Capítulo 37: Celos (Parte 1)

Jamás he estado ni volveré a estar tan protegida y miserable como en este momento.

No quiero pararme de mi cama nunca más, decido finalmente, acomodando las cobijas por encima de mis orejas y disfrutando la calidez. Esta falsa sensación de seguridad e ignorancia es todo lo que deseo.

- ¿Me quieren contar qué les pasó a ustedes dos?

Al parecer ya se dio cuenta que su fuerza mental no va a conseguirle ninguna explicación, así que prosiguió con un ataque directo. Solo que éste tampoco funcionará. Hoy no quiero hablar.

- Lily, Thalia, nos perdimos el desayuno... si no se levantan ya, perderemos también la primera clase.

Más silencio. Es increíble, pero algo que usualmente se me haría tan inadmisible, hoy no me interesa en lo absoluto. Solo quiero esconderme de todo, sobre todo de mí misma.

- Sé que están despiertas, así que digan algo, por favor.

- Hoy no, Soph –escucho la voz de Thalia amortiguada- no quiero hablar, solo dormir.

Se hace un pesado silencio en la habitación. Debería decirle algo para tranquilizarla, pero no quiero ni abrir la boca. Tal vez termine hiriendo a alguien más. Poco a poco unos pasos se acercan a mí.

-Está bien – dice al lado de mi cama- hazme espacio.

Yo me muevo hacia una esquina sin sacar la cabeza de debajo de las cobijas y siento el menudo cuerpo de Sophia deslizarse a mi lado. Ella se acomoda y nos destapa la cabeza para poder respirar. Yo evito su mirada, ella me abraza.

- Todo estará bien – me susurra.

No es una frase común en ella. Ni siquiera es una frase que le guste; pero ahí está: justo lo que quería escuchar.

Thalia, desde su cama, se pone a llorar. Yo no puedo resistir el impulso de seguirla. Empieza siendo una lágrima traicionera, pero no tarda en convertirse en un sollozo y luego un llanto con tanta fuerza que no puedo silenciar.

- Soy una gran estúpida –digo entre sollozos.

Escucho a Thalia murmurar algo inteligible.

No, Lily, tú no tienes derecho a llorar.

No puedo evitarlo. Lloro por mí, por él, por mis miedos asfixiantes, su mirada suplicante e incluso el corazón destrozado de Thalia. Ni siquiera sé por qué lloro. Solo quiero hacerlo. Sophia me da unas palmaditas y no suelta su abrazo. Tampoco dice nada, solo espera y me deja soltar unos horribles y sonoros sollozos que a duras penas me dejan respirar. Puedo escuchar a Thalia sofocar los suyos en su almohada y quiero abrazarla.

No me muevo de mi lugar; no encuentro la fuerza. Ella no necesita consuelo, solo llorar; o eso me digo para justificar mi egoísta actitud.

¿Por qué estoy llorando? ¿Qué razón tengo para hacerlo? ¿No era esto lo que yo quería?

En algún punto mis lágrimas cesan. Vuelvo a respirar, aunque se siente como si me ahogara. Sophia se levanta, trae papel y nos da un poco a cada una. Se sienta a mi lado y me acaricia el cabello.

-Duerme, eso te ayudará.

Tal vez sea por el insomnio de las noches pasadas, o el cansancio que dejan las lágrimas, pero me duermo en seguida. No sé cuánto tiempo pasa, pero me despiertan las voces de mis amigas.

- Se acabó y esta vez sí es definitivo –escucho a Thalia decir.

Sophia guarda silencio.

- ¿No lo intentarás más? –pregunto sin pensar, incorporándome.

- Tú lo escuchaste – yo me siento avergonzada, a pesar de que no hay recriminación en su voz – No vale la pena. Él tiene razón.

"No jugaré más tus juegos, Thalia. No seguiré sufriendo por ti. Te di todo lo que tenía y lo despreciaste. Se acabó"

Yo me levanto de la cama y me acerco a ella. No la abrazo, solo me limito a sentarse a su lado y acariciarle el cabello. Ella toma aire y levanta la barbilla.

- Se lo dije a él anoche y lo repetiré ahora. Yo me lo busqué. Cristian me lo pidió mil veces, que confiara en él y yo no quise hacerlo. Yo me lo busqué.

Habla con fingida tranquilidad, como tratando de memorizar sus palabras, como un mantra que le permita olvidar el dolor si lo dice lo suficiente.

