Angela miro a las chicas por el retrovisor y su ceño se frunció levemente pero guardo silencio.

El retorno a casa estaba siendo bastante incómodo para Frankie y su madre. Desconocían completamente lo que ocurría con la pareja que horas antes se habían encontrado sonrientes y felices casi luminosas al mostrar su amor al mundo pero algo había cambiado abruptamente. Maura y Jane que iban en el asiento trasero no se miraban con dulzura, no había risillas cómplices o susurros que acarrearan las mismas, solo silencio. El espacio del asiento ocupado por el aire entre ellas era más que evidente y cada una miraba por su ventanilla sumidas en sus pensamientos aunque el agarre entre sus manos se mantenía firmemente sujeto por ambas mientras se turnaban para cada tanto mirar a la otra, temerosas de lo que esta se guardaba.

-Bueno, llegamos.

Soltó Frankie fingiendo una sonrisa relajada al girarse sobresaltando a la pareja que no había notado su arribo al hogar de la forense.

-Que bien, estos zapatos nuevos me están matando –. Dijo Angela abriendo su puerta para salir aunque antes se tomó un instante para empujar a su hijo para que la imitara.

Este solo dejo escapar un leve sonido de asentimiento antes de casi correr fuera. Cuando Jane lo vio hacerlo volteo hacia su novia y le detuvo la mano que ya sujetaba la manija.

Le sonrió con dulzura al captar su mirada –Permíteme...

Fue lo único que dijo antes de salir corriendo del auto al que le dio la vuelta para abrirle la portezuela a la forense que no pudo evitar sonreírle encantada por el detalle aunque al instante su corazón se estrujo un poco al cruzar de nuevo por su mente la realidad.

La morocha ignoraba lo que pasaba o al menos fingía hacerlo; con una sonrisa tomo delicadamente la mano de Maura y la ayudo a bajar para luego comenzar su andar hacia el hogar de esta.

-Pues... no fue tan malo como imagine.

Maura sonrió –Pero si era evidente cuanto querías huir al estar en el escenario.

Jane hizo una mueca –Estúpido alcalde, ahora no dejaran de molestarme en la estación con su tontería de bati chica –. Farfullo molesta.

La forense rio –Técnicamente no te llamo de esa forma.

-Lo sé, pero yo misma comienzo a imaginar los apodos... bati chica me gustaría –. Afirmo la detective con una sonrisa casi infantil que volvió a robar unas cuantas risas de su amada pero no tantas como lo deseaba.

Maura guardo silencio un momento pero luego sonrió –Su capa es muy elegante y fácil de combinar con otros vestuarios.

Jane sonrió y volteo a verla encantada de ver como Maura también lo hacía por su ocurrencia pero ninguna dijo nada más.

Entraron a la casa donde Frankie se encontraba tirado en el sofá ya sin la casaca del uniforme o la corbata, suspirando agotado por las pocas entrevistas en las que tuvo que participar como hermano en el cuerpo de la heroína. Angela por su parte, se encontraba en la cocina y no porque tuviera hambre, solo pensó en poner agua hervir para un futuro té que tal vez relajara las cosas entre la pareja pero al verlas entrar se alejó del lugar tomando sus pertenencias que descansaban sobre la barra.

-Bueno niñas, yo me retiro a descansar –. Se acercó y abrazo a Maura dándole un silencio consuelo que la mujer agradeció sin palabras aferrándose a la italiana –Hablen... todo se puede arreglar hablando –. Maura asintió cerrando los ojos con firmeza para evitar derramar alguna lágrima. Se alejaron lentamente y la italiana acaricio con dulzura la mejilla de la forense mientras se cercioraba en silencio que no requería ayuda pero esta le sonrió tratando de mostrar que todo estaba bien.

