Severus había dejado la fiesta. Ya tenía el plan en la cabeza. Tenía que morir y dejarse vencer, para protegerlos.

Cerró los ojos y se imaginó la expresión de Hermione y de su madre, en cuanto escucharan lo que iba a hacer. Lo que estaba planificando.

Por ello...no se los explicaría.

Solo iría a morir.

Hermione había dejado de bailar y con un ánimo renovado, buscaba a Snape. No podía hallarlo, así que subió las escaleras hacia la habitación.

Estaba sentado en la oscuridad, con una sonrisa vacía y con la mirada perdida en una de las paredes frente a él. En la cama.

— Severus, qué pasa. Se supone que nos divertiríamos.

Pero no estaba dispuesto a explicarle eso. Suspiró y se levantó asintiendo. Bajaría a su lado y fingiría que se divertía. Por ella era capa de hacerlo.

Aunque Hermione no le permitía pasar hacia afuera. Lo miraba con una expresión insondable. Suspirando, se apartó sin decir nada y ella permaneció en el marco de la puerta. Supuso que quería una explicación.

— Solo estaba meditando. En realidad...

— Sirius y tú quieren ocultarme algo. Creen que soy tonta y no me he fijado. Pues bien, si tú no quieres decirme, iré entonces a la fuente del chisme.

Severus dejó de respirar por un microsegundo. Hermione podía ser molesta cuando quería. Negó con la cabeza y sostuvo su brazo para detenerla.

— Hablábamos de los bebés. Nada importante que requiera de tu preocupación. Sólo queríamos determinar qué haríamos en cuanto nacieran.

Hermione respiró pesadamente y con una sonrisa amarga, negó con la cabeza. Severus mentía y de eso estaba segura.

— Claro y sigue creyendo que soy tonta. Tienen algo entre manos, lo puedo ver y sentir. Y no me digas que estoy paranoica a causa de mi embarazo.

No replicó. Hermione se había dado la vuelta y había seguido su camino al salón, sin chistar ni una sola vez más.

La alcanzó antes de que abandonara el librero tras la pared. Se detuvo a un lado. El espacio era muy estrecho.

— Creo que lo mejor de todo esto, Granger...

No solía llamarla así.

— Sea que no nos casemos. Eso no traerá nada bueno. Y si ya la he sumido en problemas tras problemas... ¿qué sentido tiene que la ate a mí? Estoy segura de que usted ya lo pensó y decidió lo mismo que yo.

Hermione se mordió el labio y una sonrisa suave se le escapó de pronto. Snape se dijo que quizá estaba equivocado. Quizá Hermione había tomado esa decisión que solo podría ver realizada en sus más profundos sueños.

— ¿Cómo lo sabe? ¿Lo sabe acaso?

No podía saberlo, cierto.

— Quizá yo pueda querer otra cosa. Quizá yo quiero casarme. Quizá yo pudiera empezar a amarlo.

Y seguro estaba soñando. Tenía que estar soñando. Hermione no diría esas palabras precisamente. No diría que lo amaba, precisamente. ¿Lo diría? ¿Lo amaba? ¿Cómo podía él, ser amado por alguien como ella? Alguien tan puro.

Alguien que le tenía miedo a la oscuridad.

Que metafóricamente hablando, era él.

— Sí, Severus. Te podría decir justo ahora que te amo y sin embargo, eso no significaría nada para ti. Serían palabras vacías, echadas a tu enorme caparazón. Te has cerrado tú mismo y no me has permitido ayudarte.

— Hiciste igual— contestó él y Hermione sonrió.

— Te he dejado ver dentro de mi mente, muchas veces. Pero solo por boca de otros, sé que me has amado mucho antes que ahora mismo. ¿Desde cuándo te reservas esa verdad? ¿Desde cuándo me engañas y te engañas a ti mismo, Severus Snape?

Si ella quería saber...se lo diría.

— Sí. La amo desde hace mucho. Sé que esto le causará gracia, le causará deseos de reírse de mis sentimientos, pero hay similitudes entre usted y lo que una vez quise obtener en Lily Evans Potter. Quise sentir con ella.

— Entonces...somos parecidas.

— Al contrario, son distintas. Pero despiertan en mí, los mismos sentimientos.

— No lo comprendo...

Severus sonrió suavemente y una mano se posó sobre un par de sus rizos, casi pareciendo que no se había percatado de lo que había hecho. Admiraba sus ojos distraídamente, casi también, sin pensar.

— Las dos hicieron lo mismo. Tuvieron el mismo efecto. Se convirtieron en efecto de mi delirio.

Hermione sonrió ligeramente.

— Y según usted...¿por qué le soy tan atractiva?

— Diría esas palabras clichés. Belleza, astucia e inteligencia. Pero hay algo más, algo más dentro de todo eso. Con Lily Evans tampoco supe identificarlo. Creo que no soy bueno en este asunto del romance.

En ese asunto de decir lo que amaba de la mujer que tenía enfrente.

Hermione sonrió una vez más y Severus, la dejó pasar hacia el salón. Se quedó tras el librero, pensativo.