-Sirius- esa voz… no era la de su amada esposa. Era una voz que no escuchaba hace mucho. Su corazón latió con mas prisa. Conocía perfectamente esa voz. Era el sonido peculiar de la persona que a momentos entraba a su sueño y le reprochaba haberlo abandonado. Dejó escapar un suspiro y giró.
-¿Reg? – su voz sonaba triste y emocionada a la vez. Frente a el se encontraba su hermano. Su hermano menor estaba tomado de la mano de su esposa. Pero ahí estaba. No era un sueño. Ahí estaba.
Ojos grises conectados con ojos grises. Las mismas emociones detrás de cada mirada. Todos permanecían en silencio. Todos estaba estáticos.
-Hola Sirius- habló con timidez el menor de los Black.
-¿Reg?- preguntó nuevamente Sirius mientras daba un paso hacia el pelinegro. No lo podía creer. No movía sus ojos de el. Temía que desaparezca- ¿qué haces aquí?
No pudo evitar que su voz sonara a un reproche. Vio el gesto de dolor que surcó el rostro de su hermano.
-Yo fui por el…- habló Hermione mientras que caminaba hacia su esposo, sin soltar la mano de Regulus- creo que deben de habar.
-Nosotros iremos a nuestra habitación… vamos James.- Lily tiraba suavemente la mano de su esposo. Ella estaba ya girada para subir por la escalera.
-Pero-
-Vamos- habló esta vez con mas fuerza pero manteniendo un tono de voz calmado.
James miró la espalda de su mejor amigo y cedió a su esposa. Sin decir otra palabra, ya se encontraban subiendo por la escalera.
Sirius y Regulus seguían mirándose. No pestañeaban. No prestaban atención. Todo pasaba rápidamente a su alrededor.
-Nosotros nos iremos también- dijo Charlus aclarando su garganta, entendiendo que no era requerido y jalaba a su esposa que al igual que su hijo, estaba renegona.
Hermione se encontraba entre los dos Black y sabía que no estaba requerida en la conversación.
-Estaré en nuestra habitación… por si necesitan algo- comentó sonriente la castaña mientras caminaba a la habitación que tenían en la mansión. Ambos pelinegro seguían mirándose sin moverse. Ya lo harán.
Hermione se encontraba acostada de lado. Ella ocupaba el puesto de la derecha de la cama, vista desde enfrente. Le estaba dando la espalda a la puerta. Había estado dispuesta a esperar a Sirius y darle la bienvenida que merece, pero en cuanto se sentó en la enorme cama se dio cuenta de lo cansada que estaba. De todos modos, no podía dormir. Se encontraba con los ojos cerrados pero su mente estaba muy despierta.
Unos pasos en el pasillo le indicaron que Sirius se acercaba.
Hermione abrió los ojos ligeramente. Vio como la luz del pasillo perforaba la habitación en cuanto la puerta se abrió dejando ver la sombra de un hombre alto al centro de la iluminación. La puerta se cerró. Escuchó a Sirius acercarse a la cama. Escuchó el sonido de ropa caer al piso. Sintió las sabanas abrirse. Sintió el peso del pelinegro sobre el colchón.
En cuestión de segundos, uno de los pesados brazos estaban sobre la cintura de Hermione y su rostro estaba muy cerca del de ella. La respiración de Black rozaba con el lóbulo de su oreja y le mandaba corrientes eléctricas por todo el cuerpo.
-Lo extrañaba tanto- su voz era un susurro.
-Lo se.
-Me explicó todo- la castaña sabía que por todo, se refería a los pensamientos de Regulus y no a sus recientes aventuras.
-Lo se
-Lo extrañaba tanto.
-Lo se.
Sus voces fueron siempre un susurro. Hermione podía escuchar todos los sentimientos detrás de su voz. Podía sentir la humedad de su rostro. Había llorado. Se había reunido con su hermano después de muchos años separados. Sirius siempre pensó que lo odiaba por haberlo dejado solo, y Regulus siempre prensó que su hermano lo odiaba por haber elegido el bando de sus padres. Pero ahora todo estaba arreglado.