La mujer asintió para luego acercarse a su hija que se hallaba conversando, o mejor dicho molestando a su hermano que se había puesto de pie en cuanto escucho la despedida de su madre que sin que Jane lo esperada la sujeto entre sus brazos –Siempre odiare esta profesión que elegiste... pero también, siempre estaré orgullosa de todo lo que haces por ayudar a los demás... solo no olvides también pensar en ti, cariño.

-Lo hare, má –. Susurro la morocha dejándose mimar un poco por su madre pero luego la dejo ir.

Ambas mujeres se despidieron de los Rizzoli con una sonrisa que se desplomo en cuanto la puerta se cerró. Por unos momentos permanecieron inmóviles solo observando la madera pero de la nada, Maura se dirigió hacia la cocina sonriendo al ver el agua que comenzaba a burbujear mientras Jane se desprendía de la casaca que dejo en el mismo sitio en la que había descansado la de su hermano, cerca de la puerta principal, y a ella la siguió su corbata a la que miro acariciando la tela recordando como hace apenas unas horas todo era maravilloso.

-¿Té? –. Pregunto la cobriza en un susurro.

-Gracias pero prefiero una cerveza –. Jane se giró y camino hacia la nevera –No pude beber nada por culpa de esos fotógrafos –. Hizo un gracioso mohín que le arrebato una sonrisa a su novia que también se dirigía al electrodoméstico –Déjalo, yo la tomo...

-Yo quiero dártela –. Refuto Maura.

Topándose frente a la puerta del aparato, a la que la forense se apresuró a tomar pero la detective sin agresión pero si con firmeza la empujo para que se volviera a cerrar a la vez que arrinconaba a su novia contra esta.

-Ok, no puedo más... ¿Qué pasa?

Maura le rehuyó a su mirada –No pasa nada.

Trato de huir pero su novia suavemente la sujeto por las caderas deteniendo sus movimientos –Vamos, Maur... estas distante... muy lejana desde que el sr. FBI hablo con nosotras. Así que algo pasa, suéltalo.

-"Soltarlo" es un verbo mal aplicado ya que a lo que...

El discurso fue cortado por los labios de Jane que dulcemente cubrieron los de la cobriza que no tuvo fuerzas para apartarlos. De hecho, sus brazos rodearon el cuerpo de su novia acercándola más mientras se aferraba a ella con todas sus fuerzas; la detective solo se dejó mientras sus brazos hacían lo propio y su boca saboreaba el temor de su pareja.

Al separarse, Maura oculto su rostro en el hombro de la morocha sin aflojar ni un poco su agarre aunque esta no lo pidió. Jane suspiro abrazándola por los hombros y beso delicadamente su coronilla.

-Ves cómo pasa algo... doctora le ruego me diga que es lo que pasa por su cabeza.

La forense cerro sus ojos con fuerza impidiendo que sus lágrimas tocaran la blusa de su novia –Solo... solo me hago a la idea.

Jane hizo un gesto confuso –¿A la idea?... ¿qué idea?

-Que vas a irte a Washington –. Afirmo Maura apartándose de su novia para mirarla directamente con una sonrisa llena de orgullo pero con un deje de tristeza.

La detective no pudo evitarlo y rio por lo bajo negando silenciosamente pero al notar la mirada seria de su novia se detuvo para acariciarle la mejilla con una sonrisa –Yo pensaba que te habías dado cuenta de que no... pues, digamos que... no pertenezco a tu círculo social...

Maura levanto su ceja levemente sin comprender –Siempre he sido consciente de ello.

La morocha por un momento se debatió entre tomar eso como una ofensa pero mejor lo dejo de lado y negó –No hablo exactamente sobre eso sino que... pues... yo no puedo darte lo mismo que ese hombre "mano larga" al que pensé en romperlo los dientes.

Maura sonrió y se abrazó más al cuerpo de la morocha –Me pregunto ¿cómo te contuviste?

-Oh, de primera instancia iba a hacerlo pero luego me detuve...

-¿Porque? –. Cuestiono la cobriza con incredulidad.

Jane bufo con molestia –Bueno ya, Gab y Carol me detuvieron.

