Capítulo 37: Una razón para luchar. La última gran batalla

-Otro día y otro retazo de la historia…- Yami mira a todos sus compañeros mientras van tomando asiento y se quedan con aire expectante. -Como ya habréis supuesto, hoy yo no voy a hablar demasiado, en mi lugar, Kari os contará la historia hasta un poco antes de mi regreso y, mañana, yo os contaré el mismo periodo de tiempo pero desde mi perspectiva.- Todos asienten y nadie dice nada, ni siquiera hacen preguntas acerca de lo que había contado el día anterior.

-Vaya… Supuse que estaríais ansiosos por hacerle preguntas a Yami pero, en lugar de eso, estáis muy callados…- Kari les mira a todos con aire intrigado pero ninguno hace ademán de preguntar nada. -Bueno, si no queréis decir nada…-


Kari y Gatomon ya se han separado y las dos están sentadas en la hierba de un parque de Shinjuku, ya es de noche y han estado casi toda la tarde dando vueltas como Ophanimon, sin saber qué hacer, cómo desahogarse, cómo calmarse…

Hace ya unas pocas horas que Yami decidió matar a Demon aun a costa de su libertad y Kari sigue muy aturdida, como si estuviese viviendo algún tipo de terrible ilusión. Pero nada de lo sucedido es una ilusión, ni Kari ni Gatomon, que está tan extraña como la Elegida de la Luz, han abierto la boca desde que aquello pasase, se han limitado a llorar por rachas, a veces se convertían en un mar de lágrimas, otras parecían calmarse y dejar de llorar y otras lloraban pero en silencio.

Además, por primera vez en su vida, Kari siente que no puede seguir adelante, siente que da igual lo que le digan, que da igual que intenten animarla, tan solo querría poder estar con Yami una última vez… Pero eso no es posible, ya no.

-Kari…- Por fin, tras estas pocas horas, que parecen siglos, Gatomon intenta hablar con su amiga. Su voz está quebrada y apenas se diferencia el tono normal de la digimon.

Por toda respuesta, Kari sacude un poco la cabeza para indicarle que la está escuchando mientras más lágrimas resbalan por su rostro.

-Deberíamos volver a casa… Ya es muy tarde…- Gatomon parece estar haciendo un esfuerzo tremendo para intentar mantener a Yami fuera de la conversación.

-Como quieras… A mí me da igual lo que hagamos a partir de ahora…- La voz de Kari es apenas audible entre sus sollozos y Gatomon entiende por lo que está pasando su amiga.

-Él no querría…- Grave error el que acaba de cometer Gatomon.

-Ni se te ocurra usar lo que querría él para convencerme.- El tono de Kari deja helada a una Gatomon cuya intención no era, ni mucho menos, utilizar a Yami.

-Perdón…- Agachando las orejas, la gata digimon baja la mirada y comienza a sentirse aún peor.

-Déjalo, ya sé que no pretendías… Pero esto es muy duro para mí, Gatomon, por muchos peligros que corriésemos siempre, nunca creí que uno de nosotros pudiese morir. Y encima, por si fuera poco, han tenido que ser ellos…- Kari evita pronunciar el nombre de su prometido como si así pudiese evitar el dolor, pero la imagen de Yami y sus últimas palabras no dejan de rondarle la cabeza.

-No han muerto, han…- Gatomon, involuntariamente, intenta corregir a su amiga, pero ella no se lo permite.

-¿Qué diferencia hay? ¿Acaso podrán volver? Están encerrados para siempre en el maldito Infierno digimon. No hay diferencia con estar muerto.- Kari se lleva las manos a la cara consciente de que lo que acaba de decir es casi como una sentencia, una aceptación de todo lo que ha pasado y de que ya no hay vuelta atrás.

-Kari, vámonos a casa, por favor…- Gatomon habla con tono suplicante, ya no quiere seguir hablando del tema, ya no quiere afrontar la realidad, prefiere echarse a dormir y desconectar de la realidad durante unas horas.

-Vale…- Kari se levanta pero no coge a Gatomon en brazos, la pelea de todos los Elegidos había sido retransmitida por la televisión y su gran secreto se había desvelado. Según caminan, Gatomon y Kari tratan de no hacer caso a la gente que, al verlas, las señala y murmura. Al margen de lo de Yami, si aquello no hubiese pasado, les tocaría vivir unos días muy difíciles y con muchas preguntas. El único consuelo de Kari es que, seguramente, Tai habrá hablado ya con sus padres y la chica no tendrá que enfrentarse a un interrogatorio acerca de lo sucedido.

Como si fuese cosa del destino, o de que, inconscientemente, Kari quiere comprobar el estado de sus amigos, Kari pasa por delante de las casas de Rika, Takato y Henry en Shinjuku, pero no entra, ni intenta ver si ya han vuelto o cómo están, tan sólo pasa de largo mientras sus lágrimas siguen cayendo.

Al llegar a Odaiba, Kari también pasa por delante de las casas de T.K., Yolei y Cody, pero, como había hecho antes, tampoco hace ademán de comprobar cómo están.

