¡Hola, lectoras! ¡Primer capítulo del 2012 :D! Espero que hayan empezado muy bien el año, y que sigan así. La verdad es que me divertí escribiendo este capítulo, y espero que ustedes realmente lo disfruten al leerlo. Por último...perdón, sé que me quejo mucho cuando siento que algo no quedó bien, es solo que...quiero darles buenos capítulos. Creo que ya estoy completamente recuperada del bloqueo, y eso me alegra ;) ¿Podrían dejarme reviews, por favor? Me ayudan mucho a escribir, y desde luego, me alegran como no tienen idea. ¡Gracias! ¡Disfruten!

Aviso: La serie Glee y sus personajes no me pertenecen. Son propiedad de FOX, Ryan Murphy, Brad Falchuck, e Ian Brennan. Yo solo los uso para entretenerme escribiendo :)


Diciembre llegó en un abrir y cerrar de ojos. Lo que me tenía más feliz, sin duda, era el saber que mis bebés estaban creciendo. Sí, tal vez mi figura había desaparecido por completo, pero… ¿cómo podría quejarme?

Sin embargo, había algo que me estaba preocupando desde que había llegado el mes…mi cumpleaños.

Muchas mujeres dicen que una vez que se cumplen los treinta, los demás años no importan, pero a mí sí me molestan...es inevitable.

Las chicas y yo nos reunimos en una cafetería cerca de la boutique de Mercedes con el propósito de organizar nuestros planes para las próximas fiestas decembrinas. Agradecí que estas fueran un poco más importantes que el día en el que yo cumpliría un año más de vida.

-Bueno, pues…anoche un chico se me insinuó. Me invitó a su departamento, y…tuvimos una primera cita genial. Aún me sorprende lo directo que fue cuando me pidió que me divirtiera con él-dijo Mercedes.

-Oh, vaya- comentó Quinn-Un chico le propone a Mercedes darse un revolcón… ¿quién dice que el romance ha muerto?

Solté una carcajada.

-No fue…un revolcón. Fue una cita-aseguró Mercedes-Una cita de verdad, lo cual significa que no funcionará.

-Me sorprende que hayas cedido a ella- dijo Tina, seriamente.

-Bueno, como les dije, solo fue una simple cita. Creo que hemos quedado como amigos. Además, no me gustaría volver a tener una relación por ahora, son demasiadas complicaciones. Mi vida es perfecta tal y como está en este momento…

Suspiré. La soltería para Mercedes era como la virginidad para cualquier otra chica; algo sagrado y personal que no estaba dispuesta a perder pronto.

-Me gusta tu actitud, Mercedes-dije- Lo importante es experimentar, disfrutar, vivir…

-Eso es lo que yo estoy tratando de hacer-suspiró Tina-El divorcio es mucho más complicado de lo que me imaginaba…

-¿Cómo va la situación?-Quinn la miró preocupada.

-Bastante bien, en realidad-admitió Tina-Sin embargo…es un proceso largo.

-¿Estás segura de que quieren hacerlo?-se me salió preguntar.

Tina bajó la vista, y todas guardamos silencio por un minuto. Finalmente asintió.

-De acuerdo…a otro tema-decidió Mercedes-Este fin de semana, ¡Rachel cumple treinta y dos años!

Me sobresalté.

-¿Acaso tienes que gritarlo?-pregunté.

-Sería divertido que tomemos la ciudad, ¿no les parece?

La miré con frustración.

-No es ocasión de celebrar-dije-De hecho, he decidido quedarme en los treinta. No treinta y uno, sino treinta.

-¿La estúpida teoría de la edad perfecta?-preguntó Quinn.

Me encogí de hombros.

-Es solo que… a pesar de que me preocupé mucho porque el momento llegara, fui muy feliz en ese año. Ya saben, Finn y yo nos casamos, nos mudamos, viajamos, nos divertimos…todo fue perfecto, y ahora que…pronto seré madre, espero que las cosas resulten igual de bien.

-Deberías de aceptar los años que vas a cumplir-me dijo Tina-Es momento de mostrar madurez…

-Ninguna de nosotras es lo suficientemente madura de cualquier manera-comentó Quinn-Déjala que mienta sobre su edad, es algo inteligente…

-Entonces… ¿dónde celebraremos el cumpleaños número treinta de Rachel…tercera parte?-quiso saber Mercedes.