Maura asintió sonriendo –Eso tiene más sentido...

-¡Ey!

-... pero dejando eso de lado. Jane, yo te amo por quien eres no por lo que tengas en tu cuenta de banco –. Susurro la cobriza antes de besar con dulzura a su novia que lo disfruto cada instante que duro.

-Qué bueno, porque ahí no hay mucho que digamos –. Ambas rieron un poco permaneciendo con sus frentes unidas hasta que el silencio volvió –Entonces, volviendo al tema solo diré que te olvides de esa idea... elimínala porque no pasara.

La voz segura y firme de la detective dejo entrever que esa era su decisión y que ya se encontraba más que tomada pero Maura de inmediato salto alejándose por completo de su novia –Pero ¡¿porque?!

-Porque no quiero... no pienso hacerlo –. Aseguro Jane –No está en mis planes próximos así que no y ya está. Problema olvidado.

-Jane vi cómo se iluminaba tu rostro.

La morocha suspiro y sonrió acariciando la mano de Maura que lentamente sujeto –Es cierto pero mi cara se ilumina millones de veces más con solo mirarte... simplemente no hay comparación y jamás podrá haberla. Para mí, eso es lo importante.

Maura sentía su corazón latir acelerado y tenía unas tremendas ganas de saltar sobre la morocha que de alguna forma se las había arreglado para enamorarla un poco más en un instante pero su mente se negó a hacerlo, la culpa comenzaba a nacer en su interior y no sabía cómo hacerle frente sin sufrir aunque al parecer no existía manera.

Por el momento lo dejo de lado, tal vez sus labios no habían reclamado los de la morocha pero los de esta si lo habían hecho. Y ahí atrapada contra la nevera siendo seducida por los labios y manos de su amada, no existía forma alguna de que pudiera pensar coherentemente.

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La luz del sol apenas se encontraba cambiando los tonos del cielo cuando Jane ya se encontraba en la calle vistiendo ropas deportivas, corriendo con la mente perdida y no exactamente a causa de las pocas horas de sueño.

Sus labios y manos habían jugueteado por la piel de su amada durante un largo rato después de la gala, aun cuando ambas deseaban dar un paso más ninguna se lo permitió aun cuando sus ropas eran barreras casi desaparecidas para cuando detuvieron sus besos. Luego de algunas risas y abrazos controlados hasta que sus mentes y cuerpos se calmaron lo suficiente, la morocha volvió a la antigua casa de Dean. Aun cuando trato de dormir más de un par de horas, su mente se negó a tranquilizarse y el final es más que evidente.

La brisa fresca de la madrugada coloraba sus mejillas pero no le importo aun cuando le daban cierto dolor pero este era casi desapercibido en comparación con el de su hombro que se negaba al zarandeo pero se lo aguantaba porque al final ni eso importaba tanto como lo que rondaba su mente que era lo mismo desde la noche, la próxima reunión con Constance Isles.

Hace mucho que la había conocido. No era una mala mujer pero en su mente no dejaba de rondar su nivel social y como esta era consciente de lo que ella con llevaba, como si fuera de la aristocracia del siglo XIX; con lo cual no solo su comportamiento y aspecto seria observado detenidamente en cuanto cruzara por el umbral de la casa o mansión, no estaba segura de cual era pero tenía cierta idea de que lo más seguro es que se tratara de la segunda, todo esto aumentaría hasta niveles insospechados en cuanto le fuera contado la relación que sostenía con su única y adorada hija. Casi podía sentir en su pecho las dagas que sus ojos lanzarían al saberlo y no quería ni imaginar su opinión de ello.

Así que su gran problema, a lo que le había dado vueltas en su cabeza sin parar durante toda la noche era a que posición tomaría. Con una sonrisa en su rostro supuso lo que Maura diría en cuanto su madre se tratara de oponer a la relación pero desdibujando la ternura en su mirada se preguntó si se atrevería a interponerse entre madre e hija. Amaba a su forense pero… ¿tendría el valor de quitarle a su familia?

