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Es cierto que hacía varios años no practicaba el esquí, pero no lo he olvidado para nada. Estoy usando el traje de esquiar rosa de Rika, y es tan calientito cómodo y bonito, que me hace sentir toda una profesional al bajar por la pista de intermedios. Estoy tan contenta de estar aquí, que inclusive me planteo el cambiar a la pista de profesionales.
Me la paso todo el día fuera, y me estoy divirtiiendo tanto, que no puedo evitar el olvidarme de todos mis problemas. A pesar de que el viento es frío, me encanta sentir como me golpea el rostro. Bajar la pista de intermedios termina siendo tan sencillo, que por la tarde me dedico a practicar snowboard y que, para mi sorpresa, resulta que se me da muy bien. El snowboard es realmente divertido porque la descarga de adrenalina es aún mayor, y como estoy con Mei Lin (quien también resultó ser muy buena) la diversión simplemente se multiplica.
Regresamos al albergue hasta la tarde, poco después de que se ponga el sol. Mei Lin se entretiene con un compañero de su clase de chino, con lo que yo me dirijo al comedor, a buscar algo para calmar el hambre. Después de todo, no hemos parado en todo el día, y mi estómago reclama alimento.
Es entonces cuando en el recibidor del albergue, me encuentro con Syaoran. Viene en compañía de Terada y Yamazaki, pero ellos se limitan a saludarme con un movimiento de muñeca, y a seguir su camino, rumbo a las habitaciones. Syaoran se entretiene, con una expresión en su rostro que indica no está muy convencido de estar allí.
-Hola –digo nerviosa, intentando ocultar que me la he pasado bien y se me había olvidado que estábamos prontos a terminar. Él se limita a asentir-. ¿Estás enojado?
-¿Enojado por qué? –espeta. No tengo de otra más que mirar al piso.
-¿Por qué no me senté contigo? -ahora mi expresión de pena es 100% real, a pesar de que ahora no pueda verla pues me concentro en mirar el piso laminado del albergue, y él tenga que conformarse con mirarme la coronilla.
-Yo fui quien te invitó al viaje de medio curso –me reclama-. Así que sí, tenías que sentarte conmigo. Eso y porque eres mi novia.
-De mentira –replico en un susurro, lo que provoca que el emita un gruñido.
-Anque seas mi novia de mentira, también estoy enojado porque lleva evitándome todo el día. ¿Dónde te habías metido?
Pero no respondo.
-No, aguarda. Llevas evitándome más tiempo -se corrige. Se nota molesto. Yo no puedo evitar sentirme incómoda. Culpable-. ¿Por qué haces esto? -me pregunta-. Pensé que todo marcha bien, y un día decides ya no verme más, y entonces esta mañana me mandas ese mensaje donde dices que quieres terminar...
Pero una vez más, no digo nada. Nos quedamos así, un par de minutos, en silencio. Syaoran espera que yo diga algo, que me defienda, pero no puedo. No puedo siquiera mirarlo, mucho menos contestarle.
-¿Quieres saber algo? –dice despacio-. Comenzabas a gustarme.
Se me detiene el corazón. Mi respiración se corta. Por un instante, el planeta entero se detiene. Alzo el rostro para mirarlo, y compruebo que es ahora él quien mira al psio. Y entonces, en cámara lenta, todo vuelve a ponerse en movimiento.
-Deja de fingir.
-No estoy fingiendo –responde a toda velocidad, mirándome de vuelta-. Creí que me gustabas cuando estábamos en séptimo. Fue por eso que te besé cuando estábamos en el sótano de D. Flourite. Pero no pasó nada. Cada quien se fue a casa esa noche, y después nos volvimos distantes. Y entonces, llegó tu carta. Me hizo recordar esa tarde. Como eras –se corrige al instante-. Cómo eres –y suspira-. Sigues igual. Igual a como te recordaba. Igual a como me gustabas. Fue por eso que te invité a hacer esto. A fingir. Para saber cómo sería, como hubiesen sido las cosas entre nosotros, pero sin arriesgarme a que me rompieses el corazón. Y mira como me pagas.
