¡Hola de nuevo! Vuelvo a la vida, tras un mes de junio que, como siempre, para todo profe de instituto como yo, es tremendo. Viajes al extranjero con el alumnado, informes finales, notas de fin de curso, reuniones, etc. Y ya por fin, tras unos días de descanso auténtico, puedo regresar a esta historia. Es difícil llevar todo al día y por eso jamás he hablado de actualizaciones regulares. Escribo cuando estoy de un humor muy determinado y encuentro la inspiración necesaria. Por eso, subo capis cuando buenamente puedo, y creedme, me lleva más revisar un capi y pulirlo, que escribirlo.

De todos modos, ¡gracias por leer y comentar! Tengo vuestra fidelidad muy en cuenta y creed que yo misma también sufro si me tiro semanas sin actualizar. KarolGT, también me sorprendió mucho ver tu comentario repetido, no sé qué habrá podido pasar. Parece ser que el capi anterior ha sembrado muchas dudas. Claro que no, claro que Kylo no tiene un pelo de tonto y no va a caer en trucos baratos. Lo que pasa es que le han tentado con un par de detalles jugosísimos (que Maul diga que conoció a su abuelo le ha encendido todas las alarmas, vamos) Imagino que tomará la decisión menos complicada o peligrosa, y a veces, eso implica ceder en cosas inusitadas. Ya iremos viendo. De todos modos, la imagen de Rey yendo a por Kylo en plan espía a través de Europa me tiene muy tentada desde hace meses. Ya veremos.

Nota previa: este capi era tan denso, que lo he cortado, así que habrá nueva actualización MUY pronto, para subir la segunda parte. Prometí que tendríamos un poco de Kylo en rollo "profe destroyer", pero las cosas en el Republicano se han vuelto MUY movidas y necesitaban su propio espacio.

Disclaimer: todos los nombres de series, canciones, películas y personajes de Star Wars u otros lugares pertenecen a sus autores. No busco lucrarme, sino sencillamente entretener.


31

Ayuda

- Jolines, hermanita.

- A ver, yo no sabía lo que iba a hacer… Se tiró en plancha y fue visto y no visto.

- Ya… Pues dile a tu chico que está chalado – aquella frase provocó que Rose frunciera el ceño en un rictus de fastidio - Y que tenga cuidado la próxima vez. Tú estás bien, ¿no?

- Sí.

- Menos mal – replicó Paige exhalando un suspiro - Papá y mamá no me perdonarían si te pasara algo estos días de torneos. ¿Sabes? Estoy en negociaciones para que te levanten el castigo del viaje.

- ¡Ostras! ¿Lo del viaje de verano? ¿En serio?

La muchacha sonrió ante el ataque de entusiasmo de su hermana menor y replicó:

- Sí. Mira, estos meses has vuelto a mejorar las notas y no has hecho nada malo. Estuve hablando con ellos, diciéndoles que todo ha vuelto a la normalidad, así que se están pensando en volver a darnos permiso para nuestro road trip de chicas.

- ¡Aaaaay, qué bien! ¿Pero cuándo te lo han…?

- Déjalo, ya hablaremos en el descanso para comer. Pórtate bien, ten cuidado y no hagas tonterías.

- Pareces mamá.

- Soy su inmediata sustituta, peque. Así que te callas.

Y Paige colgó el teléfono entre risas, acallando las protestas de Rose al otro lado, mientras se percataba de que se había tirado toda la conversación jugueteando con su colgante. Aquél que era la pareja del de Rose, aquél que complementaba al otro, encajando como dos piezas de ying-yang perfectas. La suya en color marfil y la de Rose en tonos caramelo, pero ambas con los mismos labrados intrincados en su diseño.

Su símbolo compartido. El signo del amor tan grande que le tenía a su hermanita, señal de un vínculo maravilloso que las unía de por vida y que siempre la había movido a protegerla de todo, sobre todo desde que Rose entró al Republicano. ¡Qué contenta estaba de que hubiera podido hacer amigos (y ni más ni menos que el famosísimo Poe Dameron) y haber encontrado un buen chico como Finn Newby!

Alzó la vista, oteando el panorama desde su puesto privilegiado. Se encontraba en lo alto de las enormes gradas frente a las pistas deportivas, en la planta superior. Desde allí tenía unas magníficas vistas de los campos del instituto, las pistas, pabellones y zona de entrada principal. Todo parecía tranquilo por esa zona, pero ella estaba ya suficientemente experimentada como veterana del Republicano como para haber aprendido a no fiarse ni de su sombra. Y no dejó de vigilar a un lado y otro de las gradas, controlando sobre todo la zona superior. En aquel último piso, tras la fila de asientos más alta, había una caseta de vigilancia, donde estaban las pantallas con los marcadores digitales para las pruebas, con un amplio ventanal que daba a las pistas. En aquel último piso habían colocado unas vallas cubiertas por telas oscuras, de un metro ochenta de alto, que tapaban la visión del resto del campo. Así, se aislaba al público de los asientos altos de aquella peligrosa zona última, separada únicamente de un vacío de quince metros de caída por una simple barandilla metálica. Aquellas vallas de tela oscura formaban, por tanto, un estrecho pasillo por el que ella había estado circulando todo el rato, vigilando que nadie pasaba por allí. A intervalos regulares había agujeritos en la tela, por los que ella podía vislumbrar las pistas para seguir la carrera. Aquél era un puesto aburrido y aislado, pero alguien tenía que hacerlo… Y Paige ya se había librado varios años. Ya le tocaba, era lo justo.

