Capítulo 37: La vida es como un bote
Título del capítulo: Life Is Like A Boat de Rie Fu
Greg se despertó de un intermitente sueño por un golpeteo en la ventana de su habitación. Se levantó de una sacudida, resoplando mientras lo hacía y limpiándose la baba, y se dio vuelta para intentar ver qué era lo que lo había despertado.
Le tomó al menos un minuto despertarse por completo y darse cuenta que había alguien tratando de treparse a través de su ventana. Suspiró, asumiendo que era Dimmock, y se bajó de la cama. Se acercó a tropezones a la ventana, sacándose de encima lo que le quedaba de sueño, y abrió la ventana de su habitación.
—¿Mycroft? —farfulló, sus ojos abriéndose por completo. El otro muchacho vestía unos jeans rojos apretados, una camisa negra de mangas largas, y unas converse negras. Tenía unas cuantas bandas de cuero en su cuello y muñecas y un delineado negro sobre sus ojos, que resaltaban su color azúl, sus párpados estaban difuminados con una sombra rojo oscuro.
Mycroft le sonrió de lado, y no le tomó mucho tiempo a Greg darse cuenta de que el otro adolescente estaba borracho. Se apresuró a inclinarse sobre la ventana cuando Mycroft intentó pasar por ella, y después de un poco de gruñidos, puteadas y risas… que provenían de Mycroft, Greg pudo meter al pelirrojo en su habitación.
Cerró la ventana a medias y cuando se dio vuelta vio a Mycroft balancearse peligrosamente, observando su habitación.
—Mycroft, ¿qué haces aquí? —preguntó Greg, acercándose. No quería simplemente acercarse y tocarlo, no después de lo que pasó en el cine. Se acercó solamente lo suficiente para poder sostener a Mycroft si es que perdía el equilibrio.
—Fui a… la fiesta —dijo Mycroft, su voz fuerte y con mala pronunciación. Afortunadamente Greg había lidiado con muchos adolescentes ebrios, y con un Mycroft ebrio también, así que entendió lo que dijo.
—¿Fuiste a lo de Matt Sanders? —preguntó Greg.
Mycroft asintió.
—No viniste manejando, ¿verdad?
Mycroft bufó y negó con la cabeza, tropezándose después de hacerlo e inclinándose con fuerza contra Greg. Soltó una risita.
—N-no, no ma-manejé… —tartamudeó.
—Bien —dijo Greg—. ¿Qué estás haciendo aquí?
—Un tipo —murmuró Mycroft—, un tipo… me qui-quiso levantar.
Greg sintió que su corazón daba un vuelco y que la bilis llegaba a su garganta. Podía verlo; a Mycroft y a un tipo guapo, besándose y tocándose el uno al otro. Hacía que la ira surgiera de sus tripas y que sus dedos se cerraran en puño.
—M-me… tocó —dijo Mycroft con dificultad, sacudiendo la cabeza.
Greg nuevamente lo sostuvo.
—M-me besó —murmuró.
—¿Qué? —exigió Greg.
—No eras tú —gruñó Mycroft—. No e-eras tú, no eras tú, era… no eras…
—Sí, no era yo —interrumpió Greg, frotándose los ojos con su mano libre. Tiró de Mycroft hasta que estuvieron de frente, cara contra cara—. ¿Por qué me estás contando esto?
Mycroft parpadeó, sus ojos deambulando por el rostro de Greg, tratando de concentrarse.
—Él… n-no eras tú —dijo.
—Ya lo sé, ya dijiste eso —dijo Greg.
—Que-quería que… fue-fueras tú —dijo Mycroft, arrastrando las palabras.
Greg lo miró fijamente.
—¿Qué?
—Que-quería… te qui-quiero… a ti —murmuró Mycroft, estirando la mano par acariciar el estómago de Greg—. Si-siempre... a ti…
—Tú… ¿me quieres? —preguntó Greg.
Mycroft asintió.
—¿Incluso después de lo que pasó hoy?
De repente Mycroft perdió el equilibrio hacia atrás y Greg lo sostuvo, manteniendo al pelirrojo de pie.
