Sorpresa! ^^
He pensado que este capítulo es muy corto y no aporta mucho de nuevo a la historia, así que lo cuelgo ahora rápido y mañana os contesto a los reviews, con un capítulo con más sustancia xD
Mañana la reunion con Voldy ;)
Disfrutad del capítulo ^^
Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a elizaye (que encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.
Capítulo 36 (Draco)
Escuché un fuerte gemido. De repente, todo empezó a parecerme muy real y abrí los ojos.
¡Puta mierda!
Había estado soñando que masturbaba a Granger. No podía creer…
Me congelé, me di cuenta de que dos de mis dedos estaban en una cavidad, muy húmeda, y noté como el cuerpo de Granger se tensaba.
Se había dado cuenta de que me había despertado, por lo tanto ella también debía de estarlo.
Por amor a Merlín, Draco. ¿Qué estás haciendo?
Saqué mis dedos fuera de ella y rodé sobre mi espalda mirando hacia el techo.
- Joder, Granger ¿Por qué no me has parado?
En silencio, me lancé un Fregotego en los dedos, incluso ahora, estaba tentado de chuparlos para saber cuál era su sabor. Deslicé la mano que tenía debajo de su cuello, y me tapé la cara. No creía que pudiera mirarla a la cara. ¿Por qué no me había detenido?
- ¿Malfoy… como haces que tu cuerpo… haga eso… por cuenta propia? – preguntó, tentativamente.
¡No! ¡Joder!, solo perdía el control de mis acciones cuando se trataba de ella, pero no podía decirle eso.
- ¿Hacer qué?
- Ya sabes lo que quiero decir. – dijo con voz muy baja.
No podía quedarme ahí. Me levanté y caminé unos pasos tomando cierta distancia, pasándome la mano por el pelo, desordenándomelo. Probablemente debería disculparme. Después de haber sido casi violada hacia unas horas, no creía que quisiera que la tocaran de esa manera. Sin embargo, no podía encontrar las palabras adecuadas, ella no me detuvo…
Me di la vuelta y vi que sus ojos estaban fijos en mí. Solo con ver la forma en la que me estaba mirando, me entraban ganas de tomarla ahí mismo. Me obligué a pensar en cosas menos agradables, para reducir mi gran erección. Una imagen del gigante patán de Hagrid vino a mi mente y me empecé a sentir mucho mejor.
Granger, aún me estaba mirando. Prácticamente podía sentir sus ojos deslizándose por mi torso.
- Granger, ¿Qué miras? – observé como sus mejillas se enrojecían, y giró su cabeza bruscamente.
Me acordé del bezoar que todavía descansaba en la mesita y fui a recogerlo. Me senté en la cama y ella se volvió hacia mí.
- ¿Es un bezoar? – preguntó mirando la piedra, asentí en respuesta - ¿Por qué iba a necesitar…
- El hechizo que te golpeó cortó completamente la arteria carótida. Reparé el corté con el contra-hechizo, pero lo hice rápido. Y no quiero correr riesgos, así que vas a tener que tomarte esto. – Granger sacudía la cabeza, mirándome como si me hubiera vuelto loco.
- ¡Eso es un desperdicio! – protestó - Los bezoares son muy raros, y pueden contrarrestar la mayoría de los venenos. Y no me han envenenado.
- No sólo se usan como antídoto, Granger, lo sabes.
- Pero yo…
- Hazme caso.
Granger suspiró y se sentó, pero sabía que no se aguantaría mucho en esa posición, por si sola. Me puse detrás de ella y le cedí el hombro, para que se apoyara. Joder, debería haber conjurado una túnica más gruesa, en la celda. La parte de mi cuerpo que tocaba con el suyo, me ardía y me pregunté qué haría si le metiera un dedo ahora mismo. Mi miembro dio un espasmo con el pensamiento, y volví a obligarme a pensar en otras cosas menos agradables. Pensar en Mcnair hizo que cualquier excitación física que pudiera haber sentido fuera desapareciendo, y empecé a sentirme aliviado.
Abrí la mano y le enseñé el bezoar, que descansaba en mi palma. No iba a ceder en esto.
- Bueno, no me lo puedo tragar tal y como está. – dijo a regañadientes. Sonreí, sabía que lo haría. Encogí el bezoar al tamaño de una pastilla.
- ¿Mejor? – pregunté mirándola.
Granger asintió, pero pude ver cómo le costaba, me preguntaba que estaría pensando.
Vi que sus ojos se desplazaban hacia el bezoar y me di cuenta de que estaba intentado levantar el brazo, sacudí la cabeza. Su brazo volvió a caer donde estaba y Granger abrió la boca. Le dejé el bezoar dentro de la boca y conjuré un vaso con agua, para que lo tragara con facilidad.
