Tanto los personajes como la idea de Zero no Tsukaima no son de mi propiedad, sino del autor de dicha obra, Yamaguchi Noboru (Que en paz descanse)


— ¡¿Quieres parar de una maldita vez?!

Louise se sobresaltó por mi repentino grito y casi se cae de la silla en la que estaba sentada.

El Varsenda, nave en la que ambos estábamos en ese momento, aterrizaría dentro de poco o al menos eso creía yo. Había sido un viaje bastante tranquilo o lo había sido hasta hace algunos minutos.

— ¿Qué tiene de malo? — Preguntó Louise.

— Es molesto. En verdad, me da dolor de cabeza.

Louise lo había descubierto. Después de lo que le dije mientras estábamos en la colina, no fue raro que lo hiciera. Ya que yo tenía la intención de ahorrar cualquier hechizo posible, le pedí a Louise que tratara de hacerme crecer mediante el conjuro Vasallaje. En medio del viaje de vuelta a Tristain, ya sin mayores preocupaciones, Louise dedujo uno de los derechos que tenía sobre mí. Una vez hecho eso, ella estuvo varios minutos cambiando mi tamaño para pasar el tiempo. Sus ojos brillaban como los de un niño con un nuevo juguete y, sinceramente, esto no me gustaba.

Ver como todo lo que estaba alrededor mío se hacía más grande y más pequeño constantemente hacía que me maree. No pasó tanto tiempo para que terminara hartándome.

Mi comentario no amilanó a Louise. De hecho, ella me mostró una sonrisa que denotaba soberbia.

— ¿En verdad crees que deberías hablarme con ese tono?

Era obvio a lo que quería llegar ella con esa pregunta. Lo único que atiné a hacer fue a dar un pesado resoplido.

— Es por esto que no quise utilizarlo antes. Sabía que lo usarías de este modo.

— Bueno, al final decidiste usarlo, así que no veo el problema.

— ¿Acaso no recuerdas por qué utilicé el hechizo en primer lugar?

Mi tono de voz se había vuelto serio de un momento a otro. Ello ocasionó que Louise se sorprendiera un poco.

—No me deshice de las influencia de las runas de Gandalfr para que te aprovecharas de las nuevas.

Es cierto que Vasallaje no te lavaba el cerebro como las runas de los familiares. Sin embargo, eso no significaba que estas no hicieran bien su trabajo a su propia manera.

— Lo digo en serio. Es frustrante saber que alguien tiene poder sobre ti. ¿Debo recordarte todo lo que pasé justamente por eso?

Hubo un muy largo silencio antes de que Louise respondiera.

— Lo siento.

Suspiré levemente.

— No me molesta que las uses de vez en cuando. Digo, es normal que discutamos y saquemos ventajas del otro, pero… No exageres. Sólo te pido eso.

Louise, con su cabeza algo agachada, asintió.

Antes de que uno de los dos pudiera decir algo más, sentimos algo bastante extraño. El barco estaba dando la vuelta.

— ¿Qué crees que suceda?

— No lo sé. — Dijo Louise. — Espera aquí, iré a preguntar.

Ella, también con curiosidad por saber lo que ocurría, se levantó y salió de la habitación.

Después de ver que se había ido, cerré mis ojos y empecé a respirar lentamente.

Como muchas otras veces a lo largo del día, traté de mover mi cuerpo. Sabía que pasaría mucho tiempo antes de que pudiera recuperarme, pero eso no evitó que lo intentara. Al final, el resultado fue el más obvio.

Habíamos escapado de Albion. Sin embargo, aún no sabía que tan seguros estábamos. El movimiento que haría cada uno de los países me causaba incertidumbre. Si llegaban a invadir Tristain, no había absolutamente nada que pudiera hacer, salvo esperar lo mejor.

Esto apesta.

— ¿No puedes moverte?

— Sí, eso fue lo que dije.

Para Louise fue bastante raro que mencionara eso como si no fuera la gran cosa. De hecho, quizás fue por eso que no me creyó de inmediato.

— Pero antes de llegar aquí estabas caminando y…

— Eso fue gracias a runas de Gandalfr y Vasallaje. De hecho, estas últimas fueron una de las razones por las que acabé así.

Di un largo bostezo. Todavía tenía sueño, pues no había podido dormir tanto tiempo.

— Si las activara ahora tal vez podría moverme un poco, aunque eso sólo empeoraría mi estado, así que no es una opción.

— ¿Acaso vas a estar así para…?

— No, no será para siempre. Será por… ni idea, pero te aseguro que no serán tan sólo unos pocos días.

Louise denotaba arrepentimiento en su rostro.

— Vamos, si te vas a poner así, entonces sal de aquí. Ya estoy suficientemente deprimido.

— Pero esto es mi culpa.

— Sí y todavía estoy esperando una disculpa. Aunque, siendo justos, culpo más al idiota que te dio esa misión. Si lo tuviera al frente te juro que lo golpearía. — Hice una pequeña pausa. — Cierto, no puedo moverme… Tal parece que sólo hay una solución. Ve y golpéalo de mi parte.

Louise sonrió ligeramente.

— Sí, eso está mejor. En fin, suficiente conversación por ahora. Todavía tengo sueño y quiero dormir. Puedes ir yendo.

— ¿Ir? ¿A dónde?

— ¿Creíste que era una broma? Cuando dije eso de golpearlo estaba hablando en serio.

Mientras yo me lamentaba de mi situación, algo a lo que ya estaba muy acostumbrado, Louise regresó a la habitación.

— ¿Qué fue lo que dijeron?

— Hay malas y buenas noticias.

— Dime las malas. Quizás las buenas me alegren después.

— Bien… La nave está de regreso a Albion.

— Entiendo.

— Lo estás tomando mejor de lo que creí.

— Si pudiera moverme, iría ahora mismo a golpear a Wimpffen. Lo golpearía una y otra vez hasta que pierda la conciencia. Luego de eso, esperaría a que se levantara y volvería a golpearlo. Repetiría todo el proceso unas tres o cuatro veces más.

Hubo un muy largo silencio.

— Y bien, ¿cuál la buena noticia?

Louise todavía no se recuperaba totalmente de mi respuesta anterior y tardó un par de segundos en reaccionar.

— Ah, nosotros nos quedaremos en el Varsenda.

Sinceramente, no me esperaba eso. Había pasado del alivio a la furia en un segundo, para después volver a sentirme tranquilo tan sólo un momento después.

— En retrospectiva, creo que pudiste decirme las dos noticias como una sola. ¿Y por qué estamos regresando a Albion?

— No me dieron los detalles, pero dijeron algo sobre Galia atacando a Albion.

¿Galia?

Mi conocimiento sobre Galia era sumamente básico, pero al menos sabía que era el país con mayor población en Halkeginia. Ya que en mi mundo las guerras se habían dado sólo entre magos, ignoraba qué tan grande debería ser un verdadero ejército respecto a su población. Quizás por esto último asumí que el ejército de Galia también debería ser enorme.

Una pequeña sonrisa de alivio se formó en mi rostro. No me importaba realmente el porqué de la participación de Galia. Estaba feliz de saber que las cosas se habían puesto a nuestro favor.

Ojalá con esto termine todo este asunto.

Entonces, recordé algo que acababa de decir Louise y que recién en ese momento llamó mi atención.

— ¿Y por qué te quedarás aquí? Imaginé que te querrían tener cerca por si sucede algún imprevisto.

— Les dije que no me quedaba más Fuerza de voluntad para hacer grandes hechizos.

— Para mí te ves bien. De hecho, además de nuestra pelea, no usaste ningún hechizo que no fuera rúnico.

Louise desvió su mirada. Al parecer se enojó un poco por mis palabras.

— ¿No fuiste tú quien dijo que debía cuidar un poco más mi vida? ¿Qué tiene de malo querer quedarme aquí contigo? De todos modos, no creo que me necesiten.

Me reí ligeramente.

Fue tal y como esa vez que me sorprendí cuando noté que realmente hablaba en serio cuando acordamos que confiaríamos el uno en el otro. A veces todavía me era difícil el creer como Louise podía llegar a honrar promesas a las que yo no les tomaba tanta importancia en el momento.

— Gracias. Entonces supongo que dormiré un poco más.

— Buenos días.

En respuesta al saludo de Louise, di un débil maullido.

Luego de la muerte de Cromwell, las fuerzas de Albion se sumergieron en la confusión. Literalmente, no sabían qué hacer. Además, al escuchar la noticia, las fuerzas de la alianza decidieron dar media vuelta y regresar al país flotante. Después de todo, con el apoyo de Galia, la victoria volvió a estar al alcance de sus manos. El ejército de Albion terminó por perder toda la voluntad que tenía por pelear y decidió rendirse.

Finalmente, luego de que Galia se estableciera en Rosais, la guerra llegó a su final.

Mi agobio desapareció con la noticia. Sin incluir el incidente con Fouquet, todos los problemas que había pasado hasta ese momento habían tenido una relación directa con Albion. Imaginé que con su caída, no tendría más razones para preocuparme. Por fin creí que sería capaz de descansar.

La Alianza se disolvió poco después de finalizado el conflicto. Ya no había motivo alguno por el cual mantenerla. Y con ello, todos los alumnos que habían participado en la invasión regresaron a la escuela.

Los días en la academia habían sido increíblemente monótonos.

Como era habitual desde mi llegada a Tristain, me encargaba de despertar a Louise a diario. La forma en la que lo hacía, sin embargo, había cambiado. No podía moverme. Era el cuarto día desde nuestro regreso a la academia y en ese tiempo no mostré ninguna señal de mejoría. Por ello, prácticamente cada minuto del día lo pasaba como un gato. Mi único trabajo era levantarla con mis maullidos. Fuera de eso, Louise hacía casi todo por mí.

Ella me llevaba de un lado a otro. Desde su habitación al comedor. Desde el comedor al salón. Desde un salón a otro. Salvo por muy pequeños lapsos de tiempo, pasaba todo el tiempo con ella.

Louise, como en los últimos días, se levantó y me cubrió con las sábanas para poder cambiarse. Luego de vestirse con su uniforme, ella me movió para poder tender su cama. Con todos los preparativos terminados, Louise me sostuvo entre sus brazos y me llevó consigo hasta el comedor. No hubo ningún cambio respecto a días anteriores. Ella me ayudó a comer para después empezar a desayunar.

Durante las clases de ese día, me quedé recostado en sus piernas. No tenía nada especial que hacer, así que para evitar aburrirme, solía escuchar atentamente a los profesores o pensar mis propios asuntos. En especial uno al que le dediqué bastante tiempo.

La rutina de cada día se repitió sin ningún contratiempo. Incluso la historia exagerada que Guiche contaba en cada clase sobre su participación en la guerra volvió a repetirse.

Sin nada relevante que mencionar, la noche llegó.

Di un maullido y en seguido, Louise volteó la página del libro que tenía delante de mí.

Ciertamente no podía moverme, pero no podía permitirme estar sin hacer nada. Necesitaba ponerme al corriente de la investigación que había dejado atrás. Tabitha, quien no se encontraba en la academia, había dejado en su cuarto una gran cantidad de libros que yo debía leer.

Cabe mencionar que en ese momento, no tenía muchas ganas de estudiar. Quería simplemente recostarme y descansar. El motivo de lo primer fueron los detalles del incidente que había pasado durante la guerra y que me contaron al llegar a la academia.

— Estamos por llegar, ¿verdad?

— Sí, ya puedo ver la academia. — Respondió Guiche.

Para mí era imposible usar el aeroplano en ese momento. Debido a eso estábamos viajan en un dragón de viento, mientras que unos cuantos más de estos estaban llevando el aeroplano. Guiche nos estaba acompañando, pues le había pedido el favor de ayudarme a llegar a la habitación de Louise. Yo era, literalmente, un peso muerto. Por mucho esfuerzo que pusiera Louise, era evidente que ella no podría cargarme por sí sola.