—Lo siento —dijo Mycroft, sonando como si estuviera adolorido—. Lo si-siento tanto.
—¿Qué cosa? —preguntó Greg. Mycroft estaba bamboleándose más que antes y Greg hizo que se sentara sobre la cama.
—Hoy —dijo Mycroft, prácticamente gimoteando—. No fue mi intención ale-alejarte, lo siento.
—Está bien, Mycroft, no hiciste nada malo.
De pronto, Mycroft sostuvo los brazos de Greg y lo tiró hacia adelante, haciendo que Greg se tropezara y se inclinara sobre él.
—Por favor, no te vayas —suplicó Mycroft—. Haré lo que sea, só-sólo n-no te…
—Oye, oye —dijo Greg, sosteniendo a Mycroft de la barbilla, haciendo que el pelirrojo lo mirase—. No me voy a ir a ningún lado, Mycroft, ¿está claro?
Mycroft lo miró.
—No me iré a ningún lado —repitió.
—¿Lo prometes? —susurró Mycroft.
Greg asintió.
—Lo prometo.
Se inclinó hacia adelante y juntó sus labios con los de él, su corazón dio un salto cuando Mycroft le devolvió el beso. Se sintió tan… tan completo, como si nada malo podría pasarle ahora que estaba nuevamente junto a Mycroft.
Sus besos se volvieron acalorados y empujó a Mycroft hacia atrás, el joven adolescente cayó sobre su espalda y gruñó cuando Greg se sentó sobre su regazo. Ambos jadearon y gruñeron mientras se frotaban entre sí. Greg gimió y sus dedos encontraron el cinturón de Mycroft, rápidamente le dio un tirón a la hebilla.
—N-no —gimió Mycroft, tan suavemente que Greg no lo escuchó. Mycroft agarró las manos de Greg y las apretó con fuerza—. ¡No!
Greg se detuvo de inmediato y se echó hacia atrás, sentándose derecho, mirando fijamente a Mycroft.
—¿Qué sucede?
Mycroft suspiró y se frotó los ojos, y se veía tan… derrotado, que Greg sintió que su corazón se estrujaba.
—Estoy cansado, Greg —murmuró Mycroft, y Greg no creyó que se refería a cansado de necesitar dormir.
—Está bien —dijo Greg—, um, puedes quedarte si quieres.
Mycroft lo miró con cansancio.
—Sólo a dormir. Mantendré mis manos en mí, en serio.
Mycroft continuó observándolo antes de finalmente asentir con la cabeza. Greg lo ayudó a bajarse de la cama y abrió las sábanas mientras que Mycroft luchaba para poder sacarse las zapatillas. Greg tuvo que ayudarlo también con eso y pronto se encontró acomodando a Mycroft en la cama.
Greg se aseguró de que su silla estuviera aún contra la puerta antes de subirse a la cama. Colocó las mantas encima de los dos y Mycroft se acurrucó a su lado, Greg lo observó con cautela.
El silencio descendió, Mycroft tenía los ojos cerrados y Greg se movió para ponerse más cómodo. Después de un par de minutos Greg le dio un vistazo al embriagado adolescente semidormido que estaba acurrucado a su lado. Se mordió el labio por un minuto, antes de animarse a hablar.
—¿Mycroft?
—Hnn…
—¿Puedo… puedo preguntarte algo? —dijo Greg.
—Mm, si quieres —dijo Mycroft con dificultad.
Greg se mojó los labios antes de hablar.
—¿Por qué aún no hemos tenido sexo?
Cuando Mycroft no respondió, añadió:
—No me malinterpretes, me encanta lo que hacemos juntos, y me gusta estar contigo. Pero… bueno, con tu reputación y la mía, sólo me preguntaba por qué… por qué aún no hemos tenido… ya sabes, sexo con penetración.
Mycroft se quedó en silencio, y Greg se movió sobre la cama, mirándolo. Sus ojos estaban cerrados, escondiendo el brilloso color azul que Greg tanto adoraba. Sus labios estaban ligeramente abiertos y su cabello pelirrojo cubría su frente.