- ¿Fue por lo de la escoba? –pregunto, recordando aquella desafortunada venganza que tuvo lugar hace tanto tiempo.

Ella niega con la cabeza, y se escapa un pequeño sollozo ahogado de su boca.

- Es por mí, por la persona que soy. Todo el amor que me dio no fue suficiente. Fueron mis despedidas abruptas, mis numerosas e infantiles cacerías, mis estúpidas venganzas... ¿cómo fue que me dijo? El hecho de que jamás le he dedicado más de un impulsivo pensamiento.

Las lágrimas corren ahora por sus ojos. Se las seca con rabia.

Sophia toma aire y lo suelta lentamente. Estira una mano y toma la suya suavemente. Casi puedo ver como realiza una oración al universo con sus ojos. Thalia tiene los ojos hinchados, la nariz roja y la cara inflamada, casi parece otra. Sin embargo, no son los signos del llanto lo que delatan todo aquello que no dice, sino sus ojos grises, que sin su brillo y vivacidad parecen los ojos de un fantasma.

- Al diablo con el amor, para eso tienes amigas.

Thalia y yo soltamos una gran carcajada. Ella nos regala una pequeña sonrisa. Y cuando guardamos silencio, algo parecido a la culpa resale en mi interior.

Yo ya mandé a la mierda al amor.

Cuando la pequeña y sorprendida risa de Thalia cesa, su rostro se vuelve a transformar, ella baja la cabeza, de manera que el cabello tapa su rostro.

- A un hombre se le llora por tres días y luego se le olvida – dice de improvisto- ahora déjenme llorar.

Se vuelve a esconder debajo de las cobijas sin decir más y se queda muy quieta. Sophia y yo intercambiamos una mirada y yo solo me atrevo a consentirle suavemente el cabello. Trato de pensar algo que decir, pero no se me ocurre nada.

- Estaremos aquí – es lo único que atino a pronunciar.

Sin quererlo, al escapar de James, terminé escuchando parte de su discusión con Cris. Sus palabras fueron frías y duras y Thalia, por primera vez, se comportó con fragilidad, e incluso, suplicante. Pidió, respondió, se justificó y trató de hacer promesas, pero él no cedió. No solo le dijo que había terminado con eso de ser su juguete, sino que además había conocido a alguien más. Con eso se fue, y la dejó hecha trizas.

Quisiera hacer más, pero hay momentos en los que uno necesita sentir el dolor solo. Este pensamiento trae de vuelta su rostro a mi mente.

¿Será que tomé la decisión equivocada?

Sacudo la cabeza. Ya está hecho.

Sophia sale de la habitación y yo me vuelvo a acostar, extrañando la seguridad de mi cama. Ya no puedo dormir, pero estiro mis músculos entumecidos y respiro profundo. Lo hago tres veces, como me lo enseñó ella y me preparo para lo peor.

Es momento de pensar.

Cuando Sophia vuelve, mis pensamientos han regresado a un callejón sin salida. Ella lo nota en mi rostro y se acerca a mi cama con la mano estirada.

-Come algo, tu cuerpo necesita alimentarse.

Yo le hago caso, pero a duras penas noto el sabor de lo que mastico. Me siento como flotando lejos de mi cuerpo y mi ser; como una desconocida.

- ¿Ya estás lista?

Yo miro sus ojos claros y vuelvo a respirar profundamente. Asiento y empiezo a hablar. En algún punto, Thalia se seca sus lágrimas y se sienta en mi cama. Ambas escuchan atentamente mi historia, mis excusas, mis sentimientos confusos hasta que llego a la noche de ayer. Hablo tanto que finalmente saco todo este caos de mi ser, todo lo que he estado guardando estos meses de amistad. Todas estas incomprensibles emociones que me han estado brotando.

Nadie dice nada cuando termino.

Ellas se miran y luego me miran a mí, al mismo tiempo, como si lo hubiesen ensayado. Thalia sacude la cabeza y puedo ver que está conteniendo las lágrimas otra vez. Sophia solo me mira con la boca abierta. Las dos suspiran.

- Oh, Lily...

Ninguna de las dos sabe qué decir.

- ¿Qué crees que pasará ahora? –pregunta Sophia, luego de un tiempo, mirándome fijamente.

-Yo... Todo será diferente ahora, supongo.

¿Diferente cómo?

- Ya es tarde para tus métodos deductivos, o como sea – dice Thalia, con voz ligeramente exasperada- si alguien hubiera sido honesto conmigo, tal vez hubiera actuado diferente.