Louise pudo notar algo de preocupación en mi rostro, lo cual era algo normal. La euforia por la derrota de Albion había provocado que me olvidara de un hecho bastante importante, el ataque que recibió la academia. Mientras más nos acercábamos, más nervioso me ponía. La angustia por saber si alguien cercano había muerto era grande.

La velocidad de los dragones era asombrosa. No pasaron ni dos minutos desde mi pregunta para que el dragón que estábamos montando comenzara a descender. Cabe mencionar que esos dos minutos, si bien pasaron rápido desde la perspectiva de mis dos acompañantes, a mí se me hicieron eternos.

Los jinetes, a pedido nuestro, le indicaron a sus dragones que aterrizaran cerca del laboratorio de Colbert. Después de todo, ese siempre había sido el lugar donde estuvo el aeroplano. Mientras Louise y Guiche me ayudaban a bajar, los jinetes deshicieron los amarres que le colocaron al aeroplano para poder transportarlo.

El proceso no llevó más que unos minutos y una vez fue finalizado, los jinetes volvieron a montar en los dragones para irse.

— Tal parece que Colbert no está en su laboratorio. — Comenté.

Esa fue el motivo por el cual imaginé que él no salió a recibirnos. Antes de que empezáramos a caminar en dirección a la habitación de Louise, pudimos notar en la lejanía a alguien que se estaba acercando a nosotros. Guiche necesitó de tan sólo unos segundos para reconocer a esa persona y luego de hacerlo, me soltó para ir corriendo a recibirla. Como consecuencia inevitable, caí al suelo al no tener a otra persona que me ayudara a estar de pie.

— Louise, ve por Guiche y hazle recordar porqué estaba viajando con nosotros. — Pedí desde el suelo.

Louise no perdió el tiempo y fue donde Guiche, quien conversaba muy alegremente con Montmorency. Cabe mencionar que él quería seguir conversando con su pareja, mas un golpe en su cabeza fue suficiente para que regresara a ayudarme.

Luego de que Guiche me ayudara a levantarme y noté a Montmorency, aquello que me había estado molestando durante todo el día volvió a ocupar mi mente. Después de respirar hondamente y tragar saliva, le hice una pregunta a la maga rubia.

— Montmorency, ¿podrías contarme los detalles del ataque a la academia?

El rostro de los tres estudiantes cambió de un momento a otro, siendo Montmorency la que mostró el mayor cambio. Eso, sinceramente, me dio un muy mal presentimiento. Louise denotó algo de preocupación y Guiche, por su parte, confusión. Esto último era obvio, pues hasta ese momento no le habíamos contado lo sucedió.

Montmorency hizo su relato lo más corto posible. Al parecer, ella no se sentía muy cómoda hablando del asunto. Sin embargo, eso no evitó que mencionara varios detalles de lo sucedido ese día. La llegada de Agnes, la toma de rehenes, la pelea de tuvo Colbert y, finalmente, su sacrificio.

— Si tan sólo fuera más hábil con la magia de agua…

Eso fue lo último que ella dijo.

El silencio se hizo presente. Ninguno dijo ni una sola palabra, ni siquiera Guiche. Bastaba verme para comprender el motivo, mi rostro reflejaba muy bien mi sentir en ese momento.

— Idiota. — Susurré de tal modo que nadie más me oyera.

La runa de mi mano derecha empezó a brillar. Me moví para desenfundar a Derflinger, quien estaba en su funda siendo llevado por Guiche. Las runas de Gandalfr comenzaron a brillar también.

Mis movimientos eran lentos, pero eso no me detuvo para comenzar mi camino hacia el laboratorio de Colbert.

— Aztor, ¿qué estás…?

Louise, quien se había interpuesto en mi camino, no logró completar esa pregunta. No fue porque la respondí antes de que la terminara, sino porque la empujé para poder abrirme paso. El laboratorio estaba a tan sólo quince metros de distancia. Sin embargo, debido a mi condición, parecía estar mucho más lejos.

— Idiota. — Dije con una voz más clara.

Sólo Louise estuvo lo suficientemente cerca para poder escuchar lo que dije. Además, supo de inmediato que ese insulto no estaba dirigido a ella. Fue entonces que lo vio. Louise notó como había formado un puño con mi mano derecha y como había movido mi brazo derecho. Para ella, mis intenciones estaban claras.

— Idiota. — Repetí nuevamente con una voz más fuerte.

Louise, queriendo evitar algo de lo que yo pudiera arrepentirme más adelante, corrió hacia mí y se colocó en el trayecto de mi golpe. Ella se arrepintió de esa decisión apenas lo hizo. Ya que tenía mis ojos cerrados, no tenía idea de la posición de Louise. Mi golpe no se detendría y, con las dos runas activadas, ella temió lo peor. Sin tiempo de poder hacer algún otro movimiento, cerró sus ojos por el miedo.

Los segundos pasaron y el laboratorio siguió completamente intacto.

¿Eh?

Louise se sintió bastante confundida. Ella, en efecto, había recibido no sólo uno, sino varios de mis golpes. Sin embargo, estos carecieron de algo que ella había dado por hecho tendrían, fuerza. La estudiante abrió sus ojos. Lo primero que vio fue otro puñetazo impactando contra ella. Un puñetazo que tampoco le causó dolor en lo absoluto.

Maldición… que límite tan patético.

Apenas había recorrido quince metros y ya había agotado toda mi fuerza. No pude evitar sentir lástima por ese resultado tan pobre. Si hubiera estado en buenas condiciones, me habría bastado un solo golpe para derribar el laboratorio. Pero, evidentemente, ese no era el caso. Incluso un niño pequeño podría causar más daño que yo en ese momento.

— ¿Por qué…?

Di otro golpe más.

— Maldición… ¿Por qué?

Finalmente, luego de un par de golpes más, mis dos runas dejaron de brillar. Sin fuerza para poder mantenerme de pie, caí de rodillas. Tan sólo unos segundos después, caí de costado.

— ¡Aztor! ¡Señorita Valliere! ¡No mueran! ¡Incluso si están en una situación desesperada! ¡Incluso si les llaman cobardes! ¡No mueran jamás! ¡Vuelvan sanos y salvos!

— ¿Qué clase de hipócrita muere luego de decirle a alguien que sobreviva?

Sentí tristeza al escuchar sobre la muerte de Colbert. Sin embargo, a esa emoción pronto se le sumó el enojo. Antes de partir, Colbert nos pidió de corazón que, sin importar la situación, no muriéramos. De cierto modo, me sentí traicionado. Traicionado porque, según lo que escuché de Montmorency, el profesor no hizo aquello que nos pidió nosotros hiciéramos.

Entendí bien porque se involucró en la batalla. Sin embargo, no comprendía por qué tuvo que sacrificarse. De hecho, incluso si hubiera sabido sus razones, lo más probable es que me hubiera molestado de todos modos.

Louise, quien se había sentado ya a mi lado, se encargó de poner mi cuerpo bocarriba. Quizás por acto reflejo, cerré los ojos.

Otro recuerdo más llegó a mi mente.

No te acostumbres a la muerte de las personas. No pienses que es algo natural. En el momento que eso llega a pasar, algo dentro de ti se romperá. No quiero que termines como yo.

El que ese recuerdo llegara justo en ese momento fue algo normal. La situación era la más indicada para eso. Además, aquello que pensé en respuesta a esa memoria también fue normal.

¿Cómo uno puede acostumbrarse a esto?

Ya había experimentado la sensación de ver a alguien morir frente a mis ojos. No sólo el cómo se dieron sus supuestas muertes, sino también estas mismas tuvieron un efecto en mí. No obstante, ya que habían sido personas completamente desconocidas, pude soportarlo sin mayores complicaciones. Sin quitar el hecho que sentía incomodidad al pensar en eso.

La muerte de Colbert provocó en mí las mismas emociones de aquella vez, pero el grado de estas incrementó de sobremanera. No había sido un desconocido, sino alguien con quien ya había forjado una relación de amistad. Además, era alguien que, frecuentemente, me recordaba a mi mundo. Mientras más pensaba en el asunto, la incomodidad fue convirtiéndose en algo más.

La muerte del profesor me causaba bastante dolor.

Ese dolor hizo que considerara cierta posibilidad. Una posibilidad nacida justamente de la petición que Colbert me había hecho en su carta.

Pero… si pudiera acostumbrarme…

Varios nobles a los cuales había conocido durante los últimos meses no se veían afectados por la muerte de la misma manera que yo. Imaginé que si podía adquirir una mentalidad parecida, entonces podría sobreponerme a casos como el que estaba pasando en ese momento. Imaginé que no tendría que pasar por algo así de nuevo. Imaginé que, a pesar de la advertencia de Colbert, esa podría ser la solución. No obstante, no importaba cuanto llegara a imaginar algo así.

Al final, es imposible para mí, ¿verdad?

Quizás alguien más podría hacerlo. Sin embargo, yo no podía adquirir una mentalidad ni siquiera remotamente parecida. Me conocía bien y sabía bien aquellas cosas que estaban fuera de mis límites.

Me quedé en completo silencio durante un largo tiempo.

Montmorency, quien también se sentía afligida por la muerte de Colbert por sus propios motivos, convenció a Guiche de retirarse. La pareja no tardó mucho en dejarnos a Louise y a mí solos.

Durante las siguientes dos horas me quedé en el mismo lugar. Fueron un par de horas que, lamentablemente, ni siquiera fueron suficiente para poder terminar de asimilar la situación. Cabe mencionar que no me di cuenta que había pasado todo ese tiempo.

Finalmente, luego de un tiempo indeterminado, abrí mis ojos. No hubo algún motivo especial por el que decidiera hacerlo en ese momento, simplemente fue cosa del azar. Me di cuenta que ya estaba a punto de anochecer. Además, pude observar el rostro de Louise. Ella se había quedado conmigo todo ese tiempo. No sabía que decirme, pero eso no evitó que se quedara a mi lado durante esas horas.

Después de verla por unos instantes, ciertas palabras terminaron saliendo de mi boca.

— Que nunca más se te ocurra hacer algo como lo de Albion. Jamás pienses nuevamente en morir.

Ese comentario la tomó desprevenida. Fue algo que, para ella, salió de la nada. Sin embargo, no fue el caso para mí. Al ver a Louise y pensar nuevamente en la muerte de Colbert, no pude evitar relacionar ambas cosas. Fue algo normal, pues hace poco ella tenía planeado sacrificar su vida por salvar al ejército de la alianza.

La idea de ella muriendo terminó pasando por mi cabeza. No hace falta decir que odié siquiera pensar en esa posibilidad.

— ¿Cómo se supone que vaya a soportar algo así?

Ciertamente quería evitar un escenario así por la misma Louise, pero había otra razón. Ese dolor de saber que alguien importante había muerto era algo que no quería volver a pasar nunca más. Era, claramente, algo egoísta, mas esa era mi naturaleza. Incluso en un momento así, no podía evitar pensar un poco en mi propio bien.

Desde que fui invocado había pasado muy buenos momentos y llegué a conocer a muchas personas a las que por fin podía llamar amigos. Pero con la muerte de Colbert, al menos en ese instante, todas esas cosas positivas terminaron pareciendo insignificantes.

Son cosas como esta las que me hacen querer nunca haber sido invocado.

Cuatro días no fue suficiente para poder reponerme de esa frustración. No tenía motivación para investigar en ese momento. No obstante, me convencí de que era lo mejor. Si dejaba todo de lado, lo único que haría sería pensar en el asunto de Colbert. Como muchas otras veces, decidí escapar de la realidad mediante alguna otra actividad.