(No pudimos hacer nada, hoy que por fin creí que la vitoria estaba cerca, he perdido mi razón para luchar… Al final sucedió lo inevitable, lo que siempre le dije que no quería, ha dado su vida por mí, por nosotros… Somos unos miserables, jamás debimos separarnos de él.)

Kari no deja de torturarse a sí misma mientras sube las escaleras hasta su casa y llama a la puerta, ahora mismo, Yami tendría que estar junto a ella, los dos deberían haber pasado un día memorable juntos, y Gatomon y BlackGatomon deberían recibirles con los brazos abiertos al llegar a casa. Pero eso solo habría pasado si los Reyes Demonio no existiesen, en su lugar, Kari llega sola, tras vivir el peor día de su vida, con Gatomon al lado, también destrozada, y consciente de que van a recibirla caras tristes.

-¡Kari! Tai nos ha contado… Lo siento mucho, hija…- Su madre corre a abrazarla y Gatomon se escabulle en el interior sin mirar a nadie. Kari intenta devolverle el abrazo a su madre, pero ya no es capaz de sentir nada bueno, ni siquiera es capaz de calmarse un poco y el hecho de ver la pena que ha producido en los demás lo ocurrido hoy, hace que Kari vuelva a llorar profusamente.

El llanto de Kari no le impide ver que su madre también está llorando y que Tai, que siempre ha sido muy duro, tiene aún las marcas de las lágrimas por toda la cara, y los ojos le brillan de forma muy reveladora, como si estuviese intentando reprimir el llanto. Su padre no sabe muy bien qué hacer pero la pena también ensombrece su rostro.

(Ya eras como uno más de la familia, apenas nos habíamos dado cuenta, pero mis padres te querían como a un hijo… No estabas solo, Yami, ni mucho menos…)

Kari se separa de su madre lentamente y camina hacia su habitación con paso vacilante. Nadie, ni sus padres ni su hermano, intenta detenerla o preguntarle cómo está, y ella se lo agradece a todos, en silencio.

Al entrar, Kari ve que Gatomon está en el balcón, mirando a las estrellas y moviendo los labios como si hablase con alguien mientras las lágrimas caen por sus mejillas.

(Humanos o digimons, conseguiste ganarte el cariño de todos a base de luchar por él, nunca te frenó que tuvieses que sufrir por ello, nunca te amilanó tener que luchar contra nuestra testarudez y nuestros prejuicios. Nunca nadie tuvo que hacer tanto esfuerzo para mantener una amistad… No solo eso, nunca nadie luchó tanto por su amor… Eras el Elegido de la Oscuridad, pero te sobraban las Virtudes…)

Kari se tumba en su cama sin cambiarse mientras sigue hablando con Yami mentalmente, no ha podido despedirse de él. Al menos, decirse a sí misma todo lo que le hubiese gustado decirle a Yami, le produce un pequeño consuelo.

(Tú siempre dijiste que nosotros te hicimos mejor persona pero, sin ti, nosotros seguiríamos siendo unos estúpidos, tú nos hiciste mejores y nos recordaste el valor de nuestras virtudes cuando perdimos el norte. Ojalá pudiese darte las gracias por todo lo que nos diste, ojalá no hubiese dado por sentado que sabías cuánto te quería todo el mundo, ojalá no hubiera dado por sentado que eras consciente de cuánto tenemos que agradecerte… Ojalá estuvieses aquí para poder decirte todo esto…)

La puerta de la habitación se abre y entra Tai con paso lento y derrotado, como si de un zombi se tratase.

-¿Estás despierta?- Kari ignora la pregunta de Tai e intenta hacerse la dormida, pero su hermano la conoce demasiado bien.

-Te entiendo, no quieres hablar del tema, ahora mismo no quieres que nadie comprenda el alcance de tus sentimientos… Pero mañana tenemos que hablar Kari, tenemos que hablar con todos los demás.- Tai se tumba en la cama y dice una última cosa. -Ojalá pudiese despertarme de esta pesadilla… Así podría…- La voz de Tai se quiebra y se queda callado.

Kari se consciente de que está llorando, de que su hermano está llorando como pocas veces le ha visto llorar hasta ahora.

(¿Quién iba a decirte que serías capaz de hacer llorar a Tai?)

Sin saber muy bien por qué, Kari sonríe y se rinde al cansancio que lleva todo el día atormentándola y que ha estado ignorando hasta ahora.

···

Kari abre los ojos, aún es de noche pero Tai está zarandeándola suavemente.

-Venga, Kari, despierta por favor…- La voz de Tai se cuela en su cerebro como un susurro casi inaudible.

-¿Qué pasa?- Kari se frota los ojos y mira fijamente a su hermano, detrás de él, Agumon y Gatomon parecen esperar con expectación el despertar de la Elegida de la Luz.

-Ha venido T.K., quiere hablar contigo.- Tai tuerce el gesto como si algo le molestase.

-¿Qué hora es?- Kari, sin esperar la respuesta de su hermano, lleva su mano hasta el despertador y ve que son las…

-3 de la madrugada, no sé qué le pasa pero más le vale que sea urgente…- Tai habla de forma muy autoritaria pero Kari no se lo tiene en cuenta, ya se imagina por qué ha venido T.K. y no le parece que sea una estupidez.

