- ¿Cómo se encuentra, señorita Malfoy?

- Pues muy bien. – Contestó Cassie, sonriendo al sanador. – No tengo ni siquiera náuseas y apenas lo noto.

- ¿Se ha producido sangrado o algo extraño?

- No. Creo que este embarazo va a ser muy sencillo.

- Esperemos que así sea. – El hombre sonrió. – De todas formas, pase a la habitación de al lado y cámbiese. Al ser su primera visita, me gustaría examinarla.

- Sí, claro.

Se levantó de la silla y se dirigió hacia allí y Lyra suspiró.

- Tu hermana es muy jovencita, Lyra, pero no tienes que preocuparte. – Comentó él, con una pequeña sonrisa. – Todo saldrá bien.

- Ya lo sé, pero tengo la sensación de que algo puede salir mal. Por ese le insistí tanto porque viniera pronto a verte. – Susurró para que nadie más pudiera oírla.

- ¿Por qué?

- Muchos disgustos. – Se encogió de hombros y no añadió nada más, aunque al hombre no le hizo falta que dijera nada para saber qué debía tratarse de sus padres. – Y tan pocos síntomas…

- Bueno, ahora lo veremos. – Respondió. – No te preocupes.

Se levantaron también, tras unos segundos de silencio, y entraron en la otra habitación, donde Cassie los esperaba sentada en la camilla y con la bata ya puesta.

- Ya estoy lista.

- Túmbese, por favor, señorita Malfoy. – Le pidió él. Ella lo hizo y el sanador sacó su varita. – Vamos a ver cómo va todo por aquí.

La agitó y, en seguida, los tres pudieron ver una imagen en el aire. El hombre movió un poco su varita para que se centrara y fuera más clara y Cassie frunció el ceño.

- ¿Dónde se supone que está?

- Aquí. – Lyra señaló un pequeño punto y suspiró, aliviada. – Ese puntito de ahí es tu pequeño.

- Pensé que sería más grande ya.

- Todavía es pronto, señorita Malfoy. – El sanador sonrió. – Pero parece que no tiene ningún problema.

- ¿Y puedo saber ya si es niño o niña?

- Habrá que esperar todavía un poco más también. – El hombre rió sin poder evitarlo. Las madres primerizas siempre eran muy impacientes.

- Vale. Ojalá sea una niña. Me encantaría tener una niña.

- ¿Y a su novio qué le gustaría?

- Creo que también una niña, aunque no le he preguntado. – Se encogió de hombros. – Es que Ryan está en Azkaban y solo puedo verlo una vez al mes.

- Entonces pregúnteselo la próxima vez que lo vea y dígale de mi parte que está usted en muy buenas manos y todo saldrá bien.

- Lo haré.

- Y ahora cuídese mucho, descanse, evite las situaciones de estrés y disfrute del embarazo, ¿de acuerdo?

- Sí.

- Nos veremos en un par de meses aunque, si nota cualquier cambio extraño, no dude en avisarme.

- Lo haré. Muchas gracias.

- La dejo sola para que pueda vestirse.

El hombre volvió al despacho y la rubia se cambió rápido mientras le comentaba a su hermana lo emocionante que era todo aquello. Salieron, tras despedirse de él y acordar la siguiente cita, y siguieron hablando.

- Me muero de ganas de sentirlo. Leah dice que era muy emocionante. – Se llevó una mano al vientre y suspiró. – Y también quiero hablarle para que me conozca un poco mejor, pero no sé si todavía es pronto. ¿Tú qué crees?

- Este no es mi campo de especialidad, Cassie. – Se encogió de hombros. – Deberías haberle preguntado al sanador, aunque todos dicen que es bueno, ¿no?

- Entonces empezaré a hacerlo. – Cogió la mano de su hermana y la apoyó donde antes estaba la suya. – ¿Tú sientes algo?

- No, pero seguro que pronto empieza a notarse.

- Sí, eso espero…

- ¡Lyra!

La rubia mayor se giró y sonrió al ver a Jesse acercándose hacia ella. Llevaba la túnica de trabajo y una carpeta en la mano.

- Hola. – Lo saludó, con una enorme sonrisa.

- ¿Qué haces por aquí? Creía que hoy tenías turno de noche. ¿Va todo bien?

- Sí, he venido a acompañar a mi hermana. – La señaló y la otra le hizo un gesto con la mano y sonrió. – Esta es Cassie. Y, Cassie, este es Jesse, un compañero de trabajo y amigo.

