Advertencia: Este capítulo contiene escenas de tortura y esclavitud.


¿Sabes cuál es la comida preferida de las serpientes? Las ratas como tú

16 de febrero.

Abrió los pesados párpados para tentar con la palma de la mano el rugoso suelo y respirar con dificultad el mohoso olor que atosigaba a su pituitaria.

Hermione, al notar que su cuerpo estaba resentido por permanecer en el suelo tumbada, apoyó el codo en la superficie áspera e impulsó el cuerpo con dificultad hasta que pudo apoyar la espalda contra la pared. Sentada, intentó despertar las piernas dormidas sin mucho éxito. Procuró salivar al sentir su boca reseca y pasó su mano por la frente con intención de despegar el molesto flequillo.

Lo que mantenía los flecos de pelo pegados en la piel era sangre seca y no sudor. O eso se imaginó puesto que con la escasez de luz que había en el lugar no podía asegurarse de que aquel líquido viscoso y oscuro que impregnaban su manos no fuera sangre.

Cuando sus pupilas se acostumbraron a la oscuridad pudo darse cuenta de los barrotes que la rodeaban y, a su izquierda encima de una escaleras, se veía la única rendija de luz que formaba la silueta de una puerta.

—¿Ginny? —murmuró, nada convencida de si el montón de harapos que veía en la otra celda era ella—. Dime que no eres tú...

El silencio no fue roto. Echó la cabeza para atrás, golpeándola contra la pared, y exhaló con fuerza en un vano intento de contener sus lágrimas.

El continuo flujo de imágenes en su mente la acosaban: A las cinco de la mañana, recordó haber saltado los escalones del Vestíbulo de tres en tres y de cuatro en cuatro mientras maleficios y contraataques se desperdigaban por encima de su cabeza y enfrente de ella. Escuchaba los gritos de los alumnos, las órdenes de Flitwick en el Gran Comedor y los alaridos de los profesores advirtiendo de que los mortífagos habían roto la barrera mágica y se encontraban en los jardines del castillo. Recordó haberse tirado a un lado para evitar la armadura, viva por la magia, que caía amenazante contra ella dispuesta a proteger las murallas del castillo. Paró su propio peso muerto con las manos, rasgándoselas y cubriéndose la frente con éstas al ver, a metros y metros de distancia, en el césped, cómo Katie Bell gritaba "¡Lávate los dientes, cerda!" y el hechizo de la menor siendo fácilmente desviado por Bellatrix Lestrange.

Hermione se acordaba a la perfección de la sien que notaba bombardear en aquellos momentos y de haber sacado la varita, precipitándose hacia donde se encontraba su amiga, observando al mismo tiempo cómo Angelina Johnson y los gemelos Weasley se perdían a la lejanía junto con Neville, Luna y Cho, directos al Bosque Prohibido. También recordaba haber frenado en cuanto Rodolphus Lestrange se cruzó en su camino, por sorpresa de ambos. El hechizo que Granger le regaló falló por centímetros por el incesante movimiento de la adrenalina, nervios y estrés que cruzaban por todo su cuerpo, y destrozó el pie de la columna que sujetaba una bella estatua, cayendo ésta en la cabeza del mago oscuro. Desvió la mirada con pena y repulsión al presenciar los sesos desparramados en el suelo.

Pudo acordarse de estar varios segundos de pie en el castillo recomponiéndose ante la imagen y sacudiendo la cabeza al analizar con angustia y temor la batalla que se disputaba en cada rincón de su visión, hasta que, de la puerta que daba a las mazmorras aparecieron Malfoy y Greengrass seguidos de la Brigada Inquisitorial. Puaj. Antes de perder la consciencia, la última imagen que vio fue el hechizo de Greengrass golpeando en su cabeza y el de Malfoy poco después.

...

Y ahí estaba al despertarse. En unas mazmorras de vete a saber dónde, sola, ya que no estaba segura de si el muñón de ropa que veía en una esquina era alguien, completamente angustiada, con el cuerpo adolorido y sin varita.