-Lo siento, tengo que trabajar horas extra para salir de mi edificio-contestó Quinn-Solo así tendré lo suficiente para invertir en mi nuevo consultorio.

-Yo tengo que revisar unas cosas del divorcio-dijo Tina.

-Bueno, si no lo celebramos… ¡mucho mejor para mí!-exclamé.

Mercedes dejó su café a un lado y nos miró a todas con indignación.

-¿No vamos a celebrar el cumpleaños de Rachel porque ninguna quiere quedar?-preguntó-Demonios…


Por la noche, decidí tener un maratón de películas de Judy Garland mientras Finn llegaba.

Kurt y Blaine habían tenido una cita, y yo me encontraba más sola que nunca.

Estaba recostada, comiendo golosinas, cuando la puerta de la habitación se abrió, y Finn se acercó con una sonrisa.

Puse pausa a la película que estaba viendo, y me acerqué a Finn sin salir de la cama. Él se sentó en la esquina, y cuando estuve lo suficientemente cerca, le di un suave beso en los labios.

-¿Cómo estuvo tu día?-le pregunté.

-Bien-sonrió- ¿Y el tuyo?

-Bien-admití-Lo único malo es que está por acabarse, lo cual significa que ahora quedan menos días…

Finn soltó una carcajada.

-Por cierto… ¿qué haremos para celebrar?

-¿Celebrar?-abrí los ojos como platos-¿A qué se debe la ocasión?

-Oh, vamos, Rach, no me digas que te quedarás sin festejar tus treinta y dos…

-¡Shh!-lo interrumpí-¡No menciones ese número!

-¿Qué tiene de malo?-inquirió, divertido- Deberías de agradecer que tendrás otro año más de vida…

-Lo sé, pero… ¿por qué tiene que representar justamente esa cifra?

-Eres igual de dramática a cuando te conocí en la preparatoria-rió-Todo va a estar bien, los cumpleaños son geniales.

-Y tú eres igual de inocente a cuando te conocí en la preparatoria-comenté –Es obvio que no te das cuenta de la crisis por la que estoy pasando…

-Ya fue suficiente, Rachel Hudson-dijo- Celebraremos tu cumpleaños porque como tu esposo, quiero consentirte, así que ya no lo discutiremos. Relájate, será divertido.

Di un largo suspiro.

-Eres increíble- me quejé-Y no lo digo como un cumplido.

-Ahora… ¿qué hay para cenar?-preguntó con una sonrisa.

Volví a recostarme, y me tapé el rostro con una almohada.

-¿Rachel?

Trató de acercarse a mí, pero antes de que lo hiciera, le di un almohadazo.

-No lo sé… ¿por qué no vas a prepararte algo?

Soltó una risotada que me frustró aún más.

-¡Aún así no cambiaré de idea!-exclamó, mientras salía para la cocina.


-Bueno, cariño, tal vez no quieres celebrar, pero…tengo que darte un regalo-me dijo Mercedes, una tarde en la que me pasé a visitar su boutique.

-Está bien-me resigné-Puedes darme lo que quieras mientras no menciones mi cumpleaños, o el número treinta y dos.

-¡Entonces programaré una cita para aplicarnos botox!-exclamó emocionada.

-Tranquila, he dicho que acepto un regalo, no una tortura.

-Entonces…un día de spa, ¿qué te parece?

Sonreí.

-¡Por fin nos estamos entendiendo!


Y tres días antes del no tan esperado día…

Los chicos y yo estábamos comiendo tranquilamente y nadie había sacado el tema de mi cumpleaños, por fortuna, hasta que Blaine terminó su comida y tuvo que mirarme con una sonrisa.

-Entonces… ¿tienen planeado celebrar los treinta y dos años?-preguntó.

-Treinta, Blaine, treinta- lo corregí.

Finn soltó una carcajada.

-Rachel no quiere hacer nada, pero ya le he advertido de que no podrá escaparse…

Y en ese momento, Kurt escupió su bebida, sobresaltándonos a todos.

-Lo siento-se disculpó, limpiando-Pero… ¿acaso escuché bien? ¿No celebrarás tu cumpleaños?

Asentí.

