Capítulo 37: Regreso a casa

Había pasado ya una hora desde que Farah y Sindra se marcharon. Arsalan estaba allí con ellos, distrayéndose mirando los mapas que Cyrus tenía sobre la mesa mientras él continuaba tumbado junto a Kaileena.

El Sol ya se había puesto y con la noche, el frío se acentuó. Arsalan había traído varios recipientes con ascuas para calentar la tienda. No era muy efectivo, pero, al menos, el frío era algo más soportable.

A pesar de estar cubierta por más de cinco mantas, Kaileena seguía estando helada. Al menos, estaba recuperando el color poco a poco. Cyrus miraba a Arsalan con mala cara, pensativo.

¿Cómo puedes estar así?

¿Así cómo? – Le preguntó el ladrón, confuso.

¡Con el torso al descubierto! ¡Llevas un simple chaleco!

No tengo frío. – Respondió él, encogiéndose de hombros.

¡¿Que no tienes frío?

No. – Repitió él. – Estoy acostumbrado. – Tras un breve silencio, volvió a hablar. - ¿Cómo sigue?

Fría. – Respondió Cyrus, desanimado.

A ver … - Arsalan se acercó y examinó a Kaileena. – Bueno, al menos respira con más facilidad. Tened paciencia, se recuperará.

¿Y si no lo hace? Morirá …

A estas alturas, dudo que lo haga. Está recuperándose poco a poco. Dejad de preocuparos.

No puedo.

¿Por qué? ¿Qué ocurre?

Es una larga historia …

Ya veo …

De pronto, Kaileena comenzó a moverse. Emitiendo pequeños quejidos, buscó aferrarse a aquello a lo que estaba abrazada. Cyrus sostuvo su mano mientras la observaba atentamente.

Arsalan, creo que está despertando. – Avisó Cyrus.

Iré a avisar a los otros. Si ocurre algo, avisadme.

Kaileena continuó moviéndose unos segundos más hasta que, finalmente, abrió los ojos. Lo primero que hizo fue mirar a su alrededor. Estaba desorientada. Cuando sintió la mano de Cyrus sujetando la suya, le miró. Allí estaba él, tumbado a su lado, mirándola preocupado.

¿Cyrus? ¿Qué … Qué ha pasado? ¿Cómo he llegado aquí?

Tranquila, tranquila. – Le dijo él, abrazándola. – Perdiste el conocimiento cuando te trajimos aquí.

Pero si no recuerdo haber venido hasta aquí … - Dijo ella, confusa.

¿Qué es lo último que recuerdas?

Recuerdo que el Simurgh salvó a Malik y que caímos al río … O eso creo.

¿No recuerdas nada más?

El resto está borroso. – Respondió ella, llevándose la mano a la cabeza. – Creo que logré salir del agua con él y que alguien nos encontró. Pero a partir de ahí, sólo recuerdo que tenía mucho frío.

Lo sé. El frío te afectó más de lo que creíamos. – Explicó él, apartándole el pelo de la cara. – Te movías con mucha lentitud y empezaste a decir cosas sin sentido … Incluso llamaste a tu "mami".

¿Mami? Pero si yo no tengo madre …

Por eso. Estabas perdiendo la cordura y, de pronto, te desmayaste.

Vaya … ¿Y por qué estamos tumbados desnudos en la misma cama?

Ya sabes que con este frío, es conveniente tener a alguien cerca.

¿Desnudos? – Preguntó ella, levantando una ceja.

Eso fue idea de Farah. Dijo que lo mejor para hacerte entrar en calor era esto.

Y tú no te has negado, según veo.

Si crees que he disfrutado yaciendo a tu lado desnudo con el único propósito de hacerte entrar en calor para salvarte de una muerte por hipotermia, viendo cómo te ibas poniendo morada del frío y que apenas respirabas, te equivocas. – Protestó él. – No sabes lo mal que lo he pasado.

¿Por qué?

¡¿Por qué va a ser? ¡Estaba preocupado por ti!

¿Por mí?

Sí, Kaileena, aunque te sorprenda, estaba preocupado por ti. – Respondió él, de mala gana. Sabía que Kaileena hacía esas preguntas a propósito, para que él hablara.

¿Y por qué te preocupabas por mí? – Preguntó ella, sonriendo.

