CAPÍTULO 36

EL DESEO DE LA CENICIENTA

Ya había pasado un tiempo del regreso al pasado, y poco a poco los chicos se habían acostumbrado al cambio, bueno, en algunos aspectos no. Yumi ahora tenía a Katherine Purple viviendo en su casa y había llegado otro alumno nuevo; Joe Black. A los guerreros de Lyoko no les hizo mucha falta sumar dos y dos para saber que en verdad eran Purple Cat y Black Dog. Y es que tampoco ellos lo habían negado.

Ya la primera noche, en la que Yumi tuvo que compartir habitación con la ya humana Purple Cat, tuvieron una discusión. Se había tenido que contener delante de sus padres, para no montar un espectáculo, pero en cuanto se fueron a dormir atacó.

- ¡¿Se puede saber qué haces aquí? ¡¿Qué pretendes?

- Solo quiero comprender mejor a los humanos… y creo que la mejor manera es viviendo contigo. Quiero aprender más de los humanos.

- ¡¿Y por qué tiene que ser conmigo? ¡No me fío de ti y no me apetece tener al enemigo en casa, gracias!

Podría echarla, claro que podía, pero eso supondría bronca con sus padres. No sabía cómo lo había hecho para poder meterse en su casa, igual había lavado el cerebro de su familia, o del director, no tenía ni idea. Daba igual, no podía tenerla cerca, era una esbirra de X.A.N.A por mucho que ahora fuese humana.

- Si te estás preguntando si le he lavado el cerebro a tu familia tranquila, no he hecho tal cosa. Han sido ellos los que han accedido a tenerme aquí.

- ¡¿Qué?

- Estaba hablando con el director para inscribirme, y cuando estábamos acabando, tus padres han entrado justo en el momento en el que el director me preguntaba si conocía a alguien de la Academia, porque no había habitaciones libres. Cuando he dicho tu nombre, son ellos los que me han acogido. Muy buenas personas, ¿verdad?

- Demasiado… - bufó, sabiendo que sus padres a veces se pasaban de buenos - . Y que sepas que aquí vivimos según la tradición japonesa, no la occidental de la zona.

- Ya lo sé, y no me desagrada. Ha sido divertido aprender a comer con los palillos.

Yumi no sabía si le estaba tomando el pelo o lo decía en serio. Es más, viéndola de cerca era como ver a otro ser humano normal y corriente, como Aelita cuando llegó al mundo real. Si no fuera porque sabía quién era en realidad, igual no le importaría que se quedara.

- ¿Tramaste todo esto cuando me dejaste escapar de la torre? – Fue una idea que se le pasó por la cabeza varias veces a lo largo del día, y no era tan descabellada. Pues parecía que hubiesen conectado durante sus conversaciones.

- No, no sabía que X.A.N.A nos enviaría a la Tierra como humanos. Pero descuida, no hemos venido a pelear, solo a vivir.

- ¿"Hemos"? – Parpadeó.

Purple Cat, es decir, Katherine sonrió. Yumi lo comprendería al día siguiente, cuando a la clase de sus compañeros llegará un chico llamado Joe Black, la viva imagen de Black Dog pero en humano. Al terminarse las clases los cogieron a los dos por banda y los interrogaron y ambos confesaron ser los subordinados de X.A.N.A pero no tenían intención de luchar en la realidad, solo en el mundo virtual.

- Solo hemos venido a observaros, nada más. Es muy aburrido estar en Lyoko – les explicó Joe estirando sus extremidades que se le habían quedado dormidas en la clase, algo a lo que aún no lograba acostumbrarse – No vamos a espiaros ni atacaros por sorpresa, eso ya lo hará X.A.N.A solo. Nosotros solo lucharemos contra vosotros en el mundo virtual, nada más.

- Exacto – afirmó su hermana gemela, aunque ahora no parecían tan gemelos como en Lyoko.

- ¿Pensáis que nos vamos a creer esa mentira? – Les preguntó Ulrich, irritado porque le tomaran por idiota – Seguro que estáis tramando algo, y vamos a descubrirlo.

- Haced lo que queráis, pero nuestra intención aquí solo es vivir como humanos normales y corrientes. Podéis vigilarnos si queréis, no vamos a hacer nada en contra vuestra.

Y vaya si lo hicieron. A lo largo de la semana no les quitaron el ojo de encima, pero pronto se acostumbraron a su presencia, y aunque seguían sin fiarse de ellos, algunas cosas les hacían tener que hablar con ellos o estar a su lado. Para empezar Yumi vivía y dormía en la misma habitación que Katherine, así que no le quedaba más remedio que hablar con ella. Al principio se iba a dormir sin decirle nada, pero a los dos o tres días ya se quedaban un rato despiertas por la noche; Yumi le contaba cosas del mundo de los humanos y Katherine la ayudaba con la Física y la Química, así como las Matemáticas.