- No hay peor ciego que el que no quiere ver.

Ella tensa su mandíbula.

- Yo te voy a decir que va a pasar: él no te perdonará que después de todo lo que han vivido, tú te hayas acobardado y no des un salto de fe. Lo que pudo ser será demasiado para él y no soportará tenerte cerca. Se alejará de ti, hará su vida y encontrará a alguien. Pero tú no podrás seguir porque siempre te preguntarás qué hubiera pasado, y cuando por fin estés dispuesta a intentarlo, te darás cuenta que destruiste algo maravilloso incluso antes de que comenzará.

Su voz se corta antes de terminar; se ahoga y sus ojos se inundan de nuevo. Ella se da la vuelta y se dirige a su cama, oculta su cara en su almohada y deja ir un sonido ahogado.

Sophia y yo intercambiamos una mirada triste y ella se acerca para susurrarme algo, con esa expresión que usa cuando me lee la mente.

- Lo entiendes, ¿no? No eres como Cris, más bien te pareces a ella.

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- Puedes pensarlo ahora, mañana o en dos meses y la única respuesta honesta a la que vas a llegar es la misma: eres una cobarde.

- Y una mujer de poca fe – completa Elanor.

Estamos en el lago, sentados a un extremo de aquella agua que hace un tiempo nos recibió, pero hoy se encuentra congelado, decorando de blanco al castillo. Dese donde estamos tenemos podemos ver perfectamente el otro extremo, donde tres merodeadores toman el poco sol que ha salido, sentados allí como si el universo les permaneciera.

Tal y como lo dijo, Thalia duró tres días sin ver la luz del sol y luego se arregló y salió del cuarto actuando como si no hubiera pasado nada; aunque su mirada cuenta una historia diferente.

A pesar de mis intenciones de mantener mis dudas lo más sepultadas posibles, lo cierto es que he terminado hablando de ello con más personas de las que pretendía; Michael, Alice, Frank, Hagrid y hasta Elanor han terminado discutiendo conmigo mi enorme confusión sentimental. Lo sorprendente es que solo esta última se puso de mi lado y no ha insistido en que lo intente con Potter. Aunque tampoco se ahorre algunos comentarios.

Yo sigo sin aclarar mi mente. Lo que siento es real, más real que cualquier otra cosa que haya sentido nunca. Parte de lo que mis amigos me han dicho también es cierto, pero yo sigo sin poder tomar una decisión al respecto; sigo sin ser valiente.

Mientras tanto, Sophia y Thalia parecen haber creado una reprochable alianza a su favor; porque de manera no muy sutil están todo el tiempo tratando de meterse en mi cabeza para que "vaya a confesar mi amor".

Lástima que conocer sus intenciones no me haga inmune a ellas.

Aún más cuando Christine ha aprovechado nuestras diferencias para acercarse más y más a él.

Arpía.

Yo niego con la cabeza. Ese es un pensamiento estúpido y falto de razón. Es una buena chica y que Potter no esté en este momento con sus amigos no implica que esté con ella.

- Dime algo, Lily –comienza Sophia- ¿Prefieres que sus atléticos y sensuales brazos rodeen tu cintura o la de ella?

Es imposible no imaginar lo que ella pregunta, y mi estómago se hace un nudo. Yo trato de fingir indiferencia.

- ¿Qué pasó con a la mierda el amor, para eso tienes amigas?

- Eso no aplica para quienes lo tienen al alcance de la mano – replica.

Yo suspiro. Del otro lado del lago, James acaba de llegar para reunirse con los demás merodeadores. Detrás de él, se encuentra Christine y se sienta de frente a él.

¿Acaso se cree Veelapara sentarse al lado de ellos?

Yo aparto la mirada hacia mis manos y resoplo.

- Oh, mira, llegó James en compañía de esa chica –dice Thalia con fingida inocencia- Se nota que es alguien que sabe lo que quiere.

Ahora solo hay intención en su voz. Las dos me observan y puedo sentir la malicia en su mirada.

Ahí vienen de nuevo...

- ¿Quién es esa chica? –escucho a otra voz femenina.

Aparto la mirada de los merodeadores y me encuentro con Alice y Frank, abrazados y mirándome con curiosidad.

- ¿Quién? –pregunto inocentemente, deseando que estén hablando de alguien más.

- La que está con James.

¿Por qué no me traga la tierra de una vez?

- ¿Quieren sentarse?