-Estoy perfectamente bien en este momento, y además…Tina está pasando por un momento difícil, Quinn está muy ocupada, no creo que debería hacer una fiesta…

-Parece que el embarazo te ha afectado-dijo Blaine, desconcertado.

-En realidad, puede que haya algo-dijo Finn.

Lo miré con suspicacia.

-¿De qué hablas?

Antes de que me pudiera contestar, mi móvil sonó, y tuve que pararme para atender. Odiaba las llamadas en medio de la comida, y odiaba tener que ponerme de pie cuando estaba sentada, y los bebés se encontraban en una posición cómoda, pero ya no necesitaba darles más motivos a los chicos para que me consideraran la persona más amargada del mundo.

-¿Hola?

-¡Rachel!-exclamó Mercedes.

-¿Qué sucede?-pregunté, dando un suspiro.

-¿Te importaría recibir a Maxime?-preguntó-Quisiera que me prestaras el vestido que diseñé exclusivamente para ti hace un mes y así tomarle una fotografía para un nuevo catálogo. Te lo regresaremos más tarde, lo prometo.

-Mmm…de acuerdo-acepté-Te escuchas diferente, ¿está todo bien?

-Sí, no te preocupes, y gracias.

-No hay de qué.

-Hasta pronto…

Colgué, aún tratando de descifrar el tono de la voz de Mercedes, y regresé al comedor.

Mi esposo, su hermano, y el novio de este me miraron divertidos.

-¿Qué está sucediendo?

-Nada, solo estamos…comiendo.

-Claro…

Me senté de nuevo, y entonces tocaron a la puerta.

-Vaya, pero si fue rápido-comenté-Mercedes apenas me acaba de avisar que vendría.

Kurt trató de no reírse, y logró disimular a tiempo.

-¿De quién hablas?-me preguntó.

No le contesté, pues fui a atender, y ahí estaba, justamente, Maxime, que venía acompañado de otro chico…

-Hola, hermosa-me saludó, dándome un beso en ambas mejillas-Este es Leo…

-¿DiCaprio?-preguntó Kurt.

Blaine le dio un codazo.

-Hola…supongo que vienen por mi vestido, ¿cierto?

Maxime asintió.

-Bien, pasemos a mi armario…-me dirigí a los chicos- ¡Ahora vuelvo!

-Que te diviertas, Rach- me dijo Finn.

Me desconcerté un poco, y guié a Maxime y a su acompañante hasta mi armario. Entonces me di cuenta del enorme bolso que Leo cargaba.

Entramos a mi habitación, y entonces, Maxime me sentó en una esquina de la cama. No era un plan de violación, desde luego que no…Leo deshizo la trenza que tenía en el cabello, y se sacó un peine de la manga para comenzar a cepillarlo. Maxime sacó un estuché de maquillaje de la nada, y comenzó a seleccionar brochas.

-¿Pero qué demonios?-pregunté, confundida y enojada.

-Lo siento-dijo Máxime-Las chicas han decidido prepararte una fiesta, y la única manera en la que pudieras estar lista para ella era raptándote.

-Esto es innecesario-me quejé-Llamaré a Finn…

-Oh, él está totalmente de acuerdo con esto-me aseguró Máxime-Era la única manera en la que aceptarías.

-Maldición…

-No hables así querida, tendrás una fiesta de cumpleaños…

-No lo puedo creer-dije-Como si hacerse más vieja no fuese ya bastante traumático…

Ambos chicos siguieron experimentando conmigo, y a pesar de que estaba furiosa, ya que me tenían ahí en contra de mi voluntad, no me moví.

Tal vez el masaje que Leo le estaba dando a mí cabello era lo que me estaba reteniendo.


Un poco después, Kurt y Blaine entraron, y quedaron fascinados mientras veían como trabajaban los chicos.

-Creo que me encargaré de buscar su atuendo-dijo Kurt, entrando a mi armario como si fuera el suyo.

-Puedo ayudarte si quieres…-dijo Blaine, siguiéndolo.

-Vaya, pero, ¿qué haría sin ustedes?-pregunté, con sarcasmo.

En ese momento quedaría bien el título de cuatro hombres y un funeral para la situación. Lo último era referente a mí, desde luego. Estaba sin ánimos.

Maxime soltó una risita, y en eso, Finn llegó a la habitación.

-Wow, Rachel, te ves bien.

-Fuera de aquí, esposo entrometido-le advirtió Maxime-No puedes ver a tu esposa antes de la fiesta.