¡¿Por qué? Kaileena, ¡te estabas muriendo! Apenas respirabas, tu corazón parecía que iba a pararse de un momento a otro, te estabas volviendo azul y estabas gélida, como un témpano de hielo. ¡¿Acaso no son motivos suficientes para preocuparme?

Oh, tenías miedo de perderme.

¿Y todavía te sorprende? – Murmuró él, molesto.

¿Tanto te cuesta ser sincero?

Kaileena, no empecemos otra vez, por favor … No es el momento.

¿Por qué?

Porque no estaré tranquilo hasta que regresemos a Babilonia y vea de nuevo a mi padre.

Entiendo … - Kaileena suspiró, desanimada y se dio la vuelta, dándole la espalda a Cyrus.- Supongo que nunca es el momento.

Kaileena, no es eso … Tú ya sabes lo que siento por ti.

No, no lo sé. Lo último que me dijiste sobre lo que sentías era que iniciara una nueva vida lejos de ti. Me abandonaste.

No te abandoné.

Sí que lo hiciste. Y luego regresaste con esa Daeva para darme celos … ¿Por qué? Si querías alejarme de ti, ¿por qué la utilizaste para llamar mi atención?

No lo sé … No sé por qué lo hice. Ni siquiera sé por qué te quise alejar de mí. Sólo he estropeado las cosas.

Aquella noche me tuviste sólo para ti. Podría haber sido la mejor noche de nuestras vidas si no hubieras decidido estropearlo todo antes de marcharte.

Y … ¿Es tarde ya para rectificar?

No lo sé. Estoy confusa.

¿Confusa?

Sí. Hay veces que te comportas conmigo como si realmente quisieras recuperar la relación que teníamos. Pero otras, simplemente, parece como si no quisieras tenerme cerca. ¿Por qué?

Porque soy un cobarde … - Cyrus se acercó a ella, tratando de abrazarla. – Te prometo que cuando regresemos, hablaremos tranquilamente. No te arrepentirás de la espera.

Pero … Si dices eso, das por sentado que volveremos a estar juntos. ¿Por qué hacerme esperar?

Porque quiero compensarte por lo que hice. Quiero hacer algo por ti.

¿De verdad que puedo confiar en ti esta vez?

De verdad. ¡Tengo una gran sorpresa preparada!

Está bien … - Kaileena suspiró y se aferró al brazo con el que Cyrus la estaba abrazando. – Te quiero …

¿Qué? – Cyrus se incorporó, sorprendido. - ¿Qué has dicho?

Esmero … ¡Qué esmero! – Rectificó ella, riéndose para sus adentros. – Debes estar planeando algo realmente grande para hacerme esperar tanto.

Ya … - Cyrus volvió a tumbarse. – Te he oído la primera vez.

Yo también te oí la primera vez, Cyrus.

Ante aquella respuesta, Cyrus volvió a incorporarse, mirando a Kaileena, perplejo. Ella se giró y también le miró. Tras varios segundos así, en silencio, Cyrus decidió poner fin a aquella situación y comenzó a besarla, dejándose caer sobre ella. Kaileena le rodeó con sus brazos, disfrutando de aquel momento. Estuvieron varios minutos así, hasta que ella decidió decir algo.

Veo que has vuelto a entrar en calor antes que yo. – Le dijo, sonriendo.

Llevo así desde que me tumbé a tu lado.

¡Pobrecito! Debe ser una tremenda tortura para ti.

Para que veas que no eres la única que lo está pasando mal. – Cyrus continuó besándola. Pero al descender sus manos por su cuerpo, Kaileena se retiró, mostrando dolor en su rostro. - ¿Qué? ¿Qué te ocurre?

Nada … No importa.

Sí que importa, déjame ver … - Cyrus apartó las mantas y comprobó aterrado que las heridas que Kaileena tenía a lo largo de su cuerpo estaban infectadas. – Oh no …

No te preocupes. Son sólo unos cuantos cortes, ¡no es para tanto!

No, Kaileena. – Cyrus se levantó y comenzó a buscar algo entre sus posesiones. – En tu estado no podemos permitir que ninguna herida se agrave.

¡Maldición, maldición, maldición! – Pensaba ella, llevándose las manos a la cabeza.