Cabe mencionar que ese día encontramos la solución a mi día a día. Guiche se había retirado y Louise era incapaz de llevarme por sí misma. Ella sugirió reducir mi tamaño y guardarme en un bolsillo. Sin embargo, rechacé esa idea de inmediato. Me sentía demasiado vulnerable cuando era pequeño y si a eso le sumábamos el hecho de que no podía moverme, podía considerarse una experiencia aterradora. Finalmente, ella me ayudó a poner mi mano en la posición adecuada para convertirme en gato. Es cierto que ese gasto de energía rúnica podía considerarse negativo, pero en ese momento no me importó en lo absoluto. No tenía el ánimo de preocuparme por eso.

Ciertamente hubo algunos curiosos por saber el motivo por el cual Louise empezó a ir a cada sitio junto con un gato negro. Sin embargo, no era tanto el interés para molestarse en preguntarle. Además, ya que yo nunca llamé demasiado la atención en la academia entre el alumnado, nadie preguntó por mí. Guiche y Montmorency sabían bien que yo era ese gato y obviamente preguntaron el porqué de eso.

Lo anterior fue un pequeño problema. En su momento no lo había pensado, pero me pregunté si en realidad estaba bien divulgar que habíamos detenido al ejército. Si se les contaba acerca de eso, ellos terminarían indagando sobre el motivo por el cual le dieron dicha misión a Louise en primer lugar. La respuesta era simple, Louise era la usuaria del Vacío. No obstante, eso era algo que no podía contárseles. Al final, sólo se les dijo que usé demasiada magia durante la guerra. Ya que ninguno de los dos tenía conocimiento alguno sobre cómo funcionaba la magia rúnica exactamente, no le dieron muchas vueltas al asunto y aceptaron la explicación sin indagar más.

Siesta, por otro lado, nunca supo de mi habilidad para convertirme en gato. Después de insistir varias veces, Louise terminó por hartarse y contarle acerca de eso. Ella ya sabía acerca de mi magia, así que no era realmente algo que debiera ocultarse. Además, al igual que con Guiche y Montmorency, aceptó la explicación que le dije de mi estado sin mayores problemas. Cabe mencionar que se ofreció para ayudar con mi cuidado, pero eso fue algo que por más que insistiera, Louise no aceptó de ninguna manera.

A este ritmo me pondré al corriente dentro de poco. Pensé.

Di un nuevo maullido.

Louise cerró el libro, el cual había terminado de leer.

— Ya es algo tarde. ¿Te parece si vamos a dormir?

Maullé una vez.

Las preguntas simples las respondía con un maullido o dos, esto significa sí o no, respectivamente. Ya que pasaba casi todo el día convertido, tuvimos que acordar eso y muchas cosas más. Cabe mencionar que lo de voltear la página del libro con cada uno de mis maullidos nunca fue conversado por nosotros. Sin embargo, hacer eso no era difícil de deducir para ella.

Louise se levantó y dejó el libro encima de un montón bastante grande que había en el suelo. Era el único lugar donde podían estar, pues el librero estaba completamente lleno. La maga, quien ya se había colocado su camisón, volvió a la cama y se recostó bajo las sábanas junto conmigo.

— Descansa.

Mi respuesta fue un maullido.

Ella, luego de dar un pequeño bostezo, cerró sus ojos. No pasó mucho para que Louise terminara quedándose dormida. En cambio, yo me quedé despierto alrededor de una hora más. Había un tema sobre el que quería pensar. Cada día, en los momentos donde no estaba haciendo algo, me dedicaba a imaginar la solución a cierto problema. Quería aprovechar cada segundo posible, pues el tiempo que podía dedicarle a esa tarea había incrementado debido a mi condición. De hecho, fue justamente mi condición el motivo por el que decidí darme cierta meta.

Cuando sentí que el sueño ya me iba a vencer, decidí que había sido suficiente por ese día.

Parece que hoy tampoco se me ocurrirá nada.

Pensado eso, despejé mi mente y me dormí.

— ¿Qué necesitas? — Preguntó Montmorency.

Una semana pasó desde nuestro retorno a la academia.

Había hecho el intento varias veces y las cosas sabían mucho diferente cuando me transformaba en gato. En mi mundo incluso había llegado a probar comida de gato y no lo veía como algo denigrante. Sin embargo, bañarme o ir al baño eran algo que estaba fuera de cuestión si estaba convertido en animal. Sentía, de cierta forma, que perdería mi dignidad si lo hiciera.

Eran alrededor de las ocho de la noche. Esa era la única hora en la que me transformaba en humano y, con ayuda de ambas runas, cumplía rápidamente mis necesidades básicas. Una vez terminé con estas, pensé en aprovechar el momento para ir a ver a Montmorency. Se lo hice saber a Louise y tan sólo en esa única situación, acepté que redujera mi tamaño para transportarme. Cambiar mi forma también era un gasto de energía rúnica, después de todo. Pero consideraba eso mejor a ser reducido.

Una vez llegamos a la habitación de Montmorency, ella hizo la pregunta más obvia. Louise, por su parte, no tardó en responderle.

— Aztor quiere hablar contigo.

Cabe mencionar que ella todavía no sabía sobre el tema que quería hablar con Montmorency. No era realmente algo importante o algo que debía ocultarle, simplemente no hubo necesidad de decírselo.

— ¿Y dónde está?

Louise metió su mano en el bolsillo de su camisa y me mostró a Montmorency, quien quedó estupefacta al ver mi tamaño.

— Magia rúnica. — Se limitó a decir Louise, quien sabía exactamente lo que preguntaría la novia de Guiche.

Después de dejarme en la cama, Louise usó nuevamente el derecho de Vasallaje y me devolvió a mi tamaño. Nuevamente, Montmorency quedó sorprendida por lo que ocurrió.

— Iré directo al punto. — Dije de un momento a otro. — ¿Cómo vas con el favor que te pedí?

Afortunadamente, no necesité detallar más cosas. Ella sabía exactamente de lo que estaba hablando.

— Un mes y la terminaré.

Abrí mis ojos por la sorpresa. Tan sólo un segundo después, di una sonrisa de satisfacción.

— Eso fue bastante rápido. Superaste mis expectativas.

Tal y como Louise solía hacerlo, Montmorency sonrió con soberbia al escuchar el halago.

El nuevo proyecto que tenía en mente necesitaba un brebaje que no podía preparar por mí mismo. Lo intenté varias veces, pero jamás tuve éxito. Incluso con la ayuda de Tabitha no pude completarlo. Mientras pensaba en una solución para el problema, recordé a cierta persona. En una ocasión Montmorency había preparado una poción de amor. No hace falta decir que era un brebaje bastante complicado. Imaginé que si ella podía hacer eso, era la persona indicada sacarme del apuro que estaba pasando.

El día que partí junto con Louise, yo me encontré con Montmorency. Le había contado de la apuesta que tuve con Guiche y, en un intento de alejarme de ese tema, le hice una propuesta. No perdí tiempo y le mencioné todas las especificaciones del brebaje. Además, le ofrecí una cantidad considerable de dinero. Ella, obviamente, no dudó en aceptar. Por su rostro, yo supe que tenía confianza en sus propias habilidades y esa confianza no tardó en transmitirse a mí.

Entonces Louise, quien finalmente se hartó de no saber de lo que estábamos hablando, terminó exigiendo una explicación. Explicación que no tardé en darle.

— ¿Y para qué quieres esa poción?

— La necesito para un experimento. Quiero sorprenderlos, así que me guardaré los detalles.

— Ya veo. Entonces fue por eso que antes de venir aquí me pediste que recogiera eso.

— Así es. Por cierto, ¿puedes dárselo?

Louise desabrochó la bolsa que tenía amarrada en su cintura y se la pasó a Montmorency. Ella no perdió tiempo y la abrió para ver su contenido.

— Doscientos ecus. — Comenté.

— ¿No iban a ser trescientos?

— Dije que te daría trescientos cuando acabaras la poción.

Montmorency se encogió de hombros al recordar eso. Acto seguido, se dirigió a su escritorio y guardó la bolsa en uno de los cajones.

— Bien, creo que eso sería todo. — Comenté. — Si sucede algún inconveniente del que quieras hablar, avísame con anterioridad.

Inmediatamente miré a Louise. Ella, entendiéndome rápidamente, se acercó y agarró mi mano derecha para ayudarme a hacer cierta señal específica.

— No creo que haga falta mencionar porqué.

Acto seguido, me convertí en gato. Habiéndome ya convertido, Louise me sujetó entre sus brazos y me alzó.

No había nada más de lo que hablar. E incluso si lo hubiera, ya me había transformado, así que no sería posible hacerlo hasta el día siguiente.

Mientras que Louise se despidió de Montmorency formalmente, yo sólo pude atinar a hacer un maullido para dar a entender lo que quería decir. Hecho eso, ambos no retiramos de la habitación y dejamos a la maga rubia sola nuevamente.

Unos segundos después de que la puerta se cerrara, Montmorency caminó hasta su escritorio y se dejó caer pesadamente sobre su silla. Luego de ello, dejó escapar un pesado resoplido.

Me pregunto si podré acabarla a tiempo.

A pesar de lo que había dicho, había un inconveniente con la creación de la poción que le pedí a Montmorency. Para poder terminarla, necesitaba cierto hechizo de agua. Específicamente, uno de clase Triangular. No era particularmente difícil de hacer, de hecho era de lo más sencillo de esa clase. Sin embargo, ya que apenas era útil para pociones muy específicas, ningún mago de la academia sabía utilizarlo. Además, ya que le había dicho a Montmorency que mantuviera el tema de poción como algo secreto, ella no podía pedirle a alguien profesor de clase Triangular que aprendiera el hechizo por ella.

Sin saber qué más hacer, decidió hacer la poción por sí misma. Lamentablemente, ella no sabía que yo estaría dispuesto a pagar algo extra por el servicio de algún mago ajeno a la academia. Después de todo, ellos, a diferencia de los profesores, no harían ningún tipo de pregunta respecto al uso que se le daría a la poción.

Dejando eso de lado, la poción estaba prácticamente lista. Sólo restaba agregar unos cuantos materiales que ella compraría con el dinero que le entregué.

Un minuto después de que Louise y yo nos retiráramos, Montmorency se levantó de su silla y se dirigió a su cama. Al llegar a esta, inmediatamente se recostó bocabajo.

Por el incidente ocurrido durante la invasión, Montmorency se había hecho la promesa de mejorar con su magia. Durante la última semana ella había intentado usar el hechizo, mas no hubo ninguna clase de avance en sus resultados. Tenía la iniciativa y la motivación. Sin embargo, ella sentía que eso no le estaba siendo suficiente.

Le quedaba un mes. Durante ese tiempo, ella tenía planeado terminar de aprender el conjuro y poder entregarme la poción.

¿Por qué me siento así?

En la capital de Tristain, en la sala de trabajo del Palacio Real de Tristania, Henrietta se sentó en una silla con una mirada desalentada.

La guerra ya había terminado hace varios días, pero ella todavía seguía exhausta.

La reina estaba viendo la carta que sostenía entre sus manos. Luego de la rendición de Albion, un embajador de Galia había llegado a informarle que debía atender una conferencia en la que se decidiría el futuro del país flotante.

Henrietta se sentía completamente perdida. Cromwell, a quien odiaba tanto, había muerto. La facción noble de Albión había sido aniquilada. Sin embargo, no se sentía satisfecha.

La facción noble que asesinó a Wales ya no existe. Los hombres que me engañaron están muertos…

A pesar de todo lo ocurrido, nada había cambiado. Ella enterró su rostro en sus manos. No podía hacer nada respecto a todos esos sentimientos que la abordaban. Aunque alguien golpeó la puerta, Henrietta no pudo contestar. La puerta se abrió y cuando el Cardenal Mazarino entró, Henrietta permaneció sentada con su rostro agachado.

— ¿Está cansada? — Murmuró Mazarino.

Como si lo viera por primera vez, Henrietta levantó su rostro lentamente y asintió.

— Sí, pero está bien.

— ¿No debería estar feliz? Primero que nada, la guerra acabó. Aunque todo el ejército está destrozado, aunque sólo ganamos gracias a una inesperada ayuda… una victoria sigue siendo una victoria. Sin importar cuantas veces les agradezcamos a Galia, simplemente no sería suficiente.