-Esta utilizando mi vieja habitación- habló con voz cansada, el sueño llegándole por fin.
-Tendremos que darle otra habitación- la castaña sonrió haciendo énfasis en la palabra- la tuya parece de Gryffindor.
-Lo se- sintió la sonrisa de Sirius rozar su piel- Habló muy bien de ti.
-¿Qué dijo?- Hermione arrastró las palabras, sintiendo el cansancio poder con ella.
-Te siente como la familia que nunca tuvo- también las palabras del animago eran cansadas. Había hablado por casi dos horas con Regulus.- cuestionó lo mismo que yo, acerca de cómo… tus ojos pueden mostrar tantas emociones a la vez.
Sirius rió ligeramente con lo dicho. Cada vez hablaba mas lento. Le costaba trabajo pronunciar las palabras.
-Dijo… que se había encariñado… que eres una gran bruja… que soy muy… suertudo…. De tenerte- Sirius comenzaba a perderse en sus sueños.
-Es un gran chico- comentó Hermione acomodándose un poco mas.
-Te extrañe…
-Y yo a ti…
Y ambos esposos, abrazados, se rindieron ante los brazos de Morfeo.
-¡Buenos días, Familia!- gritó James con demasiada efusión imitando al pelinegro de la noche anterior. Había abierto la puerta con una gran fuerza ocasionando que azotara con la pared. Estaba parado bajo el marco de esta con las manos estiradas en el aire.
-Cállate Cornamenta- Sirius tomaba una taza de café y tenía una ojeras bajo sus ojos. Se veía cansado.
-¿Por qué Canuto?- preguntó James en tono burlón y molestando al heredero Black que iba creciendo su enojo.
-Basta, los dos- amenazó Lily señalando a ambos y procediendo a elaborar el desayuno. Estaban en la cocina.
-¿Y papa?- preguntó James mirando a todos lados con las cejas entrecerradas.
-Se fue desde temprano al ministerio… una reunión de jefes de departamento o algo por el estilo- comentó Sirius tomando de un trago todo el contenido caliente de su taza. Sus cejas profundamente fruncidas.
-Buenos días- dijo la aterciopelada de Hermione, mientras esta cruzaba la puerta. Su cabello estaba aun mas rebelde y su pijama marcada por todos lados, al igual que su rostro.
James se carcajeó y se ganó un pedazo de pan volador por parte de la pelirroja. Hermione refunfuñó pero solamente se dejó caer en la silla a la derecha de Sirius, de una manera muy pesada. El matrimonio Black estaba muy cansada. Por diferentes razones cada uno, pero al fin. Exhaustos.
-Entonces, Sirius… ¿qué sucedió ayer?- preguntó James del otro lado de la mesa pero frente a su mejor amigo.
-Hablamos- fue la sutil y única respuesta. James puso los ojos en blanco.
-¿Y donde está?- preguntó mientras que Lily le daba una taza de café y un suave beso en la mejilla.
-En su habitación, creo- comentó con voz cansada el oji gris.
-Oh- ya no dijeron nada. Claramente Sirius no estaba de buen humor. Eso de no dormir le afectaba.
Hermione estaba muy cansada. Su cuerpo pesaba y luchaba con todas sus fuerzas por mantener sus ojos abiertos. Lentamente, su cabeza se fue recostando en el hombro de Sirius. Y comenzó a pestañear… lentamente… los cerraba solo un segundito… tal vez dos…
-Buenos días- la voz de alguien en la puerta hizo sobresaltar a Sirius, que empujó sin querer a Hermione, que por querer sentarse derecha, perdió el balance y se fue hacia el otro lado del banco… hasta el piso.
-¡Mione!
-¡Mione!
-¡Hermione!
-¡Herms!
El gritó de cuatro personas sobresaltadas se acercaron a la bruja. Pero no pudieron ayudarle. Simplemente la risa les ganó a todos.