Reparó entonces en movimientos detectados por detrás de la caseta, al otro lado de la planta superior de la grada. No podía haber gente allí arriba, estaba prohibido subirse a la cumbre de las gradas. Bajo ella, los asientos estaban ocupados en su mayoría por la multitud de estudiantes que animaba, hacía fotos y daba palmas al ritmo de la música que sonaba por megafonía para animar la mañana. Y, temiéndose lo peor, avanzó por la plataforma, sujetándose a las barandas con cuidado. Abrió la puerta lateral de la caseta de vigilancia, sorteó las sillas desocupadas en ese momento y abrió un poco la puerta opuesta, apareciendo en la parte derecha de la plataforma superior.

- Mierda, lo sabía… - siseó desde la rendija de la puerta, espiando a quienes había allí: dos chicos de la Orden que estaban ayudando a un tercero (que no veía bien) a bajar con una cuerda al suelo.

¿Qué pretendían con aquel número a lo Misión Imposible?

Obedeciendo las órdenes de Kaydel, sacó su móvil por la rendija de la puerta y empezó a grabar lo que hacían: estaban, efectivamente, ayudando a descolgarse a alguien hacia abajo. Una vez que hubo enviado el documento visual al grupo de vigilancia que habían creado por Whatsapp, se guardó el aparato de nuevo y decidió entrar en acción, sorprendiéndolos a base de gritos.

- ¡Eh, vosotros! – espetó - ¡Fuera de aquí! ¡Esta zona está prohibida!

Los dos cuervos la miraron sorprendidos, deteniéndose en sus movimientos. Iban a responder, pero en ese momento, un borrón surgió de debajo de ellos: era el tercer cuervo al que iban a descolgar por cuerda. Apoyando sus poderosas manos sobre la plataforma de metal, dio un fenomenal salto que le impulsó a aterrizar sobre sus talones en el suelo. Se irguió, retirándose la cuerda para no pisarla, y le miró con furia acerada en sus ojos azules.

- ¿Piensas detenernos tú sola, Tico? – masculló Phasma, que era la figura que estaba de pie frente a la chica asiática, mirándola con absoluto desprecio. Los otros dos cuervos, a sus flancos, sonreían, sabiéndose superiores en número y fuerza.

Paige les contempló, repentinamente estupefacta. No hacía ni diez minutos que había tenido lugar el incidente de los altavoces en la zona de tiro con arco. Y a todos los republicanos les constaba que Phasma había sido escoltada por los de seguridad al igual que sus compañeros. ¿Cómo se habría librado de los guardias para, además, poder escabullirse a otra zona para perpetrar otra burrada?

Pero la alta capitana del equipo de baloncesto femenino no se iba a dejar intimidar. Sabía que Phasma, en toda su frialdad, era también amante de los espectáculos y los golpes de efecto brutales y despiadados. Aún recordaba todas las veces que se había enfrentado a ella en partidos en todos esos años, siempre recurriendo a despistes, a juego sucio, a presionar de modo injusto y crear confusiones en la cancha para que los jueces nunca pudieran pillar a los cuervos…

No, conocía ya bien a Phasma y ya no se dejaba impresionar.

- En efecto, vengo a deteneros – replicó Paige – y a estropearte la diversión. Ya vienen los de seguridad para acá.

- Perfecto – siseó Phasma – El problema para ti es que, aunque nos registren, no van a encontrar pruebas.

Paige frunció el ceño, dejando escapar un siseo de frustración. ¿Dónde estarían los de seguridad y refuerzos? Ya estaban tardando en venir y, si bien ella era una chica con recursos, se sentía completamente sola allí arriba, en aquel pasillo aislado del resto de las gradas, donde Phasma y los otros le podían hacer lo que quisieran sin que nadie se enterara…

La alta rubia de hielo dio una señal con la cabeza y los cuervos se lanzaron hacia ella, propinándole un empujón que la hizo caer al suelo, golpeando con fuerza la baranda y haciéndose bastante daño en el costado. Pero estaba acostumbrada a aquellas jugadas (la propia Phasma se la había armado igual un año en que jugaron contra ella, a sus catorce años) y supo reaccionar. Rápida como el pensamiento, e ignorando su dolor de cintura, giró bruscamente, como una lagartija que se acaba de quedar sin cola, y alzó su brazo para sujetar el tobillo de uno de los dos cuervos, que ya salían a escape en dirección a la caseta de vigilancia, para huir por el extremo opuesto de la fila de gradas.

El tirón desestabilizó al chico, que se tambaleó, agitando los brazos torpemente en un burdo intento de mantener el equilibrio…

… con tan mal tino, que le dio en las narices a Phasma, que corría a su lado y que ni se lo vio venir. El manotazo le dio de lleno y la chica cayó hacia atrás perdiendo el aliento momentáneamente por el golpe. Era tan alta, que la baranda apenas le llegaba a las caderas… Y dado que el centro de gravedad de la chica ya no gozaba de soporte, su cuerpo se precipitó por la baranda, cayendo al vacío y dejando escapar un horroroso grito estridente…

Pero Anya Phasma no murió esa mañana. Ni siquiera sufrió un mísero rasguño.

No, porque, gracias a un extraño fenómeno, su caída se ralentizó de modo absolutamente ridículo, como si la estuvieran frenando con unos amortiguadores invisibles, que hicieron que su cuerpo se posara sobre la hierba suavemente. Anonadada, abrió los ojos, mirando a su alrededor, sin lograr procesar lo que había pasado ni encontrar una posible causa a aquel portento. Miró hacia arriba y oyó voces de refriega… Se veían brazos y piernas asomar por la estrecha terraza de las gradas...