En el caso de Joe, quien más conectó con él fue Odd, que al ver la pasión que el recién llegado le ponía a los videojuegos y a la música, le encantó su forma de comportarse y se hicieron amigos muy pronto. Aelita y Jeremy tampoco le hacían ascos, pero Ulrich, aunque a veces hablaba con él porque no le quedaba más remedio, seguía sin quitarles el ojo de encima. No sabía si sus amigos actuaban igual. De momento X.A.N.A no había lanzado ningún ataque nuevo, pero cuando se viesen en Lyoko, ¿cómo actuarían?

Y estaba otro problema, si ellos estaban allí eso quería decir que White Light también debería estar en la Academia. Con todo lo que había pasado, ya habían descartado la posibilidad de que fuese Max, y Katherine y Joe no se lo iban a decir, así que tuvieron que investigar por su cuenta. Pero, aparte de esos dos, nadie más había entrado nuevo en la Academia. En ese caso, ¿no había viajado al mundo real? ¿O acaso ya era alguien de la Academia? No tenían ninguna pista ni sabían cómo averiguarlo.

Ahora se encontraban en el campo de fútbol. Jeremy y Aelita trasteaban con el portátil mientras que Ulrich, Max, Odd, Joe y un par de chicos más jugaban al fútbol. Sissi, vestida de animadora, animaba a su querido Ulrich, mientras que Taelia lo hacía con Max. Ambos chicos estaban en equipos contrarios y cuando uno de los dos tenía el balón, se lanzaban a competir el uno contra el otro.

Max recordaba como al principio tenía superioridad sobre Ulrich, incluso en Lyoko, pero ahora el joven se había acostumbrado a seguirle el ritmo, y se le notaba. Durante el partido tuvieron dos encontronazos, uno quedó en empate porque Joe intervino para llevarse el balón y en los otros dos cada uno se había llevado una victoria. El que iban a librar ahora, cuando Max recibió el pase de Odd, iba a decidir quién de los dos era mejor.

Justo en el centro del campo se encontraron, y nada más empezar Ulrich se tiró al suelo para intentar robarle el balón. Max lanzó el balón hacía el cielo y esquivó la entrada saltando por encima, corriendo de nuevo hacía portería, satisfecho porque había ganado el duelo. Pero la cosa no era tan sencilla como pensó, ya que cuando iba a tirar Ulrich le salió al encuentro y se preparó para robarle el balón.

Ahora era una pelea de control y concentración, en la que Max defendía el balón entre sus piernas y Ulrich no hacía más que atacar para intentar arrebatárselo. Solo había dos opciones para pasar, o por debajo o por encima, y su rival no parecía tener intención de dejarle ninguna de las dos. Se dio cuenta entonces de que Odd estaba subiendo por la banda, así que rápidamente le pasó el balón y este, al controlarlo, siguió corriendo por la banda.

Max aprovechó la confusión de Ulrich para pasar y dirigirse a la portería, pero en cuanto este reaccionó le siguió. Su duelo aún no había terminado y seguiría en el área de la portería. Max se lanzó para rematar el tiro y Ulrich se tiró ante él para detenerlo. Su sorpresa llegó cuando no usó su pierna derecha para chutar, sino que usó la izquierda, y como su cuerpo le tapaba la visión al portero, no pudo hacer nada por detener el balón que entró sin problemas.

Cabreado, Ulrich pegó un puñetazo al suelo mientras que Max y Odd celebraban el gol. Sissi también lo lamentó, sobre todo porque sabía lo que odiaba su querido amor perder ante Max, pero en el fondo sabía que no le dolía tanto, ya que le había confesado que con cada encuentro contra él aprendía algo nuevo y, aunque pareciese que se cabrease, era una experiencia agradable que conseguía.

Max le tendió la mano a Ulrich para ayudarle a levantarse. Sonriendo con chulería, este se la aceptó y, empujado por él, se puso en pie.

- Esta vez me lo has puesto difícil, dentro de poco no podré hacer nada contra ti.

- Que va… no me esperaba que fueras a disparar con la izquierda, me has engañado totalmente. Aún me queda mucho para superarte.

- No digas chorradas.