Hermione se encontraba con una pierna flexionada mientras que la otra, por alguna razón estaba sobre el asiento de la silla. Los dos brazos estaba estirados fuertemente detrás de ella y sus pompis en contacto con el piso. Una mueca de dolor se extendió por su rostro.
-¡Hey!... que me he caído y lo natural es que al menos mi esposo me ayude- regañó la castaña simplemente alimentando la risa de todos. Sin poder evitarlo, una sonrisa se escapó por las comisuras de sus labios.
Sirius, al igual que los demás simplemente rieron aun mas. Hermione resopló lanzando unos mechones al aire debido a su aliento y comenzó a pararse. Bajó la pierna, se enderezó y levantó su brazo derecho para apoyarse en la mesa de la cocina. La manga de su playera cayó.
-¿Qué es eso?- preguntó Regulus con los ojos muy abiertos, observando con susto la marca del brazo de Hermione.
Sirius, y los demás pararon de reír. Todo era un silencio sepulcral. El esposo se agachó rápidamente para ayudar a Hermione a ponerse de pie. Regulus continuaba estático viendo el antebrazo que la castaña acababa de cubrir.
-Una cicatriz, Reg- dijo con una sonrisa incomoda la bruja. Nadie parecía querer decir nada.
-Pero- Hermione no quería hablar de eso, así que mejor se acercó a el.
-Te acompañaré a tu nueva habitación, ¿si?. Vamos Reg- Hermione tomó de la mano al pelinegro y lo forzó a salir de la cocina.
Regulus miró rápidamente a Sirius que estaba clavado en su lugar y con los brazos muertos a sus costados. No lo dejó de ver, hasta que la puerta se cerró.
El menor de los Black, simplemente seguía a la castaña por los pasillos blancos de la residencia.
-Esta es la habitación de Charlus y Dorea. Si necesitas algo, no tengas duda ni vergüenza de venir a buscarlos- comentó Herms mientras pasaban por una puerta que parecía cualquier otra. Estaba a la mitad de un pasillo. Giraron a la izquierda.- este es el de James y Lily. Se casarón en junio o Julio del año pasado, no recuerdo bien.- admitió avergonzada la castaña. Después se corrigió mentalmente. Junio. El primer beso con su ahora esposo.
Regulus simplemente asentía mientras Hermione le daba un rápido tour por los pasillos de la casa de los Potter. Reconoció la habitación en la que había dormido, pero pasaron de largo. Salones de te, habitaciones para visitas, armarios, cuartos de los que Hermione nunca había escuchado, cuartos vacíos, los vestidos de Dorea… y finalmente llegaron a detenerse.
-Esta es la habitación que comparto con Sirius- sonrió con ternura la bruja. Regulus podía ver que estaba muy enamorada de su hermano- tu habitación.- la castaña simplemente cruzó el pasillo, en dos o tres zancadas.- … es esta.
Regulus estaba impactado. De la puerta de la habitación de los Black, dos a la derecha y uno al frente, se encontraba su habitación.
-¿Por qué tan cerca?- preguntó. Hermione pareció ofenderse ligeramente o sentirse incomoda. Regulus no supo y mejor trató de acomodar la frase- me refiero… a que hay tantas habitaciones, ¿por qué quisieron que estuviera tan cerca?
-Creo…- la castaña meditó su respuesta- que han estado alejados por mucho tiempo. Deben de estar cerca.
Regulus simplemente asintió con una sonrisa en su rostro.
-¿No quieres pasar a verla?- preguntó Herms con las cejas levantadas.
-Prefiero seguir con el tour- sonrió de lado.
-No te burles Black- Regulus se sorprendió al ver la forma en la que estaba señalando. Hermione se dio cuenta y miró a sus dedos con una sonrisa- extraño, ¿verdad?. Creo que inconscientemente comencé a imitar a Sirius… dos dedos. ¿a quien se le ocurre?. Bueno sigamos…
Regulus estaba dando un paso cuando la mano de Hermione se colocó en su pecho haciéndolo detener.