En el fondo, sabia la respuesta a esa pregunta aun cuando su corazón se revolcara de solo pensar que tuviera que hacerlo…

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El sudor frio se deslizaba por su nuca mientras su pie tamborileaba contra el suelo del auto ecológico, su mirada no dejaba de reflejarse en el espejo lateral de su puerta revisando con suma atención que su cabello aun no hubiera perdido el control y que su tenue maquillaje estuviera perfecto mientras su mano derecha sobaba incesantemente la cicatriz en la palma de la izquierda.

En silencio; Jane observo las casas que desfilaban por su ventanilla, tensándose un poco más al darse cuenta de que su destino se encontraba muy próximo según se lo iban diciendo las propiedades de tamaños enormes como el de institutos o al menos cinco veces el hogar Rizzoli.

Maura la observaba en silencio y no pudo evitar sonreir levemente al ver la seriedad con la que su novia se tomaba el encuentro; su ansiedad era más que evidente ya que todo su cuerpo lo gritaba pareciéndole una niña pequeña que había sido llamada al despacho del profesor. No le gustaba para nada y con suavidad le tomo la mano que con cuidado llevo hasta sus labios para depositarle un beso justo sobre su cicatriz.

-Todo estará bien –. Dijo la doctora volteando un instante.

-Me alegro que al menos alguien lo crea –. Susurro Jane mostrando una extraña mueca en lugar de una sonrisa.

Maura rio por lo bajo –Mi madre es una mujer moderna y lo comprenderá... y aunque le cueste, hare que lo haga.

-Eso es lo que me preocupa –. Suspiro la morocha.

La doctora rio de nuevo con un poco más de fuerza –Parece que pensamos lo mismo –. Jane la miro sin comprender –Cuando se lo íbamos a decir a tu madre, yo pensaba las mismas cosas...

Su novia sonrió –Viva la uni mente.

Al fin, ambas rieron abiertamente dejando escapar su tensión en sus carcajadas hasta que el auto se detuvo en el mismo instante que sus voces.

-Bueno, henos aquí.

Jane se fijó en la enorme mansión que frente a sus ojos se alzaba con imponencia y el ánimo se le esfumo mientras Maura hablaba por intercomunicador de seguridad que de inmediato le dio paso haciendo a un lado la gran reja de metal finamente diseñado. Los jardines verdes que rodeaban la casa eran dignos de fotografía y las flores coloridas reunidas en ciertos puntos le daban un toque distinguido por alguna razón junto a los pocos pero enormes arboles casi empujados a los costados para que no irrumpieran en la imagen de la casa. Sin duda, todo un hogar de alto estatus.

El auto volvió a detenerse sobre la gravilla que crujía bajo sus ruedas, esta vez de manera definitiva como fue evidente en cuanto el motor guardo silencio. Maura desabrocho su cinturón de seguridad para luego girarse un poco hacia su morocha que continuaba con los ojos bien abiertos clavados en el edificio, el sonido de su propio cinturón fue lo que la llamo de vuelta a su doctora a la que encontró a su lado sonriéndole con dulzura.

-Esto no es un error ¿cierto? –. Soltó Jane sin pensar pero al notar como la cobriza se tensaba entristeciéndose la sujeto de la mano –Maur, no me refiero a nosotras... nosotras nunca seremos un error, al menos para mí.

-Para mí tampoco –. La doctora coloco su otra mano sobre la mejilla de su novia atrayéndola hacia ella sin que hubiera ninguna negación presente por la otra parte –Y es mi madre, no puede haber error en tratar de incluirla en mi vida como ella lo pidió... –. Suspiro bajando la mirada –También tengo miedo y mucho, pero soy tan feliz a tu lado que quiero compartirlo con el mundo y ella es fundamental en mi mundo.

