Disclaimer: los personajes le pertenecen al mangaka Kazuki Takahashi. Sólo los uso para escribir mis ideas.
Nota: Este fic es una historia alterna de otro fanfic mío llamado "Dos eras, un solo amor". Se pueden leer de forma independiente.
Capítulo 37
Movió los dedos en un intento por recuperar el funcionamiento adecuado de sus músculos, sin embargo era muy doloroso intentar restablecer su materia física a su estado anterior cuando era un hombre sano capaz de luchar con otros en el reino egipcio.
Logró colocar sus manos en posición, poniendo todo el peso del cuerpo en los brazos, y se impulsó hacia adelante en un inútil esfuerzo por erguir medio cuerpo.
Cualquiera que lo viera pensaría que se trataba de una momia salida de las tumbas por medio de un embrujo de los que se usan en los rituales para traer el alma del difunto al mundo de los vivos. Puesto que de pies a cabeza estaba con vendas que cubrían la mayor parte de sus quemaduras. Sólo su rostro y manos estaban expuestos a la visión del público.
Quejidos de dolor intenso en cada partícula de su ser externo fueron emitidos de su boca mientras su respiración se volvía agitada por el afán con que realizaba sus movimientos corporales.
Cada día era la misma rutina en la que debía pararse a realizar ejercicio y cada día era sufrir el mismo pesar.
Pero esas eran sus consecuencias por haber luchado contra aquellos que lo podían derrotar fácilmente. Esa derrota le costó todo; su cuerpo, su mente, su salud y, quizá, su alma.
Enfocó su mirada en el techo de la pequeña casa donde vivía, casi como un huésped, desde esa pelea donde su cuerpo fue calcinado completamente; hecho que, a la fecha, no había podido sanar con nada.
Una nube negra se elevó por la habitación como una atmosfera oscura. Cubrió el lugar y llenó al hombre herido de un ambiente repugnante.
-¿Qué noticias tienes?-logró articular sin mucho problema.
Hacía tiempo que podía comunicarse por medio del hablar, aunque su método favorito era la mente; esto debido a que el pensamiento es exclusivo del pensador y nadie lo entiende mientras no se exprese por escrito o verbalmente.
-He averiguado más detalles sobre el dragón blanco que participó en la guerra anterior. Es una mujer y tiene una relación con el faraón Seto.-respondió una voz tenebrosa y diabólica desde el interior de la nube.
-¿Una mujer?-cuestionó sorprendido el inválido.
-Parece que Seto consiguió a esa chica después de la muerte de la reina y la usa como su arma secreta de combate y al mismo tiempo como amante.
El hombre carcomido esbozó una sonrisa que dejó ver sus dientes amarillos y sus encías negras por los años sin atención e higiene.
-Así que el dragón que vimos es su compañera y protectora del país.
-Ese dragón será un problema cuando logremos recuperar nuestras fuerzas para atacar de nuevo al reino de Egipto.
-No será difícil acabar con ella.-respondió el hombre calcinado haciendo que el dueño de la voz oscura, con su silencio, mostrara incomprensión-Diamante, si es pareja de Seto siempre existen las formas de separar a las parejas. En especial si no hay matrimonio de por medio.
-¿Tienes algún plan para acabar de una vez con la familia del faraón Aknankanom?
De nuevo una sonrisa macabra y alegre se formó en los labios del tipo. Sus hombros se movieron al compás de sus risas.
-Diamante, tendrás que averiguar más sobre esa chica y cuando llegué el momento adecuado haremos que Seto pierda mucho más que cualquier otro soberano egipcio.
-Veré que tus planes funcionen esta vez, Bakura. Tenemos sólo una opción antes de que su cuerpo perezca.
-No moriré con tanta facilidad.-respondió Bakura con felicidad en su voz.
De la nube oscura se vio el rostro de una criatura similar a un demonio color piedra.
-Yo soy parte de ti, Bakura. Y cuando logres tu propósito yo estaré allí para destruir a todo aquel que no este de nuestro lado.
-Eso lo sé, Diamante. Y mientras mi cuerpo físico este paralizado tú, mi alma, puedes moverte y actuar en mi favor.
-Lo haré.
Bakura se rió a carcajadas, como hacía mucho tiempo que no reía. Desde la pelea contra los reyes anteriores, Atem y Teana.