Asumiendo que Mycroft se había quedado dormido, Greg suspiró y se acomodó.
—Me gustas —murmuró Mycroft.
Greg se sobresaltó.
—¿Qué?
—Me gustas, Greg —murmuró Mycroft de nuevo, frotando su nariz contra el hombro de Greg.
—Te… ¿te gusto? —preguntó Greg. Mycroft musitó y asintió con la cabeza.
—Um… mejor dicho, ¿gustas de mí? —preguntó Greg para clarificarlo.
—Mm, me gustas —susurró Mycroft, asintiendo despacio—. Me has gustado… desde hace a-años…
La boca de Greg se abrió por completo. Mycroft… ¿gustaba de él?
—Entonces…
—No quiero ser un simple… un simple… polvo —murmuró Mycroft, embriagado—. N-no quiero que… te alejes. Me gustas… demasiado.
Mycroft quedó en silencio y roncó suavemente contra el hombro de Greg cuando cayó finalmente dormido. Greg se quedó helado, mirando a Mycroft, con los ojos completamente abiertos. Mycroft… ¿gustaba de él? ¿De él? ¿Gregory Lestrade?
Greg finalmente se inclinó hacia atrás, asegurándose de no molestar a Mycroft. Bueno, eso claramente explicaba muchas cosas; como porqué Mycroft había decidido de repente demostrarle a Greg quien era realmente, o porqué a Mycroft le parecía bien besar a un tipo que no había sido nada más que un hijo de puta con él durante dos años, y porqué Mycroft quería llevar las cosas a paso lento.
Estaba preocupado de que Greg perdiera el interés y se aleje. O que finalmente obtenga el polvo que buscaba y se alejara a buscar a otro tipo con buen cuerpo. Greg suspiró y se frotó los ojos. Esto era lo que obtenía por acostarse con cualquier tipo.
Pero, ¿Mycroft no podía ver que Greg no quería a un tipo cualquiera? Lo quería a él, a Mycroft, ahora y… siempre. Greg se mordió el labio y miró nuevamente a Mycroft. Greg había estado acostándose con cualquiera porque nadie era digno de tener más que eso.
Pero Mycroft… Mycroft había ocupado la mente de Greg desde aquella primera noche en la que había visto al verdadero Mycroft, el que vestía pantalones de cuero y maquillaje. Desde aquel entonces Greg no había pasado ni un par de horas sin pensar en Mycroft.
Greg titubeó antes de inclinarse y presionar sus labios contra la frente de Mycroft. Mycroft sonrió dormido y se acurrucó más cerca de Greg. Greg se acomodó un poco hasta quedar a la altura de los ojos cerrados del otro muchacho.
Pensó en lo que Mycroft había dicho, y en todo lo que había pasado desde que posó sus ojos en su verdadero yo.
También pensó en sus sentimientos, y en todo lo que su mamá, Dimmock y Molly habían estado diciéndole semanas antes.
Greg suspiró. Dimmock tenía razón, pensó, antes de intentar quedarse dormido. Mycroft aún estaba allí, incluso cuando cerraba sus ojos. Y no pudo evitar sonreír.
Le gustaba Mycroft.
Y Mycroft también gustaba de él.
{oOo}
Greg se despertó por un leve gruñido que se convirtió en quejido. Algo a su lado se movió, y con un codazo en el estómago se sentó de golpe con un gesto de dolor, la manta que tenía encima cayendo a su cintura mientras gruñía por el dolor.
Se frotó los ojos con fuerza, tratando de hacer a un lado lo que le quedaba de sueño, y se dio vuelta. Mycroft estaba tratando de levantarse… o teniendo un ataque de epilepsia, Greg no sabía. Tenía un brazo alrededor de su estómago, y el otro presionaba con fuerza el colchón mientras intentaba incorporarse.
—¿Mycroft?
Mycroft se sobresaltó y giró, gruñendo mientras lo hacía. Su rostro estaba sonrojado, su cabello revuelto, y daba la impresión de que iba a ponerse realmente enfermo. Recordando lo borracho que estaba Mycroft anoche, Greg pensó que eso era una posibilidad muy probable.
