Hola a todos nuevamente! :) Sé que puede que a mucho no les guste la acción y más cuando está descrita en fanfics, pero ya no deben atormentarse por ello XD Este capítulo es el último con esa temática, al menos por el momento :3 Así que disfruten el capítulo y ya nos estaremos viendo la siguiente semana con la conti :) Tengan una espléndida semana!
Capítulo 37.- El precio a pagar por la victoria
Un espectáculo chispeando, donde las rápidas balas impactaban de lleno contra aquel par de abanicos que funcionaban como impenetrables escudos; no había manera de que cedieran contra algo tan fácil, pero de momento es lo que podían hacer por tener a su adversaria fuera de su alcance. Pero aquella peligrosa dama también conocía la palabra contraataque e iba a demostrarles que no sólo era una cara bonita más.
Sus movimientos no tenían nada que hacer dentro de un campo de batalla, sin embargo, no se podía confiar, era el enemigo, algo debía estar planeando, incluso detrás de lo que parecía ser una espléndida danza donde los funestos abanicos no eran más que un artilugio más que complementaba el momento.
Suaves y llenos de femineidad eran sus pasos; cada giro, cada sonrisa que les dedicaba resultaba extrañamente hipnotizante. Y su confusión simplemente se esfumó en un santiamén
Rápidos, fuertes como una tormenta en descontrol, y tanto funestos como caóticos resultaban siendo aquellas corrientes que simplemente habían aparecido repentinamente, impactándose contra ellos sin chisteo, sin piedad y con cierta malicia.
Pero aquello sólo sería el inicio de todo, el aperitivo, la apertura de lo que les aguardaba. Esa mujer no iba a dejarles ni tiempo para respirar, ya que lo suyo era arremeter de forma abrumadora.
—Lucen un poco asustados –rió Milenka extendiendo sus abanicos, colocándolos entre ella y sus contrincantes-.
—Su danza fue realmente hermosa….Yohoho.
—Nadie pidió tu opinión, Brook –le regañó el cyborg-.
—Yo lo único que hice fue ofrecerles un bonito espectáculo, no seas malagradecido cabeza de caniche.
—El movimiento de sus abanicos crearon todas esas corrientes de viento, claro, lo hicieron de forma lenta que no lo percibimos hasta que ya fue demasiado tarde –decía el peliazul- No funcionará dos veces el mismo truco.
—Me agradan los muchachos que tienen mucha energía –les sonrió animosamente- Aunque parece ser que sólo a ustedes les está yendo bien.
Evadir objetos de semejante tamaño era relativamente sencillo, pero no cuando la distancia era tan corta; era inevitable que una tremenda explosición tuviera lugar en el instante en que aquel grupo de cohetes impactaran contra la superficie de acero de esos grandes abanicos.
Sólo un loco podría haber lanzado una ofensiva a tan reducida distancia, ¿es qué quería morir antes de tiempo o de qué se trataba?
Retrocedió unos cuantos pasos y extendió por completo sus dos peculiares armas de combate y ante el asombro de aquel par de contrincantes suyos, los extendió más allá de lo que creían que era posible hacerlo. Ese par de instrumentos de viento se habían convertido en peculiares muñequeras, en alhajas vistosas y peligrosas.
Giraba sus muñecas con celeridad, con verdadera maestría y ese mismo destino experimentaron esas ruedas esbeltas de acero. Se escuchaba el seco sonido del acero yendo a gran velocidad, tornándose aún más violento e imparable; eran como un par de sierras bien afiladas y dispuestas a cortarlos.
¿Evadir o atacar? Tenían que decidirse y estar conscientes que una les traería serios problemas y daños mientras que la otra les mantendría íntegros pero incapaces de obtener una victoria decisiva. Y como hombres que eran el sabor del peligro les resultaba sencillamente irresistible.