Jane sonrió notando a la pequeña interior de su amada hablando y tomo aire armándose de valor –Y tú lo eres para el mío, y si esto es importante para ti con eso me basta para saber que no es un error. Vamos allá y deja que el encanto Rizzoli se ocupe de todo, veras como a tu madre le fascino.

Le dio un rápido beso a la cobriza y se dispuso a bajar antes de que su valor de emergencia se evaporada pero fue detenida por la forense que la miro con intensidad.

-¿Qué?

-Dime que no me dejaras, pase lo que pase.

Jane la miro con amor –Maur, ya probamos que ni las balas podrán alejarme de ti así que no creo que exista algo más fuerte que ello.

La cobriza sonrió estremeciéndose al recordar aquel terrible momento y todos los que siguieron pero aun así asintió alejándolos de su mente –Aun así, promételo.

-Lo prometo, mi amor –. Unieron sus labios en un tierno y suave beso que duro algunos instantes, al alejarse sin despegar sus miradas sonrieron –De todos modos, no creo poder vivir sin ti.

-Eres el oxígeno de mi corazón, así que me pasa lo mismo...

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Las puertas ante ellas fueron abiertas por un hombre mayor de traje impoluto, su semblante serio y firme casi idéntico al de un guardia ingles se ilumino visiblemente al ver a la cobriza que sonrió abiertamente. Soltó la mano de su amada que por un momento dejo de ver el fastuoso interior para ser testigo del evidente cariño de Maura hacia el hombre que trato de permanecer serio pero le fue imposible en cuanto la mujer se lanzó a sus brazos, su mirada y movimientos corporales se transformaron en un instante para dar paso a un afectuoso hombre con tintes paternales incluyendo el momento en que se fijó en la morocha a la que observo con ferocidad haciéndola dar un paso hacia atrás sorprendida. Todo sin que la cobriza se diera cuenta ya que aun permanecía entre sus brazos.

-Tío Albert, cuanto tiempo –. Susurro la mujer cerrando los ojos permitiendo que sus recuerdos infantiles se asomaran mostrándole al único que siempre había estado a su lado procurándola y queriéndola como propia.

-Mi querida niña, me temo que demasiados... mi corazón brinca de felicidad al verla bien, tan feliz.

El abrazo se fue aflojando hasta desaparecer volviendo ambos a las formas correctas. Maura sonrió abiertamente y de inmediato miro a su espalda donde Jane permanecía alejada observando hacia cualquier lado menos al hombre amenazante pero de golpe fue sujetada por la mano que la jalo introduciéndola en la casa.

-Soy feliz, tío. Ella es Jane Rizzoli... mi... –. La morocha observo como su novia se sonrojaba poniéndose nerviosa de golpe frente al hombre al notarlo miro peor a la pobre detective que quiso desaparecer –Mi novia... es mi novia.

El hombre asintió lentamente mirando de arriba a abajo a Jane que deseo tener su arma con todas sus fuerzas –Ya veo... ya veo... –. La observo unos segundos más pero noto la expectativa en los ojos de la cobriza y sonrió levemente –Me alegro mucho por ti, pequeña. Espero que sean muy felices por un tiempo infinito.

-Gracias, tío Albert –. Soltó anime Maura, ignorando como Jane asentía sin parar al entender la silenciosa indirecta.

-Pasen, la señora no debe tardar en bajar... está muy emocionada por verte, hija.

Maura sonrió y camino junto al hombre conversando del estado de salud de este, sin soltar en ningún momento a Jane a la que casi arrastraba mientras observaba maravillada el hermoso y amplio vestíbulo.

Las escaleras se encontraban frente a ellas, eran levemente curvas y parecían ser de mármol blanco que casi resplandecía al toque de la luz. Por ellas descendió Constance Isles sonriendo con real alegría y animo que su velocidad hacia evidente, su hija no la había visto pero Jane la observo a cada paso que esta dio notando su traje hecho a la medida ligero y fresco, o al menos eso le pareció junto el pensamiento de que sin duda era caro para ser algo solo de uso hogareño pero supuso que era lo normal en ellas. Era como si hubiera salido de una sesión fotográfica y sonrió recordando como antes le parecía que lo mismo ocurría con la forense.