—¿Estás bien? —preguntó Greg, sentándose más derecho.
—Mi estómago —gimoteó Mycroft—, duele… dolor… náuseas…
—Si, las resacas causan eso —dijo Greg, bostezando—. Vamos.
Se levantó de la cama y lo ayudó a levantarse. Revisó la hora en su reloj y vio que ya eran casi las 6 am; Maggie no llegaría a casa hasta las nueve, así que Greg tenía tiempo para limpiar a Mycroft.
El pelirrojo permitió que Greg lo levantara, y juntos salieron de la habitación de Greg hacia el pasillo. Greg abrió la puerta del baño con su pie y metió a Mycroft dentro.
Mycroft se dirigió hacia el lavabo y luchó con ambas llaves, eventualmente rindiéndose y mirando a Greg. Greg soltó una risita y lo ayudó, Mycroft lo miró mal, pero desvió la mirada para poder lavarse la boca y la cara.
Mycroft volvió a gruñir.
—¿Quieres tomar una ducha? —preguntó Greg.
Mycroft asintió con debilidad.
—Bien, porque hueles a mierda.
Mycroft gruñó una vez más.
—No soy mucho más grande que tú, te puedo prestar un par de cosas.
Mycroft volvió a asentir, y Greg se dirigió a la ducha. Abrió la cortina a un lado y abrió las llaves, probando el agua con su mano antes de hacerse a un lado. Se dirigió a la puerta para retirarse, pero Mycroft sostuvo su muñeca, haciendo que el castaño lo mirara.
—Gracias —murmuró.
—No te preocupes —dijo Greg, sonriendo—. Haré algo de café y deberías comerte una tostada.
Mycroft gimoteó al pensar en comida, y Greg rió.
—Oye, es eso o las hamburguesas de queso de Maccas, en serio; Maccas es la mejor comida de resaqueado.
—Mmf —gruñó Mycroft.
—En verdad creo que iré por unos McMuffin de salchicha; ¿quieres?
Mycroft le hizo un gesto con la mano, Greg lo tomó como un sí, y empezó a desnudarse. Greg lo dejó y se dirigió a su habitación para vestirse.
{oOo}
Cuando Greg regresó, con dos cafés balanceados en una mano y una bolsa llena de comida grasosa en la otra, Mycroft estaba sentado en el escritorio del otro adolescente. Tenía una toalla grande alrededor de su cintura y dos pastillas blancas al lado de su mano.
Levantó la mirada cuando Greg entró.
—¿Negro con dos de azúcar? —preguntó.
—Sip —dijo Greg, asintiendo. Había pasado el tiempo suficiente junto a Mycroft para saber como le gustaba el café—. Y un par de muffins y papas hashbrown.
—No me interesan —gruñó Mycroft, agarrando el café que Greg le indicó. Metió las pastillas dentro de su boca y dio un sorbo, gimiendo cuando el líquido amargo golpeó su lengua.
—Tienes que comer, Mycroft —dijo Greg, poniendo la comida y su café en el escritorio—. Y vestirte.
Hizo una pausa, pasando sus ojos por el cuerpo del otro muchacho.
—Aunque creo que me gusta tenerte así sentado y semidesnudo en mi habitación.
Mycroft rodó los ojos, pero una sonrisa pequeña jugueteó sobre su rostro. Quedaron en silencio mientras Greg escogía un par de jeans negros, una camisa de rayas blancas y azules, y una camiseta blanca. La mayoría de sus camisas buenas estaban sucias, así que Mycroft tendría que conformarse con eso. Además, si Mycroft tenía algún problema con la camisa, podía ponerse una chaqueta.
Mycroft tomó la ropa sin problema y se vistió rápidamente, poniéndose sus propios boxers mientras lo hacía. Greg trató de no mirarlo, pero en serio, había un tipo candente desnudo en su habitación; ¿qué se suponía que tenía que hacer?
—Pervertido —murmuró Mycroft.
—Exhibicionista —replicó Greg.
Mycroft rió y pasó sus dedos por su cabello, alborotándolo incluso más. Agarró su café y Greg le ofreció un muffin. Mycroft arrugó la nariz, pero Greg continuó insistiendo, así que eventualmente terminó agarrándolo.
