Disclaimer: Los pjs de OUAT no me pertenecen c:
Tootles apretaba fuertemente el mango de la espada mientras escuchaba a sus compañeros. Su mirada nublada por las lágrimas le impedía ver el camino por el que andaba. Inevitablemente tropezaba una que otra vez.
"Se ha ido", "nos abandonó", "por eso no hay niñas en Nunca Jamás"
Esos comentarios iban y venían últimamente por el campamento, siempre y cuando Pan no estuviera cerca.
El pequeño de cabellos rizados se paró en seco y tomó una bocanada de aire. No saben lo que dicen, les repetía el pequeño Tootles a sus compañeros una y otra vez. ¿Cómo podían perder la fe en Rapunzel tan fácil?, se cuestionaba repetidamente. ¿Ningún otro sabía el por qué de su repentina marcha? ¡Solo Pan les había dicho eso!, pero si eran sinceros, ¿cómo estaban seguros que Peter no se deshizo de ella como lo quiso hacer con él,con Tootles, en el pasado?
El pequeño enterró la espada en la tierra seca del campamento. Se sentó y se dejó caer de forma cansina. Enterró su rostro entre sus manos, bloqueando todo murmullo que se escuchaba a su alrededor.
El segundo al comando barrió con desinterés el campamento hasta que sus ojos grises se toparon con el bulto del pequeño niño perdido.
Rufio llegaba en ese momento al campamento, su cabello desordenado y sucio por la continua ida y venida por la selva lo tenían con esa apariencia. Sus ropas estaban desgastadas y las suelas de sus botas casi desechas. El adolescente se acercó a Félix y pasó un brazo sobre sus hombros.
–¿Él de nuevo? –Cuestionó Pascal de forma curiosa. El chico rubio asintió lentamente.
Los niños perdidos se habían acercado a Tootles y lo habían rodeado. Uno de ellos le había pateado la pierna para llamar la atención del pequeño.
Félix suspiró y se sacó la capucha de la capa. Deslizó el palillo que llevaba en la boca de un lado a otro, intranquilo. –Cuando Pan no está se descontrolan más. –Comentó el chico de ojos grises.
–¿Salió, otra vez? –Interrogó con desinterés Rufio. –Ya van cinco noches seguidas. Siempre llega con nuevos.
–Y se va con algunos niños perdidos y ellos no regresan. –Comentó Li, que había escuchado la conversación de sus superiores.
Rufio suspiró y se dispuso a acercarse para evitar que se generaran problemas. Los días anteriores Tootles había resultado herido no solo físicamente sino también verbalmente por los nuevos reclutas. Le habían llamado nena, maricón, debilucho. Era terrible ver como se hacía un bulto sobre la tierra y se dejaba golpear sin más.
Félix detuvo la marcha de Rufio, colocando su mazo en medio del camino del niño perdido. Pascal giró su cuello para observar los ojos grises del Segundo al comando.
–Pan ha dicho que no interfiriéramos. –Soltó Félix. Rufio hizo una mueca incrédula y apartó el arma de su amigo para encaminarse hacia los niños perdidos.
–No dejaré que lo sigan golpeando. Somos familia, Félix. –Escupió dolido. –¿También dejarías que me golpearan si Pan te ordenara no hacer nada?, ¿me dejarías solo, a mi suerte? –Cuestionó Pascal, caminando de espaldas, mirando al rubio directamente a los ojos.
–Rufio. –Musitó amenazante, casi en un susurro, el segundo al comando.
–Miren. –Alentó Li con una sonrisa ladina. Los ojos le brillaban en aprobación.
Rufio se giró sobre sus talones para observar al pequeño Tootles batallar con los niños perdidos, blandiendo la espada de forma magistral.
–No saben en lo que se meten. –Soltó Tootles, quitándose un rastro de sangre de los labios con el dorso de la mano. –Dejen de alardear sino saben luchar contra sus contrincantes. –El chico de cabellos rizados dejó caer la espada al suelo. Se giró para marcharse. Rufio se movió con rapidez y agilidad. Deteniendo el filo de una daga que volaba hacia el cuello de Tootles.
