CAPÍTULO 36: DESPEDIDAS. LIBRES COMO AVES.
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2 días más tarde
(Voz de Ann)
"¿Terminas?" Me pregunta Roberto suavemente.
"Dame unos minutos." Le pido.
Ya hace 2 días desde que firmamos la paz con el maestro Marco.
Nadie más sabe qué pasó después, cuando desaparecí un par de horas. Solo saben que me fui a dar una vuelta y luego volví tal y como había salido.
Apenas hace una semana, tal vez un poco más, desde que llegamos allí. Y para mí parece como que hubieran pasado años.
Han pasado tantas cosas que aún me parece todo demasiado irreal, como si de un momento a otro fuera a despertarme y ver que nada ha pasado.
Pero ha pasado.
Una guerra.
Los maestros muertos.
Compañeros lobos muertos.
La maldita guerra ha dejado heridas en todos. Y aunque Monique ha curado todas las heridas físicas, hay heridas que aún están curando.
Marco tardará un tiempo en poder superar que Aro matara a la mujer que él amaba.
Yo tardaré un tiempo en superar el dolor que aún me causa pensar en mi vida desde que me estanqué y me encontró Demetri. El amor que tenía por Félix… el mismo Felix que ahora engrosa las cenizas de los cadáveres de ambos bandos.
El olor de la pira que se elevó con los cadáveres por ambos bandos aún impregna la ropa que llevamos.
El sabor de la sangre de vampiros proveniente de los trozos que les arranqué a picotazos, los ojos que les saqué con el pico… aún está presente en mi boca. Y eso es algo que por mucho que haya comido y bebido sigue estando ahí.
"Eh, pequeña." Me dice Aidan pasándome el brazo por los hombros para apoyar su cabeza en mi hombro desde atrás. "¿Todo bien?"
"No lo sé." Niego suavemente. "Es… llevo tanto tiempo enjaulada que aún no puedo creerme que por fin tenga las riendas de mi propia vida. Es… me da tanto miedo no saber qué hacer, que nada sea como lo he imaginado…"
"Pero mira que llegas a ser tonta." Me dice mezclándome el pelo corto que llevo de punta con cera. "Por fin eres libre, boba. Puedes ir donde te lleve el viento, literalmente."
"A ver, enana, dame lo que quieras llevarte y vámonos." Me dice Eduardo. "Tenemos que correr hasta la costa. Tengo mi velero en una isla deshabitada, nos va a costar llevar todo por mar."
Tan pronto como salgo, veo que los lobos también están recogiendo todo para irse, y cuando mi mirada se cruza con la de Seth… mi corazón se para.
"Id yendo." Les digo. "Enseguida os alcanzo."
"¿Estás tonta?" Me pregunta Aidan. "Eres una semi, como yo."
"Ya, pero yo puedo volar." Les digo. "Enseguida os cojo, de verdad."
"No tardes, o perderás el rastro." Me dice Roberto para que ambos se conviertan en centellas.
Con cuidado, me acerco un poco al grupo de lobos, y cuando los amigos de Seth me ven y hacen ademán de venir, sus mayores les cogen y tiran de ellos mientras Jacob le dice algo susurrando y se los llevan para dejar que Seth venga hacia mí.
"Lo siento, solo quería despedirme." Le digo suavemente frotándome la nuca. "Creo que he vuelto a molestar."
"Nah, no te preocupes." Me dice sonriendo. "No era nada importante. Solo repasábamos cómo vamos a volver. Ya sabes, podemos volver corriendo en forma humana, como lobos por el bosque… o cogernos autobuses."
Aunque le veo sonreír, me duele un poco. Es raro, pero sé exactamente que está triste. Su sonrisa era una sonrisa, no cabía duda, pero en el poco tiempo que había vivido con ellos me había aprendido de memoria todas sus sonrisas, y esa no era para nada la de felicidad.