-Como si no me ha visto en peores ocasiones…-dije.

Quise que Finn se quedara a mi lado. Al menos, él me daba seguridad. Y sí, él también parecía estar detrás de todo el asunto, pero al menos no estaba alisando mi cabello, o aplicándome sombra de ojos.


Después de terminar el peinado y maquillaje, mis estilistas me trasladaron al armario en donde Kurt me dio emocionado un vestido de Alexander McQueen de lentejuelas que solo había usado una vez.

-Lo siento, amigo, ya no me queda- me disculpé, con una sonrisa, aunque no lo sentía en lo más mínimo.

-¡Oh, haremos que te entre!

Resignada, me puse el vestido, pero volví a sonreír cuando no me cerró.

Kurt me estaba esperando ansioso, y cuando salí al armario, lo modelé para él.

-Te lo dije, ya no me cierra.

Kurt miró a Blaine, y éste asintió. Ambos se acercaron a mí, y trataron de cerrarlo.

-¡Con cuidado!-les pedí, tocando mi vientre.

-¡No…cierra!-se quejó Kurt, frustrado.

-Te lo dije…

-De acuerdo- dio un largo suspiro-Usa lo que quieras.

Me envolví en una bata alegremente, y paseé por mi armario para escoger un buen atuendo. Kurt y Blaine me miraron preocupados, hasta que finalmente tomé un vestido de mi ropa de embarazada.

Era un sencillo vestido azul, corto, y con vuelo. Lo había adquirido en una boutique de maternidad justo cuando mi barriga creció del tamaño del que estaba en ese momento.

Me lo puse, y salí a modelarlo con los chicos.

-Pues…es sencillo, pero bonito-admitió Kurt-¿Quién es el diseñador?

-No tiene- respondí-Lo encontré en una tienda de maternidad.

-¿Rachel Hudson usará un vestido diseñado por nadie para su fiesta de cumpleaños?-se preguntó.

-Tranquilo, lo combinaré con unos lindos zapatos…

A Kurt se le iluminó el rostro.

-¿Manolos, por ejemplo?-preguntó.

-Exactamente-asentí-Manolos, amigo…


A las ocho de la noche, Finn terminó de arreglarse, y después de tomarnos de la mano, ambos nos dirigimos a la puerta, donde Kurt y Blaine ya nos estaban esperando.

Ambos se veían muy elegantes, y me dio gusto saber que al menos ellos sí estaban dispuestos a disfrutar de mi fiesta.


Nos bajamos en un club del Lower East Side, y al escuchar el estruendoso ruido de adentro, supe que aquello iba a ser peor de lo que me imaginaba. No tanto por considerarme una aguafiestas, en realidad, estaba muy nerviosa.

Finn volvió a tomarme de la mano, y Kurt y Blaine se formaron detrás de nosotros.

El gorila de la entrada miró a mi esposo seriamente.

-Finn Hudson-dijo él-Estamos aquí para la celebración de Rachel Hudson.

Me señaló, y sonreí, un poco desconcertada.

El gorila revisó una lista, asintió, y quitó la cinta que estaba en medio de nosotros para dejarnos pasar.

Me sorprendió demasiado el ambiente.

Muchos jóvenes y adultos bailaban al ritmo de lo que ponía el DJ.

El club tenía un segundo piso, y arriba se encontraban bailando unas mujeres con poca ropa.

Jalé a Finn, antes de que se percatara de ellas, y seguimos caminando para encontrarnos con los demás.

-¡CHICOS!-gritó Mercedes, a unos cuatro metros de distancia-¡Aquí!

Cuando llegamos a la mesa, y las chicas se acercaron para abrazarme, les dirigí una mirada asesina.

-A mí no me mires así-pidió Tina-Yo tengo muchas cosas que hacer ahora, no tengo tiempo para organizar fiestas.

-¡Teníamos que hacer algo!-exclamó Quinn- Se da la ocasión de celebrar, y tú no quieres hacerlo, es ridículo.

-Bueno, al menos me tranquiliza que no quieres celebrar precisamente el hecho de que me haré más vieja.

-¡Olvídate de eso!-me dijo Mercedes, dándome una copa- Te aseguro que nos divertiremos.

-¿Me estás dando alcohol?-pregunté, extrañada.