-Está bien, ya voy…- Kari se despereza completamente y se sorprende de llevar la ropa de calle, sin pararse mucho a pensar, se pone las botas y camina al baño para mojarse la cara con agua. Pero el contacto del agua fría, además de despejarla del todo, también consigue que los recuerdos del día anterior acudan a su mente con más viveza.

Tras esto, Kari se dirige a la puerta y ve a T.K. esperándola fuera, junto a Tai.

-Venga, Kari, acompáñame.- El rostro del Elegido de la Esperanza es un poema, mientras le hace un gesto a Kari para que vaya con él. -Y tú también, Tai.- T.K. coge del brazo a Tai y le arrasta consigo y con Kari. Cuando llegan abajo, Kari se encuentra con que también han venido Ken, Mimi y Rika.

-¿Qué significa esto?- Tai parece un poco confundido pero Kari detecta un ligero tono de culpabildiad en su voz.

(Qué tremenda casualidad, justo estamos los más allegados a Yami… ¿Se creen que soy idiota?)

-Kari…- T.K. empieza a hablar pero Mimi le detiene.

-Es mejor que vayamos a un sitio más tranquilo, donde podamos hablar sin interrupciones…- Mimi tiene razón, para hablar de lo que quieren hablar, van a necesitar tranquilidad. -Seguidme…- Mimi les lleva a todos hasta un parque cercano, que está completamente desierto, y se sienta en un banco. Ken se sienta junto a Mimi, Rika se apoya en el raspaldo del banco, detrás de ellos, Tai y T.K. se quedan de pie mirando fijamente a Kari y la chica no sabe dónde meterse.

(¿Qué esperáis conseguir? ¿No veis que no tengo fuerzas para hablar?)

-Kari…- Ahora nadie interrumpe a T.K. -Tenemos que hablar de Yami.- Tal y como se esperaba Kari, la intención de los chicos es hablar de su prometido.

-No sé qué tenemos que hablar de él…- Aunque Kari usa un tono seco y enfadado, las lágrimas acuden otra vez a sus ojos.

-Pues mira, a mí me gustaría hacer algo…- Rika contesta antes de que lo haga T.K. y, si Kari parece enfadada, ella parece a punto de pegarle a alguien.

-¡¿Qué quieres hacer?! ¡Está en el único maldito sitio de todo el maldito Mundo Digital al que no podemos acceder de ninguna de las formas!- Kari pierde los papeles mientras las lágrimas, de tristeza e indignación, comienzan a resbalar por sus mejillas.

-Kari, cálmate por favor…- Tai intenta calmar a su hermana pero ella le aparta de un empujón.

-¡No me pidas que me calme! ¡Hace menos de un día que he visto morir a mi novio, a mi prometido, delante de mis narices y sin poder hacer nada! ¡No puedo calmarme, me gustaría… me gustaría…!- Kari ni sabe qué le gustaría hacer y se queda en silencio, conteniendo toda la rabia, la tristeza, el odio y el dolor.

-Nosotros también estábamos allí…- Ken intenta hacer entrar en razón a Kari pero, en lugar de conseguirlo, sólo hace que se enfade más.

-¡¿Y qué?! ¡Os quedasteis mirando mientras yo aporreaba la maldita barrera que me separaba de él! ¡¿Acaso sabéis lo que sentí?! ¡¿Lo terriblemente inútil que me sentí al verle sacrificarse sin yo poder hacer nada?!- La dureza de las palabras de Kari deja a todos helados, Mimi empieza a llorar, Ken se tapa la cara, probablemente avergonzado, T.K. le da una patada al árbol que tiene más cerca, Tai se queda pasmado mirando a Kari y Rika parece al borde del colapso. -¡Ahora es muy fácil hablar, intentar comprenderme o decir que no pudisteis hacer nada! ¡Yo, al menos, lo intenté!- Kari se da la vuelta y camina para alejarse de ellos. Sabe que no tienen la culpa, sabe que no debería gritarles ni tratarles así, pero necesita gritar, enfadarse y mostrar lo desesperada que está.

(Ojalá pudiese calmarme, odio lo que estoy haciendo pero no puedo evitarlo… Creo que nunca me había sentido así… ¿Qué harías tú, Yami?)

Kari mira hacia el cielo y ve las estrellas brillar de forma bastante espectacular, nunca la negritud de la noche le ha parecido tan bella.

Casi como si alguien la agarrase del brazo, Kari se detiene y se da la vuelta. Sus amigos siguen como les ha dejado, destrozados por sus reproches.

-Lo siento… Estoy…- Kari intenta disculparse pero Mimi la interrumpe entre sollozos.

-No tienes que disculparte, Kari. Todos sabemos que estás mal, es natural que reacciones así…- Mimi se enjuga las lágrimas durante un rato hasta que deja de llorar.