"Ah, yo a estos les he dicho que les pillo luego." Afirmo. "Si voy volando es en línea recta y ahorro mucho tiempo."
Un pequeño silencio tenso.
"Se me va a hacer raro ir a la playa y no poder entrar a saludarte." Me dice sonriéndo tristemente.
"Seth, es… por qué no te vienes." Le digo. "No vas a tener que gastarte nada, Roberto nos lleva por agua, y las ciudades que visitemos donde hay alguien de la red tendremos techo gratis. Además, tengo algo de dinero ahorrado, puedo…"
"No insistas." Me dice cogiéndome las manos para frotármelas y besarme los nudillos sonriendo. "Si no al final voy a acabar rindiéndome. Y en casa me necesitan. ¿Me mandarás postales de cada sitio que visites?"
"Claro." Asiento. "Ya verás, vas a tener que quitar los poster de tu habitación para pegar las postales."
Me dolía mucho más de lo que pensaba.
Cuando había pensado qué hacer con mi vida, Seth había estado ahí; en mi cabeza, vale, pero a mi lado en mis planes.
Y ahora que resultaba que no venía… algo dentro de mí dolía y mucho más de lo que pensaba. Porque volvían a abandonarme.
"Seth, es… por favor, necesito que vengas." Le pido. "No sé por qué, pero… te voy a echar de menos."
Vale, había sido una cobardía por mi parte decirle solo que le iba a echar de menos y no decirle que necesitaba que viniera conmigo aunque no sabía por qué lo necesitaba.
"Yo también a ti." Me dice suavemente.
Esto está siendo más tenso de lo que pensaba. Así que cierro los ojos y cojo aire antes de abrirlos y hacer la mayor estupidez del mundo.
Le cojo con cuidado de las solapas y me pego a él para besarlo con los ojos cerrados para prolongarlo un poco y parar para separarme lentamente.
"Cuídate." Le pido antes de echar a correr y saltar por el cortado para convertirme y evitar as lo peor de mí: una Nanuk desestabilizada emocionalmente, la niña perdida, desorientada y totalmente dividida entre lo que siempre había soñado, viajar libremente y ver todos los lugares más bonitos del mundo y el atarme de nuevo a un sitio y quedarme para ver la misma sonrisa todos los días.
Por suerte, pronto veo unas sombras moviéndose como centellas hacia todas las direcciones. Cuando fijo mi vista voy viendo a todos mis amigos lléndose hacia las salidas que habían previsto para volver a sus vidas. Curados gracias a Monique y los dos días de tiempo entre curas.
Y entonces, vuelvo a alegrarme un poco.
Sí, he perdido todo lo que siempre había pensado que tendría; pero a cambio, he descubierto que tengo unos amigos mucho más leales que si fuésemos un clan. Cada uno viviendo a nuestra manera y en un lugar del mundo diferente. Americanos, rusos, irlandeses, ingleses, italianos, suizos, occidentales viviendo en japón… todos de diferente padre, pero todos tan unidos que cuando alguien amenazaba la vida de uno de nosotros, todos venían. Que cuando les decía que huyeran para salvar su culo cuando veía que el plantar cara era un suicidio, incluso hasta la rata cobarde y traicionera de Aidan que nunca hacía nada que supusiera arriesgar su pellejo y su tapadera escondiéndose entre humanos dado que como yo era un mestizo de vampiro y humana, incluso él levantaba la cabeza y decía que estaba a mi lado, hasta el final.
Tenía una persona que me quería tanto que no dudaba en venir a mi lado y seguir con mis planes, por muy suicidas que parecieran. Y no solo eso sino que me apoyaba, hiciera lo que hiciera y hasta convencía a sus amigos para que apoyaran mi cruzada.
Entonces localizo a Roberto y Aidan y bajo en picado a un kilómetro de ellos y me pongo rápidamente la ropa que había llevado en el pico para saltar al suelo y ponerme a correr hasta alcanzarles por el costado.