La pregunta la hace Sophia, y por su aparentemente tranquila voz, sé que se trae algo entre manos. También sé que será. Más tortura psicológica. Ellos se miran y se sientan a un lado. Hay cierto aire de complicidad y expectativa alrededor de nosotros. Thalia sonríe.

- Su nombre es Cordelia y...

- Christine, se llama Christine.

- Eso, y creemos que está pretendiendo al capitán de Gryffindor aprovechando el desaire de cierta pelirroja.

Alice suelta una expresión de sorpresa un poco más exagerada de lo esperado y mira a Frank.

- ¿No es ella...

Él asiente.

¿Ella qué? ¿A qué se refieren? Yo los miro llena de ansiedad pero no me atrevo a hacer la pregunta. Afortunadamente, Thalia la hace por mí.

- Hace unos días escuchamos una conversación en los baños...

- ¿Escucharon? –interrumpo sin darme cuenta para luego darme una bofetada mental.

- Escuché –se corrige Frank ligeramente ruborizado- Creo que eran Black y Pettigrew, hablaban de James y lo desesperante que era, en sus palabras, "esa pelirroja mentirosa". Y entonces, Pettigrew dijo que tal vez sería mejor para él que te olvidara y tratara de aceptar a Christine, que claramente estaba loca por él.

Mi corazón se detiene y el aire se congela en mi garganta.

- Entonces Black aseguró que tal vez lo considerara, ya que por más estúpido que fuera, ni James se quedaría llorándola toda la vida cuando alguien más le ofrece cariño sin restricciones.

No. No puede ser.

¿Será posible que James... No, no, no.

Se hace un silencio inesperado. Todos mis pensamientos parecen haber entrado en modo de emergencia, pues corren en todas las direcciones sin sentido ni orden; mi mirada se clava en el lago, para no tener la oportunidad de leer el rostro de quienes me rodean. Me siento temblar, y no es por el frío. Alice hace la pregunta que tanto miedo me causa.

- ¿Será cierto? ¿Podría James tratar de "sacar un clavo con otro clavo"?

- El dolor hace que las personas tomen decisiones extremas –responde Sophia.

- Y si la prefecta lo rechazó, seguro que siente que no tiene nada que perder –interviene Elanor por primera vez en mucho tiempo.

Yo la miro como si me hubiese traicionado. "Pensé que estabas de mí lado", pienso. Ella se encoje de hombros, diciéndome "solo digo la verdad".

- Sentirse amado es muy tentador –finaliza Sophia con voz triste.

Un vacío se instala en mi estómago y quisiera salir corriendo para poder pensar y sacudirme esta pegajosa y fría sensación de encima. Todo lo que dicen tiene sentido. Eso es lo que haría cualquier persona cuando definitivamente pierde las esperanzas.

Es lo que quería, ¿no? ¿Entonces por qué tengo tanto miedo?

- ¿Qué les parece si hacemos una prueba? –pregunta Thalia de improvisto.

- ¿Qué sugieres? –pregunta Elanor con una sonrisa traviesa.

Al parecer eso es mucho más entretenido que mi vida amorosa.

¿Qué vida amorosa?

.- Solo un pequeño susto para ver si se comporta como un caballero andante.

- Eso no tiene ningún sentido – le espeto.

- Claro que sí –sonríe- Ella solo saltará a sus brazos y él puede protegerla y sacársela de encima o ser cariñoso y cuidadoso con ella. ¿Qué más pruebas necesitaremos?

Debe estar bromeando. ¿Dónde está el sentido y la lógica de esto? Todos los demás, menos Sophia, dibujan una pequeña sonrisa en su rostro.

- No vamos a...

- Me uno – dice Alice.

- Si deja de ser un merodeador desinteresado, saldremos de dudas –resalta Elanor.

No, por favor, no. No quiero saberlo.

Frank se encoge de hombros.

- Me niego a hacer parte de esta estupidez – declaro.

- Si no quieres ver, vete, porque ya lo decidimos – sentencia Thalia, levantando su varita.

Quisiera pararme e irme, escapar antes de que pase algo, pero soy incapaz de moverme. La curiosidad gana. Thalia lo piensa un momento, mirando al horizonte y a nuestro alrededor, intercambia una mirada con Elanor y sonríe. Apunta a una piedra que hay a nuestra izquierda y agita suavemente, casi como si estuviera pintando con ella, la varita. La piedra se transforma en una enorme serpiente, tan gruesa como una pierna y más larga de lo que jamás había visto.