-Es piña colada…sin alcohol-me tranquilizó.

-Oh…


Al poco tiempo, tomamos asiento, y saludé a Noah, y a Maxime, que también se encontraban ahí.

-Tenía tiempo de no venir a un club-comentó Finn-Me gusta el ambiente…

-No te estabas perdiendo de nada…-le dije-Tal vez es la crisis de los treinta, o tal vez es el hecho de que me he quedado dormida las últimas veces que he estado en un club, pero…ahora me parece aburrido.

-Lo siento, señorita Hudson-me dijo-Esta noche tendrás que divertirte.

Me miró profundamente a los ojos y supe que me estaba pidiendo que lo hiciera. No quise que me suplicara, así que sonreí.

-Está bien, lo intentaré-acepté.

Finn me devolvió la sonrisa, y me dio un rápido beso en los labios.

Después de eso, ambos entramos en la conversación que tenían mis amigos.


Dos piñas coladas, y unas cuantas risas después, comencé a moverme incómoda en mi asiento, y supe que tenía que ir al baño.

Finn estaba muriéndose de la risa con Puckerman así que no se dio cuenta de que necesitaba usar el servicio, por eso llamé la atención de Quinn, que se encontraba enfrente de mí.

-Quinn…necesito ir al baño… ¿me acompañas?

Para mi desgracia, la música estaba más fuerte que nunca y mi voz apenas y fue audible.

-¿Qué?-preguntó, acercándose-No te entiendo.

-¿Puedes acompañarme al sanitario?-pedí.

-Rachel, más fuerte, la música no me deja escuchar…

-¡NECESITO HACER PIS!-grité.

Todos voltearon a verme cuando se salió gritar aquella pequeña información.

Solté una risita, incomoda.

-¿Me acompañas?-le pregunté a Quinn.

Mi amiga asintió, un poco desconcertada, y yo respiré alivio cuando nos alejamos de todos, que por un momento me miraron raro.


Al llegar a los sanitarios, entré al primer retrete que encontré, y cuando terminé, me miré al espejo con tristeza.

-Estoy en crisis-me lamenté-Estos días me he vuelto demasiado…irritable, ¿qué debería hacer?

-No lo sé- respondió Quinn-Soy el tipo de amiga que algunas veces dice: "Resuelve tus propios problemas". Lo cual, es irónico, ya que mi trabajo consiste en ayudar a gente desconocida a resolver sus problemas.

-Por eso recurrí a ti- dije-Porque se supone que eres psicóloga y puedes ayudarme…

-Solo…-Quinn suspiró-Solo suéltate un poco. Me he dado cuenta de que algunas veces tratas de ser perfeccionista, y eso…eso apesta. Al menos para mí.

-Claro, desde que te has rebelado ya nada es lo mismo.

Quinn soltó una carcajada.

-Vamos, la noche es joven, y aún queda mucha diversión para nosotros.

-¡Espera!-la detuve-Tengo que lavarme las manos…

Quinn sonrió.

-Está bien, señorita del cumpleaños.

-¡Ya basta!-reí.


Regresamos a nuestra mesa, y a los pocos segundos, nuestra mesera se apareció.

Era alta, delgada, y…rayos, no estaba usando sostén.

-Bienvenidos al club-dijo, dirigiéndose especialmente a Noah y a Finn-¿Quieren más bebidas?

-Otra piña colada- le dije, mirándola seriamente.

-Muy bien, ¿algo más?

-Me gustaría que…trajeran la sorpresa para la chica del cumpleaños-dijo Mercedes, señalándome.

La mesera dio brinquitos, emocionada, y Quinn y yo la miramos como si estuviera loca.

Sus senos también habían brincado, y…no era una vista muy agradable para nosotras.

Kurt también se percató de los pechos saltarines y volteó hacia otro lado, disgustado.

-¡Oh, ahora mismo comenzaremos a preparar la sorpresa!-exclamó-¡Enseguida vuelvo!

Miré a Quinn.

-Solo una cosa…-dijo ella, apuntando con dos de sus dedos, uno debajo del otro.

Inmediatamente capté de lo que se estaba burlando, y reí.

Finn parecía confundido.

-¿Acaso cuesta mucho ponerse un sostén?-pregunté.

-Cariño, en este bar te vas a encontrar con muchas situaciones así-me dijo Mercedes-No deberías de preocuparte.