Allá en lo alto, Paige se las veía como podía con los cuervos, que de nuevo se habían levantado tras la caída. Mientras uno de ellos se asomaba a la baranda a mirar qué había pasado con Phasma, el otro, aquél al que Paige había agarrado del tobillo, se lanzaba a por la chica, dispuesto a todo. Le arreó un bofetón que la dejó medio inconsciente, mientras el otro cuervo, claramente asustado por lo que estaba pasando, cogió a su compañero por la solapa de su cazadora de cuero negra:

- ¡Vamos, tío, vamos a por Anya! ¡Como nos quedemos nos matan!

Y ambos se dirigieron hacia la puerta de la caseta de vigilancia para…

¡BAAAAAM!

La puerta se abrió con una fuerza increíble, atizándole a ambos chicos en las narices y haciendo que cayesen de espaldas por el golpe. Una vez abierta la puerta, apareció Rey, jadeante, sudorosa y con ojos desorbitados por la carrera, la ira y el desconcierto.

- ¡Joder! – se había sobresaltado un poquito al verlos tras abrir, pero se recompuso enseguida – ¡Ja! ¡De aquí no salís, cabrones!

Los cuervos sufrieron un momentáneo estupor, para recuperarse y volver a arremeter por segunda vez contra una chica en cuestión de minutos aquella mañana. Pero Rey no era como Paige.

- ¡Chupaos ésa! – y les lanzó una soberbia ráfaga de poder oscuro que los estampó contra el suelo de nalgas otra vez, junto a la chica Tico, que ya se levantaba, medio atontada aún por el golpe. Rey tuvo que hacer acopio de su autocontrol para calmarse y no dejar que sus instintos de supervivencia, que se habían activado con sus vibraciones oscuras, le empujaran a agredir a Paige también. Era como si una nube roja hubiera oscurecido su visión. Inspiró hondo y de nuevo volvió a ser la Rey de siempre. Entonces, pudo acercarse a su compañera.

- ¡Paige! – Rey corrió hacia la alta capitana, cogiéndola de los hombros - ¿Estás bien?

- Sí – murmuró Paige, muy confundida, mirando a los cuervos sin entender nada - ¿Qué ha pasado? ¿Les has atizado? ¿Cómo lo has hecho?

Fue entonces cuando un bólido surcó el aire entre ellas, robándoles el aliento.


Momentos antes, unos metros más abajo, había tenido lugar un encuentro.

Y es que Anya, intentando dejar a un lado aquel "milagro" de su caída, y tomando la muy profesional decisión de analizar aquello más fríamente en otro momento, decidió volver a subir a las gradas. Su voluntad de hierro la impulsaba a no dejar las cosas a medias y necesitaba subir de nuevo a darle su merecido a aquella republicana de las narices. Aún tenía enroscado sobre el cuerpo el arnés con el que sus compañeros le habían ayudado a subir, conectado a la cuerda que tenían enganchada a la planta superior. Así que, sin más dilación, empezó a trepar, usando los andamios y estructuras metálicas de las gradas como soporte para su escalada por la cuerda. Tragaba metros con facilidad pasmosa y ya le quedaba poco…

- ¡Anya, estate quieta! – oyó de pronto bajo sus pies. Se giró y vio que Kylo estaba al pie de las gradas, mirándola enfurecido.

- ¿Qué narices estás diciendo? ¡Voy a subir a reventar a esa perdedora!

- ¡Y una mierda! – farfulló Kylo, frenético – Los de seguridad están a punto de llegar, ¡tenéis que marcharos! ¡No subas!

Phasma se detuvo en contemplarle durante un segundo con fría ira en sus ojos de hielo.

- ¡Eres un mierdas, Kylo! ¡Un cobarde! ¡No voy a dejarme esto sin terminar!

Kylo vio todo rojo en ese momento, y casi se arrepiente de haberla salvado momentos antes. Porque había sido él quien la había ayudado a aterrizar sobre el césped.

- ¡Anya, o me obedeces o te las verás conmigo!

Pero Phasma había vuelto a iniciar la subida.

- Menuda mañanita – suspiró el joven mentalmente, dirigiéndose hacia las escaleras de emergencia en pos de la rubia.


Paige abrió los ojos, incapaz de moverse ni de respirar al comprobar que estaba apresada bajo el cuerpo de uno de los cuervos.

- ¡Vais a pagar, escoria!

El joven estaba tirado sobre ella, sujetándole ambas muñecas con una sola mano y alzando ya el puño para estampárselo en las narices. Pero nuevamente, Paige fue más rápida y le dirigió un rodillazo al bajo vientre que lanzó al chico hacia atrás, exhalando un gemido lastimero.

La chica se levantó a duras penas y exclamó con todas sus fuerzas:

- No te olvides del nombre completo: ¡ESCORIA REBELDE!

A sus espaldas, Rey, que era perfectamente consciente de que Kylo estaba unos metros más abajo y que había salido al rescate de Phasma, se había abalanzado sobre el otro cuervo. Iba a inmovilizarlo cuando por el rabillo del ojo vio una mano asomar junto al borde del parapeto de las gradas. Muerta de horror, apenas le dio tiempo a avisar a Paige…

… Por segunda vez en diez minutos, un revuelto cabello rubio claro y unos brazos blanquísimos y fuertes asomaron por al borde de la plataforma. Agarraron el tobillo de la desconcertada Paige, que se vio arrastrada ferozmente hacia el borde. Profiriendo un grito, la chica volteó su cuerpo a tiempo, para quedarse asida al borde metálico en un intento desesperado de salvar la vida. En un momento de horror y vértigo, giró la cabeza para ver a Phasma a su lado, mirándola con una chispa de locura en su gesto iracundo. La chica también estaba haciendo lo suyo para sostenerse y no caer, pero además intentaba balancearse para golpear duramente a Paige en las piernas y desestabilizarla.