Habían estado tan cerca de hacer el amor que no podía creer que la pasión se hubiera esfumado sin más. Y por si no fuera suficiente, Arsalan decidió regresar en ese preciso instante.

¡Hey! He hablado con la Princesa Farah y me ha dicho que … - Arsalan vio a Cyrus de pie, desnudo y mostrando sus joyas reales en todo su esplendor. - ¡Oh, venga ya! ¡¿No podéis cubriros con una toalla o algo?

¡Pues no mires! Estoy en mi tienda y puedo ir como se me antoje.

Otro como Kalim … - Murmuró Kaileena, suspirando. - ¿Qué queréis, Arsalan?

La Princesa Farah me ha pedido que os diga que hay un carruaje disponible para llevaros a todos a Babilonia.

¡Genial! – Exclamó Cyrus. – Kaileena no está en condiciones de seguir aquí. Así que, por mí, no hay problema.

Entonces, se lo diré.

Arsalan volvió a marcharse. Kaileena se quedó mirando a Cyrus, decepcionada. Él miraba a la puerta, molesto por la intromisión del ladrón. Cuando giró la cabeza y vio a Kaileena mirándole, le habló de mala gana.

¿Qué? ¿Algún problema?

No, ninguno.

¿Entonces qué es lo que miras?

Nada … - Kaileena intentó ponerse de pie, pero al tratar de caminar, su cuerpo le falló y cayó al suelo.

¡Eh! – Exclamó Cyrus, cogiéndola. - ¿Qué te ocurre?

No me encuentro bien … - Dijo, dejándose caer poco a poco de rodillas. Cyrus hizo lo mismo. – Estoy mareada.

Necesitas comer algo. – Cyrus miró a su alrededor, sin saber que ofrecerle. Pero justo cuando volvió a mirarla, Kaileena le estornudó de lleno en la cara.

Definitivamente … - Dijo ella, con mala cara. – No me encuentro bien.

Fascinante … - Dijo él, limpiándose la cara.

Al cabo de un rato, Cyrus fue llamado por un soldado. Tras seguirle, encontró a Farah junto a Arsalan, al lado de un carruaje. No comprendía qué era lo que pasaba.

¿Qué ocurre?

Tenemos un problema. – Dijo Farah. – No hay caballos para tirar de este carruaje.

¿Cómo que no hay caballos? – Se extrañó Cyrus.

Algunos muertos, otros han huido, y los que quedan están llevando a los heridos a los lugares más cercanos.

Pues Kaileena necesita regresar a Babilonia cuanto antes. No está en condiciones de seguir aquí. – Explicó Cyrus. – Además, creo que está enfermando.

Malik tampoco debería quedarse. Está muy débil y en su estado, lo mejor es que esté en su cama descansando.

Yo tengo una burra que podría tirar del carruaje. – Intervino Arsalan. – Además, conozco un atajo por el que llegaríamos a Babilonia mucho antes. ¡Estaríamos allí para el amanecer!

¿Tan pronto? – Se extrañó Cyrus.

Sí, confiad en mí. Traed al Príncipe Malik y a la Emperatriz.

Tan rápido como pudieron, Cyrus y Farah prepararon todo para marcharse de allí. Él llegó llevando a Kaileena en brazos, envuelta en una manta. Kalim y Farah ayudaron a Malik a llegar hasta el lugar. Era muy testarudo, y no consintió que le llevaran en brazos.

El carruaje no era gran cosa: una carreta con una capota de tela. Cyrus se sentó al fondo, apoyado en la parte derecha de la carreta, con Kaileena acurrucada a su lado. En la parte de la izquierda, colocaron a Malik, tumbado y cubierto con mantas mientras Farah cuidaba de él a su lado. Metieron algunas de sus posesiones en el espacio que quedaba y partieron de inmediato.

La noche era fría. Farah arropaba con sumo cuidado a Malik, quién dormía profundamente. Estaba exhausto. Necesitaría guardar mucho reposo para recuperarse del todo, tras la intervención del Simurgh. Cyrus velaba por Kaileena, preocupado por su estado. Parecía tener algún tipo de dificultad para respirar. No era capaz de dormirse. Estaba tosiendo mucho.

No me gusta nada esa tos … - Dijo Farah. – Colócala en otra postura, a ver si así respira mejor.