-¡Yo no vi nada!- se defendió Puckerman, antes de que Quinn le dijera algo.

En ese momento, un mesero llegó con un pastel o tarta, que llevaba velas encendidas. Me alegré de que no tuvieras tantas como yo esperaba, pero resultó que el pastel era para una mesa que se encontraba enfrente de nosotros.

Una chica sonrió cuando depositaron la tarta frente a ella, y todos sus amigos comenzaron a cantarle el feliz cumpleaños. Finalmente, apagó las velas, y soltó una carcajada.

-¡No puedo creer que hoy cumplo veinticinco años!-exclamó-¡Estoy viejísima!

Resoplé, y todos me miraron consternados.

-Me parece que eso fue una indirecta-dije.

Finn puso su brazo alrededor de mí, y me dio un beso en la frente.


Un minuto después, la chica sin sostén depositó mi propio regalo enfrenté de mí. Tenía treinta y dos velitas. Treinta y dos malditas velitas.

Suspiré frustrada, y dejé que lo depositara con cuidado en la mesa. Después se le ocurrió ponerme una diadema que rezaba: "La chica del cumpleaños". Desafortunadamente, estaba teniendo una vista desagradable ya que prácticamente me estaba poniendo sus atributos en la cara mientras me acomodaba la diadema.

Milagrosamente, se quitó, y nos dejó solos. Entonces mis amigos y Finn comenzaron a cantarme el feliz cumpleaños.

Tina parecía estar muy divertida-me pareció obvio, después de todas las bebidas que había ingerido-y comenzó a tomar fotos.

Finn besó mi mejilla justo antes de que soplara a las velitas, y Tina capturó el momento.

Entonces pedí mi deseo…

Que todo sea perfecto, pensé. Que mis bebés lleguen bien, que Finn y yo sigamos siendo felices, que mis amigas sean felices…

Todos aplaudieron cuando apagué las velitas, y al poco tiempo se acercaron más a mí.

La mesera de los pechos saltarines nos tomó una foto de grupo.

A pesar de todo, podía presumir que aquella noche había sido realmente perfecta.


Justo el día de mi cumpleaños, me desperté con un beso de Finn, y ya que me había dicho que podía pedir lo que quisiera, le propuse que tomáramos una ducha en la bañera juntos. Aceptó sin ningún problema, ya que desde hace tiempo no teníamos ese tipo de intimidad, y se pasó gran parte de la mañana pegado a mi vientre.

Eso era algo que amaba de Finn. No necesitaba llenarme de regalos. Con su sola presencia y su amor hacía de mi cumpleaños un día increíble.

Sin embargo, no pudimos disfrutar del romanticismo por mucho tiempo, pues Kurt y Blaine ya estaban despiertos y se morían por felicitarme.

Los chicos me regalaron una bolsa púrpura de Balenciaga que bien podría ser gemela de la que una vez me habían regalado las chicas, solo que en otro color.

Les agradecí, y estuve platicando con ellos tanto tiempo que no me había dado cuenta de que Finn había preparado el desayuno.

En realidad, solo había preparado mi desayuno.

Kurt me animó a sentarme, y Finn me entregó mi plato.

Dos panecillos de pita, un poco de fruta con granola, tofú, y jugo de naranja.

Se sentó frente a mí, y me dejó una nota a un lado de mi plato.

"Feliz cumpleaños, princesa. Te amo. Toda la vida contigo. Finn."

Se me había hecho agua la boca al ver mi desayuno, tenía que admitirlo, pero antes de ingerir, me puse de pie, y me senté en el regazo de Finn.

-Te amo- le dije.

-Feliz cumpleaños…-murmuró.

Nos miramos a los ojos, y entonces me acerqué para besarlo con ternura y pasión.

-Ahem -Kurt tosió, interrumpiéndonos-Te aconsejaría que dejaras desayunar a tu esposa, Finn. Recuerda que tiene que comer por tres…

Reí, y le di un último beso a Finn, antes de volver a mi asiento.

Finn miró a su hermano molesto.

-Oh, ya tendrán tiempo suficiente por la noche-replicó Kurt-Como sí no lo supiera.

Volví a reír, y esta vez Finn no pudo resistirse.

Aún era temprano, pero tuve que admitir que mi cumpleaños no estaba siendo tan malo.


