Dragon Ball no me pertenece. Es obra original de Akira Toriyama. No obtengo absolutamente nada con este escrito, sólo la satisfacción de que la gente lo lea.


Batalla final

Había llegado el momento de partir. Las ultimas semanas en aquella dimensión no había hecho gran cosa, simplemente descansar para la vuelta a mi planeta natal. Decidí comprar algunas cosillas, ya que me explicó Dende que cuando volviera a mi mundo todo se convertiría de nuevo en lo que era, y las cosas de ese mundo se mimetizarían con la dimensión en cuestión, eso significaba que yo volvería a mi antiguo aspecto y todo lo de aquí se camuflaría como cualquier objeto terrestre. No se como me sentiré al verme nuevamente en mi antiguo yo.

Aquel día todos fueron a despedirme, entre ellos Gohan, Chichi, Vegeta, Bulma, Ten-Shin-Han, Yamcha, Krillin, etc... Por supuesto a excepción de Piccolo, como era de esperarse. Y la verdad que mejor así, no sería capaz de verle a la cara ahora mismo. Al final todos se acercaron a mi y me llenaron de besos y abrazos.

Finalmente Dende me pidió que cerrara los ojos y tratara de no pensar en nada. Traté de concentrarme y relajarme cuando de repente sentí un ligero mareo, y de repente, en menos de dos minutos volví a sentirme como hace años, sentí el cuerpo aún más pesado y la sensación de otro ambiente, justo como aquella vez pero a la inversa. Abrí lentamente los ojos y me di cuenta que estaba parada en mi antiguo apartamento. Pareciera ser que lo tenían en obras ya que afortunadamente no había nadie. Lo primero que quise hacer fue ir a mirarme rápidamente al espejo. Efectivamente, todo había vuelto a ser como antes. La única diferencia es que llevaba el mismo atuendo que traía en el Templo Sagrado y aún conservaba puesto el anillo que Piccolo me había dado, lo que me podía corroborar que todo aquello no fue solo un sueño.

Decidí probar mis habilidades en este planeta, y efectivamente, era capaz de moverme igual que en aquella dimensión, lo extraño fue verme volar encima de mi antigua ciudad. Tenía miedo de llamar la atención, así que bajé de nuevo al suelo, y decidí tomar el metro, me moría por ver de nuevo a mis padres, afortunadamente aún tenía algo de dinero en la cartera, por lo que pude ir a su casa sin problemas y sin llamar la atención.

Aquel reencuentro fue algo escabroso, mis padres se quedaron pálidos al verme, habían asumido que había muerto y más tarde supe que hasta me habían hecho hasta un funeral. Sin embargo, una vez pasado el shock se lanzaron a mis brazos llorando como locos, yo no pude evitar sentir lo mismo y llorar a la par que ellos.

Después de aquel intenso reencuentro les conté acerca de lo que había vivido (claro, omitiendo que se trataba del mundo de Dragon Ball, por supuesto, creo que hubiese acabado en un manicomio si les hubiese contado eso... ) Al principio les costó creerme pero al verme poder levitar por los aires (a parte de casi sufrir un paro cardíaco), por fin entendieron que todo lo que yo decía era cierto.

Esas semanas me la pasé pegada a mis padres sin salir de casa, no quería espantar a nadie y la verdad, no tenía ganas de ver a nadie. Cada vez que me sentía mal miraba mi pequeño anillo, aunque todo haya acabado entre Piccolo y yo, no podía evitar recordar los buenos momentos que tuve a su lado. Me la pasé esos meses mirando una y otra vez mis DVDs originales de Dragon Ball Z, no podía olvidarme de él, y me daba curiosidad ver como había cambiado a Piccolo, el de la pantalla al real había evolucionado de una manera muy diferente. Se me hacía extraño verlo todo ahora en una caricatura, como si hubiese sido todo un sueño.