Cyrus se dispuso a coger a Kaileena para cambiarla de postura. Pero, al hacerlo, descubrió algo que le alarmó mucho.

Esto no es posible …

¿Qué?

¡Está ardiendo! – Dijo él, alarmado. - ¡Ha pasado de témpano de hielo a lava ardiente!

Déjame ver … - Farah se acercó a ellos y examinó a Kaileena. Curiosamente, ya no estaba pálida, sino todo lo contrario. – Sí que tiene fiebre … Tenemos que llegar rápido, lo mejor será que la vea un médico.

¿Qué crees que le pasa? ¿No será por sus heridas? – Le preguntó mostrándole los cortes enrojecidos, preocupado.

No lo sé, Cyrus … - Farah asomó la cabeza por la parte delantera del carruaje, donde iba Arsalan. – Tenemos que apresurarnos, Kaileena está empeorando.

¿Qué le pasa? – Preguntó él, confuso.

No sabemos, pero tiene fiebre. – Explicó ella, antes de volver al interior.

Está bien. – Y sacudiendo las riendas, gritó. - ¡Venga, Farah! Mueve tu peludo trasero, preciosa.

¡¿Qué has dicho? – Se indignó ella.

¡Se lo decía a mi burra!

Espera, espera … - Dijo Cyrus, aguantándose la risa. - ¿Tienes una burra que se llama Farah?

¡Sí! – Respondió Arsalan desde fuera.

Aquello provocó que Cyrus empezara a reírse a carcajadas delante de Farah, quien le miraba con rabia. Incluso a Malik se le escapó una leve carcajada.

¡¿Pero tú no estabas dormido?

Intento hacerlo, pero es difícil estando en esta carreta. – Dijo él, sentándose.

Deberías descansar. – Insistió Farah.

Estoy bien, Farah. He dormido en el campamento. Quien debería echarse un rato eres tú. No tienes buena cara.

Estoy perfectamente.

¿Seguro? Porque se te está poniendo una cara de asno muy curiosa … - Antes de que pudiera reaccionar, Malik sujetó a Farah. Tanto él como Cyrus se rieron. - ¡Qué bueno! Ponerle Farah a una burra …

¿Cómo se te ocurrió? – Preguntó Cyrus a Arsalan.

No sé, le quedaba bien.

Ahora en serio, Farah, duerme un poco. – Insistió Malik.

Está bien …

Apoyando su cabeza en las piernas de Malik, Farah se tumbó y cerró los ojos. Aunque había dicho que no estaba cansada, no tardó en quedarse dormida. Malik la observaba, acariciando su pelo mientras ella dormía tranquilamente.

¿Cómo te encuentras? – Le preguntó Cyrus.

Bien, bastante recuperado. – Malik se quedó mirando a Kaileena, acurrucada junto a Cyrus. - ¿Y ella?

No lo sé, está empeorando por momentos … - Respondió Cyrus, colocando su mano sobre su frente.

Oye, hay espacio de sobra. ¿Por qué no la tumbas a tu lado? Puede que así descanse mejor.

Puede que tengas razón …

Con cuidado, Cyrus tumbó a Kaileena a su lado y la cubrió con una manta. Al cabo de un rato, la tos pareció darle un descanso y pudo quedarse dormida. Estaba preocupado, jamás la había visto así. Deseaba llegar a Babilonia cuanto antes para poder llevarla ante un médico. Sólo entonces estaría tranquilo.

Ambos hermanos velaban por sus mujeres, observándolas mientras descansaban junto a ellos. Pero sus pensamientos eran muy diferentes. Malik veía las puertas de su futuro abiertas. Se sentía más fuerte, a pesar de no estar recuperado. Veía la posibilidad de ver crecer a su hijo. Cyrus, sin embargo, temía por la vida de Kaileena. Había pasado de sufrir una hipotermia a tener una fiebre alarmante. Necesitaba que un médico le dijese que no le pasaría nada.

Cyrus reflexionaba sobre lo acontecido en durante la batalla. Los hombres que su padre le había asignado no le hicieron caso. A pesar de saber que eran traidores, se sentía frustrado. Se veía incapaz de actuar como un líder. Aquel traspiés había afectado a su seguridad en sí mismo.

¿En qué piensas? – Le preguntó Malik, devolviéndole en la realidad.