-No es culpa vuestra, tampoco es culpa mía… Lo que ha pasado no es culpa de nadie.- Kari se sorprende al pronunciar estas palabras pero la pregunta que se había hecho a sí misma ha sido el detonante de todo. -Rika tiene razón, tenemos que hacer algo…- Ahora, todos, y en especial Rika, se le quedan mirando. -Para empezar debemos preguntarnos por qué Yami hizo lo que hizo…- Kari les mira buscando una respuesta que ella es incapaz de ver.

-Él mismo lo dijo, lo hizo para protegernos, no quería que nos pasase nada…- La respuesta de Rika parece sensata pero no puede ser tan simple, Yami había dicho algo más.

("No es por este mundo por lo que me sacrifico…" Sí, Rika tiene razón, Yami quería protegernos pero dijo claramente que el mundo le daba igual…)

-Él no quería que luchásemos… Él no quería que volviésemos a correr peligro…- Kari murmura como para sí misma, pero todos la oyen perfectamente.

-¿Qué quieres decir? ¿Que debemos quedarnos parados sin hacer nada?- T.K. la mira impertérrito pero Kari niega con la cabeza.

-Claro, debemos salvar al mundo, debemos terminar lo que él empezó…- Tai habla pero Kari vuelve a negar con la cabeza.

(Todos se equivocan, es cierto que debemos luchar pero…)

-No creo que debamos luchar para salvar el mundo.- Kari les mira fijamente, algo le ha pasado al contemplar el cielo, por un momento, volvió a sentir la presencia de Yami a su lado, como si continuase guiándola incluso desde el Área Oscura. -Debemos luchar, pero por otros motivos.- Kari está convencida de que, por una vez, el mundo no es suficiente.

-¿A qué motivos te refieres?- Ken mira muy interesado a Kari, con un gesto que se repite en la cara de todos los presentes.

-No sé por qué debéis luchar vosotros, pero yo sí sé por qué quiero luchar…- Ahora todos la escuchan sin pestañear siquiera. -Tengo que luchar por Yami, lucharé para honrar su recuerdo, lucharé para que su sacrificio no haya sido en vano, lucharé porque no puedo vivir sabiendo que quien le hizo eso sigue vivo… Por eso es por lo que yo voy a luchar, por una vez, salvar el mundo es lo de menos, por una vez, voy a ser egoísta y voy a luchar por mis propias razones.- Kari aprieta sus puños y mira a todos con gesto decidido y como esperando que le digan algo. Pero ninguno habla durante un rato, todos se quedan pensando hasta que Rika rompe el silencio.

-Tienes razón y ¿sabes qué? Yo también lucharé por Yami, porque él siempre ha sido muy comprensivo conmigo y nunca ha tenido en cuenta mi mal carácter. Incluso cuando nos conocimos se portó muy bien y fue muy amable. Lucharé para devolverle todo lo que hizo por mí.- Rika dibuja una sonrisa triste en sus labios y sus palabras también parecen inspirar al resto.

-Él siempre me apoyó y me tendió su mano, incluso cuando no creía merecer la comprensión ni la amistad de nadie. "Nunca olvides tu pasado, tenlo siempre presente y enorgullécete de en qué te has convertido." Esas palabras me calaron hondo, ahora sé que Digimon Emperador también es parte de mí, y no es malo, todos tenemos un lado oscuro, eso nos hace humanos y le da sentido a nuestro ser. Cuanto más terrible es nuestro lado oscuro, más mérito tiene ser capaz de contenerlo… Yami se merece que lo demos todo.- Ken se levanta del banco y Kari le mira con una mezcla de cariño y orgullo, la misma mirada que le dirige a Rika.

-Yami me enseñó que la Oscuridad no siempre es mala, me enseñó que el Bien y el Mal no son más que palabras, que lo que nos hace buenos o malos son nuestras acciones. Me enseñó que la criatura más oscura del mundo es perfectamente capaz de mostrar un corazón mucho más grande que la mayoría de seres que alardean de pureza y bondad. Ni Lucemon ni nadie me impedirán devolverle a Yami todo lo que me dio.- T.K. camina hacia Kari y le lanza una mirada que tiene un significado claro, a él tampoco le importa lo que pueda pasar.

-No os olvidéis de lo que ha tenido que pelear. Nunca ha dicho que no a una batalla, nunca se ha amilanado y nunca ha dejado a nadie tirado. Yami siempre estuvo a nuestro lado para ayudarnos y ahora nos toca a nosotros corresponderle. Es por eso que yo también voy a luchar, por Yami.- Tai da un paso al frente y su mirada despide un fulgurante brillo de decisión.

-Pero las batallas contra nuestros enemigos no son las más difíciles que ha tenido que librar. Si alguien le ha dado guerra a Yami, hemos sido nosotros. Muchas veces hemos sido malos, crueles o despectivos con él, pero siempre fue nuestro amigo, nunca nos dio la espalda y siempre ha perdonado nuestros desplantes. Pero eso se acabó, le prometimos que nunca jamás volveríamos a fallarle y no pienso romper mi promesa. Esta vez daré la cara por él y me da igual lo que me pase. Él haría lo mismo por mí.- Mimi también se levanta y se une al resto.