–Te enseñó bien. –Felicitó Rufio a Tootles, haciendo alución a las prácticas que el pequeño había tenido con Rapunzel. –Pero ella no está aquí para cuidar tus espaldas. – Agregó mientras jugaba con la daga, lanzándola al aire.
–Lo lamentamos, Rufio... –Soltaron con respeto los nuevos. De todos los niños perdidos que había Pascal era el más accesible y se había ganado la admiración de los niños perdidos a pulso. Por eso Pan lo mandaba fuera del campamento tanto como podía, no lo quería cerca de los nuevos.
–Bueno, bueno, ¿de nuevo lamiéndole las botas a Rufio? –Cuestionó burlón Félix a los niños perdidos.
Los nuevos se tensaron al escuchar al segundo al comando. –¿Celoso?– Rufio bajò y subió las cejas. Tomando el mango de la daga con firmeza.
–¿Debería?
Félix asestó el primer golpe, después de tomar la espada que dejó Tootles en el suelo, Rufio detuvo el ataque a duras penas.
–¡Pelea!–Gritaron emocionados los nuevos miembros de los niños perdidos.
–Deja de mimarlo. –Ordenó Félix a Rufio, la sonrisa de este último bailó unos segundos tras escuchar a su mejor amigo.
–No sé de que hablas...
–A Tootles, sé porque lo haces. Pan lo ha notado. –Masculló el segundo al comando entre dientes.
–Que lo note, Félix. Me tiene sin cuidado. –Ladró Rufio. Brincando en lo alto cuando el rubio pasó por el suelo la espada. Pascal movió el brazo, cubriéndose al ver que el segundo al comando lanzó sus piernas hacia su boca del estómago. El niño perdido usó la suela de éstos para dar una marometa en el aire y caer, con cierta dificultad, de rodillas en el suelo.
–Pues a mi no me tiene sin cuidado, Rufio. –Félix se acercó peligrosamente.
–No dejaré de creer. –Pascal se impulsó hacia el cuerpo de su mejor amigo. El sonido del metal chocando resonó por todo el campamento. –Quizás ella te ha dejado. Pero regresó y no solo eso, salvó mi vida a pesar de no pedírselo, ¿crees que Pan hubiera hecho eso por mi?
Félix miró a Rufio serio. No, el rubio no creía que Pan se hubiera tomado la molestia de salvarlo. Su líder creía que si no podían velarse ellos solos no merecían ser niños perdidos, por eso sus constantes idas a la aldea, se iba con viejos niños perdidos (al menos no los mataba) y regresaba con nuevos.
Rufio tomó su distracción y asestó un golpe que hizo a Félix retroceder. –La esperaré y creeré en ella, Félix, ¿sabes por qué?, porque ella me confesó que nunca nadie había mantenido la esperanza en que lograra su objetivo. –Pascal lanzaba golpes a diestra y siniestra, rápidos y certeros, que hacían a Félix retroceder cada vez más. Porque le traía a la mente a la chica que lo había traicionado, de nuevo. Pan nunca lo había hecho y lo había salvado del reino de las Maravillas, del país solitario y frío que él consideraba su prisión personal.
–Deja de defenderla, ¡ella se marchó en la primera oportunidad que se le presentó!
–¡Eso no es cierto! –Vociferó Rufio con firmeza. –Rapunzel pudo irse desde hace tiempo, desde el inicio si somos sinceros.
Ésta confesión hizo que Félix perdiera la concentración. El filo de la daga rozaba su cuello de forma peligrosa. –¿Qué? –Cuestionó el segundo al comando en un hilo de voz.
Los niños perdidos empezaron a vitorear a Rufio cuando acorraló a Félix.
–Ella tenía una habichuela desde el inicio, ¿por qué esperar a usarla? –Cuestionó Rufio en el oído del rubio, casi en un murmullo. –Yo la esperaré, es mi hermana después de todo, y la familia no se abandona, Félix, ni se olvida.