Cuando se lo hubo tragado, dejé el vaso en la mesita y la ayudé a acostarse, la cubrí con las sabanas. Se pondría bien, pero mi corazón aun dolía al verla tan débil. Debería darle otro bezoar.
- Me tengo que ir. Tengo que volver a la Orden.
- No. – dije, tajantemente - Aún no he visto que sea seguro. Si Mundungus se escapó…
- Recibiste mi mensaje… - dijo, sonando sorprendida. Asentí.
- Si se escapó, el cuartel podría estar comprometido…
Si, solo estaba usando ese argumento de excusa. Estaba seguro de que Mundungus no podría haber escapado, con tanto miembro de la Orden presente. Simplemente no quería que Granger se fuera, ahora que estaba aquí.
- Oh, y este misterioso lugar, ¿Es más seguro? – preguntó - ¿Los mortífagos no vendrán?
- No, - dije, contundentemente - no lo harán.
- ¿Cómo puede ser esto más seguro que…
- Esta bajo el encantamiento Fidelius. – dije.
- ¿Y tú eres el guardián secreto?
- Sí.
- ¿Cuántos guardianes secretos hay?
- Ninguno más.
- Entonces… ¿Cuánta gente lo sabe?
- Nadie. No he traído a nadie aquí que no seas tú.
Tal vez, no debería haber dicho eso, pero estaba tan cansado de guardar secretos. Ya era hora de que supiera que no quería hacerle daño. Era absolutamente necesario que lo supiera si quería tener algún tipo de amistad – mi pecho se apretó dolorosamente ante el pensamiento de esa maldita palabra – con ella, sobre todo después de haberla torturado.
- Pero… - dijo mirando hacia otro lado - ¿Cómo esperas que te crea? – le espeté - ¡Me torturaste!
Suspiré, me lo esperaba. Estaba sorprendido de que hubiera tardado tanto en sacar el tema, pero esas palabras, por más que me hubiera preparado para escucharlas, dolían mucho más de lo que había previsto.
- Francamente, no me importa si no me crees. – le dije, mis palabras sonaron más duras de lo que pretendía, pero era más fácil así ocultar los sentimientos - No saldrás de aquí hasta que no te hayas recuperado completamente. No creo que con un bezoar sea suficiente. ¿No sientes lo débil que estas?
- Un bezoar es suficiente, - dijo Granger, fulminándome con la mirada - y eso ya es un desperdicio.
- No me importa perder el otro, tampoco. Tengo muchos más. - le dije irritado.
Salí de la habitación antes de que pudiera decir algo más. No quería pelearme con ella, pero parecía que no se podía evitar. Granger estaba a la defensiva y yo estaba demasiado distraído como para ocultar nada, en este momento. Jodida mierda, siempre solía tener el control sobre mí mismo.
Me senté en la sala de estar, mirando nada en particular. Granger no parecía estar tan enfadada por haberla torturado, como había previsto. Esperaba que fuera porque entendía mi situación, pero era demasiado bueno para ser verdad.
De repente, escuché un gran estruendo y salí corriendo hacia la habitación. Granger estaba tirada en el suelo, haciendo una mueca de dolor. Levantó la mirada y nuestros ojos se encontraron por un momento y me volví inmediatamente, con miedo de lo que pudiera ver allí. Empecé a salir de la habitación, pero su voz me detuvo.
- Malfoy, espera. Lo siento. Por favor, ayúdame.
Resistí la tentación de bajar la cabeza, derrotado. Solo dos palabras. Dos simples palabras, disculpándose, y ya no podía reunir ni una pizca de ira para salir de la habitación. Estaba jodidamente condenado. Me giré otra vez, odiando la cantidad de poder que tenía sobre mí.
Me acuclillé y deslicé los brazos por debajo de su pequeño cuerpo. Era demasiado fácil levantarla, era tan ligera… y me di cuenta de que no debía haber comido en días… La posé con cuidado otra vez en la cama y la volví a cubrir con las sabanas.
- No te muevas de aquí.
- ¿Dónde vas? – me preguntó.
- Al cuartel de la Orden. Les voy a decir que te quedaras conmigo durante los próximos días.
- ¿Durante los próximos días? – preguntó con incredulidad – Yo no te he dicho…
- No discutas conmigo. Quédate aquí. No me hagas aturdirte. – le dije, poniéndome el traje de mortífago. Granger me miró con curiosidad.
- Malfoy, ¿Puedes aturdirme? – fruncí el ceño. Podría, si realmente quisiera. Después de todo yo lo creé, así que podía hacer excepciones conmigo.
- Vuelvo enseguida. – dije finalmente, evitando su pregunta.
