Dinastía

Treinta y seis

Draco

-Ocho semanas. Perfecto. Creo que haremos que este señorito nazca mañana. ¿Qué opinas, Sirius?- Preguntó el sanador MacMillan.

-¿De verdad?

-Sí-. Ahora incluyó a Lucius en la explicación. –Dados los riesgos del parto, lo mejor es programarlo. Tengo todo listo en San Mungo para mañana por la tarde.

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Estaban todos: Lucius, Abraxas, sus padres, su hermano, su tía y sus primas. James, Remus, Kingsley, Lily, Alice...¡hasta Severus!

El procedimiento era muy similar a una cesárea muggle, pero se necesitaba una poción que dejara inconsciente al mago. Eso significaba que su dragoncito iba a nacer y él le vería horas más tarde.

-Tú lo recibirás y lo abrazarás y le dirás que- Lucius lo calló con un beso. –Shh, todo saldrá bien.

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Tres horas más tarde, Sirius se despertó; agotado, se sentía como si le hubiesen exprimido el cuerpo y la magia, pero tranquilo. Poción, seguramente.

Miró a un lado de la cama: su esposo sostenía un bulto blanco; Lucius levantó la vista y le sonrió. Se puso de pie, lo dejó acomodarse y le depositó en los brazos a su hijo.

Jamás se hubiese imaginado que iba a amar a alguien como amaba a su Draco, jamás. El niño reaccionó moviendo los bracitos y las piernitas, liberándose de la tela y apoyando la mejilla sobre la piel de su papá.

Los ojos de Sirius estudiaron cada detalle de Draco: su piel blanca y rosada, ¡tan suave!, la pelusita que se convertiría, con el tiempo, en cabello platinado, estaba seguro.

-Draco Lucius Malfoy-Black-. Dijo, mirando a Lucius.

–Los amo-. Repondió el rubio, acariciando a su hijo, delicadamente, con la yema del dedo índice y rozando los labios de su esposo con los suyos.

xxxxxxxxxx Dulzura Letal, 4 de marzo de 2011 xxxxxxxxxxxxxxxxx