- Encantada.

- Igualmente. – Asintió. – ¿Te encuentras bien?

- Sí, es que estoy embarazada.

- Oh, enhorabuena. – Dijo, sorprendido. – No se te nota nada.

- Estoy solo de mes y medio.

- Eso ya tiene más sentido.

- Cassie, ¿por qué no vas a la cafetería y me pides un café para llevar? – Intervino rápidamente Lyra. Sacó su cartera del bolso y se la dio. – Diles que es para mí, ya saben cómo me gusta.

- Vale. – Asintió, consciente de que su hermana quería quedarse a solas con aquel chico. – Ahora nos vemos y, de nuevo, encantada Jesse.

- Igualmente.

La chica se alejó y ambos intercambiaron una mirada rápida.

- Lyra, sé que eres la mayor de tus hermanos así que, ¿cuántos años tiene Cassie?

- 19, no cumple los 20 hasta marzo. – Suspiró. – Ha sido un accidente.

- ¿Y tus padres…?

- Mejor no preguntes. – Negó con la cabeza. – Solo te digo que está viviendo conmigo y con Orion.

- Lo siento mucho. – La miró con preocupación y apoyó una mano en su hombro. – Si necesitáis algo, no tienes más que avisarme.

- Muchas gracias, Jesse.

- Tengo que dejarte, tengo a un paciente esperando.

- Sí, claro. El deber es lo primero.

- Nos vemos pronto, Lyra.

- Hasta luego, Jesse.

El chico se marchó y ella suspiró, sin apartar la mirada de él. ¿Por qué tenía que ser tan perfecto y majo?

- Eres una idiota. ¿Lo sabías?

Dio un pequeño salto, sobresaltada, al escuchar la voz de su hermana, que lanzó una carcajada antes de darle el vaso de café con leche de soja y sin azúcar.

- Qué susto me has dado.

- Pídele salir.

- Cassie…

- Es evidente que os gustáis, ¿por qué no salís de una vez?

- ¿Y tú qué sabrás?

- Pues algo más que tú desde luego. – Negó con la cabeza. – ¿Crees que no escuché lo de que no habías besado nunca a nadie?

- Oh, cállate.

- Eres adorable. Y un poco patética, la verdad. – Se mordió el labio y negó con la cabeza. – ¡Venga, sal con él!

- Vámonos a casa. Necesitas descansar.

- Eres una cabezota…

- Pues como tú: son los genes Malfoy. – Le guiñó el ojo y la agarró del brazo. – Anda, vamos.


- Tengo que contaros algo.

La voz de Gwen fue apenas un murmullo, pero Maddie, Tessa y Lucy se volvieron para mirarla casi al unísono.

- ¿Qué pasa? – Le preguntó la castaña.

- Hace un par de semanas me pasó algo raro. – Comenzó a decir. – Y no sé qué pensar.

- Somos todo oídos. – Lucy sonrió y la animó a continuar con la mirada.

- Estaba en la biblioteca y huí de los empalagosos de turno…

- Oh, gracias. – La otra puso los ojos en blanco y se cruzó de brazos. – Si lo sé, no te digo nada.

- No te lo tomes mal, Lucy, pero es la verdad. – Se encogió de hombros y suspiró. – El caso es que fui a por un libro y Natalie también y estábamos charlando entre las estanterías y, de repente, me besó.

- ¡¿Qué?!

Las tres se irguieron y abrieron mucho los ojos, sorprendidas.

- Sí, es que hablábamos de relaciones y me contó que le gustaban las chicas y, de repente, lo hizo.

- ¿Y tú que le dijiste? – Maddie frunció el ceño.

- Que… Que lo hiciera otra vez.

- ¡¿Qué?!

- Ay, no sé. Fue un beso raro, pero… Me gustó.

- ¿Te gustó besar a Natalie? – Tessa sonrió de medio lado. – Vaya, qué fuerte.

- En realidad, yo fui la besada, no quien besó, pero sí, me gustó y estoy hecha un lío desde entonces. – Se dejó caer hacia atrás en la cama y suspiró. – Llevo desde entonces evitándola. Nos estuvimos besando un rato, pero cuando nos separamos no fui capaz de decir nada y simplemente me fui.