–Que emotivo. – Pan aplaudía con desgana al ver la escena que se había presentado en el campamento. El líder ladeó el rostro, la seriedad cubriendo todas sus facciones. –Es hermoso como hablas de la familia, Rufio. – Pascal lo miró sobre su hombro y tragó grueso. Se alejó unos pasos del segundo al comando, con la daga entre sus manos. –Y es gracioso, porque haces lo contrario. Ella jamás fue parte de nosotros. –Peter se acercaba con paso lento y sinuoso, casi como si calculara cada movimiento antes de atacar a su presa. –Me ocultaste algo de ese nivel, tsk, tsk, ¿eso no te convierte en un traidor?
–Quizás. –Repuso Rufio,alzando la barbilla. Un gesto que a Pan le recordó a cierta chica con la misma manía, un movimiento que siempre hacía para lucir segura de sí misma. Peter soltó una risa siniestra sin poder evitarlo.
–Félix, llévalo a la caja. –Murmuró de forma cansina tras unos segundos. ¿Por qué su sombra siempre llegaba en los momentos más divertidos?
–Como ordene, Pan. –Pascal se giró en el momento en que Félix le pegó y dejó inconsciente. –Ustedes dos. –El segundo al comando señaló a los nuevos. –Tráiganlo. –Señaló al cuerpo de Rufio. –Y síganme.
Pan se giró sobre sus talones y observó a los nuevos. –A dormir. –Ordenó a secas el chico antes de abandonar el campamento. Sus ojos esmeraldas chocaron contra los de Tootles y una mueca se formó en su rostro. Sí, Rapunzel solo había venido a destruir lo suyo e iba a pagar.
La llegada a la isla Calavera fue un viaje largo para Pan, en su cabeza se repetían una y otra vez los sucesos que habían pasado antes de la ida de la chica que logró aturdirlo. Se maldijo y la rabia lo empezó a carcomer. La sombra lo esperaba de frente al reloj de arena, ésta miraba como cada grano caía de forma perezosa y lenta, llenándolo cada vez más, el tiempo agotándosele a Pan.
–¿Ahora qué?
La sombra se giró lentamente para ver a Pan. La figura sonrió, mostrando sus afilados dientes cuando tocó la superficie del suelo. –Mi ama te manda esto. –De la mano de la sombra salió un papel en forma de ave, que agitaba sus alas hasta el líder de los niños perdidos.
El ceño fruncido de Pan se relajó cuando examinó rápidamente al ser que tenía a unos metros delante suyo. –Ella. –Musitó entre dientes, apretando la mandíbula. Tomó el papel con rudeza, casi haciéndolo añicos. –Que interesante que quiera comunicarse después de... ¿años? – La voz de Pan se fue volviendo más baja conforme pasaba sus ojos por las letras.
"... No confíes en Hades. Sé que posiblemente no me harás caso. Pero si lo sigues haciendo te tendrá en su radar, Peter. Y si, te abandoné y no lo lamento. Tengo que hacer algo antes, rescatar a una persona muy importante para mi, y sabes quién es. No podía quedarme contigo o podría arrepentirme por el resto de mi vida. Necesito hacer esto, pero te prometo que regresaré. Pedirte que no me odies sería mucho para el temible Pan, pero estoy arriesgando mi sombra a que... no lo haces. Estoy apostando a que Peter Pan nunca falla y no rompe sus promesas."
–Es estúpida si cree que tendré piedad de ella. –Masculló sin despejar la vista de la carta pulcramente escrita.
"... Pero si lamento tener que haberme ido así. Más nunca me hubieras dejado ir, ¿no es así?, jamás..."
–No creas todo eso. –La voz distorsionada que salió de la sombra sacó a Pan de sus cavilaciones. El adolescente alzó el rostro para encontrarse con el reflejo de Rapunzel. La sombra había tomado su forma y desaparecía de vez en cuando. –...es ... Hades... Te... Mataré
–¿Qué demonios?– Cuestionó Pan, incinerando la carta, acercándose a la sombra con paso apurado.
–Peter... ¡no!
Pan corrió pero la figura de la chica había desaparecido en humo en cuanto las yemas de sus dedos la rozaron.
Nunca Jamás. Noroeste del bosque.