- Vamos a tener una larga conversación cuando vuelvas… - me advirtió.
- No, no lo creo… - le dije burlonamente – Adiós, Granger.
Con eso, me aparecí en el cuartel general de la Orden. Blaise fue el que me abrió la puerta cuando llamé.
- Draco, - me saludó - ¿Dónde está Hermione? – vi a Potter acercarse y dije:
- Nutria.
- ¿Qué? – me preguntó Blaise, confundido.
- Potter me dijo que eligiera una contraseña para demostrar que era yo. Eso fue lo primero que se me vino a la mente. – dije, empujándolo un poco y entrando a la casa.
- ¿Pudiste sacar a Hermione de allí? – me preguntó Potter.
- Sí. Esta gravemente herida, por lo que se quedará conmigo por unos días.
- ¿Quién lo dice? – me espetó la comadreja, apareciendo desde la cocina.
- Está demasiado herida como para aparecerse en ninguna parte. He venido a haceros saber que ella estaba a salvo.
- ¿A salvo? ¿Cómo puede estar a salvo si está contigo? – dijo Weasley con enfado.
- Bueno, Granger se queda conmigo, te guste o no y no hay nada que puedas hacer al respecto. – Weasley cogió su varita rápidamente, pero Potter le hico un gesto de negación con la cabeza – Deberías aprender a controlarte, Weasley.
- Cállate, Malfoy. – murmuró Weasley.
- ¿Podemos al menos, visitarla? – me preguntó Blaise, dando un paso adelante para quedar frente a mí.
- No.
- ¿Por qué no? – preguntó Potter, frunciendo el ceño.
¡Por qué es mi casa!
- Porque no, simplemente. – dije – Estará de vuelta en cuanto se recupere. Eso es lo más que puedo prometer, tendréis que conformaros.
- ¿Qué pasa con Lupin? Y, ¿No has oído nada acerca, de Lee o Alicia?
- No sé nada. – le dije, sacudiendo la cabeza.
Entonces, sentí la quemadura en el antebrazo izquierdo, algo que no había sentido desde hacía tiempo, Voldemort no nos convocada con la Marca Tenebrosa desde hacía tiempo.
- Me tengo que ir.
- Espera. Queremos ver a Hermione. – dijo Potter, con resolución.
Miré a los tres hombres frente a mí y sacudí la cabeza. Siempre se había sabido que Weasley estaba interesado en Granger, pero la última vez que lo pronuncié delante de ella respondió con un "No es mi querido Ronald". De Potter se sabía que siempre había ido detrás de la comadreja pequeña, pero Granger era su mejor amiga y Blaise… parecía que estaba desarrollando sentimientos por ella.
- La traeré de vuelta más tarde. Ahora, realmente, sí que me tengo que ir. – empecé a darme la vuelta para salir, pero una mano agarrándome del brazo me lo impidió, me di la vuelta para ver que era Blaise – Déjame ir – le dije entre dientes.
- No. Llévanos a Hermione. – dijo, enfadado.
- Hay cosas más importantes que tengo que hacer que llevarte a ver a tu amiguita, ¿De acuerdo? Si me descubren, muchas personas morirán. – le dije, con calma.
- ¿Cómo coño llevarnos hasta Hermione, hará que gente…
Me remangué la túnica de mortífago, para enseñarles la Marca Tenebrosa, negra azabache contra mi piel.
- Me tengo que ir. – repetí - ¿Lo entendéis ahora?
Blaise liberó mi brazo y salí de la casa, sin decir nada más. Cuando estuve fuera, maldije en voz alta, y me aparecí en mi habitación de la mansión. Me tomé un minuto para ordenar mis pensamientos y prepararme para reunirme con Voldemort. Querrá saber que había pasado en esa mazmorra.
Estaba seguro de que Blaise estaba seriamente interesado en Granger. Weasley no era una gran amenaza, Granger no parecía estar interesada en él, en absoluto. Pero Blaise… recordé la expresión de Granger, a través del cuenco, cuando Blaise llegó herido, Granger, se preocupaba por él. Si ella supiera que Blaise estaba interesado, ¿Le correspondería?
Una ola de celos y rabia me atravesó al darme cuenta de que probablemente sí lo haría. Blaise estaba en el lado de los buenos, había decidido firmante hacer lo correcto y le dio igual lo que pensaran su mejor amigo y su familia. Mientras tanto, yo había elegido seguir a mis padres uniéndome a las filas del Señor Oscuro, entregué a Theo a los mortífagos, convirtiéndolo en uno de nosotros, maté a Seamus Finnegan y a muchos inocentes más antes que a él.
Granger nunca me elegiría a mí.