- Eso explica por qué recogiste y saliste corriendo. – Lucy suspiró. – Creía que te habías molestado con Cyrill y conmigo.

- No. Es que… me gustó y no sé por qué. – Confesó. – Se supone que me gustan los chicos, ¿no?

- Te gustan los chicos, Gwen. Eso es evidente. – Intervino Maddie. – Te has liado con muchos, es imposible que no te gusten.

- A lo mejor simplemente eres bisexual. – Sugirió Tessa.

- No lo sé…

- Es normal que estés así, pero deberías hablar con ella. – Añadió la otra morena. – Al menos para saber por qué lo hizo.

- Quizás. – Asintió. – Y a lo mejor le propongo quedar un día.

- Oh, a ti te ha gustado entonces mucho. – La castaña lanzó una carcajada. – Qué monas.

- Es que quiero aclarar lo que siento porque este sentimiento de incertidumbre no me gusta nada.

- Creo que es lo mejor que puedes hacer y… - Tessa guardó silencio al ver a su lechuza entrando a su habitación. – Un minuto chicas.

- ¿Cómo ha entrado aquí? – Murmuró Lucy.

- No tengo ni idea. – La rubia frunció el ceño.

- Eh, ¿tanta prisa tenías que has conseguido colarte en la mazmorras? – La morena acarició el lomo del animal y sonrió antes de desatar la carta de su pata. – Anda, descansa aquí un rato. Te traeré agua y luego te llevaré de vuelta con las demás.

La lechuza, obediente, se posó sobre su baúl. La chica guardó el papel en el bolsillo de sus vaqueros y llenó un vaso de plástico de agua para que el ave pudiera reponerse al menos un poco.

- ¿No vas a mirar siquiera de quién es? – Maddie enarcó una ceja, plenamente consciente de quién debía tratarse.

- Luego. – La chica forzó una pequeña sonrisa. – Ahora estábamos hablando de lo de Gwen.

- A lo mejor es algo importante. – Insistió Lucy, arrugando la frente sin comprender qué estaba pasando exactamente. – Deberías abrirla.

- Seguro que no es nada. – Rió y se dirigió hacia el baño. – En seguida vuelvo.

Cerró de un portazo y Gwen y Maddie empezaron a reír.

- ¿Qué me estoy perdiendo? – Les preguntó la morena.

- Oh, venga, Lucy. Es evidente que esa carta es de tu hermano. – Dijo la rubia.

- ¿De Theo? – Negó con la cabeza. – Él no es de esos. Lo dudo mucho.

- Y, si no es de él, ¿por qué crees que se ha puesto tan nerviosa? – La castaña negó con la cabeza. – ¿Y si han vuelto a verse estas Navidades?

- Me habría enterado.

- ¿Estás segura? – La otra le guiñó el ojo y ella frunció el ceño.

A lo mejor debía ponerse a investigar un poco.


Tessa abrió la carta rápidamente, con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho y un pequeño nudo en el estómago.

"Tess:

Me encantó recibir tu carta, me alegra que no tardaras en enviarla.

La verdad es que todo está muy tranquilo ahora. Con todo lo del embarazo de Cassie los chicos y yo apenas estamos saliendo del mismo modo que antes –la rubita solo quiere salir a tomar chocolate caliente "porque tiene antojo", a mirar tiendas de bebés y a ver películas ñoñas. Sophie dice que son las hormonas y que pronto se le pasará y empiezo a creerla porque el otro día empezó a sonar una canción de discoteca y dijo que deberíamos hacer algo interesante el sábado–. Pero estoy empezando a desvariar.

¿Sigue todo bien por Hogwarts? Espero que sí.

Me gustó mucho verte estas vacaciones y ojalá hubiéramos podido pasar más tiempo juntos.

Espero volver a recibir noticias tuyas pronto.

Un beso,

Theo.

PD: Saluda a Daisy de mi parte. El día que estuve en tu casa me di cuenta de que estaba escondida intentando verme y me pareció completamente adorable."

Suspiró y cerró los ojos, llevándose el papel al pecho de forma inconsciente. Theo era adorable, pero sabía que no debía pillarse por él. Tarde o temprano se cansaría de ella y de aquel juego y al final solo ella lo pasaría mal.

Dobló la carta y la guardó de nuevo. Ya contestaría más tarde. Ahora debía volver al dormitorio y fingir que, cada vez que recibió una de esas cartas, su mundo no se trastornaba por completo.