-Estas cerca de nosotros… también para que si tienes ganas de hablar con alguien… Sirius o yo… siempre estaremos ahí. Al menos Sirius. Yo vagó mas por esta casa.
-¿a dónde exactamente?- Hermione sonrió y lo llevó por los pasillos. Hablaba mientras caminaba.
-Pues, si no estoy en mi habitación, estoy en la sala, con Sirius, de hecho… o estamos en los jardines, ya te enseñaré donde… o estoy en esta hermosa habitación.
Regulus levantó una ceja mientras se detenían frente a una puerta doble de madera. Alcanzó a ver un brillo especial en sus ojos y no supo si interpretarlo como algo bueno o algo muy, pero muy peligroso. Tenía el presentimiento de que era lo segundo.
Hermione colocó las manos en cada puerta, de la misma manera en que lo había hecho en Gringotts, y abrió la puerta.
Una sonrisa maniaca estaba en el rostro de Hermione mientras observaba con ilusión cada, repisa, cada libro, cada centímetro de la habitación. Sus manos entrelazadas y pegadas a su pecho como niña pequeña a punto de recibir un helado. Por otra parte, Regulus estaba de pie junto a ella, observándola de reojo, con una ceja levantada y una ligera sonrisa de lado. Verdaderamente era extraña su cuñada.
-Aquí, es donde paso la mayoría de mi tiempo, cuando no estoy en el ministerio o en mi habitación, o-
-O con Sirius, que es casi todo el tiempo, lo entiendo- espetó Regulus ganándose un gruñido de Hermione.
-Aquí es donde puedo hacer mis planes para salvar a mis amigos.
¡Eso! Eso era algo interesante. Algo que el quería escuchar.
-¿Cómo que?- trató de mostrar indiferencia pero moría de ganas por escuchar todo.
-Pues… por ejemplo, aquí es donde hice el plan para salvarte- sonrió Hermione mientras colocaba las manos levemente detrás de ella sobre una mesa y se inclinaba hacia atrás, su espalda baja en contacto con la madera.
-¿Aquí?- curioseó el Slytherin mirando ahora con interés todo a su alrededor. Solo habían libros.
-Aquí mismo… lo dije una vez y te lo repito. Los libros siempre tiene la respuesta… y si no la tienen, algo sucede a su alrededor que te da las respuestas- comentó Hermione con voz de sabelotodo y una sonrisa en su rostro. Caminaba por entre una repisa y su mano se deslizaba sobre los libros.
-¿Herms?- preguntó Regulus captando la atención de la castaña. Regulus, ya se había sentado en uno de los sillones e incitaba a Hermione a sentarse con el. Esta caminó y se sentó frente a el, en un sillón bastante cómodo.- ¿por qué quieres salvar a tus amigos, a todos… a mi?
Hermione simplemente miró sus ojos grises, llenos de confusión. Pero no dijo nada. Tenía que pensarlo unos segundo. Ella sabía la respuesta. Lo indicaba su corazón. Era lo justo. Lo correcto. Pero para los demás, los que no habían vivido lo que ella, esto no era tan fácil de entender.
-De donde vengo…- los ojos chocolates perforaron los de Regulus para asegurarse de que prestaba atención- todos a mi alrededor, conocidos o no… habían sufrido las injusticias de aquél-que-no-debe-de-ser-mencionado… muerte injusta, pérdida, soledad… y al final, todos habían muerto. Harry perdió a todos. A sus padres, a su padrino, a la única persona que le recordaba a su padre y a su madre, a sus amigos… y finalmente murió el. Remus, estuvo solo y cuando por fin encontró al amor y comenzaron una familia, es asesinado. La familia Weasley quedó rota de por vida. Todos muertos. Snape sufrió en silencio toda su vida por haber sido cegado y acabó muriendo por eso que lentamente lo mató toda su vida.