— ¿En verdad? — Preguntó Henrietta, con la mirada en el vacío.

Mazarino, preocupado por Henrietta, continuó hablando.

— Sin embargo, no podemos bajar la guardia, Su Majestad. Los motivos de la repentina intervención de Galia siguen siendo un misterio.

— ¿En verdad? — Respondió Henrietta sin vida.

Mazarino colocó un montón de papeles al lado de los codos de Henrietta. Ella tardó un poco en reaccionar.

— ¿Documentos?

— Sí. Sin falta alguna, estos son documentos a los que Su Majestad debería echar un vistazo.

— ¿No pueden esperar? Ahora no es…

— No, ahora. No puede permitirse el lujo de no mirarlos.

— Dejo todo a su cargo. Si es usted, sé que no tendré que preocuparme…

— Mírelos.

Henrietta negó con su cabeza.

— Lo siento. Honestamente, estoy cansada.

— ¡Mírelos! — Repitió Mazarino en un tono más fuerte.

No estando acostumbrada a tal determinación del delgado hombre de mediana edad, Henrietta tomó uno en sus manos. De arriba a abajo había nombres escritos.

— ¿Esto…?

— Esta es la lista de los nombres de aquellos que murieron en acción durante la guerra. — Dijo Mazarino secamente.

Henrietta sintió un nudo en su garganta.

— Nobles, plebeyos, oficiales, soldados… sin importar el rango, todos los nombres están enlistados

— Oh… — Dijo Henrietta, cubriendo su boca con la palma de su mano.

— Su Majestad, ¿sabe por qué murieron?

Henrietta no respondió.

— Van a ser miles los que mueran en esa invasión que estás planeando.

Ella entendió a lo que quería llegar Mazarino.

— Murieron en nombre de Su Majestad y de la patria.

Henrietta inclinó su cabeza profundamente. Mazarino siguió hablando con un tono gélido.

— Para algunos de nuestros ministros, esta guerra no fue más que un simple "trámite diplomático" y no ven a los oficiales y soldados como más que figuras numéricas de pérdida y ganancia. Sin embargo, eran figuras que tenían familias, vidas y seres queridos. Figuras que tenían una creencia en común.

Mazarino señaló el papel con su dedo.

— El Rey es quien decide empezar una guerra. Puede enviar a oficiales y a sus hombres a la muerte, pero no puede olvidarlos. Esta es la lista de nombres que debe honrar. Esta es la lista de nombres que debe proteger.

A pesar de intentarlo, Henrietta no pudo evitar que algunas lágrimas brotaran de sus ojos. Lo que le había informado Mazarino era algo que yo le había dicho hace tiempo. Ella intentó prepararse mentalmente para eso. Sin embargo, esa preparación no había sido suficiente.

Durante la guerra, ella había sido guiada por la venganza, algo por lo que estuvo obsesionada lograr. Ver esos nombres y esa sensación de insatisfacción fueron demasiado para ella. Ella había aceptado hace ya mucho que sus motivos eran egoístas, pero sólo pudo aceptarlo porque imaginó que se sentiría tranquila cuando lograra su objetivo. Sin embargo, sólo en ese momento se dio cuenta que todo lo que había hecho no había servido para nada. Todas esas personas muertas y el haber permitido que utilizar a su amiga como un arma no sirvieron de nada.

— ¿Qué… debería hacer? — Preguntó Henrietta con una voz sin vida.

Mazarino miró fijamente a Henrietta.

— Aceptar esa carga. Puede ser pesada y, en ocasiones como esta, puede que no la soporte, pero no intente quitársela de encima. Sin importar por cuánto tiempo siga sin poder dormir por las noches, no lo olvide. Ellos murieron por Su Majestad y por la patria. Puede que sea tan sólo un ornamento real, pero ellos murieron por ese ornamento. La muerte y el crimen no desaparecerán. La tristeza no se curará. Se sentará detrás de Su Majestad y la observará en silencio.

Dicho eso, Mazarino hizo una profunda reverencia y abandonó la habitación.

Afligida, Henrietta permaneció quieta por un momento. Durante varios minutos, ella permaneció completamente inmóvil. Pasado ese tiempo, Henrietta llamó al escudero y le pidió que trajera al Ministro de Finanzas, quien no tardó mucho en llegar.

— Todo lo de esta habitación… No, todo lo que esté en el palacio, véndalo. — Dijo Henrietta con una voz suave, pero decidida.

— ¿Eh?

— Véndalo todo, ¿está bien? Deje tan sólo una pequeña cantidad de ropas. Todos los muebles, la cama, el escritorio y el tocador también.

El ministro estaba claramente confundido.

— ¿La cama? ¿P…Pero dónde dormirá Su Majestad?

— Una pila de heno será suficiente.

El Ministro de Finanzas se quedó sin palabras. No había escuchado jamás de una reina que durmiera en el piso.

— Por favor, entrega el dinero que recibas por vender esas cosas a las familias de las víctimas de guerra. Nobles, plebeyos… no importa. Distribúyelo equitativamente.

— P… Pero…

— ¿La tesorería se encuentra en un estado difícil? Lo sé.

Henrietta se quitó todas sus joyas. Los ojos del Ministro de Finanzas se abrieron de sorpresa mientras tomaba las joyas una por una. Todas, salvo una que ella decidió guardar. Hecho eso, se lo entregó todo al ministro.

— Éste también…

Henrietta apuntó al cuadro del Fundador, al cual ella había rezado durante la guerra. Por cientos, miles de años, ese cuadro había observado a las familias reales.

— Pero, sin embargo…

— Ahora, lo que la patria necesita no son oraciones a Dios sino oro. ¿Está en desacuerdo?

El Ministro de Finanzas negó violentamente con su cabeza. Pero antes de que el hombre se fuese, Henrietta lo llamó para detenerlo.

— Lo siento. Por favor regrese por un momento.

¡Gracias a Dios! ¡Recobró la razón!

Henrietta tomó algo de la bandeja de tesoros del Ministro de Finanzas. Era una corona. En su apuro, ninguno de los dos la había notado.

— Sin ella, nadie podría aceptar como su gobernante a alguien tan insensata como yo.

Después de que el Ministro de Finanzas se fuese, agradecido de que ya no se le necesitara, Henrietta se sentó nuevamente y empezó a mirar la lista de nombres. Por supuesto, no podía recordarlos a todos. Pero quería grabarlos firmemente en su mente. Sus vidas e ideales se escondían detrás de esos nombres.

Oculto de la vista de Henrietta por los papeles que ella estaba sujetando, estaba el anillo que le había pertenecido a Wales. En un primer momento, decidió también dárselo al ministro para que lo vendiera. Sin embargo, terminó rechazando la idea. Es cierto que era un recuerdo de su viejo amor, pero ese no fue el principal motivo por el cual se lo quedó.

Henrietta considero que en el futuro una situación similar podría aparecer. La razón por la cual decidió conservar el anillo fue para no olvidar el sentimiento que la estaba agobiando esa noche. No sólo en momentos críticos, sino durante cada instante, desde ese día en adelante.

— Sólo quería salir un poco de la rutina.

En ese momento me encontraba recostado en la cama. Por otro lado, Louise estaba sentada en la silla que estaba al frente de su escritorio, acabando algunos de sus deberes.

Los días siguieron pasando lentamente. No había absolutamente nada que resaltar. Iba a donde sea que fuera Louise y sin nada que interrumpiera las clases, las cosas se volvieron bastante monótonas. Ciertamente, eso era algo que yo prefería. No obstante, también había un límite.

Queriendo hacer algo diferente ese día, decidí quedarme como humano durante la noche para al menos poder pasar el rato conversando con Louise. No era mucho, pero era suficiente para quitarme el dolor cabeza provocado por la incesante rutina.

— En fin, ¿no tienes algo de lo que quieras conversar? No hemos hablado durante prácticamente dos semanas.

Louise dio un pequeño suspiro.

— Han sido días bastante tranquilos. No hay nada que valga la pena mencionar.

— ¿Sabes? Si lo piensas detenidamente, los de esta academia llevan una vida bastante aburrida.

— ¿Acaso en tu escuela era diferente?

— Considerando que no necesitábamos viajar durante horas para ir a la ciudad y poder pasear, entonces sí, era diferente.

Louise no contestó.

El aburrirse en la academia era algo en lo que ya había pensado con bastante anterioridad. En su momento, busqué cierto entretenimiento en algunas novelas que encontré en la biblioteca. Sin embargo, con el tiempo, se volvió bastante difícil encontrar algo que pudiera llegarme a entretener. Varias tenían conceptos parecidos, entre estos, héroes pasando aventuras. Al principio no tuve problemas, mas perdí el interés luego de la quinta novela de ese tipo.

— ¿Y no hay nada de lo que tú quieras hablar? — Preguntó Louise luego de unos segundos.

— ¿Yo? Veamos… De hecho, sí lo hay. Bueno, no es exactamente un tema, sino una petición. La próxima vez que estemos en medio de una clase y vayas a acariciarme, hazlo nuevamente detrás de mis orejas.

Louise dio un pesado resoplido.

El haber pasado tanto tiempo como gato había hecho que me diera cuenta de muchas cosas. Estaría mintiendo si dijera que no me había acostumbrado de cierta forma. De hecho, hasta cierto punto se sentía completamente normal el estar transformado. Ese era el poder de la rutina.

— ¿Qué? Nadie me había acariciado como gato antes. Eres la primera que lo hizo y la primera que lo hizo detrás de mis orejas. Siendo honesto, se sintió bastante bien.

Al notar que estaba siendo inusualmente poco conversadora, una pequeña duda llegó a mi mente. Duda que me llevó a hacer cierta interrogante.

— Hay algo que quieres preguntarme, ¿verdad?

Louise, después de quedarse callada por unos momentos, volteó a verme.

— Han sido dos semanas. ¿No ha sido duro?

No hizo falta pensar mucho para saber a lo que se refería con eso.

— ¿El no poder moverme? Sí, esta situación es muy inconveniente. Sólo ahora puedo entender lo molesto que puede ser una comezón si no puedes rascarte.

No hubo respuesta de su parte hasta unos segundos después.

— Estoy hablando en serio.

Di un pequeño suspiro.

— Si tan sólo esa pequeña cosa es capaz de molestarme, sólo imagina lo frustrante que puede ser el día a día.

Ella demoró un poco en comprender mis palabras. Sin embargo, pasados unos segundos, ella entendió a lo que me refería. Si un inconveniente menor podía ser suficiente para enojarme, era difícil imaginar lo molesto que podía ser una situación que, desde el principio, ya es irritante.

— Hasta cierto punto, esto es soportable. Es decir, prácticamente no debo mover ni un dedo durante todo el día porque me estás ayudando. Si no fuera así…. No, no hace falta decirlo.

Di un gran bostezo.

— Si quieres una respuesta más seria de mi parte… sí, creo que podrías decir que esto no es solamente molesto, sino que también tengo algo de miedo.

— ¿Miedo?

— Apenas ha pasado alrededor de un año y mi vida ha corrido riesgo muchas veces. Si sucede algo imprevisto ahora... Incluso si alguien me estuviera apuntando con una espada, lo único que podría hacer es...

Como si fuera una como un acto reflejo, dejé de hablar en ese momento. Me fue difícil seguir conversando por un mal pensamiento que apareció repentinamente en mi mente.

A pesar de la derrota de Albion, no pude quitarme completamente el nerviosismo de mi cabeza. Había una pequeña paranoia de mi parte por la posibilidad de que ocurriera algo inesperado. Incluso escapar sería casi imposible. Mi pobre límite que comprobé el día que regresamos a la academia era prueba de ello.

Mientras pensaba en los peores escenarios, Louise se levantó y se acercó a la cama. Una vez subió encima de esta, se sentó junto a mí.