Ante la sorpresa de la chica aquel robusto brazo de acero estaba oponiendo resistencia ante los constantes embistes que la mujer arremetía; intentaba cortarle al mismo tiempo que mermar su propia fuerza. Y aunque lo golpes continuaban cayendo sobre ese único brazo no cedía, se mantenía de pie, observando con fiereza a su enemiga. Agradecía que la mitad de su cuerpo hubiera perdido su humanidad o en estos momentos no sería más que un mero recuerdo para sus camaradas.
—No hay duda, tienes técnicas muy raras mujer –musitó Franky sin dejar de verla- Pero no puedo permitirme perder.
—Tenemos una misión que completar…Yohoho…
—Incluso cuando una gran parte de tu cuerpo es acero, no significa que no puedes ser sometido –expresó alegre Milenka- Generalmente con mis anteriores presas esto era más que suficiente para dejar de ellas meros escombros…Pero contigo, la cosa es algo complicada –bromeó-.
—¡STRONG HAMMER!
Metal contra metal, misma resistencia, diferente modo de aplicar su fuerza. Aquello simplemente levantó una molesta fricción, incrementando la temperatura de aquel par de secciones de hierro. ¿Cuál de las dos herramientas sería capaz de resistir por más tiempo y no ceder ante las inclementes circunstancias?
Ella desistió de aquel contacto, posiblemente preveía la realización de un siguiente movimiento o quizás se encontraba reconstruyendo su plan de ataque.
Había lanzado sus peligrosos abanicos como si fuesen simples boomerangs con un retorno previsto, pero con intenciones serias de dañar a aquel par que se esforzaban por esquivar sus ofensivas. No es que ellos fueran lentos y no reaccionaran a tiempo, es que ella recogía y lanzaba sus fastidiosas armas con mayor celeridad, pese a lo difícil que parecía atrapar sus abanicos valiéndose únicamente de aquella hendidura que se adaptaba al tamaño de su muñeca. Era un espectáculo peligroso y único.
¿Es que todavía se podía ser más diestro?¿Cómo podía evadir sonriendo alegremente aquellos puñetazos propinados por el cyborg cuando todavía tenía que atrapar sus armas y regresárselas? Ella amaba jugar dentro de situaciones peligrosas donde no sólo la vida de su oponente se encontraba en juego.
Su cuerpo giró en el aire mientras sus muñecas sujetaron habilidosas sus resistentes abanicos; pronto no era más que una peonza humana estrellándose contra sus sonsacadas víctimas.
El desconcierto golpeó su cabeza y por unos cuantos segundos aquel hombre no supo qué hacer o cómo reaccionar. Descubrió que con ella los ataques a larga distancia no funcionarían si no lograba tenerla quieta por al menos unos cuantos minutos.
Sus abanicos nuevamente retornaron a su natural apariencia no porque la mujer se hubiera quedado sin fuerzas, sino porque le resultaba mucho más cómodo contraatacar de esa manera.
Se movían con la gracia de la espada y al mismo tiempo poseían su agudeza, y un filo brusco que no iba a ser frenado ni por el cuerpo de acero del cyborg.
Ella era un amante de las peleas, las disfrutaba y cambiaba constantemente su estilo de pelea por el simple hecho de que se aburría empleando el mismo método para volver sumisa a su presa. Y él lo había descubierto demasiado tarde.
—¡Es hermosa, pero aterradora! Yohoho…Además, Franky-san…¡tenga cuidado con mi afro, ya se ha reducido y ahora empieza a sacar humo!
—Esto es culpa de esa tonta babosa gigante. Todo sería mucho más fácil si no estuviéramos pegados de este modo.
—Los guerreros deben adaptarse a todas las circunstancias, sólo eso les asegurará la sobrevivencia –mencionó Milenka- Pero no lo han hecho nada mal, aunque los veo un poco molidos.
Las palabras de aquella chica no podían estar más próximas a la verdad; bastaba con mirarlos rápidamente para darse cuenta de que el cuerpo de aquel alto hombre estaba yendo a la decadencia; poseía numerosas heridas que si bien no eran profundas, estaban costándole la fuerza para continuar.
