Disclaimer: los Juegos del Hambre no me pertenecen.
Regalo para Giselle Jay. Nos leemos abajo.
.XXXVI.
Alguien aporreaba su puerta.
En términos normales, Katniss habría dicho que "tocaba", pero el estruendo era tal, intercalando golpes con el zumbido del timbre, que "aporrear" le pareció un verbo mucho mejor.
Decidió ignorarlo. Posiblemente era Prim o Gale, que venían a hacerle alguna especie de intervención. Después de diez minutos de intenso jaleo, el ruido cesó. Katniss suspiró aliviada y siguió dormitando en su lugar. Se imaginaba que lucía realmente patética, ahí tirada en el suelo, pero no le importaba.
Seguramente se veía tal y como se sentía. Como un desastre. Como el tipo de chica al que una buena relación la había golpeado en la cara y no habría tenido la madurez ni el ánimo para llevarla a buen puerto.
Una parte de ella, esa que tenía el carácter de los Everdeen, con una sangre más caliente que aquella que era herencia de su madre, se decía a sí misma que si Peeta quería estar molesto con ella, ese sería su problema. Ella era la emprendedora, inversora, la visionaria, la chica que había sido protagonista de portadas de revistas de negocios…
La otra parte, la parte que era lógica y racional, decía que Peeta tenía toda la razón del mundo en estar molesto con ella y que, si se justificaba en esto con sus logros profesionales, era casi tan mala como Cato.
Se enderezó cuando escuchó la puerta abrirse y apenas si tuvo tiempo de levantarse y meterse un mechón de cabello tras la oreja antes de que su inesperado visitante apareciera frente a ella. Una diminuta parte de su cerebro se alegró ante la idea de que, tal vez, podría tratarse de Peeta. Después de todo, solo había otras dos personas con copia de su llave: Prim y Peeta. Tres si se consideraba al encargado de su edificio, pero nunca había tenido una visita suya sin ser anunciado antes.
No era Peeta.
Tampoco era Prim.
—¿Madge?
La chica, tan embarazada que Katniss no entendía cómo podía andar, la miraba con el ceño fruncido y los brazos cruzados sobre aquella prominente barriga. Nunca había visto a Madge mirándola de aquella manera y estaba segura de que el niño o niña que llevaba en su interior evitaría, a toda costa, meterse en problemas con tal de evitar ese tipo de miradas de parte de su madre.
—Esto… ¿Qué haces aquí?
—Pues, en primer lugar, me aseguro de que no estés tirada en tu baño con una sobredosis de pastillas o de alcohol— le dijo con dureza y Katniss se encogió un poco más.
—Oh… No. Solo he estado…
—Haciendo absolutamente nada, al parecer— dijo mientras empezaba a arrancar las sábanas de su cama y a lanzarlas al suelo. Katniss estaba razonablemente segura de que olían tan mal como ella hasta hacía unos segundos. Se sonrojó profundamente.
—No tienes que hacer eso— se adelantó y se frenó cuando vio la mirada asesina de su amiga.
—Bueno, hay muchas cosas que no tenemos que hacer, pero somos idiotas e igual las hacemos ¿no? —y Katniss tuvo clarísimo que Madge sabía la forma en que ella la había cagado. Se preguntó si sabía lo del juego de beber a su costa. Esperaba que no.
—¿Solo has venido a regañarme?
Por toda respuesta, Madge empezó a arreglar su cama, colocando sábanas limpias y ahuecando las almohadas para luego colocar el cobertor y alisarlo hasta que quedara sin arrugas. Katniss recordaba, vagamente, que mientras iban a la universidad, Madge había trabajado en un hotel, como mucama, en un intento de desligarse un poco de la protección de su padre, el alcalde de la ciudad y de conseguir algo de independencia.
Cosa curiosa, había conocido a Gale no por Katniss, sino porque había sido la mucama asignada a su habitación de hotel, una noche en que a él se le había roto una cañería y su apartamento se había inundado. A Prim le había parecido encantador que ellos se conocieron cuando Katniss aún estaba decidiendo si los presentaba o no.
Y ellos se habían enamorado muy rápido. Katniss se sentía incluso algo envidiosa por ello.
Katniss la observó trajinar por su apartamento y, después de unas cuantas miradas asesinas más, finalmente desistió en sus intentos de ayudarla. Era evidente que Madge era del tipo de persona que canalizaba su enojo mediante limpieza obsesiva y Katniss prefería no meterse en su camino durante el proceso.