"Ya pensábamos que no venías." Me dice Aidan con ironía.
"¿Estás bien?" Me pregunta Roberto saltando sobre ambos en una pirueta lateral para ponérseme al otro lado.
"Se me pasará, no os preocupéis." Afirmo forzándome para sonreírle. "¿Dónde atracaste el barco?"
"Está un poco lejos de la costa, vine caminando bajo el agua." Me dice. "Se me ha ocurrido que tal vez podríais quedaros un día en la costa y yo os recojo en un puerto."
"O podríamos meter todo en una sábana y yo lo llevo volando mientras vosotros camináis bajo el agua." Le digo con ironía.
"Ya verás, tengo un par de motos de agua en lugar de todo barcas." Me dice. "Apuesto a que nunca has montado en una."
"No, pero me muerdo de ganas de probar." Afirmo.
Iba a ser difícil, pero sabía que si me quedaba, pasaría toda mi vida lamentando haber dejado pasar esta oportunidad. Además, necesitaba aclarar mis sentimientos. Si de verdad sentía algo hacia Seth, lo justo sería que echara hasta el último poso de sentimiento que quedara hacia Felix. Y entonces, si lo que sentía por Seth era de verdad, haría lo que fuera necesario, volvería a su lado, me lo llevaría donde fuera, pero no dejaría de decirle lo que sintiera.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Seth)
"Eh, empanado." Me dice Leah dándome un coscorrón. "¿Dónde coño te has metido? Hay que moverse ya."
"Seth." Me llama Jake. "¿Estás seguro que esto es lo que quieres?"
"Sí." Asiento suavemente.
Sabía que iba a ser duro, pero no podía retenerla. No después de todo el mal que había pasado toda su vida.
Y tampoco podía seguirla.
Ella pagaría todo lo que yo necesitara, ya me lo había dicho. Y sería genial estar con ella para siempre, seguirla a donde hiciera falta.
Pero luego comenzaría a sentirme un mantenido, una carga para ella.
Y encima había dicho que iba a visitar muchos conocidos, aunque fueran de la red, eran vampiros. ¿Qué pintaba yo entre vampiros que me consideraban la mascota de Ann? Nada.
"Estaré bien." Asiento forzándome a sonreír para llevarme otro capón de mi hermana.
"No te hagas el duro." Me dice mientras nos vamos convirtiéndonos en lobos.
"Seth." Me dice Jacob mientras oigo muchas voces apoyándome moralmente. "Esa mestiza es tu impronta, aunque se haya ido, nosotros vamos a estar aquí, y sé exactamente lo que se siente cuando la quieres con cada fibra de tu ser a una mujer y esta se va."
"Anda, calla asaltacunas que lo tuyo es una niña aún." Le digo divertido. "Gracias por intentar animarme."
Era cierto.
Lo que sentía por Ann era de verdad.
Y no estaba solo. Jacob vivía separado de su impronta también. Quil estaba imprentado de una niña que ahora tenía 6 años, le quedaba mucho tiempo hasta que pudiera sentir por ella lo que yo sentía por Ann, y a Jake y a mí que estábamos con mestizas, ya casi estábamos.
Y bueno, qué narices, al menos yo estaba imprentado de una mujer ya adulta y mitad vampiro, mitad… cuervo.
"Eh, enano." Me dice Paul. "Corre con más ganas."
"Correr ayuda mucho cuando te sientes de bajón." Afirma Leah.
Mierda, tenía una manada en la que todos nos preocupábamos por el resto. El problema de uno era el de todos, y no solo porque compartiéramos mente en esta forma, sino porque éramos amigos. Con nuestro más y nuestros menos.