-Maura, querida –. Dijo Constance al encontrarse a un par de escalones del suelo.

Enseguida Maura volteo a verla sonriendo, soltó la mano de Jane que no se quejó solo miro con una sonrisa en su rostro como la cobriza se lanzaba a los brazos de su madre con cierta efusividad controlada que fue bien aceptada por la mayor que la aferro sonriendo con cariño.

-Buen día, madre.

-Bienvenida a tu hogar –. Susurro su madre y así como el abrazo llego se terminó aunque las mujeres aún se sujetaban de las manos mientras sus miradas escaneaban a la otra cerciorándose que todo estuviera bien. Constance de inmediato sintió y vio feliz energía en el semblante de su hija que casi lo gritaba, entonces fue que se fijó en Jane que se había mantenido un par de pasos alejada para darles intimidad –Jane es un placer verte de pie y tan bien recuperada. Bienvenida a nuestro hogar.

Jane se sobresaltó un poco cuando escucho que se dirigían a ella pero no lo demostró y sonrió tan relajada como podía –Gracias, sra Isles. Tiene una casa esplendida.

La mujer sonrió complacida y soltó a su hija para darle un abrazo a la morocha que se sorprendió un poco –Constance, querida. Dime Constance y gracias, es un trabajo en proceso.

-Ah... –. Dejo escapar Jane y al ser soltada miro a su alrededor preguntándose como aquello podía ser aún mejor.

-Vamos al jardín, el día es precioso y podremos disfrutarlo junto al almuerzo –. Constance volteo a ver a su mayordomo que de inmediato le hizo una leve reverencia antes de girarse para ir a verificar que todo se encontrara en orden pero se tomó un momento para dirigirle una mirada agresiva a la morocha que salto sorprendida.

-¿Qué ocurre? –. Susurro Maura tomándola de la mano notando la palidez en el rostro de su amada que solo le sonrió forzadamente.

-Nada, nada. Todo bien.

-Síganme...

Obedecieron a las indicaciones de la matriarca y caminaron a su lado. Su agarre de manos en ningún momento se apartó aunque parecía mas que Maura se aseguraba que su amiga llegara a su destino ya que se encontraba distraída mirando a su alrededor caminando como si estuviera en formación, por alguna razón temía romper algo y su novia lo noto teniendo que aguantarse las ganas de reír. Constance las observaba en silencio con una leve ceja levantada.

En cuanto salieron al exterior, Jane no pudo evitar soltar una exclamación admirada al ver los jardines traseros que simplemente eran maravillosos con flores por doquier a diferencia del frente. Brillantes colores casi opacaban el césped pero este tenía un verde tan intenso que simplemente era imposible no verlo, los arboles enormes rodeaban el entorno y en el centro un par de árboles de sakura rodeados por un riachuelo artificial finalizaban la obra.

-No me diga que esto tan bien es un trabajo en proceso, porque no veo como puede ser más hermoso –. Susurro Jane olvidando las formas y de inmediato las risas de las mujeres Isles la hicieron caer en cuenta.

Constance negó sonriendo –No, Jane. No lo es –. La morocho asintió avergonzada –Tomen asiento, por favor.

Y al apenas hacerlo, frente a ellas comenzaron a desfilar varios platillos que lucían deliciosos aunque algunos le eran desconocidos a la detective que guardo silencio mientras las mujeres Isles discutían un poco sobre si aquello era demasiado para un almuerzo siendo al final. Constance la vencedora, simplemente su hija no pudo negarse a que le dijera que nada era mucho para su hija.

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La comida desapareció poco a poco mientras conversaciones afables y banales por igual transcurrían pero el tiempo fue llegando, y fue más que evidente.