La piel se me pone de gallina y me quedo paralizada del miedo que me da verla. Nadie dice nada, excepto Elanor, que suelta una pequeña risa encantada, cargada de diversión, mientras el réptil se camufla entre la vegetación congelada y comienza a deslizarse entre los estudiantes, siguiendo las instrucciones de la varita de mi amiga. Nadie es capaz de mover un músculo.

- ¿Estás segura de que no es peligrosa? –pregunta Frank.

La serpiente es rápida, ya se encuentra a medio camino.

- No es venenosa, solo come mamíferos pequeños.

- ¿Entonces no hay ningún riesgo?

El animal da un rodeo al llegar finalmente al lugar donde ellos se encuentran, buscando la mejor posición para atacar.

- El único riesgo es romper el corazón de la pelirroja – susurra Elanor.

- No sean gallinas –concluye Thalia.

Yo recupero la respiración y encuentro mi voz.

- ¿Estás loca? Transforma en piedra a esa cosa ya mismo. ¡Podríamos causar grandes problemas!

Ella me ignora. Mi corazón late con fuerza y siento todos mis músculos tensarse. Soy incapaz de reaccionar y hacer la transformación yo misma, aunque todo mi cerebro me grita que lo haga. Esto es estúpido, sin sentido, absurdo e infantil, pero quiero ver qué pasa.

Al echar un vistazo a mi alrededor, me doy cuenta de que a todos nos pasa lo mismo. Sabemos lo fútil de este plan, pero el enorme reptil nos tiene hechizados, y a pesar de que a esta distancia no podemos verlo, intuimos su presencia sigilosa, cada vez más cerca de ellos. Se hace un profundo silencio que me permite escuchar mi respiración nerviosa mientras que los ojos de Thalia miran resplandecientes su obra.

La serpiente se eleva casi medio metro del suelo y abre la mandíbula en señal amenazante, justo detrás de Christine, quien todavía no repara en su presencia. Pero James sí lo hace. Entra en posición de alerta y puedo imaginar como abre sus ojos al verla elevarse. Lentamente, rebusca en su túnica su varita y de la misma forma, levanta su otra mano hacia Christine, ofreciéndosela con cuidado. Los demás merodeadores giran a verla con gran alarma. Veo a Christine tensionarse y puedo imaginar como el miedo la paraliza. Los cuatro merodeadores, Christine y la serpiente se quedan inmóviles por un instante.

Lo que sigue pasa demasiado rápido. James y Sirius intercambian una mirada. La serpiente percibe el peligro y se prepara para atacar, al mismo tiempo en que James toma a Christine, la jala hacia él y la protege con su cuerpo. La fuerza del movimiento los hace caer. Cuando el animal finalmente se lanza para atacar, Sirius es quien agita la varita.

De nuevo, todos se quedan quietos.

La serpiente se convierte en polvo. Sirius abre la boca con una gran sorpresa y casi puedo escuchar el chillido que Peter suelta. Desde mi orilla del lado, todos respiran profundamente; menos yo.

James ha caído sobre Christine y solo cuando Remus da aviso de seguridad, se mueve. Se incorpora lentamente y le ofrece una mano. Se miran un instante a los ojos y él la toma de los hombros y le dice algo, pero ella está tan asustada que parece no ser capaz de responder. Entonces lo abraza y esconde su cara en su hombro. Él rodea su cuerpo con sus brazos.

- Avis –conjuro, agitando violentamente mi varita.

Una bandada de aves cae del árbol enloquecida y rodea a James y Christine, quienes se separan bruscamente y se encuentran tan sorprendidos, que no hacen más que tratar de proteger su cara y correr. Las aves también atacan a Sirius y a Peter con más agresividad de la que se puede esperar de un pequeño animal. Todos parecen haber perdido el control.

Yo me doy la vuelta y me retiro del lugar dejando a todos boca abiertos. Ya vi suficiente.


Buenas noches a todos!

Sé que no tengo excusas después de tantos meses. Pero como lo he prometido, seguiré escribiendo los capítulos hasta terminar con la historia, así me tomen otros meses más. Por el momento les entrego la primera parte de este capítulo, que por espacio decidí dividir en dos. El próximo lo subiré la próxima semana. Muchas gracias a todos aquellos que aún me leen a pesar de que ha pasado tanto tiempo y espero que este capítulo (y sus dos partes) pueda compensar esta larga espera.

¡Un abrazo!