—Pronto terminaremos con esto –les sonrió burlonamente Milenka reorganizando sus preciados abanicos, tornándolos nuevamente motosierras de gran tamaño- No va a dolerles demasiado.
¿Quién había creado aquel humo que estaba obstaculizándole la visión y al mismo tiempo complicaba su respiración?¿Pero un misterio como ése era necesario descifrar ahora? No, posiblemente eso era lo que menos le interesaba a la guerrera.
Sus antebrazos, tobillos y abdomen se encontraban apresados, sujetados fuertemente por aquellas enormes plantas carnívoras; mismas que no tenían ni la mínima intención de dejarla ir y que empezaban a cubrir aún más su cuerpo.
No obstante, no iba a ser apresada por algo tan simple, aún tenía en su poder sus fieles armas, las usaría para deshacerse de esa molesta maleza viviente. Y aquello era sin duda la acción más previsible por realizar, una que encontraría rápidamente un bloqueo.
Nunca antes había contemplado una criatura como ésa, una que poseía la apariencia de un violentado lobo y al mismo tiempo su cuerpo entero se hallaba conformado de hierba. Aquella nariz conformada por un vistoso bulbo emitió grandes ondas de choca en el instante en que hicieron el primer contacto. El resultado fue simplemente desastroso, pero no terminaría allí.
Aquellos golpes eran propios de un maestro de Kung Fu, versátil y lo suficientemente fuerte para atestar varios impactos sobre la aturdida chica que caía con velocidad contra el suelo.
¿Cuándo su cielo se tornó tan oscuro?¿En qué instante el clima parecía estar en su contra? Aquellas numerosas y pequeñas nubes negras se conglomeraron, explotando furiosamente sólo para permitir que aquella furiosa descarga eléctrica le impactara de lleno. Peor momento eligió para portar algo que condujera tan magníficamente la electricidad.
No sólo era sorprendente su terquedad sino también su propia resistencia, pese al daño sufrido se puso e pie aún con el deseo inmutable de concluir su encuentro. No iba a echarse atrás sólo por molestas interrupciones.
—¡FRABKY RADICAL BEAM!
¿Pero cómo podía tolerar algo tan dañino como esos potentes rayos láser que se habían direccionado hacia un mismo punto? No tuvo tiempo de evadir, sólo un instante para salvaguardar su propio bienestar, no obstante, el acero no parecía ser suficiente para resistir aquel ataque. Sus preciadas armas simplemente se fraccionaron y le expusieron de forma irremediable. El daño fue inminente y su caída un hecho transformado en realidad.
—Ha sido un magnífico ataque en equipo…Yohoho…-comentaba feliz al contemplar al resto de sus compañeros acercarse sobre aquella máquina fabricada por Franky para calentar el agua-.
—Fue de lo más conveniente que usara esos abanicos de acero, ya que eso sólo mejoró la conductividad de mi pequeña tormenta –comentaba divertida Nami con su Sorcery Clima Tact en manos-.
—¡Nami-saaann, has estado magnífica! –decía casi en canto Sanji todo emocionado por la hazaña de su amada-.
—Parece ser que ya encontraron un modo de separarse –alegó Franky- Esta mujer resultó muy problemática.
—Yohoho…Por poco y nos vuelve picadillo.
—En verdad que son problemáticos los hombres de Ezio –ilustraba Robin-.
—Ahora nos encargaremos de separarlos –dijo Usopp relajadamente y con aquella gran manguera de agua caliente entre sus manos-.
—Por cierto, ¿dónde está el estúpido marimo y Lynn-swan? –interrogaba Sanji con cierta seriedad mientras Franky era bañado con cuidado con un poco de agua caliente y azucarada-.
—Cuando empezamos a pelear contra esa mujer nos apartamos de ellos. Cuando nos dimos cuenta ya no se encontraban en nuestro rango de visión –contestó Franky, sintiéndose al fin más ligero, el músico había sido extirpado de su brazo- ¡Estoy súuupeerrr!