Kari no se sorprende de los sentimientos de sus amigos, no se sorprende de que todos hayan encontrado en Yami la inspiración para seguir adelante y luchar. Sin proponérselo, el Elegido de la Oscuridad se había convertido en el líder, en el corazón del grupo.

(Ojalá te hubiésemos dicho todo esto, Yami. Ojalá supieses lo que todos pensamos de ti.)

···

-Dentro de una semana…- Kari está frente a todos sus amigos, ya es de día y, tras hablar con los más cercanos a Yami, ha tomado una decisión. -… Yo iré a luchar contra Lucemon…-

-Es una locura, Lucemon ha sido capaz de matar a las Bestias Sagradas, ¿qué posibilidad tenemos nosotros de derrotarle?- Yolei se muestra bastante escéptica de sus posibilidades contra el Rey Demonio del Orgullo, el último.

-¿Qué importa que no tengamos ninguna posibilidad de ganar? A mí ya no me importa lo que pueda pasarme…- Rika habla con tono lúgubre pero decidido y Yolei se asusta un poco, al igual que el resto.

-Escuchadme bien, os propongo una cosa, dentro de una semana yo iré a Hikarigaoka, y os esperaré un rato en el lugar en el que Yami se sacrificó por nosotros. Me gustaría que, en estos siete días, busquéis un motivo para luchar, por muy terrible que sea el destino que nos espera. Si lo encontráis, venid conmigo al Mundo Digital, si no lo encontráis… No me enfadaré ni culparé a nadie, sé que es una decisión muy difícil y no voy a pediros que me acompañéis a una batalla, que es muy probable que acabe con nuestra muerte, por mis propias razones egoístas.- Kari mira a todos y cada uno de los presentes y ve cómo algunos asienten, otros se quedan atónitos y otros ponen cara de susto.

(Era de esperar, prácticamente es como pedirles que den su vida para nada… Si no están seguros de lo que hacen y no creen que haya motivos para hacerlo, no puedo culparles. Es lógico tener miedo, yo misma estoy aterrada ante mis propias palabras.)

-¿Estás loca?- Henry mira a Kari con gesto sorprendido y se unen unos cuantos a su opinión.

-Si, estoy loca…- Nadie se esperaba esa respuesta de Kari. -Estoy loca porque ayer vi como Yami quedaba encerrado en el Infierno, con nuestros peores enemigos, y no pude hacer nada. Estoy loca porque no dejo de pensar en lo que debe estar sufriendo ahora mismo sin poder hacer nada, sin poder oponer resistencia ante las torturas que debe estar sufriendo. ¿O creéis que Piedmon o MaloMyotismon no van a aprovechar su oportunidad de hacer sufrir lo indecible a uno de los Elegidos? Él dijo textualmente que se sacrificaba por nosotros… No pienso ignorar eso y me da igual lo que me digáis vosotros o cualquier otro.- Kari tiene una mirada que sólo le habían visto a una persona, es la mirada de quien cree que todo está perdido, la mirada de quien piensa que se dirige a su muerte y tan sólo quiere llevarse por delante a la mayor cantidad de enemigos que pueda, en su camino hacia la perdición. Ese tipo de mirada sólo se la habían visto a Yami y todos se sienten como si éste les mirase a través de los ojos de Kari.

-Está bien, por mi parte, te prometo que buscaré un motivo para luchar…- Jen mira con nostalgia a Kari. -¿Quién sabe? A lo mejor el Destino nos tiene reservada alguna sorpresa…- Jen sonríe casi sin proponérselo y por la cabeza se le pasa el momento en que encontró su Emblema, recuerda perfectamente las palabras de Yami y no puede evitar pensar que lo menos que se merece el Elegido de la Oscuridad, es que sus amigos le rindan un homenaje de la mejor forma posible, luchando hasta el final contra el responsable de su muerte.

Todos asienten ante las palabras de Jen y Kari sonríe amargamente, la Elegida de la Luz sabe que algunos acudirán a su cita dentro de una semana pero no cree que sean muchos.

-Muchas gracias… Si no os importa, quiero estar aislada del mundo esta última semana… Por eso… Quiero que sepáis que, pase lo que pase, tanto para mí como para Yami, sois lo mejor que nos ha pasado nunca. Hasta la vista…- Kari se despide sin darles tiempo a los demás de replicar y se fusiona con Gatomon, ya es hora de que sus padres sepan la locura que va a hacer y que conozcan el espíritu guerrero de su hija.

Ophanimon vuela hacia su casa, dispuesta a dejar claros sus planes y que es inevitable que los lleve a cabo. De todas maneras, no puede marcharse repentinamente de casa para luchar contra Lucemon y no volver nunca sin que ellos supiesen por qué.

Cuando llega a su casa, se posa en el balcón y llama a la ventana, a estas horas y siendo Domingo, su madre y su padre estarán en casa y se habrán levantado hace poco.

Su madre acude con gesto adormilado y extrañado y, cuando abre la ventana y ve a Ophanimon, está a punto de caerse de espaldas, pero el Ángel de la Vida la sujeta. El padre de Kari acude de inmediato y también se sorprende bastante de ver a Ophanimon. Ambos parecen muy aturdidos y Kari se apresura a romper la digievolución, tan solo quería que lo supieran, no va a hablar con ellos, de algo tan importante, oculta tras el casco de Ophanimon.