—¿Cómo algo tan pequeño puede tener tanto aceite? —musitó Mycroft.
—No lo sé —murmuró Greg, dándole una mordida a su muffin, sonriendo cuando Mycroft lo miró mal. Comieron en silencio, Greg devorándose dos muffins y dos papas hashbrown, mientras que Mycroft le daba pequeños mordiscos al suyo.
Greg continuó mirando a Mycroft por las esquinas de sus ojos, preguntándose si debería comentar lo que hablaron anoche. O Mycroft lo recordaba pero no quería hablar del tema, o había estado tan borracho que su mente lo había borrado.
—¿Dónde está tu madre? —preguntó Mycroft, pareciendo darse cuenta recién que sólo estaban él y Greg en la casa.
—Tomó el turno nocturno en el hospital —dijo Greg, jugando con la tapa de la taza de su café—. No vendrá a casa hasta… las nueve o diez, depende de a qué hora sale de ahí. A veces se queda un poco más; duerme en la sala de doctores, pero me llamará si es que la necesitan por un tiempo más.
—Ya veo —dijo Mycroft—. Se esfuerza mucho.
—Sí —dijo Greg, asintiendo—. Siempre lo hizo. Se perdió mucho de mi infancia, sabes; los partidos de fútbol y cricket, las reuniones de padres y profesores, mierdas como esas. Pero estoy acostumbrado. Además, tuvo que esforzarse en trabajar para pagar la comida y demás.
Mycroft asintió lentamente.
—Gregory, ¿qué pasó con tu padre?
Greg se sobresaltó, casi ahogándose con el sorbo de café que acababa de tragar. Tosió y golpeó su pecho con su puño, su otra mano dejando el café sobre su escritorio.
Cuando pudo respirar con propiedad, volvió a hablar.
—¿Q-Qué?
—Lo siento, no fue mi intención husmear —dijo Mycroft, mostrándose preocupado por la reacción de Greg. Se sentó al filo de la cama de Greg, como si estuviera listo para escapar—. Sólo es que nunca te he escuchado hablar de él.
—Sí, bueno, no hay mucho de qué hablar —dijo Greg, tosiendo. Bebió algo más de café y se aclaró la garganta—. Mi viejo se largó cuando tenía cuatro años. Mamá me había ido a buscar a lo de Dimmock, llegamos a casa y vimos una nota de él, que decía que se largaba. No estaban todas sus cosas, ni todo el dinero que él y mamá habían ahorrado. No quería ser papá, no quería quedarse con mamá, así que se largó; simplemente… se fue.
Greg se encogió ligeramente de hombros.
—Lo siento —dijo Mycroft.
—No importa —dijo Greg, mirando al otro adolescente—. No lo conocí el tiempo suficiente para extrañarlo.
—Pero lo extrañas.
Greg soltó una risita.
—Extraño la idea de un papá, ¿sabes? Tener a alguien con quien jugar, alguien con quien hablar sobre cosas de hombros, ese tipo de cosas. Pero mamá ha sido ambos padres en mi vida.
Mycroft asintió.
—¿Qué es lo que te hizo preguntar eso? —preguntó Greg.
—No lo sé —dijo Mycroft—. Sólo pensaba en mi padre y me di cuenta que no sé nada del tuyo.
—Sí, bueno… ahora lo sabes —dijo Greg, encogiéndose de hombros. Terminó su café y tiró la taza vacía en la papelera junto con el de Mycroft—. Entonces…
—Siento mucho lo de anoche —interrumpió Mycroft—. No recuerdo lo ebrio que estaba, pero estoy seguro de que me avergoncé a mí mismo.
—Um… sólo un poquito —dijo Greg, juntando su pulgar y su índice—. Pero no mucho; no es nada que no haya visto o hecho antes.
—Gracias por dejarme quedar aquí, y por el desayuno —dijo Mycroft, sonriendo—. Te debo una.
—Me lo puedes compensar; invitame a desayunar otro día —dijo Greg, sonriendo ampliamente.