Estaría bien, Ann me escribiría y me mandaría postales de todos los sitios que visitara. Iba a ver mundo a través de las postales que me mandara. Y bueno, si al final resultaba que teníamos que estar separados… pues lo estaría, sin problema. Me apoyaría en mi familia y amigos para lo que fuera.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Roberto)
"Eh, qué haces en la cubierta." Le pregunto a Ann cuando subo al velero tras haber ido andando bajo el agua con Aidan que se había entretenido un poco cazando un tiburón por el camino.
"Ah, nada." Me dice intentando ocultar que está triste, y tampoco hace falta ser un genio para saber por qué. "Es que no tenía claro del todo que fuese este tu barco, no quería que los dueños llamaran a la policía."
"Bueno, hay pocos patrones que pongan a su barco 'Novia errante' ¿no crees?" Le digo bromeando.
"Sí, supongo." Afirma sonriendo dándose cuenta de lo que le digo mientras oímos el ruido que indica que el maldito irlandés ha llegado por fin.
"Eh, Aidan, haz el favor de tener cuidado." Le pido. "Esto es un barco de los buenos, no una cuadra como a lo que estés acostumbrado."
"Esto es un maldito cascarón, así que no presumas tanto." Me dice con ironía.
"Chicos… vamos a estar mucho tiempo aquí dentro los tres." Nos dice Ann. "Creo que sería hora de ir aprendiendo a llevarlo o cuando pasemos días aquí encerrados nos vamos a volver locos."
"Hay un par de camarotes, uno es el mío, así que…"
"Aidan, quédate con el otro." Le dice Ann. "A no ser que llueva yo prefiero dormir fuera. Es… no creo que duerma demasiado, y prefiero ver el cielo."
"En realidad yo también suelo pasar la noche en cubierta." Le digo. "Soy un completo, nunca duermo. Lo de tener mi propio camarote es más bien por romanticismo. A veces me gusta echarme en la cama y cerrar los ojos para recordar los tiempos que yo era el terror de los mares."
"Eh, se acabó lo de mirar atrás." Afirma Ann levantando las manos arriba. "¡Chicos! Vamos a viajar por el mundo entero. Vamos a recorrer los mares y los océanos en un navío, vamos visitar las grandes capitales, a perdernos por sitios inexplorados… ¡deberíamos estar todos felices de ser libres de nuevo!"
"Qué narices." Dice Aidan. "Vamos a mover esta cáscara de nuez y a quemar la noche en las mejores ciudades del mundo."
"Roberto." Me llama Ann sonriéndo suavemente.
"Arrasa con lo que veas." Le digo estirando la mano.
"Y generoso no veas." Afirma ella poniendo su mano mi antebrazo a modo de saludo.
"Qué coño." Afirma el irlandés poniendo su mano sobre nuestros antebrazos. "No entiendo de qué va todo esto de decir siempre lo mismo, pero sea lo que sea me uno."
Risas.
De pronto, el sonido de la risa de Ann me alivia un poco el peso del pecho y la miro para suspirar sonriéndo.
Esta chica es lo mejor que me ha pasado en la vida.
Soy un pirata, mi vida ha estado llena de pérdidas y tesoros. Siempre persiguiendo un tesoro, y cuando lo alcanzaba, a por otro.
Pero sin duda, acababa de darme cuenta que me había pasado la vida entera persiguiendo quimeras y sueños cuando el mayor tesoro acababa de encontrarlo sin haberlo buscado nunca.
Mi mayor tesoro era haber encontrado a aquella chica en uno de mis viajes, cuando había ido a Italia buscando el famoso tesoro de los Vulturi.
Ann me había dado el mayor tesoro que podía existir: amigos.
Ann había comenzado la maldita red en internet, poco a poco había ido creciendo con gente a la que conocia o conocíamos alguien de la red. Hasta tener hoy en día casi 12 vampiros solitarios, 3 o 4 comunas y varios 'sombras' que rara vez escribían nada aunque parecían usar la red para estar al día de todo lo que pasaba.