-¿Y Sirius?- preguntó de repente el oji gris. Quería saber que había pasado con su hermano. El sabía que el moría pero necesitaba saber de su hermano.
El corazón de Hermione se estrujó al recordar lo que había vivido la persona que mas amaba en el mundo. Cuando sucedió, había sufrido y llorado, mas por Harry que por el mismo Sirius. Pero ahora, tan solo de pensarlo, le carcomía el alma.
-Sirius fue culpado por el asesinato de los Potter… fue enviado a Azkaban por doce años hasta que se fugó para proteger a Harry. Fue muy difícil, pero por fin se habían acercado. Sirius estaba con un aparte de su mejor amigo y Harry tenía a alguien que lo acercara a sus padres. Fue asesinado en el departamento de misterios por Bellatrix durante nuestro quinto año- lo ultimo lo dijo muy rápido. Pero el pelinegro entendió cada palabra. Se hundió en su asiento.
-¿El lo sabe?- preguntó temeroso. Conocía a Sirius. Se consumiría su alma tan solo de saber.
-No. No quise decirle. Simplemente que falleció. Me insistió pero se rindió cuando supo que no diré nada, nunca.
-No debe saberlo- aseguró Regulus.
-Lo se, Reg. Nadie sabe nada. Si los Potter supieran toda la historia se morirían de tristeza. Remus caería en depresión y Sirius…
Ya no dijo nada. Ambos conocían a Sirius. Y sus reacciones. Era mejor no pensar en eso.
-Pero Herms… es mucho por cambiar.
Hermione sonrió. Ya había escuchado antes el comentario.
-Haré lo mejor que pueda Reg… hasta ahora, ya he salvado a unos cuantos- comentó orgullosa de si misma la castaña. Regulus simplemente asintió aun no muy conforme de la respuesta, cosa que detectó la bruja.- lo intentaré, ¿esta bien?. Debo de hacerlo… Aparecí en esta época por algo. El destino, un gira tiempo con cerebro, Merlín… no lo se. Pero es mi oportunidad… para darles una segunda oportunidad a mis amigos. Y lo conseguiré. Aunque tenga que dar mi vida por ello.
-¿Y dejar a Sirius?- la convicción que estaba en el rostro de Hermione se perdió.
No había considerado eso. Abandonarlo… prometió nunca hacerlo. Su corazón se hundió en su pecho al imaginar lo que sería su vida si perdiera a Sirius. Querría morir. Nada tendría sentido. Seguiría adelante claro… pero sería lo mas difícil que habría hecho en su vida, si es que consigue ir adelante. Se sintió una egoísta al pensar en eso. Dos ideas divididas. Salvar a sus amigos con todo su ser aunque le cueste la vida… o resignarse y dejar algunos males para quedarse con Sirius. Su cabeza comenzó a doler. Eran sentimientos encontrados. No quería pensar en eso en este momento.
-Vamos Hermione… debes de saber que tengo razón- mencionó Regulus al ver que Hermione salía de su trance.
-Tal vez tengas razón, pero Sirius entendería-
-No estoy seguro de eso, Herms. No se si el pudiera entender el que te sacrificaras-
-Nadie habló de sacrificarme… dije que si fuera el caso, daría mi vida para que mis amigos tengan la vida que merecen, ¡para que Sirius tenga vida, Merlín!
-No podría salir adelante
-Tendría que hacerlo- habló con fuerza Hermione, callando a su cuñado – pero repito… es solo si… no importa, no llegará a suceder- aclaró con confianza Hermione. Regulus simplemente asintió.
Los días comenzaron a pasar con velocidad, mas de la que desearían. Abril terminó y Mayo estaba por finalizar también. Regulus se había integrado bien a la familia. Unos días después de su llegada, todo habían sido invitados a una pequeña fiesta de bienvenida. Regulus y Remus se hicieron muy amigos en cuestión de segundos. Había algo que los conectaba. No sabían explicar que, pero simplemente cuando el licántropo los iba a visitar a la mansión Potter, se la pasaba con Reg. Marlene hizo dos o tres comentarios algo incomodos pero después aceptó con alegría al menor de los Black. Los Longbottom, Dorcas y los Prewett habían abrazado a Regulus y lo aceptaron del todo. Dorcas fue la que sorprendió a todos diciendo que nunca lo vio como el malo de la historia. Nadie dijo nada del comentario, aun así. Reg había estado muy feliz.