"Estupendo, perfecto, de maravilla." En aquel momento, a pesar de las circunstancias, se alegró de no saber a dónde tenía que haber ido después de llegar a la Casa de los Gritos. De aquella manera, bien podían torturarla de mil formas que no guardaba secreto alguno para soltar. Ni uno.

El rechinar de la puerta de entrada la alertó de sobremanera. Las piernas aún no le respondían así que las recogió para poder apoyar la barbilla en una de las rodillas y disimular su debilidad.

—¿Malfoy?!

El joven bajó las escaleras a ritmo parsimonioso con una bandeja y abrió, haciendo equilibrio para que no se cayera la bandeja, la celda. Sin decir nada, se agachó para dejar el plato largo con el vaso de agua y un trozo de pan al lado de Hermione.

—¿Cómo estás, Granger?

—¿Qué cómo estoy?! ¿Hace falta que conteste?

Draco se puso en cuclillas, posando sus antebrazos en las rodillas y uniendo ambas manos. Parecía muy afligido y preocupado. Hermione terminó de beber de un golpe el vaso de agua mientras le regalaba la peor mirada que pudo.

—Quizás te interese informarte: Pansy y Daphne también están a cargo de dos grupos de búsqueda de los integrantes que lograron escapar del Ejército de Dumbledore, dirigiendo a magos fieles y peligrosos que quieren llegar a tener la Marca ya que ellas se encuentran en la élite en esta guerra por así decirlo. Sobretodo Daphne —volteó la cabeza para asegurarse de que nadie estaba apoyado en la puerta. Susurró:—. Anda como loca buscando pistas del paradero de Potter. Nada más llegar a la mansión preguntó por los caídos y los prisioneros de Hogwarts... No estoy seguro de qué o quién buscaba pero al ver que sólo tú eras prisionera le suplicó al Señor que la convirtiera en mortífaga y la pusiera a cargo de un grupo de búsqueda para ir a por Míster Potito. Créeme cuando te digo que su discurso fue implacable; le contó todo lo que hizo en Hogwarts, los movimientos bélicos que tenía en mente, cuales eran las posibilidades de encontrarle, la gente a quien recurriría, lo que había descubierto hablando con alumnos de otras Casas sobre el Ejército de Dumbledore... En poco tiempo, su voz ha obtenido más peso entre los mortífagos que otros que han estado intentando por años ganarse tal puesto.

Hermione arrugó la nariz sin entender por qué su enemigo le contaba aquello.

—No es por ser grosera pero ¿y a mí qué? La vida de esas dos víboras me importan tanto como el escupitajo de un duende, al igual que la tuya, Malfoy.

El Slytherin sonrió, aliviado. Había dudado de ello, pero parecía ser que había funcionado.

—Sólo quería que supieras cómo está yendo la guerra para vosotros, no suena muy favorable para ti, parece ser que perderéis.

Hubo un momento de silencio en el que Granger aprovechó para mover las piernas, las cuales ya iban despertando.

—No hay ganadores ni perdedores en una guerra, Malfoy, sólo supervivientes. Aunque si sobrevives, entonces repetiré el puñetazo que te di. Y con mucho gusto.

—¿Si sobrevivo? Tendría que decirte eso a ti —agarró aire, frunciendo las cejas de forma lastimera. Aquello era una tortura—. Joder, esto es lo más cruel que te voy a decir en toda mi vida, y que te he dicho.

Pfff ¡Va, Malfoy, no te hagas el bueno ahora!

—Antes de todo, tienes que grabarte con sangre y fuego en la mente de que lo único que debe de importarte es sobrevivir y mantenerte en unas condiciones físicas y psicológicas aceptables por si hay que escapar o pelear, ¿todo claro? Eres una prisionera así que si te tiran de la cadena no te resistas por orgullo porque te apretará aún más y podrías... acabar muy mal. Juré a Pans que te protegería si te encontrabas en peligro, pero esto escapa de mis manos, se me ha hecho imposible pararlo.

—¿Por qué te interesa tanto mi bienestar, mortífago de pacotilla? —se levantó a horcajadas, ya con las piernas activas.

Hermione arqueó las cejas. "¿Juré a Pans?" ¿Qué tenía que ver la superficial de Parkinson en esos momentos?