—No creo que se encuentren muy lejos de aquí…Yohohoho.
—Lo que me preocupa es que siguen juntos y ese cabeza de llama parecía ser el más peligroso de los dos. Vayamos a buscarlos, tenemos que separarlos –ordenó Sanji con un cigarrillo en su boca-.
¿Cuál de las dos partes podría despertar más sorpresa?¿La que se encontraba restringida en movimiento por aquel inesperado impedimento o aquel que yacía despojado de su cornamenta y con la suficiente sangre sobre su cabeza como para espantar a cualquier médico?
Aquel violento tornado se alzó de nuevo, ahora mucho más vehemente, mucho más peligroso. ¿Sería capaz ahora de escapar como lo había hecho en la primera ocasión?
Si bien había logrado evadir la mayor parte de las estocadas, no había escapado del daño; su cuerpo se encontraba un poco lento por las lesiones que había sufrido y la pérdida de sangre. No obstante, no caería al suelo por algo como eso, todavía tenía mucho que ofrecer.
Corrió vehemente sobre el ya irreconocible piso, dejando sus pesadas huellas tatuadas sobre la tierra y escombros. Aquella espada afilada por ambas secciones destrozaba todo bajo su poderío, emergiendo desde las entrañas del suelo con numerosas y agudas piedras que se dirigían contra su objetivo.
No tuvieron más remedio que deshacerse de ellas, no contraatacando, sino simplemente evadiendo sólo para recibir el verdadero impacto que interesaba, aquel que estremecía su cuerpo desde el instante en que aquellas dos espadas recibían al monstruo de arma que el pelirrojo poseía.
Su respiración era caliente, sus jadeos no se diferenciaban al de la bestia que reflejaba en ese instante. Su piel ahora estaba completamente cubierta de negro pelaje y las pezuñas que sustituían a sus pies se aferraban magníficamente a la tierra, mejorando su agarre, potenciando su ataque y manteniéndose de ese modo por mucho más tiempo.
Retrocedieron unos cuantos centímetros, deslizando ágilmente el ataque hacia el suelo, aprovechando el estruendo y la destrucción precipitada para consolidar su punto de ofensiva, y reconsiderar lo siguiente que habrían de hacer.
—¡RANKYAKU!
Así como para el ataque, su arma fungía al mismo tiempo como un valioso escudo, uno que había soportado el embiste de aquel viento cortante, pero no había salido totalmente ileso ante él, al menos las ligeras fracturas que se habían consumado indicaban que no había sido tan débil como pensó y que de haber una segunda ocasión sería el final para aquella arma.
¿Es que hasta ese momento no habían ido en serio o era que apenas estaban sintiendo la severidad de las cosas y el tiempo que se les estaba yendo de las manos? Quizás la llegada de la noche era el augurio de algo, el término de un combate o posiblemente el inicio de una pequeña guerra.
No podían fijarse demasiado en el dolor que les aquejaba, ni siquiera debían interesarse por la pérdida de tan valioso líquido, sólo debían enfocarse en derrotar a aquel hombre que se rehusaba a caer, que poseía su misma hostilidad y resistencia física. ¿Hasta dónde más podrían llevar su cuerpo y capacidad física?
—¡ROKUDOU NO TSUJI!
Brillantes y prácticamente simétricos eran aquellos magníficos cortes que se visualizaban a la perfección sobre el negro cuerpo del pelirrojo.
¿Cómo había podido alcanzarle? Si no eran más rápidos que él y tampoco recordaba que tuvieran todavía esa cantidad de fuerza en sus cuerpos. ¿Es que les había subestimado?¿Es qué había calculado mal todo desde un inicio o se trataba de otra cosa?
Su cuerpo se tambaleó pero recobró rápidamente el equilibrio sólo para proseguir con el encuentro. Quizás su visión estaba fallándole, quizás era eso o tal vez lo que planeaba era separarles aunque para ello tuviera que sacrificar el brazo de alguno de los dos. La filosa espada simplemente impactó entre los dos, entre aquel espacio en que se encontraban unidos por aquella extraña sustancia pegajosa.