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El reino de Egipto continuó con su desarrollo cotidiano y poco a poco se olvidó el asunto de la guerra. Con el paso de los meses, los pueblerinos fueron adaptándose a su nueva forma de vida tras el cambio emocional y físico que la guerra dejó tras ella.
Al mismo tiempo, el vínculo entre Seto y Kisara se fortaleció en ellos y la confianza era recíproca. Cada día se sentían más en su ambiente uno con el otro y eso daba, como resultado, que la relación de ambos fuera cada vez mejor.
Pero, la parte emocional de Kisara seguía afectada por la incertidumbre de si Seto la amaba o sólo era deseo sexual.
Anteriormente pensó que Seto la amaba y que Isis estaba en el olvido, pero comenzaba a pensar que eso no era cierto puesto que el faraón se mostraba serio con ella. El silencio con que le respondió aquel día la tenía, literalmente, traumada.
Pero, muy a su pesar, no le molestaba estar con Seto en un plan menos formal. Después de todo, ella lo amaba y el simple hecho de acompañarlo en las noches era suficiente para ella.
Era un placer poder apoyarlo en lo que fuera aún si sus necesitas afectivas no eran complacidas.
Porque tampoco esperaba ser correspondida, sino que anhelaba la felicidad de Seto por sobre la suya.
Mientras tanto, en la corte real, los sacerdotes ya sabían, más por intuición que por chisme, que Seto tenía una relación amorosa con Kisara; hecho que causó conmoción y disgusto entre los sacerdotes.
Nadie consideraba correcto que el faraón tuviera una relación sentimental con una mujer: el acontecimiento parecía depravado y en contra de los principios de sus creencias.
Todos eran conscientes de que, como hombre, Seto necesitaba una mujer con la cual satisfacer sus deseos carnales, empero una cosa era utilizar a una mujer para sentir placer y otra muy distinta era tener sentimientos de amor por ella.
Eso era algo que no toleraban los sacerdotes, mas tampoco podían oponerse y reprocharle al faraón sobre su inmadurez para separar goce sexual y cariño.
-No estamos en el derecho de decirle a Seto sobre su actitud reprobable de amar a una mujer que no es su esposa.-dijo en voz alta uno de los sacerdotes, poseedor del ojo milenario.
-Como consejeros que somos, creo que es nuestro deber informarle de su actitud y de cómo su forma de actuar a favor de esa mujer puede perjudicar a nuestro pueblo para siempre.-comentó el dueño de la báscula milenaria.
-Los estragos de la guerra se hubieran evitado si Seto utilizara a esa chica como lo que en realidad es: un arma protectora para usarse como escudo y defensa en contra de los enemigos.-agregó el poseedor de la llave milenaria.
-Yo creo que Kisara, así es como se llama la chica, es alguien de suma importancia.-dijo la dama más joven de todos, dueña del collar milenario.
-¿Has visto algo en tus visiones, Anat?-cuestionó Mahad interrogando a la poseedora del collar mágico.
-Como tal no he visto una visión, pero sí sentí algo muy fuerte vinculado a Kisara. Ella hará cosas que cambiarán para siempre el curso de nuestras vidas.
Guardaron silencio, analizando las palabras de Anat, una sacerdotisa que llevaba unos pocos años al servicio del faraón y que tenía un poder muy sorprendente para predecir el futuro. Aunque las visiones del futuro no recurrían a ella con la frecuencia suficiente como para que supiera, con exactitud, cómo actuar en casos peculiares como el problema que tenían la obligación de resolver justo en esos momentos.
-Mahad, tú eres el hombre de más confianza para el faraón. Deberías de decirle que deje a esa chica o la ponga en su lugar como el arma para cuidar de Egipto.-dijo el mayor de los sacerdotes.
-Temo decir que no escucha lo que le digo. A veces creo que está demasiado hechizado por esa mujer.-
-¿Lo habrá embrujado?-preguntó preocupada la dueña del rompecabezas milenario.
-No, ella no tiene ningún poder mágico fuera de la manipulación del dragón.-negó Anat con firmeza.
-Tal vez debamos dejar que las cosas fluyan y esperar a ver qué sucede.-dijo Mahad en un intento por dar desenlace a la conversación.