Pasé mitad del día en el spa, ya que Mercedes se había encargado de hacerme una cita como regalo, y vaya que lo estaba disfrutando.

Nunca me había divertido tanto por mi cuenta, y tuve que aceptar, que en algunos momentos, es bueno salir solo contigo misma.

No me preocupé por nada, ni siquiera por el estúpido número treinta y dos. Todo estaba bien en el mundo.

Por último, me dieron un masaje en las sienes, y me dirigí, algo somnolienta pero feliz, a mí edificio.

Estaba tan relajada, que mi plan era llegar y tirarme en el sofá. Sin embargo, cuando abrí la puerta, todos mis amigos salieron de su escondite, y Finn fue el primero en saltar.

-¡SORPRESA!

Decir que me sobresalté era poco. Toda la paz que había sentido minutos atrás desapareció, aunque no precisamente para mal.

Los chicos esperaron mi reacción, y Finn se acercó a mí.

Entonces solté una carcajada, y el ruido volvió.

-¡Gracias, chicos!-grité.

Mis amigas se acercaron, y me acorralaron en un abrazo.

Finn nos miró divertido.

-¿Tú planeaste esto?-pregunté.

-Después de la reunión que organicé, tu esposo no se podía quedar atrás-dijo Mercedes.

-Gracias, chicas- las abracé de una por una.

A pesar de que ya lo habían hecho, Kurt y Blaine se acercaron para felicitarme, al igual que Puckerman, Maxime, el pequeño Danny, la pequeña Claire, Larry, y algunos vecinos del edificio.


Unas horas más tarde, las chicas y yo nos quedamos platicando, y aunque el tema central era yo, me preocupé por Tina y le pregunté cómo iban las cosas con ella.

Mi amiga suspiró, y le dio un trago a su copa.

-Pues…he decidido portarme bien-anunció-No voy a buscarme un novio apenas termine mi divorcio y no voy a salir todas las noches para disfrutar mi soltería. Iré despacio, ¿cómo lo ven?

-De la misma manera en la que Rachel ve el botox- respondió Mercedes-Como algo totalmente doloroso.

Le di un codazo.

-Bueno, todo a su tiempo-reflexionó Quinn.


Y para cuando todos se fueron, y Kurt y Blaine se perdieron de vista, Finn y yo nos encerramos en la habitación.

-Estoy emocionada-reí.

Finn comenzó a reír de la misma manera, pero en lugar de besarme, me tomó de la mano.

-Vamos, quiero enseñarte algo-dijo.

Lo seguí hasta la habitación de los bebés, y cuando encendió las luces, quedé admirada.

¡La habitación estaba finalmente terminada!

Las paredes estaban pintadas de color beige, y Finn se ocupó de las cunas.

Una estaba pintada en rosa, y otra en azul.

Había estrellas doradas por todas partes, así como balones de futbol del lado masculino.

Era como si se hubiesen juntado las habitaciones que teníamos Finn y yo cuando éramos muy pequeños.

-¡Me encanta!-exclamé, colgándome en sus brazos-Y me encantas tú… ¿cuándo terminaste esto?

Finn lo pensó por un momento.

-Pues…digamos que aproveché las mañanas en las que te ibas a desayunar con las chicas, y…algunas noches mientras dormías. Es una suerte que no hayas venido a asomarte antes de que estuviera terminado.

Le di un beso, y lo miré con una sonrisa.

-Bueno, ahora regresemos, hay mucho que hacer…

-Rachel Barbra Hudson, recuerda que las paredes oyen-dijo, refiriéndose a Kurt y Blaine.

-No me importa-reí-Es mi cumpleaños, y puedo hacer lo que quiera…

-En realidad, solo te quedan dos horas de cumpleaños…

-¡Entonces vamos a aprovecharlas!


Entramos a la habitación y comencé a desvestirme, cuando Finn me detuvo.

-Aún hay algo más…-dijo Finn, buscando en el cajón de su mesa de noche.

-¿Qué pasa?-pregunté.

Finalmente, sacó una cajita un tanto ostentosa que llevaba un moño rosa.

-Otro regalo-me lo entregó.

Bajé la vista, sonrojada.