— No es como que vayas a estar solo si algo así pasa. Yo también estoy aquí y me encargaré de solucionar todo lo que suceda mientras estás así.

Al mover mis ojos pude ver como Louise me estaba sonriendo mientras me daba una mirada decidida.

Ella ya me lo había mencionado, estaba bastante agradecida por haberla salvado durante la invasión. No era algo que necesitaba repetir, pues con decirlo un par de veces fue suficiente. Ya que yo la había protegido, ella sintió que también debía hacerlo mismo. Claramente, eso era algo que ella ya tenía claro desde hace mucho, pero lo que pasamos juntos sólo intensificó ese sentimiento.

Ya un poco más calmado, respondí a lo que dijo.

— Me gustaría poder decir que me siento calmado al oír eso. — Comenté con un tono burlón.

Louise formó un puño y me dio un golpe en mi cabeza. Obviamente, no pude hacer absolutamente nada por defenderme.

— Estoy tratando de ser amable.

— Bien, perdón.

Ella se levantó y volvió a sentarse al escritorio para acaba con lo que tenía que hacer.

— Y gracias.

— No hay de qué.

Desde mi posición, necesité esforzarme para poder ver de reojo a Louise. Después de observarla durante unos segundos, cerré mis ojos con la intención de concentrarme en algo más. No obstante, cierto pensamiento terminó apareciendo en mi cabeza.

Sí, creo que realmente no sería raro si terminara pasando.

Ese día había sido particularmente pesado en cuanto a los deberes que debía realizar Louise. Por ello, se quedó hasta alrededor de las once para acabar todo. Por mi parte, a pesar de no ser un día especialmente exigente, me sentí bastante cansado. En consecuencia, decidí que me iría a dormir más temprano de lo usual.

Después de cambiarse, Louise me movió con algo de esfuerzo y me colocó bajo las sábanas. Quizás era mi impresión, pero podía notar que estaba algo nerviosa. Imaginé que el motivo de eso era que sería la primera vez que dormiríamos juntos en mi forma humana luego de tanto tiempo. Aunque claro, sólo era una teoría de una impresión que yo había tenido, así que no era algo seguro.

Sabiendo que sólo sería cuestión de un minuto para que Louise se durmiera, decidí hablar para informarle de algo.

— Louise, hay algo que necesito mostrarte.

Ella volteó su cabeza.

— ¿Qué es?

— Mueve la sábana y mira mi mano derecha.

Louise siguió mi indicación. Los segundos pasaron y no sucedió absolutamente nada.

— ¿Qué es lo que…?

— Espéralo…

Puse a prueba su paciencia, pues tuvieron que pasaron cerca de quince segundos para que ocurriera algo. Fue un movimiento bastante leve, pero mis dedos se movieron. La reacción de Louise fue bastante natural. Ella abrió sus ojos por la impresión.

— Son poco más de veinte segundos para que mi cuerpo responda a mis órdenes y sólo puedo hacer pequeños movimiento como ese, pero algo es algo, supongo.

— ¿Cuánto tiempo…?

— Si tengo suerte, quizás una semana. En verdad fue una fortuna que Galia interviniera. Al menos estas últimas dos semanas han sido bastante pacíficas y no se sintieron tan largas.

El sólo imaginar el cómo hubiera pasado ese tiempo si Albion siguiera siendo una amenaza fue algo que decidí ignorar.

Una pequeña sonrisa se pudo apreciar en el rostro de Louise. Estaba realmente agradecida que sólo sería cuestión de tiempo para que me recuperara por completo. No obstante, algo llamó su atención tan sólo un instante después.

— ¿Por qué no me lo dijiste antes?

Cerré mis ojos y di un pequeño suspiro.

— Cuando pueda moverme completamente, hay algo de lo que me gustaría hablarte. En verdad necesitaré que me escuches.

Mi comportamiento no guardaba mucha relación con la noticia de mi pronta recuperación. Eso fue algo que extrañó a Louise. Además, tampoco entendió bien a lo que me refería, pero eso no evitó que asintiera.

Sin nada más que decir, ella volvió a mover las sábanas para cubrirnos bajo estas y se acomodó para poder dormir, cosa que no tardó mucho en hacer. Yo, en cambio, tardé un par de minutos más.

Me pregunto si en la próxima semana se me ocurrirá algo.

Comparada con las otras ciudades de Halkeginia, Londinium poseía un aire bastante diferente. La parte central de la ciudad fue hábilmente construida en piedra, la cual era constantemente reparada ante la aparición de algún desperfecto.

Cien años atrás, Londinium fue golpeada por un desastroso incendio, y como toda la ciudad estaba construida en madera, se quemó casi por completo. Por ello, el rey de Albión en ese entonces prohibió en Londinium la construcción con madera. Esa orden también incrementó el poder aéreo de Albión, el cual retumbaba sobre Halkeginia, ya que debía proteger los recursos madereros que el país necesitaba. De ese modo, había una poderosa flota estacionada con abundante madera y mirando a todo Halkeginia desde encima de las nubes. Aunque, cabe mencionar, que eso ya era parte del pasado.

El palacio Havilland de Londinium estaba lleno de gente. Habían venido representantes de Tristain, Galia, Germania y Romalia. Los gobernantes de cada país fueron a Albion voluntariamente con muchos vasallos y sirvientes. Pronto, las personas más poderosas de Halkeginia se repartirían el botín por haber salido vencedores en la guerra.

Henrietta se sentó en la mesa redonda del Salón Blanco. Al lado de ella estaba el Cardinal Mazarino. Y cerca de ellos se encontraba el emperador de Germania, Albrecht III, que había sido el prometido de Henrietta en el pasado. El que ganó una batalla de poder entre cuarenta hombres por el puesto de emperador estaba ahora mirando a Henrietta con cierta expresión lasciva. Cuando Henrietta le devolvió la mirada con valentía, él le dedicó una amplia sonrisa.

―Encantado de conocerla, Su Alteza, Princesa Henrietta.

— Me temo que soy reina ahora, Su Excelencia.

La nariz de Albrecht se tornó pálida. Posteriormente dedicó un saludo cortés al embajador de Romalia, sentado frente a Henrietta. Romalia, quien tuvo una participación militar pequeña, tenía muy poco que decir en esta conferencia, por lo que sólo el embajador asistió.

El General Hawkins estaba cumpliendo su deber como el Embajador Plenipotenciario de Albión. Un hombre con intimidantes facciones, en su auge. Aunque los reyes estuvieran sentados en fila delante de él, no tenía miedo. Inflaba su pecho de una manera ilustre, sin mostrar su patetismo ante la derrota de la armada general. Y por esta razón al Emperador de Germania, sentado a su lado, no le agradó mucho su actitud.

— Pero… este chico está retrasado. — Murmuró Albrecht a Henrietta.

— ¿Habla del rey Joseph?

Joseph, el rey de Galia, no se había mostrado aún.

— Sí, el mujeriego incapaz. Nadie más en el país fue apto para ser el rey de Galia, ¿sabe? Dicen que el obtuvo el trono matando a su hermano menor. Qué sinvergüenza.

Esos eran los rumores.

De repente la puerta se abrió y por esta, entró un hermoso hombre de pelo azul. Una persona no tardó en anunciar su llegada.

— Su Majestad, el rey de Galia.

El Rey de Galia miró a todos los reunidos en la sala, con una amplia sonrisa en su cara.

— ¡Bien, bien! ¡Todos están aquí! Todos los reyes de Halkeginia se encuentran en este lugar. ¡Increíble! ¡Un día memorable! ¡Un día memorable!

Joseph, al ver a Albrecht, le dio unas palmadas en su hombro.

— ¡Querido Emperador, Su Excelencia! ¡Siento mucho no haber asistido a su coronación! ¿Están sus parientes trabajando bien? Me refiero a aquellos a los que les prestó su castillo para que usted pueda sostener esa corona

El rostro de Albrecht se tornó pálido. Él había notado el sarcasmo en la voz de Joseph. El castillo al que hizo referencia era el lugar donde el emperador mantenía como prisioneros a sus rivales.

— ¡Una puerta gruesa y cadenas de buena calidad fueron usadas para su propia protección! Además los alimentan. Un pan tostado, una copa de agua, y leña después de dos semanas, cuando sus cuerpos yacen fríos. Sólo para mantenerlos sanos. Tal lujo es malo para el cuerpo. ¡Es usted realmente un emperador generoso! ¡Me gustaría aprender de usted!

— Sí, gracias. — Murmuró Albrecht, quien había perdido su compostura.

Entonces Joseph volteó su rostro y alcanzó la mano de Henrietta.

— Oh, princesa Henrietta, usted ha crecido. Me pregunto si todavía me recuerda. Nos conocimos al final de una grandiosa fiesta al aire libre en el lago Ragdorian. En ese entonces, usted era tan hermosa como una flor. En cambio, ahora usted es la hermosa reina del pacífico reino de Tristain.

Sin voltear hacia Hawkins ni al embajador de Romalia, el Rey Joseph se sentó en la silla principal como si fuera la cosa más natural del mundo. Aunque Albrecht hizo ademán de declarar algo, Joseph lo interrumpió. Porque entonces, como si estuviera en su propio castillo, tronó sus dedos.

Tan sólo un momento después, bandejas con platos diferentes fueron traídos por los criados. En presencia de Henrietta y Albrecht se puso una gran cantidad de comida. Henrietta y los otros miraban atónitos. La comida fue preparada con los más finos ingredientes. Para algunas personas, ni la paga de un año podría costear semejante banquete.

— El banquete y la comida los he traído desde Galia. Me disculpo por su mala calidad, pero este banquete no es nada comparado con el deleite de todo el país, así que disfrútenlo.

Acto seguido, el mesero vertió vino dentro de la copa del rey. Las copas de Henrietta y los demás presentes también fueron colmadas con un vino rojo sangre.

— Líderes de toda Halkeginia, aunque esto sea pequeño, en primer lugar, permitámonos ostentar este banquete de celebración. Con la guerra finalizada, ¡Permitámonos brindar en paz!

El banquete duró alrededor de tres horas y terminó porque el Rey Joseph de Galia repentinamente decidió retirarse. Después de sólo hacer ruidos al comer y beber: él bostezó, dijo que estaba cansado, se paró y salió de la habitación.

En cuanto a la conferencia, en sí no se hizo nada. Siempre que el Rey de Galia abría su boca, no hacía más que recomendar su cocina a los reyes, quienes, sentados en fila, brindaban repetidamente.

Henrietta y los demás no tardaron mucho en empezar a retirarse.

— Ahora que estamos conciliados, lo real iniciará mañana — Murmuró el emperador de Germania, mientras se alejaba.

Henrietta se levantó con indiferencia, manteniendo sus codos apretados estrechamente contra su cuerpo. Pero en ese momento, el General Hawkins llegó en frente de Henrietta y se inclinó profundamente.

— Con todo el debido respeto, ¿podría hablar un momento con Su Majestad?

Mazarino, quien estaba cerca, trató de intervenir, pero Henrietta lo detuvo. Al ver eso, Hawkins comenzó a hablar.

— Antes que todo, gracias por el generoso tratamiento que recibió el pueblo de Albión. Deben estar exhaustos por tan larga guerra. Usted no controló con la varita, sino con el pan. Por el poder que Su Agraciada Majestad emana hacia todos nosotros, el pueblo del País Blanco está agradecido. Aceptaremos cualquier tipo de tratamiento, sólo si Su Alteza puede dirigirnos algunas de sus palabras.

— Si la guerra fue justa o no, la gente no se merece el castigo. No se preocupe.

Hawkins suspiró profundamente. Henrietta hizo el intento de pasar, pero aun así la detuvieron.

— ¿Sucede algo más?

— Su Majestad… ese día, hubo unas personas que detuvieron al ejército de Albion para que se efectuara la retirada de las fuerzas de la alianza, ¿conoce usted a esas personas?

