cambiar eso, tengo mis recursos y varias cartas bajo la manga. Pero quisiera que fuera por ti misma que te recuperes-
La joven suspiró y extendió su mano para aceptar el trato. –Está bien, lo acepto- sin esperar a más, agarró su mano y la jaló hacia él para cargarla de nuevo. -¿esta vez puedes ir caminando? No quiero llegar tan pronto-
-De acuerdo- Chiaki dejó caer su cabeza en su pecho mientras disfrutaba del paseo silencioso a través del frondoso bosque.
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2 meses después…
-Chiaki tengo hambre- era un viernes por la noche en la tranquila ciudad de Tokio, en el departamento los niños estaban inquietos por el hambre que tenían, la miko estaba cocinando con una pequeña niña a su lado jalándole el pantalón.
-La cena estará lista en unos minutos Kitsugu. Tienes que ser paciente- virtud que seguramente no heredó de su padre. Era igual que él de impaciente cuando era relacionado con comida. La niña hizo un berrinche saliendo del lugar con los brazos cruzados y sentándose frente al televisor a ver la comiquita que su hermano menor disfrutaba. En ese instante, la puerta se abrió permitiéndole la entrada a un pelirrojo que venía cansado. Después de saludar a sus hijos, fue a la cocina a dejar la bolsa que traía.
-Lo mandó la abuela Nagi. Son Yakitokis y algunos Ikinari Dango, los puedes servir en la cena. ¿Ya está lista?- el joven guerrero se acercó detrás de ella para ver que cocinaba, a propósito la tomó de la cintura abrazándola.
-Estará lista en algunos minutos. Eres igual que tus hijos, son impacientes por la comida- exclamó sarcásticamente colocando una mano encima de la de él que rodeaba su cintura. –Zenki recuerda lo de hoy-
-Tranquila. Lo haremos después de la cena.- antes de irse le dio un beso en la mejilla y fue a ducharse y cambiarse. Ya en pocos minutos todos estaban sentados en la mesa a comer, Chiaki le daba el biberón a Kidou, Kitsugu hacia un desastre con el arroz y las brochetas de pollo para intentar comerlas y Zenki estaba sentado a su lado intentando comer y arreglar el caos de comida de su hija. –Quédate quieta y come una cosa primero-
-Kitsugu, nadie te va a quitar la comida a así que puedes comer tranquila. No es necesario que te metas todo a la boca- Chiaki limpió su boca con una servilleta y luego acomodó los platos de la niña que los tenia desordenados. La pequeña afirmó y comió con moderación pero después volvió hacer el desastre con los dulces que su padre les trajo para la cena.
Ya pasadas las horas y después de dormir al niño y acostarlo en su cuna, Chiaki cargó la niña hasta el cuarto que ella y Zenki compartían, la dejó en la cama frente a su padre que estaba recostado en contra de la cabecera, la sacerdotisa tomó su puesto al lado de la chiquilla. -¿Qué hice mal ahora?- dijo cruzando sus bracitos.
-Nada por ahora. Solo queremos hablar algo contigo sobre tu madre- la mirada de ella se iluminó al pensar que por fin vería de nuevo a su progenitora después de tanto tiempo. Durante días preguntó de cuando seria su regreso pero nadie le decía nada certero de ella, ahora sabría toda la verdad.