Desde la línea de defensa, Joe les oía hablar. Era sorprendente, tanto que quería, sobre todo Ulrich, saber quién era White Light y se llevaba estupendamente con él. Claro que Max les había prohibido a ambos decir nada, esa era la condición para que pudiesen ir al mundo real. Ninguno de los lo comprendían, ya que si ambos habían conseguido entablar una media-amistad con los guerreros de Lyoko, ¿por qué él no quería descubrirse también?

De todas formas, era mucho mejor obedecerle a él que a X.A.N.A. Al menos les hacía sentir como mejor que cuando el otro les daba órdenes en códigos numéricos. Llevaban una semana sin saber nada de su creador, y eso quería decir que estaba maquinando algo, y seguramente nada bueno.

Cuando sonó el timbre que indicaba la hora de cenar, la gente comenzó a dirigirse hacia el comedor. Ulrich acompañó a Sissi a su cuarto para que se cambiase, mientras que Max se despidió de Taelia, ya que quería darse una ducha antes de cenar y le insistió en que no le esperase. Joe y Odd se unieron a Jeremy y Aelita.

- Es sorprendente como han cambiado las cosas entre Sissi y Ulrich – comentó Aelita, sorprendida ya que hasta no hacía mucho no la soportaba.

- Si, es verdad, me preguntó que habrá pasado – Jeremy, como siempre, era el que menos se enteraba de todo.

- ¿Es qué no se llevaban bien? ¿Entonces por qué están juntos? – Preguntó Joe, que no entendía de que estaban hablando al decir que dos personas no se soportaban y ahora estaban juntas como pareja.

- Digamos que algo pasó que les hizo verse de distinta forma, sobre todo para Ulrich. Pero yo creo que eso no durará mucho – le explicó Odd.

- ¿Y eso?

- Para mí que aún siente algo por Yumi.

- ¿Lo aseguras o lo supones? – Le preguntó Jeremy.

- Estoy seguro, os recuerdo que duermo en la misma habitación que él.

- Eso cuando le dejas dormir… - bromeó Aelita que sacó una risita a los tres salvo a Odd, que se rio falsamente.

- Muy graciosa. Pero yo creo que aún siente algo por ella, y Yumi también claro, si no, no se hubiera puesto así.

Si echaban la vista unos días para atrás, el día en que Yumi se enteró de que Ulrich y Sissi estaban saliendo, le faltó tiempo para irse corriendo al baño. Aelita la siguió y se la encontró llorando. Lo que pasó después, no lo contó a sus amigos, porque le prometió a Yumi que lo mantendría en secreto.

Se pregunta si Katherine, que vivía con ella, lo sabría. Seguramente si, a fin de cuentas parecía que últimamente estaban más unidas. Ella, que había pasado del mundo virtual al real sabía cómo se sentían esos dos, por lo que sentía cierta simpatía por ellos. Pero no dejaban de ser enemigos, y tarde o temprano se tendrían que enfrentar.

En el camino se cruzaron con Milly y Tamiya, que iban en dirección a la puerta que daba a los dormitorios.

- Ey, reporteras, ¿vais a ir al baile de esta noche?

- Claro – respondió Tamiya a Odd – Yo iré de Hada y Milly de Cenicienta.

- Vaya, seguro que estáis preciosas – las halagó Aelita, aunque ya sabían cómo iban a estar vestidas.

- Gracias.

Las niñas se despidieron y siguieron su camino. Aelita las observó irse, con tristeza.

- ¿Qué te pasa, Aelita? – Le preguntó Jeremy, que le extrañaba que su amiga se parase de golpe.

- No, nada…

Volvió a caminar para ir al comedor. Sentía pena por Milly. La anterior vez había conseguido que el príncipe bailase con Cenicienta, ¿pero esta vez? ¿Qué ocurriría esta vez? Max iría con Taelia, quien había dicho que iría vestida de princesa y él de príncipe, así que, ¿no podría cumplirse el deseo de Cenicienta?

Al llegar la hora lo comprobaron rápidamente. El director Delmas, disfrazado de Zeus, dio el mismo discurso que la otra vez y la música empezó a sonar. Cada cual bailó con su pareja, y como Aelita temía, Milly estaba sola sentada en un rincón, mientras que Max bailaba con Taelia.

La cosa también había cambiado mucho con respecto a Yumi y Ulrich. Este estaba bailando con Sissi y Yumi estaba pasando del baile y bebiendo un zumo. Esta vez era ella quien había venido obligada, pero por Katherine, que había insistido en ir para saber lo que era un baile.

- ¿No vas a bailar? – Le preguntó.

- No tengo pareja – le respondió, seca.

- ¿Cómo qué no? Puedes bailar conmigo.

