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Se dirigió a la mesa con una enorme y resplandeciente sonrisa, para colocar el ramen que el recién llegado había traído. Ya hasta había olvidado el coraje por el insulto de hacia un rato, y Sasuke lo sabía; que con ramen, Naruto le perdonaría cualquier cosa. O casi cualquiera…

No hubo plática durante la cena, ya que Naruto devoraba deprisa plato tras plato de ramen, con una enorme sonrisa en el rostro mientras Sasuke sólo lo observaba, con una insulsa felicidad en su interior, que sabía que sólo lo acechaba cuando estaba con Naruto.

Por fin el menor había terminado de comer los ocho tazones que Sasuke le había llevado (le tenía bien tomado el apetito); se echó hacia atrás, recargándose en el respaldo de la silla, poniendo sus manos sobre su estómago repleto. —¡He quedado satisfecho!

—Bien, me alegra. —Naruto se puso de pie para evitar sonrojarse ante la mirada de Sasuke y su voz, que de vez en cuando se portaba amable. Así que se dirigió al refrigerador a buscar leche para acompañar aquellos ocho tazones de ramen en su estómago, pero no encontró leche ahí, ni en ningún otro lugar de la casa. Cuando Sasuke se ofreció a ir por ella, avergonzado de ser tan transparente, Naruto salió casi corriendo en dirección a la tienda.

El moreno, mientras tanto, recogió la mesa, lavó los platos, los puso en su sitio y después tomó su maleta; llevó la mano al bolsillo del pantalón, se paró frente a una puerta y sonrió.

Naruto había comprado la leche y estaba parado en la puerta de su departamento abriendo la puerta cuando comenzó a gritar, antes siquiera de haber entrado por completo —Oye, teme, te traje un jugo, porque estoy casi seguro de que odias tomar leche después de haber comido ra… —pero se quedó mudo ante lo que vio.

La puerta, aquella puerta que se había mantenido cerrada desde que él volviera del hospital después de perder la memoria, ahora estaba abierta.

—¿Qué pasa, dobe? ¿Qué decías? No alcanzaba a escucharte.

Naruto caminó hasta la mesa para poner lo que traía en las manos.

—¿Co… cómo demonios abriste esa puerta? —el rubio se asomaba, inspeccionando la habitación.

—Pues con la llave, imbécil.

—¿Qué llave?

—La mía. —Y Naruto lo miró de nuevo con su usual cara de no entender nada. Una cara que Sasuke conocía muy bien —.Este es mi cuarto, Naruto. Es mi habitación. Así que la abrí con mi llave.

—Entonces… entonces tú…

—Vivía aquí desde que tú comenzaste a vivir aquí.

—¿¡Qué!? —Sasuke tenía mucho, mucho que explicar.