–Tenías que hacer rabiar a Pan. –Soltó desanimado uno de los niños perdidos cuando encerró a Pascal en la caja de bambú. Rufio se acomodó y cerró los ojos.
–No iba a callarme. Puede desterrarme si quiere.
–El destierro es el peor de los destinos. –Soltó Félix desde las sombras.
–No, el peor de ellos es ser traicionado por aquellos que pensaba eran mis hermanos. –Masculló cortante, dándoles la espalda. –El destierro es solo una aventura más.
Las pisadas de ambos niños le indicaron al preso que se estaban marchado. Félix fue el único que decidió quedarse unos minutos más. No dijeron absolutamente nada, pero muy en el fondo ninguno quería que el otro se apartara. Porque muy a su pesar, lo más preciado que tenían en aquella isla era al otro.
Félix suspiró. El segundo al comando se trepó al árbol y se acomodó en una rama cercana, podía ver a través de las rejas color bambú a su compañero y mejor amigo darle la espalda. El rubio cerró los ojos y se aisló del resto de la isla. Si bien no iba a desobedecer a Pan tampoco quería abandonar al chico preso. Los piratas llegaron tan sigilosamente que, sin causar ruido alguno, tomaron a Félix desprevenido. Dejándolo noqueado en cuanto le pusieron la mano encima. Rufio salió de la caja tras apuros y fue cambiado por el segundo al comando, quedando este ultimo como el prisionero.
–¿Qué demonios? –Rufio forcejeaba contra los piratas que le tenían firmemente agarrado de los antebrazos mientras le ataban las manos detrás de la espalda, Pascal miraba a su amigo encerrado en la caja cuando giraba para ver sobre su hombro. Su atención regresó al líder de los piratas cuando no escuchó la voz de Garfio.
–¿Dónde la tienen?
–¿Eugene? –El hilo de voz que salió del niño perdido en sorpresa al verle vivo hizo que el aludido sonriera con suficiencia.
–En carne y hueso.
Lago de las sirenas.
–Las odio. –Campanilla bufó por enésima vez mientras se acomodaba su ropa mojada. –Son tan... ¡agh!
Las sirenas se reían del hada sin poder evitarlo. Les producía gracia que fuera tan noble y que, en una de sus trampas, casi la llegaran a ahogar.
–¡Hermanas!, Peter nos necesita. –Urgió una de las criaturas que acababa de emerger. Su rostro parecía consternado. –¡Ya!
Las colas pegaron con fuerza y prisa en la superficie del lago en cuanto se sumergieron los seres marinos que antes se habían entretenido con la chica sin alas. –¡Si, corran, su amado Pan las necesita!– Gritoneó Campanilla. Bufó con fuerza, tratando de quitarse el flequillo de su rostro. Podía sentir su rostro arder. –Si, definitivamente son insufribles.
–¿Campanilla?
La chica se entumeció al escuchar aquella voz femenina. La mujer se giro lentamente para toparse con el temor de cualquier ser marino, incluso Poseidón evitaba tener problemas con ella: Úrsula.
La sonrisa forzada del hada apareció en menos de un segundo. –Creo que me estás confundiendo.
–Yo creo que no, a prisa o vendrá alguien. Rapunzel me mandó sacarte de ésta maldita isla.
La chica rubia parpadeo unos segundos antes de que ojos se empezaran a humedecer. –Esa desgraciada... –Masculló, acercándose a paso apresurado hacia la chica con tentáculos. –¿Cómo puedo creer en ti?– Cuestionó vacilante, inclinándose hacia ella.
–No puedes. Pero si no confías en mi, debes confiar en ella. –Susurró con suavidad, su mano extendiéndose hacia Campanilla.
El hada asintió tras unos segundos, pero no alcanzó a tomar su mano. La cueva que la rodeaba fue lo siguiente que el hada pudo apreciar. La chica se giró sobre sus talones para observar el rostro cínico de Pan. –Ya me ocuparé de ti luego. –Alcanzó a decir antes de desaparecer.
–¡NO! – El grito del hada hizo eco en aquella húmeda y solitaria cueva. –Rapunzel, lo siento. –Susurró la chica sin alas, dejándose caer en la tierra, derrotada.