Constance le dio un pequeño trago a su taza de té con su mirada fija en la morocha que le sonreía a su novia que trataba de darle un trozo de kiwi –Dime, Jane –. De inmediato el juego se detuvo y esta volteo hacia la matriarca que le sonreía con cierta sequedad –¿Qué tal tu recuperación?

Jane se aclaró la garganta y sonrió –Lenta pero no puedo quejarme.

-¿Volverás al servicio?

-Aun... aun no sé si me será posible –. Respondió la detective con desánimo y de inmediato su mano fue tomada por Maura que le sonrió tratando de animarla.

Constance asintió –Me apena escucharlo, eres una gran policía según me han dicho conocidos en los mandos y por supuesto mi hija.

-Gracias, solo hago mi trabajo.

Maura observo en silencio a su madre y de golpe se tensó. Constance sonrío levemente –No creo que tengas nada de qué preocuparte, tengo entendido que te opero Anne O´Neal... su familia y la nuestra hace mucho que son amigos y socios en materia médica, ella es una gran cirujana con estudios en el Alemania, si mal no recuerdo. Por su gran y fuerte amistad con Maura, sin duda se esforzó al máximo contigo.

Jane apretó la quijada asintiendo y cuando al fin pudo forzó una sonrisa lo más amable posible –Supongo que lo hizo –. Maura estaba a punto de replicarle a su madre pero el apretón que su novia le dio la silencio –Aunque me gustaría pensar que ella hizo su trabajo al máximo por la simple razón de que es su labor.

Constance rio asintiendo –Por supuesto –. Observo a la pareja un instante –¿Cuándo partirás a Washington? Tengo entendido que tus esfuerzos han dado frutos.

Esta vez fue el turno de Maura de tensarse mientras en Jane nacía una silenciosa duda que ignoro y solo sonrío –No aceptare el trabajo.

-¿Porque? Es una gran oportunidad de ascenso –. Dijo la sra. Isles manteniendo su mirada en la morocha que respiro profundamente manteniendo su sonrisa.

-Lo es... pero para mí hay cosas más importantes que el subir rangos y esas cosas.

-¿Falta de ambición o miedo al fracaso? No lo esperaba de ti, Jane.

-¡Madre! –. Soltó Maura con enojo a punto de ponerse de pie pero el agarre de la detective la detuvo.

-Está bien, Maur –. Susurro esta mirándola y le guiño el ojo sonriendo dejándole ver que estaba bien, que lo soportaba mientras su mente forma una idea que le hacía comprender el porqué de las palabras de la dama pero lo dejo de lado girando su rostro para encarar a Constance que lucía un aire imponente que trataba de atemorizarla pero se negó a sucumbir –Ninguna... simplemente mis ambiciones son más hacia el corazón, no hacia mi billetera o rango.

-¿Segura que no tu billetera?

-¡Basta! –. Maura golpeo la mesa con su mano libre mientras sus ojos cargados de enojo se concentraban en su madre que ni se inmuto –Pero ¿qué es lo que te ocurre? Madre. Estas siendo muy ofensiva con Jane y eso es algo que no te permitiré...

Jane sonrío mirando a la sra. Isles que hacía lo mismo –Yo te digo que pasa, Maur... es simple, tu madre ya sabe lo nuestro ¿cierto? Sra. Isles.

-Constance, por favor –. La mujer le dio un sorbo a su té permitiéndose un instante para analizar la confusión en su hija que lo dejo de lado para encararla con firmeza.

-¿Es eso cierto? –. Cuestiono Maura y su madre asintió como si nada –Pero ¿cómo?... Olvídalo, no importa. Pues es verdad madre, amo a Jane y quiero estar con ella el resto de mi vida. Tu aceptación completaría mi alegría pero debo serte sincera y aun sin ella no dejare de amarla, no me apartaría de su lado aunque tú lo pidieras... no sabría vivir sin su amor.

Lo último lo dijo mirando a Jane que le sonrío abiertamente mostrándole en su mirar que pensaba lo mismo y sin importarle la presencia de la sra. Isles beso su mano con devoción.