—Verás, Granger,...

Unos pasos ruidosos que provenían de las afueras de las mazmorras cortaron la frase y la respiración de ambos magos. Hermione apretó la mandíbula observando la espalda de Draco al irse éste a paso apresurado hacia la puerta de salida de las mazmorras.

—¿Qué haces todavía aquí? —Escuchó decir Hermione.

El cuerpo del que provenía la voz continuaba oculto tras la puerta, únicamente, desde aquel rincón, podía ver la nuca del Slytherin.

—Me dijiste que le trajera agua...

—Hace media hora, no creía que hubieras salido con el retraso de tu padre. Vuelve con tu madre —Segundo de silencio— ¡Y cierra el portón al salir! No queremos que el ratoncito escape de la jaula, ¿verdad?

Hermione jamás se imaginó a sí misma arañando y golpeando con desesperación las paredes, gritando interiormente en un intento de buscar salida. Al caer en la cuenta de la inutilidad de aquella acción, recorrió la celda lo más pegada a los ladrillos del muro con la utópica idea de encontrar una vía de escape.

Bellatrix Lestrange ladeó la cabeza con pena fingida mientras observaba el correteo, producto del pánico, de la Leona. No dudó en hablar con un tono infantil:

—Pobre sangre sucia... ¿buscas una salida? Aquí hay una... ven conmigo, pequeña inmunda~

La mortífaga abrió la celda sin esfuerzo y se mantuvo en el mismo punto que antes: frente a la obertura. La demente risotada resonó en las mazmorras en cuanto Hermione se apretujó contra un rincón y se dejó caer de rodillas, sin esperanza alguna. El pánico ya no era energía, en esos momentos se había convertido en el terror que la mantenía quieta, con los ojos apunto de estallar y con una incontrolada respiración. Las historias de tortura y bestialidades que había escuchado tiempo atrás, no eran nada comparadas con tener a la demente presencia enfrente de ella.

Segundos después, el coraje le impactó al cerebro. "¡Eres Hermione Granger y una Gryffindor, actúa!"

Se levantó con los puños cerrados y encaró a la mujer frunciendo los labios.

—Sólo iré contigo para llevarte al infierno, dalo por hecho.

Bellatrix aplaudió lentamente, nada impresionada por la desafiante chica.

—Te olvidas de dos pequeños detalles, basura: tú ya estás en él y yo soy quien lo reina.

El Imperio impactó en el cuerpo de la joven y ésta quedó ausente en vida. Lestrange indicó con un dedo que se acercara a ella y, en cuanto la tuvo enfrente, le señaló a su dedo meñique.

—Veamos cómo de afilados tienes los dientes, ratita.

Hermione, con la boca entreabierta, ojos adormecidos, respiración acompasada, fue levantando su propia mano. La mortífaga se lamió los labios, formando una sonrisa como la del gato Chesire que se ampliaba sincronizada por la distancia que quedaba entre el dedo de Hermione y los dientes.

La Gryffindor pudo tocar con la punta de la lengua su propia uña y quedó la acción suspendida en el aire. El sadismo de Bellatrix consintió que el meñique continuara adentrándose en la cavidad bucal hasta que los dientes incisivos tocaron el nudillo.

—Mmh hmm —aprobó, dando vueltas alrededor de la menor—. Esperemos que aprendas a no morder la mano de quien te da...—viró su rostro hacia la bandeja— pan mohoso y agua, desagradecida.

Se situó a su espalda, entusiasmada por lo que vendría ahora, y agarró la cabeza de Hermione para ladearla pasando el brazo por encima de ella y presionando el costado de la oreja, exponiendo el cuello y la clavícula. Bellatrix se burló soplándole en la oreja y carcajeándose al discernir cómo la piel se erizaba.