Cuando, finalmente, la mujer se dejó caer sobre uno de los sillones, Katniss tomó eso como una invitación para volver a hablar.
—Esto… ¿quieres cenar?
Madge le dedicó un gruñido. Katniss no supo bien cómo interpretarlo, pero de todas maneras se metió en la cocina y se dedicó a preparar la cena.
Estaba terminando de cortar las cebollas para hacer un salteado rápido cuando notó que Madge se había desplazado y ahora parecía hacer maromas para subirse a uno de los bancos del desayunador.
—Puedo traerte una silla… — otra mirada furiosa — o no. Mira, si has venido a decirme que soy una idiota, ya lo sé. ¿Vale?
—¿Y?
—¿Cómo que "y"?
—Ya sabes que eres una idiota. ¿Y qué? ¿Qué harás para ser menos idiota?
Katniss parpadeó, insegura sobre cómo responder.
—Pues…
—Pues…— la imitó Madge y Katniss empezó a cabrearse también.
—Mira, ya lo sé. Ya intenté pedirle perdón, pero lo he llamado y no me ha devuelto la llamada.
—¿Cuántas veces?
—¿Disculpa?
—¿Cuántas veces lo has llamado?
—Una.
Madge se echó a reír.
—Por favor, Katniss. ¿Tú pretendes agitar las pestañas o chasquear los dedos y que, de repente, él recuerde lo maravillosa que eres y ya está? ¿Tienes idea de lo molesto y herido que está?
El rostro de Katniss se ensombreció.
—¿Tú sí la tienes?
Madge no picó el anzuelo:
—Ni lo sueñes, Preciosa— dijo usando la entonación que acostumbraba usar Haymitch. Katniss hizo una mueca—. No voy a ponerte las cosas fáciles. Y ya puestos, él tampoco. Así que puedes madurar, sacar la cabeza de tu culo y dejar de pensar que eres la víctima aquí y luchar por algo que es realmente importante en tu vida. O puedes, simplemente, abrir un nuevo restaurante, sumergirte en el trabajo como haces siempre e ignorar que tu vida no puede resumirse en tu trabajo.
Katniss boqueó un poco, como un pez fuera del agua.
—Y Gale me va a llevar a cenar, así que tendrás que ver que haces con el resto de esa comida— replicó levantándose.
Con un suspiro, Katniss apagó la estufa al tiempo que Madge salía y cerraba la puerta detrás de sí.
Tenía que tomar decisiones. Tenía que arreglar las cosas o, al menos, arreglarse a sí misma. Nunca había faltado al trabajo solo porque sí y el hecho de que Haymitch hubiese estado lo suficientemente preocupado como para llamarla debió parecerle raro.
Decidió que justo ese momento, era el instante adecuado para arreglar todo lo que había hecho mal.
Tomó el teléfono entre sus manos y no dudó antes de marcar:
Tal y como lo esperaba, su llamada fue a parar a su buzón. No se desanimó:
—Soy Katniss— dijo esta vez, con mucha más seguridad—. Necesitamos hablar. O tal vez solo yo necesito hablar, pero necesito que tú me escuches. ¿Vale? Te estaré esperando esta noche en el lugar en que comenzamos— dijo mientras apretaba su teléfono contra la oreja—. Y si no llegas, estaré ahí mañana y pasado mañana. Y si borras este mensaje, te dejaré más. Uno tras otro. Así que… te estaré esperando.
He recibido demasiado amooooor! Bueno, les cuento que el próximo capítulo iba a ser el último, exceptuando el epílogo, pero algo pasó y resulta que aunque lo hice más largo que estos usualmente cortos capítulos, voy a necesitar uno más para terminar la historia, más o el epílogo. Así que en realidad quedan tres publicaciones más.
Quiero darle las gracias a toda la gente linda que me ha comentado el último capítulo, a pesar de que arreglar las cosas con Peeta han ido algo lentas, pero creo que él merecía tener algo de amor propio: jacque-kari, X, Claudia, L, Ady Mellark, Igora Mellark, Guest, zellideth, 96Ale-G, Nai1987, Claudia, Giselle Jay, Sunshine y Pretty Lu.
Si has leído hasta aquí, te prometo que cosas buenas están por venir.
Saludos, E.