Aquella era una oportunidad peligrosa, pero al fin y al cabo continuaba siendo un instante preciado que no desaprovecharían aun cuando para ello tuvieran que ofertar algo. ¿Qué sería más rápido su estocada o el contundente golpe de aquel hombre? Todo era una carrera contra el tiempo, uno que se resumía en segundos y no en minutos.
Ligeras, esbeltas y llenas de fuerza aquel par de espadas realizaron un corte maestro y limpio sobre el pecho de aquel híbrido, profundizando aún más las lesiones de las que ya gozaba; era imposible no emitir siquiera un gemido de dolencia.
Y aquella simple acción redujo la fuerza con la que estaban siendo atacados y les permitió un espacio más. Una patada conjunta impactándose contra las vivas y sangrantes lesiones del pelirrojo sirvieron para apartarlo y al mismo tiempo, separarlo de su arma; ésta se había quedado atrancada y simplemente no se deslizaba por aquella viscosa sustancia que sin duda había resultado una extraña bendición en ese preciso instante.
—¡KOKUHYOU OOTATSUMAKI!
En esta ocasión había resultado completamente inútil escapar del impetuoso tornado que se había creado tras la realización de tremenda y rápida técnica. Cada corte hacía eco en el cuerpo terriblemente dañado del pelirrojo que caía toscamente contra el suelo, exponiendo aquel mar carmesí que crecía bajo su peso, bajo su inminente derrota.
—Creía que no caería nunca –soltó Zoro con la respiración entre cortada- No me comentaste que era usuario.
—No lo sabía…La última vez que lo vi era un humano normal –contestó la castaña mientras recobraba el aliento y sentía su cuerpo al fin estar en total calma-.
—Bueno, como sea…Ha caído. Vayamos con Luffy y los demás.
—Sabes que tenemos que sacarnos esas cosas, ¿verdad?
—Lo sé, por eso primero encontremos algo con que retener la hemorragia –dijo calmadamente- Si Sanji te ve así va a echarme tremendo sermón.
—No creo que sea para tanto –estipuló- Los dos terminamos igual de apaleados.
No tenía que esperar demasiado tiempo para saber qué era lo que el rubio tenía que decirle al respecto de sus descuidos y barbaridad ya que se encontraba viéndolo aproximarse, corriendo como si el demonio le persiguiera y extrañamente cubierto por violentas llamas; quizás se preparaba para realizar algún ataque.
Estaba molesto, pero más allá de eso expresaba preocupación al contemplar el estado físico de la chica. No sólo era el polvo, los rasguños o la ligera línea de sangre que emanaba de la comisura de sus labios, lo que le angustiaba, sino la herida que poseía sobre su costado izquierdo, aun conservando el arma con cual fue realizada, profundamente incrustada. ¿Cómo podían haber seguido peleando tras tener algo como eso en sus cuerpos?
Y Sanji no fue el único que se veía profundamente afligido por lo que contemplaba. El pequeño médico se apresuró a brindar atención a sus dos compañeros que si bien continuaban de pie por mera obstinación, no significaba que se encontraran del todo bien.
El agua fue vertida con sumo cuidado, una quemadura no sería lo más idóneo considerando el estado actual de sus cuerpos. Por suerte ambos brazos se encontraban perfectamente pese a la intromisión de aquella arma, que ahora se encontraba lo suficientemente alejados de ellos como para ser vista como un peligro.
—¡Te dije que la cuidaras, pedazo de idiota! –le gritó a todo pulmón Sanji al peliverde-¡¿Es que acaso no puedes hacer algo tan simple como eso, marimo idiota?!
—Cállate ceja rizada. No estoy de humor para aguantar tus quejas –expresaba secamente Zoro- Estamos vivos, eso debería bastarte.