—¿Quizás te encante que te dominen? Qué depravada me ha tocado torturar, será difícil lograr que sufras y que aguantes tus orgasmos —clavó con fiereza sus colmillos en la piel expuesta y presionó hasta que consiguió que borbotara sangre. A su desgracia, no pudo escuchar ninguna queja por el maleficio y escupió con repulsión la sangre de su boca. Sonrió con la dentadura rojiza—. Vamos a divertirnos un poco más, ¿qué te parece, querida rata? Te liberaré del maleficio y empezaremos de nuevo, ¿sí? Cerraré la celda, volveré a mandarte una orden y te comerás el orgullo. Y si, sea porque tu estupidez no tiene límites o hayas nacido del vomitado de un Inferi, no te tragas el orgullo, haré que te tragues el meñique.

Al instante en el que el Imperio abandonó el cuerpo de Hermione, ésta cayó al suelo gritando. Se fue arrastrando hasta el rincón de la bandeja y comenzó a temblar de pánico mientras seguía con la mirada, llena de horror, la espalda de Bellatrix salir de la celda. La maga oscura cerró la puerta, cruzó un brazo y con la mano libre se dio ligeros toqus en los labios con la varita, expectante.

—Ven aquí, ratita —empleó un tono alegre, como si en verdad fuera su mascota, pero entrecerró los ojos molesta al ver que su ratón simplemente temblaba en una esquina.

—P-po-por f- —lloriqueó.

—P-po-por, ¿por qué eres tan maleducada? Te he dicho que vengas a mí, ¡ahora!

No pudo obedecer. Hermione empujó sin intención la bandeja que le había traído Draco en un intento de ovillarse en sí misma. "Eres una prisionera así que si te tiran de la cadena no te resistas por orgullo porque te apretará aún más y podrías... acabar muy mal", se repitió el consejo del mago. Era imposible que su cuerpo respondiera ante la amenazante figura que seguía observándola como si fuera una presa. Se sentía como un ratón que había sido abandonado en la jaula de una serpiente con el único propósito de alimentarla.

Ahora no la desobedecía por orgullo, simplemente se encontraba incapaz. Antes de que Hermione siquiera se excusara, se notó volando por los aires y estampándose contra la pared opuesta. Chilló de dolor al volver a repetirse la acción una, dos, tres, cuatro, cinco veces. Cuando el zarandeo cesó y abrió los ojos mareada, pudo sentir dolor en la muñeca izquierda, hinchada por un, supuso, esguince. Discernió en la dominante oscuridad las gotas de sangre salpicando el suelo y que rezumaban de su cuello por la tremenda mordedura.

—Uy, uy que tendremos que arrancarte uno a uno los dedos de tus manos hasta que aprendas...

Hermione tragó saliva y decidió lo único que podía hacer en esa situación: sobrevivir. Sobrevivir por mantenerse cuerda y en buen estado para escapar algún día, y sólo había un modo: Llegar a ser tan sumisa que no pudieran castigarle por ningún error, de esta forma evitaría el sufrimiento innecesario.

Le dio una arcada nada más pensarlo. Esa idea iba todo en contra de lo que era.

—¡No! Basta, por favor, y-yo-—imploró, al percibir a la mortífaga alzar la varita.

—Ven.

Hermione se acercó encorvada a la dominante figura, preparándose para sufrir un nuevo ataque. Nada más llegar, Bellatrix le tiró del pelo obligándola a erguirse hasta estar de puntillas.

—Una rata rebelde tenemos aquí, ¿mh?

—No, de verdad, puedo ser muy obediente.

Aquello provocó que la mayor alzara una ceja y expresara en su rostro sorpresa, extrañeza, complacencia y desconfianza hacia la actitud de la Leona. Demasiado fácil.

—Vaya, vaya, de taaantas veces que me han asegurado los de tu índole que los Gryffindors erais idiotas valientes y orgullosos difíciles de dominar... ¿Y qué me encuentro? Con una ratita temblando dispuesta a lamerme los pies y, si hace falta, incluso a comerse mis botas, ¿me equivoco?

Los colmillos de Lestrange sobresalieron al sonreír. Hermione se fijó en la dentadura podrida y cerró los ojos de inmediato. Gritó cuando Bellatrix clavó sus uñas en la mandíbula al agarrarle la cara.

—N-no se equivoca, señora Lestrange.