Mycroft rió y pasó una mano sobre su rostro.
—¿Te sientes mejor? —preguntó Greg.
—Un poquito; el café definitivamente ayudó, pero necesito otro —dijo Mycroft, girando su cuello—. Y necesito regresar a casa y asegurarme de que la Sra. Hudson no ha llamado a la policía para que me busque.
—Se preocupa por ti —dijo Greg.
—Sí —dijo Mycroft, sonriendo un poco—. Realmente se preocupa, ¿no es así?
Le enojaba a Greg saber que Mycroft nunca tuvo a un adulto que se preocupara por él. Estaba claro que la Sra. y el Sr. Holmes se preocupaban poco por sus hijos; los únicos adultos que parecían importarles eran el Sr. Andrew y la Sra. Hudson.
—Sí —dijo Greg—. Bueno, entonces…
—¿Pasa el día conmigo? —preguntó Mycroft de repente.
Greg parpadeó.
—¿Qué?
—Estaba pensando… hay un lugar que quiero mostrarte, cerca a la escuela católica Artemis. Podríamos quizás pasar un rato en mi casa antes de almorzar algo e ir para allá.
Greg titubeó, pensando en lo que Mycroft había dicho accidentalmente anoche. Sabía que tenían que hablar sobre eso; bueno, Greg tenía que decirle como se sentía. Porque sabía que Mycroft gustaba de él, pero Mycroft no sabía que Greg sentía lo mismo. Y Greg tenía que decir algo antes de que Mycroft se alejara para siempre.
Pero primero, necesitaba consejo.
—Um… sí —dijo Greg, asintiendo—. Sólo voy a ver a Dimmo un rato por algo. ¿Puedo encontrarme contigo en algún lado?
Mycroft parpadeó antes de sonreír.
—Deja tu moto en lo de Dimmock, iré por ti después de que pase por casa.
—Está bien —dijo Greg, sonriendo. Ambos se levantaron, y Greg presionó un suave beso sobre los labios de Mycroft—. Te veré en… ¿dos horas?
Mycroft asintió, y después de un último beso, agarró sus cosas y se fue.
{oOo}
Greg dejó una nota para su mamá y se fue a lo de Dimmock. El otro adolescente justo había terminado de lavar su auto y se volvió hacia Greg cuando estacionó su moto al lado de su BMW.
—Hola… —dijo Dimmock.
—Hola —repitió Greg.
Ambos se quedaron de pie mirándose, hasta que Greg empezó a frotarse sus nudillos lastimados.
—Um… sobre lo de ayer —empezó Dimmock, sólo para que Greg lo interrumpiera.
—Es culpa mía —dijo con brusquedad, mirando el suelo—. Sólo estaba… lo siento, ¿está bien?
—Está bien…
—¿Puedo… puedo explicártelo todo? —preguntó Greg—. ¿Podemos hablar?
Dimmock asintió con la cabeza y cerró la manguera, limpiándose las manos en sus jeans. Guió a Greg hacia la parte trasera y ambos se sentaron en los columpios que los Dimmock habían tenido desde que Greg y Dimmock tenían cuatro años. Greg prendió un cigarrillo y Dimmock hizo lo mismo, ambos cayendo en el silencio mientras observaban el patio.
—¿Dimmo...?red across the yard.
—¿Mm?
Greg se mordió el labio, el humo enroscándose en su rostro.
—Um… ¿te acuerdas de toda esa mierda que estuviste diciéndome?
—Suelo decir muchas mierdas, tienes que ser más específico —dijo Dimmock, sonriendo.
Greg le devolvió la sonrisa débilmente.
—Bueno… toda esa mierda de… que me gustaba Mycroft…
Dimmock se volvió a verlo, sus ojos marrón claro fijándose en los oscuros de Greg.
—¿Dimmo?
—Sí, sé lo que estuve diciendo —dijo Dimmock—. ¿Qué pasa?
—Um…
Greg quedó en silencio y desvió la mirada, mordiéndose el labio.
Los ojos de Dimmock se abrieron de golpe, su boca abriéndose y su cigarrillo olvidado.