- ¡Cáete ya, maldita! – gritaba la joven, alzando las piernas mientras Paige, con los brazos doloridos, apenas alcanzaba a encogerse de piernas sin tener tiempo de alzarse y subir al parapeto.

Rey estaba oyéndolo todo, pero no podía hacer mucho más, pues los cuervos iban ahora a por ella…

- ¡KYLO! – pensó con todas sus fuerzas - ¡AYÚDALAS, NO LAS DEJES CAER! ¡POR FAVOR!

Y no usó el singular, que probablemente era lo que debía haber usado. "Sálvala".

Salva a Phasma, a tu colega.

No, le había pedido que salvara a las dos. A ambas.

Como si Kylo, en todo su hijoputismo experto, fuera a hacerle caso.

Como si creyera que, por un instante, el cuervo iba a olvidarse de rivalidades y las salvase a las dos por el simple hecho de ser dos vidas humanas que se iban a ir a la mierda bajo aquellas gradas en cuestión de segundos.

Como si tuviera confianza en que él, por una vez, pudiera hacerle caso.

Mostrar humanidad por un momento.

Y lo deseó, lo deseó con todas sus fuerzas.

Kylo, no la cagues hoy, por favor. Te lo pido por favor. El único favor que te he pedido. Por favor, Kylo, ayúdalas.

Eso fue todo lo que pudo hacer, todo en lo que pudo pensar, en aquellas décimas de segundo, absorta como estaba en la pelea, antes de que los cuervos la derribaran al suelo con un costalazo que casi le hizo perder la consciencia.


Unos metros más abajo, casi ya llegando a la parte superior de las gradas, Kylo volvió a asomarse a los andamios exteriores de la estructura, para descubrir lo que intentaba Phasma… Y sin un ápice de arrepentimiento por lo que iba a hacer, dirigió sus poderes a unas barras metálicas que había cerca de él en el suelo.

Porque la estaba oyendo: aquella voz que, aunque fuera mental, le gritaba casi de modo audible, desgarrada, desesperada, como sus pensamientos. Y le pedía ayuda.


- Mierda, mierda, mierda…

De nuevo, la barrera de poder de Rey se tiñó de rojo, notó la fluctuación, más segura y estable que nunca, y envió una andanada de energía invisible hasta los chicos, que cayeron de espaldas. Medio mareada, intentó alzar la mano para inmovilizarlos de nuevo…


- ¡AAAAAAUH!

El aullido de dolor de Phasma sorprendió a Paige en medio de su forcejeo. Creyó ver un destello plateado junto a las piernas de la rubia y lo siguió con la vista. En medio de su frenesí, nunca supo de qué se trataba exactamente, pero sus instintos le quisieron gritar que se trataba de una barra metálica que había golpeado las piernas de Phasma… ¿Cómo?

No había tiempo para pensar en ello. Aprovechó la oportunidad y subió a la plataforma con las pocas fuerzas que le quedaban. Mientras descansaba, por la puerta de la caseta salió Kylo, encontrándose aquel espectáculo dantesco: Paige medio arrastrándose por el borde de la grada, dos cuervos KO en el suelo a unos metros y Rey medio inconsciente a su lado… Por no mencionar a Phasma, cuyas pálidas manos asomaban por el borde de metal…

Sin pensarlo, Kylo corrió hacia Paige, mientras sentía algo horriblemente pesado y cálido palpitar dentro de su pecho y sus sienes.

- Vamos, ¡sube! – se arrodilló junto a ella y le cogió los brazos, ayudándola a arrastrarse ya de cuerpo entero a salvo sobre la plataforma. La chica, estupefacta pero agotada, se dejó ayudar, mientras, con los ojos desorbitados, veía ahora cómo Kylo se acercaba a Phasma y bramaba órdenes que no iban nada con la altruista actitud suya de hace un momento.

- ¡Escúchame! – vio gritar a Kylo fieramente en dirección a la cabeza de Phasma, que se balanceaba debajo de él - ¡Te ayudaré a subir pero en cuanto estés aquí, te llevas a los otros dos y te largas! ¿Me has oído?

Los azules ojos de Phasma le fulminaron desde su posición como flechas heladas de furia.

- ¿Estás gilipollas? ¡No pienso irme! ¡Y ayúdame, joder!

Kylo, aún de rodillas sobre la plataforma, se incorporó, alejándose de Phasma y mirándola con frialdad.

- O me obedeces o te dejo aquí.

Hasta Paige pudo oír el rugido de la rubia.

- ¡Hijo de puta! ¡Se te ha ido la olla! ¡Hux va a enterarse de esto! ¡Y Snoke! ¡Me encargaré de que te expedienten!

- Créeme, Hux ya lo sabe – replicó Kylo, siendo consciente también él mismo de la veracidad de su afirmación, y viendo muchas cosas claras de repente.

Sí, aquello casaba bien con todo… Hux ya lo sabía. Sabía cosas sobre él y… y…

… y sobre la republicana que yacía en el suelo a unos metros de allí.

- ¿Qué? – bramó Phasma, y Kylo le alabó la inmensa fortaleza que debía de tener para poder experimentar incredulidad estando en su situación.

- Lo que oyes – replicó Kylo con cansina lentitud – Yo tengo ya mis propios asuntos con Hux y no deberías meterte en ellos. Él es mi segundo, no lo olvides.

Y Kylo vio algo en los ojos de Phasma que nunca había alcanzado a vislumbrar, pues la chica lo sabía ocultar bajo capas de frialdad: la impotencia de saberse el tercer eje y tener que considerar al "zanahorio" como a un superior. Siempre le había repateado Hux, pero era capaz de tolerarle. Y ahora, descubría que realmente era alguien tan confiable que por ello Kylo tenía sus propios secretos con él… y que le ocultaban a ella.