—Qué insensato por tu parte nombrar el apellido de mi difunto marido cuando fuiste tú, rata de alcantarilla, quien lo mató.

—¡No fui yo, se le cayó una estatua encima! S-so-solo le lancé... —fue bajando el tono de voz a medida que el amenazador y enfadado rostro de Bellatrix se acercaba al suyo. No pudo virar la cabeza por las garras. Acabó con un muy fino hilo de voz—...un Petrificus Totalus, señora Black.

—Tampoco no era muy querido pero sí tenía más honor que tú, rata inmunda.

La bofetada hizo tambalear a Hermione de lleno y saboreó el metálico sabor de la sangre del labio. No se atrevió a mirarle a los ojos así que regresó a su puesto suplicando a quien diablos pudiera leerle la mente que la salvara de soportar aquella humillación.

El reverso de Bellatrix impactó en la otra mejilla, con resultados similares.

—¿Tienes miedo? —agarró la barbilla de su prisionera e imitó su asentimiento como una niña pequeña—. Bien hecho, síntoma de que has aprendido la lección. Buena chica.

Bellatrix rió entre dientes al tiempo que acariciaba el caótico cabello de la joven y mirándola con ojos enormes y abiertos, tal y como una demente lo haría al jugar con una muñeca que le pudiera cambiar la ropa.

—¿Sabes por qué estás aquí, pequeña?

Hermione negó con la cabeza, exhalando un sollozo por el incremento de fuerza que utilizaba la mortífaga al acariciarle la cabeza.

—¿Dónde es-están Harry y Ron? —inquirió la Gryffindor.

—Oh, qué casualidad que iba a preguntarte lo mismo. Menuda telepatía, ¿no crees? —le sonrió acariciándole la mejilla.

La miró con alegría varios segundos hasta lograr que Hermione le contestara, con cierto alivio, alzando sutilmente sus comisuras. La bofetada que le cruzó la cara logró tirarla al suelo.

—¡NO JUEGUES CONMIGO, SANGRE SUCIA! —se calmó, respirando varias veces y haciendo movimientos exagerados al hacerlo, para regresar a contemplar a la Leona con una sonrisa en los labios, como si nada hubiera pasado.

Granger se alejó de ella sin levantarse del suelo. Era tan imprevisible y sádica aquella mujer que presentía que de un momento a otro la acabaría matando sin querer. Dio gracias por no haber sido maldecida por un Crucio, todavía.

—Acércate, ratita, que no muerdo.

Hermione formó en su cara la expresión de "¿Qué me estás contando?" mezclada con miedo por si le resultaba a la mortífaga irrespetuosa. Ésta puso la atención en el profundo mordisco que tenía la Leona en el cuello y se cubrió la boca con la mano soltando un "Ups".

Al instante, Bellatrix resopló cansada y mantuvo un rostro taciturno digno de un cruel asesino. Nada de bromas, nada de sonrisas, tan solo una gélida mirada que indicaba aburrimiento.

—Levanta, levanta —ordenó con un gesto de mano—. Y acércate. Sé que no tienes ni idea de dónde están ahora mismo, tu amiguita Katie-algo nos lo ha contado todo. Simplemente te estaba gastando una broma, ¿verdad que ha sido muy divertida?

Bellatrix enredó un bucle del pelo de Granger en su dedo índice cuando se encontraba a pocos metros y se entretuvo con él con aire de inocencia. "¿Inocencia? y una mierda", pensó Hermione, procurando no mostrar el continuo dolor que le arrollaba por todo el cuerpo. Sólo deseaba que no se le infectara la mordedura.

La Gryffindor se estremeció al percibir el roce del cuero de la vestimenta de Bellatrix cuando comenzó a caminar en círculos a su alrededor..

—No me mates, por favor...

—Oh, no, tranquila, si mueres será por suicidio —situada tras la espalda, colocó la mano en la frente de Hermione y le tiró la cabeza hacia atrás. La castaña formó una mueca de dolor por el tirón—. ¿Qué eres capaz de hacer?

—C-cualquier cosa. Puedo con todo.

—No conmigo, ratoncita. Por cierto, ¿cómo se siente ser la única inútil del Ejército capturada por nosotros, aparte de la otra?