-Eso es intolerable. Kisara puede influenciar mucho en el faraón y eso causar problemas a nosotros. Ni siquiera le interesa Egipto, sólo el bienestar de ella a costa de los ciudadanos.
Mahad dio un suspiro de cansancio, porque supuso que la reunión duraría más de lo planeado. Él, como padre adoptivo de Seto, tampoco aprobaba lo que hacía su hijo, mas no era su derecho juzgar lo que hiciera el faraón.
En otra parte del palacio, Seto recorría a pie los pasillos más recónditos de su enorme vivienda. Meses habían pasado desde la última vez que paseó por su propiedad con la única intención de despegar la mente de las experiencias que estaba viviendo recientemente.
Una parte de su alma estaba más relajada con el hecho de que Kisara supiera de su matrimonio con Isis; al menos no tenía ese secreto y fue sincero al decir que la muerte de ella fue dolorosa para él.
Más aún existía un secreto para Kisara: él sabía que el padre golpeador de ella había muerto en la tormenta de arena y no tenía el valor de decirle que le ocultó todo eso con la intención de evitar que ella tuviera un motivo para volver a su tierra natal.
Al saber que Kisara era azotada por su padre, lo más probable era que ella no quisiera regresar allá, pero eso no significaba que fuera correcto ocultar un evento de tanta importancia para ella.
Kisara era más que su amante; era la mujer que amaba.
La amaba, aunque le costaba mucho decirle con palabras como ella deseaba.
En ocasiones sentía que Kisara era su otra mitad, la mujer que los dioses egipcios crearon para él, y que Isis sólo fue la mujer con la que tuvo que casarse para evitar que lo unieran con una desconocida.
¿Casarse?
La idea de casarse nunca surcó su mente masculina en la que el matrimonio no era una opción. Si lo hizo antes fue porque era una obligación como rey de Egipto.
¿Obligación? ¿Se casó por obligación?
Si pensaba a detalle las cosas, nadie se casaba más que por obligación. Mahad y Mana fueron comprometidos, su padre buscó esposa cuando le dijeron que era un deber real y así se casó con su madre; mismo acontecimiento que él vivió con Isis.
Quizá el matrimonio por otras razones no existía, por lo menos en los tiempos que atravesaba Egipto.
Entonces, igual que un relámpago en las tormentas que caen en países alejado del desierto, una idea loca atravesó la mente del faraón Seto: si se casaba con Kisara sería el primer matrimonio por amor en su país.
No se sentía forzado a estar con Kisara, su compañía era agradable, tanto física como emocional, era una buena chica y con cualidades únicas e irrepetibles entre las mujeres. Literalmente podía decir que era una joya invaluable.
Caminó por el pasillo durante largo rato hasta que llegó a uno de los balcones del palacio y se recargó en el barandal observando todo el horizonte a la vista. El palacio, los muros que lo separaban del pueblo, las casas de los aldeanos y a lo lejos el desierto.
El desierto; el lugar que le trajo a su querida Kisara.
Kisara cruzó las arenas calientes del desierto y llegó a su país sin saber qué le deparaba el destino cruel. Ahora se había convertido en la amante del faraón y era criticada por todos los de la realeza.
No era justo.
Injusticia era que Kisara, dando tanto amor, paciencia y comprensión al soberano egipcio, recibiera las habladurías de los sacerdotes que sentían desprecio por ella.
Ella no era aceptada por los demás. Siendo pareja de Seto eso era algo normal; la envidia era poderosa en el medio de la realeza.
Y mientras su sentido de la visión le mostraba su reinado, y aún más allá de este, Seto supo, en aquel momento de lucidez, lo que debía hacer.
Por el bien de Kisara, e incluso el de él mismo, lo mejor sería formalizar la relación de ambos.
Irguió la espalda y se retiró caminando con paso firme y decidido hacia la sala real para informar sobre el decreto que diría públicamente dentro de poco tiempo.
Kisara sería su nueva esposa.
Continuará...
¿Qué tal va el asunto? Como ya vieron, hay un nuevo personaje involucrado; hay gran vinculación de esta historia con mi fic anterior a este como predecesor de lo narrado aquí. ¿Cómo creen que se desarrolle la historia desde ahora?