Aquella pregunta llamó la atención de Henrietta. El pequeño rumor de cierta persona cabalgando en dirección hacia las fuerzas de Albion para detenerlos había sido silenciado por los altos mandos del ejército. La razón principal fue que era una orden de la que ninguno se sintió realmente orgulloso. Si se llegaba a propagar esa noticia, podría dañar la reputación de varias personas. Por ello es que Henrietta nunca leyó sobre eso en el informe final que recibió, en el cual, el motivo oficial de la demora del ejército de Albion fue una falta de organización dentro de sus fuerzas.

— No lo sé.

— En verdad es difícil de creer… Generales cobardes corriendo para salvarse mandando a alguien más a hacer su trabajo.

— ¿Podría contarme lo sucedido?

Hawkins le relató a Henrietta todo lo ocurrido ese día. El motivo por el cual las fuerzas de Albion fueron retenidas, la caída simultánea de varios comandantes, su breve conversación con uno de los responsables de dicha hazaña y, por último, la persona que vio arriba de la colina que dio el golpe de gracia a su ejército.

A Henrietta le costó procesar todo lo que había escuchado. Sin embargo, poco a poco empezó a unir las piezas. Treinta espadachines que parecían actuar como un mismo ser y una maga pelirrosa que generó enormes explosiones para detener al ejército. La reina de Tristain tenía muy en claro quienes habían sido esas dos personas. Lo que dijo el último espadachín sobre ser un familiar fue la última pista que necesitó.

— ¿Y no hubo rastro de esas personas?

En la lista de aquellos que habían muerto durante la invasión, no había estado el nombre de esas dos personas que tenía en mente. Eso fue algo que llamó su atención después de acabar de oír el relato.

— Luego de las primeras explosiones, todos salvo uno de los espadachines desaparecieron. Fue él con quien hable y su cuerpo desapareció luego de una explosión. Por otro lado, mientras estaba inconsciente, los Caballeros Dragón exploraron los alrededores y tampoco hallaron a la chica que nos atacó desde la colina.

Según los informes que Hawkins recibió de sus soldados, todos los espadachines tenían exactamente la misma apariencia y movimientos. Ya que nunca utilizaron un hechizo, descartó la posibilidad de que fuera un mago y con ello, el hechizo de Viento que permite crear copias de uno mismo. Recibió la teoría de que varios magos Cuadrangulares usaron un hechizo en ese espadachín para tal efecto, pero él no estuvo totalmente satisfecho con dicha explicación. Aunque con lo que sí coincidía era que todos esos guerreros eran una misma persona. Cabe mencionar que eso era más que nada una sospecha de su parte.

— Sin embargo, si de algo puedo estar seguro es que, a pesar de esas explosiones, ese chico con el que hablé no murió. Llevo años en los campos de batalla y conozco muy bien los ojos de aquellos que están a punto de morir.

Hawkins hizo una pequeña pausa antes de continuar.

— Ellos salvaron a su ejército. Decenas de miles de soldados fueron salvados ese día.

— Ya veo. Gracias. — Dijo Henrietta con una voz temblorosa.

No era una historia difícil de creer, al menos no para Henrietta.

— Si no hubiera sido por esas personas, hoy nuestros lugares estarían invertidos. Sólo es una recomendación, pero lo más honorable sería honrar a los responsables de tal hazaña.

Esa noche, mientras estaba perdida en sus pensamientos, alguien tocó la puerta de la habitación en la que estaba hospedada Henrietta. Un golpe largo y dos cortos. Era una señal conocida.

— Adelante.

La puerta se abrió y Agnes entró al cuarto. No cargaba armadura ni armas, estaba vestida con ropajes simples, hechas de lana.

— ¿Encontraste algo? — Preguntó Henrietta.

La caballera negó con su cabeza.

— No… no habían pistas.

— Ya veo.

La revuelta de Saxe-Gotha del ejército de Tristain todavía seguía siendo un hecho misterioso. Todos los soldados y oficiales respondieron lo mismo cuando explicaban tal revuelta temporal. Ellos simplemente mencionaban que vieron eso como algo necesario. Por ello, se teorizó que la causa había sido algún tipo de magia.

Era extraño que decenas de cientos de oficiales y hombres experimentados de repente abandonaran la victoria.

Agnes, siguiendo las órdenes de Henrietta, investigó por un largo tiempo.

— Pensamos que el agua de Saxe-Gotha podría ser la causa, y dejamos que los magos la examinasen. Sin embargo, no importa cuánto tiempo la examinaron, era agua común y normal. Aunque algunos nobles señalaron la posibilidad de la magia antigua, no hay evidencias. Estamos en un callejón sin salida.

— Ya veo... Aunque ciertamente es un acontecimiento misterioso, no debemos renunciar a la búsqueda de la verdad.

Agnes hizo una reverencia.

— No he satisfecho las expectativas de Su Majestad, no hay excusas.

— Levanta la cabeza, Agnes. No eres responsable. Hay cosas misteriosas que nunca se han aclarado, todo el tiempo pasa. Magia Antigua, tierra sagrada, demi-humanos, elfos, las tierras del este, del otro lado del océano, y el Vacío. Todos ellos inquietan la mente.

— Así es. — Dijo Agnes algo exhausta.

Durante varios días ella estuvo siempre en movimiento. Su rostro reflejaba un notorio cansancio. Habiendo completado su informa, Agnes se inclinó con la intención de retirarse. Sin embargo, antes de hacerlo, Henrietta la detuvo.

— Por favor espera.

— ¿Qué es eso?

Para sorpresa de Agnes, Henrietta le ofreció una copa de la mesa.

— ¿Vino?

Aunque Agnes levantó la copa, ella no sorbió de ella.

— Hay algo que quisiera preguntarle. No como una reina, sino como una mujer... como una mujer mayor.

— ¿Qué es?

― ¿Qué origina a la venganza? ¿La falta de algo? ¿La tristeza? ¿El arrepentimiento?

— ¿La venganza?

Agnes cerró los ojos.

— Yo tampoco… puedo encontrar la respuesta.

Después de que la caballera se retirara, Henrietta se quedó sola nuevamente. Al frente de ella, había un pergamino, un frasco de tinta y una pluma. Durante la noche, había algo que ella estuvo considerando.

A diferencia de Tristain, en Albion no hubo alguien que se molestara en ocultar el verdadero motivo por el cual el ejército había sido retrasado. De hecho, el mismo Hawkins fue uno de los responsables de hacer correr la voz. Aunque claro, eso estaba fuera del conocimiento de Henrietta.

A pesar de que la guerra ya había terminado, las rutas de Albion hacia el exterior todavía no habían sido abiertas. Por eso, ningún tipo de información proveniente del país flotante había ido a parar a otra nación. Sin embargo, una vez terminara la conferencia que se estaba desarrollando en Londinium, eso cambiaría. Las personas viajarían nuevamente desde y hacia Albion, y sólo sería cuestión de tiempo para que esos rumores llegaran a Tristain. Finalmente, eso traería el riesgo de que más rumores se formaran.

En la historia del retraso del ejército estaba incluida la descripción de dos personas que ella conocía. Teniendo, además, una de estas un secreto que no debería salir a la luz. El riesgo de un nuevo rumor era que este se acercara mucho a la realidad y que terminara tornándose lo suficientemente popular para que la mayoría de personas lo tomaran como verdadero.

Sabiendo que estaría fuera de su capacidad acallar totalmente los rumores, Henrietta tomó su decisión. Acto seguido, agarró la pluma y la sumergió la punta de esta en el frasco de tinta para empezar a escribir una carta con destino a Tristain. No creyó poder ocultar totalmente la verdad, pero al menos podría evitar que los detalles que realmente importaban se supieran.

— Realmente no entiendo porque te quejas.

En ese momento, yo me encontraba recostado a los pies de la cama. Había recuperado la movilidad de mi cuerpo hasta el punto que podía mover un poco mis dedos. En la posición indicada, eso me permitía cambiar por mí mismo las páginas de un libro. Cosa era me era bastante útil, pues en ese mismo momento estaba leyendo algo.

Louise, por otro lado, estaba recostaba bocabajo sobre su cama. Respecto a su rutina de las últimas semanas, ella había sentido que fue un día bastante largo. Se encontraba mentalmente exhausta por lo que comenzó desde esa mañana y se prolongó hasta la noche.

— ¿Eh?

Louise se quedó completamente inmóvil cuando vio el anuncio que estaba colgado en la entrada principal de la academia. Ninguno de sus músculos se movió. Por otro lado, los estudiantes que la rodeaban no podían creer lo que estaban leyendo. Varios de ellos empezaron a conversar entre sí y otro salieron corriendo, seguramente para esparcir la noticia.

Entonces, de un momento a otro, todos voltearon a mirar a Louise. Mentiría si dijera que no tenía ganas de ver su rostro en ese momento. Obviamente, en mi condición y en mi posición, la cual era entre los brazos de Louise, ese era un lujo que no podía darme.

El anuncio, el cual había atraído la atención de todo el alumnado, tenía por función hacer de público conocimiento que Louise había detenido al ejército de Albion para que las fuerzas aliadas pudieran escapar durante la guerra. Había, además, una mención a mi persona sobre la participación que tuve.

Bueno, al menos con esto ya no quedaré como un mentiroso. Pensé.

A lo largo del día, Louise estuvo bastante inquieta. No importaba el lugar al que iba, siempre había estudiantes mirándola y, a veces, susurrando entre ellos. Podía sentir su nerviosismo de primera mano, pues ella me estaba sujetando más fuerte de lo normal.

El único momento en el que pudo finalmente relajarse, fue cuando llegamos a su cuarto. Debido a una enorme insistencia por parte de ella, me terminé transformando para conversar en ese mismo instante. Al expresarme su inquietud, el comentario que hice fue bastante obvio y fue un comentario al cual Louise no supo cómo responder de inmediato.

— Es que es algo raro que nadie trate de negarlo y lo que es más, la actitud de todos es…

— Estoy seguro que muchos piensan que hubo alguna confusión, pero considera lo siguiente, el poder de tus explosiones ya eran prácticamente cultura general dentro de la academia. Es bastante creíble que puedas causar mucho daño en una batalla.

Según se informó, el ejército de Albion había sido retrasado por un enorme número de explosiones que sucedieron a lo largo de sus tropas. Explosiones que eliminaron a gran parte de sus comandantes y causaron una completa confusión. El asociar esas explosiones con Louise no fue difícil. De hecho, incluso podría decirse que fue lo más natural.

— Además, imaginé que estarías feliz por el cómo ha cambiado la actitud de los demás.

No fueron pocos los estudiantes que terminaron acercándose a Louise para hablarle. Se pudo notar el cambio de comportamiento que tuvieron hacia ella. Entre ellos, estaban varios estudiantes que participaron en la invasión. Estos mostraron su gratitud a Louise por darles una oportunidad de escapar. Louise, quien no estaba acostumbrada a ese tipo de cosas, no supo cómo contestarles. No había sido como el incidente del Báculo de la Destrucción por el cual había recibido algo de reconocimiento. Si bien algunos todavía se mantenían incrédulos, la gran mayoría empezó a mirar a Louise con respeto.

— No es que no esté feliz, es que…

— ¿Es demasiado repentino?

Louise sólo atino a asentir levemente. Por mi parte, di un largo suspiro.

Sí… creo que realmente es repentino. Pensé.

Si el anuncio se hubiera dado poco después de terminada la guerra lo hubiera entendido, pero ya habían pasado más de dos semanas desde entonces. Por eso, que se anunciara la noticia en ese día fue bastante repentino. De hecho, no entendía el motivo por el cual se decidió hacerlo en ese momento.

Además, a pesar de haber sido algo que le prometí a Louise mientras huíamos del ejército, me pregunté si era correcto dar a conocer todo el asunto. Después de todo, ella tenía un secreto que debía mantenerse oculto. Es por eso que varias de sus hazañas se habían mantenido ocultas. Por otro lado, en la noticia sólo se había mencionado que se utilizaron explosiones para retener a las fuerzas de Albion. Me pregunté si fue por eso que no se necesitó ocultar la información.