-¡Kari! ¿Qué…?- Los dos parecen muy aturdidos mientras Gatomon vuelve a escabullirse para dejar a solas a Kari con sus padres, en su habitación.

-Papá, mamá… Acabáis de ver a Ophanimon… Es el digimon en el que nos transformamos Gatomon y yo cuando digievolucionamos juntas…- Kari se da cuenta de lo extraño que es algo que, para ella, se ha convertido casi en rutinario.

-Pero esa Ophanimon… Es uno de los digimons que estuvieron implicados en lo sucedido ayer…- La madre de Kari se alarma mucho y mira a su hija como pidiéndole explicaciones.

-Ayer, mis amigos y yo luchamos contra unos digimons malvados que intentaban invadir nuestro mundo… Nos dividimos en tres grupos y Yami… Yami, que digievoluciona junto a BlackGatomon, cayó en la trampa de uno de nuestros enemigos y quedó encerrado para siempre en lo que podríamos llamar el Infierno de los digimons…- Kari ve cómo sus padres reaccionan de manera muy distinta a la noticia, su madre parece horrorizada y su padre, muy indignado.

-Tai nos contó algo parecido, pero no nos dijo que tú y Yami pudieseis convertiros en digimons…- El padre de Kari contiene su indignación y enfado pero su tono sigue siendo un poco seco.

-El caso es que sólo quería que supieseis…- Es duro tener que decirles lo que debe decirles, pero tiene que hacerlo, no puede demorarlo más. -Dentro de una semana volveré una última vez al Mundo Digital para luchar contra el digimon que es responsable de todo lo que ha sucedido y…- Aunque sus padres la escuchan atentamente y no hacen ademán de interrumpirla, a Kari le gustaría que así fuese. -… Y es muy posible que no regrese… No creo que podamos vencerle…- Ahora sí, sus padres se quedan planchados y Kari agacha la mirada y adopta una actitud de disculpa.

-No vas a ir.- La madre de Kari habla con tono autoritario, como si no hubiese lugar a discusión.

-Da igual lo que digáis, da igual que intentéis retenerme aquí. Yo amo a Yami, él fue quien consiguió hacerme sentir completa por primera vez, fue él quien hizo que aparcase mis preocupaciones por primera vez, fue él quien hizo todo lo posible por lograr mi amor y ayer sacrificó su vida para salvar la mía… No puedo huir, no puedo esconderme, debo dar la cara para demostrarle a Yami que yo también estoy dispuesta a todo por él.- La voz de Kari se tiñe de un ligero tono melancólico pero soñador al hablar de Yami, y esto ablanda un poco a sus padres.

-Pero, hija, Yami no va a volver por que tú hagas semejante locura… ¿Por qué vas a hacer semejante cosa?- Su madre intenta persuadirla, pero eso es algo que no va a lograr por mucho que lo intente.

-¿Es que no entendéis que debo hacerlo? ¿Es que no entendéis que no puedo seguir viviendo sabiendo que el culpable de la muerte de Yami sigue ahí fuera, planeando destruir todo aquello por lo que Yami luchó? Él haría lo mismo por mí sin pensarlo…- Kari detecta comprensión en los ojos de su padre y la esperanza tiñe los suyos propios.

-¿Tai también?- Por toda respuesta a la pregunta de su padre, Kari asiente y su madre se echa a llorar desconsoladamente. -Escúchame bien, Kari, ni tu madre ni yo os permitiremos jamás hacer semejante cosa… Pero tampoco podemos obligaros para que no lo hagáis, entendemos perfectamente cómo os sentís y comprendemos que queráis hacerlo para honrar a Yami. Ya sois mayores, hace mucho tiempo desde que podíamos simplemente castigaros o mandaros hacer algo, ahora tú tienes 20 años y Tai, 23. Si es lo que creéis mejor, hacedlo, pero no contaréis nunca con nuestra aprobación…- Kari asiente y le agradece a su padre esas palabras.

-Me gustaría pasar mi última semana con Tai y con vosotros…- Kari se acerca tímidamente a sus padres y les abraza, consciente de que, dentro de 7 días, se despedirá de ellos de forma definitiva.

···

1 de Enero de 2012, Kari camina bajo la lluvia al amparo de la noche, son las 6 de la mañana y Tai, Gatomon y Agumon caminan junto a ella como quien camina hacia el borde de un acantilado. Sin embargo, la lluvia, en lugar de molestarle, parece que le despeja todos los sentidos y la Elegida de la Luz es consciente de todo su ser y todo lo que la rodea como nunca antes lo había sido.

(Es curioso cómo, ante la perspectiva de la muerte, me parece estar más viva que nunca… ¿Se habrá sentido Yami así antes? Él ha estado al borde de la muerte muchas veces, seguramente él conocía esta sensación…)

El frío apenas le afecta, es como si su corazón, que no ha dejado de latir a toda velocidad desde que se despertase, actuase como una barrera protectora contra todo mal, justo ahora, que va a dejar de latir, parece hacer todo lo posible por continuar vivo.