Ícaro era el encargado de llevar la página, controles anti-hakkers, ocultación al mundo humano y a otros vampiros que no estuvieran invitados... Todo eso eran juegos para él.
Pero sin duda, quien era el dueño indiscutible del sitio, quien dictaba o aprovaba las normas y sin quien todo aquello no hubiera sido posible, esa era Ann.
Ann nos habia unido. Sin ella no hubiera existido nunca toda esa maldita alianza entre vampiros y algún mestizo.
"Sabes qué." Me dice Ann mientras comenzamos a navegar y estamos los tres en la cubierta. "Se me ha ocurrido que igual que nosotros dos somos mestizos y no sabemos quién nos engendró, también habrá otros como nosotros."
"Es posible." Afirma Aidan.
"Más que posible, bastante probable." Afirmo. "Pero no sabemos nada, podría ser cualquiera. Físicamente no os diferenciáis tanto de los humanos, y muchos podéis pasar también por vampiros."
"Ya, pero... Hace tiempo oí a los maestros hablar de un tal Johanes." Nos dice Ann mirando la tierra alejarse por el horizonte tras el barco. "Por lo que se ve hizo experimentos sobre crear mestizos. Sacaron esa información de los Cullen que conocían a uno de esos experimentos en América."
"Entonces... Es cierto." Digo asombrado de esos datos. "Esa niña y tú no sois las únicas."
"Yo también soy uno de esos frutos prohibidos." Me dice Aidan con ironía. "Pero preciosa, no sabemos nada. Podria ser cualquiera. Podrian estar escondidos en cualqueir lado."
"Ya, por eso sera una aventura perfecta." Le dice sonriéndonos y pasando la vista de uno al otro. "Queremos ver mundo. Bueno, pues hagámoslo y busquemos a mas mestizos, como nosotros."
"Me parece una tontería, sinceramente." Afirma Aidan.
"Aidan, piénsalo un poco." Le dice ella. "Piensa cómo te sentiste tú cuando te enteraste de qué eras. Estén donde esten, muchos podrían sentirse solos y tal vez desorientados."
"Yo no me siento solo." Le dice.
"Tú vives entre humanos." Le contesta ella. "Tu don te hace mezclarte bien con ellos. Por eso no estás solo, pero me has dicho más de una vez que a veces te sientes solo. Porque ellos no son como tú. Con Sean, que tampoco es como tú exactamente. Yo misma me he sentido sola mientras estaba en Volterra. Si, estaban mis amigos humanos, y estaba Felix. Pero en el fondo, siempre he sabido que no era como los humanos ni tampoco como los Vulturis, y eso me hacía sentir terriblemente sola."
Podía entender perfectamente como se sentía.
Cuando eras el último pirata vivo, cuando el resto de piratas eran humanos y tú no, aunque vivías haciéndote pasar por uno de ellos en parte, en el fondo siempre estabas solo.
Y al final, llegaba un momento en que el alcohol no te llenaba algunas noches, las bellezas te parecían normales y las aventuras más arriesgadas no te llenaban. Y entonces era cuando mas solo te sentías.
Pero entonces, justo cuando valoraba inciar una pelea que acabara con mi vida, robarles a los vampiros más fuertes que existían y conseguir que me mataran dado que nunca nadie habia salido vivo de intentar tomarles el pelo de esa forma, la habia conocido a ella.
La había sentido incluso antes de localizarla.
Estaba sentada en una barandilla, bien oculta a la vista de los viandantes y viendo cómo la gente vivía su vida mientras ella observaba feliz desde un punto fuera del resto de gente.
"¿Por qué intentas forzar la ventana?" Me habia preguntado delatándose. "La puerta está en la plaza."
Por aquel entonces, ella tenía solo 8 años cronológicos.
Tan pronto como habia visto el emblema de la familia bordado en su ropa me habia sorprendido, porque ella no parecía para nada uno de los diablos que todo el mundo decían que eran los integrantes de ese clan.