—Debieron de haber tenido más cuidado. Han quedado en mal estado –regañó Robin a aquel par que simplemente miraban en dirección opuesta a sus represores-.
—No supimos que era usuario de tipo zoan hasta que literalmente nos corneó –explicó Lynn quien contemplaba aquella pinza metálica que Chopper llevaba en manos; sabía de antemano lo que iba a hacer con ella-.
—Será demasiado doloroso extraerles esos cuernos sin anestesia, así que tendré que aplicarles una dosis de anestésico local, por lo que…
—No, no…así está bien…A mí sácamelo así, sin anestesia…Tendrás que usar una aguja para ello, y no quiero –negaba rotundamente con la cabeza la castaña, su miedo hacia aquellos objetos era mucho más grande que el dolor que pudiera sentir-.
—Lynn, me temo que tendré que usar anestesia; cierra los ojos e imagina que estás comiendo un delicioso algodón de azúcar –sugería animosamente Chopper-.
—No tengo tanta imaginación –dijo con miedo la chica al tiempo que contemplaba cómo se acercaba ese objeto a ella dispuesta a picarla- No, en serio, no quiero…Déjenos las cosas así.
—Me cuesta creer que le tenga más miedo a algo como eso que al hombre que acaba de enfrentarse –decía Nami incrédula-.
—Parece ser que ellos tuvieron más problemas que nosotros…Yohoho.
—Me pregunto cómo le estará yendo a Law –dijo con cierta seriedad Robin- Su oponente no parecía ser un objetivo fácil.
—…Zezan…-comentó la castaña- Él se está enfrentando a ese sujeto…Ummm….
—Su estilo de pelea es muy peculiar –agregaba la arqueóloga- Pero creo que hay algo más que eso, ¿no es así Lynn? Luces preocupada.
—Zezan posee una habilidad muy extraña, pero ésta no es producto de ninguna fruta del diablo…Sus melodías son capaces de modificar la conducta del cuerpo, es decir…es capaz de volver a alguien mucho más rápido y fuerte en un santiamén…con sólo ofrecerle a aquel cuerpo el ritmo adecuado…Es decir…
—Que es capaz de controlar las capacidades humanas a través de su flauta, tras la interpretación de alguna melodía en particular…Acelera el organismo, lo manipula completamente de una forma tal que…
—Cuando el efecto acaba, el cuerpo sucumbe ante el desgaste…Para enfrentarle se tiene que estar completamente aislado de todo sonido…De caso contrario, se caerá en su trampa sin siquiera percatarse –explicó seriamente la castaña que sólo hizo un ligero gesto ante el piquete ejecutado por Chopper-.
Zezan tiene una mala fama, ya que a sus subordinados les hacía escuchar su música para volverlos más fuertes en el momento y así lograr sus misiones mucho más rápido. Pero después simplemente los dejaba morir…Ya que ya no le servían más.
—Vaya subordinados que se fue a buscar Ezio –exponía Franky cruzado de brazos-.
Aquella frialdad en su mirada era indiscutible y no se quebraría ni siquiera ante los daños físicos. Él era uno de esos hombres que mantendrían su integridad hasta el último momento, incluso en aquellas situaciones en las que su caída se encuentra próxima.
Sus últimas energías las había concentrado para sujetar aquella gruesa cadena entre su mano izquierda, jalando de inmediato el artilugio; había tenido una idea y no iba a desaprovechar el momento. Aquel hombre sólo habría tenido la oportunidad de contemplar el rápido movimiento de aquella nodachi, que si bien no había alcanzado su cuerpo, sin duda había logrado causar algún daño.
Un seco sonido se hizo presente y tras él la debilidad engulló su cuerpo; nunca antes se había sentido de esa manera y tampoco podía controlarlo. Por unos breves instantes su vista se tornó completamente oscura. Para cuando su visión retornó lo contempló, observó aquella sonrisa burlona que le recibía. ¿Qué era lo que le causaba tanta gracia?¿No se daba cuenta que detestaba esos gestos?