Yo … - Cyrus suspiró. – He sido incapaz de dirigir a mis soldados.

Eran traidores, Cyrus. No ha sido culpa tuya.

Pero, quizás, si hubiera tenido el valor necesario …

Habría sido lo mismo. Eran traidores. No le des más vueltas.

¿Qué pensará Padre? Contaba con que demostrase mi valía en esta batalla …

Padre no te culpará por eso. – Le aseguró él. – No debes dejar que eso te afecte. Eres un buen guerrero.

En esta batalla no he hecho nada de valor …

¡¿Perdona? – Interrumpió Arsalan. - ¡Matasteis a ese Daeva! ¿Cómo se llamaba?

¿Karsham? – Dijo Malik. - ¿Mataste a Karsham?

Y tanto que si lo mató … ¡Lo mató y lo remató! – Dijo Arsalan, asombrado.

Pero aún así … - Cyrus continuaba desanimado.

¿Qué te ha pasado? No eres el mismo Cyrus. – Le dijo Malik. - Siempre te has sentido orgulloso de tu estilo de lucha y de tus victorias.

¿Victorias? ¿Qué victorias? Soy un fracasado …

No digas eso … ¡Has matado al que intentó asesinar a Padre! ¡Al cabecilla de todo esto!

¿Y qué? Eso no me servirá para limpiar mi honor …

¿Honor? – Repitió Arsalan, desde fuera. Malik corrió la cortina que los separaba un poco. – No deberíais darle tanta importancia al honor.

Tiene razón. – Admitió Malik. – Tal y como están las cosas, el honor importa bien poco. Debemos preocuparnos por sacar adelante a Persia y devolverle todo su esplendor.

Pero Malik, todo el mundo me ve como la oveja negra de la Familia … Un fracasado, nadie me hace caso.

Lo que la gente piense de ti debe darte igual. Es lo mismo que le decías a Kaileena. Ella ha admitido que cometió errores.

¿Y qué se supone que debo hacer? ¿Aceptar que soy el marginado de la Familia?

Sabes que aquello fue un error de Padre, no tuyo. Te ha pedido disculpas para que puedas ver las cosas de otro modo. Deja eso atrás y empieza desde cero. Demuéstrale a la gente que mereces ser un Príncipe de Persia.

¡¿Y cómo se supone que voy a hacer eso? Nadie confía en mi …

Yo lo hago. – Dijo Arsalan

¿Qué? – Se extrañó Cyrus. - ¿Por qué? ¡Apenas me conoces!

Y aún así, tengo motivos para confiar en vos. No importa cuántos errores cometáis si sabéis aprender de ellos y rectificar vuestras acciones. Pensad que, cuando hagáis algo mal, siempre tendréis amigos que os apoyen y una Familia a la que acudir.

Hablando de familia … ¿Qué hay de la tuya? – Preguntó Malik.

Yo … No tengo familia.

¿No tienes?

Murieron cuando los Daevas atacaron la ciudad. Creo que tenía cinco años.

¿Cinco años? Entonces tienes la misma edad que yo … - Dedujo Cyrus. – Pero, ¿has estado deambulando por las calles desde entonces?

Sí.

¿Cómo has podido sobrevivir? – Le preguntó Malik, asombrado.

Bueno … Hice amistad con otro chico y me introdujo en el clan de los ladrones de Babilonia. Todos cuidábamos de todos … Echo de menos a Jalal.

¿Jalal? – Cyrus le miró desconcertado.

Sí. Su hermano Mustafá y él eran buenos amigos míos. Pero hace mucho que no sé nada de ellos.

Los conozco … - Dijo Cyrus.

¿En serio? ¿Y sabéis dónde están?

Muertos …

¿Qué? – Arsalan se quedó blanco.

Viajaron conmigo a la Isla y atacaron nuestro barco. Mustafá murió allí. Jalal logró escapar y fue encontrado por unos pescadores, pero murió poco después de llegar aquí. – Explicó Cyrus. – Lo siento.

Vaya … Menudo chasco …

Si podemos hacer algo … - Ofreció Malik, tratando de ser cordial.

No … Da igual … La vida sigue. Nunca hay que estancarse en el pasado.

¿Qué harás cuando regresemos a Babilonia? – Preguntó Cyrus.