- No te alteres, Anya – añadió Kylo – Te contaré todo si prometes ser buena y bajar de aquí cagando leches y sin hacer preguntas.

Phasma estaba a punto de echar espumarajos por la boca y los nudillos se le habían puesto blancos por el esfuerzo, aparte de que la cara se le estaba ya congestionando por el esfuerzo.

- ¡Está bien! – escupió al fin la rubia - ¡Quiero detalles! ¡Ayúdame ya a subir, joder!

Ya satisfecho con la veracidad de lo que le aseguraba Phasma tras leer su mente, Kylo estiró los brazos para asir a la joven, que se incorporó con inusitada agilidad. Rápidamente, corrió a espabilar a los cuervos, escupiendo instrucciones para sacar de allí a los chicos, que se marcharon a regañadientes.

- ¿Pero por qué hay que irse, jefa?

- ¿Qué pasa?

- ¡Me niego a dejar a Ren solo con ésas dos!

- ¡No nos vamos!

- ¡Hay que zurrarles a éstas!

Phasma parecía decidida a hacer cumplir órdenes, aunque fuera a disgusto.

- ¡Y una mierda! ¡Os venís conmigo! ¡Larguémonos!

- ¡Anya! – gritó de repente Kylo - ¡Vete ya o descubrirán las pruebas! ¡Deshazte de todo! – se giró hacia los chicos - Y vosotros dos: ¡obedecedme o saldrá a la luz lo que hicisteis el jueves pasado a las dos de la mañana en la pizzería Davis!

Fue entonces cuando algo hizo clic en las cabezas de la rubia y de los cuervos, que por fin se dieron cuenta de verdad de que tenían que marcharse de allí. Phasma azuzó con más ganas a los chicos, cogiéndolos de la capucha de las sudaderas y salieron a escape por la caseta, dejando a Kylo solo con las dos republicanas.

Paige, por su parte, le miraba patidifusa, sin creerse lo que acababa de pasar en los últimos minutos… ¡Kylo Ren ayudándola a ella a escapar de una muerte segura ante la vista de sus secuaces! Y no contento con ello, les había echado, librándoles de la presencia de Phasma en aquel entuerto a una sola orden.

Kylo estaba de pie frente a ellas, incapaz de moverse, observándolas con aquella fría rabia contenida y controlándose todo lo posible por no correr hacia la otra figura junto a Paige.

Porque Rey parecía muy dolorida, agazapada al lado de la chica Tico… Y luchó contra el Demonio de la Locura, que le ordenaba a gritos abalanzarse sobre ella y asegurarse de que estaba bien. Cogerla del mentón y obligarla a mirarle con aquellos ojos verdes tan llenos de vida, de fiereza, de descaro...

- No pasa nada – oyó pensar a Rey – Estoy bien, Kylo. Gracias.

Aquella voz mental, de nuevo suave y decidida, tuvo la facultad de hacerle recobrar la seguridad.

Ni siquiera pudo contestarle en su mente. Estaba aún procesando lo que acababa de hacer, porque era consciente de que no había obrado de modo cerebral. Y supo lo que era.

Aquel puto bicho de luz aleteaba, pulsante, molesto y cálido, dentro de él, y se revolvía de felicidad al mirar a Rey, como si la visión de la chica le activara algún circuito olvidado en lo recóndito de su corazón. Había sido aquella maldita criatura la que lo había gobernado todo aquel rato.

Paige seguía muda de espanto y Kylo leyó el miedo en sus ojos. La chica tenía miedo de él. Pero había algo más en su mirada, que él consideraba totalmente incompatible con aquel miedo: la confianza.

La mayor de las Tico estaba asombrada por lo que él acababa de hacer.

- No puede ser algo fortuito lo que ha hecho. Debe de haber algo más. No puede ser malo del todo. No puede… Tiene que… Tiene que haber algo más… Es inexplicable. No creo que…

Retiró su atención de la mente de Paige, pues oyó ruidos que provenían del otro lado de la plataforma.

- Lárgate, Kylo. Vienen los de seguridad.

Ren le dirigió a Rey una última mirada indescifrable y desapareció bajando las escaleras de emergencia, justo en el momento en que por la puerta de la caseta de radio aparecían dos vigilantes de seguridad, seguidos de Starck y Tubbs.

- ¡Chicas! ¿Qué ha pasado? – preguntaron los jóvenes mientras se arrodillaban junto a sus compañeras y los vigilantes inspeccionaban la zona - ¿Estáis bien?

- Sí, ha habido una movida con los cuervos… - empezó a decir Paige mientras se apoyaba en brazos de Starck para levantarse y Tubbs hacía lo propio con Rey.

- Hemos visto a Phasma y otros dos cuervos salir por patas – explicó Tubbs – Algunos de seguridad se han quedado en las escaleras para pillarles. Éste es el último día en que entra Phasma al insti.

En ese momento, Rey exhaló un suspiro de alivio al recordar la oscura figura escabulléndose por las escaleras…

Y había otro detalle muy importante: Paige no iba a decir nada, de acuerdo a lo que leyó en la mente de la capitana de baloncesto.

- Qué extraño ha sido lo de Ren… Aún estoy flipando. Espero que Rey se calle… Por esta vez, ese larguirucho se ha merecido una oportunidad. Yo no pienso delatarle hoy.


