Capítulo beteado por: Yanina Barboza (Betas FFAD)

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Cap.35: Cocainómana

POV Edward:

Ahora me encontraba dirigiéndome a un departamento en Port Angeles. Después de haber hablado con Rosalie, habíamos llegado al acuerdo de recurrir a Helen, la hermana de Christopher Bennington. Antes que yo saliera con Kate había tenido un romance con Helen, y parecía que hoy nos volveríamos a reencontrar. Tal vez pareciera raro, pero no me apetecía engañar a Kate con Helen. Katie era mucho mejor persona que Helen.

Y sí, estaba dispuesto a recurrir a la seducción con tal de saber algo de Christopher y su doble identidad.

Estacioné el Aston Martin, en la pura entrada del departamento, y salí de él. Subí por las escaleras, quería un poco más de tiempo. Al llegar al departamento toqué el timbre e inmediatamente escuché los pasos de una mujer en tacones. La puerta se abrió y dejó ver a una esplendida Helen en un corto vestido negro.

—Hola —sonrió sensualmente. Se hizo a un lado para dejarme pasar—. ¿Puedo saber por qué tu repentina necesidad? —preguntó.

—Te extrañaba —dije acercándome hacia ella.

— ¿En serio? —preguntó sorprendida—.Eso es raro.

—No entiendo qué te sorprende, Helen, si tú y yo nos la pasábamos muy bien —dije, me acerqué hasta ella y le di un repentino beso en la boca.

—Pues sí, Eddie, pero tú decidiste dejarme por la rubia anoréxica, esa, la tal Kate. ¿Quién entiende a los hombres? ¿No que estabas muy enamorado de Bella? Apuesto a que ni te acuerdas de ella.

—Tienes razón. ¿Quién es Bella? —pregunté siguiéndole la corriente. Dios, perdóname por mentir, pensé.

Empecé a bajar el zipper de su vestido mientras iba dejando besos húmedos por sus hombros y su cuello.

—Bella es la mujer con la que tienes dos hijos, pero eso no importa —jadeó justo cuando mordí el lóbulo de su oreja—. Preferiste a Kate antes que regresar con ella.

—Preferiría a quién sea con tal de no estar con Isabella. —Me estremecí. Estaba mintiendo demasiado, temía que no creyera nada.

— ¿Hablas en serio? Kate fue la que destruyó tu matrimonio, prácticamente —dijo.

—Ese matrimonio ya estaba destruido, solo faltaba un empujoncito y ya. Gracias a Dios terminó —dije—.Basta de plática, Helen, hay que disfrutar.

—Hace tiempo probé una mejor manera de disfrutar el sexo —me dijo.

Me mordí el labio inferior.

—Quiero saber cuál es —le dije.

—Espérame.

Salió corriendo del vestíbulo. Después de cinco minutos Helen regresó con un sobre transparente. Dentro del sobre podía apreciarse un polvo blanco.

— ¿Qué es eso? —pregunté acercándome.

—Cocaína. Mi hermano me consiente. —Me guiñó un ojo.

— ¿Te consiente? —Le di un beso—. Quiero ver eso.

Ella sonrió de forma peligrosa y me mordió el labio.

Después de media hora, en la que Helen terminó de consumir la cocaína, empecé a desvestirla.

—Hay que poner un poco de música, ¿no crees? —me preguntó.

—Claro que sí, lo que tú quieras —le dije.

Se acercó al estéreo y lo encendió. La música de Nirvana empezó a sonar. Reconocía esa canción. Era Smells Like Teen Spirit, ¿cómo no reconocerla? Nirvana era y sigue siendo el grupo favorito de Rosalie, y cuando éramos novios me hizo que le cantara esa canción. Fue aterrador.

— ¿Te gusta Nirvana? —le pregunté a Helen.

Se acercó a mí con una copa de vino y me dio un casto beso en los labios.

—Sí. —Asintió.

Empezamos a movernos al compás de la música mientras nos íbamos desvistiendo. Tiramos las copas a un lado y la cargué hacia la habitación. La deposité sobre la cama al tiempo que me iba desabrochando el pantalón y me desnudaba.

Helen era de las chicas que tomaba el control, yo solo me dejé llevar. Hizo que ella quedara encima de mí, y se sentó a horcajadas mías.

—Sabes que me gusta jugar un poco sucio, Edward —dijo.

Asentí. Se acercó al cajón del buro y sacó dos esposas.

— ¿Qué piensas hacer con eso? —pregunté un poco temeroso.

—Oh, nada si tú no quieres —dijo.

Puso una esposa sobre mi muñeca y la cerró junto a la cabecera de la cama. Hizo lo mismo con la otra. Quedé amarrado a la cama totalmente desnudo.

—Espero que tengas las llaves —le dije.

—Claro que sí —sonrió.

Subió las manos por mis pechos y se engulló mi pezón dentro de su boca. Empezó a lamer todo mi cuerpo, por cualquier lado. Rosalie, en qué me metiste, pensé. Esto es repugnante.