En realidad, Katherine no se había cansado mucho con su disfrazar, solo se había puesto unas orejas de gato, unos guatos y patas y una cola, simulando las de un gato púrpura. Hasta se había pintado la nariz y dibujado los bigotes. La simpleza le pareció divertida mientras se preparaban para ir al baile, pero una vez allí, ver a Ulrich con Sissi le destrozaba el corazón.

- ¡Venga, vamos!

Katherine tiró de su brazo y, a pesar de las insistencias de Yumi de que la soltara, la arrastró hasta la pista de baile. Habría mucha gente, pero dos chicas juntas resaltaban demasiado, aunque sabía que a la mujer gato le daba igual.

Con torpeza, cogió de las manos a Yumi e intentó seguir el ritmo del baile, sin lograrlo muy bien. Sabiendo que no le quedaba otra, la joven tomó la iniciativa y fue guiando a Katherine, y para cuando se quiso dar cuenta, ya estaban las dos tan sincronizadas que seguían el ritmo de la música sin problemas.

Max, por su parte, a pesar de que seguía el ritmo de reojo miraba al rincón donde Milly estaba sola, mirando al suelo y balanceando sus pies en el aire. Algunos chicos se le habían acercado a pedirle de bailar, pero ella se había negado. La anterior vez Aelita y Yumi fueron a convencerle para que acudiese al baile, esta vez no hizo falta porque Taelia se ocupó de obligarle a ir. Y, aun así, era incapaz de no sentir lástima por Milly.

Tamiya se acercó a ella, ya cansada de tanto bailar, pero lo que más le preocupaba era su amiga. Se había arreglado, puesto bien guapa para poder bailar junto a Max, y este no le hacía ningún caso.

- No deberías preocuparte por eso y bailar con otros chicos, los hay más guapos que ese idiota.

- Por favor… no le llames así. Pero no me apetece bailar, en serio. Simplemente me quedaré aquí.

- ¿Segura?

- Bueno, si al menos me traes un poco de zumo.

- Claro.

Se fue a la mesa donde estaban las bebidas para coger el zumo de Milly, pero se detuvo al ver que allí estaba también Max. Seguramente habría ido a coger algo para Taelia y él. No le apetecía mucho estar cerca suya, ya que no le gustaba como trataba a Milly en ciertas ocasiones. Pero eso no importaba, cogía el zumo y se iba.

- Dime, ¿te lo estás pasando bien, Max? – Preguntó Jim que le dio los vasos de zumo.

- Bueno, sí, es entretenido. Pero hay algo que me intriga.

Tamiya no quería escuchar de qué estaban hablando, pero como tenía que esperar a que el vaso se llenase, lo oía indirectamente.

- ¿Cómo es que el hada madrina no ha hecho nada aún para que el príncipe se junte con Cenicienta en el baile? Así nunca se cumplirá su deseo.

Jim se quedó con los ojos muy abiertos. Si fuera un dibujo animado, un enorme signo de interrogación habría aparecido sobre su cabeza, porque no entendía que quería decir. Max le sonrió y se marchó con los dos vasos.

Tamiya por su parte, quedó tan sorprendida que casi se le derramó el zumo. No sabía si le había lanzado una indirecta o había sido un comentario que le había hecho a Jim porque sí, pero el hecho es que la joven tuvo una idea. Dejó el vaso en la mesa y corriendo se acercó al escenario, donde estaba el grupo que se ocupaba de dar el ritmo esa noche y les quitó el ritmo.

- ¡E-Esto, un momento por favor!

El grupo dejó de tocar y la gente de bailar, prestando total atención sobre el escenario.

- Em… sé que a todos y todas nos ha costado mucho conseguir pareja para esta noche… pero… ¿por qué no hacemos un intercambio? Que cada chico elija a otra chica con la que bailar.

Los estudiantes se miraron los unos a los otros, pero en verdad les parecía divertida la idea. Taelia se fue a bailar con Katherine, así que Max ya estaba libre por su parte. Mientras se formaban las demás parejas; Yumi con Ulrich, Sissi con Joe, Aelita con Herb y Jeremy con otra chica que no conocía de nada, Max se acercó a la única persona que no tenía pareja esa noche y le ofreció su mano.

- ¿Me permitiréis realizar juntos el próximo baile?

- ¿E-Eh?

- Sería para mí un honor conceder a Cenicienta el deseo de bailar con un príncipe, aunque sea uno tan horrendo como yo.