-Syaoran…
Pero mi susurro le pasa inadvertido.
-Porque era obvio que me arriesgaba de todos modos. Porque sigues siendo la chica de la que me enamoré en séptimo curso. Porque esta relación de mentira es tal cual como imaginé que sería el estar contigo.
-Pero, ¿qué hay que Daidouji?
Sayoran suelta un nuevo rugido, cargado de furia contenida.
-¡Dios, Sakura! ¿Por qué siempre tienes qué mencionarla? Estoy hablando de ti, de mí, y tú tienes que … ¡Agh! Escucha: tenía trece años y no sabía cómo acercarme a ti. Tomoyo me dijo que le gustaba y así fue como decidí andar con ella. Duramos varios años, sí, pero las cosas no funcionaron, así que terminamos. Aún somos amigos porque vamos, la conozco de toda la vida. Así como a ti también te conozco desde siempre. A pesar de lo que te diga, o lo que tu respondas, aun así, me gustaría que siguiésemos siendo amigos, así como Tomoyo y yo aún lo somos. Ya no tan cercanos, sí, pero seguimos siendo amigos.
-¡Pero Yukito te vio en su casa! -finalmente digo sin poderme contener. Y es que no puedo quedarme callada cuando sé que me está mintiendo.
-Sí, ahí estuve -admite sin pizca de remordimiento, pero visiblemente harto del tema-. Y sí, como estoy seguro que también te contaron, es cierto que terminó con su novio universitario. Me llamó para que le hiciese compañía, y eso hice. Pero no pasó nada más. No nos enredamos, no nos besamos y no hice nada que no me atreviese a hacer delante de ti, ¡porque no pasó nada!
Pego un respingo al escuchar la patada que da contra el piso.
-Tomoyo quería un hombro dónde llorar, y como he sido su mejor amigo durante todos estos años, la consolé, porque eso hacen los amigos. ¿No hace eso Hiragizawa contigo? Pese a que él también recibió una carta, y pese a que es el ex-novio de tu hermana mayor, ¿no también te apoya cuando lo necesitas?
No puedo evitar morderme el labio, pensando en todos aquellos mensajes escritos en hojas de papel que hemos compartido durante tantas noches, a través de nuestras ventanas.
-Me quedé hasta tarde porque ella necesitaba mi ayuda. Si tú me lo pidieses también lo haría por ti. Al final cayó la noche, su mamá me invitó a cenar y yo acepté. Después de un largo rato pasando tiempo con ella, porque ¡oh sorpresa!, la señora Daidouji me conoce bien y pese a ya no ser novio de su hija me tiene gran estima, finalmente me despedí y me fui a mi casa.
Me limito a mirar nuevamente al piso, mientras retuerzo mis manos. ¿Deberé creerle? Quiero pensar que está diciendo la verdad, que no tiene motivos para mentirme, pero estamos hablando de Daidouji… A pesar de que fue mi amiga, ¿deberé desconfiar así de ella? ¿Deberé desconfiar de ellos dos, por la historia que tuvieron juntos?
Me está doliendo la cabeza. Syaoran, por su parte, suspira lento y profundo, para calmar su acelerada respiración.
-Ahora tengo diecisiete -dice mucho más calmado, pero no por ello menos molesto-, y quizá también vaya a meter la pata, pero al menos ahora estoy siendo honesto conmigo y contigo, y te estoy diciendo las cosas de frente. Tomoyo y yo tuvimos historia, pero ahora, quien me gusta, quizá quien me ha gustado siempre, eres tú. Así que esta vez no solo voy a esperar, sino a pedirte una respuesta. ¿Qué sientes tú por mí?
Es un capi algo largo, pero es que estaba inspirada (?). ¡Espero que les guste, y sea un buen inicio de semana.
¡Nos seguimos leyendo!
-Ribo~