Bueno, no es como que se me vaya a ocurrir algo si sigo con esto.

Nuevamente, había entrado a un ámbito que no manejaba. Henrietta debió tener algún motivo para hacer al anuncio ese día. No obstante, seguramente no sabría cuál fue hasta que ella nos lo dijera, así que tratar de pensar en eso estaba de más.

— Por cierto, ¿crees que pronto llegue una carta de…? Ya sabes. — Dije de repente.

Era obvio que el anuncio no se limitó a la academia. Sin duda alguna, la hazaña debió darse a conocer a lo largo de Tristain. Por ello, era fácil inferir que los padres de Louise también estaban al tanto de la noticia. No sería raro que se pronunciaran tarde o temprano. De hecho, lo más probable es que fuera temprano.

— Seguramente no tardarán en enviar alguna. — Dijo ella.

Si bien, a primera vista, Louise se mantuvo estoica, la verdad es que estaba algo ansiosa por alguna respuesta de sus padres. Después de todo, el reconocimiento por parte de su familia era algo que ella quiso durante mucho tiempo. Sin embargo, lo surreal de la situación provocó que ella no mostrara mayores emociones.

Luego de unos segundos, ella volvió a hablar. No obstante, el foco de la conversación pasó a ser mi persona.

— ¿Y tú estás bien con esto?

— ¿Con tu repentina popularidad? Podría decirse que sí, después de todo en Albion te dije que…

— No, no me refiero a mí.

Hubo un pequeño silencio antes de que hablara nuevamente.

— No negaré que recibir halagos y agradecimientos sería agradable para variar. Después de todo, eso es algo que alimenta mi ego y se siente bien.

Mi caso era diferente al de Louise. A diferencia de ella, yo era visto como un plebeyo. De hecho, esa fue la razón por la que nunca se armó ningún alboroto luego de lo que hice en mi duelo contra Guiche. Por parte de la nobleza existía un sentimiento de incredulidad hacia lo que podía lograr un plebeyo. Quizás fue porque me mantuve como gato durante todo el tiempo, pero no escuché que se me mencionará en ningún momento del día.

Por otro lado, Guiche, Montmorency y Siesta, quienes ya conocían el porqué de mi estado, entendieron de inmediato el motivo por el cual terminé usando demasiada magia. Ya que estaba transformado no pude conversar con ellos, pero también me agradecieron cuando se acercaron a Louise para hablarle. Aunque claro, ellos eran un caso aparte. Al parecer, por la naturaleza general de los nobles, todo el reconocimiento había ido a parar a Louise. Mi mención, en cambio, pasó totalmente desapercibida para la enorme mayoría. Louise no se sentía del todo cómoda con esto. En especial porque yo había sido el que la sacó de Albion con vida y ayudé directamente en la retención del ejército. Ese era su sentir, mas no el mío.

— Pero… creo que a estas alturas se sentiría raro. Además, lo último que quiero en mi condición actual es llamar la atención.

Había cierto recuerdo que me hacía querer evitar ser el centro de atención. Aquella vez que ayudamos en Tarbes, los pobladores de la aldea nos hicieron continuas fiestas. La primera mitad del primer día fue agradable, pero rápidamente se tornó algo molesto. Fue sólo luego de eso que me di cuenta que prefería evitar ser alguien a quien todos miraban. Era algo incómodo para mí. Además, todo ese reconocimiento significaría nada una vez volviera a mi mundo. No es como que fuera algo imprescindible para mí.

— Esto de que todos te miren con respeto era tu deseo, no el mío. Disfrútalo, no es como que no te lo merezcas.

Louise caminó hacia la ventana y empezó a ver al cielo, lugar donde podían observarse las dos enormes lunas que iluminaban las afueras de la academia. Mientras ella se quedó parada en ese mismo sitio por un largo periodo, yo seguí leyendo el libro que tenía al frente. A pesar de aparentar poco interés en el asunto, internamente estaba feliz por Louise. Me sentí aliviado porque al fin ella había conseguido aquello que ansió desde que la conocí.

Con el pasar de los minutos ninguno de los dos dijo nada más. Todo siguió de esa forma hasta que, de repente, encontré algo que llamó mi atención en el libro que estaba leyendo. Como muchas otras veces, lo consideré un golpe de suerte aislado. La lectura no estaba dentro de aquellas con las que tenía que ponerme al día, sino algo que tuve ganas de leer en su momento.

Esto… podría servir.

— ¿Qué es lo que dice?

Mi rutina había cambiado un poco. Luego del descubrimiento que hice, busqué en varios libros algo de información extra. Para poder darme ese lujo, terminé por quedarme en la habitación de Louise mientras ella asistía a sus clases de la tarde.

Los siguientes días pasaron sin mayores inconvenientes. Poco a poco, Louise se fue acostumbrando a la atención que recibía a diario. Todavía no la asimilaba por completo, pero ya no era algo que le incomodaba más.

Mi recuperación, por otro lado, había progresado relativamente bien. Podía mover libremente mis manos y hacer leves movimientos con mi cabeza. Había un poco de tardanza en una respuesta de mi cuerpo, pero eso era todo. Eso me ayudó en demasía, pues me permitía leer sin tantas dificultades si estaba en la posición correcta.

Sólo sería cuestión de un corto tiempo para que acabara mi recuperación. Ello era un alivio, pero también me hizo sentir una presión por otro asunto.

Durante la tarde, mientras estaba terminando de leer el segundo libro del día, Louise llegó corriendo a su habitación. Su repentina llegada me tomó desprevenido. Por la posición en la que estaba, sin duda me habría caído de la cama si hubiera podido moverme. Ella llegó con un sobre en sus manos. Su rostro la delataba, al parecer, sus padres finalmente se habían pronunciado.

Louise abrió el sobre. Ella no se sintió totalmente a gusta leyendo la carta a solas, así que me buscó para que estuviera a su lado en ese momento. Una vez tuvo el papel en sus manos, ella tragó saliva y empezó a leer su contenido. Dicha acción apenas le tomó un par de segundos. La razón de eso era muy simple, apenas había algunas palabras escritas.

— Espera la visita de tu hermana. — Dijo Louise.

Hubo un muy largo silencio.

— ¿Eso es todo? — Pregunté.

— Sí.

— ¿En verdad es todo? ¿Para qué rayos se molestan en enviar una carta si sólo van a escribir eso?

Louise, quien obviamente conocía mejor a sus padres que yo, no tardó en responderme.

— Lo más probable es que prefieran hablarme directamente y por eso mandarán a mi hermana para llevarme.

Bueno, eso tiene sentido. Admití para mis adentros.

— No hay nada escrito atrás, ¿verdad? Sobre el día que vendrá o algo así.

Inmediatamente, Louise dio la vuelta a la carta e incluso revisó el sobre nuevamente, pero no encontró nada.

— No. Supongo que lo único que queda es esperar.

Se podía notar algo de felicidad en su voz, lo cual no era para menos. Conociéndola, imaginé que estaba impaciente por saber lo que le dirían sus padres.

Louise caminó hasta su cama y se sentó en esta. Hecho eso, empezó a ver la carta y a leerla nuevamente. Ella leyó esas seis palabras una y otra vez. Hasta que, finalmente, volvió a hablarme.

— Ah, es cierto, Tabitha regresó a la academia.

— ¿Eh?

— La vi en clases esta tarde.

Al día siguiente de nuestro regreso me enteré por medio de Montmorency que Kirche, en compañía de Tabitha, se había llevado el cuerpo de Colbert a Germania, pues este no poseía familiares.

Durante la noche en la que hice mi descubrimiento, le pedí a Louise que me avisara si llegaba a ver a Tabitha en algún lugar. No le di mayores detalles, pero eso no terminó por importarle. Imaginé que la felicidad por su reconocimiento recibido terminó por hacer que cosas así parecieran insignificantes.

— Bien, supongo que cuanto antes mejor. Louise, ¿podrías llevarme con ella? Además, me gustaría que luego nos dejaras a solas.

— No me importa llevarte, pero, ¿en verdad debo dejarlos solos?

— El motivo por el que estamos haciendo esa investigación está relacionado con un tema que parece sensible para Tabitha. Yo no tengo problema en contártelo y no me importa si estás con nosotros, pero…

Después de mirarme por unos segundos, Louise suspiró.

— Está bien, vamos.

Dicho eso, Louise activó rápidamente la reducción sobre mí. Acto seguido, se acercó para recogerme. Una vez estuve en la palma de su mano, ella empezó a llevarme hasta el bolsillo de su camisa.

— ¡Un momento!

Mi grito provocó que Louise se detuviera.

— ¿Qué sucede?

— ¡Cuando lleguemos donde Tabitha y vayas a sacarme de tu bolsillo, avísame antes! ¡Ser movido de esta forma es…!

— Bien, lo haré. No te preocupes.

— ¡Gracias!

Luego de aceptar mi petición, Louise me colocó dentro de su bolsillo. A continuación, salió de su habitación y se dirigió al cuarto de Tabitha. El viaje no fue de ninguna manera una experiencia agradable. El no poderme mover siendo de ese tamaño en verdad resultaba ser algo más allá de incómodo. Afortunadamente, Louise no tardó mucho en llegar a nuestro destino.

La puerta se abrió tan sólo unos segundos después de que Louise la tocara.

— Aztor quiere conversar contigo. — Se limitó a decir Louise.

Al escuchar eso, Tabitha sacó su cabeza de su habitación para ver afuera de esta y mirar alrededor. La razón de hacerlo era clara.

— Voy a sacarte ahora.

Tabitha miró a Louise. No era necesario decir que ella no entendió a lo que se estaba refiriendo la pelirrosa con eso. Mientras tanto, Louise ya había metido su mano en el bolsillo de su camisa para sacarme, cosa que no demoró en hacer. Acto seguido, me colocó frente a Tabitha para que pudiera verme.

Al ver el rostro de Tabitha, como si fuera un acto reflejo, desvié mi mirada.

El ver su rostro tan cerca hacía que se viera enorme y en mi condición eso podía ser bastante intimidante. La peliazul era incluso más pequeña que Louise. El que se viera tan grande desde mi perspectiva era algo difícil de asimilar. Lo último que vi de ella antes de fijar mi vista en otro lado, en este caso la palma de Louise, pues era la única cosa que podía permitirme mirar, fue la evidente curiosidad en sus ojos.

— Usó demasiada magia durante la invasión. Por ahora no puede moverse, así que lo estoy ayudando con eso. — Explicó Louise.

Tabitha, luego de asentir, entró a su habitación. Ya que dejó la puerta abierta, Louise entendió que la estaba dejando pasar, cosa que hizo de inmediato.

Una vez estuvo dentro del cuarto, Louise me dejó en la cama y me devolvió a mi tamaño original. A continuación, caminó hacia Tabitha y le entregó cierto libro que trajo con ella. Finalmente, empezó a caminar hacia la puerta para salir de la habitación, no sin antes darle una indicación a la peliazul.

— Cuando acaben, asegúrate de llevarlo a mi habitación.

Una vez estuvimos a solas, moví muy ligeramente mi cabeza para ver a Tabitha. Al verla, pensé por un momento en preguntarle sobre el tema de Colbert. Fue una reacción bastante normal de mi parte, pero terminé por desechar la idea. No quería precisamente olvidar al profesor, pero el tema de su muerte era algo que prefería evitar. Por ello decidí ir directamente al punto del que quería conversar.

— Abre el libro en la página 45.

Tabitha ni siquiera preguntó el motivo para empezar a seguir mis instrucciones. Ella no tardó mucho en llegar a la página que le señalé. Entonces, al leer lo mismo que yo leí hace algunas noches, sus ojos se abrieron por la impresión. Quizás me equivocaba, pero pude jurar que un pequeño brillo apareció en sus ojos. De hecho, apostaría que estuvo a punto de abandonar su casi eterna inexpresividad.