- Y-Yo… lo haces por obligación, ¿verdad? Porque no tienes otra pareja…

- Bueno… puede que sea así, pero si no quieres voy a por otra…

Antes de que se marchara, Milly tomó su mano con fuerza. A pesar de los guantes, Max volvió a sentir la calidez de sus manos, una calidez que hacía tiempo que no le llegaba. Ni siquiera cuando estaba con Taelia.

- P-Por favor… s-sería un honor… bailar contigo.

- Vamos, entonces.

Cogidos de la mano, y abriéndose paso entre la multitud, se situaron en el centro de la pista, y al ritmo de la relajada música comenzaron a bailar. Para Milly, todo eso era como un sueño, todo a su alrededor desaparecía y en ese lugar solo estaban ellos dos, mirándose fijamente el uno al otro. Para Max, era como volver al mismo día en el que estaban, cuando le pidió salir a bailar.

Sus pasos estaban perfectamente sincronizados, así como sus movimientos. Llegó el punto que, hasta había parejas que, ya fuera porque les había tocado un torpe o se habían cansado o no se llevaban bien, lo único que hacían era mirarlos, hipnotizados por la belleza y elegancia con la que ambos se movían, como si lo hubiesen hecho más veces.

Otros, al notar como prestaban más atención a la pareja conjunta de Max y Aelita, se apartaron para dejarles el baile solo a ellos dos. Llegó el momento, en el que solo estaban ellos dos bailando, pero se encontraban tan alejados de ese lugar, a tantos años luz de la Academia, que no se dieron cuenta. Hasta la orquesta estaba anonadada ante el espectáculo, y aunque querían seguir con la música, se acababa la partitura y tenían que darle fin, para desgracia suya y de los que estaban bailando de una forma tan hermosa.

Finalmente la música dejó de sonar y el baile termino. Todo el mundo empezó a aplaudir, y fue en ese entonces cuando ambos se dieron cuenta de que eran los únicos en la pista de baile. Milly se sonrojo ante los aplausos y silbidos de felicitación por el perfecto baile que había hecho, mientras que Max se mantenía inmóvil. Parecía que su mente no estuviese allí.

- ¿Max? ¿Te encuentras bien?

De golpe se marchó del pabellón, sin decir nada a nadie. La gente chismorreó y hablaba en susurros, pero cuando la música volvió a sonar, pasaron a bailar. Taelia iba a ir en su busca, cuando le sonó el móvil. Era un mensaje de Max pidiéndole perdón por irse tan pronto, pero se encontraba mal y se iba a ir a dormir.

Taelia no lo comprendía, ¿qué le pasaba a Max? Se quedó preocupada, pero si le decía que no se preocupase era porque no sería nada serio. Cuando acabase el baile iría a verle a su cuarto.

Como todo el mundo estaba en el pabellón, cerrar la puerta de un portazo y que esto produjera un tremendo eco no le importó mucho a Max, que pegó un fuerte puñetazo en la pared y luego se dejó caer, lentamente resbalándose en la puerta, de bruces. Sin poder evitarlo, empezó a llorar mientras miraba la foto del baile de la anterior vez.

Pensaba que estaba preparado para afrontar cosas así, situaciones del pasado que seguramente se volverían a repetir, y, sin embargo, no era capaz de soportarlo, su corazón no podía aguantarlo. Era borde con Milly para alejarla de él, y así también de X.A.N.A, para ponerla a salvo. Pero cuánto más lo hacía, más le dolía el pecho, como si poco a poco un puñal se fuese clavando en su corazón.

Si las cosas seguían así, no sabía cuánto tiempo podría aguantar con la farsa.

Yumi y Ulrich salieron juntos a tomar un poco el aire, cosa que en verdad fue una excusa para sus parejas de baile para poder hablar sobre lo que había pasado, ya que llevaban una semana sin dirigirse la palabra.

- De modo que… ahora tú y Sissi sois novios, ¿verdad?

- Si…

- Y… ¿desde cuándo?

- Durante el ataque… ya empezamos a salir… luego cuando volvimos al pasado se lo pedí yo.

- Comprendo…

Una fuerte brisa arremetió contra ellos, pero ambos permanecieron inmóviles, incapaces de cruzar la mirada.

- Esto… Yumi, escucha… yo…

- Me alegro de que seas feliz con ella, parece que al final no era tan mala chica – Como si esas palabras fueran una despedida, Yumi se volvió a meter en el pabellón, dejando solo a Ulrich.

A este no le sorprendía la reacción de la joven, pero si le daba pena que, una relación que hubiera podido existir, y lo que era más probable, la amistad que esperaba que fuese a quedar, iba a ser más dura de lo que imaginaba.