Así los días pasaron. Regulus iba a la biblioteca a acompañar a Hermione mientras esta elaboraba su brillante plan para ayudar a Remus. A veces, Sirius entraba y se ponía a conversar con su hermano de cosas triviales, mientras que observaba a su esposa en su usual asiento bajo a la ventana, donde la luz del día, le permitía leer. Regulus después de unas semanas, se había dado cuenta de que es lo que intentaba hacer Hermione y se ofreció a ayudarla. Juntos buscaban en libros y artículos de El Profeta para poder llevar a cabo su plan, pero sabían que iba a ser complicado. Muy complicado.
La relación de casados de Sirius y Hermione iba estupenda. Cada día se amaban mas, si era posible. A pesar de que discutían a veces y se enojaban y azotaban las puertas, no pasaban mas de unas horas enfadados. Ya se habían enojado lo suficiente para toda una vida. Mantenían sus conversaciones en la ventana, pero desde que comenzó a salir el sol, se iban a pasear a los jardines. Sus conversaciones siempre de tonterías. Hablaban de Regulus, de cómo estaba la guerra, del trabajo de Sirius como auror, como a avanzado Hermione en el departamento de leyes mágicas, de los ataques a muggles, de la muerte de la familia completa de los Williams, el secuestro de uno de los miembros del Wizengamot, el asesinato del jefe del comité de disculpas a los Muggles, la tortura de varios miembros del departamento de regulación y control de criaturas mágicas, en fin… una larga lista de sucesos que sacudían al mundo mágico. Pero nada rompía su burbuja de felicidad. Durante el día, se mostraban como una pareja de esposos tiernos y muy enamorados, pero por las noches, cuando estaba solos, se amaban con pasión y lujuria.
Durante la ultima semana de Mayo, decidieron hacer una fiesta pequeña para celebrar la graduación de los chicos, y como ahora se convertían en aurores oficiales. Se llevó a cabo en la mansión de los Potter. Habían planteado llevarla a cabo en la madriguera, pero no iban a caber. Estaban muy felices, ausentes a lo que pasaba afuera. Este era uno de los pocos momentos en los que eran completamente felices. En esa reunión, todos celebraron también el hecho de que Marlene y Gideon se iban a casar. Algo muy sencillo y privado, similar a la boda de Hermione y Sirius. Todos estaban muy felices…
Todos permanecían en silencio. Expectantes a las palabras que saldrían de la boca del dueño del lugar. La habitación estaba a obscuras. Solo unas pequeñas antorchas le daban luminosidad.
Lucius Malfoy miraba hacia todos lados, su esposa junto a el. Narcissa Malfoy iba elegante como siempre, y con una mirada fría. Estaba sentada junto a su hermana.
-…A pesar de esto,- continuó con lo que estaba diciendo el hombre rubio – aun no entiendo que es tan especial de Granger. pero algo tiene. Va muchas veces al día al departamento de regulación y control de criaturas mágicas-
-¿Es una Black ahora, no es así?- preguntó el hombre que estaba en la cabecera. Su mano derecha sujetaba a su varita mientras que con la izquierda, masajeaba suavemente la escamosa piel de su serpiente. Sus ojos rojos sobre su mascota. El tono de su pregunta hacia parecer como si el tema no le importase en absoluto, como si hablase de algo banal.
Narcissa tragó saliva con una expresión de disgusto y decepción. Pestañeó dos veces pero no dijo nada.
-Así es señor… se casó hace unos meses con el traidor de Sangre, Sirius Black- comentó con voz segura Rictus Nott. Su cabello negro, largo hasta los hombros. Lacios. Ojos verdes. Serio y con túnicas formales, pero nada espectacular. Estaba sentado del lado izquierdo de la mesa, frente a Lucius.