"¿Eres una Vulturis?" Le habia preguntado.
"Sí, pero no te preocupes, no te haré nada." Me había dicho sonriéndo. "Me pareces interesante. Me bastará con que prometas que no intentarás robar a los maestros. No te delataré, no te preocupes."
En ese momento me habia parecido la chica más rara que había conocido nunca. Parecia adulta, pero en el fondo su mirada era la de una niña. Aunque era muy pero que muy lista.
"Vamos a dar una vuelta." Me habia dicho tras mirar atrás para sonreírme y salir del balcón para saltar y parar ante mi. "La ciudad esta de fiesta. Y los maestros no me echarán de menos si falto un par de horas. He oído que hay un sitio nuevo que es genial. Y es carnaval. Vamos, cogeremos unas mascaras por el camino."
Ese día me habia dado cuenta que no toda la gente de un clan era lo que se decía de este.
Ann habia tirado de mi manga divertida para hacerme seguirla. Nos había conseguido dos antifaces que nos cubrían media cara y me había llevado tirando de mi manga por media ciudad, viendo celebraciones aquí y allí. Haciéndome disfrutar entre humanos hasta que habiamos llegado a la plaza donde estaba la entrada frontal al palacio de sus maestros.
"Gracias por acompañarme por las fiestas." Me había dicho. "Y tranquilo, no diré nada a nadie. Si te quedas por aquí, tal vez podríamos volver a vernos otro día. El resto no me echan demasiado de menos."
"No soy de por aquí." Le habia dicho.
"Oh... Qué pena... Todos los vampiros interesantes que conozco nunca sois de por aquí... Ya se, dejame tu brazo." Había afirmado para cogérmelo sin dejarme negarme siquiera y para escribirme una dirección de correo electrónico y un número de movil con prefijo internacional de Italia. "Llámame o escríbeme. Me encanta hablar con la gente, y bueno... En la casa de los maestros no puedo hablar demasiado con nadie. Y tampoco les gusta demasiado que salga sola. No me dejan tener amigos humanos porque... Bueno, ellos se los comen."
"Roberto." Me llama la Ann de la actualidad. "Tío, estas pasmado. Decíamos que si no le importa al capitán del barco, podríamos comenzar por bordear toda America. Podriamos visitar latinoamérica primero, Brasil, Cuba... Y luego podríamos pasar por el Atlántico y visitar el viejo continente."
"Me parece bien." Asiento. "Pero tenemos que ir al Caribe. Tienes que ver el Caribe. Aguas claras, gente increíble..."
"Tenemos toda la vida por delante." Afirma Aidan. "Y yo aún tengo cosas pendientes en mi hogar. Me gustaría poder ir allí pronto para solucionarlas y seguir con esta aventura, ahora que aun somos jovenes y seguimos vivos."
"Ann... Algún día volveremos a America." Le digo mientras veo que sigue mirando el continente que dejábamos atrás. "Tal vez podriamos hacer la primera parada en... Donde quiera que vivan esos chicos."
"¿Qué chicos?" Me pregunta para que yo le indique que es obvio. "Ah, ya... No te preocupes, esto es lo que he elegido."
"Despedirse de los amigos siempre es duro." Afirmo. "Cuanto más especial sea, más difícil."
"Sobreviviré." Afirma tranquilamente girándose para mirarme cara a cara con una firmeza férrea. "He pasado de todo en menos de un año. He descubierto que la gente a la que creía mis amigos y familia nunca me tomaron como mas que un peón prescindible, la misión que tenía era solo una excusa para poder atacar a la gente que me habían pedido que juzgara yo... Y resulta que mis mejores amigos estaban donde menos me lo esperaba. Os debo la vida, a todos."
"Ya nos la devolveras cuando alguien venga a amenazarnos a nosotros." Le dice Aidan despeinándola con una mano. "Además, mi gente tenía un dicho. Quien pelea a tu lado, es tu hermano. Una vez se acaba una guerra, los lazos hechos en ella son para siempre."