No lo sé. Marcharme, supongo …

¿No te quedarás?

Nunca me he sentido especialmente unido a ningún sitio.

Siempre hay una primera vez para todo. – Dijo Malik. – Con tus habilidades, podrías alistarte en el ejército de Babilonia.

¿Yo, soldado? – Arsalan se rió. – No me veo de soldado. Aunque es un detalle que me invitéis a quedarme.

Piénsatelo al menos.

Lo haré, lo haré.

Pasadas unas horas, llegaron a Babilonia. Arsalan no había mentido. El Sol aún no había salido, sólo los primeros rayos se dejaban ver por el horizonte. Llegaron a las puertas de la ciudad, pero el ladrón detuvo la carreta antes de entrar.

¿Qué ocurre? – Preguntó Malik. - ¿Por qué nos paramos?

Hay algo aquí que no me gusta. – Respondió él, desconfiado.

¿A qué te refieres?

Demasiado silencio … - Arsalan cogió su espada y bajó del carruaje, dirigiéndose a las casas.

Voy con él. – Dijo Malik, empuñando la suya. – Cyrus, tú quédate con las chicas.

Arsalan y Malik inspeccionaron los primeros edificios, casas, comercios … Pero no había nadie. La ciudad estaba completamente vacía.

No hay nadie … - Murmuró Malik. - ¿Qué ha pasado aquí?

Esto se ha convertido en una ciudad fantasma. – Dijo Arsalan, dándole una patada a una piedra.

¡Cuidado, Cyrus! – Gritó Malik, viendo una figura acercarse a su hermano.

¡Alto! – Ordenó Cyrus, levantando su espada. Sin embargo, no tardó en soltarla. - ¡Giv!

¿Giv? – Malik se acercó corriendo. - ¿Qué haces aquí?

El Abuelo nos envió a Darab y a mí con el Anciano. Estamos en su casa. Os he visto llegar y he venido a avisaros. – Explicó el pequeño. - ¿Dónde está Kaileena?

Ahí dentro. – Dijo Cyrus, señalando el carro. – Anda, sube. Te llevaremos hasta allí.

¡Bien!

El pequeño Giv, ajeno a la preocupación de sus tíos, subió en la carreta y encontró a Farah y a Kaileena durmiendo en su interior. Quiso despertar a su madre adoptiva, pero Cyrus se lo impidió, explicándole al chico lo que le ocurría.

Al cabo de un rato, llegaron a la casa del Anciano. Él les recibió con los brazos abiertos, feliz por verles a salvo. Tras dejar el carruaje junto a la tienda, el Anciano corrió a saludarles a todos.

Cyrus fue el primero, abrazando a su mentor mientras Malik ayudaba a Farah a bajar del carruaje. Ambos se acercaron a él y le saludaron emotivamente. A su lado estaba Asha, con Darab en brazos. Farah corrió a abrazar a su pequeño bebé.

Oh, Darab … - A Farah se le saltaron las lágrimas al ver a su hijo. Le había echado mucho de menos. – Mi pequeño …

Eh, ¿dónde está mi Principito? – Saludó Malik, colocándose junto a Farah.

Cyrus y Arsalan les miraban no muy lejos.

¿Tiene un hijo suyo? – Se sorprendió el ladrón. Cyrus asintió. - ¡Vaya!

La diferencia de edad no les ha supuesto ninguna dificultad para engendrar un hijo. Y créeme, han dado rienda suelta a su pasión.

Forman una extraña pareja.

¿Por qué?

No sé … Ella es una mujer joven y fuerte y él es …

¿Viejo?

Que conste que lo habéis dicho vos, no yo.

El Anciano se acercó a ellos dos, deseando conocer al nuevo miembro del grupo.

¡Vaya! ¿Quién es este joven?

Me llamo Arsalan. – Saludó él, educadamente. – Es un placer.

¿Arsalan? – El Anciano se le quedó mirando.

¿Qué pasa?

Nada, nada. – Miró a Cyrus. - ¿Y Kaileena?

Está en el carruaje. – Cyrus le habló con tono de súplica. – Anciano, está muy enferma. Tenéis que ayudarla.

Llévala al interior de la tienda. Veré qué puedo hacer.