—Lamentablemente penosa.

—Sí, un adjetivo que os define perfectamente. En fin, no sé qué hacer contigo, sangre sucia, no necesitamos información, sólo a Potter, y no me gusta que no me des juego, me aburren las personas sumisas. Quizás te regale a un licántropo hasta que tus amiguitos intenten venir a rescatarte, ¿te gustaría?

—¡No!

Las carcajadas de la bruja resonaron en la cabeza de Hermione.

—Bella —tenues golpes en la principal puerta azabache de las mazmorras distrajeron a ambas magas—. El Señor desea hablar contigo.

Bellatrix lanzó un Expulso al cuerpo de Hermione y pisoteó con sus tacones a la figura que yacía en el áspero suelo sollozando por el golpe.

—Quiere que traigas a la sangre sucia también —se escuchó, antes de que la mortífaga tuviera tiempo de salir de la celda.

—Ya has oído, levántate.

Hermione obedeció como pudo y se situó tras la maga oscura. Antes de que tuviera tiempo a reaccionar, recibió una dolorosa bofetada y unas esposas aparecieron en sus manos. Pudo notar de inmediato el tremendo dolor en sus muñecas por el agarre.

—No son necesarias porque a la que intentes algo acabarás bajo tierra, sin embargo te recordarán dónde estás —canturreó Bellatrix, abriendo la puerta de salida.

"Como si no lo supiera", pensó Hermione con un tono amargo.

—Como si no lo supieras, ¿eh, ratita?

La maliciosa sonrisa le causó una grima difícil de describir, ¿podía leerle la mente? "Legeremancia", se dijo con un pánico atroz "No, no es posible, notaría que intenta adentrarse en mis pensamientos, ha sido simplemente... lógica"

Pasaron por enfrente de Narcissa Malfoy, quien no le dio ni un rápido vistazo.

-0-

Cuando tuvo a Lord Voldemort a unos metros de distancia, separados únicamente por una larga y lujosa mesa con sus sillas negras, el corazón se le encogió de tal forma que hizo la locura de arrimar su cuerpo a la espalda de Bellatrix en un intento desesperado de desvanecerse y pasar desapercibida.

El temido mago mantuvo una mirada impasible, acariciando a su serpiente que reposaba alrededor de la gran silla.

—¿Qué desea, amo?

—Bella, acércate más —La mujer obedeció, dejando a Hermione abrazándose a sí misma—. Hemos recibido una impactante noticia: resulta ser que uno de nuestros aliados está enamorado de la sangre sucia.

—¿Qué? —se escuchó al unísono.

Los dos magos oscuros dirigieron su mirada a Hermione al tiempo que ésta se tapaba la boca. Bellatrix rompió a reír.

—¿Un sangre pura enamorado de ésta? ¡Si no tiene nada que pueda interesarle!

—Ti-tiene razón —contestó la Gryffindor en un susurro.

¿El mundo se estaba volviendo loco? ¿más todavía?

—Acércate tú también.

Dio un paso temeroso con la cabeza gacha, alzó la vista cerciorándose de que hacía lo correcto e imitó el segundo con la misma lentitud. Lestrange agitó la varita y Hermione se encontró volando y golpeando el suelo enfrente de las botas de la mortífaga. No tardó ni una décima en apoyar las palmas en el suelo y arrastrarse hacia atrás, temblando, hasta que su espalda colisionara con las piernas de la mujer. Ni de broma quería acercarse más al mago más temido de todos los tiempos.

Quizás el refrán muggle de "Más vale malo conocido que bueno por conocer", era un buen ejemplo de su situación.

—¿Quién te quiere, sangre sucia? —inquirió la maga, balanceando el cuerpo de la joven con la rodilla.

—N-no lo sé, estoy tan sorprendida como vo-ustedes, de verdad. Es como decirme que-que-que Molly Weasley se ha unido a los mortífagos por propia decisión. Una locura.

Bellatrix regaló una mirada inquisitiva a su Señor, no obstante, él continuaba engrescado en sus pensamientos al tiempo que escudriñaba a la joven.