-Ya veo –. Susurro Constance rompiendo su momentánea burbuja. Se puso de pie y le dio la vuelta a la mesa para abrazar a su hija que se dejó hacer con cierta confusión en su mente –Verte feliz, me hace feliz.

Los ojos de Maura brillaron por las lágrimas que a toda costa trato de evitar que cayeran, lográndolo casi con completo éxito. Jane se puso de pie al ver como Constance se situaba ante ella.

-Sé que siempre la cuidas y la cuidaras bien pero no está de más pedirlo –. La mujer rodeo entre sus brazos a la detective que sorprendida se dejó hacer –Amala tanto como puedas, solo eso te pido.

-Lo hare y no porque lo pida sino porque no puedo evitarlo –. Susurro Jane sonriendo con sinceridad.

-Bueno… –. Constance soltó a la morocha –Esto merece un delicioso postre de festejo.

Maura sonrío asintiendo mientras su madre miraba al mayordomo para darle la silenciosa indicación. Este desapareció para regresar en un instante cargando una torre de pastelillos que hicieron brillar los ojos de la cobriza que los recordaba como sus predilectos y que solo le permitían comer en su cumpleaños o vacaciones fuera del internado que en ocasiones no abundaban.

-¿Cómo lo supo? Constance –. Pregunto Jane con curiosidad hasta que dio un salto alarmada –¡¿Mi madre se lo conto?!

La mujer no pudo evitar dejar escapar una carcajada –No, no me lo dijo Angela y mira que hemos hablado mucho últimamente –. La pareja la miro sorprendida pero esta solo les sonrío de nueva cuenta dejando eso de lado –Jane, querida. Tengo amigos en toda clase de posiciones y eso incluye a algunos editores de periódicos importantes.

-Le avisaron –. Susurro la morocha.

-Así es –. Constance tomo un pastelillo –Mañana saldrán en múltiples diarios nacionales, como noticia por tu premiación y en la sección de sociales donde se dará a conocer su relación. Se ven bien en las fotos.

Jane se sonrojo de sobremanera al recordar aquella donde se habían besado sin tapujos y lo mismo le ocurrió a Maura que dejo de comer cerrando su boca con firmeza mientras el tono de su rostro casi igualaba su cabello y de alguna manera esto aumentaba al escuchar las risas de su madre.

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La hora de la despedida llego y Constance acompaño a la pareja hasta la puerta con una sonrisa.

-... mañana debo partir a Paris para terminar de arreglar mi próxima exhibición.

-Que tenga un buen viaje y gracias por su hospitalidad –. Se despido Jane para luego alejarse y darles algo de intimidad.

Maura se lanzó a los brazos de su madre que la recibió aferrándose a ella con amor y dulzura –¿Realmente no estás en contra?

-No –. Constance sonrío con los ojos cerrados disfrutando del momento -Quiero que seas feliz y veo que con ella lo eres... eso es lo más importante en el mundo para mí.

Maura sonrío aferrándola con un poco más de fuerza –Gracias...

-A ti por incluirme en tu felicidad –. Constance sonrío realmente feliz de ya no ser un fantasma lejano en la vida de su hija.

-¿Volverás pronto?

El corazón de Constance se estrujo un poco al recordar como de pequeña su hija con lágrimas cayendo silenciosamente le hacia la misma pregunta cada que debía partir por negocios –Lo hare.

Pero en esta ocasión no hubo lágrimas sino todo lo contrario; beso las mejillas de su hija y la dejo partir casi corriendo hasta Jane que la aguardaba con una sonrisa recargada en el auto. Y sonrío mirándolas pelear por quien conduciría, y no pudo ser más feliz al verlas.


Hola

¿Les gusto? Espero que si y sí no, pues déjenme un comentario diciéndome en que me equivoque. Una disculpa por lo exageradamente largo que salio... y eso que falto algo mas que tendrá que quedarse para luego. Ni modo.

Saludos