Boston.
Emma miró a su amiga cuando estornudó por centésima vez. –¿Segura que estás bien? –Cuestionó dudosa. –¿No quieres que te traiga algo de la farmacia?
Rapunzel miró a su mejor amiga e hizo un movimiento con su mano, restándole importancia. –No es nada. Anda, apura o llegarás tarde a la entrevista de trabajo. –Apuró la chica, observando la televisión nuevamente.
–Está bien... –Soltó la Salvadora sin muchas ganas. –¡Deséame suerte! –Se despidió de su compañera de piso antes de salir.
–¡No la necesitas!, te amarán, lo sé. –Gritó de vuelta la chica. Se llevó palomitas a la boca y arrugó a nariz. La joven se estiró y miró a través de la ventana. Su sombra copiando sus movimientos. –Que curioso, alguien estará acordándose mucho de mi.
Nunca Jamás. Campamento.
–Rufio, espera. –Tootles lo sostuvo del antebrazo. Pascal se deshizo de su toque de inmediato, como si quemara.
–¡No!, la sombra de ese demonio arrancó la vida de los piratas. No dejaré que la mate a ella también. Sé que lo hará, pero ella sufrirá peor si no hago nada. –Masculló, acomodando la flecha en la cuerda del arco.
–Ella sufrirá si le haces algo a él, lo sabes. –Defendió el niño. Yendo detrás de Rufio, casi pisándole los talones. –Piénsalo Rufio.
–Ya he tomado mi decisión.
Todo pasó muy rápido, en cuanto Pan estuvo en el campo de visión de Pascal este dejó ir la fecha. Peter escuchó el silbido cortando el aire a su paso. Se giró y tomó el arma que por poco le atravesaba el pecho. Estaba muy distraído y casi daba en el blanco. Su corazón estaba acelerado, el enojo que estaba tratando de controlar no hizo más que explotar. Sus ojos esmeraldas se toparon con el culpable.
–Vaya, miren al par de traidores. –Pan apareció una ballesta en sus manos y colocó la flecha casi de forma lenta en su lugar. –Le destruyeron el juego a mis niños perdidos que iba a ir a buscarlos.
Rufio estaba estático en su lugar. Podía jurar que debía de haber acertado. Pan no podía ser tan rápido, la flecha debía haberle atravesado. Era como si pudiese ver algo que ellos no. Definitivamente se había vuelto otro... un monstruo.
Pan apuntó a Rufio con decisión, pero algo le hizo dudar. Rufio tomó esa duda y le lanzó un insulto. No se iba dejar asustar, si era lo último que viviría no quería ser recordado como un cobarde.
El líder de los niños perdidos bajó la ballesta y sonrió de forma tranquila, casi amenazante. –Es verdad, matarte sería muy fácil. Aburrido. ¿Qué dicen chicos?, ¿los desterramos? –Pan alzó la voz unos decibeles hasta llegar a asustar a las aves que eran espectadoras de todo lo que sucedía.
–¡SÍ!
La emoción con que vitoreaban a Pan hizo que el aludido ampliara la sonrisa que se había dibujado en su rostro.
–Hagámoslo más divertido... –Masculló. Pan dejó escapar a flecha solo entonces. A Rufio se le fue el color del rostro, pero la flecha jamás impactó contra su cuerpo. La figura humana se volvió la de un monstruo con seis patas, peludo y del tono de la piedra lapisazulli. Luego de ello ambos, Tootles y la bestia, desaparecieron en un humo verdusco.
–¡PAN!, ¡PAN!, ¡PAN!
–¡CHICOS!– La voz de Peter retumbó en el campamento. El líder alzó la ballesta con una sonrisa siniestra en el rostro. –Vayan a buscar a Félix, ¡ahora!
N/a: ¡Hola!
Vira: ¡Hola, linda!, gracias por avisarme, ya está corregido y todo. ¡discúlpame!, andaba muy distraída. Espero que te hayan gustado los capítulos 3
Gracias a los lectores silenciosos y por los que dejan rr, que son de mucha ayuda. (:
Les mando un abrazo. BCM