Empezó a besar mi cuello y dejarme "huellas" por ahí. Fue bajando por mi cuerpo hasta llegar a mi miembro que empezó a lamer con su lengua. Subió de nuevo hacia mí y posicionó su centro en mi punta. Empezó a moverse lentamente, haciendo círculos para encontrar un punto más placentero. Agarró uno de sus senos y empezó a masajearlo con sus manos al momento en que gemía. No pude evitar hacer lo mismo. Había olvidado lo que era tener sexo con Helen.

Cuatro horas después, me encontraba en la sala husmeando las agendas de Helen para localizar un número que delatara la segunda vida de Christopher. Helen se había drogado, y había dicho que lo había conseguido de parte de su hermano. Sonaba absurdo, pero era la verdad. ¿Qué hermano querría que su hermana se volviera cocainómana? En mi caso, nunca querría que nada malo les pasara a mis cuatro hermanos.

No encontré nada en su agenda, así que me volví a su bolso. Su Gucci negra se encontraba tirada en el suelo. Si Alice hubiera visto esto se muere. Recogí el bolso y me senté en el sofá con él. Abrí una pequeña libreta, y me encontré con muchos números y direcciones. La guardé dentro de mi saco, y al querer poner la bolsa en el mismo lugar, esta se cayó haciendo que un papelito saliera. Alcé el papelito con el nombre de 'Almacén'. Ahí venía una dirección, y si no me equivocaba, era a las afueras de Forks. También venía un número telefónico. Decidí guardarlo también, y me decidí a salir de ahí.

Manejé directo a mi casa para ver a Rosalie. Mi padre había mandado a Emmett a cerrar un negocio, y como yo había ido la otra vez, ahora le tocaba a él; por eso mi hermano había dejado a Rosalie y Nikki en mi casa, para que no estuvieran solas.

Llegué rápidamente, me bajé del auto y subí las escaleras corriendo. Rosalie iba saliendo de su habitación y la tomé de los hombros al momento en que abría la puerta para que volviera a entrar.

— ¿Qué tienes? ¡Casi me da un infarto! —renegó Rosalie, por supuesto.

— ¿A que no adivinas qué acabo de encontrar? —le pregunté.

—Supongo que encontraste algo que dice que mi primo es inocente, ¿no es así? —Negué con mi cabeza.

—Al contrario, Rose. Mira. —Tiré la libreta en la cama y ella la tomó de volada.

— ¿Qué es esto? —preguntó viéndome fijamente.

Me senté a un lado de ella y posé uno de mis brazos amistosamente alrededor de sus hombros.

—Mi querida, Rose, tu prima es una drogadicta. Cuando llegué, pasaré la parte de los besos y caricias, ella dijo algo de descubrir una forma de disfrutar el sexo; yo como buen curioso le pregunté cómo y ella me contestó que con cocaína.

—Eso sí me sorprende, ¿crees que Chris sabe esto?

— ¡Claro que lo sabe, Rosalie! Él se la da. Ella lo dijo.

— ¿Qué dijo exactamente?

—Yo le pregunté de dónde lo consiguió, y ella dijo algo así de que su hermano la consiente mucho, que era un regalo de él. Además, mira. —Saqué el papelito que había encontrado y se lo enseñé—. Hay que ir a ese almacén, Rose.

— ¿A qué? —preguntó.

— ¡A jugar muñecas, Rosalie! —le grité exasperado. Siempre había pensado que Rosalie era inteligente, demasiado inteligente, pero ahora me estaba decepcionando.

—No me grites, no entiendo. A lo mejor aquí es otro lugar, a lo mejor almacenan otras cosas.

— ¿Como piñas? —le pregunté siguiéndole la corriente.

Ella rodó los ojos.

—No exactamente piñas, pero tampoco droga.

—Vamos a descubrirlo, entonces —la invité.

Ella me miró fijamente mordiéndose los labios.

—Me entró curiosidad, quiero saber qué hay ahí, pero, ¿qué pasa si es algo malo? Emmett me mataría, y de paso a ti también.

—Emmett no se enterará, iremos esta noche. Emmett regresa en una semana, Rose.

—Okay, tienes razón. Entonces, haremos esto: yo dejo a Nikki para que haga una pijamada con Julia y Thomas en la casa de Bella, así ellos no vienen para acá —me dijo.

—Sí, no quiero que ellos tengan algo que ver. No me lo perdonaría.

—Pero sí te voy a decir algo, Edward Anthony, si mi primo sale culpable de esto que tú le acusas, Bella será la tercera persona que lo sepa.

— ¿Quiénes son los dos primeros? —pregunté.

— Tú y yo, imbécil. —Me dio un manotazo en el hombro.

—Okay. —Asentí—. Tercera persona, sí.

Rosalie sonrió.

—No sé en qué me he metido contigo, Edward —dijo.

—Yo menos, Rose.

Nos soltamos riendo. Esto era una locura. Cualquier persona que razonara bien, llamaría a la policía para que investigara; pero no, ni Rosalie ni yo éramos normales, así que tendríamos que ir a investigar por nuestra propia cuenta.

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¡Yay! ¡Feliz año, chicas! Aún es temprano pero no se si pueda subirlo mañana :s
Solo quiero decirles que se la pasen muy bien; que todo lo que pidieron se les cumpla, & que aprendan de sus errores para este año ;)

Mi nuevo fic ya se encuentra actualizado, por si quieren pasar a leer :D