-Kari…- Tai le da una palmada a su hermana en el brazo y le señala el lugar de reunión. Al mirar hacia allí, Kari contempla con asombro cómo todos sus amigos la esperan, todos, sin excepción, han acudido a su cita. Al final, sí que pudieron encontrar un motivo para luchar, sí que pudieron encontrar algo por lo que valga la pena morir.

-Chicos…- Al acercarse a ellos, la voz de Kari se quiebra por la emoción de verles a todos juntos, nunca nada había conseguido entristecerla y alegrarla tanto al mismo tiempo.

-Tenías razón, Kari, hay cosas en el mundo por las que merece la pena dar hasta el último aliento…- Sora mantiene una sonrisa firme mientras agarra con fuerza la mano de Matt, como si no quisiese separarse de él.

-¿Vosotros también os habéis despedido de vuestros seres queridos?- Yolei hace esta pregunta como quien teme parecer demasiado pesimista.

-Si…- Tai contesta por Kari y alza la vista al cielo. -¿Cómo aquella vez?- La pregunta de Tai es respondida con multitud de asentimientos entre el grupo y todos los Elegidos juntan sus manos en el centro del círculo que forman.

-Yami, por favor, llévanos ante Lucemon.- Kari susurra en voz perfectamente audible estas palabras de ánimo a su D-Watch y los dispositivos de todos los Elegidos brillan con intensidad y forman un gran haz de luz que sube hacia el cielo. -Vamos…- Kari entra en el haz de luz sin pensárselo y la siguen todos los demás.

Casi nada más pisar el interior, se ven transportados a un mundo en el que la noche y la Oscuridad unen sus fuerzas para mantener una atmósfera de tinieblas perpetua. Sin embargo, pese a lo tenebroso del ambiente, es como si hubiese la Luz justa para poder ver todo perfectamente. Los Elegidos aparecen en una llanura rocosa y ennegrecida, todos recuerdan perfectamente el lugar porque fue ahí donde Seraphimon luchó contra Azramon.

-Este sitio…- La mirada de Rika y de la mayoría se dirige hacia T.K., que fija la vista en el horizonte en busca de su enemigo.

-¿Os parece apropiado?- La voz de Lucemon resuena en todo el lugar y un rayo cae frente a los Elegidos, en la distancia. -Es maravilloso contemplar vuestro espíritu y determinación… Habéis venido a por mí pese a saber que vais a morir… No sé si sois idiotas o valientes, pero esto se acaba aquí.- Otro rayo cae contra el suelo, esta vez más cerca, produciendo un fogonazo que ciega a todos por un momento, cuando recuperan su sentido de la vista, Lucemon está de pie frente a ellos, con una sonrisa de satisfacción en los labios. -Ya sabía yo que el truquito de Yami no serviría con vosotros… Tsk, pese a todo, me ha impedido ir a vuestro maldito mundo. Ni siquiera muerto me deja en paz.- La sonrisa de Lucemon se torna en una mueca de fastidio.

-¿Qué truquito?- Kari arde en curiosidad por saber a qué se refiere el Rey Demonio del Orgullo y, sorprendentemente, obtiene una respuesta decente.

-Al ver que iba a quedarse encerrado en el Área Oscura, no se le ocurrió nada mejor que sellar la barrera que separa los dos mundos, el vuestro y el mío, pero ese sello no parece afectar a los Elegidos…- Ahora Lucemon pone un tono burlón. -Claro, sois sus amiguitos del alma, aquellos por los que dio la vida…- Lucemon se carcajea y su risa hiela la sangre de todos.

(Incluso en ese momento en el que estaba al límite, Yami no dejó nunca de pensar en todo… Si nos hubiésemos quedado en el Mundo Real…)

Por la cabeza de Kari se pasan ideas de arrepentimiento pero las despeja enfocando su mente en el motivo que la ha llevado hasta donde está, Yami.

-Borrarle del mapa me ha costado la vida de mis 6 hermanos. Si me lo hubiesen dicho antes, hubiese dicho que era un precio demasiado alto para matar a un estúpido humano, ahora, sin embargo…- El gesto de Lucemon se vuelve serio al mismo tiempo que echa a volar. -¡Elegidos! ¡Éste es vuestro final! ¡Hordas demoníacas, acudid a mi llamada!- Lucemon chasca sus dedos en el aire y multitud de digimons oscuros, demonios, ángeles caídos y digimons que son, simplemente, malvados, comienzan a llegar de todas partes y Lucemon se refugia tras todo el grueso de su ejército.

(No deja nada al azar, quiere debilitarnos y separarnos antes de que nos enfrentemos a él…)

-Chicos…- Kari les lanza una mirada a todos. -Es la hora…- Ve el asentimiento en los rostros de sus amigos y todos, al unísono, hacen digievolucionar a sus compañeros.

Pero, justo cuando se disponen a cargar contra todo el ejército del Mal, la llegada de refuerzos les sorprende a todos.