-No debiste hacerlo- le dije- Ya me has dado mucho

-Solo quería darte un pequeño lujo…

-Oh, Dios mío…

-Ábrelo, por favor…

Volví a encararlo, y decidí hacerle caso. Abrí la caja, y entonces vi un hermoso reloj.

Un Rolex de oro con diamantes incrustados.

-Esto debió costar mucho-dije, aún sin poder creerlo.

Finn se encogió de hombros.

-Tú lo vales…

-Finn, no sé qué decir…

-Tiene algo grabado por detrás-comentó, sonriendo.

Le di la vuelta, y tuve que sonreír al igual que él al mirar la inscripción.

"Mi estrella…"

-Tú eres mi estrella-me recordó.

En ese momento, volví a sentir varias pataditas, y puse una mano en mi vientre.

Dejé la caja y el reloj en mi mesa de noche, y me reuní con Finn. Lo abracé, y al poco tiempo comencé a besarle el cuello.

-Rachel, espera…-pidió Finn, justo cuando decidí ponerme encima de él.

Mi sonrisa se borró, y sin poder evitarlo, lo contemplé con tristeza.

-Lo entiendo-dije-Hoy me hice más vieja, tengo una barriga enorme, ¿por qué te apetecería revolcarte conmigo?

Finn no pudo aguantarse la risa.

-No es eso, Rach- dijo-En realidad…quiero hacer el amor contigo…

-Yo también quiero…

Nos volvimos a acercar, ahora lentamente, y nos besamos con más ternura. Finn se deshizo de lo que quedaba de mi ropa, y yo me desprendí de su camiseta y pantalones.

Todo era perfecto, justo como lo había deseado. Había sido uno de los mejores cumpleaños que había tenido, sin duda.


Los días pasaron, y cuando menos lo esperábamos, ya estábamos a veinticuatro horas de volver a casa.

Como ya se nos había hecho costumbre, pasaríamos las fiestas en Lima, Ohio, y al recordar que vería a mis padres, a mi suegra, y a algunos de mis amigos me llenaba de alegría.

Por la mañana, un día antes de partir, comencé a sacar el equipaje y a decidir que ropa empacar.

Tenía que hacer espacio también para los regalos que les llevábamos a todos.

Finn se percató de mi frustración mientras trataba de concentrarme en elegir ciertas prendas. Después de todo, también me había ofrecido a empacar las de Finn, y el trabajo era doble.

Busqué entre sus camisetas y pantalones de vestir, y traté de hacer combinaciones.

-¡Todo tiene que estar perfecto!-dije-¡Tú y yo tenemos que estar bien vestidos en todo momento!

Desde la cama, Finn rió.

-Rach, ven aquí, por favor…

-Espera, Finn, tengo que terminar esto…

-Por favor, solo un momento- me rogó, con esa cara a la que sabía que yo no me podía resistir.

Finalmente, dejé las cosas a un lado, y me acerqué a él.

Me pidió que me recostara, y una vez juntos, rodeó mi vientre con su brazo.

-¿Cómo están mis bebés el día de hoy?-preguntó, besando mi frente.

-Un poco insistentes-admití-Llevan moviéndose desde que desperté.

-Tal vez quieren que su madre se tranquilice un poco-supuso- No te estreses, Rach, aún tenemos tiempo para empacar. Y si tienes problemas de prendas, como sueles decir, Kurt podrá ayudarte.

Le di un beso en la mejilla.

-Está bien-acepté.

Y así, nos quedamos por un momento en los brazos del otro, sintiendo la conexión con nuestros bebés, que parecían estar más tranquilos.

Sonreí al sentirme cobijada por mi familia.

Entonces me di cuenta de que…la vida no trata ser perfecta todo el tiempo. En ese caso… ¿Dónde queda la diversión?


¿Y? ¿Qué les pareció? Hasta ahora me doy cuenta de que me faltó incluir a los padres de Rachel felicitándola, o algo por el estilo :S Oh, bueno, podemos imaginarnos que lo hicieron xD ¡Espero que les haya gustado! Si es así, y me dejan sus reviews, me aseguraré de tener el próximo capítulo muy pronto...¡Gracias por leer!

Y hablando del próximo capítulo...los chicos viajan a Lima, lo cual significa que habrá significativos reencuentros, ¿pueden imáginarselo? ;)

¡Ojalá y lo hayan disfrutado! ¡Espero que también dejen reviews! xD Nos seguimos leyendo...