El resto de la mañana fue una pista americana (*) para Rey, en el peor sentido de la palabra… Corrió de un lado a otro, sin resuello, apagando fuegos en las distintas zonas… Y siempre Kylo estaba por allí, vigilante. No se dignó en hablarle nada. Estaba muy irritada por todo aquello. Y le molestaba que Kylo pudiera hablarle como le hablaba a solas y ver que aquella mañana, era una fuerza más de la Academia. Él tampoco le habló, pero hizo algo más…

Hubo otra ocasión en que ella presenció cómo a varios estudiantes les hacían la zancadilla en unos relevos… Y sintió la energía de Kylo a su lado, ayudando a los chicos a caer sin dolor al suelo, ayudándoles a levitar un poco, amortiguando su caída. Todo pasó tan rápido, que el resto de la gente no se dio cuenta de la manipulación. Y más tarde, cuando un balón iba a estrellarse contra la nuca de la vicedirectora Holdo, Kylo desvió la trayectoria.

Rey, estupefacta, le dirigió miradas interrogativas a través del estadio, pero aquella mañana la mente de Kylo era una fortaleza inexpugnable.


- Hola – dijeron a sus espaldas.

Kylo se giró, algo confuso. Había estado leyendo las vibraciones de Rey desde que ella se había aproximado por el desvío de la autovía. Y en parte, se esperaba lo que estaba sintiendo. Se lo había estado imaginando durante aquellos dos días, desde el viernes al domingo. Se había pasado todo el puto fin de semana obnubilado y divagando acerca de la posible reacción de Rey. ¿Se podía ser más lerdo?

- Buenas tardes - saludó con voz cauta.

Rey bufó mientras se quitaba el casco y lo dejaba sobre el sillín.

- Mira qué educado te pones cuando estamos a solas.

El joven anduvo hacia ella, frunciendo el ceño y hablando con sarcasmo mal disimulado.

- ¿Me equivoco o percibo una cierta atmósfera de descontento a tu alrededor? No sé, parece que estés oliendo mierda y no sé de dónde puede ser.

- Adivina, cuervo – ella se cruzó de brazos, pasando de largo junto a él y buscando su sitio habitual en la hierba para sentarse con cara de pocos amigos – La verdad, he estado tentada de no venir hoy.

Kylo la siguió con la mirada, cada vez más confuso.

- ¿Cómo dices? – y si Rey se hubiera girado a mirarle en ese momento, habría visto el gesto de un niño grande al que hubieran contrariado. Con un resoplido, la chica se dejó caer en la hierba, cruzándose de piernas y quitándose la mochila para dejarla a su lado. Se quitó la cazadora y manipuló su móvil mientras hablaba.

- Contenta me tienes – farfulló, mientras Kylo llegaba a su lado – Bueno, más bien tus amigos.

Vaya, así que es eso.

- Entiendo – y él se sentó también en la hierba a su lado, cruzándose igualmente de piernas – Pero la culpa es vuestra, por no tener mejor seguridad. Si la Academia hubiera acogido los campeonatos, no pasarían estas cosas.

Ella lo miró echando chispas.

- ¿Perdona? – casi masticó las sílabas - ¿Pero tendrás morro? ¡Vosotros golpeasteis primero! – lo señaló con un índice acusador - ¡La liasteis parda desde que pusisteis el pie por la mañana! ¡No habéis hecho más que complicarnos la existencia! ¡Y tú! – casi le dio un toquecito en el pecho con el índice - ¡Tú eres el jefe! ¡Tú comandabas a las tropas! ¡Tú has orquestado todo!

Kylo, sin inmutarse ante su cuasi-toque, pestañeó lentamente, alzando el mentón.

- ¿Y quién te ha ayudado a arreglar el desaguisado?

Rey, en medio de su verborrea enfática, casi boqueó por la sorpresa y se quedó en silencio.

Era cierto, joder.

Y era inexplicable.

- Te refieres a lo de las gradas, con Paige y Phasma... - Kylo asintió en silencio - Vale, lo admito – Rey alzó las manos – Me echaste un cable – giró las manos para señalarle con ellas - ¡Pero no entiendo por qué! ¿A qué viene comandar todas esas jugarretas y después ayudar de tapadillo a la republicana? No hay quien te entienda, tío.

Ren suspiró. Necesitaba paciencia. ¿Cómo iba a darle explicaciones si ni él mismo comprendía muy bien por qué había hecho aquello?

- Un detalle te voy a dar – alzó un largo y pálido dedo – Yo no he sido el estratega, sino Hux.

La muchacha alzó una ceja y pestañeó repetidamente.

- Muy aclarador. Toda una novedad. ¿Pretendes quitarte responsabilidades?

- Sólo digo que la cabeza pensante ha sido Hux. Yo me he limitado a coordinar tropas.

- ¿Pretendes decirme que no tenías ni idea de lo que estaban cocinando tus chicos al poner un pie en el estadio? – la chica bufó – Vamos, por favor… No hay quien se lo trague. ¿Y lo de los altavoces? Oí a Masterson hablando con Phasma sobre los audios que les habías encargado reproducir en el tiro con arco.

Al oírla, Kylo sintió el aguijonazo de la desconfianza. Y era la primera vez que le dolía tanto. Vale, lo de los altavoces había sido idea suya. Pero había otras cosas que habían planeado los demás por su cuenta. Y eso lo tenía muy mosqueado, así que se había prometido a sí mismo investigar aquellas salidas de tono de sus tropas.

Estaba acostumbrado a que, como jefe negro, nadie se fiase de sus intenciones y todos estuviesen en alerta. Pero ahora mismo, estaba soberanamente dolido, porque ahora era él quien no se fiaba de otros, y también era la primera vez que le dolía que no se confiase en él.

¡Para una vez en su maldita vida en que él no organizaba todo…!

Recordó el cuento del Pedro y el lobo… Argh.