-¡No estáis solos!- Andromon salta frente a los Elegidos y comienza a pelear contra las hordas de Lucemon. Junto a él, Piximon, Meramon, Centarumon, Frigimon, Mojyamon, Megadramon, Gigadramon, Elecmon, un Lilamon, multitud de Birdramons, Biyomons, Greymons, Agumons, Gazimons, Tyrannomons, Palmons, Togemons, Guardromons, Hagurumons, Numemons, Sukamons, Monochromons, Gotsumons y un sinfín de digimons, comienzan a luchar a destajo para proteger a los Elegidos, incluso Ogremon ha acudido al campo de batalla para ayudarles. Pero no sólo hay viejos conocidos, también hay unos cuantos digimons oscuros como los Divermons del Mar Oscuro, unos cuantos Devidramons, DemiDevimons, Goburimons y algunos que ninguno de los Elegidos reconoce.

-¡¿Qué hacéis aquí?!- La sorpresa de los Elegidos es mayúscula ante los apoyos que reciben de digimons que conocen casi todos.

-Lucemon lleva una semana presumiendo de haber matado a Yami… No podíamos tolerar semejante despropósito…- Andromon parece terriblemente dolido por la muerte de Yami y muchos de los que están con él comienzan a llorar en silencio.

-Yami ayudó a mi aldea cuando Digimon Emperador intentaba conquistar el mundo.- El Lilamon habla y a su relato se unen otros digimons que también habían recibido ayuda de Yami.

-Él consiguió que nos respetasen pese a ser digimons de la Oscuridad.- Los Divermons alzan sus puños y cargan contra el ejército de Lucemon seguidos de todos los digimons oscuros.

-Nosotros también podemos ayudar, Kari…- Los Numemons miran con admiración a Ophanimon y también entran a la batalla.

-¡Vamos, Sukamons, por Mimi!- Los Sukamons siguen a los Numemons y se empieza a hacer patente la gran cantidad de aliados que tienen los Elegidos.

-Todos vosotros, y Yami también, nos ayudasteis cuando lo necesitamos.- Los Gazimons, Birdramons, Greymons, Biyomons, Agumons, Gotsumons, Monochromons y Tyrannomons cargan también contra sus enemigos.

-¡Por los Elegidos!- La mayoría de los demás digimons cargan alzando este grito en el aire y sólo quedan Andromon, Piximon, Centarumon, Megadramon y Gigadramon.

-Yami fue un humano extraordinario… Él nunca me dio la espalda y, ahora, yo no se la daré a él.- Andromon se une a la batalla con todas sus fuerzas.

-Una vez, BlackGatomon nos mostró que no hace falta ser grande y poderoso para ser tremendamente fuerte. Ahora tenemos que demostráselo nosotros a Lucemon…- Megadramon y Gigadramon también se lanzan al combate junto a Andromon.

-Yami me mostró que la Oscuridad era parte de este mundo, que no debíamos temerla, que cualquiera puede tener un corazón puro sin importar cuan Oscura sea su existencia.- Centarumon se marcha con su cañón en alto.

-Bueno, pi. Ésta parece ser la batalla final, pi. Espero que estéis preparados, pi, seguro que, esté donde esté, Yami nos contempla con expectación, pi. No podemos fallarle, pi.- Piximon se lanza a la batalla en último lugar.

-Es nuestra hora…- Ophanimon echa a volar y la mayoría de sus compañeros la siguen.

-¡Nosotros nos quedamos aquí!- Cody, Spinomon, Mimi, Rosemon, Joe, Vikemon y Justimon se quedan atrás para ayudar a los digimons que han acudido a ayudarles a todos.

Todos los demás Elegidos vuelan sobre la marabunta de demonios, esquivan a los que son capaces de volar y se dirigen hacia Lucemon. Pero, tras avanzar bastante, se hace imposible seguir adelante.

-¡Seguid, nosotros os cubrimos las espaldas!- Atrás se quedan Yolei, Ornismon, Sora, Phoenixmon, Izzy, HérculesKabuterimon, MegaGargomon y Duftmon.

La carrera hacia Lucemon continúa y los Elegidos comienzan a vislumbrar la retaguardia del ejécito, donde se encuentra Lucemon, frente a una enorme puerta que ha aparecido de la nada.

-¡No os acercaréis al señor Lucemon!- Un digimon dragón con armadura blanca y aspecto de ser muy poderoso, golpea a Omnimon.

-¿No es hermoso cómo el destino nos lleva a enfrentarnos contra aquellos que una vez fueron nuestros hermanos? ¿No tengo razón, Dynasmon?- Un caballero de armadura rosa, que sujeta una rosa, habla con tono soñador.

-Yo tan sólo pienso en derrotarles, LordKnightmon.- Dynasmon contesta a su compañero.

-Omnimon y Gallantmon… ¡Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez!- Los dos Caballeros Reales miran a Omnimon y Gallantmon.

-¡Nosotros nos ocupamos de esto!- Tai y Matt se quedan atrás, junto a sus compañeros, y Sakuyamon e Imperialdramon tampoco siguen a Ophanimon y Seraphimon, tres SkullSatamons les han emboscado y ahora luchan con fiereza.

Al final, tras un buen trecho, los Grandes Ángeles llegan por fin ante Lucemon y su puerta.