— Encontré eso el otro día. Supongo que estarás de acuerdo en que es la mejor apuesta hasta ahora.

A lo largo de nuestra investigación, habíamos trabajado ya con un par de minerales con anterioridad, pero no lograron darnos un resultado positivo. Sin embargo, aquel mineral que hallé por casualidad tenía casi todas las propiedades que buscábamos. Sería difícil imaginar algún otro material que fuera más útil para lo que teníamos en mente.

— Lo único que falta es buscar el lugar donde se encuentra. Lamentablemente, el libro no precisa su ubicación.

Inmediatamente, Tabitha dio la vuelta. Su destino era claro, tenía planeado ir a la biblioteca. Sin embargo, no podía dejar que lo hiciera, al menos no todavía.

— Espera un momento.

Al escuchar lo que dije, Tabitha se detuvo y dio media vuelta.

— Louise te lo dijo. Ella no me cargó hasta aquí porque no tuviera ganas de caminar. Si lo deseas puedes ir a la biblioteca y traer los libros aquí, o…

Antes de que pudiera terminar de hablar, Tabitha ya se había puesto delante de mí.

— Transfórmate. — Dijo ella.

— ¿Eh?

— Transfórmate.

No pude procesar su petición de inmediato. No obstante, después de lo siguiente que dijo, todo me quedó claro.

— Un solo viaje.

Ya veo. Parece que en verdad no quieres esperar.

Por lo que pude inferir, Tabitha no quería gastar tiempo haciendo dos viajes. Para ella sería más rápido el llevarme a la biblioteca y quedarse ahí que el tener que volver nuevamente con varios libros. Sin duda alguna, ella quería comenzar a investigar lo más pronto posible. Su impaciencia era tal que incluso ignoró lo más obvio, lo cual era lo perjudicial que podía ser para mí hacer magia en ese momento. Sin embargo, en respuesta a su pedido, terminé ignorando eso último.

— Sí, supongo que es la mejor opción.

Era la primera vez que vi a Tabitha tan ansiosa. Quizás por ese motivo terminé cediendo. Además, había progresado mucho en cuanto a mi recuperación. Imaginé que transformarme un par de veces era un lujo que podía darme. Cabe mencionar que yo también estaba algo impaciente.

Lentamente y con algo de dificultad, hice la señal de mano necesaria para mi transformación. Una vez me convertí en gato, Tabitha me sujetó entre sus brazos y se fue rápidamente de la habitación. No estaba corriendo, pero caminaba bastante rápido. Por eso el viaje fue algo incómodo, pero no tanto como para que llegara a molestarme.

Ojalá llegue a funcionar.

Tabitha estaba totalmente inmersa en la investigación que estábamos llevando a cabo y no era difícil saber que realmente estaba esperanzada en llegar al éxito. Yo, por otro lado, tenía otro motivo por el cual quería que consiguiéramos un resultado positivo.

A estas alturas, en verdad necesito que funcione. Pensé.


Y luego de un largo tiempo, subo capítulo. Bien, vamos con la rutina.

Spero:

Bueno, es que esa era la idea durante mis vacaciones, subir capítulos largos de forma seguida. Pero entonces vino ese muro casi inquebrantable del capítulo 35 y arruinó mis planes. Si todo hubiera seguido según lo planeado, ahora estaría algo más avanzado.

¿Saben? La verdad, me imagino la sorpresa que pudo tener alguno.

Oh, al fin subió capítulo.

Abre el fic y va directamente al último capítulo.

Espera… ¿acaso me perdí de algo? No entiendo lo que pasa.

Revisa bien y se da cuenta.

¡¿Tres capítulos?! ¡¿Cuándo?! ¡¿Cómo?! ¡¿Por qué?!

Si alguno tuvo esa reacción, hubiera pagado por verla. xD

Gracias por el comentario.

Shunk:

Las explosiones siempre lo resuelven todo. Sé que Michael Bay me apoyaría.

Uff… una escena así quedaría 10/10.

Tendrá sus desventajas, pero al menos no necesita mover prácticamente ni un músculo en todo el día. A eso le llamo un buen descanso.

Sí, yo también quiero verlo. Literalmente, no tengo idea de cómo lo haré. xD Bueno, tengo en mente cómo la "convencerán" de acompañarlos (escena que ya escribí), pero sólo eso.

Gracias por el comentario:

Shock:

A mí también me hubiera sorprendido el invierno. ¿Saben? Yo tampoco he visto nieve ni una vez. Sería bonito verla…

Con este y los últimos capítulos Tabitha quedó casi relegada. A ver si con lo que se viene hago que recupere algo de terreno, pero… la veo difícil.

Gracias por el comentario.

Listo, vayamos a lo siguiente.

1. Técnicamente en el siguiente capítulo es donde le darán un título tanto a Aztor (así como también le otorgarán algo a Louise, pues esta vez también recibió crédito). Sí… técnicamente. Así como técnicamente debí acabar este capítulo hace bastantes días. xD

2. Escribir este capítulo fue una tortura. Encontrar algo interesante que escribir sin que Aztor pudiera moverse fue... Para colmo, tenía que alargar esto todo lo que pudiera, pues si las cosas parecían pasar rápidamente, entonces ese pago por usar demasiada magia rúnica quedaba en la nada. Al final, no pude mantener la balanza. Como que se inclinó más hacia lo segundo, que no pareció tan severo el pago, pero para ser sincero fue algo difícil.

3. Ahora… pasemos a algo que me tomará muchos puntos tocar. En un mensaje privado llegué a mencionarle esto a alguien, tengo una larga lista con errores de mi fic y que no escribo acá porque quejarse tanto lo vería feo. ¿Por qué lo digo ahora? Por el siguiente punto.

4. Reescribí ya el capítulo 4. Seré sincero, era un mal capítulo.

a) Una mala redacción.

b) Desviación en cuanto al personaje.

c) La interacción entre Kirche y Aztor no era convincente a la personalidad de este último.

d) El pedir ir por una espada se vio demasiado forzado, pues salió de la nada.

Tengo más quejas, pero esas son las principales. La mala redacción fue lo que más me molestó. Si me sentí satisfecho con ese capítulo, entonces muy mal de mi parte. Arreglé la desviación en cuanto a la personalidad de Aztor, la interacción la pulí bastante y me rompí la cabeza para hacer que el ir a comprar una espada no se sienta como un deseo desesperado de seguir con lo que está en la novela.

5. Esta como que fue una excepción. Si encuentro otro capítulo como el 4, entonces no escribiré sus errores (Como dije, siento feo quejarme de lo que escribo en los comentarios finales, eso me lo guardo para mí). ¿Saben? A mí no me importa si le dan con palos a mi historia, pues sé que yo puedo darle más duro que otros. Es decir, si alguien me menciona un defecto, entonces yo puedo señalar ese mismo defecto y dos más.

¿Sé de escritura? Sí. ¿Puedo aplicar bien todos esos conocimientos? No. Un buen crítico puede ser mal escritor y viceversa. Conozco las falencias de mi historia (Soy mediocre en varios aspectos, pues algunos errores los dejo ahí porque trabajarlos es tedioso y/o difícil). Varias veces me aplaudo por lo que hago, pero otras veces me pego a mí mismo. Eso que escribí del capítulo cuatro es sólo una fracción de lo que pude decir.

6. Soy quisquilloso con lo que escribo porque quiero mejorar (aunque a veces la flojera gana. Soy humano). Tengo un fic en mente que NO me permito escribir porque sé bien que no cumpliré mis expectativas. Me gusta mucho la idea y sé que no soy capaz de plasmarla como es debido. Si me pongo así por un simple fic, imaginen cómo seré con esa novela que tengo planeado escribir algún día.

Muchas veces investigo cosas para este fic. Ya sea algo trivial como el comportamiento de los gatos ante un nuevo compañero o la tecnología que debería haber en el mundo de Aztor en comparación al nuestro. Cometeré errores por ahí, pero trato ser consistente.

Si tuviera que decir alguna época… digamos que ya han pasado algunos años desde 1900. Por ello Aztor sólo conoce aviones antiguos, a los cuales siempre se refiere como aeroplanos. El primer trabajo científico serio acerca de vuelos espaciales también es de esos años, aunque apenas fue difundido. ¿Recuerdan cuando se refirió a la adrenalina como abremalina? Esta recién fue descubierta por esos años y por eso apenas recuerda el nombre. Son detallitos, pero creo que es correcto trabajar así.

7. ¿A qué chucha quiero llegar? A nada en especial, sólo tenía ganas de decir todo eso. No me malentiendan, estoy re feliz escribiendo y estoy re feliz con este fic. A pesar de ser exigente conmigo, trato de mantener una balanza con lo que disfruto escribir. Por eso inconscientemente me salen bastantes errores por aquí y por allá, pero meh… así aprendo. Como ya me dijeron en ese mismo mensaje privado que mencioné antes, de los errores se aprende.

8. Ok, pasamos a algo diferente. Sí, Montmorency va a ayudar a Aztor a terminar su nuevo proyecto. ¿Por qué ella? Veamos, hizo por sí misma una poción prohibida (la cual se supone es muy complicada), tiene ganas de mejorar con su magia, se mencionó en la novela que es alguien bastante estudiosa y… Bueno, quería aprovechar eso que me pusieron en bandeja de plata. En la wiki dice que ella es una maga Lineal. Me guío con eso.

9. El capítulo 37 tiene muchas vistas, al menos en relación al resto de capítulos. Espero que sea porque gustó bastante y lo leyeron varias veces. Quizás fue eso o tal vez fue tan aburrido que alguien lo abrió varias veces porque no pudo terminarlo de una. xD No, en serio, tiene muchas más vistas y visitas que los últimos capítulos. Me alegra, pero también aparece ese temor de no llegar nuevamente a ese pico de actividad.

10. Esa reacción ante la muerte de Colbert… Pues difirió bastante con la que se mostró en la novela. Dejé bastante en claro que Aztor puede ser muy egoísta y que piensa mucho en sí mismo. Por eso hice que sintiera esa muerte como una traición hacia él.

Además, cuando le pide a Louise no morir, no sólo quiere que ella viva porque le importa, sino porque literalmente está pensando en su propia persona, pues ese dolor es algo que no quiere experimentar. Es Aztor, tiene que tener su pizca de egoísmo. De sólo haberlo puesto triste… como que no terminaba de quedar, así que agregué enojo.

11. En fin… ese control que se puede tener alguien con el hechizo de Vasallaje lo aprovecharé para otras cosas. Sin embargo, con esa charla que se tuvo antes, no hay motivo para que se explote sin razón. Tiene sus ventajas y desventajas extras, pero ahí me las guardaré. Spoiler: Ninguna sirve como debería, así que son prácticamente inútiles.

12. Y… el siguiente capítulo comenzaría todo lo de Tabitha. En comparación a las novelas, ella regresó antes en este fic. Para eso hay una justificación. Trataré de terminarlo lo más pronto posible. Esta semana tengo parciales y la siguiente una exposición, pero nada que no pueda manejar, espero.

13. Me armé un horario. Si lo sigo, entonces podré escribir bastante a gusto. Lo difícil será seguirlo. Sí... no les voy a mentir, lo más probable es que no pueda seguir ese horario. A lo mejor sale algo inesperado y se arruina por completo. xD

14. Cambié la sinopsis del fic. La anterior daba una imagen demasiado genérica. Al poner "intentará soportar lo que es, bajo su perspectiva, una muy molesta experiencia" sentí que da a entender desde el vamos cómo es Aztor.

15. Como siempre, siento que hay algo que me olvidé escribir en el capítulo. Supongo que es normal cuando este se extiende a casi catorce mil palabras y siendo sincero, ya me acostumbré. En fin, creo que eso es todo por ahora.

Gracias por leer.