—¿Será peligroso dejar que uno de los nuestros sienta algo por... esto, amo?

—Peligroso no, aunque hay que cerrar todas las posibilidades de traición y, claramente, por el nombre al amor se han hecho muchas estupideces.

—¿Y si la matamos? —propuso la mortífaga, hundiendo sus uñas en la melena de Hermione con diversión reflejada en su cara.

—No, la necesitamos viva para atraer al chico y a sus amigos, y tengo la...corazonada de que si atrapamos al traidor a la sangre y estiramos del hilo, más de un posible traidor atraparemos junto a él, quizás incluso estén en contacto con Potter. Estamos en plena guerra, Bella, hay que encargarse de todos los que no se merezcan ganar, sean enemigos o aliados. A más... tengo curiosidad por saber quién es tan osado de unirse a mis tropas sintiendo algo por una sangre sucia.

Bellatrix hizo un puchero como si a una niña pequeña le hubieran quitado el juguete. Hermione se quedó congelada en el sitio sin saber qué pensar. Nunca, jamás, había sentido hablar de que un sangre pura, a excepción de Ron, sentía algo por ella ¿quién? ¿cómo? ¿por qué? ¿se había perdido algo durante todo este tiempo? ¿y, encima, éste mortífago había tenido las agallas de unirse a Voldemort? ¿para qué? Fuese como fuera, sólo estaba segura de que estaban tras la pista del joven y éste se encontraba en problemas muy graves. Sintió lástima por él.

Los pensamientos dejaron de revolotear por su mente nada más vislumbrar por el rabillo del ojo a la enorme serpiente que reptaba hacia donde se situaba ella sentada. Con miedo, se ocultó tras las piernas de Bellatrix y observó al reptil a través del hueco libre, intranquila.

—Por cierto, ya no es Severus el Líder que se encarga de dirigir a los grupos de búsqueda, eres tú —informó Lord Voldemort.

Bellatrix se tomó la frase como una grave ofensa.

—¿Por qué, amo? Yo no quiero estar en inútiles reuniones ni dirigir a una panda de mocosos que no saben ni utilizar un Crucio. Me prometió que podría quedarme por aquí y encargarme de las interrogaciones de nuestros enemigos.

—Como bien sabes, tengo una cierta sospecha hacia Severus y no quiero que exista la posibilidad de que me oculte información sobre el paradero del chico. Y también quiero que te encargues de encontrar a su enamorado y a los que, probablemente, sepan de él y no nos hayan dicho nada. Necesito limpiar nuestras tropas de esta clase de basura, ¿de qué servirá ganar la guerra si sigue habiendo suciedad?

¡Oooogh! ¿Y cómo empiezo? Si ni siquiera la asquerosa sangre sucia tiene una idea de quién puede ser, mi Señor.

—No lo sé, Bella, no es mi trabajo.

—¿De quién recibió la información?

—Según Daphne Greengrass, fue Millicent Bulstrode, ya muerta en la batalla de Hogwarts, por cierto. Bulstrode le comentó que alguien amaba a una sangre sucia, no detalló nada más.

Bahg, Greengrass —escupió el apellido como si fuera inmundicia—. Eso quiere decir que el traidor procede de Hogwarts.

—Eso parece.

—¿Cuántos de la escuela son nuestros aliados, mi Lord?

—La gran mayoría. Eres una de mis mejores armas, Bella, no me defraudes. Será un juego para ti.

—Uno muy aburrido, Señor.

—Puedes divertirte con la sangre sucia, podrás sacarla a pasear y examinar quién reacciona de una manera poco común para un sangre pura y acercarte más al objetivo.

En esos instantes, Bellatrix dirigió una aburrida mirada a la menor que se escondía tras sus piernas en un intento de apartarse de la pitón. Parecían que jugaban a cazador y cazado. Bufó, más desganada.

—Ah, una última cosa más. Es probable que el traidor intente rescatarla así que quiero que la tengas vigilada todo el día; sé un depredador disfrazado de presa.

El bufido de hastío de Bellatrix volvió a oírse.

—Sí, mi Señor.