—Oh, maldita sea.
Greg suspiró.
—¿Finalmente lo vas a admitir?
—Bueno…
—Greg…
—Mycroft vino a verme anoche —dijo Greg, y Dimmock alzó sus cejas—. Estaba ebrio, y nos besamos un poco antes de que estuviera muy cansado para seguir, así que le dije que podía quedarse a dormir; vino de la casa de Matt Sanders.
—Bueno…
—Él… bueno, le pregunté porqué aún no habíamos tenido sexo —admitió Greg.
—¿Aún no han tenido sexo? —preguntó incrédulo Dimmock.
Greg se sonrojó ligeramente.
—Hemos hecho, bueno, prácticamente todo —dijo—. Pero no hemos tenido… um… penetración.
—¿Por qué no?
Greg suspiró, pateando el césped con su zapatilla.
—Le pregunté eso anoche y dijo que… dijo que le gustaba.
—¿Le gustas a Mycroft?
—Sí, le gusto —dijo Greg—. Dijo que le gustaba y que estaba esperando porque no quería ser un simple polvo cualquiera.
Dimmock silbó antes de inhalar una bocanada de humo antes de empujarse hacia atrás y adelante en el columpio.
—Greg —dijo finalmente—. ¿Estás realmente sorprendido que gusta de ti?
—Al principio sí —dijo Greg—, pero… bueno, es bastante obvio ahora que pienso en ello.
Dimmock bufó.
—No… no sé qué hacer —murmuró Greg—. Creo que… bueno, yo… um…
—¿Tú...? —presionó Dimmock.
—Creo… creo que…
Dimmock resopló y Greg suspiró.
—Sé que… que… a mi… a mi…
—Por el amor de Dios, Greg…
—Me gusta —murmuró Greg.
—¿Quién te gusta?
—M-Mycroft…
—¿Te gusta Mycroft? —preguntó Dimmock.
Greg asintió.
—¿Te gusta Mycroft Holmes?
Volvió a asentir.
—¡Por fin! —gritó Dimmock, tirando las manos en el aire—. ¡Jesúsputocristo, sí que sabes como negar las cosas, mierda Greg! ¡Estabas tan hundido en el Nilo que estabas que luchabas con cocodrilos! ¡Estabas construyendo una casa en Egipto y montando una tienda! ¡Estabas…
—Ya, lo entiendo, joder —interrumpió Greg, frunciendo el ceño cuando Dimmock empezó a reírse—. Pero… pero ¿cómo sé que realmente me gusta? —preguntó, mirando a Dimmock con una clara preocupación en sus ojos.
—No quiero lastimarlo, Dimmo, ¿y qué pasa si realmente no me gusta? ¿Qué pasa si todo lo que quiero es tener sexo y luego Mycroft se encariña y… y…
—Bueno, detente —dijo Dimmock, sosteniendo el hombro de Greg—. Si sólo hubieras querido tener sexo no te preocuparía una mierda lastimar a Mycroft, ¿sí?
—Supongo —murmuró Greg.
—Exacto —dijo Dimmock—. ¡Cristo, Greg, es obvio que te gusta, lo he estado diciendo desde la primera vez que los encontré besándose!
—¿Pero por qué ahora? —exigió Greg—. He estado con docenas de chicos, ¿por qué ahora me gusta sólo uno de repente?
Dimmock chasqueó la lengua.
—Greg, Mycroft no es como uno de esos polvos que has tenido antes. Mycroft ha mantenido tu atención por meses, y aún quieres estar con él. ¿Por cuánto tiempo todos tus amoríos de una sola noche mantuvieron tu atención?
—Um… sólo hasta que la saqué —admitió Greg.
—Exactamente —dijo Dimmock—. Mycroft obviamente te ofrece mucho más que cualquiera de esos tipos. Sólo… piensa en lo que Mycroft tiene y los otros no.
—¿Qué?
—Dime que es lo que Mycroft tiene que los otros no tienen —dijo Dimmock.
Greg parpadeó antes de desviar la mirada, dándole una larga calada a su cigarrillo, tirando la ceniza sobre el césped.