Pasaron las semanas y la fecha que me habían dicho finalmente llegó. Tenía mucho miedo de lo que fuera a ocurrir, y tenia mis dudas en si en verdad podría aniquilar a aquel demonio. Mis padres me desearon mucha suerte, aunque preocupados, ya habían entendido que esto era algo que debía pasar y que era crucial para la supervivencia de la raza humana.

Volé hacia el centro de la ciudad, donde sentí una energía negativa. Lo primero que vi fue como unas extrañas manchas negras brotaban del pavimento, absorbiendo a varios humanos a su paso. No tardé en identificar el Ki del malo en cuestión, que al verle vi que no era humano, ni tenía apariencia humana, era algo que no sabría describir. En fin, no lo pensé ni un segundo y ataqué con un Makkankosappo directamente, haciéndome visible para todos los allí presentes.

La batalla no fue muy larga. Pero tampoco creo que quieran oír tecnicismos ni grandes detalles de aquella batalla ni nada, con decirles que salí vencedora creo que es más que suficiente, el arduo entrenamiento que me dio Piccolo me hizo estar en un nivel superior al de aquel demonio. De no haber sido por mi entrenamiento, aquella mancha habría cubierto el planeta, y habría absorbido a todos los humanos y habría convertido la Tierra en un planeta oscuro y sin vida. La verdad, nadie esperaba que alguien de mi nivel estuviese allí. El poder detectar el ki, el poder levitar y lanzar bolas de energía me hizo triunfar en aquella batalla. El demonio en cuestión era más o menos del nivel de Raditz, me sentía como si en Dragon Ball hubiese aparecido Freezer en la saga de Boo, para que me entiendan.

Me sentí poderosa y capaz de defender a mi planeta, es una sensación bastante extraña, pero me hacía sentirme bien conmigo misma. Recibí halagos por doquier y hasta un premio me dieron. Mis antiguos amigos se sorprendieron de mi vuelta. Lo más extraño fue que de repente fui popular en aquel mundo que tanto aborrecía. Aunque siendo francos, hubiese preferido volver al universo donde entrené, ya que la falsedad de toda esa gente me estaba matando. A mi me hubiesen dado ganas de dejarlos a su suerte, en cierto modo merecían aquel apocalípsis, que, para mi nivel, al final era una pelea tan sencilla como pelear con un matón de un colegio.

Me quedé nuevamente en casa de mis padres, no tenía ganas de independizarme nuevamente, cuando estaba sola me deprimía acordarme de mi pasado con aquel namekiano. Esperaba que el tiempo curase aquellas heridas, pero la verdad, pasaban los meses y no podía olvidar a ese maldito. Es mas, tuve bastantes pretendientes en esos meses, pero no me veía capaz aun de salir con nadie. Siento que había empezado a amargarme un poco.

Cuando llevaba ya siete meses allí, algo extraño empezó a suceder, mi anillo por alguna razón empezaba a brillar fuertemente de manera esporádica. Y si hubiese continuado así no haría habido problema, lo malo es que de repente empezaba a brillar mucho más continuamente. No podía ir por la calle sin dejar a alguien ciego con aquella luz tan intensa. Aunque lo peor no fue eso, si no que al parece ser que el anillo me estaba transformando, empecé poco a poco a verme nuevamente con mi apariencia de aquella dimensión, nuevamente se me empezaban a caer trozos de piel, al principio traté de disimularlo pegando aquellos trozos con cinta (si se que es ridículo, pero no se me ocurría nada mas). Mis padres estaban bastante asustados con ese extraño cambio, ya que no paraba de agrietarme en últimos días, parecía como si estuviese hecha de tierra seca. Hasta que un día, a la hora de la comida, toda mi piel se empezó a caer junto con mi cabello, mis padres pegaron el grito en el cielo, solo veían una tenue luz, aunque de repente, la luz cesó, y por alguna razón estaba en mi apariencia de anime, ¡Frente a mis padres!

Continuará...