-0-

Cuando Lord Voldemort se fue del salón de la mansión, los elfos se encargaron de retirar la mesa y las sillas hacia un lado para que el espacio, frente a la lujosa chimenea ya encendida, fuera ocupado por varios sillones a conjunto con el sofá. Narcissa Malfoy se paseó por la estantería repleta de libros, situada en la pared contigua, y escogió la obra que estaba leyendo antes de que la interrumpieran.

Suspiró, dejándose caer con elegancia en la butaca. La tranquilidad del interior de su mansión era lo único que la mantenía cuerda desde que el campamento de los aliados del Señor se acomodara en sus preciosos y amplios jardines con la idea de mantenerse todos juntos y evitar con éxito los ataques de Aurores.

Por suerte, pensó, se trataban de conocidos suyos que deseaban la Marca Tenebrosa o de mortífagos en sí, sin tener a malolientes Carroñeros paseando por sus tierras. Por eso mismo, los elfos domésticos debían de obedecer a las caprichosas peticiones de los invitados y de limpiar sus tiendas de campañas mágicas.

—¡Mira, Cissy, mira!

"Adiós a la tranquilidad", refunfuñó en su interior, alzando los ojos de las páginas y dirigiéndolos a su hermana mayor, Bellatrix. Casi dejó caer el valioso libro de sus manos.

—¡He encontrado al perro que padre nunca nos quiso dar!

El tono infantil de su hermana, que si se sinceraba siempre había pensado que Bella era como una cría de cinco años que se divertía torturando a pequeños animales, no acompañaba nada a la imagen que veía con sus propios ojos.

Hermione no se atrevió ni a intercambiar miradas, con la mano izquierda libre de esposas intentó forcejear el collar metálico que apresaba el cuello, causándole un constante dolor. La varita de Bellatrix le azotó la mano.

Tsch, ¿tendré que enseñarte modales? —dio un fugaz vistazo al profundo mordisco en la piel de Hermione y la joven lo captó al instante.

—No, señora Black.

—¿Q-qué es todo esto, Bella? —Narcissa se levantó de inmediato—. ¿A qué juegas?

—¡Es el nuevo perrito! —canturreó andando hasta tirarse en el sofá. Al instante, dejó el tono infantil y su expresión se endureció—. Me ha encargado encontrar a un traidor que en teoría siente algo por eso. Cree que hay más ayudándolo y que están en contacto con Potter, ya sabes, tiene la idea de que intentarán rescatar a la sangre sucia de un momento a otro y quiere que yo me encargue de ellos.

—¿Y por qué no la has dejado en las mazmorras?

—¿Y confiar que tú la vigiles cuando ya han escapado, no uno, sino dos prisioneros?

—Es más fácil que escape si está en libertad, ¿no crees? —regresó a su posición, dolida por las palabras.

—Como si pudiera. La sangre sucia sabe que si lo intenta acabará en las fauces de Greyback y el collar se chivará de cualquier intento de huida.

—Es...es...

—¿Inhumano es la palabra que buscas, Cissy? Supongo que matar, torturar y humillar sería más humano mientras lo hiciera tu marido, ¿no? Va, tú, sangre sucia, tráeme algo para comer, lo que sea.

Hermione chasqueó la lengua. Rezaba con que Malfoy o alguno de su escuela no la encontraran jamás en ese estado. Aquella humillación era peor que la tortura.

—¿La vas a utilizar de esclava durante el trabajo que te han dado?

—Si lo piensas tiene más cerebro que tus estúpidos elfos domésticos, o si por lo menos tuviera los míos... Eh, ¿a qué esperas?

Hermione relajó la mandíbula y su expresión de odio.

—No sé dónde está la cocina, señora Black.

—¡Ooogh, menuda inútil eres! ¡El Señor tendría que haberme dejado matarte!


Las preguntas que tengáis se resolverán al paso de los capítulos, don't worry.

PD: Estoy de exámenes. Con eso quiero decir que tardaré una o dos semanas en tener suficiente tiempo libre como para responder reviews y estar al día (que el poco que tengo ya lo utilizo para escribir ^^ Pido perdón por mi tardanza)