—Bueno —dijo finalmente, mirando sus zapatillas—. Mycroft es… Mycroft, ¿sabes?
Dimmock sólo esperó.
—Es super inteligente, tiene esta inteligencia de locos que es simplemente… al principio pensaba que lo hacía parecer sólo un nerd elitista, pero ahora sólo lo veo como algo que me excita.
—¿Sí?
Greg asintió, una pequeña sonrisa empezando a formarse sobre sus labios.
—Es jodidamente sexy también. No sé cómo es que no vi eso cuando nos conocimos por primera vez. Simplemente tiene ese fascinante culo, y su cuerpo, su cabello, sus malditos ojos… y tiene unas pecas sobre la espalda y hombros, que son tan jodidamente… no sé, ¡tiernas!
Dimmock sonrió cuando Greg empezó a parlotear, su cigarrillo consumiéndose.
—Tenemos tantas cosas en común, pero incluso nuestras diferencias lo hacen atractivo —admitió Greg—. Es tan diferente pero parecido a mí al mismo tiempo. Él me desafía, me mantiene interesado en cada conversación que tenemos, y… simplemente es increíble estar cerca de él, ¿sabes?
—Mm —musitó Dimmock sin comprometerse.
—No sé, no es sólo una cosa la que me gusta, son docenas y docenas —dijo Greg con suavidad—. Es simplemente increíble; no sé porque pierde su tiempo conmigo. Simplemente… me gusta mucho.
—¿Greg?
Greg parpadeó, saliendo de sus propios pensamientos y se volvió a ver a su mejor amigo, quien sonreía.
—¿Qué?
—¿Te escuchaste a ti mismo? —preguntó Dimmock.
El otro adolescente frunció el ceño cuando pensó en lo que dijo, antes de sonrojarse de un color rojo brillante. Dimmock soltó una risita y Greg bufó.
—Cállate.
—Te gusta, joder, amigo —dijo Dimmock, dándole una palmada en la espalda a Greg—. Mierda, suena como si estuvieras enamorado de él.
—¡NO LO ESTOY!
Dimmock suspiró.
—Así que también vas a negarme eso.
Sonrió de lado a un sonrojado Greg.
—¿Quieres mi consejo?
—Sí —dijo Greg, asintiendo.
—Ve con Mycroft, bésalo, y dile cómo es que te sientes —dijo Dimmock—. No va a esperarte para siempre, Greg, y no quieres mandar esto a la mierda, ¿no?
—¿Pero qué es lo que pasará si es que no le gusto tanto? —preguntó Greg—. ¿Qué es lo que pasará si es que no decía la verdad? Quiero decir, estaba borracho…
—Jesúsputocristo, realmente eres estúpido —gruñó Dimmock. Sostuvo a Greg de la barbilla, apretando con fuerza, haciendo que el adolescente más grande lo mirara—. Mycroft Holmes te ama, Greg, ¿está claro? ¡Le has atraído por años, todo el puto mundo pudo verlo, y te dijo que le gustabas! ¡Así que sólo vé y dile como es que mierda te sientes!
Le dio a Greg otro apretón y el otro muchacho hizo a un lado su mano. Dimmock sonrió.
—Eres un cabrón —gruñó Greg.
—Yo también te amo —replicó Dimmock.
Ambos se mecieron en los columpios cuando cayeron en silencio, prendiendo cigarrillos y mirando el césped.
—¿Michael? —murmuró Greg.
Dimmock se sobresaltó al escuchar su nombre salir de los labios de Greg, y se volvió a verlo.
—¿Sí?
—Gracias —dijo Greg con suavidad.
Dimmock parpadeó antes de sonreír.
—No hay problema, amigo.
—Y siento lo que dije ayer —murmuró Greg—, y siento haberte agarrado de esa forma. Estuve pasado de rosca.
—No importa, Greg —dijo Dimmock—. Los amigos se enojan entre sí siempre. Los mejores amigos saben cuando perdonar y olvidar.
Le sonrió a Greg, quien le devolvió la sonrisa y le dio otra calada a su cigarrillo, exhalando humo sobre sus cabezas.