Se restableció y nuevamente colocó firmemente sus pies sobre el suelo, tenía que concluir su tarea. Sin embargo, había algo que le mantenía inquieto.
Nunca estaba de más llevar un arma extra, una que permaneciera escondida dentro de las vestimentas y que pudiera ser utilizada cuando menos se esperaba. Aquel tanto se dirigió directamente contra la garganta del cirujano; su muerte sería sencillamente inminente, adornada de gotas carmesí.
¿Pero es que acaso llevaba demasiado impulso como para ser incapaz de frenarse? No era eso, era sólo que había aparecido tan repentino, tan inesperado, que ni siquiera podía asimilarlo de inmediato. Para cuando lo digirió ya era demasiado tarde.
El peligroso filo de tan pequeña arma le permitió deslizarse sin problema, profundizando en cuestión de segundos, penetrando ágilmente tan delicado tejido y dejando correr peligrosamente la vida sobre su fina y brillante superficie.
Como el avance de las manecillas del reloj, aquellos latidos se tornaron lentos y marcados hasta que finalmente palidecieron, murieron con la puesta del sol y dejaron sin calidez el cuerpo que ahora era contemplado únicamente por la blanquecina luna.
—Ungh…Tengo que reconocer tu esfuerzo…No te desmayaste tras haberte quitado el corazón…-dijo secamente el cirujano que todavía no recobraba sus fuerzas y se mantenía sentado entre aquel montón de escombros- Pero incluso así, fue un verdadero fastidio terminar contigo…
—¡Capitán! –gritaron aquellos tres que se habían mantenido lo suficientemente lejos de la batalla para no considerarse meros estorbos-.
—¿Cómo les estará yendo a todos ellos? Posiblemente Ezio está confiado de que sus hombres frenarían a la tripulación de mugiwara-ya que ni siquiera se ha molestado en adentrarse a la isla –pensó seriamente; su idea no se encontraba demasiado lejos de la realidad-.
—Parece que te han dado una buena paliza niño…
—…Baldassare…¿Qué es lo que estás haciendo aquí? –cuestionó de inmediato al hombre que simplemente había llegado a escena caminando plácidamente-.
—Quería ver de cerca los acontecimientos, es todo –sonrió con cierto disimulo- Puedes tener un poco de agallas después de todo, niño. Aunque casi te matan. Hubiera sido hasta cierto punto cómico –sonrió mordaz, disfrutaba de la condición del cirujano- Sin duda sería un rotundo error.
—¿Qué dices? Habla claro Baldassare.
—¿Crees que puedes dirigirte a mí en ese tono estando como estás? Comparado conmigo no eres más que un niño prepotente. Law, será mejor que entiendas con quién estás tratando.
—Por supuesto que lo sé, Baldassare. Siempre has hecho cosas desconcertantes…¿Qué estás tramando en realidad?
—¿Por qué no lo averiguas por ti mismo? Un chico listo como tú puede analizarlo sin demasiado esfuerzo, ¿o me equivoco?
Su mirar era completamente calmo, como si realmente le tuviera sin cuidado alguno el encontrarse frente a él, frente a aquel enemigo que representaba un mal recuerdo del presente, al mismo tiempo que era el recordatorio de un pasado desagradable. Él era la personificación de lo que más aborrecía en este mundo.
Una mueca de desagrado se delineó en sus labios y su mirada se endureció, no obstante ni siquiera parpadeo ante el frenético avance del moreno; no iba a perder la concentración tan fácilmente y tampoco iba a caer en la precipitación.
—Qué hijo tan escandaloso has engendrado Dragon –dijo con desagrado- Pero me encargaré de reeducarlo y alejarlo de mi nieta. No vas a echar a perder todo el tiempo y dinero que he invertido en ella Monkey D. Luffy.
—¡EZIOOOOOOOO! –vociferó furiosamente aquel intrépido capitán- ¡PREPÁRATE, PORQUE HE VENIDO A PATEARTE EL TRASERO!