Era curioso, los piratas teníamos un código similar entre nosotros. Las ofrentas se saldaban con una pelea. Una vez acabada esta, la ofensa se olvidaba y listo.
Sin embargo, no todo era tan sencillo.
Podía entender lo que sentía Ann. Habia perdido todo lo que siempre habia pensado tener. A cambio, habia recibido apoyo de los sitios más inesperados: de la gente que pensaba que ella les había mandado a la horca cuando habia intentado todo lo contrario, y de nosotros, la gente que nos dábamos apoyo gratuito por internet.
Y a fin de cuentas, seguía siendo una niña, que de la noche a la mañana habia pasado de tenerlo todo a no tener nada, y de nuevo, tener algo mucho más fuerte pero pequeño.
Todo eso era demasiado para alguien con siglos encima como yo, conque no tenía ni idea de cómo tenía que sentirse ella que no tenía casi experiencia y en unos meses habia vivido todo eso y una guerra.
Asi que hago lo único que creo que puedo hacer. Le paso un brazo por los hombros y la atraigo hacia mí en un abrazo de un único brazo. Y sé que es una tontería, pero espero que con ese sencillo gesto, ella sienta que quiero decirle que estaré a su lado pase lo que pase.
"Roberto... No sé qué me pasa." Afirma suavemente. "Por fin tengo en mis manos el destino que siempre quise. Soy libre, voy a ver todo lo que siempre he soñado que vería... Sin embargo... No siento la alegría que pensé que sentiría."
El lobo.
Ella le había ofrecido que se nos uniera. No necesitaba haberles oído para saberlo perfectamente, porque la conocía. Y a juzgar por cómo estabamos ahora, él lo habría rechazado.
No sabía qué hacer para hacerla sentir mejor, asi que lo único que hago es lo único que se me ocurre y la dejo estar contra mi pecho mientras el maldito irlandés baja a hacer algo que llevarse al estómago ambos dado que aún comen comida humana.
El viaje de ahora en adelante va a ser duro. Para mi el mar es mi mayor tesoro, como una mujer: dulce y pródiga en los días buenos, violenta y despiadada cuando está molesta.
Siempre habia pensado que Ann era diferente, y ahora lo sabía.
Ann era dulce y agradable por norma general, pero por dentro era dura y albergaba un coraje y un valor asi como una fortaleza interior ferrea igual de grandes que el amor que albergaba dentro hacia todo ser vivo. Pero cuando sus amados maestros y su gente la habian traicionado, habia reunido las fuerzas necesarias para plantar cara y castigarles.
Sin embargo, su ira no habia sido ciega. Su corazón y su mente le habian hecho encotrar la templanza para hablar con uno de sus maestros, el único que ella creia que merecía una oportunidad, para convencerle de lo estúpida que era aquella guerra. Habia encontrado un valor mucho más grande que el de matar a sus enemigos: el valor de enterrar su ira para salvar vidas inocentes.
Y solo por eso, si ella me lo pidiera, yo sería capaz de jurarle lealtad, y como yo, muchos otros. Si ella lo quisiera, podría sentarse en el asiento vacío de los Vulturi.
Pero ella no era asi. Desde que la conocía, nunca habia parecido querer poder, tan solo... Tan solo lo que ahora habia conseguido, quería ser libre, queria ver mundo sin tener que ocultarse solo por ser una mestiza.
Pero precisamente, lo que los Vulturi habian creido una tara, era su punto más fuerte.
Ann tenía lo mejor de ambas especies. Tenía el valor y la fortaleza asi como las mejoras físicas de los vampiros, pero también tenía el corazón de una mujer humana en parte, y el espíritu de un ave. Y ahora era libre, tenía su propia vida en sus manos. Ella decidiría qué hacía con ella.