-Recuerdo al señor Black…- siseó con burla Voldemort – traidor de la sangre, si… una manzana que cayó lejos del árbol, ¿no es así Bella?.
La mujer de cabello rizado y salvaje soltó una risa escalofriante y burlona. Muchos se encogieron ante el sonido. Los ojos de Bellatrix cargados de sentimientos que causaban miedo.
-Demasiado lejos diría yo, mi señor- su voz denotaba adoración. Su mirada también. Había hablado mientras ponía ambas manos en la mesa y se inclinaba ligeramente hacia el mago tenebroso.
Voldemort rió. Era extraña su risa. Erizó la piel de todos ahí.
-Una sangre sucia… una Black, jamás creí ver eso – comentó mas para si, con una sonrisa macabra y espeluznante.
-Dumbledore no ha mantenido contacto con la joven- comentó Lucius, regresando la atención hacia el – realmente no ha hecho nada sospechoso, tal vez si esperamos-
-¿Y por qué debería de hacerlo?- preguntó Voldemort poniéndose de pie mientras que su enorme serpiente se arrastraba lentamente por la madera.
El señor tenebroso comenzó a rodear la mesa mientras que deslizaba su mano por los hombros de los Mortifagos. Unos cerraban los ojos al contacto, como si tuvieran miedo. La sonrisa simplemente no se borraba de su rostro.
-¿Por qué… deberíamos esperar, a que Dumbledore haga su jugada en un tablero desconocido… y dejamos que mueva a su mascota como una mas de sus piezas?- preguntó con amenaza en su voz- ¿Por qué?- seguía caminando. Se detuvo y se inclinó por la espalda de un mago, que se tensó sutilmente - ¿Dime Yaxley, por qué?... – el hombre se quedó callado y se alcanzó a escuchar el gargajo de saliva que tragó con dificultad- ¿no hay respuesta? – se puso derecho y observó a todos los hombres y mujeres que estaban rodeando la mesa- ¡Díganme por que!- rugió Voldemort, que ya había regresado a su lugar de origen.
El grito de Voldemort causó un eco suave que retumbó por las paredes de la habitación, hasta que se perdió en cuestión de segundos.
-¿A caso no entienden, que el hecho de que no sepamos nada de Hermione Black la convierte en una amenaza?- preguntó con disgusto sentándose en su silla mientras que la serpiente regresaba a su amo. - ¡Lucius!
El aludido pegó un ligero salto ocasionando que su esposa cerrara los ojos entre enfadada y asustada.
-¿Mi señor? – preguntó después de aclararse la voz. A pesar de esto, había sonado seca y ronca.
-Vigílala… mas de cerca, no quiero que sigas con tus idioteces de verla de lejos o utilizar a uno de tu inútiles lacayos para hacer tu tarea por ti – espetó con fuerza el hombre con facciones reptiles. En su voz se escuchaba el odio. Malfoy simplemente veía estupefacto al señor tenebroso.
-Claro, señor- aceptó después de unos segundos de silencio. Su voz aun sonaba extraña.
-Quiero saberlo todo… ya he dejado pasar el suficiente tiempo… no hay nada que perder ahora- dijo sonrientemente mientras tomaba el rostro de su serpiente para acercarlo al suyo. Todos estaban embelesados con los movimientos de Voldemort.
-Lo que usted ordene, señor- susurró Lucius con altivez. Era una tarea importante, y el señor Tenebroso confiaba en el por sobre todos en esta mesa, excepto tal vez por Bellatrix Lestrange, pero definitivamente gozaba de un puesto importante. No lo defraudaría.
-De todos modos- interrumpió Voldemort los pensamientos de todos los presentes, que lo miraron expectantes – tal vez no sería tan mala idea pagarles una visita… después de todo, la señora Black ya alardeó de habernos conocido por un tiempo…