- Pues deberías creértelo – dijo muy serio, mirándola a lo hondo – Phasma y Hux han sido los artífices.

Necesitaba hablar, desahogarse, era como una comezón horrible que le atenazaba las tripas. Necesitaba no quedar como el malo esta vez, que ella le entendiese, que ella le apoyase.

- De hecho – prosiguió - hay algunas jugadas que yo no sabía que iban a hacer. La de la cerbatana, por ejemplo.

Rey le escuchó, cambiando ligeramente su gesto a uno de estupefacción. Controlada.

- ¿Me estás diciendo que tus tropas actúan a tus espaldas como les sale de las narices?

Kylo tragó saliva. Argh, se había echado tierra por encima del modo más espantoso. Aquello era lo que se llamaba hacer el ridículo a nivel nacional. Qué vergüenza. Argh, argh, aaaaargh.

- ¡No es eso! – ¡Argh! - ¡Tengo controladas a mis tropas! ¡Eran maniobras que no estaban aprobadas por mí! Y ya me encargaré de echarles la consabida regañina.

Rey le miró durante un par de segundos.

- ¿Me dices la verdad?

Los ojos castaños de Kylo le ardieron en la piel cuando él asintió, contemplándola con aquella furia contenida tan suya. De pronto, el gesto de Rey se dulcificó.

- Vale, está bien. No serías buen jefe si tus tropas se desmandasen como cabras por el monte y no les regañases por ello.

Demonios.

Kylo soltó una risa nasal que no pudo contener, mientras negaba lentamente. Qué chica, por dios.

- Supongo que debo darte las gracias – reconoció ella con voz suave – Olvidarme de mi enfado y concederte este punto a ti. Gracias, sinceramente. Esa mañana pensé que no daba abasto… Y apareciste en los momentos oportunos para echar un cable.

La muchacha alzó las manos en señal de rendición.

- Mira, no te preguntaré más por qué lo has estado haciendo. De verdad, no quiero presionarte. Pero – y Rey lo atravesó con aquellos ojos verdes que no eran nada bonitos (nada, pero nada) pero sí terriblemente poderosos – Sea lo que sea lo que te haya hecho hacerlo, bienvenido sea. Que sepas que no es malo. Y que no deberías avergonzarte de ello. Y que doy gracias a que tengas eso en tu interior que te ha hecho acudir al rescate.

Hubo un silencio, en el que Rey le dejó digerir a Kylo sus palabras. La joven prefirió callarse, en vez de soltarle la ya manida frase "sé que hay luz dentro de ti", porque algo le decía que, como la pronunciase, Kylo era muy capaz de reventar algún árbol o algo así.

¿Ella estaba confiando en él?

¿Le estaba prometiendo no insistir, dejarle tranquilo?

Uau.

- Eh, un momento – saltó él de pronto - ¿Rescatar? ¿Quién ha hablado de rescatar?

- Joder, Kylo, era un decir – y de pronto, Rey parecía apurada – No sé, es una expresión… Acudir al rescate, venir en ayuda de alguien… Llámalo como te dé la gana.

- Ah, vale.

Kylo Ren no rescata a nadie. No ayuda a nadie más que a sí mismo y sus intereses.

Le dirigió una mirada de soslayo a Rey, quien de repente parecía muy ocupada en ajustarse las gomas de sus moños y echarse los mechones sueltos tras las orejas. Por la cabeza de Ren surcó, como en un flash surrealista, una imagen de él montado en un caballo (negro), armado con una lanza (negra), cabalgando a ayudar a la joven damisela de los moños triples, que luchaba contra un dragón verde…

Por dios, ¡tenía que espantar aquella imagen de su mente!

¡Puto Demonio de La Locura!

- ¿Pasa algo?

La voz de Rey lo interrumpió y alzó la cabeza.

- ¿Qué?

- Nada, que parecía que estabas espantando moscas – y Rey ilustró su explicación meneando la cabeza, imitando su gesto - ¿Estás bien?

- Sí, claro – farfulló él, recuperando la compostura - ¿Empezamos?

- Sobre eso, quiero aclarar algo antes – dijo Rey.

Kylo la observó, expectante, mientras ella se esforzaba por encontrar las palabras adecuadas.

- Mira, hoy había venido aquí llena de dudas, medio cabreada por las guarradas que nos hacéis, y las que seguro que nos seguiréis haciendo. Y medio agradecida también, porque me sacaste de un buen apuro. Mi pregunta es… ¿estás cómodo con esto? ¿Estás dispuesto a echar un rato aquí conmigo? ¿A sabiendas de que el lunes, en los campeonatos, los tuyos van a seguir fastidiándonos?

Hubo un tenso silencio, en el que ella le devolvió la mirada. Y, como en otras primeras veces que estaba teniendo con Rey (pues la joven le estaba haciendo pensar y sentir cosas que pensaba que no iban con él), se sintió culpable.

Culpable. C-U-L-P-A-B-L-E.

Era cierto, estaba en una posición complicadísima. Objetivamente, aquello era una locura, un sinsentido. El presidente del Consejo de la Primera Orden quedando en secreto con una mindundi del Republicano, para abrir su mente y su alma y dejar que ella se fortaleciese en sus poderes.

A cualquier persona normal se le caería la cara de vergüenza. ¿Y a él? ¿Él es que estaba por encima del bien y del mal o qué?

La respuesta era clara, pero le fastidiaba reconocerla. Estaba en medio de algo, de algo muy extraño para él, que consistía en que una bola de luz puñetera había dicho "Hola, ¿qué tal?" justo en mitad de sus tripas y no iba a irse hasta que no la tuviera controlada. El problema era que aquella bola de luz le estaba empezando a obligar a hacer tonterías.