Con mucho cuidado, Cyrus cogió a Kaileena en brazos y la llevó dentro. La tumbó sobre un montón de cojines en la sala principal y el sabio hombre observó atento sus síntomas, mientras los demás miraban preocupados.

¿Qué le ocurre? – Preguntó Cyrus, impaciente.

No es nada grave. – Dijo él. – Un simple resfriado.

¿Sólo es un resfriado?

Sí, sólo que le ha afectado más de lo habitual. No tenéis por qué preocuparos. Unos cuantos días en cama y se recuperará. – El Anciano abrazó a Cyrus. – No sabéis lo mucho que me alegro de veros a los dos herederos.

¿Herederos?

Sí. Tenía miedo de que ni tú ni Malik regresaseis.

¿Por qué? – Preguntó Malik.

¿Acaso no es evidente?

¿Qué? – Cyrus no lo comprendía.

Esperad … ¿Dónde está nuestro padre? – Preguntó Malik.

Después de pedirme que me llevará a Darab y a Giv de Palacio y que ordenase a todos los sirvientes que abandonaran la ciudad, lo vi dirigirse al antiguo Templo de Ormazd en las montañas.

Malik y Cyrus se miraron mutuamente, temiendo lo peor. Rápidamente, ambos cogieron sus espadas y se prepararon para marcharse.

Necesitamos dos caballos. – Urgió Cyrus.

Detrás de la tienda hay un establo.

Tenemos que darnos prisa.- Dijo Malik, colocándose su máscara. Sin embargo, no se puso ni el chaleco ni la armadura. Iba sólo con su camisa blanca. – Vamos, Cyrus.

Cuidad de Kaileena y de Farah mientras no estemos.

Esperad. – Dijo Arsalan.- ¿Puedo ayudar?

Regresa al campamento y trae refuerzos. – Ordenó Malik. – Eres el único que conoce esos atajos. Irás más rápido.

¿Refuerzos? ¿Para qué?

Te lo explicaremos luego. – Concluyó Cyrus.

Los tres hombres salieron aprisa de la tienda. Arsalan corrió hacia las montañas, mientras que Cyrus y Malik se dirigieron al Templo de Ormazd. En la tienda se quedaron Farah y Kaileena. La Princesa alimentaba a su hijo con preocupación mientras el Anciano asistía a Kaileena. Cuando el bebé se quedó dormido, se dirigió a ella.

¿Os encontráis bien, Princesa? – Le preguntó.

Sí, sólo preocupada.

Tenéis un corte muy feo en la cabeza. Dejad que le eche un vistazo. – Dijo el Anciano, sacando unos ungüentos. – Esto os lo ha hecho el Príncipe Malik, ¿verdad?

¿Cómo lo habéis sabido?

Esta situación era muy difícil para Malik. Conociendo sus antecedentes, habrá tenido un ataque durante la batalla. Vos habréis intentado apartarle, pero su testarudez habrá chocado con vuestro empeño y al final, habrá explotado.

Habéis dado en el clavo … - Dijo ella, suspirando.

Malik tiene un gran temperamento y estas situaciones le desbordan. No le guardéis rencor por esto.

No lo hago …

Entonces, ¿qué es lo que os aflige?

Anciano … - Farah se sentía insegura de preguntarle. - ¿Vos creéis que cuando Malik sea coronado, se olvidará de su Familia?

Eso es imposible de adivinar. No sabemos cómo le afectará a Malik ser Rey. Sólo el tiempo lo dirá.

Tengo miedo de que nos haga a Darab y a mí lo mismo que le hizo a su anterior Familia …

¿El qué?

Darnos de lado.

Escuchad, no sé cómo le afectará a Malik ser el Rey. Pero de una cosa estoy seguro. Os quiere. Os ama con locura y adora a Darab. No creo que debáis preocuparos.

La Princesa sonrió para ocultar su preocupación. El Anciano se alejó para continuar con sus quehaceres. Mientras, ella se acomodó en una cama, abrazando a su bebé, pensando en lo que le depararía el futuro hasta caer dormida. Sólo esperaba que Malik no se olvidase de la promesa que se hizo a si mismo durante el funeral de su Familia. No permitiría que le ocurriese lo mismo, no daría de lado a su nueva Familia. Sólo el tiempo diría si cumpliría con ella o no.