Y lo peor de todo, que aquella luz le reconfortaba de un modo prohibido, tóxico. Como una droga. Como la presencia de Rey. Y su luz reaccionaba ante la de ella, hormigueaba, la había saludado triunfal cuando ella había aparcado la moto. Aunque Rey hubiera llegado al sitio enfadada con él.

- Ya te he dicho que algunas cosas no estaban planeadas y que hablaré con ellos – replicó él con un punto de exasperación.

- Pero para el resto no, ¿verdad? Entre tú y yo estamos tope guay de colegueo, chachi piruli, nos llevamos de puta madre y tal. Pero mañana entrarás por la puerta y volverás a ser testigo de cómo nos incordian. ¿Y podría saber si mañana vas a ayudarme también o me vas a dejar a mi aire? No sé, a lo mejor hay algún incidente que no puedo controlar, no llego a tiempo… Lo mismo acabo accidentada y…

- ¡No tengo por qué darte respuestas! – bramó Kylo.

Automáticamente, se arrepintió de aquello. Y su luz interior se quejó, replegada ante su oscuridad. Y le dolió, le dolió ver aquella balanza descompensada. Como si una parte de sí mismo se hubiera congelado y no la dejaran moverse.

Y ella lo miraba, intentando ocultar el dolor que le acababa de provocar.

- Joder – farfulló el joven, levantándose y caminando a zancadas sin rumbo fijo por el prado, poniendo los brazos en jarras.

Rey hizo algo maravilloso: se esperó en silencio a que él terminara de calmarse. Porque de pronto, comprendió lo que le pasaba. De hecho, sus vibraciones fueron más elocuentes que ella. Avanzaron hacia Kylo como tentáculos suaves de luz tenue y cálida y lo acariciaron tentativamente.

Y él no hizo nada por expulsarlos.

Se detuvo de espaldas a ella, controlando su respiración y poniéndose dos dedos sobre el puente de la nariz. De pronto, la conversación con Maul se le vino encima. Todo. La propuesta, el delicado trato que iban a tener… Estaba de pronto tan agotado como en aquella tarde…

Pero a esto sí podía ponerle solución.

Se giró hacia Rey y caminó hasta sentarse de nuevo, esta vez frente a ella. La miró intensamente y musitó:

- Lo siento.

Rey intentó no mostrarse demasiado sorprendida, pero no pudo evitarlo. Aquellas palabras le habían debido de costar tanto…

Sólo por eso, por la simple visión que estaba teniendo de aquel Kylo Ren estrangulado por las dudas, más vulnerable que nunca, dedujo que debía dejar correr las cosas. Que él se arreglara a sí mismo, sin presionar.

El joven la miraba desde su altura con la cabeza algo gacha, mientras algunos mechones desordenados de aquella melena salvaje y oscura caían por sus sienes. Y Rey sintió un estremecimiento, pues de pronto, al verle así, tan serio, tan sincero (porque leía su verdad en cada partícula de su energía) se le antojó… ¿atractivo? ¿Un poquito más maduro? ¿Un poco más interesante? Como si mereciera la pena seguir hablando con él más que antes.

Atractivo.

¿Era ésa la palabra?

De pronto, pensó en la situación. El alto joven de imponente figura, una presencia oscura y amenazante, convertido de pronto en alguien más cercano que nunca, contrito, avergonzado. Más humano que nunca.

Y la luz, aquella luz que ella ni quería ni mentar por no fastidiarle más, aquella luz burbujeaba en el pecho de Ren en ese instante, como una pequeña llama un poco más intensa que días atrás, un poco más estable, un poco más cálida.

¿Dónde estaba ahora el monstruo?

Había cosas en esta vida que merecían la pena. Merecía la pena pasar desvelos, frustración, decepción… Si antorchas como la que brillaba en el pecho de Kylo en ese instante se encendían.

- No pasa nada – dijo suavemente, mirándole con comprensión – Supongo que debo concederte el beneficio de la duda.

Kylo alzó el mentón un poco y había un gesto que ella nunca le había visto antes: el rostro que había visto en los recuerdos de Chewie y P.O.

Esa mirada perdida era la del pequeño Ben Solo.

- Supones bien – y de nuevo él le mostró una sonrisa torcida, recuperando el aplomo – Es todo lo que puedo concederte. Pero, dadas las circunstancias, y lo que ambos necesitamos hacer aquí, no podemos pedirle más al otro, ¿no te parece?

Rey tenía que ceder, y lo hizo, componiendo una leve sonrisa y asintiendo con suavidad. Menos daba una piedra. Aquella simbiosis que habían adoptado era por conveniencia. Se necesitaban el uno al otro para aprender, para crecer, para mejorar.

- Vamos a meditar antes – pidió ella.

- Por supuesto – concedió Kylo – Siempre antes – y había en su voz una nueva cadencia. Era más profunda que nunca, más serena que nunca.

Y ambos cerraron los ojos a la vez, rápidamente, sin llegar a determinar quién de los dos estaba más corroído por la anticipación y las ganas de empezar.


Pista americana (*) ¿Habéis visto alguna vez en las pelis ese lugar en el que ponen a entrenar a los futuros militares? Un campo con pruebas como tirolinas, cuerdas, muros a escalar y demás pruebas físicas. Bien, pues algo parecido es por lo que ha tenido que pasar la pobre Rey en este capítulo. Se ha pasado toda la mañana corriendo de un lado a otro apagando fuegos y evitando desastres. Vamos, que la han tenido muy ocupada.


Avances para el próximo capi: nos centramos en esta nueva clase/entrenamiento/reunión/noséyacómodemoniosllamarleaesto